El anfitrión de la función

Llegaron de momento, no hubo tiempo para siquiera comenzar con el plan secundario y solo se le ocurrió escapar, salir corriendo como alma que buscaba diablo no mirando hacia atrás, pues su vida dependía de no detenerse ni distraerse. Aquella madrugada era fría, húmeda y obscura gracias a los nubarrones grises de la tormenta que había terminado hacia una escasa media hora. Además, pese a ser Konoha una de las ciudades más bulliciosas del país, las calles completamente desiertas le hacían un blanco fácil, pues era lo único en movimiento que transitaba a aquellas horas. Tan solo era capaz de escuchar el ladrar de los perros ante sus pasos, el eco de estos al impactar sobre el asfalto y el salpicar de los charcos. La garganta, ya lastimada por respirar con la boca, le dolía en demasía, los ojos lloraban en parte por el viento, en parte por el esfuerzo que estaba haciendo para guiarse en medio de aquella obscuridad.

Presentía que en cualquier segundo sus piernas ya no responderían.

Tras unos minutos que le parecieron horas se encontró frente a unas bodegas, tres empleados estaban descargando mercancía del remolque de un tráiler y la llevaban al interior, aprovechó una distracción para entrar caminando torpemente hasta el fondo donde había una puerta entre abierta que no dudó en cruzar, no se animó a encender la luz aunque se percató que era otro almacén de dimensiones menores, lleno de anaqueles junto con algunas cajas dispersas en el suelo. Encontró refugio en un rincón, solo un pequeño espacio en el que sentado alcanzaba bien.

—Estúpido, estúpido— se decía en murmullos — ¿De verdad creíste que iba a ser fácil?

Sus manos se movían nerviosamente.

—Sí, si lo creí, creí que podía…

Quería controlar su jadeo, sentía que el corazón se le salía del pecho. Afuera escuchó golpes y a los trabajadores gritar que no podían pasar. Lo habían encontrado.

—¡Cállate, estúpido!

Hubo un silencio y él tembló, por el frío, por el miedo, o tal vez por ambas. Era la primera vez que lo acorralaban de esa manera y no pudo evitar esa pizca de pánico que creía olvidada desde la preparatoria.

Viendo que la vida muy seguramente se le iría en ese momento al no recibir respuesta al llamado que había logrado hacer minutos antes, se mordió el pulgar derecho, tan fuerte y profundo que consiguió sangrar. El pánico lo consumía, muchas cosas le pasaban por la mente y cuando la puerta fue abierta violentamente se estremeció con más ímpetu que antes, pegándose más contra la pared como si esta fuera a protegerlo.

El latido de su corazón era tan fuerte que parecía silenciar la voz de quien terminaría su existencia.

—Estás asustado ¿Eh?

El hombre que lo había seguido hizo un gesto, habían acorralado al intruso y este parecía sostener una conversación consigo mismo. Sin despegar la mirada de él sacó su radio comunicador.

—Asuma-san, acá lo tengo, pero desconozco si está solo, de momento no hay nadie más.

Bien, sácalo de ahí, lo llevaremos para interrogarlo, Kotetsu va a apoyarte. Izumo yo casi llegamos.

—De acuerdo.

Se acercó con el arma desenfundada preparándose para que no fuera a sorprenderlo, trató de ponerlo de pie sin esperar al otro oficial que lo asistiría.

—¡Deberías estar asustado!— gritó aquél peculiar personaje de pelo verde.

El guardia retrocedió.

—¡No lo estoy! ¡Estoy bien! ¡Cierra la boca! ¡Yo puedo con esto!

Nuevamente levantó el comunicador para informar la novedad, evidente al entrar completamente solo a la mansión del hombre más importante del país, y resultaba que el tipo estaba desquiciado. Tomó prudencial distancia cuando de pronto, afuera se empezaron a escuchar una serie de disparos que lo alarmaron de sobremanera.

—¡Asuma-san!— gritó por la bocina no obteniendo respuesta.

—¡Kotetsu-san!— volvió a gritar llamando a su refuerzo que ya había tardado demasiado en llegar.

Dudó por unos momentos sobre lo que debía hacer, sin embargo, aquellos segundos fueron fatales, el fugitivo se había lanzado contra él con tal impulso que lo derribó obligándole a soltar el arma por mera reacción no sin antes haber disparado accidentalmente. Su grito no fue escuchado por sus compañeros, los disparos siguieron del otro lado y unos momentos después, todo volvió a sumirse en absoluto silencio.

El ruido de las vigas chirriando tras el ajetreo era lo único perceptible. Ya había pasado un rato largo, o al menos así había dado la impresión. Finalmente la persecución había llegado a su fin, aunque la sensación predominante distaba mucho de la paz.

—No ha sido tan malo ¿Eh?

La voz espectral de aquél hombre delgado de pelo verde, encorvado hacia el piso, que miraba con sus ojos amarillos el cuerpo frente a él, hizo un leve eco en la bodega.

—Esto ha sido asqueroso— repuso tras unos momentos mientras se limpiaba la boca llena de sangre, pues había convertido sus dientes en su única arma para salvarse la vida.

—Ha sido interesante…

Volvió a escuchar pasos y voces provenientes del otro lado de la puerta.

—Joder, estoy seguro de que deben ser cuatro.

—Cómo serás imbécil Hidan, no tenías porque hacer este maldito espectáculo.

—¡Cierra la puta boca! ¡Jashin-sama me lo dijo!

—Jashin-sama no hace llamadas de larga distancia a números móviles.

—¡Blasfemo! Jashin-sama dijo que mi salvación dependía de esta aniquilación.

—Eso te lo dice siempre ¡Eh! ¡Zetsu-san!— llamó Kakuzu mientras abría la puerta encendiendo el interruptor.

El hombre que lo había llamado inclinó la cabeza acomodándose dentro de la gruesa bufanda que lo protegía del frío que calaba esa madrugada. Si creía que Hidan había propasado el límite de lo sádico, en aquél maldito lugar se desbordaba lo grotesco en un espectáculo de carnicería humana.

—Aquí está— fue lo único que pudo decir después de mirarle en un baño carmín y apreciar los restos de algún guardia de seguridad que muy seguramente no podría ser identificado.

—¡La gloria para Jashin-sama!

Kakuzu miró de reojo ¿Lo decía porque Zetsu estaba vivo y eso significaba que seguiría cubriéndolo en el caso de la gata muerta? ¿O porque había tanta sangre que pensaría convertirlo al Jashinismo? De hecho tenía entendido que ya lo había intentado. Dejó salir un bufido.

—Larguémonos antes de que los vecinos llamen a más policías.

Hidan fue el primero en salir, enlazando las manos con un rosario que sacó de la camisa sucia, con el que empezó a recitar una oración que ninguno de los otros dos tenía muy en cuenta.

Zetsu se sentía adormilado, el frío había desaparecido llevándose consigo el temblor que lo había estado acosando hacia unos minutos, lentamente se puso de pie guiando sus pasos detrás de sus rescatistas, por llamarlos de algún modo. Todo su entorno se difuminaba, las voces se escuchaban distantes.

En la boca tenía aún la tibia sensación de la sangre bajando con lentitud por la garganta, en esos momentos era como si sus encías recordaran el estremecimiento de clavar los dientes, en sus oídos aún permanecía la resonancia del músculo desgarrándose, desprendiéndose del hueso de la garganta. La piel de sus mejillas tenía la extraña sensación del chorro de sangre saliendo de la carótida reventada, caliente, presurosa al contrario de la respiración que se volvía lenta y pesada hasta finalmente extinguirse completamente.

Pasó la manga de la camisa para limpiar un poco solo consiguiendo que la mancha se dispersara más.

El olor…

La muerte fresca, tibia, tan diferente a cómo la había conocido.

Fueron solo unos momentos en que la sangre inició la coagulación putrefacta casi instantánea.

El miedo se fue en solo unos instantes en que el cuchillo reglamentario del hombre relució ante sus ojos desorbitados y completamente desquiciados, lo sacó despacio, como si en algún momento aquél cadáver fuera a detenerle con la mano.

Trazó un sendero desde el cuello que había desgarrado hasta donde nacía el cabello arriba de la oreja.

La primera regla, si no hay un rostro no hay quien lo pueda ver, tomó con fuerza dos extremos de piel que había desprendido tirando con fuerza, en un principio le costó arrebatar el trozo para lograr quitarlo, pero una vez que accedió aflojándose la carne con los jalones, poco a poco lo fue retirando lenta y efectivamente. No era la primera vez que desollaba a alguien, pero sí cuando la muerte se había marchado hacia unos segundos, invitada y atendida por él.

Sí, había resultado atrayente ser el anfitrión de la fiesta y no solo quien lavaba los platos luego de que todo hubiese terminado. La primera vez que era partícipe de todos los acontecimientos de la festividad a la que nunca se había sentido tan extasiado por participar como en esos momentos.

Le dolían los brazos, habían forcejeado un poco y aquél le había dado un par de golpes antes de que le alcanzara el cuello.

El grito se apagó entre coágulos de sangre, el infeliz perdió las fuerzas casi al momento dejando caer los brazos a los costados y el único rastro de vida aparte de las irregulares palpitaciones en la herida, fueron los gorjeos provenientes de su boca.

Lentamente sacó la lengua relamiéndose los labios.

—Tuvo una puta suerte de que estuviéramos cerca, si nos agarra en Kumo ni pisándole a fondo a tu puñetero cacharro llegamos.

—Pudiste haber traído el tuyo.

—Joder contigo, los maricas del taller quedaron de entregármelo ayer, pero los muy puñetas no lo hicieron, la van a pagar los hijos de puta, ya van dos días de más.

—Hidan.

—Que mierda quieres.

—Mira la alfombra.

El joven así lo hizo una vez que su compañero encendió las luces internas que luego de titilar un par de veces consiguieron quedarse encendidas. Aunque í era muy pobre la luz que emitían, fueron suficientes para que mirara lo que el otro había indicado.

—¡Joder! ¿Es suya?

Un espeso charco de sangre bajaba por la tela sintética del asiento, sin embargo Zetsu permanecía ido con la expresión imperturbable. La palidez usual de su rostro casi blanco se intensificaba.

—¡La puta que te pario! ¡Tenemos que llevarlo a un hospital!

Kakuzu levantó una ceja ante la novedad que representaba aquél gesto de preocupación.

—Joder, este cabrón no se puede morir sin quitarme de encima a los imbéciles de Kumo.

Y la ceja regresó a su lugar.

—¿Y qué pretendes? ¿Qué nos aparezcamos en una sala de urgencias a llenar el formulario?

—Da vuelta a la derecha y para el auto.

—¿Qué?

—¡Para el puto auto!

Con el pedal a fondo, el viejo auto tardó un poco en reaccionar de tal manera que debió accionar también el freno de mano.

Hidan giró el cuerpo con impulso hasta darle un puñetazo en la cara, luego saltó a la parte posterior golpeándolo dos veces más, palpó rápidamente, le sacó el reloj, la cartera, el anillo de graduación, las llaves, todo lo que pudo. Rápidamente abrió la puerta con algo de trabajo debido a que se había trabado y de dos patadas lo bajó.

—¡De verdad que eres un bruto!

—Acelera con todo el ruido que puedas.

—¿Lo salvamos para matarlo?

—¡No está muerto! ¡Joder, reacciona, Kakuzu! ¡Vamos!

Al final aceleró tal como se le había dicho.

El sol recién rayaba en el horizonte, el sereno se dejaba caer humedeciendo todo lo que se encontraba a su paso. Lentamente el movimiento regresaba a la ciudad, unas cuadras más al frente un autobús turístico se estacionaba.

Desafortunadamente, Zetsu en ningún momento había perdido la consciencia, de hecho pareció ser más consciente desde que el primer puñetazo de Hidan le rompiera la nariz sacándolo de la marejada turbia de sensaciones que lo embriagaban.

No puso resistencia alguna, comprendió lo que el joven quería casi al momento, fingir un robo dejándolo en la calle para que alguien más lo auxiliara.

Recién caía en cuenta, el guardia le había disparado.

El asfalto frío le recibió, por inercia se llevo la mano a donde sabía, o supuso, que tenía la herida presionándola, aunque la fuerza lo abandonaban a cada instante. Sin embargo, algo en él le decía que no iba a morir, que todo estaría bien por más extraño que fuera ese optimismo.

¿Pero en qué estaba pensando? ¡¿Cómo pudo cometer tantos errores?!

Los recuerdos de la incursión a la mansión del ministro del País del Fuego luego de la cena le pasaron en la mente, recapitulando con detalle cada imagen, permitiéndole analizar el panorama y analizando el fallo del plan, aunque sin necesidad de llegar a mucha profundidad, supo enseguida que habían sido traicionados.

Solo debía acompañar al equipo de asesinato que Danzō había contratado, recibir el cuerpo y desaparecer con él.

Danzō era un contador de carrera, inmiscuido en la política desde hacía muchos años y una ferviente obstinación con llegar a la cámara de representantes, donde en cada elección, resultaba abatido por otros candidatos. Recientemente, iniciando una telaraña de investigaciones y filtraciones de datos, había dado con información particularmente interesante sobre el Ministro. Su política de desarrollo había despertado ciertas inquietudes en otros países, había tocado fibras sensibles de manejos internacionales, había incomodado rancias negociaciones, pero sobre todo, descubrió que era un hombre muy fácil de influenciar y era alguien más quien movía los hilos. Solo que a partir de ese punto, la información se había desvanecido dejando en una completa incógnita a la mente maestra tras el crecimiento desmedido del País del Fuego con evidente preferencia a Konoha.

¡Danzō era muy bueno moviéndose en las sombras, pero siempre sería el gran perdedor! Era obvio que alguien lo iba a traicionar.

De cara a la muerte, perdiendo cada vez más sangre, sintiendo entumirse cada parte de su cuerpo y la dificultad para respirar con la nariz rota solo le quedaba un único pensamiento: lo que no te mata, te hace más fuerte.

Y sonrió por ello.

—¡Papá!— gritó Ino tan fuerte que su padre sintió que perdería el oído, sin embargo, simpatizó con su hija corriendo los dos al otro lado de la calle donde un cuerpo permanecía en el suelo.

Inoichi fue capaz de reconocerle en poco tiempo pese a lo inflamado del rostro y la cantidad tan impresionante de sangre que había cubriéndolo todo.

—¡Ino! ¡Llama a una ambulancia!— le gritó al tiempo en que buscaba localizar las heridas más graves y frenar la hemorragia. Su hija no protestó y aunque se había puesto pálida y torpe, consiguió hacer la llamada.

La joven rubia miraba con los ojos desorbitados la piel abierta de la frente, justo del lado de aquél inmenso lunar, se arrodillo tartamudeando algo que de momento a nadie le importó interpretar y hacia ademanes con las manos como si quisiera hacer algo y no tuviera idea de qué, que era en realidad lo más probable que le ocurría. El padre se movía rápidamente, no era médico, pero fue militar, por lo que conocía poco más de heridas graves que el resto de la gente.

—Tranquilo Zetsu-san, la ambulancia viene en camino— decía para calmarlo, desconociendo que en realidad el otro estaba perfectamente en ese sentido.

El hombre de Kusa intentó decir algo, pero en lugar de palabras fue un coágulo de sangre lo que salió salpicando la chaqueta blanca de la chica que finalmente había encontrado algo útil que atender presionando una herida que no había podido acaparar el mayor de los Yamanaka.

—¡Zetsu-san!

Se desmayaba. Las pupilas se iban por detrás de sus ojos dejando solo la amarilla esclerótica visible entre los párpados hinchados. La voz de Inoichi se perdió en tonos graves, pero la Ino…

El timbre agudo, chirriante y penetrante permanecía nítido llamándolo.


Comentarios y aclaraciones:

Bueno, me costó un poco pero me gustó cómo quedó, resolví algunas cosas sobre Danzō, volvemos a tener show dantesco y me disculpo otra vez por la tardanza, las últimas semanas de verdad que han sido algo complicadas (pero conseguí actualizar todo lo pendiente… ok, sigo debiendo Kunoichi y Media Luz)

*Redoble de tambores*

¡Sobre la "respuesta de la trivia"!

¿De dónde sacó Ino el nombre de las plantas?

Las referencias: Ino ve mucha televisión, en el cap siete de hecho especifica que "Audrey Junior" es como los San Bernardo "Beethoven", y a los collie "Lassie".

La respuesta:

"Audrey Junior" es de "The Little Shop of Horrors", clásico de la comedia negra (si quieren verla recomiendo más la de 1960). Es una planta que habla y come personas.

"Cleopatra" es de "The Addams Family", la serie de 1964, la mascota carnívora de Morticia.

Y preguntarán ¿Qué no era "Cómo perder a un hombre en diez días"?

De esa película sacó la idea del helecho de amor, cierto, pero la pregunta fue de dónde sacó los nombres.

Ódienme si quieren, pero dejen su comentario!

¡Gracias por leer!