Durante los últimos seis meses, cinco clínicas de cuidado del cabello, ubicadas por todo el país, se habían incendiado misteriosamente, y todas eran de la misma empresa. Tenían un seguro con Mutual, pero la compañía se negaba a pagar, porque las cosas no estaban muy claras. Media hora después, ya más calmada, llamó a su secretaria y le pidió:
Ginny: Mary, si ves a Dean, discúlpame con él por haberle gritado, y si no es mucha molestia, ¿podrías traerme un café?
Sabía que su reacción al ver el artículo había sido exagerada. Si pensaba seguir viendo a Harry, tendría que acostumbrarse a esa clase de reportajes de la prensa, pero de cualquier forma le parecía de mal gusto.
Tal vez, el sábado, la elección del restaurante no había sido afortunada. Era famoso por ser uno de los favoritos, y sin duda, algún periodista, aburrido después de una infructuosa espera delante del restaurante, sacó la fotografía de Harry y ella, pensando que eso era mejor que nada. Ginny alzó la vista cuando se abrió la puerta de su despacho y entró Mary, con el café, mirándola con expresión sonriente.
Mary: Vamos, cuéntamelo todo. ¿Potter es como dicen?
Ginny: Tú no, Mary, por favor
Ginny bebió un sorbo de café y miró a su secretaria
Ginny: De acuerdo. Para evitar los rumores y las exageraciones en la oficina, sí, conozco a Harry desde hace mucho tiempo, y sólo somos buenos amigos. ¿Me has entendido?
Mary: Sí, lo que tú digas (la miró maliciosamente y añadió)A propósito, Hermione llamó y preguntó si podrías llamarla después de la una.
Ginny siguió trabajando, comió sólo dos sandwiches en el comedor de los empleados y cuando terminó llamó a Hermione. Sin duda, su amiga había visto el mismo periódico y quería saberlo todo. Pero no era así.
Hermione: Hola! Escucha, Ginny, no puedo hablar ahora, porque tengo prisa, pero el miércoles voy a Londres. ¿Podríamos vernos para comer juntas?
Ginny aceptó. Quedaron en el lugar y la hora y luego dedicó el resto de la tarde a estudiar el caso. A las cuatro, un sorprendente suceso la obligó a cambiar sus planes para la semana. La llamaron de Manchester, de la oficina matriz de las clínicas, para informarle de que el sábado por la noche se había incendiado una planta embotelladora de su propiedad. Ginny decidió que se requería una acción drástica, y después de consultar con el señor Brown, su superior inmediato, quedó convenido que la chica viajara al noroeste tan pronto como pudiera.
Cuando salió de su despacho esa noche, las palabras del señor Brown resonaban en su mente: «No regreses hasta que hayas resuelto el caso, Ginny». Después de consultar su agenda, vio que lo más pronto que podría salir era el jueves. ¿Y qué sucedería con su relación con Harry? Tal vez para entonces él hubiera regresado y ella estaría en Manchester.
Para las once de la noche, el optimismo de Ginny de que quizá esta vez podría llevar una relación adulta con Harry se había desvanecido por completo. Esperó a un lado del teléfono, y cuando dieron las doce se fue a la cama y se dijo que era una tonta.
Se había expuesto a la prensa, había arriesgado su reputación en los negocios y había estado a punto de permitir que Harry le hiciera el amor de nuevo. Y todo para nada. Era evidente que no significaba nada para él, y su promesa de llamarla había sido una mentira. Se cubrió con el edredón y apretó los ojos para contener las lágrimas. Diez años antes se había prometido que no volvería a llorar por Harry y hasta ahora había cumplido su juramento. No iba a llorar ahora, se dijo, pero sintió una lágrima entre las pestañas. La seco con brusquedad y se dijo que era una estúpida.
De pronto, sonó el teléfono, paro y en su prisa por contestar, tiró al suelo el despertador.
Harry: Ginny, soy Harry
Su voz sonó tan clara como si estuviera a su lado, y ella sintió los latidos de su corazón.
Ginny: Sabes qué hora es? (le preguntó, cuando al fin logró hablar) Es casi la una de la mañana y hoy he aparecido en los periódicos... igual que tú(dijo a toda prisa, sin poder detenerse)Yo no ...
Harry: Ginny, tranquilízate y olvídate de los periódicos, eso no tiene importancia (la interrumpió, y luego se disculpó en un tono más suave) Lo siento, olvidé la diferencia de horarios. En California son las 4 de la tarde
Ginny: Pues aquí es ya muy noche y ya estoy en la cama.
Harry: Espero que estés sola y que me eches de menos.
Ginny :Por supuesto que estoy sola, y en cuanto a echarte de menos (estuvo a punto de decirle que sí, pero se corrigió) tal vez.
Harry: Supongo que debo contentarme por saber que estás sola y con ese «tal vez»(respondió él en tono satisfecho) Pero me está matando la frustración al recordar lo que estuvo a punto de suceder anoche. Unos minutos más y habrías sido mía de nuevo, quisiera estar ahora a tu lado.
Ginny: Estaríamos muy apretados (se burló, y pensó «debes mantener un tono ligero») Mi cama es individual.
Harry: Estoy seguro de que si te colocara debajo de mí estaríamos muy bien
Murmuró él en tono sensual. Ginny experimentó en el estómago una punzada de deseo tan intensa que dejó escapar un gemido y Harry reconoció el sonido.
Harry: No hagas eso, Ginny, no cuando estoy a un mundo de distancia y no puedo cubrir tu boca con la mía para callar esos sonidos.
Ginny: Harry, por favor...
Harry: Te prometo que te complaceré
Le prometió con voz ronca, y luego le explicó con todo lujo de detalles exactamente de qué forma lo haría... De pronto, el caluroso edredón fue demasiado para su sensible piel y lo apartó.
Ginny: No creo que sea adecuado que me digas todas esas cosas por teléfono(fue todo lo que logró decir)
Harry: Vas a representar el papel de señorita recatada, Ginny? Sin embargo, tengo un vivido recuerdo de ti, recostada desnuda en una cama, con el pelo dorado.
Ginny: Harry, ya basta (gimió, porque sus palabras la excitaban a pesar de que él se encontraba a miles de kilómetros de distancia)
Una triunfante risa masculina fue la respuesta a su petición.
Harry: Tal vez tengas razón. Te estoy hablando desde un teléfono público en un restaurante. Si sigo así, me resultará muy difícil salir de aquí durante la próxima media hora.
Ginny: Te lo mereces por hablar así(se burló)
Harry: Hablar es lo único que podremos hacer durante los próximos días, ¿no pensarás privar a un hombre de un placer indirecto, verdad?(le preguntó, irónico)
Un impulso malicioso la hizo responder con voz ronca:
Ginny: No me gustaría verte privado de nada (pronunció lentamente la última palabra)
Harry: Ginny, ¿qué tratas de hacerme? Hablemos en serio un momento; de lo contrario, tendré que pasar aquí el resto del día.
Ginny se echó a reír y se recostó mientras escuchaba la descripción que le hacía Harry de los acontecimientos. Por lo visto, el barco no había sufrido daños muy serios y se dirigía al puerto más cercano, en una pequeña isla en el Pacífico. Harry aún debía resolver algunos asuntos pendientes, pero esperaba regresar el viernes.
Ginny: Pero debo ir a Manchester el jueves y no sé cuánto tiempo me quedaré ahí (le informó y le habló brevemente del caso en el que trabajaba)
Harry: No te preocupes, ya pensaremos algo, te llamaré el miércoles por la noche
Cuando cortaron la comunicación, Ginny se sentía flotar sobre una nube, pero media hora después, aún despierta, se reprendió por ser una tonta. Harry quería llevarla a la cama, nada más... y sería mejor que ella lo recordara si no quería resultar herida. Ginny aún trataba de decirse que debía mantener los pies sobre la tierra y que sólo era una aventura entre adultos, cuando entró en el restaurante, el miércoles, para reunirse con Hermione.
Hermione: Debo hacerte una reverencia... puesto que te has convertido en una celebridad? (sonriente, Hermione se puso de pie cuando Ginny se acercó)
Ginny: No seas tonta
Hermione: Mientras tú no lo seas (respondió Hermione, y la miró con fijeza)S é que te dije que deberías encontrar un hombre, ¡pero Harry Potter! Ron me enseñó el periódico con tu fotografía en la columna de chismes. Yo no esperaba que te lanzaras a fondo... ¿estás segura de que podrás controlar la situación? Sé que ya lo conocías y es obvio que esa relación no dio resultado, de manera que...
Ginny no respondió de inmediato y llamó con un gesto al mesero.
Ginny: Tú ya pediste, Hermione?
Hermione: No, pediré lo mismo que tú... y no cambies de tema.
Ginny: De acuerdo
Ginny se resignó a revelarle a su amiga por lo menos parte de la verdad
Ginny: Conocí a Harry en playa hace diez años. Tuvimos un romance de vacaciones, nada más. Yo regresé a casa, entré en la universidad y jamás volví a verlo hasta el día de tu fiesta. Desde entonces, he salido con él varias veces, eso es todo.
Hermione: Ya veo. Eso explica muchas cosas. ¿Así que sigues viéndolo? Después de todo, hace dos semanas que volviste... un récord para ti, Ginny.
Ginny: El ha tenido que ir a California... por un asunto urgente... pero sí, estamos en contacto
Ginny hizo una mueca y no resistió la tentación de burlarse de su amiga
Ginny: A sí que el buda es mío, Hermione (no lo aceptaría aunque ganara, pero haría sufrir un poco a su amiga) En cuanto a Harry, me llamó el lunes y volverá a hacerlo esta noche. Y sí, regresará pronto. ¿Satisfecha? Ahora, ya podemos comer!
Hermione: Eres muy afortunada
Fue el único comentario de Hermione, y durante el resto de la comida platicaron de cosas triviales. Cuando salían del restaurante, Hermione le mencionó a Ginny que no olvidara las carreras en Cheltenham la semana siguiente.
Ginny: Quieres convertirme en una jugadora empedernida? Primero esa apuesta por el buda y ahora un día en las carreras...
Durante la comida, Hermione le había comentado que el banco en donde trabajaba Ron había reservado un palco para la Copa de Oro de Cheltenham y la había pensado en Ginny, ya que en el grupo faltaban mujeres.
Hermione: Tómate un día libre, eso te hará bien, y si sigues viendo a Harry dos semanas más, el premio será tuyo.
Ginny: Oh, no sé si podré soportarlo tanto tiempo(respondió, echándose a reír, y aún sonreía cuando regresó a la oficina. Pero su buen humor la abandonó cuando Harry la llamó esa noche)
Harry: Lo siento, Ginny, pero no podré regresar antes de una semana, por lo menos.
Ginny: No dijiste que todo se arreglaría mañana? Después de eso, ya no tendrás por qué preocuparte (lo admiraba por hacerse cargo de una pequeña parte de sus negocios, pero ansiaba su regreso)
Harry: Sí, lo sé, pero no sabía que una prima de mi mama viaja en el barco... es una anciana que no goza de buena salud, y le prometí a mi papa que iría a la isla para llevarla de regreso a Grecia.
Ginny: Debes de tener una familia numerosa, lo digo por la fiesta en el Ritz.
Harry: Sí (la voz profunda se hizo más ronca) y durante las dos últimas semanas he experimentado un extraño deseo de aumentarla.
Ginny se quedó sin aliento. ¿Habría oído bien? No se atrevía a creerlo, pero tampoco podía acallar la esperanza que florecía en su corazón. No podía responder y apretó con fuerza teléfono. ¿Estaría sugiriendo él un compromiso? Pero Harry interrumpió sus divagaciones al añadir
Harry: Sin embargo, estoy luchando contra eso; recuerdo a los gemelos de Ron y la idea desaparece. Pero ya basta de estar hablando de mí. ¿Cuándo puedo volver a llamarte?
Ella le dio el nombre del hotel en donde se quedaría en Manchester, y mucho después de colgar aún seguía pensando en el sorprendente comentario de Harry y en su rápida retractación. Sería una tonta si le concediera importancia. Ni siquiera sentía afecto por ella, se recordó. Sólo era sexo, una atracción física, nada más; y mientras ella aceptara su relación con los ojos muy abiertos, Harry no podría herirla.
Los ocho días siguientes le parecieron a Ginny los más largos de su vida. Su viaje a Manchester fue un éxito. Después de pasar cuatro días estudiando los informes y las entrevistas, ya tenía al culpable, el descubrimiento le hizo reír mucho... Cuando Harry la llamó el jueves, el caso estaba cerrado y le habló de ello.
Harry: Por lo visto, te sientes muy feliz sin mí(cortante) Espero que te estés portando bien.
Ginny: Así es (no pudo contener la risa) Recuerdas el caso en el que estuve trabajando, el de la cadena de clínicas de cuidado del cabello y luego la planta embotelladora? Pues bien, jamás adivinarías quién incendió todos los locales.
Harry: No dudo de que, con el talento que heredaste de tu padre para desenterrar la basura, tú me lo dirás. ¿Pero no es lo más común que el propietario sea el culpable?
Ginny: No en este caso. Fue un atractivo joven que, por desgracia, padecía calvicie prematura. Durante tres años fue cliente de una de las clínicas. Resultó que estaba tan furioso porque ninguno de los tratamientos le dio resultado, que decidió destruir sistemáticamente toda la compañía, incendiando las clínicas.
Harry: Ginny, me haces tanto bien (rió) Siempre puedo contar contigo para que me levantes el ánimo. Cuídate. Te veré el sábado a las siete, si no es antes.
Por desgracia, ella no podía contar con Harry para que le levantara el ánimo, pensó entristecida cuando colgó. Su comentario desdeñoso acerca de su talento para «desenterrar la basura», no le había dejado la menor duda. Harry podía desear temporalmente su cuerpo, pero la opinión que tenía de ella como persona era detestable. Era un amante experto y elegante y ella lo deseaba. Esa noche, acostada en su cama, no podía dormir por el dolor físico de la frustración. Pero en el fondo de su corazón, sabía que una relación tan física como la que Harry tenía en mente no sería buena para ella.
Ginny: Vamos, Fredsaid, date prisa...
El caballo, con el jockey que lucía los colores azul y blanco de un jeque árabe, cruzó la meta con medio cuerpo de ventaja sobre su rival más cercano—.
Ginny: Gane, gane! (exclamó entusiasmada, se abrió paso entre la multitud hasta donde estaba Hermione y le preguntó)
Ginny: Quieres que te diga algo?
Hermione: Volviste a ganar (gimió Hermione con fingido horror)
Ginny: Según mis cálculos, mil dólares...
Hermione: Tendrás que decirme tu secreto. Es la cuarta vez que ganas en el día de hoy y yo no he ganado nada.
Ginny: Es cuestión de suerte (se echó a reír al ver la expresión desolada de Hermione y luego se apartó el pelo de la cara)
Harry: Ya sabes lo que dicen, afortunada en el juego, desafortunada en el amor (comentó burlona una voz profunda a su espalda, y Ginny sintió que el corazón le daba un vuelco. Hermione se alejó discretamente, y cuando Ginny volteo, vio la distinguida figura de Harry muy cerca de ella)
Estaba magnífico con un traje gris claro y una camisa blanca. La miró de la cabeza a los pies y luego añadió
Harry: Pero si juegas bien tus cartas, podrías obtener las dos cosas.
Ginny: Qué dices...? ¿Cómo...? (la sorpresa de ver a Harry hizo que su inteligencia la abandonara. Sintió sus manos cálidas en los brazos, acercándola a él. Lo miró en silencio y vio algo en sus ojos, iba a besarla. Estaban rodeados por una multitud)
Ginny: Aquí no
Harry: Te sentirías insultada si no lo hiciera
Se burló, e inclinando la cabeza, la besó en los labios. Ginny sintió el apresurado latido de su corazón. La lengua de él invadió su boca y ya no pudo pensar... Harry fue el primero en recobrar la compostura, y con una sonrisa de satisfacción, la miró a los ojos y comentó con suavidad:
Harry: Aún me deseas, Ginny, pero ten paciencia. Tengo que ver la última carrera y después te llevaré a tu casa.
Ella habría negado esa arrogante suposición de que sería suya cuando él quisiera, pero su cuerpo ya la había traicionado. Trató de recuperar el control y retrocedió.
Ginny: Aún no me has dicho por qué estás aquí
Harry: Ron me invito, pero no esperaba regresar a tiempo. Sin embargo, llegué hace un par de horas, y puesto que uno de mis caballos corre en la última carrera, pensé que sería mejor venir a recibir personalmente el trofeo
Le explicó Harry con arrogancia y agarro una copa de champán que le ofrecía un camarero. Harry no había venido por ella. Ginny se alegró de que él no viera el destello de decepción en su rostro cuando se volvió hacia ella y bebió champán
Ginny: No sabía que tenías caballos de carreras (comentó con frialdad) Y no te anticipas un poco?(alzó una ceja, burlona)Hay otros siete caballos en la carrera(se sintió orgullosa de su respuesta, aunque en su interior ardía de excitación)
Harry: Por supuesto que no, Ginny. ¿Aún no lo sabes? Yo siempre gano
La miró a los ojos y ella tuvo la extraña impresión de que en ese comentario había una advertencia, pero cuando él siguió hablando, apartó de su mente ese pensamiento perturbador, seducida por el tono de su voz
Harry: Hice que enviaran a Leyenda Griega de mis cuadras en Francia específicamente para esta carrera. Es uno de mis mejores caballos, de manera que sigue mi consejo y apuesta a que será el ganador.
Ginny miró la tarjeta de las apuestas que tenía en la mano y vio el número tres, Leyenda Griega, con el nombre del propietario, Potter, a un lado. Pero un perverso instinto de independencia la hizo decir:
Ginny: No lo sé, Harry. Creo que me inclino más por Royal Speedmaster.
Harry: Es broma verdad, ¿por qué lo prefieres? Sólo ha ganado una vez en dos años.
Ginny: Bueno, la reina madre patrocina esta carrera.
Harry: Y por esa razón lo has elegido? (se echó a reír) Ginny, creo que nunca serás una buena jugadora. Pero puedes ganar si haces lo que te digo.
Ginny: Para tu información (rió) ya he ganado una considerable suma de dinero en el día de hoy.
Harry dejó su copa sobre la mesa y la agarro de la mano.
Harry: Bien, como quieras, no pienso interponerme entre una mujer y su intuición (declaró con cinismo, y contempló su rostro sonriente) Pero te lo advierto (la acercó a él y la estrechó contra su pecho) No vas a ganar.
Ginny dejó de sonreír, lo miró a los ojos y un inexplicable estremecimiento de temor le recorrió la espalda.
Ginny: Cómo puedes estar tan seguro? (le preguntó, y vio en sus ojos verdes un destello peligroso)
Harry: Porque yo siempre gano, Ginny...
Cautivada, por el deseo que reconocía en los ojos de Harry, Ginny sintió que el estremecimiento se convertía en un hormigueo. Era un hombre duro como el acero, el más rudo que conocía, pero un profundo instinto femenino le decía que Harry sentía lo mismo que ella.
Las palabras que había pronunciado tal vez fueran ciertas, pero eran algo secundario comparado con la tensión que los rodeaba.
Harry: Y también porque soy un genio (añadió él en tono más áspero, y como si le afectara la tensión entre ellos, la soltó)
Ginny: Y además, modesto (murmuró, sarcástica)
Harry: Por supuesto (sonrió, burlón, y después de estudiar con una mirada las curvas femeninas, realzadas por la camisa de cuello alto y la falda ceñida, añadió) Y tú estás lo bastante poco modesta por los dos con esa ropa (deslizó un brazo alrededor de su cintura) El lazo del cuello se te ha aflojado. No sé cómo un conjunto de un diseño tan masculino puede parecer tan femenino, para mí es uno de los misterios de la vida.
Ginny: Bueno, las mujeres necesitamos algunos secretos
Harry: Y creo que tú tienes más que la mayoría.
Hasta pronto. Y creo que ya mero viene su final.
Pronto actualizare, NayPotter :)
