Hola a todo aquel que de nuevo, le vuelva a dar una oportunidad a este fic. Sé que he estado desaparecida (hasta yo misma me he sorprendido) pero varios cambios han tenido lugar en mi vida, y no ha siso hasta ahora, que verdaderamente siento que puedo volver a recuperar el ritmo, que puedo continuar con mis fics. Muchas gracias a los que estuvisteis al comienzo de esta historia, espero que le deis una oportunidad. Muchas gracias por adelantado!

Scorpius observaba la pista llena de gente moviéndose al ritmo de la música. Entre la muchedumbre, podía distinguir a dos cabelleras pelirrojas bailando junto a su amigo Baltasar.

Tenía que reconocer que, a pesar de estar disfrutando de la velada, el hecho de encontrarse solo en el apartado que el amigo de Lorcan les había reservado hacía que se sintiera extraño entre todos aquellos que sí mostraban estar pasándoselo bien.

Bebió un trago de su Hendricks. El alcohol raspó su garganta pero se compuso al momento. El recuerdo de todas aquellas noches en las que su única compañera había sido una botella de ese líquido transparente golpearon su mente.

Sintió como el sillón más próximo a él se un día. Rose, con el cabello medio ondulado, le sonreía con ojos brillantes.

-¡No puedes estar aquí tan solo, Scorpius!

-No me gusta bailar, Rose. Lo siento. Vuelve de nuevo a la pista con Lily, junto con Baltasar bailáis increíblemente bien.

-Yo bajaría, pero ambos se han ido con sus respectivas parejas. Y esta noche, tú eres la mía. ¿Puedo beber un poco?

-Es ginebra, no sé si te gustará.

Rose tomó el vaso del chico, bebiendo un pequeño trago de la bebida de su acompañante. Sus ojos se posaron en Scorpius; la luz en tonos azules del club hacían más angulosa si cabía su cara. Los ojos mercurio, sintiendo el escrutinio, se posaron en los suyos.

-¿Ocurre algo? Está un poco fuerte, lo sé.

-No,no. No pasa nada, está rico. Eres un hombretón, Scorpius. Tomándolo a palo seco.

Rose no pudo evitar reírse. Comenzó a sonar una de sus canciones favoritas, lástima que Scorpius no supiera bailar. Una idea cruzó su cabeza.

-Scorpius, ¿alguna vez has probado a bailar?

-No.

Scorpius, adelántandose a la idea de la chica, elevó una ceja.

-Y no tengo la mínima intención.- contestó cortante. Miró a la pelirroja, la cual tenía una expresión de pena en el rostro- No intente camelarme, señorita Weasley.

-Por favor, señor Malfoy. Sólo esta canción, ¿sí?

-Solo una canción- Scorpius levantó el dedo índice, dando un pequeño golpecito en la nariz de la chica, la cual sonrió divertida.

Baltasar admiraba cada una de las obras que Bibo, el amigo de Rose, tenía en su loft. Tenía que reconocer que era un verdadero artista. No le importaría comprar un par de cuadros. El ruido de copas le hizo girarse.

-Esta es mi humilde morada, Baltasar. Estoy todavía en plena mudanza, disculpa el desorden.

-Tranquilo, no pasa nada. Es comprensible. ¿Cómo es que has decidido cambiar Berlín por París?

-Necesitaba alejarme de un par de asuntos. Además, ¿qué mejor lugar del mundo para inspirarme que la cuna de numerosos artistas? Cierto, ahora que caigo, ¿trabajas con Rose, cierto? Es una chica muy talentosa, lo único que ella no se valora lo suficiente. Ves ese cuadro- Bibo señaló el que anteriormente el chico había estado contemplando- Lo hizo ella.

-De hecho, pensaba que era tuyo. Estaba dispuesto a encargarte un par, pero veo que me he equivocado de artista.

Baltasar notó la felina mirada del otro hombre sobre él, sentía como Bibo le miraba con una intensidad abrasadora.

-Lorcan tenía razón. Eres un ángel cincelado en ónice.

Bibo le acarició la mejilla; fue una caricia breve pero realmente suave. Baltasar no pudo evitar cerrar los ojos. Sintió una cálida pero ligera presión en sus labios. Continuó el beso tímidamente, con el rostro de facciones duras de un chico rubio en su mente.

Lo que había comenzado con una canción horas atrás, ahora se traducía en un dolor agua de sus dedos de los pies. Rose había descubierto que Scorpius no era tan mal bailarín, sobretodo cuando bailaban coordinadamente.

El recuerdo de la gente coreándoles como si de Fred Astaire y Ginger Rogers se tratasen hacía que una gran sonrisa se formara en su labios.

-Hoy comeremos pollo al curry. ¿Qué le parece, señorita Rogers?

-Me parece estupendo, Freddy. Tengo bastante hambre, ¿te apetece unas patatas a lo pobre? A mí sí...

-Claro, pero esas te las tendrás que hacer tú. Yo no soy tu esclavo. Aunque anoche me hicieras bailar hasta quedarte sin dedos. ¿Te siguen doliendo? - la chica asintió- Bien, después de comer te daré un masaje, a ver si mejoras.

Rose sonrió agradecida. Anoche Scorpius no sólo había bailado con ella, sino que después, a la hora de la vuelta, había ofrecido su espalda como medio de transporte. Rose en un primer momento se negó, pero en el momento en el que divisó las escaleras de la entrada de la que era ahora su casa, no dudó en aceptar la proposición.

Cuando se levantó, Scorpius le tenía preparado un cubo con sales de romero para que sus pies descansasen. Si hace un mes le hubieran dicho que estaría viviendo bajo el mismo techo que Scorpius Malfoy, se hubiera reído hasta llorar.

Rose giró su cuerpo para poder observar al metódico rubio. Su pelo que anoche estaba lacio completamente, hoy estaba amarrado. Observó como picaba un tomate. Se fijó en como los brazos del chico estaban lo suficientemente definidos. No podía negar que era una imagen atractiva a los ojos de cualquier fémina o varón que entendiese.

Scorpius levantó la mirada, fijándola en la mirada de la pelirroja. Si alguien le hubiera dicho un mes antes que estaría de nuevo cocinando para dos, uno de ellos Rose Weasley, hubiera puesto en duda la salud mental de dicha persona.

-Haré las patatas yo. Tú no te muevas, al menos hasta que teengas el placer de disfrutar del poder de mis manos.

Rose rio, encandilándole con ese sonido que parecía manar sin dificultad de los labios de la chica.

-Ya será para menos. Aunque, si son la mitad de buenas de lo que son cuando cocinan, seguro será un masaje genial-

-Hacen magia, señorita Weasley.

Rose estaba medio adormilada sobre su colchón cuando sintió que alguien llamaba a la puerta. Scorpius se asomó por la misma, portanto un neceser en su ano izquierda.

-¿Lista? ¿Dispuesta a disfrutar del poder de mis manos, bella durmiente?

Rose solo gruñó en respuesta, poniéndose bocarriba sobre la cama.

-Tomaré eso como un sí.

Scorpius se sentó al pie de la cama, tomando entre sus manos uno de los pies de la pelirroja. Le sorprendió lo suaves que estaban a pesar de las magulladuras. Abrió su de esencias, optando por la de romero.

Acarició suavemente todo el pie, poniendo especial cuidado en su trato cuando llegaba a la parte más dañ gimió en la duermevela. Sin saber muy bien si era por si le había hecho daño, continuó más lentamente.

Rose sentía unas manos calmando sus pies. El cansancio sumado a una copiosa comida le estaba haciendo caer poco a poco en un sueño profundo. Las caricias se hacían tan expertas, tan masculinas que Rose no podía evitar no olor del romero mezclado con un fuerte olor a madera llegó a sus fosas nasales.

-Mmmmm...Scorpius...que bien hueles

Las caricias se detuvieron momentáneamente para después proseguir. Rose se rindió a Morfeo definitivamente. Scorpius se sentía turbado. Le había gustado demasiado que la chica pelirroja gimiera su nombre, tanto que sentía como ciertas partes de su anatomía estaban despertando de un largo letargo.

-Vas a romper mi estabilidad interior, Rose Weasley.

Salió del cuarto contemplando por un último instante a la chica. Tenía la imperiosa necesidad de hablar con alguien.