Hola a todos! Estoy de nueva cuenta con ustedes y estoy feliz ya que esta semana salí de vacaciones. Por fin voy a poder descansar de los maestros y de las cansadas tareas que dejaban y es que a mi lo que más me gusta de la escuela son el receso y las vacaciones. Lo único que si voy a extrañar es al perrito que se paraba frente a la escuela… No, la verdad voy a extrañar a mis amigos ya que algunos van a salir de viaje, y no los voy a poder ver. Sin embargo supongo que eso me va a servir para relajarme y renovarme e incluso tal vez incluso lograr una mejor redacción…
Para finalizar quisiera añadir que este capitulo contiene lemon, así que les pido a todas las personas a las cuales no les guste este tipo de contenido que aún están a tiempo de cerrar esta "pestaña" y buscar algo más de su "estilo"
Sin más por el momento me despido de ustedes recordándoles que dejen reviews sobre el episodio. Y agrego para todos los que estén interesados que ya actualice mi otro fic y que si lo desean se pueden dejar caer por ahí.
Adiós. Nos vemos en la próxima!
Capitulo 11: La máscara del demonio
Contado por Kagome:
Cuándo me desperté de mañana, me sorprendí, ¡Eran las 10.00 A. M.!, ¡Inuyasha iba a matarme!, el día de ayer estaba tan cansada por el largo viaje de ayer que me quede totalmente dormida; apreté los ojos con fuerza y me senté en la cama, contemplando la recamará, tenía algo de hambre pero no podía salir, ya que no sabía muy bien hacia dónde ir, la noche anterior había seguido a Inuyasha, ¿Pero ahora? Pensaba en esto cuándo entonces inesperadamente lo vi entrar a mi habitación.
-Vaya aún acabando de despertar te vez hermosa-Le escuche decir con una sonrisa en el rostro, baje la mirada para no verlo, seguramente lucía horrible y él se burlaba de mí-Levántate, ya es muy tarde-Me reprochó el chico con dulzura-
Me levante de la cama, fui a dónde estaban mis cosas, para ponerme mi uniforme cuándo le oí decir:
-No te pongas el uniforme.
Con algo de irritación, tomé otra cosa y me dirigí al baño a cambiarme, creí que al salir él ya no estaría en el cuarto pero, no fue así, lo primero que vi al abrir la puerta del cuarto de baño fue a Inuyasha que estaba acostado en mi cama, con las manos sobre los ojos, y con las piernas cruzadas, la viva imagen de la despreocupación. El muchacho me miro casi inmediatamente y me sonrío.
-Si quieres comer algo, ya sabes dónde está la cocina-Se dirigió a la salida y se iba a ir, cuándo yo lo detuve-
-¡Inuyasha espera! Es que yo no se donde esta…-El joven me sonrío y me dijo:
-De acuerdo sígueme, pero esta vez fíjate bien.
Comí en silencio, mientras él leía un libro de no sé que cosa, cuándo terminé me levante y lave los trastes que había usado, luego regresé a la cocina, me detuve un momento en un sólo lugar recordado la manera de llegar a mi cuarto, fue entonces cuándo noté que el chico se hallaba detrás de mí, el joven se acerco y me susurro al oído:
-Kagome ¿Sabes cómo regresar o quieres que te guíe?-Inuyasha se burlaba de mí-
-Gracias, pero ya me aprendí el camino-Le respondí molesta. Aún me sentía un poco rara por lo que paso la noche anterior-
Caminé en silencio a mi habitación y cuándo me disponía a cerrar la puerta, choqué con algo, levante la mirada y pude ver que se trataba del pecho de Inuyasha, un segundo después pude ver cómo él cerraba la puerta, me sorprendió el hecho de que no lo oí venir detrás de mí, recordé que él parecía un fantasma en ese tipo de cuestiones, cómo lo eran caminar sin hacer el menor ruido y desaparecer y aparecer por doquier sin que te dieras cuenta, en ocasiones cuando él me decía que caminará al frente de él, tenía que volver la mirada, para ver que de verdad él estaba atrás de mí.
-Inu… Inuyasha, ¿Qué haces aquí?-Quise sepárame de él, pero el chico no lo permitió, sino que me abrazo de pronto, dejándome totalmente extrañada, él siempre me besaba, o me hacía alguna otra cosa, pero jamás me había abrazado, no al menos que no fuera para retenerme, en un beso forzado, o algo parecido. Tú abrazas a alguien por que lo quieres y lo necesitas, no antes de violar a esa persona-
Inuyasha me apretó más fuerte, y yo casi ya no podía ni respirar, fue entonces, cuándo él se acercó a mi oído y me susurro con una voz, que nunca había escuchado, era cómo una mezcla entre el dolor y la suplica:
-Kagome, por favor; déjame hacerte el amor-Esa petición me noqueo-
Inuyasha me había violado, sin tomar en cuenta mis sentimientos, y ahora ¿Me pedía permiso?, no era así, era algo más, hasta que al fin lo entendí, no sólo me pedía que le dejará hacer conmigo cuánto quisiera, sino ¡Qué le correspondiera!. Lo entendí, Inuyasha me había llevado con él para seguir violándome, sin nadie que se lo impidiera.
Sin saber de dónde saque la fuerza, lo aparte y le contesté:
-¡No!, ¡Jamás! Tú puedes violarme todas las veces que quieras, por que yo no puedo defenderme, pero nunca, jamás podrás tenerme por mi voluntad, podrás tener mi cuerpo pero nada más. Yo no soy tuya, ¡No te pertenezco!-Creí, que de nuevo me forzaría pero no fue así, simplemente lo vi salir de mi habitación, y desaparecer en un punto especifico- Cuándo él salió me encerré en mi habitación y lloré, ¡Inuyasha era un desagradable sujeto, que no me dejaba vivir en paz!…
Durante toda la mañana y parte de la tarde Inuyasha no me molestó, por lo cuál yo aproveché para poder pasear por la casa y conocerla mejor, pronto me arrepentí ya que antes de que me diera cuenta me vi vagando en un pasillo totalmente desconocido para mí, sin saber ni siquiera cómo llegué hasta ahí, pude darme cuenta de que el día ya estaba cerca del anochecer y tenía que regresar a mi habitación antes de que eso sucediera y los pasillos quedarán oscuros y tuviera que pasar toda la noche ahí. Comencé a caminar tratando de encontrar algo que me hiciera recordar cómo había llegado hasta aquí, me detuve y suspire cansadamente, fue entonces cuándo repentinamente, de la nada, sin darme siquiera tiempo a reaccionar unos brazos se situaron alrededor de mi cintura y me atraparon, entonces me vi obligada a caer al piso. Levante la mirada entrecerrada por el dolor de la caída y pude ver que se trataba de Inuyasha. El chico estaba encarcelándome entre él y el suelo, el muchacho me miro y entonces con una sonrisa me dijo:
-Kagome, tú eres mía. Déjame recordarte lo mucho que puedes llegar a ser mía.
-Inuyasha, ¡Déjame en paz!-Le dije tratando de mantenerme seria, pero recordarlo un día antes cuándo se acababa de bañar, de verdad que no me ayudaba-
-Kagome, pensé que eras una chica inteligente, y habías aprendido que no te servia de nada resistirte-Dijo mientras bajaba más su cuerpo sobre el mío-
Inuyasha mantuvo sus piernas entre las mías, mi cuerpo estaba tan cerca del suyo que podía sentir su calor, y también podía ver aquella luz en su mirada, la misma que había tenido aquella noche antes de violarme, sabía que camino quería tomar. Pero no dejaría que me intimidara y lo empuje con fuerza. Inuyasha fue a dar a un lado del suelo, sin embargo me asombro que no se molestará. Sino que se empezó a reír, lo miré molesta y le pregunté:
-¿Qué es tan gracioso?
-Es que cuándo me tratas así me haces sentir cómo el malo de la historia.
-¡Es que tú, eres el malo de la historia!
-Ohh… ¿En serio?-Su mirada cambio de nuevo a aquella perversa, me preguntaba cómo es que una persona pudiera tener gestos tan diferentes, y hacer que todos parecieran sinceros, jamás hubiera creído que el muchacho de ayer y el que tenía ahora frente a mí fueran el mismo-
-Kagome, eres mía-Dijo con aquel tono malicioso en la voz. Yo trate de correr a algún lugar pero no sabía ni siquiera dónde estaba ahora. Voltee a ver atrás de mí, y pude ver a Inuyasha, acercándose a paso lento como si tuviera todo el tiempo del mundo para él. Después de algunos minutos el chico me envolvió de nuevo con sus brazos-
-Ríndete tonta, hagas lo que hagas, no vas a lograr nada-Le escuche decirme-
Trate de liberarme pero no pude. Inuyasha era más fuerte que yo, él lo sabía, y al parecer no le causaba ningún tipo de remordimiento por tomar ventaja de ello.
Inuyasha me atrapo entre su cuerpo y una pared, y sin borrar un sólo instante la sonrisa de su rostro me dijo:
-¿Que te parece si hacemos este juego más divertido? Voy a soltarte si logras escapar lo aceptaré, pero si no tú vas a tener que hacer todo lo que yo te diga-Lo mire sin saber cómo reaccionar. Estaba enojada y al mismo tiempo asustada-
Me quede muda ante su proposición, por lo que al ver que no contestaba el chico añadió:
-¡Vamos Kagome! Intenta escapar, te doy 10 minutos de ventaja-Al decir esto me soltó, trate correr, pero la situación era la misma que antes, estaba en desventaja él conocía la casa y yo no, el tiempo pasaba y no sabía hacía a dónde ir, decidí correr a la nada, al menos si no lograba escapar eso me daría un tiempo de paz, antes de ser nuevamente sometida por ese despreciable muchacho llamado Inuyasha, ahora mismo me sentía decepcionada de mi misma, al recordar que el día de ayer incluso llegué a pensar que él podría no ser tan malo…
Corrí desesperadamente para ir a un lugar sin rumbo fijo, entonces me encontré en un callejón sin salida y 3 habitaciones, las únicas opciones era quedar atrapada ahí contra la pared o meterme a un cuarto y tratar de esconderme antes de que Inuyasha me viera, elegí la segunda ya que me pereció la más razonable, sin embargo al entrar no encontré un lugar dónde pudiera esconderme, al poco tiempo de eso llegó Inuyasha, miro la habitación y camino hacía mí, un poco divertido y luego murmuro:
-Atrapada en una habitación, Kagome ¿No habías ya pasado por esto? Pensé que tendrías un poco más de imaginación-Fue entonces cuándo caí en la cuenta, "Atrapada en una habitación", al igual que la primera… Al igual que aquella primera vez…-
Las lágrimas no tardaron mucho en empezar a brotar de mis ojos, al recordar la manera en que él me trato en aquella ocasión, lo odiaba, ¡Odiaba a Inuyasha Taisho!, por todo el daño que me había hecho, por obligarme a pasar por esto una y otra vez…
Inuyasha empezó a caminara hacía mí, estaba muy cerca, sólo nos separaban unos cuántos pasos. Camine sin ver a dónde retrocediendo en la habitación, de pronto caí en la cama, con las piernas abiertas, pensé que él se aprovecharía de eso, y se colocaría sobre mí, pero en lugar de eso me jalo con delicadeza hacía él y simplemente se limito a mirarme por un espacio de tiempo que a mi me pareció infinito. Repentinamente una de sus manos se acerco a mi rostro y acaricio una de mis mejillas suavemente, entonces su mano sujetó firmemente el mentón de mi cara y sus labios se posaron sobre los míos de manera lenta y tierna, al tiempo que su otra mano se cerro alrededor de mi cintura abrazándome con fuerza, su lengua se introdujo de la misma inesperada manera en mi boca, pero esta vez no era brusca al contrarío recorría mi boca con calma, con suavidad, cómo si me estuviera acariciando, no me gustaba esta nueva y extraña gentileza de parte de Inuyasha, me hacía sentir incomoda; pero aún en contra de mi voluntad aquél beso poco a poco se fue tornando más tierno, más dulce… Simplemente no me gustaba.
-Tranquilízate Kagome…-Lo escuché decir con una extraña voz dulce y sólo en ese momento pude percatarme de que temblaba, algo de lo que no siquiera yo me había dado cuenta-
-¿Qué me tranquilice?-Le respondí molesta-Eso sólo podré hacerlo el día en que me dejes en paz-El chico suspiro-
-Kagome, por favor ya no te resistas-Su voz sonó tan penetrarte y pasional, sólo con hablarle de esa forma a cualquier chica podría seducirla, pero yo no era cómo cualquier chica y se lo haría saber-
-¡Basta ya Inuyasha! ¡Suéltame!-Le suplique-
-Kagome, no te esfuerces, ya sabes perfectamente cuál será el final, esta noche vas a darme lo que deseo-Me dijo con una voz aún más sensual que la anterior-
-¿Qué cosa placer, satisfacción?-Lloriquee-
-No exactamente, pero sí.
El muchacho volvió a besarme y mientras lo hacía me deposito en la cama con sutileza y después se coloco encima de mi con el mismo suave tacto, entonces sus labios se separaron de los míos y rozaron mi mejilla, para después comenzar a bajar por mi cuello en forma de pequeños y cálidos besos, luego su lengua se deslizo por mi clavícula lamiéndola, al tiempo que llevaba una de sus manos a uno de mis pechos, aún cubiertos por la blusa que tenía y empezaba a acariciarlos suavemente, sin prisa alguna. Yo no comprendía ¿Porqué me trataba así? No entendía la razón del porqué Inuyasha se comportará conmigo de una forma tan dulce. Nunca antes lo había hecho.
El chico se incorporo un momento para poder mirarme y entonces empezó a desabrochar los botones de la blusa que portaba, mientras lo hacía, se volvió para besarme nuevamente en un torbellino de locura, sentía que el aire se me iba acabando con cada caricia de parte de Inuyasha. La inusual dulzura de sus besos me hacía sentir incomoda. Una de las manos de Inuyasha se deslizo hasta el comienzo de mis piernas, preparada para quitarme la falda que en esos momentos portaba. Cuándo él hizo esto desperté del extraño sentimiento de trance que me había invadido por su extraño comportamiento, cómo pude rompí el beso, para después mirarlo fijamente.
-No, Inuyasha, no ya no-Mi voz sonó a suplica-
-Kagome ¿Por qué haces esto? ¿Por qué te niegas al placer que puedo darte?-Me respondió él con una mirada demasiado penetrante-
-¡Yo no me niego nada!-Le contradecí-Tu contacto me enferma.
-Mientes Kagome-Me replico él-
-No, no lo hago-Le volví a contradecir yo-
-Si, lo haces, ¿Quieres qué te lo demuestre?-Me pregunto él burlón-
Sin esperar alguna respuesta de mi parte, Inuyasha alejo la mano que tenía en mis piernas y con fuerza me tomó de la cintura acercándome más a él, lo que me sorprendió ya que creí que eso sería imposible, no me gustaba, nuestros cuerpos se rozaban demasiado, él me abrió la blusa que ya había desabrochado con anterioridad, y me bajo el sujetador, dejando mis senos desnudos, luego acercando su rostro a mi pecho e hizo que sus labios cubrieran la punta de mis pechos redondos. No pude evitar jadear instantáneamente y poner mis manos en los hombros de él intentado apartarlo de mí, pero era cómo si una hormiga tratara de mover a un elefante, en vano. Él me aprisiono más de la cintura hasta que deje de resistirme; su boca que ahora lamía mis senos moviéndose de uno a otro, según su gusto, era cómo un fuego salvaje, que me llegaba hasta el fondo del alma, quemándome por dentro. Inuyasha continuo con su pequeño juego, besando, lamiendo, chupando, rozando suavemente mis pechos, hasta que yo estuve a punto de ponerme a llorar por el placer que sentía.
-I… Inu… Ya… Inuyasha… ¡Aahh!… ¡Inuyasha!-Gemí yo, mientras en mi interior, no terminaba de creer que quien hubiera proferido esos sonidos hubiera sido yo-
Mis bragas empezaron a mojarse. Entonces él se detuvo, mirándome con una sonrisa burlona, en el rostro que se mostraba satisfecho.
Inuyasha deslizo sus manos hasta llegar a mi cadera, en dónde alzándome la falda, introdujo su mano debajo de ella, y entonces bajo tomando los bordes de las tiras de mis bragas blancas, las deslizo de un jalón, bajándolas hasta mis rodillas.
El muchacho se levanto de sobre mi y entonces lo vi arrodillarse a la altura de mis piernas. Fue entonces cuándo sentí la cálida lengua del muchacho, entrando en lo más profundo de mi ser, y no pude evitar morderme los labios, para evitar dar un jadeo de placer.
-Oye Kagome-Me hablo él-estás demasiado empapada, que me excitas cada vez más, deja de humedecerte tanto si no quieres correr peligro-Después de decir esto, volvió a sumergirse en aquella pequeña parte de mi anatomía, después de hacer eso durante bastante tiempo, se paro y acercándose a mi me beso, para después ir bajando por mi cuello, depositando pequeños besos húmedos, y después lamerlo, sabía que él nunca me mordería o chuparía en el cuello, ya que no era tan tonto cómo para dejar alguna evidencia visible de todo lo que me hacía, fue entonces cuándo sentí entre mis piernas algo duro y rígido, baje la mirada y entonces abrí los ojos al darme cuenta de lo que era, abrigado entre los pliegues de mi sexo, ahora desnudo, relucía el gigantesco miembro de Inuyasha, no pude evitar preguntarme, en que momento él lo había sacado, pero pude notar que no se había bajado el pantalón, sino sólo lo había abierto lo suficiente cómo para sacar su enorme virilidad. Me estremecí al solo imaginar que esa gigantesca cosa ya había estado dentro de mí con anterioridad, y que si el chico no desistía, muy pronto lo estaría de nuevo, me recorrió un escalofrío al sólo pensarlo, él abandono mi cuello finalmente y volvió a besarme, introduciendo su lengua entre mis labios, para darme otro fuerte y pasional beso, sin que yo pudiera pararlo. Rompí con gran esfuerzo el beso, ya que él se negaba a dejarme.
-Inuyasha, para ya con esto, esta mal, piensa en lo incoherente de esta situación sólo por un momento-Le susurre a penas, ya que el atractivo chico no dejaba de besarme en el cuello, me estremecí, yo no quería volver a sentirlo dentro de mi-
Inuyasha empezó a acariciar con la punta de su miembro, los labios íntimos de mi sexo, para después apretarlo rozando su masculinidad contra mi centro de calor. El cuerpo de Inuyasha me acorralo aún más contra las blancas sabanas de aquella inmensa cama.
-Nnn… No-Apenas pronuncie al sentir cómo después de llevar una de sus mano a uno de mis senos, lo apretaba fuertemente, sólo dejando visible el pequeño pezón rosado, con el cual los dedos de su otra mano jugaban, oprimiéndolo y acariciándolo, luego lo besó y lo lamió haciendo que se pusiera erecto. En ese momento no supe si lloraba de dolor o de placer. Luego de bastante tiempo, dejo de jugar al fin, tomando en su mano todo mi seno, abarcándolo con la palma de su mano por completo, sentía cómo mi pequeño pezón era lastimado por su brusquedad. Y quise llorar, pero el no me lo permitió cubriendo mi boca con pequeños besos.
El chico empezó a dar pequeños vaivenes rozándose con mi propio sexo. Él continuo moviéndose hacía adelante y atrás, mientras yo sentía su masculinidad mucho más enorme y rígida, entre mis ardorosos labios vaginales, acariciando a propósito mi ya inflamado clítoris. Estaba tan perdida en las sensaciones que mi cuerpo tenía, ya que a pesar de no querer admitirlo me gustaba lo que él me hacía, era… Placentero…
Inuyasha se movió y sólo entonces pude notar que había colocado la punta de su miembro erguido, justo sobre los pliegues de mi sexo, para poder penetrarme.
-Kago…-Pronuncio él, mientras la dura cabeza de su sexo, se apretaba más contra el mío-
-Nn… No… Inuyasha… Espe…-Pero él me tapo la boca con un beso, apretándome más contra él-
-Kago… Ka… Go… Me… ¡Ahhh!…-Lo escuche pronunciar entre beso y beso mientras sentía la punta de su virilidad moverse en mi interior, abriendo camino dentro de mi pequeña y excitada cavidad, para todo su enorme miembro; él entro enteramente en mi, sentía la impotencia, el rencor y el placer mezclarse dentro de mi, en esos momentos. Los labios de mi atractivo jefe, me besaron fuertemente clamando atención de mi parte, yo no sabía que hacer, no podía escapar, Inuyasha me tenía empalmada dentro de la enorme cama, apenas y podía moverme, estaba atrapada entre las sabanas, los muslos y el miembro inhiesto de Inuyasha dentro de mi. El chico, empezó a embestirme de forma penetrante, pero lenta y poco a poco empezó a subir el ritmo.
-Ka… ¡Aahhh!… Oh… ¡Mhmmmm!…-Escuche gemir a Inuyasha, era una verdadera suerte que en estos momentos estuviéramos los 2 solos en una enorme mansión casi desierta, que no hubiera nadie afuera, por que si no, no hubiera sabido cómo explicar esta situación-
-Inu… Inuyasha… ¡Aahhh!-Gemí yo, me sorprendió que fuera de esa manera, ya que se suponía que odiaba que él me tocará-
-¡Mmmmmmmmmmm!… Kago… Mmmmmme…. ¡Haahhh!-Gimió él-
Las manos de Inuyasha me sujetaron de la cintura, acercándome más a él, para aumentar el ritmo enloquecedor que para ese momento él llevaba, haciendo que cada acometida fuera más y más fuerte, más y más dura, y más rápida, lo que aumentaba el placer para los 2. ¡Qué horror! ¿Estaba sintiendo placer por acostarme con ese desagradable muchacho? No pude evitar sentirme decepcionada de mi misma por eso.
Sentía a Inuyasha arremeter una y otra vez dentro de mi, sus gemidos de placer se mezclaban con los míos. Nuestros cuerpos se acoplaban salvajemente dentro de aquella cama, aún con parte de la ropa puesta. Inuyasha se empujo más dentro de mi, para luego tomarme de las piernas, sin salir de mi interior, y levantarlas para hacer más profunda las penetraciones. Después de esto sus embestidas enloquecieron aún más, yo gemía, pero no tanto cómo mi Inuyasha que gemía y gritaba enloquecido de placer, yo lo sentía ir y venir una y otra vez dentro de mi, él me beso en el cuello, lamiéndolo hasta llegar a mis mejillas y mis parpados, en dónde deposito más besos. Él me miro con los ojos agradecidos y brillantes, supuse que sería por el placer que sentía. El placer, y la culpa me embargaban ¡Estaba haciendo el amor con la persona que más odiaba en el universo! Y lo peor es que se sentía bien… La hora se me hacía eterna, pero eso sólo volvía más pleno y placentero el acto, ¡Jamás imagine que llegaría a pensar así! Él se hizo para atrás para de esa manera poder embestirme fuertemente una última vez, y derramarse en mi interior.
Inuyasha permaneció, un momento encima de mi, ambos estábamos cansados y sudado, pero en especial él, trataba de recuperar el aliento. Estuvimos bastante tiempo así. Sin darnos cuenta habíamos pasado toda la noche haciendo el amor. El muchacho me miro fijamente y yo ladee la mirada para evitar verlo, Inuyasha era insaciable, si había aprendido algo en todo este tiempo era que él exigía y mucho. Ya había amanecido y quise levantarme pero Inuyasha no me lo permitió, lo mire molesta y pude darme cuenta de que él parecía estar demasiado feliz por alguna razón. El muchacho finalmente se levanto de sobre mi, y me sonrío.
-Y aún así quieres dejarme pequeña-Dijo esto con un deje de burla mientras se acomodaba el pantalón y el resto de la ropa-
Baje la mirada apenada, era obvio que no había podido hacer nada contra él, y a mi cuerpo le gustaba lo que él me hacía, pero a pesar de que a mi mente le aterraba, parecía que a mi también empezaba a gustarme, ¡No podía permitir eso!
-¡Te odio!-Le grite, y ahora fue él quien me miro molesto-¡Ahora más que nunca!-Eso pareció sorprenderlo, ya que su rostro cambio su expresión, a una de meditación, para luego mostrarse una sonrisa burlona-
-¿Por qué? Por que hicimos el amor y si te gusto. Contéstame Kagome, ¿Es por eso?
No le conteste, y baje la mirada.
-Kagome, no esta mal lo que sientes, yo quiero que sientas así.
-¡Pero yo no quiero! ¡Yo nunca he deseado hacer el amor contigo y tu me obligas a hacerlo!
Me levante cubriéndome con una sabana y me disponía salir de la habitación cuándo Inuyasha me tomo de la mano y me halo hacía él, levante la mirada furiosa y le enfrente:
-¿Qué es lo que quieres ahora?
-Que te parece si nos bañamos juntos-Me ofreció-
-¡No! Déjame, no te soporto, el único consuelo que tengo es el poder quitarme toda esta suciedad que siento cuándo me obligas a estar contigo, no quiero que quites también eso- Le grite entre sollozos, era increíble que hubiera comenzado furiosa y hubiera acabado llorando-
Inuyasha me soltó y yo salí de la habitación, buscando sin hallar la mía, estaba pensando hacía dónde ir, cuándo sentí a Inuyasha detrás de mí, voltee a verlo con el rostro molesto, pero él tenía la mirada bajada.
-Tú habitación está a 2 pasillos de aquí, dobla hacía la derecha verás 1 pasillo pasa por él, después verás 3 pasillos, unos al frente, otro a la derecha y uno más a la izquierda, toma el de la izquierda, llegarás a una escalera, al subir verás 2 pasillos más, recórrelos y llegarás a tu cuarto-Sin saber cómo me aprendí sus instrucciones- Hice el recorrido que él me indico y al llegar a mi cuarto, me metí inmediatamente a la tina, igualmente tallada en bronce, necesitaba quitarme toda esta suciedad del cuerpo, Inuyasha podía parecer un ángel en aparecía pero era un demonio, un demonio escondido tras una hermosa máscara…
Contado por Inuyasha:
Me levante a la misma hora de siempre, en casi toda la noche no había podido dormir pensando en lo que paso con Kagome, me colmaba la paciencia el pensar tanto en ella, sin embargo no podía hacer nada para evitarlo, y sin saber por que me dolía el hecho de saber que estaba enamorada de mi primo Sesshomaru, me sorprendió el que ella no viniera a traerme el desayuno a la cama cómo otros días, me levante y me vestí y fui a su recamara para encontrarla durmiendo, verla así de indefensa me provoco de nuevo ese extraño sentimiento, decidí dejarla dormir un poco más, fui a la cocina a desayunar, y luego aproveche para pasear por la casa, y luego por ahí de las 10.00 de la mañana fui a verla, ella ya había despertado.
-Vaya aún acabando de despertar te vez hermosa-Le dije esto con una sonrisa en el rostro, era verdad aún así lucía preciosa-Levántate, ya es muy tarde-Le ordene-
La vi levantarse de la cama e ir a dónde se encontraban sus maletas para tomar su uniforme y ponérselo, pero deseba verla usando otro tipo de ropa y seguramente se vería igual o incluso más hermosa de lo que ya se veía.
-No te pongas el uniforme-Ella tomó algo al azar y fue al baño para cambiarse, aproveché para acostarme en su cama y descansar un poco, las sabanas estaban impregnadas del aroma de ella; al salir Kagome estaba todavía más bella de lo que había entrado, esa ropa le quedaba muy bien. Me incorporé y le sonreí.
-Si quieres comer algo, ya sabes dónde está la cocina-Le sugerí, me dispuse a salir, cuándo de pronto sentí sus delicados dedos sobre mi hombro, provocando que de nuevo que este fuego consumidor se prendiera dentro de mí-
-¡Inuyasha espera! Es que yo no se donde esta…-Le sonreí, ella, sólo ella podía ser tan inocente, para no darse cuenta de lo que provocaba en mí, con un simple roce cómo ese-
-De acuerdo sígueme, pero esta vez fíjate bien-Le mostré el camino y ella me siguió en silencio-
Al llegar a la cocina la vi tomar unas cuántas cosas: Leche, Cereal, y algunas otras, tome un pequeño libro de un estante que estaba cerca de la cocina, nada más para aparentar, cualquiera que me viera podría jurar que lo leía, pero en realidad todo el tiempo estuve observando a Kagome, y es que por más que lo intentará, no quería y no podía dejar de verla, la observé meter las cosas que tomo al refrigerador y las bolsas de los residuos al basurero, así cómo lavar los platos y los demás trates que había usado, sin hacer ruido alguno me acerque a ella y le susurre al oído:
-Kagome ¿Sabes cómo regresar o quieres que te guíe?-Le dije en tono burlón-
-Gracias, pero ya me aprendí el camino-Ella contesto un poco irritada, le molestaba que se burlaran de ella, ¿Y a quien no?-
Ella me miro una vez antes de irse y se dio la vuelta, al poco tiempo de que ella se fue, la seguí, hasta que la alcancé y camine detrás de ella en silencio, Kagome no se dio cuenta, sino hubiera volteado y también me hubiera gritado que dejara de seguirla, cuándo ella entró en su cuarto yo también lo hice, entonces ella se volteo para cerrar la puerta y chocó con mi pecho, la sensación que experimenté al sentir sus pequeñas manos en mi pecho fue electrizante, hice lo que ella quería hacer cerré la puerta de su dormitorio.
-Inu… Inuyasha, ¿Qué haces aquí?-Ella quiso separarse de mí, pero sin embargo no se lo permití, un deseo me recorrió de pronto y guiado por ese deseo la estreché entre mis brazos, Kagome, la necesitaba tanto, su aroma envolviéndome en ese instante ¡Me volvía loco!, la abracé más fuerte, dejándome llevar por aquel sentimiento que empezaba a brotar de nuevo y por el deseo que sentía en se momento, quise tomarla de nuevo, pero al recordar que ella amaba a Sesshomaru-Quien encabezaba la lista de las personas que más odiaba- en vez de llenarme de ira cómo siempre lo hacía, un dolor inexplicable me embargo el pecho, y desee por un solo momento que ella me aceptará cómo lo aceptaría a él, entonces le susurre al oído:
-Kagome, por favor; déjame hacerte el amor-Al decir eso, caí en la cuenta de lo que había dicho, pero ya no había marcha atrás-
Ella rompió el abrazo de pronto, y tal cómo me lo esperaba me rechazo, pero el dolor que sentí en ese momento fue muy superior al que había pensado que sentiría.
-¡No!, ¡Jamás! Tú puedes violarme todas las veces que quieras, por que yo no puedo defenderme, pero nunca, jamás podrás tenerme por mi voluntad, podrás tener mi cuerpo pero nada más. Yo no soy tuya, ¡No te pertenezco!-El dolor se me clavo cómo mil estacas en el corazón, sentía que me oprimía el pecho tanto que no me permitía respirar, salí de la habitación esperando aplacar este dolor-
Creí que al salir desaparecería, pero en vez de eso el dolor fue aumentando a medida que avanzaba el tiempo al recordar sus palabras: "¡No!, ¡Jamás! Tú puedes violarme todas las veces que quieras, por que yo no puedo defenderme, pero nunca, jamás podrás tenerme por mi voluntad, podrás tener mi cuerpo pero nada más. Yo no soy tuya, ¡No te pertenezco!"a medida que recordaba sus palabras ese dolor se fue convirtiendo en ira, ¿Qué ella no era mía? Al recordar sus palabras me daban unas ganas de hacerle el amor tantas veces hasta que no pudiera decir que ella no era mía, le enseñaría a Kagome, que tan mía podía llegar a ser…
Durante toda la mañana estuve planeando cómo haría para volver a tomarla, sin lastimarla, pero todo lo que pensaba, siempre acababa con ella diciéndome que me odiaba, cuándo llegó la tarde, y ya no soportaba ese ardor en la entrepierna, la busque por un rato hasta que al fin la divise, a Kagome, le encantaba poder meterse en situaciones que no podía solucionar, la observe un momento no tenía ni la más mínima idea de dónde estaba, camine despacio y en silencio hasta dónde Kagome estaba, al llegar a ella la abracé al alrededor de la cintura, el calor que sentía me era insoportable, necesitaba desnudarla y tomarla ¡Pero ya!, la obligue a tumbarse en el piso, conmigo encima de ella, y entonces le dije:
-Kagome, tú eres mía. Déjame recordarte lo mucho que puedes llegar a ser mía.
-Inuyasha, ¡Déjame en paz!-Ella trato de protestar-
-Kagome, pensé que eras una chica inteligente, y habías aprendido que no te servia de nada resistirte- Le dije mientras acercaba más su pequeño cuerpo al mío-
Mis piernas estaban abrigadas por las suyas, tan sólo ese simple roce aceleraba mis sentidos, fue entonces cuándo sentí a Kagome empujarme, cayendo yo a un lado del suelo. Sólo ella me hacía sentir cómo la peor escoria del mundo, y lo peor era que ¡Sabía que lo era! Empecé a reírme de esa situación.
-¿Qué es tan gracioso?-Ella pregunto molesta, seguramente pensaba que me burlaba de su inútil intento de alejarme-
-Es que cuándo me tratas así me haces sentir cómo el malo de la historia.
-¡Es que tú, eres el malo de la historia!-Ella me replicó-
-Ohh… ¿En serio?-Odiaba que ella me viera de esa forma, pero no podía evitar ese deseo que sentía por ella, sin dejar de actuar de esa manera-
-Kagome, eres mía-Me sorprendí por el tono malicioso que emplee, no lo conocía, pero al parecer ella sí, ya que eso la asustó. Sólo ella esa tonta e ingenua sirvienta podía sacar ese lado tan perverso y atrevido de mi personalidad. Con todos los demás solía ser un frívolo malhumorado, pero no con ella-
Kagome trato de huir a algún lugar de la inmensa casa, pero en esta ocasión la ventaja la tenía yo, ella no conocía la casa en su totalidad, yo sí; así que no había por que apresurarse, me acerqué a ella con un paso lento y al llegar a Kagome la envolví con mis brazos, cómo deseaba que ella no escapara de mí.
-Ríndete tonta, hagas lo que hagas, no vas a lograr nada-Le dije cuándo ella intento liberarse, a pesar de decírselo ella siguió intentando liberarse-
Atrapé a Kagome contra la pared del corredor, y entonces vi su rostro se veía tan indefensa, adoraba verla así, entonces se me ocurrió una pequeña idea.
-¿Que te parece si hacemos este juego más divertido? voy a soltarte si logras escapar lo aceptaré, pero si no tú vas a tener que hacer todo lo que yo te diga-Pude ver en su cara 2 expresiones entremezcladas, el miedo y el rencor-
La muchacha permaneció callada, era obvio que siempre la obligaba a hacer lo que yo quería aún en contra de su voluntad.
-¡Vamos Kagome!-La animé-Intenta escapar, te doy 10 minutos de ventaja-Le dije recordando su desventaja al no conocer la casa, al decir esto la solté y ella se echo a correr tratando de encontrar un lugar a dónde pudiera huir, la vi correr despavorida sin ir a ningún lugar, entonces la perdí de vista, al fin pasaron los 10 minutos y comencé a pensar hacía a dónde pudo haber ido, entonces la respuesta me llego, tan clara cómo el agua, Kagome siempre elegía los peores lugares para esconderse, entonces sólo podía estar en…
Me dirigí hacía aquel pasillo que era un callejón sin salida, y revise todas las habitaciones, hasta que encontré a Kagome, observe la habitación y entonces recordé la primera ocasión en que hice mía a aquella dulce sirvienta, algo divertido, murmuré:
-Atrapada en una habitación, Kagome ¿No habías ya pasado por esto? Pensé que tendrías un poco más de imaginación.
La observe llorar, y me pregunte la razón, entonces lo comprendí, le había mencionado aquella primera vez; lo que para mí era un agradable recuerdo, para ella era una pesadilla…
Camine hacía ella y a medida que yo lo hacía le vi retroceder a ella, hasta caer en la cama, ¡Ella era tan ingenua! Por un momento me sentí cómo lo que era un verdadero miserable.
La jale hacía mí, y la contemple durante unos momentos, Kagome… Ella era tan dulce e ingenua, su único pecado era ser tan hermosa, y su único error, el haberse topado conmigo. Me invadió de pronto el deseo de acariciar la suave cremosidad de su piel, así que con una de mis manos acaricie suavemente una de sus delicadas mejillas. Divise entonces sus pequeños labios rojos y alejando mi mano de su mejilla sujete con fuerza su pequeño mentón y acercando mi cara a su hermoso rostro mis labios aprisionaron los suyos en un beso lento y calmo, al tiempo que mi otra mano se posesionaba en torno a su pequeña cintura acercándola más a mi, la necesidad que tenía de ella me incito a introducir mi lengua a su cálida boca, degustando de ella a un ritmo lento, tierno, no quería asustarla, sentí de nuevo aquél extraño sentimiento nacer en mi pecho al tenerla tan cerca y dejándome llevar por esos sentimientos, la bese de una forma delicada, tierna, no quería lastimarla, no sabía porque pero dentro de mi sentía la necesidad de protegerla…
Sentí su pequeño cuerpo temblar entre mis brazos y me invadió una repentina oleada de culpa.
-Tranquilízate Kagome…-Le dije con dulzura, quería que ella disfrutara de esto conmigo-
-¿Qué me tranquilice?-Escuche decir a su voz furiosa-Eso sólo podré hacerlo el día en que me dejes en paz-Suspiré-
-Kagome, por favor ya no te resistas-Le dije en medio de la pasión-
-¡Basta ya Inuyasha! ¡Suéltame!-Ella me suplico-
-Kagome, no te esfuerces, ya sabes perfectamente cuál será el final, esta noche vas a darme lo que deseo
-¿Qué cosa placer, satisfacción?-Ella lloraba al preguntar-
-No exactamente, pero sí-Al contestarle de esa manera me odie a mí mismo-
Mientras la besaba con suavidad coloque a la pequeña muchacha en la cama, para después recostarme encima de ella, abandone por un momento sus apetitosos labios y con ellos acaricie su mejilla por unos instantes para después descender por su delicioso cuello regalándole pequeños y húmedos besos, al llegar a su frágil clavícula pase mi lengua por ella deleitándome con su inigualable sabor, mientras lo hacía una de mis manos se deslizo hasta llegar a sus precioso senos y los acaricie suavemente, ella era tan indescriptiblemente perfecta…
Me levante un momento de sobre ella para poder mirarla, no podía creer que ese pequeño y perfecto cuerpo hubiera sido mío, sin esperar más empecé a desabrochar su blusita, al tiempo que sin poder resistirlo me acerque a sus labios para volver a embriagarme con su adictivo sabor, mis labios se movían presuroso sobre los suyos, ansiando poder besarla por lo que me restaba de vida. Mientras la besaba una de mis manos se encontró con su pequeña falda y la sujeté, para poder quitársela, pero en ese momento Kagome rompió el beso que compartíamos y me miró a los ojos, su mirada se veía tan dulce, que a veces me odiaba por ser tan cruel con ella.
-No, Inuyasha, no ya no-Ella me suplico-
-Kagome ¿Por qué haces esto? ¿Por qué te niegas al placer que puedo darte?-Le pregunte sintiendo algo de dolor surgir en mi pecho por su rechazo-
-¡Yo no me niego nada! Tu contacto me enferma-Me contesto ella con algo de odio en la voz lo que combinado con sus palabras sólo aumento mi dolor-
-Mientes Kagome-Le increpe yo-
-No, no lo hago-Ella me volvió a contradecir, la situación me causo gracia, parecíamos 2 niños jugando-
-Si, lo haces, ¿Quieres qué te lo demuestre?-Le pregunte con burla-
No espere a que la joven muchacha me respondiera y tomándola de la cintura la acerque a mí, algo que parecía imposible, pero no me arrepentí nuestros cuerpos se rozaban de una manera exquisita, a la fuerza le abrí la blusa que ya le había desabrochado, pudiendo observar de esa manera su diminuto sujetador, el cual baje para poder deleitarme con el hermoso paisaje que era el poder ver sus senos desnudos, acerque mi rostro a sus pechos hasta que mis labios cubrieron completamente uno de aquellos botoncitos rozados que adornaban graciosamente aquellos blanquecinos senos. Cuándo pude disfrutar de nuevo aquél increíble sabor, al que me había vuelto adicto, tal vez sería mi imaginación, pero sabía incluso mejor que en aquella primera ocasión. Pude escuchar cómo Kagome comenzó a jadear e intento alejarme de ella, pero fue inútil, la aprisione más de la cintura, acercándola cada vez más a mi cuerpo, hasta que ella dejo de resistirse, podía disfrutar del incomparable sabor que poseía esta adorable niña, besé, lamí, succione, chupé, mordí, acaricie, rocé, apreté e hice cada cosa que se me ocurrió con los pequeños pechos de la inocente chica, a la que al parecer empezaba a quitarle lo inocente…
Continúe con ese juego, hasta que la pequeña muchachita estuvo a punto de ponerse a llorar de placer, eso si que no me lo esperaba…
-I… Inu… Ya… Inuyasha… ¡Aahh!… ¡Inuyasha!-Escuché gemir a Kagome, eso me sorprendió aún más, pero en el fondo me sentí feliz de escucharla-
Por la inusual cercanía que teníamos ahora, todo en nuestros cuerpos se encontraba rozándose, por lo cual pude notar el preciso momento en el cual la pequeña sirvienta empezó a humedecerse. Entonces finalmente me detuve, y miré levante la mirada a Kagome, desde la altura de sus pechos, sonriéndole de forma burlona, me encontraba bastante satisfecho con lo obtenido hasta el momento pero deseaba más, ¡Por Dios!, Siempre deseaba más…
Me deleite con sus hermosos senos un poco más y luego mirando aquellas bien formadas piernas que me tentaban tanto a acariciar, no me retuve y lo hice ascendiendo, hasta llegar a la cadera de Kagome, luego le alce la falda, y metiendo mis manos debajo de la falda, tome las tiras de las blancas bragas de la muchacha y las deslicé de un jalón, llevándolas hasta la altura de sus rodillas. Entonces me arrodille y acercándome un poco más a aquél líquido rosado brilloso, que brotaba de la intimidad de mi pequeña Kagome, lo empecé a lamer, no pude resistirme y empecé a adentrarme aún más en aquél delicado sexo, explorándolo y saboreándolo con la lengua, pude sentir cómo ella se mojaba aún más, lo cual me motivo a un nuevo sarcasmo, suspendí por un momento lo que hacía y mirando a la ingenua muchachita, le dije:
-Oye Kagome estás demasiado empapada, que me excitas cada vez más, deja de humedecerte tanto si no quieres correr peligro-En realidad no mentía, sentir su humedad me enloquecía-
Volví nuevamente a saborear de aquél maravilloso único sabor que tenía Kagome, y continúe en eso hasta que el ardor en la entrepierna ya no me dejo continuar. Me paré y acercándome a ella la besé fundiendo nuestros labios dentro de un maremoto de pasión y locura, le dí pequeños mordiscos a sus labios, y jugué con la lengua de Kagome dentro de su boca, moviendo mis labios posesivamente sobre los de ella. Luego inicie a bajar por su cuello depositando pequeños besos húmedos, pero conforme la besaba, el calor que sentía no me dejaba respirar, por lo cual sin que ella se diera cuenta me desabroché el cinturón, junto con el pantalón, y abriéndolo sólo lo suficiente para poder sacar mi virilidad, lo hice, mientras aprovechaba para poder lamer el cuello de Kagome, ella tenía un sabor único, no supe cuánto tiempo continúe besando y saboreando el dulce sabor de ese lugar, en cierto momento pude sentir cómo el cuerpo de la jovencita se tenso, hasta que me aburrí y volví a sus labios, pude darle a Kagome otro beso, saboreando del sabor de su boca, sus labios ya estaban enrojecidos, de tantos besos que le daba, yo por mi parte ya había perdido el control de mis pensamientos, sentía la piel sudorosa pegarse al uniforme escolar que portaba, y el dulce aroma de Kagome que me excitaba y me hacía perder la cabeza; sentí cómo ella trataba de soltarse de mi, y liberarse del beso, pero no podía, trato durante bastante tiempo, hasta que ya algo compadecido de ella decidí dejar que Kagome rompiera el beso.
-Inuyasha, aquí no puedes, esta mal, piensa en lo incoherente de esta situación sólo por un momento-Me susurro ella, estaba consiente de que lo que hacía no era del todo correcto, pero me urgía tenerla en mis brazos, y es que tenerla tan cerca sólo aumentaba mi deseo de hacerla mía, y tenerla ahora así era tan excitante-
Sabiendo que a ella también le gustaría comencé a acariciar los labios íntimos del sexo de Kagome, con la punta de mi miembro, su sexo caliente palpitaba y estaba tan empapada, ¡Mmmmmmmm! Después apreté mi virilidad contra la feminidad de muchacha. Acorrale el diminuto cuerpo de la hermosa jovencita contra las blancas sabanas de la cama.
-Nnn… No-La escuché pronunciar, en el momento en el cual yo llevaba una de mis manos a uno de sus delicados senos, y lo apretaba brutalmente dejando sólo una pequeña abertura entre 2 dedos, para dejar visible su pequeño pezón, al cual con mi otra mano lo acariciaba, y lo oprimía, también lo besé y lo lamí para que se pusiera erecto. Pude ver que Kagome lloraba en total silencio, tal vez era muy perverso y cruel con ella. No pude evitar preguntarme la razón de que no me gritará cómo otras veces, así que decidí hacer otro pequeño experimento, tomé sin preocuparme el firme y suave pecho de la chica, y abracándolo con la palma de mi mano lo apreté, y pude ver cómo ella quería sollozar, pero yo no se lo permití, sino que le cubrí la boca con húmedos besos. La pequeña sirvienta no estaba en una situación muy favorecedora…
Empecé a mecerme lentamente contra la feminidad de Kagome. Hice eso durante bastante tiempo, lo cuál solo me excitaba más, y lo que más me provocaba era sentir cómo el sexo de la mujercita palpitaba a cada vez más, debido al roce entre nuestros sexos, fue por eso que empecé a acariciar su suave y muy inflamado clítoris, ¡Era tan placentero!
Me mantuve haciendo eso durante algún tiempo, y entonces cuándo noté que ya no se escuchaba ningún ruido afuera, sentía la humedad de el sexo de Kagome, quemarme de los pies a la cabeza, era una sensación imposible de detener, y la tersa de piel de la bella muchacha contra la mía no me ayudaba en nada, si ya no había nada que me lo impidiera, decidí terminar con todo este asunto de una vez, coloqué mi dura erección en la pequeña entrada del centro de calor de Kagome, para de esa manera poder penetrarla.
-Kago…-Pronuncie mientras la punta de mi miembro se apretaba más contra los labios íntimos de su sexo rompiéndolos-
-Nn… No… Inuyasha… Espe…-La escuché protestar, pero era demasiado tarde, mi cuerpo clamaba estar dentro del de ella, así que tapándole la boca con un beso, y apretándola más contra mi, me introduje en su interior-
-Kago… Ka… Go… Me… ¡Ahhh!…-Apenas y pude pronunciar ya que el placer que sentía, al poder percibir las calientes y sedosas paredes de el interior de Kagome, me embargaba completamente y no podía ni hablar, el sentimiento que sentía al estar dentro de ella era único e incomparable-
La besé de nuevo, aún no terminaba de recuperarme de la impresión que estar dentro de ese pequeño cuerpo me producía, y tenía todas las emociones al rojo vivo. Finalmente inicie a embestirla de forma lenta, para ir subiendo poco a poco el ritmo.
-Ka… ¡Aahhh!… Oh… ¡Mhmmmm!…-No pude evitar gemir, el placer que sentía era demasiado grande-
-Inu… Inuyasha… ¡Aahhh!-No pude evitar abrir los ojos de la sorpresa al escuchar ese sonido, ¿De verdad había salido de los labios de Kagome? ¿No era un sueño? ¿Ella estaba gimiendo mi nombre de placer?
-¡Mmmmmmmmmmm!… Kago… Mmmmmme…. ¡Haahhh!-Volví a gemir yo, con Kagome era imposible no hacerlo-
Mis manos tomaron la diminuta cintura de Kagome, acercándola más a mí, para poder aumentar el ritmo de las embestidas, y hacer el momento mucho más placentero, todavía no podía creer que podría llegar el día en que realmente pudiera tener a Kagome de esta forma, y ahora lo vivía, era mi sueño hecho realidad. Los gemidos de Kagome se mezclaban con los míos, me era imposible creer que ella igual disfrutaba del acto, nunca la había visto tan dócil cómo hoy. Nuestros cuerpos se unían tan perfectamente en este momento, debíamos tener la ropa más que húmeda pero que importaba, algo cómo esto realmente valía la pena. A pesar de que hasta ahora todo había sido muy bueno, yo necesitaba mucho más, así que tomando a Kagome de las piernas, se las levante para lograr una penetración mucho más profunda, realmente tenía que agradecer por eso, una vez que hube sentido aquella cálida humedad, no pude contenerme más y mis arremetidas contra ella perdieron el control, creí que Kagome se quejaría, pero todo lo contrario, empezó a gemir de placer, no entendía la razón, pero no iba a preguntarle y estropear el momento, y en verdad me gustaba que ella actuara así, Kagome gemía, era verdad, pero no tanto cómo yo, mis gritos y gemidos llenaban toda la habitación, y es que estaba extasiado del placer que sentía, sentirme recibido una y otra vez dentro de aquel cuerpo caliente y suave, era lo mejor que nunca jamás hubiera experimentando, besé a Kagome en el cuello, y lamiéndolo forme un camino hasta llegar a sus mejillas y sus parpados, en dónde deposite millones de besos. Levante la mirada para verla, y entonces la vi, cómo nunca antes, el cuerpo empapado de sudor, sus mejillas tan sonrosadas, y sus pequeños ojos cerrados, contraídos por el placer, que se abrieron para poder mirarme, estaba más hermosa que nunca, ella era hermosa siempre, pero nunca la había visto tan bella y preciosa, la mire agradecido, era la única forma que busque para expresarle mi gratitud en ese momento, el poder darle las gracias por lo que me hacía sentir, por todo lo que me permitía experimentar, y aún más por permitirme estar dentro de su cuerpo tan perfecto, por un momento la culpa me embargo, un ser tan perverso y ruin cómo yo, no merecía tanta perfección, pero me negaba rotundamente a renunciar a ella…
Deseaba que esto nunca terminara, poder detener el tiempo, sentía las paredes vaginales de Kagome contraerse alrededor de mi miembro rígido y duro, lo que me hacía llegar a la culminación total, sentirme entrando una y otra vez dentro de la humedad ardiente de la muchachita, la experiencia era más que única, placentera e irrepetible, cada vez que salía no podía contener las ganas de moverme y volver a introducirme en ella ¡Por Dios! ¡Le estaba haciendo el amor a Kagome!, ¡Y era delicioso! quise detener y prolongar este momento lo más que pude, pero no pude más, así que levantándome un poco más que las otras veces, la embestí fuertemente por una última vez.
Lo que me llevo al éxtasis total…
La verdad. No supe que fue más satisfactorio, poder hacerla mía, o escuchar sus gemidos de placer, definitivamente ambas situaciones, eran incomparables.
Permanecí encima de ella, recostado con mi cabeza en sus pechos, mientras trataba de recuperar el aliento que había perdido, y es que realmente estar así con ella, ambos estábamos semi desnudos, con nuestro sexos firmemente pegados, acostados en aquella inmensa cama, le sonreí mientras la miraba fijamente y ella ladeo la mirada sonrojada, Kagome se quiso levantar pero yo la retuve y forcé a estar entre mis brazos, la muchacha me miro molesta, decidí darme por vencido y me levante, al hacerlo me volví a mirarla y le sonreí.
-Y aún así quieres dejarme pequeña-Le solté con burla, al recordar la manera en cómo ella siempre huía de mí y me rechazaba, mientras me acomodaba la ropa, y la vi bajar la mirada apenada-
-¡Te odio!-Ella me gritó y no pude evitar mirarla con rencor, si ella me odiaba ¿Qué significaba todo lo que habíamos hecho? ¿Para ella no importaba?-¡Ahora más que nunca!-Eso me descoloco, ¿Cómo que ahora? Entonces lo entendí y le sonreí burlonamente-
-¿Por qué? Por que hicimos el amor y si te gusto. Contéstame Kagome, ¿Es por eso?-Me encantaba cómo sonaba aquello, que habíamos estado juntos y a ella si le agrado. Ella no me contesto pero bajo la mirada, yo sólo bromeaba, no quería que ella se sintiera mal-Kagome, no esta mal lo que sientes, yo quiero que sientas así-Le confesé-
-¡Pero yo no quiero! ¡Yo nunca he deseado hacer el amor contigo y tu me obligas a hacerlo!-Me increpó ella, recordé que eso era verdad, su cuerpo tal vez me correspondiera pero ella nunca lo haría-
La chica se levanto tomando una de las sabanas y se cubrió con ellas, estaba a punto de salir de la habitación, pero yo la retuve para después jalarla hacía mí, ella me miro furiosa.
-¿Qué es lo que quieres ahora?-Me confrontó-
-Que te parece si nos bañamos juntos-Le sugerí-
-¡No! Déjame-Ella me rechazó- no te soporto, el único consuelo que tengo es el poder quitarme toda esta suciedad que siento cuándo me obligas a estar contigo, no quiero que quites también eso-Me sorprendió el hecho de que iniciara hablando molesta y acabará llorando, eso me recordó que para Kagome no era nada más que el maldito sujeto que abusaba de ella, sin piedad una y otra vez, sólo pensar eso de mí, hizo que me depreciara a mi mismo, y al mismo tiempo me lleno una tristeza, que no supe interpretar.
Me dirigí a mi habitación cuando la vi parada en medio del pasillo sin saber a dónde ir, me acerque a ella, Kagome volteó a verme molesta, pero yo tenía el rostro bajo, por que no soportaría mirarla a la cara y le dije:
-Tú habitación está a 2 pasillos de aquí, dobla hacía la derecha verás 1 pasillo pasa por él, después verás 3 pasillos, unos al frente, otro a la derecha y uno más a la izquierda, toma el de la izquierda, llegarás a una escalera, al subir verás 2 pasillos más, recórrelos y llegarás a tu cuarto.
Apenas le dije eso ella salió corriendo he ahí, y yo en silencio también me dirigí a mi habitación, al llegar me bañe y me cambie de ropa, al salir de la ducha, pude ver que tenía cómo 50 mensajes en la contestadora de mi mejor amigo: Miroku, él seguro estaría enfadado, por no haberle contestado antes pero tomé el teléfono y le marqué:
-¿Tanta urgencia tenía de hablar conmigo, que saturaste el buzón de voz?
-Inuyasha, que gustó escuchar tu voz, creí que te habías muerto o algo así, ¿Por qué no me has venido a visitar?, o al menos me hubieras marcado, ¿tanto menosprecias a tu mejor amigo?-Preguntó en tono burlón-
-Miroku, no estoy de humor para tus bromitas, ¿Qué quieres decir?
-Sólo quería saludarte, es que llamé a tu casa y me dijeron que estabas en la mansión del bosque, y quería preguntarte si podía ir
-¡De ninguna manera!-Le contesté sin pensarlo, no permitiría que arruinara mis "vacaciones" al lado de Kagome-
-Perdón, ¿por que estas tan extasiado?
-Estoy muy ocupado Miroku, las tareas, las clases de música, los negocios de mi padre, el noviazgo con Kikyo, la tonta de Kagome que no me deja vivir en paz…
-Disculpa, pero ¿Quién es Kagome?-Sólo cuándo Miroku, preguntó eso caí en la cuenta de que había hablado de más-
-A ella es mi sirvienta personal, pero no hace nada bien-Le mentí, no podía dejar que se diera cuenta de lo que sucedía entre Kagome y yo-
-¿Ya tienes sirvienta personal? Yo quería una, pero ni mis padres, ni mi novia Sango me permiten tenerla, oye y ella ¿Es bonita?-Me molestó que él preguntará eso-
-Bueno no sé, considéralo tu-Por supuesto que es bonita, más que eso hermosa-Si quieres te mando una foto.
-Si, por que no-Busqué en el teléfono y le envíe una-
-¡Oye esta mujer es una diosa!-Me disgustó a sobre manera que él dijera eso, si lo hubiera tenido en frente de mí, podría haber jurado, que le rompía la cara-
-Niña-Le corregí-
-¿Qué cosa?
-No es una mujer es una niña.
-¿Así?-Preguntó incrédulo-
-Si, por que tiene 15 años.
-Pues que "niña", la sirvienta que tienes, ya quisiera tener tu suerte, si tu novia te amenazará no le harías caso, por que no estás enamorado de ella.
-¿Y tú cómo sabes eso?
-Se nota Inuyasha, si vieras que todo mundo nota el gran "amor" que sientes por Kikyo, menos ella, que no se quiere dar cuenta.
-¿Y cómo sabes cuándo estás enamorado?
-Bueno pues se piensa todo el día en esa persona, sólo ves sus cualidades, te duele su dolor, sufres si ella sufre, te lastima que prefiera a otra persona que no eres tú, entre otras cosas, ¿Pero, por que la pregunta?-Esa respuesta me llegó y me golpeó cómo un rayo, era cómo si estuviera describiendo mi situación con Kagome, al fin lo entendí ese nuevo sentimiento que sentía era amor…-
-¿Inuyasha, estás ahí?
-Sí, estaba pensando en que me decías y lo bueno que es que no sienta nada de ese tipo por Kikyo.
-Bueno amigo, sólo quería saber cómo estabas, te hablo luego.
-Si, hasta luego-Le contesté sin prestar mucha atención-
Ahora lo sabía estaba… Estaba enamorado de Kagome, esa niñita tonta, que a veces me hacía irritar, esa sirvienta ingenua a la que molesté tantas veces, esa dulce mujercita de la que me aproveché, ¡Estaba enamorado de ella!, y ella…
¡Kagome me aborrecía totalmente!, odiaba mi presencia, y detestaba mi sola voz, no sabía cómo iba a soportar el dolor del rechazó.
¡Yo la amaba y ella me odiaba!
Tal vez hubiera sido mejor nunca saber que era lo que sentía hacía ella…
