CURIOSIDAD

CAPÍTULO 11

El pánico se vio reflejado en el rostro de Natsuki y no tardó en contagiarle la histeria a Shizuru. ¿Por qué? Porque Kuga sólo le tenía miedo a dos cosas: A Shizuru enojada y a su mamá enojada; y era prácticamente seguro que Saeko iba a enojarse cuando se enterara de que su "niñita" ya no era virgen.

-Tenemos que calmarnos, debe haber una solución-. La castaña intentaba manejar la situación, pero…

-No hay solución mientras esto-. Señaló a su entrepierna, que era una tienda de campaña. -Siga así-.

-¿Y si me voy?-. Parecía lo más lógico.

Pero en esta historia no hay lugar para la lógica.

-Ya venía en las escaleras-. Y sí Shizuru salía era seguro que iban a encontrarse cara a cara.

-Entonces…-. Sonó el timbre del departamento, Natsuki pegó un brinco del susto.

-Finjamos que no estamos-. Susurró Natsuki. A Shizuru le gustaba la idea, sin embargo, Saeko conocía muy bien a su hija.

-¡Sé que estás ahí, Natsuki!-. Volvió a tocar el timbre, después golpeó la puerta. -¿Con qué cambiaste la cerradura, eh?-. Dijo tras intentar abrir con su llave, y sí, Natsuki había cambiado la cerradura precisamente para evitar eso. -¡Abre, no voy a hacerte nada malo!-.

¡Mentira! De niña siempre le decía eso antes de darle con la chancla por hacer pendejadas. Como la hembra alfa, ovarios de oro que era, se escondió detrás de su novia, en busca de ayuda, y quizá de un milagro.

Saeko cambió de estrategia y dejo de gritar, algo que le daba aún más miedo a la oji-verde, era como la calma antes de la tormenta. -Contaré hasta 10, y hay de ti si no me abres la puerta Natsuki Kuga-. A Natsuki le recorrió un escalofrío al escuchar su nombre completo.

La cuenta comenzó.

La castaña se sintió culpable, por eso de que ella había sonsacado la inocencia de su novia. -Corre y enciérrate en el baño-. Le dijo a Natsuki.

-Pero…-.

-Sin peros-. La empujó. -Necesitamos que Natsuki Jr. vuelva a dormir-. Kuga se sonrojó de golpe al entender lo que Shizuru quería.

-Bueno-. Corrió y se encerró en el baño.

Shizuru respiró hondo, se arregló la ropa, se peinó como pudo con los dedos y abrió la puerta. -Buenas tardes, señora Kuga-. Dio su mejor sonrisa al estilo Colgate, pero fue sólo por sus reflejos que se salvó del chanclazo que Saeko soltó a lo bestia.

-¿¡Shizuru!? ¡Lo siento querida!-. Bajó la chancla, que cargaba en su bolso para casos como esos (visitas a su hija). -Pensé que eras Natsuki-. Shizuru se forzó a sonreír.

-No sé preocupe-.

Después de ese casi casi asesinato doméstico, el primero de la tarde, Saeko ingresó al departamento. Shizuru cerró la puerta, pero no le puso seguro, por sí necesitaban salir corriendo. -¿Dónde está mi hija?-. Preguntó viendo en todas direcciones.

-Está en el baño-. Respondió rápidamente. -Comimos unos tacos en el puesto de doña pelos, pero no se veían de confianza, y Natsuki ha estado ahí dentro por horas como consecuencia-. Su mentira sonaba razonable viniendo de ella, porque Shizuru siempre había sido la responsable desde que eran unas niñas, pero Saeko ya se olía la mentira, sus antenitas de madre le habían llevado ahí ese día, después de todo.

-¿A ti no te afecto la comida, Shizuru?-. Dijo con los ojos entrecerrados, como diciendo que sabía que le estaban escondiendo algo.

-Natsuki comió más que yo-. Se excusó con una sonrisa.

-¿Y has estado aquí por horas, mientras ella está muriendo en el inodoro?-. Alzó una ceja acusadora.

-No puedo dejar a Natsuki sola en su desgracia-. Declaró. -¿Qué tal si necesita más papel higiénico?-.

-A veces me perturba que sean tan amigas-. Shizuru sintió ganas de reír y decirle: Si supiera señora. -Iré a ver a mi hija-. Y así se le fue el buen humor a la castaña.

Saeko llegó a la puerta del baño. -Natsuki-. Y eso le cortó la poca inspiración que tenía a la oji-verde. -¿Cuántos tacos te comiste?-. La chica guardó silencio. -Sé que estás ahí, ¿Cuántos malditos tacos te comiste?-.

-¿Tacos?-. Respondió una confundida Natsuki. Shizuru, que escuchaba a escondidas, se dio un facepalm. Estaban perdidas desde el comienzo.

-¡Aja! ¡Te está encubriendo!-. El pánico inundo a la chica, de nuevo. -No me digas que te paso "eso" con Shizuru aquí-.

-No, como crees…

-No te atrevas a mentirme Kuga Natsuki-.

-Bueno sí-

-¡Pervertida!-.

-¿¡Para qué me preguntas entonces!?-.

-¿¡Cómo pudiste!?-.

-¡Sabes que no lo controlo!-.

Natsuki intentaba desesperadamente su cometido, pero tener a su madre al otro lado de la puerta era un mata pasiones horrible, porque le impedía venirse pero tampoco le apagaba del todo la erección.

-¿¡Te atreviste a pensar sucio con tu mejor amiga presente!?-.

-¡No!-. Era su mejor amiga y su novia también.

-¡Natsuki Kuga!-.

-¡Por piedad, vete a la sala!-. Eso debía clasificar como tortura psicológica.

-¿¡Te atreves a decirme que hacer!?-.

Las cosas pintaban feo, a ese ritmo Saeko querría tumbar la puerta y ahogar a su hija en el inodoro, o así era en la mente de Shizuru, por lo cual se puso los ovarios e intervino. -Señora Kuga-. La ceja alzada de Saeko era aterradora, pero como mujer encabronada no mata a mujer encabronada, Shizuru entró en modo badass por el bien de su novia.

-Fui yo quien provocó eso-. Al escuchar eso la expresión de Saeko se ensombreció. Por otro lado, Natsuki le metió turbo a su masturbación para poder salir del baño y frenar el apocalipsis.

-¿A qué te refieres con eso?-. La Kuga mayor entrecerró los ojos, tanteando terreno.

-Usted y yo sabemos a que me refiero con eso-.

-¿Ese eso relacionado con el otro eso?-.

-¿Con eso se refiere al eso que se da por eso?-.

-¿Ese eso del eso involucrado con eso que llamamos eso?-.

-¡Ya! Usted y yo sabemos que hablamos de que Natsuki tiene pene-.

-¡SHIZURU!-. Natsuki abrió el baño de golpe, su cara estaba completamente roja, pero su pantalón ya no parecía carpa de circo.

Lo siguiente que paso, fue que Saeko persiguió a Natsuki por todo el departamento, y detrás de ellas iba Shizuru, intentando evitar un homicidio. Volcaron el sofá al saltar sobre el, rompieron el único florero del lugar, casi tiraron la televisión de la pared y ladearon el refrigerador.

De un momento a otro, ya no sólo Natsuki corría de Saeko, también Shizuru huía, porque una especie de demonio se le había metido a la madre de su novia. Intentaron salir del departamento como último recurso, incluso habrían ido a pedir refugio con Takeda, pero la Kuga mayor se atravesó en la puerta.

-¿¡Cómo se enteró Shizuru!?-. Lo habían mantenido en secreto durante 21 años, así que si la castaña lo sabía ahora, Saeko sospechaba que su hija había perdido más que la discreción.

-Se lo dije ebria-. Contestó Natsuki, atravesándose entre ambas mujeres.

-A otra madre con ese cuento-. Saeko sacó la chancla de su bolso.

-Lo leí en su diario-. Dijo Shizuru.

-¡Sí Natsuki ni diario tiene!-.

-¡Bueno ya! ¡Cogí con Shizuru!-. Espantada, se cubrió la boca con sus manos, al darse cuenta de lo que dijo.

Fue imposible esquivar el chanclazo, le dio justo en la cara e incluso le tiro al piso. -¡Violaste a Shizuru, pervertida!-. Le golpeaba tan rápido que parecían diez chanclas y no una.

-¡Fue consentido, señora Kuga!-. Como eso no funcionó, cambió de estrategia. -¡Yo le robé la inocencia a su hija!-.

Saeko volteó casi casi como el exorcista. -¿Qué tú qué?-. Shizuru pasó saliva, con que así se sentía Alyssa.

-¡Yo le dije que lo hiciera!-. Gritó Natsuki, queriendo salvar a su novia.

-¡NATSUKI!-. Su mamá se enojó más, sí, era posible.

-¡Pero fue idea mía!-. Gritó Shizuru.

-¡SHIZURU!-.

-¡Pero soy yo quien la metió, así que es mi culpa!-. Un chanclazo nivel dios dio contra la cara de Natsuki, la marca iba a durarle horas, quizá días.

-¿¡AL MENOS SON PAREJA!?-.

-¡SÍ!-. Gritaron ambas, con la esperanza de que eso frenara la tortura.

Funcionó, parecía que Saeko iba a calmarse, sin embargo…

-¿Usaron protección?-.

-¡Por supuesto!-. Dijo Natsuki.

-¡ME ESTÁS MINTIENDO, DESGRACIADA!-.

-¡AHHH!-.

-¡No la mate, señora Kuga! ¡Estoy esperando a su hijo!-.

-¿¡QUÉ!?-. Gritaron ambas Kuga.

-Era broma, pero imagínese que fuese cierto y deja huérfanos a sus nietos-.

-¡Ahora sí te mato Shizuru!-.

-¡AHHH!-.

-¡No mamá, no me dejes viuda!-. Gritó una histérica Natsuki.

-¿¡ESTÁN CASADAS!?-.

-No, pero imagínate que sí y me dejas viuda tan joven-.

-¡VOY A MATAR A LAS DOS!-.

-¡AHHHH!-. Gritaron ambas.


Al día siguiente todavía faltaba una actividad de la universidad. Se levantaron como pudieron, ya que Saeko las dejó hechas mierda a base de chanclazos; se alistaron a una velocidad normal gracias a haber madrugado y partieron a la casa Kanzaki-Minagi, porque su auto seguía descompuesto.

Shizuru no tenía problemas con llevar pasajeros, pero le extrañaba una cosa. -Ese es el auto de Reito, ¿Y el de Mikoto?-. Preguntó.

-Ehh… digamos que eso es culpa de mi grupo-. Contestó una nerviosa oji-verde.

-¿Y no puede conseguir otro? Creí que la familia de Mikoto nadaba en dinero-. Reito siempre lo estaba presumiendo. Además, ella sí se había dado cuenta de que el reloj de Natsuki, regalo de Mikoto, era de plata y tan caro como 2 años de matrícula universitaria.

-Lo hace-. Dijo Kuga. -Pero su papá le dijo que sí quería su coche nos dijera a nosotros-.

-¿Por qué a ustedes?-.

-Jejeje… porque según él sí nosotros lo explotamos, nosotros debemos reconstruirlo-.

-¿¡Lo explotaron!?-. Los mecatrónicos de la universidad estaban locos.

-¡Ya casi terminamos de reconstruirlo!-. Pero eran unos genios.

Como era de esperar, cuando los hermanos subieron al auto, Reito comenzó con su primer berrinche del día, y este empeoro cuando en un semáforo se encontraron con Nao, quien decidió subirse al coche sin invitación. -Debí ponerle los seguros a las puertas-. Dijo Natsuki.

Fue hasta ese momento que Kanzaki se dio cuenta del estado de Shizuru y Natsuki- ¿Qué rayos les paso?-. Tenían marcas de chanclazos en el rostro; querían creer que desaparecerían antes de llegar a la universidad, porque que oso explicar que tenían 21 y aún les regañaban de esa forma tan ridícula.

-¿Qué te importa, niño bonito?-. Natsuki lanzó rayos visuales, aún le dolía donde la chancla de Saeko logró tirarle al piso.

Nao les vio con una sonrisa pervertida. -A de ser un nuevo fetiche entre ellas-. Kuga frenó de golpe para que la pelirroja se golpeara contra el asiento. -¡Oye!-.

-Si ya sabes como soy…-.

-¡No te robes mis frases, cachorra!-.

Reito seguía viendo con cara de intriga a la castaña. -Tres palabras-. Dijo Shizuru. -La Kuga Alfa-. Le recorrió un escalofrió.

-Traducción, la mamá de Natsuki fue a su departamento-. Dijo Mikoto.


Gracias al cielo las marcas desaparecieron antes de reunirse con el resto de su equipo. Por otro lado, Nao sentía ganas de amordazar a Natsuki para que no hablara mientras el director daba las instrucciones, pero las miraditas matadoras de Shizuru le mantuvieron a raya.

-¡LA TERCERA Y ÚLTIMA ACTIVIDAD!-. Deseaban con todas sus fuerzas que se rompiera la tarima sobre la que estaba parado. -¡BUSQUEDA DE OBJETOS!-.

-No parece tan malo-. Sí, fue Natsuki.

-¡LOS QUE NO COMPLETEN LA LISTA TENDRÁN QUE PINTAR LA ESCUELA!-. Todos menos Shizuru vieron feo a Kuga.

-Va, eso no es nada…-. Nao se abalanzó sobre ella para callarla del único modo que conocía: a ingenierovergazos.

-¡Me tienes hasta la madre, cachorra!-. La sacudió como muñeca de trapo hasta que Kuga le pegó un rodillazo que le sacó el aire.

-¡EL PRIMER EQUIPO QUE TERMINE SE LIBRA DE LOS EXAMENES FINALES!-.

Eso fue suficiente para que dejaran de pelear y fueran de inmediato por la lista de objetos. Todos se amontonaron alrededor de Natsuki para ver lo que tenían que buscar. Lo primero era…

-¿Un lanza papas?-. Kuga alzó una ceja. -¡Tate!-.

-Voy corriendo por el-. Le dieron las llaves y salió casi volando al taller. El pobre no tenía ni idea de que los demás intentarían robárselo.

El segundo objeto hizo que la oji-verde frunciera el ceño. ¿De dónde mierda iban a sacar eso? -Un… saca cejas-. Era ridículo, ni Shizuru traía eso.

-Aquí está-. Dijo Reito dándoles el objeto, todos le vieron con cara de: no mames, ¿es en serio? -¿Qué? Esta belleza no se mantiene mágicamente-. Se defendió indignado.

Ciertamente, ese aspecto de modelo no podía ser natural, pero era demasiada información. -Debí verlo venir-. Nat se encogió de hombros y tachó eso de la lista. El tercer objeto casi hizo que se sonrojara, ese sí que lo tenían a la mano, desgraciadamente.

Cuando vieron que se negaba a leerlo, Nao lo dijo en voz alta. -Una caja de condones-.

Hubo un silencio incómodo e impactante cuando Shizuru sacó de su bolsillo la caja de condones. -¿Qué…?-. Fue Reito quien dijo lo que todos pensaban, estaba mega confundido ¿Acaso no salía con Natsuki? ¿Para qué ocupaba condones?

Claramente no iban a explicarle el motivo. -Acabas de darnos un saca cejas, así que no te atrevas a juzgarme Reito Kanzaki-. Contestó Shizuru, con los brazos en forma de jarra y mirada retadora, aunque por dentro rogaba que nadie hiciera preguntas, porque Natsuki no sabía mentir sobre su vida sexual.

Por fortuna nadie era tan tonto como para hostigar a Shizuru.

El cuarto objeto era… un aguacate.

Iban a mandar a alguien a pelearse con las cocineras para conseguirlo, pero antes de que decidieran quien sería el sacrificio, Arika sacó uno de su mochila. -Joder, sí que somos un equipo raro-. Tuvieron que darle la razón a Nao. El lado positivo era que los demás equipos no llevaban nada todavía.

Tras analizar la lista, Natsuki llegó a una conclusión. -Tendremos que dividirnos-. Ya que los siguientes objetos estaban en extremos opuestos de la universidad. Lo pensó un instante, para ver que combinación de lugares y personas resultaba menos caótica.

-Haruka y Yukino, vayan al jardín del director, y tomen una rosa blanca, con 6 espinas-.

-¿Y si tiene más?-. Preguntó Yukino.

-Pues se las cortan, no estamos para mamadas-. Respondió Nao.

Haruka iba a replicar, sólo por llevarle la contraria a las chicas de ingeniería, pero Yukino se la llevó a rastras para evitarle la vergüenza, y la pena ajena.

-Nao y Arika, vayan al área deportiva y roben un bate de beisbol-. Y decía robar, debido a que el equipo de beisbol era el más egoísta de la escuela y jamás prestaba ni una mota de polvo. El director sí que era malévolo al hacer esa lista.

-¿Por qué yo?-. Dijo Nao.

-Porque necesito tu violencia sin sentido y tu total falta de respeto por las reglas-.

-¡Sí que me conoces! Ya te traigo ese bate-. Salió corriendo, jalando a Arika tras de ella.

Después se volteó hacía Mai y Mikoto. -Ustedes consigan el esqueleto del laboratorio de ciencias-.

-¿Qué no es el que custodian por turnos, como si fuese un tesoro nacional?-. Dijo Minagi con una mueca de horror.

-Ese mero-. Reito se río sin saber lo que se le venía encima

-Odio al director-. Salieron en búsqueda del esqueleto. Mikoto deseaba internamente que el dinero que nunca presumía fuera útil en ese momento.

Al final, sólo quedaban Shizuru, Natsuki y Reito. -¿Y yo qué?-. Preguntó por puro compromiso, por él encantando sí no tenía que hacer nada.

-Pues me caes re mal, pero siento que sí te dejamos solo te van a violar, niño bonito-.

-¡Oye!-.

-Significa que vienes con nosotras, Reito-. Tradujo Shizuru.

-¿Y que haremos?-.

Natsuki suspiró con resignación. -Conseguir las placas del auto de diez profesores-.


Cinco minutos después Natsuki tenía un plan. Reito coquetearía con las profesoras, Shizuru le haría ojitos a los profesores y ella aprovecharía esas distracciones para quitarle las placas a todos los coches que se le atravesaran. Esperaba que ningún profesor se pusiera de rabo verde con su novia, además, en el fondo, muy muy en el fondo, tampoco quería que ninguna asaltacunas violara a Reito.

Si, ya le estaba tomando cariño al desgraciado.

Eso de convivir a diario tenía sus consecuencias.

Mientras ellos asaltaban el estacionamiento: Tate corría para salvar el lanza papas que los demás equipos ansiaban quitarle; Nao y Arika corrían por su vida, huyendo de un enfurecido equipo de beisbol; Mai y Mikoto negociaban, o bueno, intentaban sobornar a los chicos del laboratorio; y Yukino hacia lo posible para evitar que Haruka dejara sordo al jardinero que las había descubierto.

Al finalizar, Natsuki le hizo señas a Shizuru, diciéndole que ya tenían las diez placas, y la castaña le hizo señas a Reito. El problema fue que aunque querían irse, no podían, porque la profesora tenía puesto un ojo de asaltacunas en el pobre de Reito.

-A mí me gustan menores, de esos que llaman embriones.- Le dijo guiñándole un ojo.

-De verdad profesora, tengo que irme-. El pánico lo invadió al sentir la mano de la profesora aferrada a su brazo derecho.

Natsuki, muy a su pesar, lo consideraba parte de la manada, y como simio no mata simio, recurrió a lo primero que se le vino a la mente e intervino por él. -Oiga profesora-. Se acercó al par. -¿Qué hace acosando a mi novio?-. Sí, tendría que lavarse la boca con jabón y esponja metálica después de decir esa mentira tan enfermiza.

La cara de impacto de Reito casi los echa de cabeza, pero cambió de expresión a tiempo para seguirle la corriente.

-¿No me escuchó? ¡Deje de acosar a mi novio!-.

-¿Kuga? ¿Qué usted no salía con la señorita Fujino?-. Dijo una confundida profesora.

Y Shizuru intervino también, para hacer más grande el desmadre. -¿Tiene algo en contra de las relaciones abiertas, profesora?-.

La cara de la profe no tenía precio. -Un momento, ¿salen los tres?-. Reito asintió y agregó su propia mentira al engaño.

-De hecho hoy es nuestro aniversario-.

-¿El aniversario de los tres…?-.

-Bueno, en realidad somos felices los cuatro-. Agregó Natsuki.

-¿¡Los cuatro!?-. Se escandalizó la profe, pero eso querían, espantarla para que los dejara irse.

-Sí, nosotros tres y el ego del niño bonito-. Contestó Natsuki, con una sonrisa burlona.

-¡Están enfermos!-.

-Enfermos de amor-. Dijo Shizuru. -Y es contagioso, cuidado-.

Con eso bastó para que soltara de inmediato a Reito. -¡Los enviare al terapeuta escolar!-.

-También salimos con él-. Dijo Natsuki.

-¿¡QUÉ!?-.

-¡Era broma! ¡Adiós!-. Y así salieron corriendo de ahí.


Milagrosamente, los demás también habían conseguido los objetos, aunque cuando se reunieron, todos tenían aspecto de que los habían revolcado por el piso, algo así como cuando Shizuru arrastraba de los pelos a Alyssa.

-Lanza papas, saca cejas, caja de condones, un aguacate, rosa blanca, esqueleto, bate de beisbol, 10 placas de profesores-. Recitó Natsuki.

Sólo les faltaba una cosa…

-Necesitamos un pantalón-. Se vieron entre ellos, con miradas cómplices cargadas de oscura maldad. -Tate…

-¿¡Por qué yo!?-. Se aferró a su cinturón, para que no le bajaran el pantalón.

-Porque eres el hombre del equipo-. Dijo Nao, mientras veía como dejarlo en bóxer.

-¿¡Y Reito qué!?-. Le dio un manotazo a Nao, para que se apartara.

-Soy un princeso- Todo con tal de evitar desnudarse.

-¿¡Y Natsuki!? ¡Ella es la líder del equipo!-. Apuntó acusatoriamente a la oji-verde.

-Tengo motivos de causa mayor para no desnudarme-. Dijo encogiéndose de hombros.

-¿Así? ¿Cómo cuales?-.

El verdadero motivo era Natsuki Jr., no obstante, tenía el pretexto perfecto. -¿Acaso quieres que Shizuru se enoje?-. La castaña le siguió el juego y puso cara de asesina serial. -Porque tendrías que calmarla tú, Tate-.

-Ya me quito el pantalón-. Le entregó su jeans a Natsuki sin pensarlo, y con eso completaron la lista.

Le llevaron las cosas al director, él verifico que tuvieran todo, luego tomó aire y grito a todo pulmón.

-¡CACHORRITOS DE CERBERO ES EL GANADOR!-.

¡Perfecto! ¡Se habían librado de los exámenes finales!


Después de la universidad.

Shizuru dejo a Natsuki en su departamento y se retiró al suyo para terminar unas tareas pendientes, sin embargo, habían acordado que más tarde saldrían a cenar, para festejar su victoria.

Natsuki decidió aprovechar el tiempo para darse una ducha.

¿El problema? Cierta personita desvergonzada le había sacado copia a la llave de su departamento, sin que lo supiera.

Natsuki salió del baño, sin nada puesto y fue a la cocina por una cerveza, pero cuando le dio un trago y cerró el refrigerador…

-¿¡Pero qué carajos!?-. Gritó Nao al verle desnuda.

La oji-verde escupió su cerveza sobre la otra. -¿¡ARAÑA!?-. Se cubrió con sus manos.

-¡NO MAMES, TIENES PENE NATSUKI!-.