Capítulo 11

Habían pasado dos días desde que Anna le pidió a Hiccup que le contase a Jack todo lo que sabía sobre Elsa. Desde entonces, Hiccup había tratado por todos los medios encontrarse con el joven rey de Arendelle, pero era tan esquivo que ni los propios sirvientes podían decir que lo habían visto en todo el día. Solo la cocinera de palacio conocía su ubicación cada instante del día. Comprendió, entonces, que Jack depositaba en ella toda su confianza desde que Elsa se distanció de él. Uno de los sirvientes también se lo confirmó, por lo que, al tercer día, Hiccup estuvo atento a los movimientos de la cocinera.

Mientras tanto, Elsa aguardaba en su habitación un mensaje. La noche anterior, había vuelto a recibir la visita de Sombra, que consiguió que el corazón de la reina se helase un poco más y se encogiese de miedo y frustación. Sombra sabía que estaba empezando a hacer mella en la voluntad de Elsa, por lo que decidió que aquel día sería perfecto para comenzar a moverse.

Elsa, por su parte, daba vueltas y vueltas por la habitación. No se atrevía a asomarse al balcón por si Jack se colaba dentro cuando menos se lo esperase. Le echaba tremendamente de menos. Había soñado con la noche que estuvieron juntos, hacía ya cuatro días. Se reprendía a sí misma cuando, sofocada, se despertaba con el corazón en un puño y un pinchazo doloroso en el vientre, fruto del deseo. Se regañaba a sí misma cuando se sorprendía suspirando, echándolo de menos y deseando ir a buscarlo. Más de una vez había tenido que parar a tiempo para no salir corriendo en su busca. Ya no bajaba a comer al comedor y aquello la mataba. Era el único momento que tenía para verlo, pero su ausencia en aquella gran mesa de madera oscura brillaba cada día más, apagando las fuerzas de la reina poco a poco. Todas esas sensaciones, unidas a las visitas de Sombra, estaban acabando con lo único que hacía de ella un ser humano: la esperanza y el amor.

De repente, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza, sacándola de sus pensamientos. Había llegado.

-¿Estás lista?-dijo la voz de ultratumba de Sombra a su espalda.

Ella solo asintió. No podía articular ni una sola palabra.

-Bien-asintió Sombra, complacido, y paseando un largo y fino dedo por el hombro descubierto de la reina-. Aquí va mi primera tarea: quiero que te deshagas de ese dragón que duerme en las caballerizas.

Elsa se volvió, de golpe.

-¿Qué? ¿Quieres que mate a Desdentao?

-Sí. Si quieres, puedes dejarlo moribundo y que se pudra solo. Hazlo como mejor creas. Pero hazlo-repitió Sombra con un deje amenazante-. ¿Ha quedado claro?

Elsa no respondió. Solo mantuvo los ojos y la boca muy abiertos. Estaba muda de horro. ¿Cómo era capaz de pedirle que matase a aquella criatura?

-Quiero a ese dragón muerto para esta noche. Si no-se acercó a ella y le agarró la barbilla con las uñas, dejándole una marca rojiza-, acarrearás con las consecuencias.

Dicho esto, Sombra desapareció, dejando tras de sí una nube oscura de polvo negro. Elsa tosió, intentando respirar. No se había dado cuenta del tiempo que había estado conteniendo el aliento. Intentó asimilar la orden. Tenía que matar a Desdentao.

-Oh... Dios mío...-musitó Elsa, cayendo al suelo de rodillas y sollozando- No puedo... No puedo...

En ese instante, unos golpes interrumpieron la retahíla de Elsa, que pegó un bricon y cayó al suelo cuan larga era. Se dobló una muñeca y ahogó un grito.

-¿Elsa?-dijo la voz de Hiccup detrás de la puerta.

Aquello era demasiado.

-¿Sí?-consiguió decir la reina, aguantando las lágrimas.

-¿Estás bien?-Hiccup sonaba tremendamente preocupado, pero ella no era capaz de responder- Si no me hablas, entraré. Y me dará igual que estés en paños menores.

-Yo...

-Vale, se acabó. ¡Voy a entrar!

Entonces, la puerta se abrió con un estruendo y entró Hiccup hecho un auténtico torbellino. Al ver a Elsa en el suelo, con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar y con una muñeca sujeta con una mano, el rey de Isla Mema se arrodilló y derrapó en el suelo, acudiendo en su auxilio.

-¿Qué ha pasado, Elsa?

-Él... Es él...-murmuró la reina.

Hiccup miró su mano.

-¿Él te ha hecho esto?

Elsa negó con rotundidad, aunque deseó decir que sí solo para que el odio de su amigo por Sombra se incrementase un poquito más.

-Dios, Elsa...

-Cierra la puerta, por favor.

Hiccup asintió. Pero cuando fue a ponerse de pie, Elsa miró tras el hombro de su amigo y se quedó blanca como la cal. Hiccup se volvió con rapidez para ver lo que estaba asustando a su amiga y quiso que la tierra lo tragase cuando vio a Jack plantado en el umbral de la puerta, con la cara roja por la furia, el pelo alborotado y las manos convertidas en puños, dispuestas a romper y machacar.

-Jack...-comenzó a hablar Hiccup con un tono que invitaba a la calma.

-¡ERES UN MALDITO HIJO DE...!

-¡JACK!-chilló Elsa, evitando que el rey de Arendelle terminase la frase.

El aludido se volvió hacia ella, con los ojos azules rebosando dolor y traición.

-Y tú...-su voz bajó de tono, reflejando exactamente lo que sus ojos hablaban- Tú te estás liando con este... este...

Una risa sarcástica surgió de la garganta de Jack, haciendo que Elsa temblase de miedo. Se sentía morir. ¿Cómo podía Jack pensar eso después de todo lo que habían hecho el uno por el otro?

-El bastardo y la zorra... Bonita combinación. Me alegra saber que estoy fuera de esta ecuación.

Elsa intentó moverse, pero las piernas no le respondían.

-No, Jack...-trató de hablar la reina- Por favor, déjame explicarte...

-¿¡Ahora vas a venir con explicaciones!? ¿¡AHORA!?-estalló Jack, gritando- Llevo pidiéndote explicaciones desde el mismísimo día en que reapareció Sombra. Llevo pidiéndote que me expliques lo que te pasa horas, días y semanas. ¿Y ahora, que os he pillado a los dos con las manos en la masa, me vas venir pidiendo permiso para explicarte? Tú eres una hipócrita, Elsa. Eres una maldita hipócrita-Jack bajó los ojos, sintiendo que el enfado y la ira daban paso al rencor y el dolor- Dios...

Y, ¿sabes qué es lo peor? Que yo fui lo bastante estúpido como para tragarme toda esta pantomima. Me has hecho rey de un reino que no considero mi casa. Me has hecho creer que me amabas por encima de mi título y mis poderes. ¡Me has hecho creer que te importaba, maldita sea! Me he enamorado de ti pensando que tú sentías lo mismo...-la voz de Jack se quebró en el último momento y una lágrima traicionera atravesó su mejilla y el corazón de Elsa, que se estaba terminando de romper por momentos- Te he dado la mitad de mí, ¿sabes?-alzó los ojos, completamente roto por dentro y por fuera. Alzó una mano y se limpió la cara con rabia- La libero de sus votos, reina Elsa de Arendelle. Nuestro matrimonio queda anulado-y, sin decir nada más, dio media vuelta y desapareció por el pasillo.

-¿Qué...?-suspiró Elsa-¡NO! ¡JACK!