Chicooosssss! Cómo están!? Disculpen por semejante tardanza (aunque estoy segura que ha sido menor que otras ocasiones :p), pero he estado un poco ocupada. Es más, ni siquiera éramos canon en el capítulo pasado! ¡Y ya lo somos! Soy tan feliz, siempre pensé que estos dos eran el uno para el otro, pero a veces pensaba que no viviría para verlos juntos y ocurrió! ToT ¡Qué felicidad! Sé que ya festejamos el canon en mi otro fic, pero nunca me cansaré de repetirlo y tampoco quería dejar pasar la oportunidad de hacerlo aquí. 3
Les agradezco como no tienen idea y con todo mi corazón y toda yo los hermosos reviews que le dedican a esta historia. ¡MIL MILLONES DE GRACIAS! En verdad me hacen sentir muy feliz y con el compromiso de seguir hasta el final, aunque me tarde un poquito, jejeje. A todos los que dejaron review, alerta o favorito y que siguen esta historia les mando un gran beso y les dedico este capítulo. ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!
Disclaimer: Todos los personajes de Bleach pertenecen al gran Tite Kubo-sensei a quien le agradezco con todo mi corazón haber terminado el manga como siempre quiso y haber hecho realidad nuestra pareja. La historia y algunos personajes me pertenecen a mí.
¡A leer!
XoXoXoXo
De vuelta en mi vida
De inmediato, los ojos de Orihime se llenaron de lágrimas; ya fuera de rabia, de dolor, de frustración o de alivio – algo que en su estado actual no iba a admitir jamás– lo cierto es que no pudo despegar su incrédula mirada de Ichigo hasta que este ocupó su antiguo lugar. Para ella, el que en su trayecto le hubiera regalado una sonrisa de lado con su característico ceño fruncido y su mirada determinada, era un insulto, un acto cínico que ella no iba a tolerar. Su primer – y único– pensamiento en ese momento, por más cobarde que la hiciera ver, era huir; salir corriendo de ese salón de clases que parecía hacerse más pequeño a cada segundo y que estaba por asfixiarla. Correr a los fuertes y seguros brazos de Grimmjow para acallar los sentimientos que, ahora más que nunca, deseaba enterrar en el fondo de su alma para que no volvieran a molestarla jamás.
Cuando estaba a punto de llevar a cabo su plan, no sin la atenta mirada de algunos de sus compañeros, la maestra, ajena a todo el ajetreo interno de Orihime, la llamó:
—Señorita Inoue, ¿sería tan amable de pasar al pizarrón a resolver los dos primeros ejercicios de la tarea, por favor?
—¿Eh? Cl-claro. — Limpiando su nariz con el dorso de la mano y luego de decidir, en un segundo, que no permitiría que Ichigo volviera a afectar su vida jamás, se levantó con toda la gracia que pudo y realizó lo pedido. Con un poco de dificultades, resultado de la maraña de sentimientos y pensamientos que llenaban su cabeza, la joven terminó.
—Excelente como siempre. Pasa a tu lugar, Inoue-san.
De regreso a su lugar, sus ojos se encontraron por una fracción de segundo con los de Ichigo; en ellos, pudo ver sincero remordimiento y arrepentimiento. Quizá, sólo quizá, sí había una explicación lógica de la ausencia de Ichigo que debía escuchar. Sin embargo, ¿de verdad no encontró forma alguna de comunicarse con ella en todo ese tiempo? Tal vez estuviera exagerando, y para Ichigo ella no representara más que una buena amiga y aquel beso y el tiempo que pasaron juntos antes de que se fuera fue producto de su imaginación. Pero entonces, ¿por qué volvió aquella vez? ¿Por qué hicieron lo que hicieron? ¿Por qué le regaló la noche más feliz de su vida para luego aplastarle el corazón en mil pedazos? Por más que quisiera razonarlo de otro modo, los hechos le hacían ver contundentemente que Ichigo sentía algo por ella. Entonces, si estaba en un apuro tal que no le permitía entablar comunicación con ella o con nadie fuera del Seireitei, ¿por qué no se lo dijo ese día? ¿Por qué le prometió que no la dejaría y luego fue lo primero en hacer?
Nuevamente se sintió abrumada y aplastada por el peso de tantas preguntas sin respuesta, incluso estaba empezando a marearse. No había puesto ni pizca de atención a la clase, aunque, para su tranquilidad, estaba segura que sólo se habían dedicado a resolver la tarea y aclarar dudas. Al finalizar la hora, la voz de la profesora se oyó fuerte por todo el salón.
—Bien clase, los veo mañana. — Sin darse cuenta, Orihime pasó el día dándole vueltas a todo lo referente al regreso de Kurosaki.
Cuando caminaba por el pasillo dispuesta a volver a casa, escuchó que una voz tristemente familiar le llamaba.
— ¡Espera, Inoue! — Le gritó Ichigo mientras corría para alcanzarla. Cuando ella se dio cuenta de quien venía acercándose, decidió seguir como si no lo hubiera escuchado y apretar el paso, pero ya era muy tarde. Kurosaki Ichigo la había alcanzado y ahora estaba frente a ella.
— ¿Qué quieres, Kurosaki-kun? —Preguntó tratando de disimular su enorme nerviosismo con un poco convincente enojo.
— Es que durante la clase de hoy hubo muchas cosas que no entendí y se me ocurrió que tal vez qui... quisieras ayudarme a ponerme al corriente. — Antes de alcanzarla, se había quedado en el salón pensando cada palabra que le diría y repasándola mentalmente para no olvidar nada y terminar diciendo alguna idiotez. Ahora que lo había dicho casi de forma perfecta se sentía más tranquilo, aunque la velocidad con que lo dijo le pareció un poco excesiva. Sólo un poco.
— Lo siento, Kurosaki-san, pero creo que no soy la persona indicada para ayudarte con tus problemas. —Haciendo gala de sus excelentes modales, aún en situaciones que no lo ameritaban, Orihime le respondió, ocultando en esa frase un rencor más allá de los deberes escolares.
—¿Qué dices? Pero si eres la mejor del grupo y yo…
—Ya me has demostrado en el pasado que no soy la persona correcta para ayudarte con tus problemas, ¿así que por qué ese cambio tan repentino?— La expresión serena pero seria de la muchacha dejó entrever un poco del dolor que aquello le causaba, haciendo reaccionar a Kurosaki.
—Ya no estamos hablando de la clase, ¿verdad?—Y por primera vez en su vida, Ichigo entendió que Orihime se refería a cualquier cosa ocurrida en el tiempo que se fue.
—Lo lamento, pero no puedo ayudarte.— Sin más que decir, lo rodeó para seguir con su camino sin prestar atención a nada más que llegar a casa, mientras sus pensamientos volvían a revolverse en su cabeza.
xoxoxoxoxo
El antiguo 6ª espada estaba leyendo una historieta muy entretenida: manga, le llamaba Orihime, mientras esperaba que la chica volviera de la escuela. Sin darse cuenta y sin proponérselo siquiera, se había adaptado mejor de lo que nunca hubiera creído a la vida en el mundo humano. Salvo en algunos momentos excepcionales, pensaba que si no podía volver jamás a Hueco Mundo estaría bien para él. Eso sí, a veces se aburría mucho mientras ella iba a la escuela, pues su molesta jefa no le permitía cubrir turnos dobles todos los días. "Es la ley, Grimmjow-chan". Entonces, se la pasaba leyendo mangas e incluso las tareas atrasadas de Orihime y sus libros escolares, y aunque no lo admitiera, le parecían realmente interesantes. Otros días, se ponía a jugar con un aparato que había comprado junto con Orihime, una especie de tostador en el que se introducían discos y se utilizaba un control para acceder al universo dentro de ellos. Videojuegos, le llamaba ella. Pero lo que él prefería era ir a entrenar con Urahara y los juguetes que había inventado para él, siempre que le fuera posible; no porque disfrutara la vida humana echaría a la borda su título de rey. Eso jamás. Todavía tenía asuntos pendientes con Kurosaki.
Cuando estaba a punto de llegar a la parte más importante del capítulo, escuchó pasos que se dirigían hacia el departamento e inmediatamente supo que se trataba de su Orihime, quien había vuelto de la escuela. En cuanto la puerta se abrió, Grimmjow pudo ver entrar el largo cabello anaranjado que tanto adoraba, luego intentó mirar los ojos de la chica y notó algo extraño en ellos.
— ¿Qué tienes? Pareces enojada. —Le preguntó.
La joven se sorprendió por la velocidad con la que el espada notó que no estaba bien, y eso la hizo agradecer el tener a alguien que la conociera así en su vida. Pero no podía decirle qué la afectaba, lo que menos necesitaba en ese momento es que por su causa Grimmjow e Ichigo tuvieran un motivo más para intentar matarse. Por suerte para todos ya había anticipado que algo así sucediera.
–Hoy fue un día duro en la escuela. Vimos un tema que no comprendí, no sé cómo haré para pasar el examen.—Sabía que Grimmjow no captaba mucho de esas cosas y por ende no haría muchas preguntas sobre el tema.
— Ya veo. Seguro encontrarás una forma, tú puedes. — Le animó el arrancar con una sonrisa y un abrazo.
— Gracias Grimmjow-kun, ahora vamos a comer que muero de hambre y se nos hará tarde para ir al trabajo. — Le contestó ella con una sonrisa genuina y un beso en la mejilla.
XoXoXoXo
La pelinaranja dejó a Ichigo impactado y sin palabras por la forma en que había respondido a su idea, y una vez que desapareció por el pasillo, la sorpresa se tornó en frustración y desaliento. Realmente se estaba esforzando por ella, pero cada vez que la veía se sentía un kilómetro más lejos de su corazón y sus esperanzas de siquiera poder explicarle su versión se veían tan fuera de su alcance como las estrellas.
Se disponía a irse derrotado cuando una figura enorme y conocida se le plantó en frente. Se trataba de su amigo Chad quien, por la forma de mirar a Ichigo, había visto la dramática escena en su totalidad.
— ¿Quieres hablar? — Le preguntó el fullbringer.
Ichigo estuvo a punto de decir que no e irse, pero en el último instante reflexionó y pensó que no se sentía con ánimos de estar sólo.
— Seguro, Chad.
No se quedaron ahí, subieron a la azotea de la escuela para poder hablar con calma y en privado. Una vez lejos de todos, las ideas empezaron a fluir por la mente de Ichigo quien, aunque en un principio no tenía muchas ganas de hablar, fue quien comenzó en cuanto encontró un buen lugar donde tumbarse.
— No sé qué pasa con ella, antes de que me fuera estábamos felices. Sé que cometí muchas estupideces desde entonces, pero ahora estoy aquí dispuesto a enmendarlas y cuando le pido una oportunidad ¿Qué hace? ¡Me dice que no y se va molesta! Además de que está con ese maldito arrancar. ¡Maldición! —Ichigo soltó un fuerte golpe al piso y se quedó en silencio saboreando su enojo y frustración.
— ¿Sabes? — Le respondió Sado, sorprendiendo al pelinaranja, pues conociendo a su callado amigo, no esperaba una respuesta. — El problema es que para ti el tiempo no ha pasado, aunque estés aquí para enmendar tus equivocaciones pasadas ese ya no es el verdadero problema, ella podría perdonarte y eso no haría ninguna diferencia, porque ha cambiado, ya no es la misma de antes. Siguió adelante sin ti a pesar de lo que siente, y aunque te cueste aceptarlo fue gracias a Grimmjow que lo logró. Puede que haya sido un monstruo en otros tiempos, pero ella lo cambió y juntos aprendieron nuevamente a avanzar. Tú crees que eres el hombre que debe y merece estar a su lado por lo que vivieron en el pasado, pero el pasado ya no importa y la verdad es que en este momento ese hombre es Grimmjow. Creo que hasta que no aceptes eso sólo causarás más daño en la vida de ambos y el más perjudicado siempre serás tú. — Ichigo escuchó conmocionado las palabras de Chad (estaba seguro de que nunca lo había oído hablar tanto), calló un momento y finalmente respondió.
— Lo sé. — Dijo mientras suspiraba. — No cambia el hecho de que lo odie y quiera darle una golpiza, pero parece que ese maldito en verdad la quiere. Desde que volví me he planteado irme y dejarlos en paz para que ella pueda ser feliz, porque comprendo todo el dolor que le causé por mi idiotez y no quiero darle más problemas, pero es que yo… — Ichigo tomó fuerzas para decir las palabras que tenía en mente — ¡Yo la amo! La amo tanto que no puedo hacerlo, sé que es egoísta, pero quiero verla tan feliz como es con Grimmjow estando a mi lado. Quiero poder hacerla saber que nunca volveré a dejarla y que siempre la protegeré. Entiendo lo que me dices, pero aferrarme a lo que pasamos antes es lo único que puedo hacer para tener una oportunidad. Solo quiero recuperarla. — Dijo el pelinaranja antes de callar y quedarse viendo al cielo.
— Yo creo que ya encontraste lo que necesitas para tener tu oportunidad, Ichigo. — Le respondió su musculoso amigo. — Ahora debo irme, tengo un asunto que atender. Cuídate. — Dicho esto, se retiró dejando solo al Shinigami sustituto.
Ichigo se quedó ahí pensando en todo lo que acababa de decir. Su determinación era fuerte y sabía que contaba con el apoyo de sus amigos, pero cada vez que intentaba acercarse a Orihime, parecía estrellarse con un muro que no lo dejaba avanzar. Y es que tampoco podía culparla; él sentó las bases de ese muro cuando la dejó sin darle explicación alguna. Seguía creyendo firmemente que lo que hizo estuvo bien, necesitaba controlar sus poderes y encontrar un equilibrio entre toda esa masa de existencias que formaban su ser para no dañarla más, pero ahora ya no estaba para nada convencido de que la forma de hacerlo fuera la mejor. Y lo peor, había continuado construyendo ese muro cuando creyó que Orihime lo esperaría para siempre y lo hizo impenetrable cuando le dio la oportunidad a ese espada del demonio para acercársele. ¿Qué podía hacer? ¿Qué es lo que debía hacer?
Para cuando decidió volver ya estaba oscuro.
XoXoXoXoXo
Orihime estaba un poco más distraída de lo habitual en el trabajo, a pesar de que se encontraba más tranquila su mente seguía estancada con Ichigo. En dos ocasiones había dado mal el cambio y en una tercera entregó los pasteles incorrectos, por suerte la mayoría de las personas eran clientes recurrentes y ya la conocían así que no hubo mayor problema.
Por fortuna, ya casi era momento de cerrar, no era usual que aparecieran clientes a esa hora así que sólo esperaría a Grimmjow, quien había salido a hacer un encargo de la jefa, y regresarían juntos a casa. Comenzaba a sumirse de nuevo en los pensamientos que la habían inquietado toda la tarde cuando un cliente muy alto y de piel morena entró a la cafetería regresando a Orihime al mundo real.
— Buenas noches, ¿qué le…? ¡Hola, Sado-kun! — Saludó alegre al reconocer de quien se trataba.— ¿Qué te trae por aquí, vienes por algo para la cena?
— Hola, Inoue. En realidad vengo a hablar contigo ¿tienes un momento?
— Claro que sí, sólo dame un segundo para cerrar y podremos sentarnos. —Le respondió algo extrañada la chica antes de apresurarse a hacer lo dicho.
Sado esperó unos 5 minutos antes de que Orihime se sentara con él en una de las mesas de la cafetería.
— Listo, Sado-kun ¿De qué quieres hablar? — La pelinaranja ya se imaginaba de qué quería hablar su gigantesco amigo así que no la sorprendió mucho cuando lo dijo.
— De Ichigo — Declaró el joven con su tono de voz habitual.
— Ya lo imaginaba —Confesó Orihime un poco resignada. — No creo que tengas que preocupar…
—Hoy hablé con él y me contó lo que había pasado. Creo que ambos están actuando como niños, aunque no sabría decir cuál de los dos está peor. Sé que es difícil para ti; después de todo lo que ha pasado, de lo que has vivido en este tiempo, y sé también que haces lo que puedes para controlar esta situación; pero lo estás llevando hacia el lado incorrecto. — Era la segunda vez que Chad sorprendía a uno de sus amigos por ser tan inusualmente parlanchín.
— ¿A qué te refieres con eso? — Estaba interesada en lo que Sado tenía que decir, pero se sintió un poco ofendida con la parte de comportarse como niña.
— Ichigo no puede entender que eres diferente ahora, pero tu error es creer que porque así fue, lo anterior ya no puede volver. Sé que estás enojada con él por todo lo que te hizo pasar, pero debes entender que muchas de esas cosas no fueron su culpa, ahora ha vuelto dispuesto a redimirse y creo que merece una oportunidad.
— Eso lo sé, Sado-kun. Pero a pesar de eso no puedo perdonarlo y ahora estoy con Grimmjow, que me hace muy feliz.
Chad se dio cuenta de que la conversación no estaba yendo como él quería, por lo que necesitaba tomarla de otro enfoque.
— Lo que trato de decirte es que si Ichigo quiere remediar las cosas contigo, lo mejor sería darle la oportunidad para entender que tu vida ha cambiado y que Grimmjow ahora es parte de ella. Así podrías ayudarlo a aceptar las cosas y tal vez hasta podrías encontrarte con que él puede ocupar un nuevo lugar en tu presente. Eso es lo que yo creo.
Después de eso Orihime ya no dijo nada del tema, calló un par de minutos y cambió la conversación. Si bien lo que acababan de decirle no la convenció mucho, sí la dejó pensando de otra manera las cosas. A los diez minutos Chad se despedía para volver a casa.
— Gracias por preocuparte por mí, Sado-kun. Eres un buen amigo — Le dijo Orihime sonriendo.
Chad sólo le respondió con una sonrisa, levantó la mano en forma de despedida y se fue. Tal como Uryuu e incluso Tatsuki habían dicho, un sentimiento de culpa le llenaba de vez en cuando al ver el rumbo que la relación de sus amigos pelinaranjas había tomado. Quizá si hubiera detenido a Ichigo cuando les contó sus planes justo antes de partir a la Sociedad de Almas o si tan sólo lo hubiera convencido de contarle a Orihime, esto no estaría pasando. Tenía que aceptar que Grimmjow había resultado ser un buen tipo, y le alegraba en lo más profundo de su ser que hiciera tan feliz a su amiga, pero simplemente no podía permitir que las cosas entre los ellos terminaran así.
Él podía apostar su brazo derecho a que los sentimientos de Orihime por Ichigo seguían intactos, pero eso sí, en algún lugar muy profundo de su corazón; de lo contrario no estaría actuando de esa manera tan reticente en todo lo que se tratara de él. Si al menos lograba abrir una pequeña brecha en el muro que Orihime se había construido para que Ichigo pudiera pasar y aclararlo todo, se daría por bien servido. El resto dependía de ellos.
Justo cuando Sado desaparecía de la vista de Orihime, Grimmjow volvía con su clásica expresión de enfado.
— ¡Todas las malditas tiendas estaban cerradas, tuve que viajar por toda la maldita ciudad para encontrar las…! ¿Qué haces afuera?
— Estaba despidiendo al último cliente. Ya hay que ir a casa, Grimmjow-kun, apresúrate. — Dijo Orihime empujándole hacia la cafetería. Mientras tanto, una enorme nube negra comenzaba a cubrir el cielo de Karakura, presagiando que esa sería una noche de tormenta.
Tal como se veía venir, en cuanto los jóvenes pusieron un pie en la casa, un aguacero se desató afuera, haciendo parecer que el cielo se les vendría encima. A causa de ello, el clima se refrescó considerablemente, así que el espada se ofreció a preparar un poco de té con leche. Cuando todo estaba listo, un ruido sordo, como de libros cayendo lo tomó por sorpresa, corriendo hacia donde sabía que estaba su chica.
—¿Estás bien, Orihime? ¿Qué te pasó?—Al ver que se sostenía el dedo índice y algunas lágrimas resbalaban por su mejilla, en dos pasos llegó a su lado.
—Nada, Grimmjow-kun. Me corté el dedo con una hoja del libro de ciencias y me dolió mucho. —Respondió mientras le mostraba la herida.
—Parece profundo. Dame un segundo.— Y tal como prometió, salió del cuarto y en un instante estaba de vuelta con una curita que de inmediato se hallaba muy bien puesta en el dedo de la muchacha.—Listo.—Le sonrió luego de besarle el dedo.
—Muchas gracias, Grimmjow-kun.
—¿Estás bien? ¿Por qué sigues llorando?
—¿Eh? Yo… yo… —Al principio, la chica también creyó que esas lágrimas se debían al corte, pero ahora ya no estaba tan segura.—¡Es que los cortes con papel duelen demasiado! Estoy segura que duelen más que uno hecho por una espada.
—¿Estás loca? Eso es imposible.
—Eso es porque nunca te has cortado con una hoja de papel. Es más, te puedo apostar que si no hubieras llegado tú, ya se me habrían salido las tripas.
—¡Pero qué cosas dices, mujer!—Que Orihime dijera esas locuras era señal de que estaba mejor, pero él estaba cien por ciento seguro que algo le pasaba. Cuando la joven estaba por salir, la tomó por la cintura para atraerla de nuevo a sus brazos. —Sabes que puedes decirme lo que sea, ¿verdad? Cualquiera que sea el problema, le patearemos juntos el trasero.
—Te lo agradezco, no sé qué haría sin ti. —Después de soltar una risita por lo último dicho por su novio, Orihime rodeó su cuello con sus brazos y lo besó. Pero no fue cualquier beso; fue uno profundo, lleno de desesperación para ella y para él, despertó algo que nunca había sentido, pero que lo llevó a acercarla más a él, si se podía, y a intentar explorar más allá de su espalda. Cuando los dos se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo, se separaron bruscamente llenos de vergüenza.
—El t-té está listo, mujer. —Atinó a decir el espada antes de salir corriendo de la habitación.
Más tarde esa noche, la cabeza de Orihime estaba llena de ideas que iban de la plática que había tenido con Sado-kun a lo que había pasado -o no- más temprano con Grimmjow. Realmente odiaba sentirse así. Sabía perfectamente que no era el modelo de heroína para el campo de batalla, pero se podía preciar de ser alguien fuerte en lo que a sentimientos se trataba. Había vivido muchos años y pasado por muchas cosas sola y había podido resolverlas satisfactoriamente, pero ahora estaba hecha un lío y lo único que quería hacer era huir. Sin embargo, le era cada vez más difícil ignorar a la parte sensata de su ser, esa que le decía que era hora de dejar de correr y enfrentar el problema de frente. El momento de encarar a Ichigo había llegado.
Pero ya pensaría en eso en la mañana. Ahora tenía problemas más graves, como esa terrible tormenta llena de truenos que no la dejaba dormir. Desde pequeña les había temido y por muchos años había tenido que hacerles frente por su cuenta, pero ahora no iba a desperdiciar esa oportunidad de oro; sin hacer mucho ruido, pero estremeciéndose cada vez que oía el estruendo en el cielo, salió de su habitación con dirección al cuarto de Grimmjow –pues habían decidido que ya no era correcto que durmiera en la sala– y tan sigilosamente como pudo, se metió en la cama del espada intentando no despertarlo. En cuanto el hombre sintió su pequeña figura temblorosa, se hizo a un lado para darle más espacio y sin despertar del todo, la abrazó por la cintura para darle seguridad y seguir durmiendo. Agradecida por su presencia, la chica se acurrucó en su pecho, recibiendo con todo gusto el beso que dejó en su frente antes de perderse en el país de los sueños.
XoXoXoXoXo
Después de pensarlo toda la noche, Ichigo reconoció que Chad tenía razón. A lo que él se aferraba era a su antigua relación con Orihime, esa que parecía perfecta y que él mismo se había encargado de destruir. Obviamente los sentimientos seguían ahí –estaba seguro que Orihime no había dejado de quererlo, o no del todo–, pero si quería lograr algo con ella, tenía que empezar desde cero. Volver a conquistarla y romper, poco a poco, el muro que justo ahora los separaba. Y por ello, ese día daba por iniciado el "Plan para reconquistar a la Hermosa Inoue Orihime"-tenía que trabajar en el nombre- y el primer paso consistía en no armar más escenas en la escuela y darle su espacio, tal vez a la hora de la salida podría hablar con ella.
Seguro de su plan, se levantó de muy buen humor, desayunó con su familia y se dirigió a la escuela convencido de que todo iría mejorando a partir de ese momento. De acuerdo a lo estipulado, Ichigo se mantuvo a una distancia prudente de Orihime durante todo el día; la saludó como si el tiempo no hubiera pasado y se dedicó a mirarla de reojo varias veces, seguro de haberla sorprendido haciendo lo mismo en al menos dos ocasiones. Con eso era suficiente.
Cuando el timbre de salida por fin sonó, el joven shinigami recogió sus cosas y se plantó en la entrada del Instituto, decidido a esperar a Orihime y de ser posible, acompañarla al trabajo. Pasados quince minutos, aún no había rastro de la hermosa joven pelinaranja; preocupado, pensó que ya se había ido y no la había visto. Justo en ese instante, reconoció su sedosa y larga cabellera a la distancia.
—¡Inoue!—La llamó, más decidido que nunca a empezar de nuevo. Ella no lo escuchó, pero cuando estaba a punto de alcanzarla, algo le impidió seguir avanzando.
—¿A dónde crees que vas, jovencito? Todavía no has notificado oficialmente a la dirección escolar sobre tu regreso, así que, ¡acompáñame!
—Pero qué… Ahora no puedo, mañana sin falta. ¡Inoue!
—Ahora mismo. ¡Andando!—El implacable asesor de su grupo lo había atrapado. Y Orihime ya se había ido. Resignado, siguió al hombre a la oficina principal.
—¡Grimmjow-kun! ¿Qué haces aquí?—Sorprendida de verlo, Orihime corrió a su lado.
—¿Cómo que qué? Pues vine para recogerte e irnos juntos a trabajar. Estos días te he visto… extraña.
—¿En serio? ¡Para nada! Pero vayámonos ya que se hace tarde.—Con un poco más de insistencia de la que hubiera querido, Orihime prácticamente empujó a Grimmjow para alejarlo de la escuela. Casualmente había olvidado decirle que Ichigo había vuelto a clases y ahora era su compañero. No quería ni imaginar lo que esos dos harían si se vieran nuevamente.
Al fin libre del fastidioso papeleo escolar, Ichigo corrió a su casa a cambiarse y a comer algo. No podía perder más tiempo sin dar por iniciado su plan. Cuando estuvo frente a la entrada de la pastelería, se detuvo unos segundos para recordar todo aquello que quería dejarle claro a Orihime. Con lo que no contaba, es que desde adentro alguien reconoció su cabello naranja y no le hizo nada de gracia.
—¿Qué diablos quieres aquí, Kurosaki?
—¡Grimmjow! ¿Yo? ¡Tú qué haces aquí, bastardo!
—¡Ja! Yo trabajo aquí. Así que lárgate si no quieres hacerme perder la paciencia.
—Quiero ver a Orihime.
—Sobre mi cadáver.
Como cada martes, Orihime había ido a entregarle un pedido a domicilio a la tierna señora Ueda; platicar con ella siempre la reconfortaba, así que por ahora sus ánimos estaban a tope. Una calle antes de llegar a su trabajo, una de sus compañeras corrió hacia ella con la cara pálida y una expresión casi aterrada.
—Chie-chan, ¿Qué te pasa?
—¡Orihime! Corre, ¡se van a matar!
—¿Qué?—Y como si pudiera verlos a esa distancia, sus peores temores cobraron vida.
—¡Kurosaki-kun, Grimmjow-kun!¡Basta, deténganse!—Ambos sangraban y tenían heridas de magnitud considerable, sólo que el espada se veía algo más afectado por el gigai.
—¡Escúchame bien, Orihime! Jamás me voy a dar por vencido contigo. Y menos frente a este maldito. ¡Voy a pelear por ti!
Con esa simple frase, todo el odio que Grimmjow le tenía la pelinaranja resurgió y sin dudarlo se lanzó a atacarlo con tanta ira, que el cuerpo de Ichigo y su gigai quedaron tendidos en el suelo mientras ellos se alejaban cada vez más del lugar.
—¡Kurosaki-kun! ¡Grimmjow! ¡No!
XoXoXoXo
¡AY! ¿Qué les pareció el capítulo? ¡Muy intenso, no? ¡La batalla entre Grimmjow e Ichigo por el corazón de Orihime está por empezar! Muajajaja, sé que de momento muchos creen que Grimmjow va ganando, y sí (además me sale bien tierno, ¿no creen? :p), ¡pero Ichigo ya se va a despabilar por fin y no se va a dejar! Se los aseguro **luna negra**
Además… ¡Somos canon! Ichigo y Orihime están casados y tienen un hermoso bebé, así que un poco de emoción en este fic y con un sexy Grimmjow de por medio no está nada mal. **otra luna negra**
Les agradezco con todo mi corazón que hayan leído este capítulo, prometo hacer mi mayor esfuerzo para no tardarme tanto entre actualización y actualización, no sólo con este fic, sino con el de Aprendiendo a ser feliz… y el de Nuestro amor (por cierto, ¿ya lo leyeron? Les pido un review para ese también */*). Como siempre, me encantaría conocer su opinión sobre el capítulo, si tienen alguna sugerencia, queja, comentario o predicción. ¡Por favor, déjenme un review! Leerlos me hace inmensamente feliz y me motiva a seguir (no tan rápido como quisiera). Además de que me encanta saber lo que piensan y así sé si voy bien o me regreso, jejeje.
Les agradezco nuevamente y por favor, dejen reviews! Estoy ansiosa por conocer su opinión. Muchos besos y abrazos!
