Primera Publicación: Agosto 2012

Reedición: Julio 2017


Día loco como pocos, despertar entre los brazos de su novio, no escuchar la voz insistente de su madre pidiéndole que se levante, tener que ir a la universidad sin tener idea de como llegar…

Bueno, eso era lo de menos.

Se separó de Darien lentamente, y se dispuso a empezar el día. Vio la hora en el reloj y casi se cae de espanto.

¡Era muy tarde!

Como pudo se cambió y marcó el teléfono de Haruka para que la pasara a buscar para ir a la universidad; no quería despertar al doctor, se veía muy cansado y no tenía ni idea a que hora había llegado de ir a abrirle la puerta a Rini.

La rubia de cabellos cortos, no tardó más de diez minutos en llegar a la casa para buscar a la princesa.

Tras dejarle a su príncipe, una linda nota con algo para desayunar, partió hacia un nuevo día de estudios.

El día pasó muy tranquilo, hasta que a la salida se reencontró con Seiya, un viejo amigo.

—Hola bombón, tanto tiempo —le susurraron al oído.

—¡Seiya! —exclamó emocionada girando sobre sus pies para abrazarlo.

—A mi también me alegra verte, vine a invitarte a comer con los chicos, ya invitamos a las demás —le comentó mientras terminaban el abrazo y Darien llegaba ante ellos.

«Por un segundo olvide que Darien estaba aquí» pensó Serena con nervios mientras observaba las miradas y las frases que se decían los dos morenos de ojos azules «¿Por qué justo hoy se le ocurre venir a buscarme?» protestó para sus adentro, por su mala suerte. Llevaba años esperando que Darien la viniera a buscar y justo se le ocurrió ahora que Seiya regresó.

Extrañamente, Darien la dejo ir. Así que emocionada, se fue con Seiya al templo de Rei donde sería la reunión.

—¡Hola a todos! —saludó la rubia al llegar al grupo—. ¡Taiki, Yaten! —les sonrió—, tanto tiempo sin vernos.

—No podíamos faltar a tu boda —comentó Yaten, el hombre de cabellos blancos cerró los ojos—, es el evento de éste sistema solar.

—Así es —completó Taiki, el castaño miró a Serena con una sonrisa—, venimos en representación del nuestro.

—Gracias —sonrió, mientras se sentaba sobre la manta donde sus amigas estaban esperando—. ¡Hola Chicas, Rini! —se sorprendió al ver a la jovencita de cabellos rosados.

—Hola Serena —le sonrió—, las chicas me invitaron a conocer a Seiya y al grupo.

—Hola jovencita —saludó Seiya tomándole la mano—, eres muy bonita —le sonrió de lado haciendo que las mejillas de la princesa se sonrojaran—. ¿Y tú que eres de mi bombón, bomboncito? —preguntó extendiéndole la mano.

—¿Mi bombón? —gritó molesta, mientras le dedicaba una mirada furiosa a su futura madre—. Yo, soy Serena Tsukino-Chiba —se presentó sorprendiendo a todos—, soy la futura hija de Serena y Darien —tomó la mano y lo jaló hacia ella—. No te atrevas a interferir en mi existencia o ya veras de lo que soy capaz… —lo soltó y sonrió.

—Esta jovencita da escalofríos —comentó sacudiendo sus hombros—, ¿en serio es tu hija?

—Eso parece —comentó Serena tomando un sándwich y Rini le saltó encima—. ¡Oye ten cuidado!

—¡¿Cómo me niegas como hija?! ¡Eres una mala madre! —empezó a llorar—. Le diré a mi papá.

—¡Ah, Rini! —se quejó la rubia tomando del pelo a la pelirrosada, que también jalaba el cabello de Serena—. ¡Suéltame!

—¡No hasta que digas que eres mi madre! —condicionó apretando los dientes.

—Ya, ya está bien —miró a los Three Light—. Seiya, chicos, ella es Serena, mi hija del futuro. Actualmente está aquí para molestarme.

—¡No estoy aquí para molestarte! —la soltó y les hizo una reverencia a los tres—. Soy la princesa del Siglo XXX, Serenity. Conocida también como Rini —le dedicó una mirada de reojo a Seiya y éste se sintió intimidado—. Estoy aquí en una misión como Sailor Scout para asegurar que mi madre no cometa una locura y cambie el futuro.

—Pero, ¿no te gustaría tenerme como padre? —le preguntó en broma Seiya y la joven frunció más el ceño.

—¡No! —le gritó cruzándose de brazos—. Darien es el mejor, y el mejor padre —corrió su mirada—, tú nunca lo igualarías, así que olvídate de intentar algo con mi mamá.

—Tranquila pequeña —le guiñó un ojo—. Sé que con tu madre no tengo esperanzas… son sólo bromas. No te enojes.

—Está bien.

La reunión siguió muy amena. Seiya y Rini empezaron a conversar de lo torpe que era Serena y se hicieron rápidamente amigos. Ésta -mientras tanto- conversaba con Amy de algunos detalles de la boda. Y Rei, Mina y Lita se ponían al corriente con Taiki y Yaten.

—¡Serena! —exclamó Mina tomándole de las manos—. ¿Hiciste la lista?

—Aún no —respondió algo dudosa—, no sé me ocurre que cosas pedirle a Darien que haga.

—¡Pero ésta es tu oportunidad! —le aseguró Rei—. ¡Él esta dispuesto, no lo desaproveches!

—Hablando de Darien, voy a llamarlo —tomó su bolso y buscó su celular—. Oh…

—¿Qué pasó? —preguntó Amy, mientras guardaba el cuaderno de la contabilidad de la boda.

—¡Perdí mi celular! —rompió en un llanto tan agudo que todos debieron taparse los oídos con las manos—. ¡Me lo había regalado mi Darien!

—Ya Serena —la tranquilizaron las chicas—. Darien sabe que estas con nosotras. No se va a molestar.

—¡Es verdad! —cambió rápidamente de ánimos, ante la cara de sorpresa de todos.

Más tarde, llegaron a la reunión Haruka, Michiru, Setsuna y Hotaru; entre risas, anécdotas y otras cosas, la estudiante de Relaciones Publicas se olvidó por completo la hora.

—¡Son más de las once de la noche! —exclamó horrorizada y todos se sorprendieron—. ¡Debo irme a casa!

—¿Yo te llevo, Cabeza de bombón? —ofreció Haruka levantándose de su asiento.

—Sí, gracias…

Se despidió de todos y se dirigió hacia su casa, sin saber que se encontraría con un panorama aún más nuevo para ella.

¡Un Darien ardiendo en celos y fuera de control!

Sin duda era un día muy raro…

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Conquístame, si puedes

Capítulo 10: "Tú, yo y el plan conquista."

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Alzada en brazos del soberano de la tierra, retrocedieron unos pasos y Darien se sentó al borde de la cama, y a ella, la sentó en sus piernas. Ambas manos cobraron vida propia deslizándose por la fina espalda femenina -sin romper el beso- consiguió meter mano a través de la tela. Serena jadeó contra sus labios al sentir la calidez que emanaban esas manos.

Ella también quería explotar, bajó las manos hasta la cintura de su novio y le desprendió el cinturón para poder quitar la camisa de la cintura del pantalón. Jaló la tela con desesperación causando una risa divertida en el moreno.

—No me creas tan inocente —le reclamó la chica—. Yo también llevó años esperando que me faltes al respeto con mucho gusto —consiguió quitar la camisa de la cintura y también metió sus manos para tocar la piel de su hombre.

—Serena —gruñó cerrando sus ojos, mientras ella llevaba las manos al pecho, recorriéndolo con suavidad y los ojos cerrados—, vas a matarme…

Serena sonrió y acercó su boca al oído masculino.

—Entonces espero que tú también lo hagas —le besó bajo la oreja y luego le mordió el lóbulo de la oreja haciendo que el doctor soltara un quejido—, porque quiero que está noche subamos al cielo y nos refundamos en el infierno.

Acercó el rostro hacia el del moreno para volver a unir sus labios, Darien usó las manos que tenía en la espalda de Serena para acercársela más y profundizar el beso que poco a poco fue corriéndose de los labios, besando la mejilla, el mentón y siguiendo el camino hacia el cuello donde aspiró el aroma de esa mujer.

Quitó las manos de debajo de la tela para empezar a quitar lo que estorbaba, aun recorriendo con besos húmedos aquel trayecto desde la nuca hasta el hombro, quitó botón por botón de la camisa rosada de la chica. Ésta no vaciló en repetir aquel mismo acto, con sus labios recorrió el cuello del hombre para saborearlo, mientras sus torpes manos intentaban desabrochar la camisa, ante la falla, gruñó contra el cuello erizando la piel del doctor.

—¿Te ayudo? —preguntó mientras quitaba la tela que cubrían los hombros femeninos y depositaba en ellos unos pequeños besos. Serena volvió a gruñir y lo tomó por un sí, se quitó el mismo la tela blanca que cubría su torso y la rubia se lo quedo viendo con la mirada hambrienta; con sus manos volvió a recorrer el torso de Darien, sintiéndose acalorada con solo eso, subió la mirada al rostro de su novio y lo vio sonreír de manera arrogante. —. ¿Te sigue gustando lo que ves?

—Maldito creído —sonrió de lado—, sabes que me encanta pero no más —llevó las manos a la espalda y quitó los ganchos del sujetador—, de lo que te va a encantar el panorama que tengo para ti.

Darien abrió enorme los ojos azules sorprendido de la hazaña de la rubia, pero más que feliz al ver lo que ese maldito sujetador blanco le ocultaba.

—¿Qué opinas? —preguntó ingenuamente mientras se quitaba la prenda y la lanzaba hacia un lado—, ¿te gusta lo que ves?

Las palabras se le atoraron en la garganta, era mucho más de lo que se había podido imaginar todos estos años, como un niño hambriento bajo su rostro hacia aquellos senos y los tomó entre las manos provocando un jadeo involuntario en la princesa.

—Admito, me ganaste esta —acercó la boca y con tiernos besos fue recorriéndolos hasta llegar al pezón—, pero lo voy a disfrutar.

—Cómo que yo no, ¿verdad? —exclamó, soltando otro quejido al sentir como la mano de su prometido recorría el contorno del otro pecho.

El deseo desenfrenado en el príncipe de la tierra, volvió a despertarse, volteó sobre la cama dejando a la rubia presa entre el colchón y su cuerpo.

—Habías dicho que te gustaba —la miró fijamente, la mirada celeste de ella lucía expectante y sólo fue una leña más a su fuego interno—, sentirte el jamón del sándwich entre el colchón y mi cuerpo… no vas a olvidarte nunca más de esta noche —antes que Serena pudiera responderle, fundió sus labios contra los de ella, saborearon sus labios mientras jugaban con las lenguas. Las manos recorriendo cada centímetro del cuerpo del otro, y las prendas que quedaban fueron quitadas sin separarse del contacto. El deseo era fuego en sus manos marcando cada rincón como propiedad privada, el roce de las piernas desnudas sólo aumentaba la libido y las ansias por consumar el amor milenario que reinaba entre ellos.

Entre quejidos y jadeos, sus miradas volvieron a encontrarse, ambos notaron la seguridad en el otro sin necesidad de decir nada más. Darien bajó con besos desde el cuello hasta el vientre; llegó a la ropa interior y empezó a hacerla descender a medida que seguía recorriendo las piernas con sus labios hasta terminar en los pies. Desde allí la contempló entera.

Era tan bella ante sus ojos, y pronto sería de él como siempre. Volvió a subir y le dio un largo beso apasionado mientras las manos femeninas jugaban en la cintura del bóxer, se acomodó sobre ella de forma que pudiera quitar sin problema la tela sin romper el beso.

El clima era perfecto pero cuando la prenda masculina descendió y el miembro de su novio rozó su vientre, la rubia abrió enormes los ojos, y se separó del beso –llena de curiosidad- para poder observarlo completo.

Recorrió con dedos temblorosos el muslo y sonrió; definitivamente ese día no lo iba a olvidar más. Subió rápidamente la mano y la apoyó en la nuca de Darien para aferrarse a su boca con desesperación, necesitaban acabar con el preámbulo.

El príncipe se acomodó entre las piernas de la princesa y terminó el beso para fijar su mirada en la de ella mientras comenzaba -lentamente un vaivén-. No dijeron nada, la seguridad aún estaba reflejada en sus ojos y nada los iba a detener esa noche. Apoyó los codos en la cama, tomó entre sus manos el rostro de la rubia y apoyó la frente en la de ésta.

—Serena… —susurró sin cortar la conexión visual—, te amo princesa… te amo.

—Lo sé —respondió cerrando sus ojos, la respiración masculina tan cerca, el roce de sus cuerpos desnudos habían empezado a mover involuntariamente las piernas de la joven—. ¡Darien! —exclamó en un grito ahogado por sus ansias.

—Shhh —le dio un casto beso y bajó la mano derecha para iniciar la posesión, despacio, lentamente fue unificando los cuerpos; con la mano que tenía en el rostro de Serena comenzó a acariciarla con el pulgar mientras le daba pequeños besos en su cara para distraerla de la tensión en la entrepierna por la invasión masculina.

Cuando logró por fin unir ambos cuerpos, sintieron una corriente extraña que los atravesó completamente; como si aquel acto que iniciaban se hubiera repetido ya en el tiempo, cada caricia, cada beso y cada roce parecía algo milenario entre ambos, como si ya lo hubieran vivido antes, en otra vida. De repente, se sintieron como un par de almas reencontradas, ese era su lugar, uno junto al otro.

Volvieron a perderse en el dulce sabor de sus labios mientras el vaivén de sus cuerpos se iba intensificando llevándolos hasta la cumbre máxima del placer...

Con un último grito de liberación, ambos cuerpos cayeron agotados.

—Déjame decirte… que… —dijo entre jadeos, Serena—, yo deseaba esto hace años.

Ante aquella confesión, Darien recobró las fuerzas, buscando la mirada de ésta.

—¿Qué? —aguantándose las ganas de reírse por la expresión del moreno de ojos azules, acercó su boca al hombro derecho de éste y le dio un pequeño mordisco—. Darien, mis hormonas se activaron hace como cuatro años. Ni hablar de mis sueños con lo poco que conocía de tu cuerpo… Uf… —suspiró y comenzó a abanicarse con ambas manos—, no pensaba muchas cosas puras…

—Nunca dejarás de sorprenderme, ¿verdad?

—Velo de esta forma —sonrió—, nunca te vas a aburrir de mi —el doctor se acercó y besó la frente de la princesa—. ¿Qué?

—Nunca… nunca podría aburrirme de ti.

—¡Darien! —gritó abrazándose de su cuello—. ¡Ves que puedes decirme cosas bonitas!

—Ven pequeña —se separó de ella y se levantó de la cama—. Tenemos que asearnos —la miró y estaba roja de vergüenza cubriendo su rostro con las manos—. ¡Ay Serena! —le guiñó el ojo—. ¿Ahora te da pena verme así? —preguntó irónico y recibió un almohadazo de la rubia.

—¡Eres experto en arruinar las situaciones! —le gritó enfurecida.

— ¡Qué infantil! —le gritó regresándole la almohada—. Ya, me voy solo entonces —ingresó al baño y Serena no tardó en levantarse de la cama para seguirlo.

¡Ese era un día que nunca iban a olvidar!

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Serena estaba parada en el balcón de su habitación observando los rosedales que cubrían el jardín delantero, el sol apenas asomándose entre los edificios, la refrescante brisa matutina; esa escena parecía sacada de un cuento. Si bien eran apenas las siete de la mañana, no se sentía cansada en absoluto, -todo lo contrario- se sentía con muchas energías y ganas de vivir.

Los recuerdos de la noche junto al hombre de todas sus vidas, aún podía sentirlos en su piel. Cerró los ojos al sentir un par de brazos cruzarse por su vientre.

—Ya terminé de hacer el desayuno —le informó apoyando el mentón sobre la cabeza de su novia.

—Es una casa muy bonita —comentó apoyando sus manos sobre las de Darien—. Es como la de un cuento.

—Sabíamos que te iba a gustar —la volteó, la tomó del rostro y la besó—. Serena…

—Dime…

—Vamos a comer, que tengo que irme —la soltó y la rubia gruñó—. ¿Qué te pasa, ahora?

—No hay caso —pasó por al lado y le dio un codazo—, siempre la… —apretó los puños para no decir la grosería que paso por la mente.

—¡Serena! —le gritó molesto imaginándose que iba a decir—. Ya vámonos.

—Está bien, está bien —resopló desganada—. Ah... —recuperó la energía con una sonrisa inocente en sus labios—, perdí mi celular…

—No pierdes la cabeza porque la tienes pegada, ¿verdad? —la chica afirmó y él negó con la cabeza aclamando por paciencia—. Ya, ahí veré que hago con ello.

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Era su hora de descanso en el hospital, los martes tenía que cubrir las horas de nueve de la mañana hasta las tres de la tarde así que tenía un día agotador.

Mientras buscaba en su maletín la lista de los modelos de celular que le había encargado Serena, encontró la libreta llena de corazones que Mina les había entregado el domingo.

—"Cosas que me gustaría que Serena hiciera por mí" —leyó en voz alta—. ¿Qué me gustaría que hiciera Serena por mí? —tras pensarlo un rato. Tomó la lapicera del bolsillo derecho de su bata de médico y empezó a escribir muerto de la risa—. ¡Vamos a ver si puedes con esto princesa!

En otro lugar, más precisamente en la Universidad, la joven de cabellos dorados estaba sosteniéndose la cabeza con el codo apoyado en el pupitre, mientras la profesora hablaba en un ingles muy fluido.

Serena sólo garabateaba en la hoja, llena de corazoncitos por todos lados.

—Darien… —suspiró para si misma—, cómo me gustaría que no arruinaras los momentos lindos… —en eso se le ocurrió una idea. Tomó su mochila y buscó la libreta que Mina le había dado.

«Cosas que quiero que Darien haga por mí» leyó para si misma mientras una sonrisa diabólica se le dibujaba en los labios. «Rei tiene razón… es mi oportunidad»

A la salida de la universidad, Darien esperaba por ella -como el día anterior- pero esta vez con la seguridad de que se iban a ir juntos.

Se detuvieron en la cafetería Crown por algo para comer. Unazuki los atendió y luego de hacer su orden, la pareja quedo sola.

—Bien Serena, aquí tienes tu nuevo celular —le dijo extendiéndole el móvil rosado—. ¡No lo pierdas!

—¡Ay mi amor gracias! —exclamó emocionada tomándolo y rápidamente se puso a investigarlo.

—Pude rescatar el número, así que tienes el mismo número.

—¡Genial! —festejó sin quitar la vista de la pantalla—. No tengo que aprenderme otro número.

—Y también tengo algo más —apoyó la libreta en la mesa y se la extendió—. La lista para el Plan Conquístame.

—¿De verdad? —miró a su novio con una sonrisa enorme—. Tienes suerte de que no pueda leerlo. —se dijo al notar el candado en la libreta.

—Mina siempre piensa en todo —comentó con una sonrisa ladeada.

—Yo también tengo el tuyo —lo buscó en su bolso y se lo entregó—. ¡Bien mi amor, es hora del que plan conquista entre en acción!

—No sabes cuanto deseo ver si serás capaz de hacer cada una de esas cosas.

—Lo mismo digo, querido, lo mismo digo.