XI
Rendezvous.
Es pasada la medianoche cuando la puerta se abre. Los médicos han tomado todas las precauciones. Estoy amarrado a mi cama, con la vía venosa lista para sedarme en caso de que me altere. Y no necesito que me lo digan para saber que detrás del espejo están todos vigilándome, esperando tras la puerta para venir a salvarla si vuelvo a intentar asesinarla.
La espera se me ha hecho eterna. Después de semanas intentando evitar pensar mucho en ella y fallando miserablemente, intento recolectar todas las cosas que sé, las que coinciden en mi mente y las imágenes. Las que son reales. Pero ahora que intento recolectar estas imágenes, las siento agolparse en mi mente de forma frenética, impidiéndome comprender mucho de ellas.
Hay muchas cosas que he visto en los videos que me parecen absurdas. Las he conversado con Delly, quien ha intentado numerosas veces de convencerme que Katniss no fue a buscarme en la primera arena para matarme, que sus intenciones de salvarme al estar herido eran sinceras. Y aunque no siento que ella esté intentando engañarme, creo que hay demasiado que no sabe.
Lo que más me parece confuso es la aparente historia romántica, el gran montón de besos que me muestran frente a las cámaras, mi expresión de felicidad al tenerla cerca, la frialdad con que me devuelve los gestos. La conversación con Haymitch me confirmó lo que yo pensaba. Que yo sinceramente sentía... Sentía amor por Katniss. Y que ella no me correspondía.
No sólo no me correspondía, sino que pretendía hacerlo. Aparentemente todo a cambio de recibir paracaídas con numerosas cosas, de ganar los juegos. Me parece bastante claro que me utilizó para su propio beneficio.
No puedo creer las cosas que he hecho por ella, me digo. Recuerdo haberme aliado con los profesionales para protegerla antes de saber que era un muto. Y ella me lanzó un nido de rastrevíspulas, matando a Glimmer. Aún así la protegí de Cato, quien me hirió la pierna. Me repito la secuencia, memorizándola e intentando excluir de ella las partes que sé que son falsas pues no coinciden con los videos y mis pinturas.
La puerta se abre lenta y dolorosamente, un pequeño chirrido de bisagras arrancándome de mis pensamientos. De pronto, siento un poco de pánico. Mi corazón parece dar un vuelco dentro de mi pecho y me pregunto que tan preparado estoy para verla. Pero ya es muy tarde para echarse para atrás. Ya está aquí.
Entra lentamente, mirándome con timidez. Me sorprende lo diferente que se ve al monstruo que acosa mis sueños. Es pequeña y delgada, pero atlética. Prácticamente carente de curvas. Su aspecto no es excepcional, pero sus ojos destacan del resto de su rostro. Son grises y muy expresivos. Una real mejoría de los ojos rojos y sanguinarios de muto.
Quizás tengan razón y no tenga nada que temerle porque aunque intentara atacarme me parece improbable que pueda conmigo. Excepto que estoy amarrado y no tengo armas. Y ella—al menos en mis pesadillas—puede desgarrar piel y músculo con sus poderosos colmillos.
Cuando llega a un metro de mi cama, se cruza de brazos visiblemente incómoda y musita: —Hola.
—Hola—le respondo.
—Haymitch dijo que querías hablar conmigo.
—Mirarte para empezar—le digo. Algo en su aspecto me es decepcionante. ¿Es esta la chica que me acosa en mis pesadillas? ¿La chica que estuvo en mis sueños por años? —No eres muy grande, ¿no? Ni particularmente bonita.
Katniss hace una mueca de desagrado antes de responderme: —Bueno, tú te has visto mejor.
No puedo reprimir la risa. La forma en que reacciona, como una niña pequeña, me parece aún más patética. —Y ni siquiera remotamente agradable. Mira que decirme eso después de todo lo que he pasado.
—Sí. Todos hemos pasado por mucho. Y tú eras el que era agradable. No yo—me dice, su voz con un dejo de agresividad. Después de una pausa agrega: —Mira, no me siento muy bien. Quizás venga mañana.
Sin decir más se da la vuelta y camina hacia la puerta. Entro en pánico. Siento que necesito decirle algo más antes que se vaya. Intento pensar en algo neutral.
—Katniss. Recuerdo el pan.
Ella se detienen con la mano en la manilla de la puerta. No se da vuelta para responderme: —Te mostraron el video en el que hablo de eso.
—No. ¿Hay un video en el que hablas de eso? ¿Por qué el Capitolio no lo usó contra mi?
—Lo hice el día en que fuiste rescatado—me responde. Se gira hacia mi, pero no me mira directamente a los ojos. —Entonces, ¿qué es lo que recuerdas?
—Tú. En la lluvia—musito, evocando las imágenes claras como el agua en mi mente. —Hurgueteado en nuestro bote de basura. Quemar el pan. Mi madre golpeándome. Llevándole el pan a los cerdos pero luego dándotelo a ti en su lugar.
—Eso es. Eso es lo que pasó—me dice. —Al día siguiente, después de la escuela, quería agradecerte. Pero no sabía cómo hacerlo.
Esta confesión despierta en mi otro recuerdo. Tan claro como el anterior.
—Estábamos afuera al final del día. Intenté mirarte. Tú miraste hacia otro lado. Y luego... por algún motivo, tomaste un diente de león—Katniss asiente. Me parece ver un dejo de esperanza en su rostro, lo que mejora mucho su aspecto. Casi puedo ver la belleza que puedo haber visto hace años. De pronto siento un dejo de nostalgia:—Debo haberte amado mucho.
—Lo hiciste—me dice y su voz se quiebra. Intenta toser para cubrirlo.
—¿Y tú me amabas? —le pregunto. Por algún motivo mi corazón se acelera. Katniss no levanta la vista, su mirada fija en el piso.
—Todos dicen que lo hacía. Todos dicen que es por eso que Snow te torturó. Para romperme.
—Esa no es una respuesta—le digo molesto. ¿Tan difícil es decirme si me ama o no? Necesito respuestas, respuestas que sólo ella puede darme. —No sé que pensar cuando me muestran algunos de los videos. En la primera arena, parecía que querías matarme con esas rastrevíspulas.
—Estaba intentando matarlos a todos—me dice. —Me tenían atrapada en el árbol.
—Después hay muchos besos. No parecían muy genuinos de tu parte—le dijo. Siento mi corazón saltar dentro de mi pecho al continuar: —¿Te gustaba besarme?
—A veces—me dice, aún sin mirarme. —¿Sabes que nos están mirando?
—Lo sé. ¿Y qué hay de Gale? —La imagen de un beso entre ellos, una y otra vez, se reproduce en mi mente. Katniss me mira y veo ira en sus ojos. Y vergüenza.
—Él tampoco es malo besando—me suelta.
—¿Y nos parecía bien a los dos? ¿Que besaras al otro? —insisto.
—No. No les parecía bien a ninguno de los dos. Pero no les estaba pidiendo permiso—me dice. Me vuelvo a reír, porque no puedo creer el descaro con el que me está admitiendo lo poco que le importé. Quizás es cierto que no quiere matarme, pero claramente no tuvo ninguna consideración con mis sentimientos en esa época.
—Vaya, si que eres especial—le digo. Y esta vez cuando sale de mi habitación no la detengo.
Los doctores entran unos momentos después que ella sale, preguntándome como me siento. Los ignoro. Cierro los ojos e intento evocar algunos de mis lugares favoritos entre mis recuerdos. El manzano en el patio de mi casa, el rincón caluroso al lado del horno principal de la panadería, un banco cerca de un arbusto de flores al lado de la escuela.
Intento no pensar en que estos lugares ya no existen, que fueron extinguidos, consumidos por las llamas y las bombas que se llevaron también a mi familia y amigos. Pero uno a uno los veo arder en mi mente. Evito pensar en mis seres queridos por miedo a verlos arder también.
Ya no queda más que pensar que en ella. No puedo creer que creyeras que podría sentir algo por ti, su voz me acosa. Un recuerdo lejano que no logro posicionar en el tiempo. Pienso en las cosas que me admitió hoy, la manera desdeñosa en que me habló. No puedo comprender que pensara que ella pudiera corresponderme. No puedo creer que pudiera engañarte tantas veces, insiste dentro de mi mente.
El doctor Aurelius se sienta a conversar conmigo en algún momento, pero eventualmente se rinde al ver que me rehúso a responderle, completamente absorto en mis pensamientos.
Me encierro en mi mente, maldiciendo la parte de mi que decidió abrirse a recordar los aspectos de nuestra relación si es que es ese el término apropiado para lo que fuera que nos unía. Ni siquiera sé cómo definir este amasijo de recuerdos que ya no sé si quiera si son reales o implantados mediante tortura. Probablemente todos son implantados mediante tortura de una forma u otra. Los falsos implantados por el Capitolio, pero los reales plantados por la misma Katniss. Y en estos momentos me pregunto si existe alguna diferencia en cuáles fueron plantados por cualquiera de los dos. Todos me atormentan, me confunden al punto de querer arrancarlos de alguna forma de mi cabeza.
Me jalo del cabello, intentando escapar de la ansiedad que estos pensamientos me traen a través del dolor físico. Tengo deseos de golpear y romper todo a mi alrededor, pero estoy demasiado consciente de los ojos que me vigilan día y noche. Otra forma de tortura. Ni siquiera permitiéndome descargar toda la rabia y dolor que siento dentro, ni siquiera permitiéndome huir de esta desorden de ideas que es mi mente. Así que me conformo con jalarme el cabello.
Desearía poder huir de esta gente que se cree con el derecho de decidir cuánto debo vivir y cómo. No son en nada diferentes de la gente del Capitolio, intentando forzar por mi garganta este asunto de los trágicos amantes. Intento ignorar lo mejor que puedo cuando veo en algunos de sus rostros el querer creer en esa ridícula historia de amor. Inclusive Delly, quien a veces parece tener que morderse la lengua para no decirme que no era una farsa.
Pero lo era. Quizás es cierto que no de mi parte. Ella, por otro lado, ni siquiera es capaz de decirme con claridad que no sentía lo mismo por mí. Ni siquiera ahora. Tan poco valgo para ella que mi actual estado de estrés y confusión mental no le parecen motivo suficiente para ser sincera por una vez. Yo estoy aquí, encerrado, observado por miles de miradas hostiles, esperando que pierda el control, mientras ella está allá afuera disfrutando de su libertad, probablemente con Gale.
Me recuesto en mi camilla, con los ojos cerrados, imaginándome que no me conoce todo Panem, que el país no está en guerra y que de alguna forma podría escapar de aquí e irme a un lugar donde no tener que ser más Peeta Mellark. Ya no tengo motivos para seguir aquí, no tengo mi hogar. Me imagino caminando por un muelle observando el romper de las olas y dejo que el sueño me arrastre a la inconsciencia.
