50 reviews! Soy tan feliz! Muchas gracias a todos de verdad, no sabéis como me anima eso! Que no pare la cosa, jajaja!
Por cierto, he tomado en cuenta la propuesta de hacer un capitulo especial para San Valentín…Este capitulo será romántico, pero la historia seguira su mismo curso. Quizas suba algun one shot especial San Valentín, aunk ya sea un poco tarde…
Este capitulo es como el desencadenante de todo…A partir de aki todo se volverá más peligroso y emocionante. Ya tengo pensados los siguientes capitulos y serán buenos (o eso espero)
Avatar no me pertenece (sí, todos lo sabemos)
Capitulo 11: Reflejo de un alma.
Aang
¡Eh! Mira esa, se parece a una morsa polar…
¡Que va!- replicó Katara.- ¡Se parece a un gatito!
Un gato morsa…- corroboré yo. Los dos nos echamos a reír.
Enterré mis dedos en su pelo, relajado. Desde luego, necesitaba aquellos momentos de paz con ella. A solas, sin hacer nada, simplemente estirados en el manto de césped que cubrían los jardines de palacio y discutiendo a que se parecían las nubes.
Katara tenía la nuca y medio cuerpo apoyado encima de mi pecho, contrarrestando la frescura de la hierba con su agradable calor. La combinación estaba muy acertada. Suspiré profundamente, haciendo que su cabeza subiera y bajara con la insuflación del aire.
¿Sabes que? Creo que podría pasarme la vida haciendo esto- confesé yo, observando el azul roto del cielo.
¿Mirando las nubes? Tu vida sería muy aburrida…
Me reí suavemente.
No me refería a eso…
¿No?
No…Mirar nubes esta muy bien si las miro contigo, pero yo estaba pensando en esto- deslicé mis brazos hasta rodear estrechamente su cintura, oprimiéndola aun más contra mi.- En seguir abrazándote toda la vida y no dejarte ir nunca más…
Fue esta vez Katara la que soltó una risita y se giró sobre mí, para abrazarme también, posando su mejilla en mi pecho y apretándome con fuerza. Nos quedamos unos deliciosos minutos en silencio…
¿Te has fijado? Esa nube es clavadita a Appa…- intervine yo sin dejar de mirar el cielo
Aham…Y esa de ahí- levantó una mano hacia arriba, señalando hacia la izquierda- Es igual que Mommo…
Sí que lo es…
Justo en ese momento, no sé de donde salió, mi mascota me saltó a la cara, sobresaltándome.
¡Mommo! ¿Qué te pasa?- pregunté descolocado, sentándome en el suelo igual que acababa de hacer Katara. Miramos hacia atrás, para sorprendernos al encontrar un grupo de 12 personas tras nosotros, encabezados por Zuko.
Alcé las cejas.
A ver si adivino… ¿Me estabais buscando?- pregunté fastidiado.
Exactamente- corroboró el Señor del Fuego. – Te necesitamos.
Como odio esa frase- gruñí entre dientes.
Me quedé mirando a Katara, la cual mantenía una pose de preocupación. Sonreí suavemente y me incliné sobre ella aplicándole un beso en la frente.
El deber me llama- canturreé con un tanto de humor para despedirme de ella. Me levanté del suelo y agarré mi planeador, oyendo una voz conocida burlarse de mí:
¿Sí? ¿Entonces porque siempre haces tarde a esa llamada?
Pestañeé estupefacto, para localizar entre la gente que acompañaba a Zuko a un viejo amigo…Nunca mejor dicho. Sonreí con el corazón lleno de ilusión.
¡Bumi!- exclamé con alegría segundos antes de abalanzarme sobre el rey loco de Omashu. Me devolvió el abrazo bonachonamente.
Me alegro de verte Aang…
¿Qué haces aquí?- pregunté con una sonrisa de oreja a oreja.
Lo mismo que hacen todos los que están aquí- musitó abarcando con un gesto de su brazo a todos los presentes. Analicé con la mirada a todos, cayendo en la cuenta de que conocía a alguno más: Entre ellos estaba el rey de Ba Sing Sé y muchos otros personajes importantes con los que recordaba ya haber hablado en alguna ocasión. Muy a mi pesar, empezaba a figurarme el porque esa reunión de líderes.
Entrecerré los ojos depositándolos sobre Zuko, inquisitivo.
Tenemos que hablar en privado…Todos.
De acuerdo…
Pero Aang…- Katara mantenía la vista en mí, aun sentada en el suelo y abrazada a Mommo como si el animal fuese un peluche, angustiada.
No te preocupes por nada, enseguida estoy contigo- le susurré guiñándole un ojo.
Tras eso, empecé a caminar detrás los demás, que, encabezados por Zuko, marcharon camino arriba, hacia el palacio.
El interior de aquella oscura sala me parecía desolador. Me lo pareció cuando entré la primera vez, después de recibir aquella aterradora carta de Zuko, y la sensación se había acentuado ahora, rodeado por las figuras de los líderes más importantes de las 4 naciones…Bueno tres, porque de los Nómadas del Aire ya supuse quien era el representante.
Tomé asiento después de inclinarme ante todos en una respetuosa reverencia que de inmediato me fue devuelta.
Así que…Usted es el Avatar Aang- murmuró un hombre de aspecto rudo, con vestimentas del reino de la tierra. El tono había sonado un tanto incrédulo, como si dudase de que esa frase fuese verdad. Sonreí mientras me analizaba con la mirada. Me resultaba divertido que me trataran de usted con tan solo 16 años.
Sí…Pero llámeme solo Aang, por favor…- murmuré amablemente.- ¿Y usted es…?
General Dang Zi, comandante del ejército de Omashu a las órdenes del rey Bumi- soltó de sopetón, muy solemnemente.
Wow…- me impresioné con la tenacidad que lo dijo. Y él seguía mirándome casi hirientemente, como si yo fuera algo digno de estudio- Emm…General ¿Ocurre algo?
No…Es que…Bueno, simplemente le imaginaba más mayor…
Oh, bueno…Siempre puede volver dentro de unos años- bromeé yo.
Al no recibir ninguna carcajada, ni siquiera una sonrisa como respuesta, me cercioré de inmediato que eran uno de esos tantos políticos sin sentido del humor. Suspiré, frustrado y bastante incómodo por su incisiva mirada, que conseguí esquivar observando el dorso de mis manos…
Ese era justo el lugar donde no quería estar. Ahí todo me recordaba lo desesperantemente peliaguda que se había puesto la situación. Teníamos a un vengativo espíritu que buscaba hacerme la vida imposible, el antiguo Señor del Fuego en paradero desconocido y…lo que más me inquietaba: Aquella diabólica canción que se repetía una y otra vez en mi cerebro, impidiéndome vivir.
Solo cuando estaba con Katara, conseguía que todo eso se me desdibujase de mi mente. Ella lo ocupaba todo, lo bloqueaba todo. Era mi eclipse, mi balsa…
Pero ahora ella no estaba y eso me hundía, me ahogaba en mis problemas. En los problemas de todos. La situación se nos iba de las manos.
Señores…- la voz de Zuko me devolvió a la realidad, haciéndome dirigir mi atención hacia él. Estaba en el cabezal de la larga mesa, de pie, con una mueca de seriedad propia de un líder. – Supongo que todos saben porque estamos aquí…
Cabeceé, asintiendo, como los demás. A mi no me lo habían explicado, pero estaba más que claro.
Se había corrido la voz y, en menos de 2 semanas, tonto era el que no se hubiese enterado que el Señor del Fuego andaba suelto. Lo que nadie sabía aun era el ínfimo detalle de que pudiese recuperar sus poderes. Claro que yo aun no entendía como…Y me daba miedo descifrar aquella profecía.
Sí, estamos aquí porque cierto desgraciado del cual no pronunciaré el nombre se ha dado el piro- asintió Bumi, aparentemente aburrido. Sonreí de medio lado. Seguía hablando como un adolescente, no tenía remedio. - ¡Y sin ni siquiera despedirse! Su falta de modales es deplorable…
No, estamos aquí porque claramente eso representa una amenaza para nuestra gente- un hombre con aspecto de ser de una tribu del agua miraba a Zuko con una mueca de afilada dureza- Fuimos clementes con tu país y no pedimos recompensa alguna por 100 años de sangre derramada…Pero esto es intolerable, Señor del Fuego Zuko.
Lo sé y estoy poniendo medidas al respecto.
¿Medidas? ¿Qué medidas?- preguntó el general Dang Zi.
Todos mis hombres están reclutando las zonas más cercanas en busca de…
¿En busca de su padre? No me haga reír, hombre- interrumpió con frialdad. Fruncí el ceño.- Eso no servirá de nada…
¿Se le ocurre algo mejor?
Se me ocurre que lo mejor seria destruir cualquier zona donde se pudiese ocultar…
¿Destruir? ¿Cómo que destruir? Hay muchos sitios donde Ozai podría ocultarse, y muchos de ellos están habitados- musitó Zuko.
Ya, pero eso se llaman daños colaterales…Y sirven para evitar un numero desorbitado de muertes…Además destruir esas zonas no sería difícil- el general me miró y tuve un mal presentimiento- Tenemos una arma letal aquí mismo.
Abrí la boca, sintiéndome ofendido.
¿Disculpe?
Es tu deber como Avatar ¿No? Con todos mis respetos, en mi opinión ¿De que nos sirve un Avatar que no cumple con sus obligaciones?
Mi obligación es proteger a la gente, no masacrarla. No pienso hacerlo- me negué en redondo, ofuscado. – Además es ridículo ir por ahí repartiendo palos de ciego…Tiene que haber otra forma.
Y mientras pensamos en esa forma, Ozai ya habrá logrado reunir un grupo de gente que le sea fiel y empezará una revolución…Es algo que no podemos consentir.
Hay que detenerlo antes de que consiga ayuda- asintió el Rey de la tierra. Apreté los labios con angustia.
En realidad…Ya ha encontrado ayuda.
Aang…No sé si…- empezó Zuko.
Tienen que saberlo- tomé aire profundamente, intentando mantener la calma- Ozai no se escapó solo…Alguien le echó una mano.
¡¿Cómo?- el coro de sus voces solo consiguió hacerme sentir más presionado.
¿Estás diciendo que hay un traidor entre los vuestros?- preguntó Bumi, poniendo por primera vez interés.
No…Estoy diciendo que le ayudó alguien que ni siquiera es humano…
Que bien…Y luego el loco soy yo- replicó el Rey de Omashu. Intenté sonreír.
¿A que se refiere, Avatar Aang? – preguntó el hombre de a Tribu del Agua.
Solo Aang…Y…Estoy hablando de un- carraspeé- de un espíritu…
Todos se me quedaron mirando, atónitos y como nadie se decidía a replicar, continué.
Veréis, resulta que últimamente hay un espíritu que se está dedicando a acosarme y, no sé bien porque, busca vengarse de algo que hice…Y su venganza consiste en ponerlo todo patas arriba. Ha liberado a Ozai para hacerme la vida imposible y- tragué grueso- probablemente también le ayude a…A recuperar sus poderes.
El silencio fue estridente. Cortante. Aterrador. No es que faltaran las palabras…Es que sobraban. Tampoco hacia falta decir nada…Todo el mundo sabía lo que eso podía llegar a significar: El inicio de una nueva guerra cuando la primera no había hecho más que acabar.
La canción de Azula resonó dentro de mí con más fuerza que nunca, con esa melodía tan aparentemente inocente, tan suave, como una canción de cuna:
Cuando el viento deje de soplar,
Cuando las olas dejen de remar,
Cuando el fuego deje de quemar,
Cuando en la tierra ya no se pueda andar,
Cuando se salpique a la luz de dos lunas la sangre de la sangre del Avatar,
Quien beba de ella su poder podrá adoptar…
Me estremecí, abrazándome a mi mismo con disimulo, para que nadie se diese cuenta de cómo habían empezado a temblarme las manos. No, Ozai no podría recuperar sus poderes…Sino que conseguiría los míos. Algo que era doblemente inquietante. Tragué saliva. No quería ni imaginarme que pasaría si un poder tan enorme llegaba a manos equivocadas.
El silencio había sido tan intrínsicamente intenso dentro de mi que tardé bastante en darme cuenta que del alboroto que se había formado a mi alrededor. Alcé las cejas, sorprendido, al encontrarme a los gobernantes más importantes del mundo gritando a voces, hablando a todos a la vez, discutiendo entre si en un caótico desorden. Y Zuko, histérico, alzaba la voz intentando hacerles callar. Cosa que no estaba funcionando mucho…
Me levanté de mi asiento frunciendo el ceño con determinación y agarré mi planeador. Lo hice girar circularmente entre mis dedos y, con ambas manos, lo hice chocar contra la mesa, provocando una feroz corriente de aire que les hizo callar a todos de inmediato.
¡Ya está bien!- me impuse yo, con ese mal genio que tanto me cuesta sacar- Tenemos que dejar de gritar como niños descarriados y buscar una solución entre todos, en vez de echarnos las culpas los unos a los otros…
¡Cierto!- intervino de repente el general Dang Zi con voz afilada- ¿Para que pelearnos si sabemos de sobra de quien es la culpa?
Y al decir eso me observó a mí. Me quedé catatónico y herido. Oh, genial, otro que pensaba como Zuko…
¿Mía? ¿Por qué mía?- exigí saber mortificado.
¿Quién opinó que era mejor perdonarle la vida a pesar de sus pecados? ¿Eh? ¿Quién fue el cobarde que escapó hace 100 años dejando atrás un mundo desamparado?
La mandíbula se me descolgó de indignación. De repente, una intensa rabia empezó a acumulárseme en el pecho…Suficientemente difícil era perdonarme a mi mismo por aquello…Solo faltaba que otra persona me lo restregara.
No necesito que nadie me lo recuerde, pagué cara la decisión de escapar. Y sé perfectamente los errores que cometí- siseé entre dientes, conteniendo las ganas de abalanzarme sobre él y partirle la cara- Pero perdonar la vida de un ser humano no es uno de ellos…
Avatar Aang…- me llamó el rey de Ba Sing Sé.
¡Aang! ¡Es Aang!- exploté furibundo.
Perdón, Aang- titubeó el rey, intimidado, el cual no tenía la culpa de nada.
Suspiré profundamente, intentando devolverme la calma a mi mismo.
¿Qué? – intenté que mi voz no sonara brusca, pero no funcionó.
¿Tiene usted alguna idea de cómo detener ese espíritu?
No- confesé desinflando el pecho, derrotado.
¿Y alguna idea sobre el paradero de Ozai?
Si lo supiera toda esta reunión no tendría sentido ¿Verdad?
¿Entonces que se supone que tenemos que hacer?
Necesito una tila- gemí en voz baja, llevándome una mano a la frente. La cabeza me empezaba a doler seriamente.
Lo primero es organizar patrullas de busca también en vuestros países…Mi padre puede ocultarse en cualquier parte y tal vez ya haya abandonado la Nación del Fuego para mayor seguridad…- dictaminó Zuko, con tenacidad- Y, por nuestra parte, estaremos atentos para aplastar cualquier intento de revolución por parte de sus seguidores…
¿Y el detalle del espíritu?- preguntó Bumi.
De eso solo se puede ocupar él- murmuró Zuko mirándome.
¿Y ya esta? ¿Eso es todo lo que se puede hacer?- se ofendió Dang Zi.
¡Sí!- espeté más alto de la cuenta, con el ceño fruncido. Ese general ya empezaba a tocarme las narices.- Eso y mantenernos unidos…
Pero si ni siquiera somos de la misma Nación…
La separación es solo una ilusión, general- murmuré más suavemente- Todos somos una sola cosa.
Muy poético, Avatar Aang, pero…
Aang- corregí de inmediato.
Pero eso no va a impedir que vayamos a quedarnos de brazos cruzados cuando la seguridad de nuestra gente esta puesta en peligro- le lanzó una mirada fulminante a Zuko, el cual se quedó inmóvil, aguantándola- Si hace falta, atacaremos antes de ser atacados…
¡Es increíble! ¿Es que no habéis aprendido nada de estos 100 años de conflicto? – pregunté exasperado.
¿Y usted, Avatar Aang?- me desafió cruelmente. Apreté los labios y los puños.
Aang…Y esto es el colmo- gruñí dandome la vuelta y empezando a caminar hacia la puerta.
¡Eh! ¿Adónde vas?- preguntó Zuko, confuso.
Ya no tengo nada que hacer aquí, podéis arreglaros sin mí. Necesito pensar a solas…- de verdad que lo necesitaba.
Avatar Aang, debes…
¡Me voy!
Di un enorme portazo tras de mi al salir, pero de inmediato me di cuenta de que me había descuidado de algo. Volví a abrir la puerta, asomé solo la cabeza y grité a todo pulmón:
Y me llamo… ¡AANG!
Tras lo cual volví a cerrar. Desde luego había perdido los estribos, pero aquellas semanas habían acumulado muchos nervios dentro de mí. Demasiados…Apenas podía dormir porque siempre me despertaba por culpa de aquella canción replicada en sueños…Algo me decía que la nana de Azula pretendía decir mucho más de lo que decía.
Ya eran demasiados problemas acumulados…
Me sentía a reventar, así que me aislé en las escaleras de la parte trasera del palacio, donde esperaba poder tranquilizarme. Me senté, apoyando los codos sobre las rodillas y ocultando mi cara con las manos. Y aquella música seguía resonando en mi cabeza, torturándome…
Unos pasos detrás de mi no hicieron más que irritarme. Resoplé.
De la frase quiero estar solo para pensar ¿Qué no habéis entendido?
Eh, yo solo quería preguntarte si te encontrabas bien, no hace falta que te pongas en plan borde- se enfadó una voz provinente de mi espalda. Me giré, sobresaltado, para encontrarme con Katara, la cual mantenía su ceño fruncido y los brazos en jarra.
Apenas pude articular una disculpa cuando se dio la vuelta y empezó a subir escaleras arriba, exasperada. Oh, no…Ella también no, por favor…
¡Katara espera!
Me levanté de un saltó y empecé a saltar escalones a la velocidad del viento, adelantándola en segundos. Me frené un escalón por delante de ella, poniendo las manos en alto para hacerla parar. Entreabrió la boca, desconcertada, y en cuento pudo reaccionar frunció el ceño.
No te vayas- le rogué con voz de niño angustiado.
Creí que querías estar solo- me recordó con retintín. Intentó seguir subiendo escaleras, pero le bloqueé el paso.
Deja que me exprese con más claridad…No es que quiera estar solo…Es que no quiero estar con nadie más que no seas tú…- esperé unos segundos, expectante, mientras su boca adoptaba la perfecta forma de una "o"- ¿Qué tal?
No pudo aguantar, se mordió el labio y finalmente dejó escapar una risita, adorablemente sonrojada.
Vale…Admito que esa es buena.
Me encogí de hombros alegremente.
Meto tantas veces la pata que he cogido práctica en esto de las disculpas…
¿Con quien más te tienes que disculpar?
Con el mundo entero, creo- musité poniendo los ojos en blanco. Katara sonrió de medio lado.- Seguro que soy el peor Avatar de la historia.
Oh, Aang…Eso es mentira. Eres extraordinario…Como Avatar y como persona.
Me sonrojé levemente y mostré una tímida sonrisa. Elevé una mano, retirando un mechón de pelo de su hermoso rostro. Ella también sonreía. De aquella forma tan increíble, tan suya…
¿Sabes una de las cosas que me gustan de ti? Que cuando estoy realmente mal, apareces tú con esa sonrisa y el mundo, todo, se me desdibuja del frente- me sumergí en sus ojos azules, cristalinos, transparentes… El reflejo de su alma. La que me enamoró la primera vez que la miré- Es como si ya no fuese el suelo lo que me sostuviera. Solo tú…
Katara se me quedó mirando con una intensidad, hundiéndome en ella, atrapándome e hipnotizándome…
¿Sabes una de las cosas que me gustan de ti?- me imitó con voz suave.- Esa manera incondicional que tienes de amar con ese corazón tan inmensamente puro. Brillas con una luz interior tan potente que haces que los demás, a tu lado, parezcan mejores personas…
¿Yo hago eso?- pregunté sorprendido.
Sí…Y lo mejor es que no te das ni cuenta- me puso ambas manos en el pecho, pegándose a mi con dulzura. Tras uno segundos de silencio, continuó hablando- ¿Y sabes? Cuando te fuiste- me estremecí- tu luz también lo hizo. Fue como me dejarás en la oscuridad, perdida, helada, asustada…
Yo…Bueno, créeme, sé lo que se siente- admití esquivando su mirada con tristeza. Cuando me separé de ella, la sensación era parecida a caminar al borde de un precipicio inestable, sabiendo que en cualquier momento iba a caer, sintiendo pánico y desesperación a cada paso…y siendo consciente de que el aire control no me salvaría de una caída que me destrozaría por dentro.
Sentí un escalofrío al recordarlo y me centré en su rostro de nuevo.
Lo siento…
Lo sé.
Fui idiota.
Ya lo sé- repitió después de soltar una carcajada.- Pero ahora ya estamos juntos…Todo va bien.
Sonreí suavemente y me senté de nuevo en un escalón, a la vez que tiraba de Katara con rapidez. Antes de que pudiese jadear, la tenía sentada sobre las piernas, con lo que aproveché para abrazarme con fuerza a ella. Me devolvió el abrazo inmediatamente, ocultando su cara en mi cuello.
Pero sinceramente, sigo opinando que estar a mi lado es un peligro- susurré suavemente. La oí gruñir y acto seguido recibí una suave colleja de su parte, haciéndome reír. Besé su mejilla. – Aunque me alegro de que me hayas convencido para venir conmigo…Sin ti y sin los demás me sentía muy solo.
Pues ahora ya no tienes porque- murmuró con dulzura. Se separó solo levemente para mirarme con una sonrisa, tras lo cual me regaló un plácido y largo beso de sus labios. Aquello era tan maravilloso que deseaba que no se acabara nunca…La pasión por ella me ardía por dentro, me hacia besarla con cada vez más urgencia, más fiereza, más fogosidad…Justo hasta el extremo en que nos quedamos sin aire. Mordí suavemente su labio inferior antes de apartarme. Sus besos nunca duraban lo bastante para mi. No importaba lo largos que fueran. Acaricié mi nariz con la suya, mientras ella me sonreía tiernamente.
Katara…
¿Hmm?
Tengo miedo.
Ella despegó su frente de la mía, con expresión confusa.
¿Miedo? ¿De que?
¿De que va a ser? ¿Es que a ti no te asusta todo lo que está pasando?
Se encogió de hombros, con aparente indiferencia.
Ya he pasado una guerra…Un intento de una segunda no me hará acobardarme.
Sonreí, mirándola con adulación.
Eres muy valiente… ¿Pero que me dices del espíritu?
¿Zhoe? Tampoco le tengo miedo…
¿No?- me sorprendí yo.
Me he enfrontado a ejércitos enteros…A estas alturas de mi vida es muy difícil asustarme.
Ya…- suspiré y la atraje suavemente hacia mí, acunándola como a una niña pequeña- Pues yo estoy muy asustado…Me aterroriza el hecho de pensar que pueda pasarte algo…
¿A que te refieres?
Me refiero a que…- tomé aire profundamente y deslicé mis manos de su espalda hasta sus mejillas- A que Zhoe juró destruir todo lo que amo…Y lo primero que va a atacar es a ti. A lo que más amo en el mundo…
Katara dilató las pupilas y separó ligeramente los labios mientras me miraba a los ojos. Su corazón empezó a palpitar excesivamente rápido contra sus costillas y las mías. Observé sus hermosos ojos con seriedad.
Júrame que llevarás mucho cuidado.
Oh, Aang- un brillo de ilusión fulgurante ocupó su mirada- Te lo prometo…Porque sé que me amas casi tanto como yo te amo a ti.
Bizqueé y solté un burlón resoplido.
Eso es imposible- repliqué yo, convencido. – Yo te quiero más.
No.
Sí.
No.
Sí- se rió cuando puse fin a la discusión con otro beso.
Me abrazó con fuerza, envolviéndome en su calor. Dios… ¿Cómo podía ser tan ideal?
¿Te das cuenta? Últimamente nos peleamos mucho- bromeé yo. Katara se rió echando la cabeza hacia atrás.
Es cierto…Pero no solo tú y yo…El ambiente se está volviendo muy tenso. Desde que volvimos del manicomio, Mai y Zuko no parecen los mismos.
Asentí distraídamente. Era cierto. El mismo día, justo al llegar, la esposa del Señor del Fuego lo esperaba en el puerto, tras lo cual se encerraron en un cuarto a hablar. Lo siguiente que vimos fue a Mai saliendo de ahí furibunda y, para sorpresa del personal, con lágrimas en los ojos. Desde entonces no habían intercambiado palabra.
En cuanto a Suki y Sokka, bueno, la idea de la boda seguía adelante y él parecía más animado…Aunque a ratos tenía la sensación de que en cualquier momento, la aparente calma que lo envolvía caería como una máscara y se rompería en mil pedazos, dejando a un Sokka atormentado por la culpabilidad. Me encantaría ayudarle pero…Ni podía ni debía.
Suspiré en profundidad, saciando mis pulmones.
Yo mismo me acabo de pelear con un general de ahí adentro.
¿En serio? Habrá tenido que decir algo muy gordo para conseguir hacerte enfadar justo a ti…
Ya te digo- afirmé yo, tras lo cual le sonreí suavemente- Claro que a eso hay que añadir lo susceptible que estoy desde que Ozai se escapó…Me estoy poniendo paranoico histérico y- paré en seco, pegando un respingo- ¡Ay Dios!
¿Qué?- preguntó la maestra agua, alarmada. La miré a los ojos con pánico.
¡Me estoy volviendo un clon de Zuko! ¡Socorro!
Katara parpadeó dos veces y luego se echó a reír, igual que yo.
Estás loco…
Necesito hacer locuras- constaté yo, dibujando una sonrisa traviesa- ¿Por qué no nos escapamos tu y yo?
¿Escaparnos?
Tú y yo…Bueno con Appa y Mommo…Así tendremos compañía.
Katara hizo una mueca de desaprobación.
No es el momento más indicado para tomar unas vacaciones. Nos necesitan aquí.
Lo que imaginaba- gruñí yo- Voy a tener que secuestrarte.
Mi novia sonrió suavemente y me besó la punta de la nariz.
Te necesitan…
Lo sé…Pero me siento perdido- oculté el rostro en su cuello, buscando cobijo.- ¿A quien tiene que recurrir el aconsejador cuando necesita un consejo?
Hmm…- Katara se lo pensó unos segundos.- Quizás a si mismo…
Yo mismo no me ayudo mucho- repliqué mirándola extrañado. Ella aumentó su sonrisa, misteriosa.
¿Por qué no hablas con Roku?
Algo hizo contacto en mi cerebro al oír aquella frase. Dejé la boca abierta, maravillado. ¡Pues claro! ¿Por qué no se me había ocurrido antes? ¡Roku! ¡Él siempre lo sabe todo! Y muy posiblemente, no solo me ayudase con lo de Ozai, sino también con esa infernal canción y con el espíritu. ¡Era perfecto!
Esbocé una sonrisa entusiasta mientras me ponía en pie, llevando a Katara en plan marcha nupcial.
Nena, eres increíble… - la alabé yo besando su frente. La dejé en el suelo con delicadeza y bajé las escaleras a tropel, emocionado- Ahora solo tengo que encontrar un sitio tranquilo para meditar y…
Puedes hacerlo aquí mismo- murmuró ella, que me observaba con una sonrisa.- El patio parece un sitio tranquilo.
Asentí, dejándome caer en la hierba con las piernas cruzadas. Sabía que para entrar en el mundo de los espíritus tenía que calmar mi efusividad, así que tomé aire profundamente y lo dejé ir, cerrando los ojos y juntando los puños. Pero apenas pasaron 10 segundos cuando sentí erizarse mi vello corporal.
Emmm…Katara…
¿Si?
No te ofendas, amor, pero siento tu mirada de búho clavada en mi nuca y así no hay quien se concentre.
Ella dejó escapar una harmoniosa risita.
Perdón…Si quieres me voy.
Por favor…y intenta que nadie venga a molestarme.
De acuerdo.
Al pasar por mi lado su mano rozó mi rostro, cosa que me robó gran parte de mi concentración. Tuve que centrarme seriamente durante varios minutos, pero finalmente, me sentí abandonar poco a poco mi cuerpo. La brisa, el olor a hierba, el calor del sol…Todo fue desapareciendo paulatinamente.
Abrí los ojos con lentitud. Ya no estaba en el palacio del Señor del Fuego, eso seguro. Me quedé atónito al encontrarme en medio de un bosque, en donde parecía estar poniéndose el alba, pintando todo el cielo de color naranja pálido.
Los árboles que me rodeaban, altos, delgados y retorcidos, tenían una particularidad. Sus hojas relucían brillando incandescentemente, como si estudien cubiertas de oro puro.
Eso era lo malo del mundo de los espíritus: Podía entrar, pero nunca podía elegir por donde…
Caminé por el suelo hecho de hierba seca, amarillenta, la cual crujió bajo mis pies provocándome un estremecimiento. Todo estaba antinaturalmente silencioso. Nada, nada hacia ruido aparte de yo.
Justo cuando giré mi cabeza a la izquierda, pude distinguir la figura de lo que parecía ser una especie de loro, encaramado en una rama, cantando sin sonido. Me acerqué a él, sonriendo cortésmente.
Hola…
¡Hola! ¡Hola!- repitió él. Solté una risita.
Que gracioso… ¿Oye, no habrás visto por casualidad el Avatar por aquí, no?
¡Avatar! ¡Avatar!- me señaló a mí.
No, no me refiero a mi…Busco a Roku ¿Le conoces? Mayor, alto, barba blanca, porte elegante…- le fui indicando haciendo gestos.
¡Roku! ¡Roku!- graznó señalándome con el ala de nuevo.
No, yo soy Aang y…
Creo que se refiere a mi- intervino una voz haciéndome dar un bote de 360 grados.
¡Roku!- observé a mi anterior vida con los ojos salidos de las cuencas.- No vuelvas a aparecer por la espalda sin avisar… ¿Quieres matarme de un infarto?
Perdón- se disculpó amablemente.
Tengo que hablar contigo- intervine de inmediato, sin poder evitar la urgencia en mi voz.
Que curioso…Yo iba a decirte lo mismo.
Alcé las cejas, enderezándome.
¿Ah sí? Bueno, de todas formas lo que yo tengo que decirte seguro que es más importante.
Lo dudo…
No lo hagas- aspiré todo el aire que pude y solté de carrerilla:- El Señor del Fuego Ozai se escapó ya hace dos semanas, con la ayuda de un espíritu llamado Zhoe que me odia, porque según ella le hice algo terrible, aunque sinceramente no lo recuerdo. Para colmo, le ha enseñado una canción a Azula y, si la he entendido bien, habla sobre adueñarse de mis poderes la noche de las dos lunas, cosa que ni siquiera sé que es…
El final de la última lo dije con un hilo de voz al quedarme sin aire en los pulmones. Roku alzó una ceja, perplejo.
Vaya…Veo que sí que tienes problemas- se acarició la barba, meditabundo- A ver, vamos por partes. ¿Qué es lo más urgente?
Yo diría que todo…
¿Y si nos ponemos a elegir…?- me invitó a seguir él. Lo pensé momentáneamente, y enseguida tuve la respuesta. Lo más urgente era lo que hacia peligrar a mi Katara…
Zhoe- declaré con contundencia.
¿Y puedo saber quien es?
Me encogí de hombros.
Ni idea…Creí que tu lo sabrías. Como yo no la recuerdo he supuesto que me conoce de una vida anterior…- me pasé las manos por la frente, invadido por la preocupación de nuevo- Oh, Roku, es terrible. Ha conseguido poseer a gente de mi mundo…Ha destrozado una presa…Ha intentado asesinar a un amigo mío y, en una zona espiritual, ya es capaz de materializarse de forma que la puedan ver los otros seres humanos.
Que casualidad. De eso mismo quería hablarte yo…
Oh…Eres un hombre de mundo- titubeé desprevino. Fruncí el ceño confuso- ¿Qué quieres decir exactamente?
Pues que estaba buscando la forma de contactar contigo para prevenirte…
¿De que?
He detectado una brecha temporal en el templo del aire del oeste…
Ah… - me quedé de piedra- ¿Y en cristiano?
Oh perdón- soltó una risita, divertido.- Se me olvidaba que aun eres novato en estas cosas-hice una mueca- Deja que te ilustre. Una brecha temporal es una especie de ¿Cómo decirlo? Como un agujero negro que aparece en la tierra muy de tanto en tanto…Este agujero es como un trozo de masa terrestre destripada y conectada al mundo de los espíritus.
Desencajé la mandíbula, atónito.
Estas diciendo que es… ¿Una entrada directa al mundo de los espíritus?- me alarmé yo.
Exactamente…Y deberías ir allá y sellarla…Cosa que solo se puede hacer desde dentro.
Me quedé con el ceño fruncido, pensativo.
¿Crees que…? ¿Crees que es posible que Zhoe se haya escapado por ahí?
Muy probablemente.
OH, esto es genial…- gruñí cruzándome de brazos. Lo que me faltaba, más trabajo- Y ¿Respecto a la canción?
¿Qué canción?
Una sobre el Avatar…Sobre la posibilidad de que otra persona adopte mis…nuestros poderes- me corregí con rapidez.
Vaya…Tiene pinta de ser una especie de profecía- Roku parecía preocupado. Y lo que le preocupara a Roku, a mí el doble. – Pero lo cierto es que no tenía conocimiento sobre ninguna canción nuestra, Aang…
¿Y que se supone que hago?
Investiga. Indaga. Busca a alguien que la descifre…
Dicho así suena fácil- me burlé yo. Roku me sonrió paternalmente.
Piensa que ahora, lo principal, es que vayas a cerrar la brecha…Si ese espíritu del que hablas se escapado de ahí, también pueden hacerlo otros.
A mandar…Y Ozai…
Te puedes encargar de él, Aang…Ya lo hiciste una vez, y con excelentes resultados, permíteme añadir.
Gracias- murmuré halagado.
Vete ya. Creo que te van a reclamar pronto- murmuró con amabilidad.
¿Cómo sabes eso?- pregunté confuso. Roku sonrió de esa forma tan amena y misteriosa…
Nos veremos pronto…
Y apenas se acabó esa frase y el loro de la rama levantó repentinamente el vuelo, removiendo las hojas doradas que me cegaron con su brillo, obligándome a cerrar los ojos.
Entonces, sentí un punzante e inesperado dolor en las mejillas. Elevé los parpados, encontrándome con Toph delante de mí, exageradamente cerca. Sus dedos pellizcaban espiralmente mis pómulos. De inmediato solté un grito ahogado, no se si por el sobresalto o por el dolor. Intentando recular, me caí hacia atrás sobre la hierba.
¡Ay! ¡Toph!- la regañé molesto, llevándome las manos a la cara.- ¿Se puede saber que haces?
Me aburría…- murmuró encogiéndose despreocupadamente de hombros.- Además en interesante presenciar tu trance… Se te puede hacer de todo y no te quejas…
Gruñí, incorporándome de nuevo. Me sorprendí al encontrar a Zuko, Suki, Sokka y Katara también observándome.
¿Será posible...?- suspiré poniéndome en pie.
Pues ya puedes dar las gracias de haber despertado, porque yo estaba a punto de hacer un experimento…Y solo te diré que se relacionaba con tu cara y el pintalabios de Suki- comentó Sokka resueltamente- El resto imagínatelo.
Hice una mueca.
Lo siento, Aang, no he podido detenerlos- se disculpó Katara juntando las manos como si rezara- ¿Qué tal te ha ido con Roku?
Bueno…En realidad esta vez no me ha sido mucho de ayuda…Para ser sincero, me ha dado más problemas que soluciones.
¿Qué problemas?- quiso saber Zuko.
Pues de tipo espiritual…Hablando de problemas ¿Ya sen ido los mandatarios?
No muy contentos, pero…Sí.
Bien. Entonces yo también puedo irme…
Decidido, les esquivé y empecé a caminar escaleras arriba, para reunirme con Appa que estaba en el patio principal.
¡Aang! ¡Espera! ¿Adónde vas?- preguntó Suki. Todos habían empezado a seguirme.
Al templo del aire del oeste…Tengo trabajo ahí.
Dirás que tenemos…- me corrigió Katara. Sin dejar de andar me giré a mirarla, torciendo el gesto.
Mira, como sé que es inútil que te pida que te quedes- ella asintió enérgicamente- voy a saltarme esa parte- les miré a todos- ¿Quién se apunta?
¡Y quien no!- se burló Toph.
Esta vez yo también vengo- intervino Zuko.
¿Y eso?- me alegre yo.
Si hay un tema que preocupa al Avatar, también me concierne a mí…Amén de que no pienso quedarme a solas con Mai ni harto de vino.
Todos nos echamos a reír al unísono al oír aquello.
Tal y como yo recordaba, el templo del aire del oeste estaba bastante cercano a la Nación del Fuego, así que el viaje se hizo breve. De inmediato, nos internamos en los retorcidos laberintos de piedra blanca y gastada, bordeados por precipicios, adornados con colosales estatuas de los monjes del aire y con edificios boca abajo desafiando descaradamente la gravedad.
¿Podrías repetir exactamente lo que estamos buscando?- cuestionó Sokka por quinta vez, mirando a su alrededor. Me encogí de hombros.
Cualquier cosa que os parezca…No sé, extraña.
¿Qué tal Katara?- propuso Toph. Mi novia soltó un gruñido y yo apreté los labios para no reírme.
Hmm…No. Algo un tanto más raro…
¿Su hermano?- volvió a proponer la maestra tierra. Esta vez sí que reí al ver la mueca que hacia Sokka.
Eso es bastante raro, sí…Pero no lo suficiente.
Entonces esto seguro que sí lo es- la voz de Zuko sonó impropiamente ahogada, cosa que nos llamó la atención a todos.
Avanzamos tímidamente hasta donde estaba y…no pude contener el jadeo de asombro y terror. Ninguno pudimos…
Delante nuestro, había algo indescriptible, extraordinario, tenebroso…En el aire se había dibujado una especie de brecha…Era como una cicatriz en forma de rayo flotando delante nuestro, del tamaño de una persona, de un negro intenso sin igual que parecía no tener fondo alguno. Lo único que se distinguía en su interior eran unos puntos luminosos, efímeros, diminutos, que supuse que eran bucles de energía.
Nos quedamos catatónicos, con la boca abierta como una panda de imbéciles, observando el intimidador espectáculo sin ser capaces de movernos un ápice.
¡Eh! ¿Qué os pasa?- preguntó Toph de mal humor.
Carai es…Francamente raro- Sokka alargó una mano hacia la brecha temporal, pero le detuve de inmediato.
¡No te acerques! No os acerquéis ninguno…- mandé con seriedad.- Esto parece más grave de lo que pensaba.
¿Y que se supone que vas a hacer con…eso?- cuestionó Suki, aferrándose al brazo de su prometido.
Emm…Pues me figuro que tendré que cerrarlo. Desde dentro, según me ha dicho Roku.
¿Vas a entrar?- se alarmó Katara.
¿Entrar a donde?- gruñó Toph, que no se enteraba de nada. Claro esa cosa no tocaba el suelo…Dudaba hasta de que estuviese hecha de materia…
No me pasará nada- la tranquilicé yo, con una sonrisa- Tengo práctica en estas cosas. Pero sobretodo quedaos donde…
Bueno, esta claro que aquí todos ignorar a la ciega- me interrumpió la maestra tierra dándome un empujón para pasar por delante de mí.
Apenas tuve tiempo de jadear por el horror.
¡Toph! ¡No! – alargué un brazo hacia ella, intentando cogerla…Pero fue irremediablemente tarde.
Tropezó de espaldas y, soltando un agudo chillido, su cuerpo se desplomó hacia atrás, siendo absorbida por la brecha...Vi, con el corazón encogido de pánico, como el cuerpo de mi amiga desaparecía en la negrura. Había cruzado.
