- Título: Reuniendo las piezas perdidas
- Autor: Babi Cullen
- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- Esta historia es de mi completa autoría, aunque no los personajes. Tiene aportes de mi amiga Jennifer, así que es de ella en parte.
2.- Escribo solo porque me gusta. No soy una experta y puede que tenga muchos errores, pero trato de hacer lo que se puede.
3.- Espero que a ustedes también les guste.
ENJOY!
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Esme se encontraba preparando la cena para ella y su hijo, bailando al compás de la música que hacía más ameno el momento y que la calmaba después de un día de turno realmente agitado.
Había llamado a Edward hace unos minutos y él le prometió que estaría pronto en la casa para comer juntos, pero antes debía terminar un trabajo que les había enviado el maestro de literatura.
Si no hubiese sido porque debía hacer ese trabajo Edward ni siquiera habría puesto un pie fuera de la casa. Aún estaba castigado por lo del gato, su mesada se había reducido en un treinta por ciento y las visitas de Bella habían quedado prohibidas por dos semanas y tendría que cuidar a los pequeños cuando ella y Carlisle quisieran salir.
Si, un poco exagerado, pero Edward tenía que aprender de una u otra forma, además que con lo descontado alcanzaba para mantener a Chimuelo.
Acababa de meter la carne al horno para que se cociera cuando escuchó el motor de un automóvil afuera. Se asomó para ver si se trataba de su hijo, pero no era el auto del padre de su mejor amigo, Jacob, sino que se trataba del Mercedes de Carlisle, su gran amado.
Sonrió inconscientemente ante su imagen descendiendo del automóvil y de inmediato se dirigió hacia la puerta de entrada. Al abrir, su imponente estampa le dio de lleno en la cara y su sonrisa se agrando. El rubio le sonrió de igual manera y se acercó para besarla en los labios.
— Que grata sorpresa. Pensé que no vendrías— comentó al separarse de la tibieza de su piel
— Quise venir a darme una vuelta antes de irme a la casa. Tenía que aprovechar que mis padres están cuidando a los pequeños
Los padres de Carlisle habían llegado hace unos días desde Seattle. La pobre mujer no aguantaba más tiempo sin ver a sus nietos y ansiaba poder abrasarlos, así que cogieron el primer velo que pudieron y viajaron hasta California. Al principio Carlisle se sintió impresionado, pero sabía cómo era su madre de impulsiva y luego se calmó.
Esme no sabía cómo actuar y, hasta el momento, no había sido capaz de conocer a la madre de Carlisle. Nunca la había visto, pero conocía muy bien el carácter que tenía por lo que le contaba su amado. Tampoco era como si tuviera muchas ganas de conocerla y arriesgarse a que la rechazara a ella y a su hijo.
Se dieron un último beso antes en entrar a la casa a refugiarse de la brisa marina.
— ¿Y Edward? — preguntó el rubio, sentándose en una de las butacas de la isla con el pequeño gato negro en sus brazos. Apenas entró en la casa no había dejado de seguirlo.
— En casa de Jacob, terminando un proyecto escolar— le contestó ella, preparándose para preparar las ensaladas— ¡Deja a ese gato en el suelo, Carlisle! ¡No puedes tenerlo sobre la comida!
El rubio asintió y siguió las órdenes de su amada. Se sentía como un niño pequeño al que acababan de regañar.
Miraba embobado a Esme mientras preparaba la cena y, en ocasiones, se perdía de la conversación que estaban manteniendo. Su mente no dejaba de pensar en cada opción para tenerla y en lo mucho que la amaba y deseaba.
Esme sonreía a momentos por lo distraído de su amado y a ratos tenía que hacerlo regresar a la realidad. Eso le divertía.
— Mis padres quieren hacer una cena para conocer a mis amigos de California. Los niños no han dejado de hablarles de ti, Eleazar, Carmen, Charlie y Reneé. Bueno, y ni hablar de los chicos— sonrió al recordar la efusividad de sus hijos mientras les contaban a sus abuelos todo de ellos, sobre todo de Edward alias ogro gruñón.
— ¿Tus padres? ¿Conocernos? ¿En una cena? — pregunto con incredulidad la castaña, restregando sus manos en un paño de cocina. El asintió— ¿Te das cuenta que esas palabras no deberían ir en una misma frase? Ellos no pueden conocer aún a Edward.
— ¿Y por qué no? Son sus abuelos al final de cuentas
— Si, no lo niego, pero Edward aún no sabe nada y estoy segura que tu madre se dará cuenta
— Eso no pasará
— ¡Por Dios, Carlisle, Edward es idéntico a ti cuando joven pero con cabello cobrizo y mis ojos! ¡Por supuesto que lo notará! — exclamó con miedo
— Esme, tranquila. No va a pasar— en realidad por dentro sabía que su madre se daría cuenta de todo en cuanto viera a su hijo pasar por las puertas de la casa, pero tenía la esperanza de que no formara un escándalo ahí mismo y se controlara un poco.
— Esto saldrá mal, lo sé— suspiró la castaña, abrazándose a su cuerpo. El la recibió con gusto y besó el tope de su cabeza.
— Tranquila, todo saldrá bien y yo estaré ahí para asegurarme de que así sea— trató de calmarla. Solo esperaba poder cumplir su promesa.
Esme asintió no muy convencida de lo dicho por el rubio, no podía evitar sentir miedo a lo que fuera a pasar en esa cena.
Carlisle llamo a Eleazar y Charlie para informarles de la cena que haría en su casa y el motivo para ella. Todos estuvieron de acuerdo en cenar juntos y así poder conocer a la madre de su nuevo amigo, aunque sabían lo que eso podía traer.
Había llegado la esperada cena por algunos y la temida para Esme. Había estado toda esa semana nerviosa y no dejaba de pensar en las mil y un posibilidades de lo que podía ocurrir, desde que pasara como si nada y que la madre de Carlisle no se diera cuenta de que su hijo era su nieto o incluso que se armara la tercera guerra mundial y que todo acabara en un completo desastre con Edward enterándose de todo y odiándola de por vida.
Se dirigía a casa de Carlisle hecha un nudo de nervios, acompañada por su hijo. Edward iba en silencio en su puesto y malhumorado, como siempre, pero no tanto como en otras ocasiones ya que le había asegurado que Bella estaría en la cena y eso lo caló un poco porque pasaría tiempo con su novia después de no haber estado con ella por unas semanas.
— Edward, hijo, te quiero pedir que te comportes. Por favor— pidió Esme, suplicándole a su hijo. Había llegado a la casa del rubio, pero aún permanecían en el interior del automóvil.
— Mamá, no entiendo porque tenemos que venir a conocer a la familia de tu amigo. Ellos no tienen nada que ver con nosotros y de seguro son tan desagradables como él— contestó el chico, molesto.
— Sus padres quieren conocer a la gente con la que convive aquí, es completamente entendible — explico Esme. Edward suspiró y se bajó del automóvil. Esme hizo lo mismo y, después de coger su bolso, se bajó del auto.
Caminaron a paso calmado hasta la puerta de entrada y ella tocó al timbre. Miró a su hijo una última vez y respiró hondo rogándole al cielo que todo saliera bien esa noche.
Carlisle fue quien abrió la puerta y sonrió ampliamente al ver a ambos.
— Me alegra que pudieran venir los dos
— No estoy aquí por placer, si es lo que crees— contestó Edward, entrando en la casa sin saludar.
Carlisle y Esme suspiraron por la actitud del joven y ella solo lo besó en la mejilla, para luego entrar en la casa con él tras ella cerrando la puerta. Dejó su bolso colgado en el perchero de la entrada y se volteó a sonreírle al rubio, quien le devolvió el gesto.
Los dos caminaron hasta la sala y allí vieron como Edward se había ido directamente hacía Bella y conversaba con ella y su primo de distintos temas. Eleazar y Charlie conversaban cerca del ventanal, Alice y los hijos de Carlisle veían una película y las chicas estaban en la cocina ayudándole a Elizabeth con la cena.
— La cena está casi lista— comentó la mujer entrando en la sala con las chicas y su esposo— ¡Vaya, tú debes ser Esme! ¡Un gusto conocerte, cariño! — la abrazó y besó sus mejillas
— El gusto es mío, señora Cullen— le devolvió el gesto con una sonrisa
— Carlisle me ha hablado mucho de ti y de tu hijo
— Vaya, no lo sabía— sonrió con nerviosismo
— ¿Y dónde está ese muchachito? — preguntó y Esme llamó a su hijo para que saludara a los padres de Carlisle.
Edward se levantó de su puesto al lado de Bella, con paso cansado, y se acercó a su madre.
La mujer de edad quedó impresionada al ver al chico de cabellos cobrizos. No podía ser verdad lo que estaba viendo. Ese… Ese chico era…
— ¿Mamá? — la llamó Carlisle, trayéndola de regreso a la realidad
— Lo… lo siento. Un gusto, cariño— le besó la mejilla y Edward respondió a su gesto, para luego volver a donde se encontraba su novia y primo.
El rostro pálido de la mujer se dirigió a su hijo y a Esme, quienes permanecían a su lado y la miraban fijamente. Los dos se veían de vez en cuando y volvían a centrarse en la mujer. Aro captó lo que ocurría, pues él también había notado la situación, y decidió sacar a su mujer del lugar para llevarla a otro lado.
Esme salió con el rubio del lugar para ir hasta el pasillo. Una vez ahí se abrazzó a su pecho para suspirar, mientras que él le acariciaba el cabello y la espalda una y otra vez para calmarla. Así estuvieron por un rato hasta que se calmaron y fueron hasta el comedor.
La madre de Carlisle no decía nada con respecto al tema, pero su mirada se desviaba de vez en cuando hasta el chico y luego a su hijo. Era idéntico a su Carlisle a su edad.
Edward sentía la mirada de la señora y trataba de desviar la mirada. Se sentía intimidado y trataba de no prestarle mayor atención, pero se estaba comenzando a estresar.
Todos los adultos estaban tensos pues sabían que la mujer se había dado cuenta, pero preferían guardar silencio y no arriesgarse a que los chicos se enteraran o se desatara el caos.
La cena pasó rápido y Esme con su hijo fueron los primeros en irse. Ella no quería que todo se desatara con Edward presente y prefirió marcharse. Además que Carlisle le había indicado que él se haría cargo de explicarle todo a su madre y padre.
El rubio acostó a sus hijos y se quedó con ellos hasta que se quedaron dormido. Luego bajó hasta la primera planta, donde sus padres lo esperaban en la sala para que les explicara que era lo que estaba ocurriendo en ese lugar.
— ¿Es por él que te viniste a vivir a Los Ángeles? — preguntó su madre apenas puso un pie en la sala. El asintió— ¿Desde cuándo?
— ¿Desde cuándo qué? — se sentó frente a ella y cogió el vaso de whisky a las rocas que le tendía su padre, agradeciéndole por el gesto.
— ¿Desde cuándo lo sabes? — arregló la pregunta mientras era abrazada por su esposo que se sentó a su lado.
— Desde hace unos meses. Como ya les dije, por él y su madre me vine— suspiró y bebió un sorbo de su trago, luego se acomodó mejor en el asiento. Sus padres esperaban atentos una respuesta— Me contacté con Esme por internet hace casi un año y comenzamos a hablar, así supe que estaba viviendo en Los Ángeles y luego de mi divorcio decidí viajar a verla. En ese viaje conocí a Edward, aunque al principio no supe que Edward era mi hijo. Al regresar comencé a sacar cálculos y… Bueno, ahí lo supe— suspiró y miró a sus padres. Aro lo miraba atentamente y su madre parecía no comprender— Volví a confirmar mis sospechas y ella no me lo negó es más, aceptó todo y me contó lo que había pasado después de que se enteró y como me buscó sin conseguir encontrarme o contactarme.
— Pero… ¿Cómo? ¿Cómo puede ser que tengas un hijo de…?
— Quince años, casi dieciseis— completó Carlisle la pregunta no terminada de su madre— Cuando vine de intercambio a estudiar a acá conocí a Esme. Fui su primer amor y al primer hombre que se entregó y… bueno… todo pasó— se encogió de hombros y dio otro sorbo— Esme me buscó después de que se enteró de que estaba embarazada, pero como nos mudamos nunca pudo lograrlo. Para cuando lo hizo pensó que su hijo y ella estaban bien y Edward ya no preguntaba por su padre, así que decidió no buscarme. Claro que nunca pensó que volveríamos a vernos
— ¿Y ya hiciste una prueba de ADN? — preguntó su padre. Su mentalidad de médico había salido a relucir
— ¡No es necesario hacerlas, Aro! ¡Ese chico es idéntico a nuestro hijo a su edad! — exclamó Elizabeth, molesta— No puedo creerlo, Carlisle. Es… De teleserie
— Créeme que tampoco podía creerlo al principio, madre. Pero de a poco lo he ido conociendo y, a pesar que tiene un carácter de mierda, que odia a todo aquel que quiera acercarse a su madre por miedo a que la hieran y que es terco como él solo; se ha ganado mi cariño. Es… Es mi hijo— sonrió. Se sentía liviano al decirle a sus padres, por fin, que Edward era su hijo— Edward es mi hijo y estoy dispuesto a luchar por ganarme su cariño.
El padre de Carlisle se levantó de su puesto y se acercó a su hijo para abrazarlo. Lo esperó de pie hasta que el rubio entendió lo que pasaba y se levantó de su puesto, siendo capturado por los brazos de su padre, que también palmeaba su espalda.
Luego se separó y le dio paso a su mujer para que hiciera lo mismo. Ella le sonrió a su hijo y se acercó a abrazarlo con cariño.
Estuvieron así por un rato hasta que una interrogante pasó por la cabeza de su padre. Claro que suponía la respuesta.
— ¿Edward sabe que eres su padre? — Carlisle negó
— No, no lo sabe y aun no le diremos nada. Los únicos que saben somos Esme y yo, nuestros amigos y ahora ustedes, pero no pueden decirle nada. No sabemos cómo se lo tomará y tenemos miedo de lo que pueda hacer.
Se quedaron conversando por un rato más mientras bebían sus tragos y Carlisle les contaba todo lo que sabía de su hijo, todo lo que Esme le había contado, y les mostraba el álbum de fotografías que ella le había regalado hace un tiempo con muchas fotos de la infancia de Edward.
Un peso menos pensó Carlisle, suspirando. Sus padres sabían que Edward era su hijo y todo había salido mejor de lo que había pensado.
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Hola a todos ¿Cómo están? Espero que bien y que estén descansando en este fin de semana.
Aquí les traigo un nuevo capítulo como cada semana, el que espero les haya gustado.
¿Qué pensaban que pasaría? ¿Creían que los padres de Carlisle reaccionarían tan bien? Creo que no salió tan mal. Vamos a ver si Edward reaccionará tan bien.
Como cada semana le agradezco a mi amada amiga Jennifer, la loquilla detrás de algunas ideas de esta y mis otras historias.
También le agradezco a cada uno de ustedes que se da el tiempo para leer esta locura y dejar sus comentarios. De verdad me alegra ver sus mensajes en mi correo electrónico cada vez que subo un nuevo capítulo y me inspira a continuar con todo esto.
— mellarkcullen: Hola. Que bueno que aún te siga gustando esta historia. Este capítulo es un poco más largo y espero que haya compensado la espera. Besos y nos leemos.
— Adriu: Hola. A mí tampoco me gustan los gatos, pero se me hace tierno que adopten a uno. La historia aun no va a terminar, tiene 16 capítulo y vamos apenas en el 10 así que no desesperes. La verdad es que siempre he tenido las ideas claras en cuanto a lo que ocurrirá, solo que me costó un mundo poder plasmarlas. Pero ya estamos listas. Besos y nos leemos.
— Yolo: Hola. Que bueno que te siga gustando esta locura. Vamos a ir viendo que pasa con ese pequeñuelo y los niños. Y tranqui que la historia aun no terminará, le quedan unos capítulos más. Por el momento tengo una a punto de terminar, así que creo que si habrá continuación de esta… Solo puedo adelantar que es una que les había comentado anteriormente sobre un Edward amante del mar y los animales marinos. Besos y nos leemos.
— namy33: Hola. Lo sé, me salieron cortitos algunos capítulos, pero creo haberlo compensado en esta ocasión ¿O no? Con respecto a lo de escribir, pienso que deberías intentarlo. No creo que seas mala sino que solo debes encontrar un tema que te llene y tratar de plasmarla… Al principio tampoco me atrevía a escribir porque pensaba que lo haría pésimo (y si ve mis primeras historias te darás cuenta que así es), pero siempre hay que intentarlo o no lo sabrás. Besos y nos leemos.
Bueno, creo que no tengo nada más para decirles más que gracias por leer y nos leemos la próxima semana.
Besos y bye!
Babi Cullen
