Capítulo 11: Recuerdos
.
.
.
—¡No te vayas! —exclamó mientras tomaba el brazo del azabache, quien le miró con un leve deje de asombro en sus fríos ojos—. ¡Necesito saberlo! ¿De qué nos conocemos?
Le había visto más por casualidad que por reflejo, tan sólo distinguiendo de reojo aquellos orbes que tanto dolores de cabeza le daba, en el sentido más literal.
Quería todas las respuestas que pudiese obtener para desbloquear su memoria. Y aunque desearía empezar por saber qué le había hecho perderla, era consciente de que sería imposible saberlo sin antes conocer el resto de la historia.
—Como suponía. No lo recuerdas —sus palabras lograron sorprenderle, y aflojó su agarre, del cual el contrario se desasió con rapidez.
—Por favor, dímelo —se interpuso entre la mirada que el chico le dedicaba al asesino que se encontraba tras suya, apoyado contra una pared en gesto de espera. De ahí no se movería a menos que fuese necesario o que alguien le picase—. Tan solo recuerdo que me ibas a ayudaste. No sé nada más.
Kyoya centró su vista en los orbes chocolate del menor, y exhaló un suspiro.
—No has cambiado nada desde aquella vez —afirmó. Los ojos del castaño se agrandaron levemente ante su declaración—. Esta bien, te lo contaré.
Tsuna le agradeció con una leve sonrisa, que rápidamente se borró de su rostro. No presentía nada bueno.
Y entonces, ante la atenta mirada de tutor y alumno, el joven azabache empezó a relatar la otra parte de la historia que conocía.
.
Caminaron en silencio durante unos minutos, siendo roto por un estornudo del mayor.
—¿No tienes frío? —preguntó con preocupación el castaño, viendo el poco ropaje que traía el chico pese al viento y la lluvia, la cual iba intensificándose con rapidez.
Este no respondió, pero el más pequeño lo interpretó como una afirmación silenciosa.
Kyoya sintió que la mano del niño deshacía el agarre y se detuvo junto a él para mirarle con cierta curiosidad, viendo como Tsuna se sacaba la bufanda anaranjada que llevaba en el cuello y se la extendía con una sonrisa amplia.
—Te daría algo más, pero te quedaría pequeño —el azabache pestañeó un par de veces, inseguro de aceptar el ofrecimiento.
—¿Qué consigues con dármela? —preguntó cauteloso. Ese niño era extraño, ¿quién en su sano juicio daría una cosa sin pedir nada a cambio?
—Pues… —empezó a pensar una respuesta razonable—. Consigo que no te resfríes —eso era un argumento lógico para el castaño.
—¿Y qué consigues con que no me resfríe? —volvió a preguntar—. No te afecta en nada.
—¡Sí que me afecta! —replicó inmediatamente, acercándole la prenda mientras le veía con determinación—. Me estás ayudando, asi que somos amigos. ¡Y los amigos se cuidan! ¡Asi que toma!
Puso la bufanda frente al rostro del mayor, alzándose en puntillas y estirando todo lo posible los brazos.
—Está bien… —se corrigió, ese niño era muy raro y su lógica era incomprensible.
Se puso la prenda alrededor del cuello ante la atenta mirada almendra, y sintió la calidez de la lana contra su piel.
Hacía tiempo que no experimentaba esa sensación.
—¡Te queda bien! —se alegró Tsuna, quien no parecía tener frío, aunque era algo natural dado que su jersey era bastante abrigado a simple vista.
—Gracias —no pudo evitar esbozar una leve sonrisa ante la felicidad infantil del menor, quien por imposible que pudiese parecer, tan solo quería ayudarle.
El castaño negó con la cabeza, quitándole importancia. Se dispusieron a reanudar el paso cuando, repentinamente, vieron a un joven rubio pasar como una flecha por delante suya, perdiéndose entre un callejón de los laterales sin siquiera reparar en ellos.
—¡Hermano! —exclamó el menor, corriendo rápidamente en la misma dirección.
Se sorprendió por el repentino acto del niño, pero supuso que finalmente habría encontrado a su familiar y volvería a casa con él.
—Que niño más raro —dio media vuelta y regresó sobre sus pasos, aunque echó la vista atrás un par de veces, mirando el lugar por donde Tsuna había desaparecido con inseguridad.
Sacudió la cabeza para despejar los malos pensamientos. No creía que le fuera a pasar nada, seguramente ya estaría a salvo y feliz por tener a su hermano con él.
Con esa creencia, no miró de nuevo atrás y se alejó del lugar.
.
—Tsk, otra vez —Reborn había visto los indicios de mareo del joven y le había sostenido antes de que este cayera, adelantándose al de orbes azul grisáceo, quien le miró con frialdad—. Me encantaría darte una buena lección, pero ahora estoy algo ocupado.
Kyoya miró al castaño inconsciente, y chasqueó la lengua.
—Era todo lo que sé, asi que díselo cuando despierte —dio media vuelta—. Aunque no debería forzarse tanto.
—Eso méteselo en su cabeza terca —refunfuñó por lo bajo, y vio como el chico se alejó del lugar, perdiéndose en la oscuridad con rapidez.
El asesino suspiró y observó a Tsuna, quien se removía inquieto. No parecía estar teniendo un sueño agradable, algo normal si se tomaba en cuenta la historia que había escuchado.
No se imaginaba que hubiera podido pasarle después de que se hubiera separado del azabache, pero seguramente debió haber sido algo traumante para que le hubiera dejado sin sus recuerdos.
Le depositó en el suelo con cuidado, agachándose junto a él y midiendo su temperatura. Parecía tener menos fiebre que la vez anterior, pero no por ello era baja.
—Solo das problemas —murmuró, apartándole uno de sus cabellos castaños de su rostro—. A saber qué estarás soñando.
No se equivocaba al pensar que, probablemente, no era nada agradable.
.
Ruido. Siempre ruido. Distorsionando todo, impidiéndole entender las voces que hablaban.
Al menos sabía que un sonido era de lluvia. Una fuerte lluvia que sonaba incluso con relámpagos que cubría todo. Sentía su cuerpo pesado, mojado, cansado. Todo a su alrededor era negro con borrones amarillos y naranjas…
Entonces empezaron a escucharse gritos. Varios gritos de los cuales no entendía prácticamente nada pero le daba una sensación de advertencia, como si estuvieran dirigidos hacia él.
—¡Tsuna! —le llamaba alguien en uno de los gritos, uno desesperado. ¿Quién era?
Dolor, luces, más sonidos, más gritos, más colores… y completa oscuridad. De repente todo pareció apagarse, silenciarse, dejándole en un vacío que le abrumaba, como si la respiración le fallase a causa del poco oxígeno.
Lo peor de la situación era que tenía un dolor en el pecho que se iba intensificando a cada segundo, además que su cabeza tampoco ayudaba. Conforme se iba amplificando, sus gritos de dolor aumentaban de volumen.
Pedía ayuda, a quien fuera, a lo que sea. Que algo u alguien le quitara lo que le estuviera haciendo daño. Pero por más que gritara, nadie venía en su ayuda, nadie podía oírle…
—Maldita sea, o despiertas o te pego un tiro —su cuerpo empezó a ser fuertemente sacudido, y aquella voz la reconoció como la de Reborn.
Despertar. Todo era un sueño. Su dolor era irreal.
Debía abrir los ojos.
Sintió que sus mejillas eran ligeramente abofeteadas, produciéndole molestia. Pero esta era real, y conforme iba concienciandose de ello, el dolor de su pecho iba menguando.
La oscuridad dejó de ser completa. Empezaba a distinguir colores anaranjados provenientes de las farolas, estrellas, la blanca luna…
Todo era una pesadilla, recuerdos olvidados…
Recuerdos que tenía que recuperar.
.
—Al fin despiertas —se quejó el azabache—. Estaba por dispararte de verdad.
Sostenía al castaño por el cuello de sus prendas, sacudiéndole como si de una campana se tratara mientras le elevaba a su altura para mirarle a los ojos.
—¡Suéltame! —exigió al darse cuenta de la situación, pataleando.
—¿Y qué si no quiero? —cuestionó con diversión, esquivando las patadas y brazadas del menor sin esfuerzo alguno.
—¡Reborn! —exclamó enfurruñado, dejando su rabieta al ver que era inútil.
—¿Qué gano yo con soltarte? —Tsuna detestaba cuando se ponía en ese plan. Sabía Dios con lo que saldría cuando empezaba a comportarse de aquella manera.
—¿Qué es lo que quieres esta vez? ¿Que corra por toda la ciudad? ¿Que trepe a los árboles? —rodó los ojos. No era la primera vez que ocurría algo así, y las cosas que pedía a cambio solían ser insólitas y muy variadas.
Solo faltaba que le dijera que se pusiera una falda, aunque mejor era no pensar en ello.
—¿Harás lo que sea? —el azabache arqueó una ceja con claro entretenimiento.
—Sí —afirmó monótonamente, resignado.
—No deberías ir diciendo esas cosas tan a la ligera, Dame-Tsuna —el castaño cayó al suelo de golpe—. Podría malinterpretarse fácilmente.
—¡Reborn! ¡No es lo que te crees! —se sonrojó, levantándose con toda la dignidad posible, ayudándose con la pared, en la cual se apoyó dado que seguía algo mareado.
—Pero podría malinterpretarse —el asesino esbozó una sonrisa ladina y se inclinó hacia el rostro del menor, el cual sintió su piel arder—. ¿Qué pasaría si te pidiera algo… inadecuado?
—¡N-no lo haría! —los brazos del mayor le encerraron contra el muro que se encontraba detrás suya, impidiéndole cualquier escapatoria.
—Pero has dicho que harías lo que sea —el corazón del castaño latía con frenesí, y su respiración era entrecortada al sentir el aliento del azabache chocando contra sus labios.
—Sa-sabes per-perfectamente a… lo que… me refería… —tartamudeó, poniendo sus manos en el pecho de su tutor para intentar parar su acercamiento. Sin embargo, no podía dejar de mirar sus orbes oscuros, llenos de diversión.
—¿Y si no lo supiera? —sus frentes chocaron, sus narices se rozaban y la distancia era mínima. Tsuna sintió que le daría un infarto debido al latir desenfrenado de su corazón.
—Re… born… —no pudo decir nada más que su nombre. Era incapaz de pensar con propiedad con aquel aroma a café que emanaba el azabache, el cual embriagaba todos sus sentidos, añadido a la distancia casi inexistente.
—Cuida tus palabras —el asesino se alejó del chico con una sonrisa, devolviéndole su espacio personal—. Ahí tienes una nueva lección.
Tsuna sintió sus piernas desfallecer debido a la intensidad del momento, y cayó de rodillas al suelo, respirando agitadamente para recuperar el oxígeno.
Reborn no vio su reacción debido a que había volteado con intención de volver a la avenida principal, diciéndole a su alumno que se apresurase.
El castaño dijo una afirmación entrecortada y trató de calmarse, incorporándose para seguir al mayor.
Odiaba cuando jugaba de esa manera con él, divirtiéndose con las reacciones involuntarias de su cuerpo ante su cercanía. Y lo peor era que siempre caía en el mismo juego.
Tenía la esperanza de que algún día se la devolvería.
.
.
.
Salut lectores~.
Llegaré a los 50 review lo sé D=
Pero por el momento respondo a mi lectora favor n.n
Fiz-chan, acertaste 7u7. Me gustan las teorías locas. XD.
Bien~ ¿Merezco review? ¿Disparo? ¿Tartita?
Au revoir, nos leeremos pronto~.
