Capitulo 11.
Era una pesadilla.
Tenia que serlo. No podía estar pasando de verdad.
Pero por más que Sam deseara lo contrario, ahí estaban. Se encontraban en Wibaux, Montana, casi a las afueras de la ciudad. El panorama que tenía ante él, era dantesco, una muy mala y cruel broma.
Dean estaba frente a la que iba a ser la última iglesia, con el párroco temblando de miedo delante suya, en un vano intento de proteger a dos niños de no más de trece años.
Lucifer estaba tras él, sujetando a Sam para evitar que escapara o que Dean hiciera algún movimiento extraño.
- Mátalo, Dean. – susurro Lucifer. – Mátalo o mato a tu hermano.
Sin duda alguna, tenia que ser una mala pesadilla.
Dean bajo la mirada al cuchillo que traía en su mano, con expresión indescifrable. El cura se estremeció, retrocediendo y rezando a su dios, sin saber que eso no le iba a ayudar de nada. No iba a salvarle.
El Winchester mayor alzo la mirada, mirándole un segundo. Sus ojos debieron brillar con algo que hizo al párroco temblar aun más y caer de rodillas en el suelo, rezando con más ahínco.
- ¡Dean! ¡Detente! – el grito de Sam no sirvió de nada. Su hermano empuñó el cuchillo con más fuerza, dispuesto a matar al hombre que tenia delante de él. Esto tenía que acabar.
"O acaba sangriento o acaba triste…"
Las palabras que no hacia mucho le dijera su hermano volvieron a su mente de repente, golpeándole, dejándole paralizado.
Cuando Dean le dijo eso ya estaba convencido de que no iban a terminar bien. ¿Cuánto tiempo hacia que había perdido la esperanza? ¿Cuánto tiempo llevaba la sombra de Lucifer planeando sobre su hermano? No… si Dean no tenía fe, él la tendría por los dos. Y tendría que escucharle, quisiera o no.
- ¡Dean! ¡No! – fue un grito desesperado.
Se miraron por lo que les pareció siglos, aunque no fueran mas que unos segundos. Y Dean oyó algo más que un simple no. Fue un "no, no lo hagas.", "no, no me dejes.", "no, no le des el gusto.", "NO, TU NO.".
Vio a Sam forcejear por liberarse del agarre de Lucifer, que lo mantenía sujeto como si el pequeño no midiera casi dos metros y tuviera la fuerza de dos hombres. Como si sujetara a un chiquillo.
"O acaba sangriento o acaba triste…"
"No tiene porque ser así."
Puto Sam y sus putas esperanzas. Puto hermano pequeño que siempre tenía que convencerle de lo contrario con esa inquebrantable fe suya.
- No voy a hacerlo… - casi se oyó más el ruido metálico del cuchillo chocando contra el suelo que su propia voz. Pero fue lo suficientemente fuerte como para que tanto Lucifer como Sam le escucharan.
- ¿Qué has dicho?
- Que no voy a hacerlo, Lucy. Si quieres el puto Apocalipsis, hazlo tú.
Castiel llego al lugar justo para oír esa frase y lo primero que se le vino a la cabeza fue la expresión mas repetida por Bobby en todo el año que lo conocía.
"Jodidos Winchesters".
Estaban todos locos. Aunque se alegraba infinitamente que Dean se negara a seguir las ordenes de Lucifer y no quisiera ayudarle a desencadenar el Apocalipsis.
Se acerco al grupo, rozando con su mano derecha lo que traía oculto bajo su gabardina. La espada que Uriel usara contra sus hermanos. Lo único que podría destruir a alguien como Lucifer. O al menos, eso esperaba. Con un poco de suerte, no tendría que usar la valiosa información que el viejo cazador le dio antes de salir.
No pudo evitar que un escalofrío recorriera su espalda al ver al demonio retener al pequeño del cuello. Le apretaba tan fuerte que podía oír los huesos crujiendo levemente y los jadeos que se le escapaban por la falta de aire. Dean mantenía una guerra de miradas con Lucifer, en la que ninguno quería ceder.
- Si no le matas, Dean, tu querido hermanito morirá.
- Si lo hago, morirá igualmente. – repuso Dean, sin inmutarse. – Al menos elegiré como debe morir. – avanzo un par de pasos hacia ellos, apretando con fuerza los puños. – Después de cuidarle durante toda su vida, tengo derecho a elegir su muerte.
Castiel trato de acercarse, ocultándose entre los escasos árboles que había en el lugar. Estaba cerca, muy cerca de poder salir y ayudar al cazador. Pero no había contado con los increíblemente sensibles sentidos del demonio. Estupido de él. Pronto se vio atrapado por su poder, aplastado contra un árbol por una fuerza invisible que estaba dejándole sin aliento.
- Nadie te ha dado vela en este entierro, querubín. – rió Lucifer. – Mira lo que Dios manda contra mí. Dos simples humanos y un patético ángel. Eso es todo lo que le importa este mundo. Eso es todo lo que le importa su creación.
Dean le miro. Después de pasar más de un año con esos dos humanos, con esos dos hermanos tan especiales había aprendido algo muy importante. Y era que sus miradas significaban más de lo que parecían a simple vista. Les vio en mil ocasiones mirarse de tal manera que daba la impresión de que se leían la mente.
Por eso ni se inmuto, cuando Dean se acercó a él y le dio un puñetazo en el estomago, pegándosele más de la cuenta.
- Te dije en una ocasión, que si no me ayudabas, no volvieras a buscarme. – Castiel parpadeo, recordando esa frase.
La vez que Dean le dijo esas palabras fue cuando le pidió desesperado ayuda para salvar a Sam. Una diminuta sonrisa se formo en sus labios, entendiendo.
- Y yo creo que te explique muy bien aquella vez porque no debía hacerlo. – Dean se aparto de él. Por un segundo, sus ojos brillaron tan verdes que eran irreales.
- Pues que así sea.
Paso tan rápido que Sam no estaba seguro de si lo había soñado o alucinado o no sabia que. Sino fuera por el dolor intenso del porrazo, estaría seguro de que era su imaginación jugándole una mala pasada.
Vio a Dean pegar a Castiel, gruñirle algo tan bajo que no alcanzo a oírlo y lanzarse luego contra Lucifer, atacándole. El demonio le soltó, haciéndole caer lejos de él para poder defenderse del repentino e inesperado ataque. Y Sam seguía pensando que se había perdido algo.
La cuestión era que cuando quiso darse cuenta, se encontraba tirado en el suelo, dolorido por el fuerte golpe y viendo como su hermano peleaba con Lucifer con una especie de espada.
- ¿Qué coño ha pasado? – pregunto cuando noto a Castiel a su lado, levantándole y alejándole de la pelea.
- Tu hermano ha decidido enfrentarse a Lucifer. – Sam les observo, sorprendido. Lucifer había convocado otra espada y mantenían un ajustado duelo. El pequeño empezó a agradecer mentalmente a su padre por enseñarles a usar todo tipo de armas.
- ¿Qué espada es esa? – Castiel rió por lo bajo.
- La que Uriel uso para matar a los otros ángeles. Me la quede después de que Anna le matara con ella. Pensé que me seria útil.
- ¿Servirá para matar a Lucifer? – pregunto Sam sin apartar la vista del combate. Dean empezaba a perder terreno.
- No tengo ni idea.
- Genial.
Continuara...
