DECLAIMER: Harry Potter y su mundo son propiedad de J.K. Rowling. Además, las alusiones que planteo sobre el libro Un paseo para recordar pertenecen a Nicholas Sparks.
¡AVISO IMPORTANTE!: Ésta historia está siendo editada. Pretendo corregir errores de ortografía y unas que otras cosillas. La trama no cambiará.
Capítulo XI
Dejando a un lado a "El problema"
Aun sintiendo a Hermione entre sus brazos respirar compasadamente seguía creyendo que estaba inmerso en una pesadilla, simplemente porque no podía ser cierto nada de lo que había vivido ese día que ya estaba cayendo con la luna reflejada en el cristal de la habitación, justo a un lado de la cama. Draco acariciaba en silencio y de forma distraída la melena rebelde de su esposa intentando darle mayor forma a uno que otro mechón, sin embargo su otra mano descansaba entrelazada a la de ella, mientras sus ojos no dejaban de recorrer su centelleante piel descubierta. Ciertamente, notar su respiración golpearle el pecho le hacía sentir cierta melancolía, aunque muy dentro de él estaba feliz de poder estrecharla entre sus brazos, pero aquello le gritaba, silenciosamente, una y otra vez que todo era real. Tan real que dolía.
Necesitaba respirar.
Con cautela de no realizar mayor movimiento de lo justamente necesario para no despertarla, salió de la cama. Miró como su esposa instantáneamente se removía con cierta agitación y se arrepintió mentalmente de haberse separado de ella. Acongojado se dispuso a volver a su lado, pero precisamente en ese momento notó como Hermione suspiraba abrazando a una almohada. Había encontrado una posición cómoda y eso le hizo relajarse un poco.
Draco tomó su varita posada sobre una de las mesadas cerca de la cama y salió de la habitación sin cerrar la puerta tras él intentando, nuevamente, no hacer ruido. Bajó las escaleras con desgana mientras mascullaba un hechizo para absorber toda el agua que él mismo había dejado a su paso unos minutos antes. Cerca de la chimenea también había un poco de aquel líquido así que se acercó allí para limpiarlo. En ese momento observó las tazas de té vacías sobre la mesa junto al pergamino que había destrozado la vida de su familia. Sintió como un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Con cautela se acercó a ese lugar y con un movimiento de varita hizo que las tazas se elevaran por los aires hasta llegar al fregadero de la cocina. Gruñó muy bajo mientras tomaba la carta entre sus manos, sin leerla la dobló y la colocó dentro de una gaveta cerca en la cocina. Lavó con rapidez las vasijas y atravesó la puerta de cristal, finalmente.
Caminó sin apuros al rededor de la piscina rememorando todo lo que había pasado ese día. Había sido un día muy largo. Embelesado miró hacía el cielo, oscuro y brillante a la vez. Dejó que una gran cantidad de aire saliera de sus pulmones, sintiendo aun un peso feroz dentro de su pecho, justo en el sitió donde su mano se había posado de forma distraída. Inhaló otra bocanada de aire que más que ser fresco era gélido, pero parecía no importarle porque continuó con su andar.
Miró el verdor a su alrededor dejándose envolver por los sonidos de la noche: una que otra lechuza a lo lejos, el viento removerse entre las hojas de los árboles y el indiscutible y afectuoso susurro del oleaje de la playa al acercarse y alejarse de la orilla. Sonrió al descubrir el arbusto que le había servido de escudo totalmente desierto. Cuantas cosas habían pasado solo esa noche. El gesto en su rostro se esfumó al notar un objeto bajo la silla reclinable que Hermione había ocupado tiempo atrás para leer. ¡Claro, el libro! Se acercó con la determinación de tomarlo, podía haberlo hecho levitar hasta el interior de la casa, pero prefirió observarlo con cierta prudencia como si pudiese desvanecerse en sus manos o al contrario, quemar con el solo contacto.
— Un paseo para recordar — Salió de sus labios en un susurro casi inaudible el título del ejemplar.
Lo abrió y comenzó a pasar sus hojas sin leerlas ni prestarles atención. Una a una, despacio, con cautela y expectativa, como esperando que algo sucediera de pronto, pero nada ocurrió. Continuó pasando las hojas, esta vez de amontones y finalmente llegó a la página donde se mostraban las palabras finales del ultimo capítulo...
— En frente de Dios y de todos los demás, había prometido mi amor y dedicación, en la enfermedad y en la salud, y nunca me había sentido tan bien. Fue, recuerdo, el momento más estupendo de mi toda vida. Y ahora cuarenta años después, todavía puedo recordar todo de ese día. Podré ser más viejo y más sabio, podré haber llevado otra vida desde entonces, pero sé que cuando mi tiempo llegue a su final, los recuerdos de ese día serán las ideas finales que flotaran a través de mi mente. Todavía la amo, y pues ustedes verán, yo nunca me he quitado mi anillo. En todos estos años nunca he sentido el deseo de hacerlo — Leyó con admiración — Sonrío ligeramente, miro hacia el cielo, sabiendo que hay una cosa que todavía no les he dicho a ustedes: Ahora creo, que de alguna forma u otra, los milagros pueden ocurrir.
Cerró el libro sabiendo que aquel era el final de la más hermosa historia de amor, como su esposa una vez etiquetó.
Lo apretó contra su pecho y dejó que su mirada divagara en el cielo, preguntándose si podía ser capaz de soportar lo que apenas comenzaba. No encontró mayor respuesta que un escozor molesto en sus ojos. Permaneció en la misma posición varios minutos sabiendo que no quería perderle, pero sobre todo, lo que menos quería era hacerla infeliz. Debía concentrar todas sus energías en hacerla la mujer más feliz del mundo, otra vez. Aunque aquello durase solo una o dos semanas. Pidió a los cielos perdón, perdón por todas las cosas que había hecho y por las cuales suponía le estaban castigando de tal forma.
Pasó una mano por su mejilla derecha, suspiró y con el libro aun bajo su posesión recorrió el camino de regreso al interior de la casa.
Entró en el cuarto de estudio recordando que había dejado la puerta entre abierta tiempo atrás, así que al salir se aseguraría de cerrarla muy bien. Se acercó a uno de los estantes y guardó el libro, justo en ese momento un brillante objeto en su mano izquierda llamó su atención.
— Pase lo que pasé nunca me quitaré mi anillo... — Susurró recordando las propias palabras del protagonista del ejemplar que almacenaba.
Apagó las luces tras él con ayuda de su varita, atravesó la puerta del cuarto principal, la cerró y volvió a sumergirse dentro de las sabanas de seda blanca con mucha cautela. No fue necesario hacer ni decir nada más, Hermione como notando su presencia decidió girar dejando a un lado la almohada para acurrucarse en el pecho de su esposo el cual en silencio la atrajo más hacía el.
Depositó un beso en su cabeza y dejó que la noche y la calidez de su esposa lo envolviera hasta tal punto de hacerlo dormir.
— Horas Después _
Abrí los ojos entre parpadeos para así poder acostumbrarme a la luminosidad presente en la habitación. Permanecí en silencio e inmóvil incapaz de sentirme lo suficientemente segura como para levantarme de la cama y justo en ese momento pude notar que el día me daba la bienvenida con el alegre canto de los pájaros cerca y uno que otro picoteo se escuchaba también, pero lo que más me deleitó fue el sonido del mar, suave y acompasado debido a la casi nula cantidad de olas presentes en él por el viento, supuse. Sin embargo, el sonido que me envolvía en un manto invisible de calidez, amor y ternura era justamente el que mi oído percibía con mayor claridad... los sonidos de su corazón.
Lo sentía tan quieto bajo parte de mi cuerpo que no quería despertarlo. Así que tan solo fijé mi mirada en el reloj más cercano y observé que este indicaba que eran las 8:32am. Descubrir aquello me hizo sentir menos desorientada.
Aun inmersa en mis vagas reflexiones comencé a sentir movimientos a mi alrededor y un deseo infantil me hizo cerrar los ojos con rapidez. Por alguna razón que ni siquiera conocía quería simular seguir dormida, realmente, sí sabía porque lo hacía, quería que él me despertara a besos. Pero, al sentir que sus movimientos eran suaves como para no despertarme, pero determinados a la vez, decidí rodar hacía un lado quedando boca arriba. Justo como quería.
A los pocos segundos no sentí más movimiento. Desconcertada, estuve a punto de abrir los ojos, pero me arrepentí cuando noté que Draco se sentaba a orillas de la cama. Mantuve mi inmovilidad sintiendo deseos incontrolables de abalanzarme sobre él, sobre sus labios, específicamente, pero esperé.
Su respiración la sentí tan cerca que supuse se había inclinado hacía mi. ¡Que tontería tan grande la mía! ¿Cómo voy a perder el tiempo fingiendo que duermo? Lo mejor es abrazarle, besarle y desearle un muy buen día de una vez. Pero cavilé todo aquello muy tarde, ya que al escuchar su voz mis movimientos y mi precisión se congelaron...
— Amor... — Susurró muy bajo — Daphne, Scorpius... los amo tanto, pequeños — Besó el abultamiento en el centro de mi cuerpo — Mamá es mucho más fuerte que yo, ni siquiera sé como puedo soportar toda esta situación, sabiendo con seguridad que no podré vivir sin ustedes, sin ti mi amada esposa — Percibí dolor en su voz, tanta que partió mi alma a la mitad. Cada segundo que pasaba me sentía más estúpida por haber simulado dormir, pero al mismo tiempo, me sentía incapaz de mirarle. Escuché un fuerte y profundo suspiro a mi alrededor — ¿Qué se supone que deba hacer cuándo despierte y no estés a mi lado? ¿Que haré cuándo regrese a la casa cansado, teniendo tan solo deseos de verte, de escuchar tu voz y no estés? ¿Cómo se supone que debo respirar si tu ya no estarás conmigo? ¿Cómo? — Se me había vuelto muy difícil respirar, pero lo peor no había llegado, lo peor fue escuchar un sollozo que no había escapado de mis labios — Ustedes son mi vida.
Aquello fue lo ultimo que pronunció, me besó en la frente, cerró una puerta y finalmente escuché como el agua del grifo del lavamanos la dejaba correr. Había entrado en el cuarto de baño, así que tuve que concentrarme para seguir fingiendo, solo un rato más.
Cuando estuve segura que el sonido de la puerta que volví a escuchar era la del cuarto, me permití abrir lo ojos.
— Tengo que ser fuerte, debo hacerlo por él...
Después de aquel susurro me quedé un tiempo más en la cama, hasta que me sentí incomoda por estar tan sola. Extrañaba su calor, además, lo que más quería hacer era abrazarle. Así que me desperecé, fui al baño y sin perder tiempo me di una rápida ducha. Una vez lista, me coloqué una lycra negra hasta más abajo de las rodillas, una camiseta amarilla ajustada al cuerpo, amarré mi cabello en una coleta y salí de la habitación.
Bajé las escaleras sintiéndome atraída por un delicado aroma a rosas ligado con otro que me hizo caer en cuenta sobre el hambre que tenía. Miré a Draco en la cocina, parecía muy ocupado moviéndose de un lugar a otro colocando platos y vasos en la mesa decorada con rosas blancas en un jarrón de porcelana del mismo color con adornos dorados. De pronto, como si hubiese notado mi presencia, paró en seco, se giró, me miró y esbozó una gran sonrisa en sus labios.
— Buenos días, amor.
Emocionada acorté la distancia que nos separaba para estrecharlo entre mis brazos con cariño y me sentí reconfortada al sentirle devolverme el gesto.
— Buenos días — Susurré contra su pecho.
Tomó mi rostro entre sus manos y besó mis labios con mucha suavidad arrebatándome un suspiro. Se arrodilló frente a mi y comenzó a acariciar mi vientre como habitualmente hacía todas las mañanas. Tomados de las manos nos sentamos en el comedor y alagada miré el desayuno servido en la mesa. No era la primera vez que lo hacía, pero como siempre, me hacía sentir amada con gestos como ese. Además, me hizo reír con su típico comentario sobre faltar al trabajo, pero esta vez ambos sabíamos que las obligaciones ajenas a nuestra relación podían esperar. Esperar dos semanas, al menos. Traté de esfumar aquel tétrico pensamiento y gracias a los cielos lo logré sin siquiera alterar la sonrisa en mis labios.
Entre bocado y bocado charlamos, reímos y bromeamos sin preocuparnos por el tiempo, aunque Draco hizo una emotiva pausa acercándome las pastillas que debía tomar durante el desayuno junto a un vaso de agua. Reí por su cómica y atenta actitud e internamente le agradecí por hacerme feliz de esa forma, por actuar con tanta normalidad. Sin duda alguna, ambos estábamos cumpliendo con las promesas de ayer.
Muy entusiasmados decidimos salir a la playa entrelazados por nuestras manos para dar un paseo por la arena. Se sentía muy bien la suavidad de la arena bajo mis pies descalzos, escuchar el oleaje lento del mar y los rayos del sol sobre mi piel me hacían sentir viva. Muy viva.
— ¿En qué piensas?
— En el amor de mi vida — Le respondí de forma risueña.
— En mi ¿Cierto?
— No.
— ¿Ah, no? ¿Quién es él, entonces, si es que se puede saber?
— Te digo, si tu me respondes primero la misma pregunta.
— Hermione Jane Malfoy Granger, no sé si la conoces. Entonces... — No dije nada, tan solo sonreí abiertamente mirando el cielo mientras nuestras pisadas seguían marcándose en la arena — Te toca.
— Está bien, pero no digas que te lo dije, es un hurón platinado, está justo a mi lado.
Draco rió con alegría al escuchar aquello.
— Deberías regalarle un beso a tu hurón... — Me acercó a su cuerpo rodeándome por la cintura.
— ¡No! — Exclamé y cuando vi la sorpresa en sus ojos aproveché para soltarme de su agarre y así correr lejos de él, con cuidado para no caer — Te apuesto que no eres capaz de atraparme... — Mis carcajadas se unieron al viento. Él, sin embargo, sonreía sin siquiera haber movido un solo pies, tan solo me miraba. Estaba dándome ventaja, mucha ventaja.
— ¡No solo te atraparé! — Masculló — ¡Te besaré, también! Así que sigue corriendo, porque si te atrapo no responderé, serás mía por siempre.
Finalmente comenzó a moverse, despacio al principio mientras nuestra alegría se unía a los sonidos de la playa. Traté de alejarme de él, sin esforzarme mucho.
— ¡No!
Reí cuando sentí sus dedos envolver mi brazo. Con sutileza me hizo girar y aun con más cuidado me recostó en la arena, se posicionó encima de mi, sin tocar mi vientre para no lastimarme.
— Te dije que no respondería... — Susurró besando mis labios.
Rodeé su cuello con mis brazos e hice ademán para girarme y quedar sobre él, pero sin su ayuda no podría hacerlo, finalmente se apiadó de mi, logró que rodáramos hasta yo quedar encima con la curiosidad de que no rompimos el beso en ningún momento.
— Te amo... — Susurré separando nuestros labios — Te amo... Te amo... — Fui musitando mientras depositaba besos en varias partes de su cara — Eres el amor de mi vida, Draco Lucius Malfoy Black — Uní mis labios a los suyos, dejando que nuestro aliento se mezclara, los latidos de nuestros corazones sonaran al unísono y nuestras manos y lenguas exploraran por doquier.
La mañana había pasado con muchísima rapidez y la tarde seguía el mismo ritmo. Después de realizar el almuerzo juntos, comerlo y descansar un rato echados en el mueble, Draco decidió buscar el ajedrez mágico para jugar unas cuantas partidas ya que él juraba ser mejor que yo en aquello. Lo dudo, la lógica se me da muy bien.
Colocamos el tablero en la mesa de la sala y comenzamos la primera partida: Perdí. La segunda: Gané. La tercera: Volví a perder y en la cuarta:
— ¡Te gané otra vez! — Exclamó mi esposo con entusiasmo mientras yo bufaba con cierto enojo.
Ronald Weasley, uno de mis mejores amigos, era el mejor jugar de ajedrez mágico y precisamente él había sido mi profesor ¡No es justo!
— ¿Qué me darás como premio en ésta oportunidad? — Preguntó con picarda.
— Lo que quieras — Respondí sonriente olvidando cualquier enojo.
Muy despacio se acercó hacía mi para recibir su recompensa, pero cuando nuestros labios estuvieron tan cerca que se rozaron escuchamos como alguien ajeno a nosotros carraspeaba su garganta con cierta brusquedad.
Nuestras cabezas giraron cautelosas hacía la misma dirección: El cuarto de estudios.
CONTINUARÁ...
