Capítulo XI. Parte 1.
''Quizás no debimos confundir…''
Russland…ich…
Tenía miedo…aún seguían sus palabras en mi mente ''si se revelan morirán''. ¿Tanto poder tenía el sobre mí?, ¿tanto que con cada frase o su sola presencia se imponía sobre mi pequeño reino que se consumía?. No quería pensar en ello…no había motivo, solo el tiempo hablaría por si solo; en ese momento creí que era lo mejor…en este lo dudo pero no puedo volver al pasado.
Creo que me he demorado un poco. Ya son varios los días que no tomaba mi diario…jajaja, Lithuania me ha reñido, más bien estaba preocupado, aunque también se tomó la molestia la hermosa Bielorrusia:
- De nuevo estás forzando la vista…ya te he dicho que dejes esa tontería, a ese paso quedarás tuerto por completo y serás más inútil de lo que ya eres. –
Sus palabras jamás surtieron efecto en mí, solamente dejaba que se las llevara el viento..después de todo era una mujer celosa de mi presencia. Ah, pero estoy divagando en sucesos actuales, volveré a retomar el curso de la historia que lleva mi diario.
Decía pues, querido diario, fue a principios de 1956, no estoy del todo seguro…mi memoria ha empezado a fallar; Russland y yo pasábamos mucho tiempo juntos, era un verdadero lazo de amistad que nos ataba. Durante esos lapsos yo procuraba aprender todo de él, ahora era su turno de contarme sus historias.
Los waltz [vals], las princesas de la época zarista. Los salones lujosos y los banquetes para la crema y nata de la sociedad y la curiosa historia de una pequeña duquesa. La tragedia. Las lágrimas caían sin detenerse de sus ojos violetas. Lo abracé.
Era como un tierno niño recordando una terrible pesadilla, ráfagas, gritos, llantos, sangre y muerte. Me pregunté entonces ¿cómo había llegado a ser una potencia con esos miedos?; estaba perturbado, tanto que escondía a un demonio interno que usaba para devorar sin piedad alguna a la hora del combate.
- Y…¿qué pasó con Anya?. –
- Todos la creyeron muerta pero…yo ordené la ayudaran a escapar.. –
- ¡¿Sobrevivió?...pero…dijeron que… -
- Da…dijeron pero la realidad fue otra…no podía dejar que destruyeran su sonrisa…aquella pequeña alegre que siempre me trató como a un amigo más…la conocí a sus bellos 14 años en un vals realizado por el Zar Nicolás Románova. –
- ¿La amabas?... –
- ….En verdad la amaba… -
- Salvaste su vida… -
- No lo sé…¿fue mejor que sufriera la pérdida de sus hermanas, la duquesa y su padre?...soy un monstruo…Prussiya..yo.. –
Me dolía…
- Pero la protegiste hasta el final Russland…ella debe estarte muy agradecida. –
- Tu hiciste lo mismo… -
- ¿…..? –
- Cuando tu rey quiso partir. –
- Fritz… -
Capítulo XI. Parte 2.
De nuevo viajé más atrás, a los días de juventud de mi querido Friederich II der Große, rey de Prussia. Era un alma noble pero indomable…fue él mi primer amor.
- ¡Nein Preußen!. No quiero seguir aquí, estoy harto de todo esto, es una farsa, una mentira, amo a la música y a los libros pero estoy cansado de caminar derecho, de jamás equivocarme, de la ropa de seda y de las alhajas por todo el cuerpo. Solo quiero libertad. –
- …No puedes negarte a tu realidad. Eres joven, te acostumbrarás con el paso del tiem… -
- ¡NEIN!, me niego a eso. Me iré y no podrás hacer nada. –
- ….¿Con él?. –
- Si…con él. –
Mi corazón latía furioso, retorciéndose de rabia y planee el sabotaje de su fuga.
''…quizás nos dejamos llevar…''
Estaba celoso…no compartiría a mi príncipe con un simple sirviente, un triste capitán del ejército; maldito sea por siempre, robándose el amor de ese joven rubio y de ojos claros como el agua, tan delicado; no me di cuenta de que solo lograría su decline a la muerte interna después de lo ocurrido.
Detengan a los fugitivos, apresen al capitán y al joven príncipe, ese sería su castigo pero el Rey padre pensaba distinto a mí.
- Matenlo. –
- ¿Qué?. P…pero mi señor, es el capitán de nuestro ejército, ¿cómo…? –
- No estoy pidiendo tu opinión, he dado mi orden. –
- S…si…gran Rey. –
Hice una reverencia, ante él siempre me limitaba a obedecer en silencio y dándome la vuelta caminé por el pasillo alfombrado en telas rojas rumbo a la salida, pero fui detenido por su voz una vez más.
- Por último… -
- ¿…? –
- Quiero que Friederich esté presente durante su ejecución, su rebeldía me deshonra y su vulgar preferencia me humilla….terriblemente.. –
Pasé saliva con dificultad, el estómago me daba vueltas y creí que perdería la conciencia en ese instante que me puse más frío que un témpano de hielo.
- Cuando haya sufrido lo suficiente… -
Voltee sobre mi hombro abriendo mis ojos cual platos, podía leer sus pensamientos al ver a sus ojos decepcionados, como en su viejo rostro yacía la vergüenza y el dolor de su terrible decisión.
- …el será el siguiente. –
- ¡PERO MI REY!, ¡ES EL PRÍNCIPE!... –
Refuté de inmediato, girándome hacia él con desesperación, era la primera vez que le alzaba la voz y me arrodillé ante su presencia.
- ¡He dado mi orden, Prussia, no me retes!. –
- ¡POR FAVOR, OS RUEGO MISERICORDIA!. –
- ¡¿Estás dispuesto a vivir bajo la mofa del Reino, de Europa y el mundo entero, albergando en Königsberg a un príncipe traidor y…desviado?. –
- …Sí… -
- …Que así sea entonces Prussia…solo denle prisión por un tiempo…debe aprender su lección…a no faltar jamás a su destino. Ahora retírate de mi vista. –
Temblaba entonces…como tiemblo ahora y me odio por mi egoísmo que me hizo destruir a quien amaba.
- ¿Prussia?... –
¿Era su voz que me llamaba?; esa noche bajé a los calabozos para verlo…su rostro había perdido luz y su mirada profundidad.
- ¿Fritz?... –
- ¡Prussia!...¿has venido a sacarme de aquí?. –
Lo ví detrás de los barrotes sujetándolos con fuerza, sus delicadas manos enrojecidas con el metal de los grilletes en sus muñecas.
- Nein…no puedo…tu padre lo ha ordenado…no quiero arriesgarte a muerte. –
- Lo prefiero a seguir encerrado. –
Tomé las llaves de la celda para abrirla, introduciéndome en esta. Quería asegurarme de que en verdad seguía ahí conmigo…y le tomé en mis brazos, correspondido.
- Oh Prussia…¿qué he hecho?...¿cómo pudo salir mal?. Ahora…él está…Gilbert, Gilbert, sostenme…sostenme con fuerza y no me permitas que me separe de ti. –
Sus caricias en mi espalda, como tallaba su rostro en mi pecho humedeciendo mis vestimentas, el aroma de su cabello que aspiraba hundiendo mi rostro en su hombro, el sabor salino de sus lágrimas y el calor de sus mejillas sonrojadas…
- Jamás… -
''…quizás el amor entre nosotros se fue dando por roces…''
Y me juró que no me dejaría, se entregó por completo a su reino y lloró mientras me entregaba su cuerpo y su alma. Yo lo hice desaparecer y no me di cuenta de ello hasta que era demasiado tarde. Entre llanto toque su suave piel y ahí contra los muros fríos consumamos un pacto de lealtad, devorándome su alma hasta el alba.
Ahora que lo pienso…cada vez que me veía en la necesidad de saberlo mío y viceversa…lloraba…su llanto…me grita…mi nombre…
- ¡Prussia!... –
Fritz…te mentí…¿podrás perdonarme?...yo fui quien te mató…
- ¡Prussiya!. –
- ¡….! –
- ….Estás…llorando… -
- ¡….! –
No me percaté y de mis ojos estas caían sin sentido como aquella vez. Sentí las manos de Iván sobre mis mejillas, limpiando mi rostro y yo aún no lo podía creer…quizás aún divagaba en mis memorias.
Le miré y no lo pensé más, lanzándome a sus brazos le sostuve con fuerza como a Fritz, pero esta vez era yo quien se derrumbaba.
- Russland…sostenme…sostenme con fuerza y no me permitas que me separe de ti. –
- ….Jamás…Prussiya… -
Y me sostuvo contra su pecho.
''…roces de una añorada amistad.''
