Disclaimer: esto no es mío. Lo vendí el mes pasado.
Notas: ¡ey! Qué prontito que he subido, ¿no? Hasta yo estoy sorprendida, aunque yo me sorprendo muy fácilmente. Esperemos seguir subiendo así de rápido; but, no os hagáis ilusiones. No muchas, por lo menos.
Capítulo 11. Lo que Hugo no quería ver
(o por qué ser un Gryffindor es malísimo para la salud)
Hugo Weasley está ligeramente molesto. O muy molesto, depende de cómo se mire, claro.
En primer lugar, su calvuladora muggle no ha funcionado. No sabe qué se supone que debía hacer, pero transportarles al pasado no entraba entre sus funciones, eso seguro.
En segundo lugar, Lily está insoportable. Bueno, no más insoportable que otras veces, claro, pero es que se nota más cuando su insoportabilidad no va dirigida a él. Porque, a ver, ¿qué es lo que tiene Lupin que él no tenga? Aparte de la licantropía, claro, que eso se lo puede quedar para él solito. Es incluso peor que cuando a su prima le dio por babear por el retrato de Dumbledore; entonces, por lo menos, Dumbledore estaba muerto, y no le devolvía las miraditas. Porque, en la mente de Hugo, Remus Lupin también babea por Lily. ¿Quién podría no hacerlo, al fin y al cabo?
Y, en tercer lugar, el único tipo con el que se entiende, más o menos, resulta ser el tal Pettigrew. Que, por lo que ha oído, fue/será una rata traidora y cabrona, lo que le resta muchos puntos.
Pero es que es simpático, el chico. Y le gusta el ajedrez, como a él, y juega bastante bien. No tanto como el propio Hugo, no, pero algo es algo.
Así que aquí está ahora, en la habitación que comparten, en mitad de un torneo ajedrecístico con Peter y con la copia de James Sirius Potter –que, casualmente, también se llama James Potter.
Y va ganando.
-Bueno, te toca, James –dice Peter, en ese instante. Hugo frunce el ceño; le fastidia enormemente jugar contra Potter, principalmente porque es demasiado fácil ganarle. Como todo Ravenclaw que se precie, Hugo Weasley prefiere los retos intelectuales a la simple satisfacción de ganar por ganar tan Gryffindor.
Aunque, pensándolo bien, ahora él es un Gryffindor. Quizás debería replantearse sus prioridades.
Pero no hay manera. Y sigue aburriéndose enormemente, a pesar de sus esfuerzos por ser un buen león y arrinconar a todas sus neuronas para que no puedan salir.
Cinco minutos más tarde, el rey de James Potter se rompe en pedazos. Peter ríe.
Hugo ya no lo aguanta más.
-Voy a dar una vuelta, ¿vale? –dice, pero es como si le hablara a la pared; los otros dos ocupantes de la habitación no hacen más que reírse, como si perder en un estúpido juego de ajedrez mágico fuera lo más divertido del mundo.
Estúpidos Gryffindor, piensa Hugo, y tropieza al bajar la escalera. Estúpidos Gryffindor y estúpidos escalones.
&&&&&&&&&&
Sirius despierta con un terrible dolor de cabeza. Como si se hubiese golpeado contra el suelo, repetidas veces; le recuerda a los tiempos en que, aún en Hogwarts, sufría algún accidente en mitad de clases. Después de eso, normalmente, Remus y James le arrastraban donde fuera. Generalmente por las escaleras, por cierto, y agarrándolo por los pies.
Tarda un poco en darse cuenta de que están, de nuevo, en una casa. Que no es como si fuese tan raro, después de todo, pero le lleva a preguntarse, igualmente, qué narices hace allí. Más aún con una tipeja –más bien una ancianita- en postura de Príncipe-Besando-A-La-Bella-Durmiente; es decir, inclinada sobre él. Suerte que sus labios no llegan a tocarse; no se cree capaz de sobrevivir a semejante experiencia.
-¡Niña! –chilla la anciana, de golpe, cogiéndole por sorpresa. Tiene una voz agudísima y chirriante; le recordaría a una banshee, si conociera alguna. Como no la conoce, sólo le recuerda a su prima Bellatrix- ¡Ya se ha despertado!
¿Despertado? Como si hubiese estado durmiendo, todo ese tiempo…
Pero claro, Sirius no llega a quejarse. No le da tiempo, porque una silueta femenina entra por la puerta, y se arroja a sus brazos… para intentar estrangularle.
-¡Inepto! ¡Pues no vas y te desmayas! –chilla, en su oído- ¿Qué pretendías, eh? ¿Qué te cargara todo el camino?
Obviamente, Sirius, que por algo es Gryffindor y, por tanto, un poco burr… digoo, buena persona, se esfuerza por encontrar algún rastro de cariño y/o preocupación en la voz de la chica.
Nada.
Pero, al fin y al cabo, eso son futesas, ¿no? Quiero decir, que tiene algo más urgente de lo que preocuparse, algo que hace que la estima que le tenga esa loca parezca insignificante.
-Vale, vale, no lo volveré a hacer –miente. En realidad, no le ha parecido tan mala idea el hacer que ella lo cargue; además, no es como si lo hubiera pensado él, ¿no? Seguiría siendo culpa de Roxanne-. Sólo dime una cosa: ¿es verdad lo de que conoces a la hija de Harry Potter?
-Por supuesto que sí –murmura la chica, casi ofendida de que no la haya creído-, viene conmigo a Hogwarts, va a mi curso, a mi casa y, ¡joder!, salgo con su hermano.
-¿Que QUÉ?
-Prometiste no desmayarte –le recuerda ella, y Sirius se esfuerza (en serio) para no hacerlo.
-No me estoy desmayando –miente, porque, vale, un poquito sí que se ha notado desvanecerse. Pero no es como si fuese un Hufflepuff, ¿no?; puede aguantar cosas mucho peores.
-Ya.
-Pues eso.
Y se quedan callados. Los dos. Porque, a ver, ¿qué tienen que decirse?
-Esto… Roxanne…
-¿Sí?
-¿Podrías explicarme más tranquilamente eso de los hijos de Harry? –inquiere, al cabo de un rato- Creo que no lo acabo de pillar del todo…
&&&&&&&&&&
Y Albus Dumbledore, solo en su despacho, no hace más que dar vueltas y vueltas. Hace un rato bastante largo que se fue su tocayo (o casi tocayo), así que ya no tiene necesidad de fingir que no está preocupado. Porque, seamos sinceros, sí que lo está. ¿Quién no lo estaría, cuando acaba de descubrir algo como lo que él ha descubierto?
Pero supongo que todo quedaría más claro si lo explicamos desde el principio, ¿no?
Bien, podríamos empezar mencionando la regla más básica de la magia. De la magia del mundo de Harry Potter, por lo menos, porque en otros sitios no funciona tan así, claro; pero eso no viene a cuento.
En fin, volviendo al tema: esa primera, primerísima regla es la siguiente: la magia tiene límites. Y unos límites muy definidos, por cierto; no existen magos todopoderosos, capaces de crear vida artificial o de sacar dinero de la nada; ni siquiera pueden hacer que los Chudley Canons ganen un partido. No, señor, porque esas cosas están dentro de la categoría de imposible, y ni siquiera un mago tan chachi piruli como Albus Dumbledore (o como Tom Riddle/Lord Voldemort, en su defecto) puede hacer imposibles.
Otro imposible es el del viaje temporal. Y vale, ahí entra algún listillo que me habla de los "giratiempos", o como se llamen. Y me dice: ¡ah!, pero es que Hermione y Harry sí que viajaron en el tiempo (y así demuestra que se ha leído los libros, cosa que Albus Dumbledore no ha hecho; más que nada porque vive en esos libros, claro, y también porque prefiere los de Epi y Blas), y cambiaron las cosas y eso…
Y vale, ahí no sé qué decir. Pero, como soy la autora y no tendría que decir nada, mejor será que lo explique todo Dumbledore. Tiempo al tiempo.
A lo que iba: Albus Dumbledore da vueltas por su despacho. Queda bastante raro, la verdad sea dicha, pero como nadie le ve (a excepción de Fawkes, y el pájaro ya está bastante acostumbrado a sus desvaríos) pues no importa. Y es que dar vueltas le ayuda a pensar, de alguna forma. Y Albus, en estos momentos, necesita pensar.
¿Cómo pueden haber llegado hasta aquí esos muchachos? Porque, como ya hemos dicho, no se puede viajar en el tiempo.De ninguna de las maneras. O, por lo menos, no tan atrás; lo máximo son unas horas, o un día. Así que, o bien los chicos son unos magos absolutamente extraordinarios –lo cual no es tan raro, viendo a Lily; ya hemos dicho que el poder y la locura son directamente proporcionales-, o bien son unos mentirosos muy buenos.
Y Albus Dumbledore no está seguro de querer descubrir cuál es la opción correcta.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Lily Evans no pretendía llegar a esto.
Bueno, o puede que sí que lo pretendiera, pero no taaanto. Y es que besar a Sirius Black no es nada emocionante, bien mirado, si el muchacho no se resiste. O participa.
Pero el chico se ha decidido por la resistencia pasiva, y claro, esto está saliendo mal. Muy mal. No es que Lily tenga una gran experiencia en besos, por supuesto, pero supone que un buen beso no incluye que una de las partes se limite a apretar los labios contra los de la otra, ni que ambos cierren los ojos con fuerza, para no verse. No; un buen beso tendría que ser ligeramente más húmedo, más fiero; tendría que incluir caricias, algo de calor, a James Potter…
Oh. Dime que no he pensado esto.
Pero claro, ahí está Daisy para recordarle que sí, que lo ha pensado. Muy claramente, además. Y en voz alta.
-Lo sabía –dice Sirius, cuando se separan (más, porque ya estaban separados de antes), con voz rasposa y una molesta mirada de triunfo-, sabía que sólo estabas detrás de mí para… para llamar su atención, Evans. Lo sabía desde el principio, pero claro…
-No es verdad –responde ella, automáticamente. Lo dice en un susurro, porque no están solos en la Sala Común. O no deberían de estarlo; si se fijase mejor, podría ver que Lily Luna y Gilly se han largado. Por si había problemas, probablemente.
-Sí que lo es –y no parece ni humillado ni dolido ni nada (algo un poco raro, la verdad, pero es que es un Merodeador; no hay manera de entenderlos), sino un poco aliviado.
-No. No es por James… Potter –se corrige. Y decide mentir un poco más-. Es sólo… Bueno, me gustas –y, viendo que eso no se lo traga nadie, añade-, y pensé que estabas siempre solo, y que a lo mejor estando conmigo un par de días otras chicas querrían estar contigo y todos seríamos felices y te las podrías tirar a todas y…
-Soy gay –la interrumpe él, con una sonrisita divertida.
-Ya, bueno, pero eso no quita que… -y, justo entonces, el significado de la frase llega completamente al cerebro de Lily Evans, golpea a una de sus neuronas y provoca un efecto dominó. Si no fuera Gryffindor, se habría desmayado. Pero es de la casa de los leones, así que sólo chilla- ¡¿QUÉ?!
&&&&&&&&&&&&&&&&&
Hogwarts es un lugar interesante. Muy interesante, en realidad, con todos esos pasillos y recovecos y aulas vacías. Como este por el que está pasando Hugo, que, si hay que ser sinceros, le da un poco de miedo. En condiciones normales, y siendo el Ravenclaw razonable que es, jamás habría pasado por aquí. Pero ahora es Gryffindor, ¿no?, y los Gryffindor tienen que pasar por pasillos oscuros y fríos, llenos de puertas cerradas a ambos lados, y donde se oyen… ¿gemidos?
Esto empieza a olerle mal. Bueno, en realidad sólo le suena mal, pero es una frase hecha.
Así que empieza a buscar el origen del sonido, empeñado en encontrar una explicación racional a su miedo –recordemos que Hugo sigue siendo Raven de corazón-. Sólo cuando lo encuentra se da cuenta de que, quizás, habría sido más feliz pensando que era un monstruo antropófago y algo parecido a James Potter. A los dos.
Cierra la puerta casi tan rápido como la ha abierto, pero claro, es tarde. Los ruidos de dentro han parado, y Hugo está seguro –sin necesidad alguna de comprobación, esta vez- de que unos muy avergonzados –y desnudos- Severus Snape y Remus Lupin estarán en ese instante separándose del… ehm… "cuerpo a cuerpo" que mantenían.
Así que, ante la posibilidad de tener que enfrentarlos, cuando salgan a hablar/matar, Hugo hace lo único sensato.
Corre. Corre como un descosido.
Danny
