Ultimo capitulo dedicado a:

Sango-Hiraikoutsu:Por fin apareció Tifa…ejeje…pa´darle una buena patada en el ---- a Cloud ¬¬ se lo tiene merecido. Gracias por haber dejado tus lindos comentarios. ^^

Neus:Llego el fin de esta historia XD, y como te dije yo le iba a dar una lección a Cloud…espero te guste ^^. Gracias por haberme seguido en cada capitulo y por tus consejos, me van a servir mucho para el próximo songfic (son un queso para eso, como veras XD).

rukiachan25: Espero te agrade el final, le di su merecido a Cloud… gracias por haber pasado ^^

RainMaccloud:Jejej…bueno los mellizos de Cloud y Tifa ya no están, pero espero te agrade en fin. ^^

Tenshi-aerith: Bueno aquí el fin…por fin…XDvos sos seguidora de Aerith, así que bueno me gustaría mucho tu opinión sobre este capitulo. ^^

Y bueno para todos aquellos que pasaron y no dejaron comentarios (¬¬ se que hubo unos cuantos) tal vez porque fui muuuuuuuuuyyyyyyy dura con Aerith, pero no lo hice por mala, si no para que vean que la muerte es la muerte, nada la detiene y una vez que te atrapa no hay vuelta atrás. (si lo sabré yo u_u )

Bueno ahora si los dejo de joder XD y los dejo leer:

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La horrible difunta descansaba otra vez bajo tierra, pero su imagen atormentadora vivía aun en la imaginación de Cloud. Su vida no era mas que un combate con las atroces imágenes del pasado, y cuanto mas intensos eran sus esfuerzos por conjurar aquellos fantasmas, tanto mas frecuente y vividamente regresaban, como el merodeador nocturno que atraído por un fuego fatuo hacia un pantano, tanto mas profundamente se hunde en esa tumba húmeda cuanto con mas angustia y desesperación pugna por escapar. Su fantasía parecía paralizada para cualquier otra cosa, con excepción de la imagen de Aerith que traía delante de los ojos de su mente, y cada vez que esto ocurría era para el como si ella le recriminara del modo mas desgarrador su indeseable culpa. Ahora veía a la difunta con la herida abierta en el hermoso pecho que manaba sangre; ahora a la adorada novia de su juventud, que le preguntaba: "¿Perturbaste mi sueño eterno para matarme?" y el estaba obligado a despedirse de la difunta y responder a la inquisidora novia: "Te maldigo para siempre", y sus cavilaciones no eran casi otra cosa que una incesante maldición. Y con todo lo atormentaba el miedo de ser capaz de olvidar alguna vez esa maldición, de soñar con Aerith sin recordar las palabras y despertar por la mañana en sus brazos. En otras ocasiones se acordaba de las últimas palabras de la difunta: "¡Conmigo te condenas!", y su imaginación proyectaba el inmenso espacio de una eternidad poblada de horrores.

¿De que modo podría escapar de si mismo? ¿Dónde hallaría un mundo cuya imagen expulsara de su alma aquellas imágenes de espanto? En el tumulto del combate, en el eterno intercambio de victorias y derrotas, de alegrías y lamentos, esperaba encontrar, si no la paz, al menos alivio; pero era en vano. A aquel que jamás había conocido el miedo, ese inmundo monstruo lo capturaba ahora con sus miles de tentáculos: cada gota de sangre que lo salpicaba, le parecía una gota de la helada sangre de Aerith que había corrido por sus manos; cada difunto era semejante a Aerith, lo miraba con ojos vidriosos de victima y le gritaba: "¡Conmigo te condenas!", y nada parecía infundirle mas espanto que la muerte, y ese cobarde miedo termino por forzarlo a abandonar el campo de batalla. Luego de más de un infructuoso peregrinaje, sin haber encontrado sosiego, regreso por fin a su castillo. Todo estaba desolado y muerto, como si un soberano enemigo, o una peste aun mas hostil, hubiera arrasado: los pocos moradores que quedaban, incluso aquellos criados mas viejos y mas fieles, habían huido de su lado, como si el llevara en la frente la marca de Caín. Horrorizado, comprendió que, al trabar unión con la muerte, se había separado de los vivos y que estos ya no lo recibirían más en su círculo.

Con frecuencia, cuando contemplaba melancólico desde las almenas del castillo la devastación en la que por su propia falta de cuidado se hallaban sus tierras, Cloud comparaba el silencio que en ellos reinaba ahora con la alegre actividad que reinaba todo su alrededor, bajo el estricto pero dulce mando de Tifa, y en medio de aquella comparación pronto expresaba para si el anhelo: "¡Oh, si ella volviera!". Sentía en lo profundo de si que ella sola podía reconciliarlo con la vida; ¿cabía sin embargo, esperar el perdón y el regreso de la mujer a la cual había ofendido tan gravemente? Pero la fuerza del deseo venció finalmente el miedo más poderoso. Acudió a Tifa y, cargando sobre sus hombros con todo el peso de la culpa, imploro perdón abrazado a sus rodillas:

-¡Te lo suplico, regresa a mi desdichado hogar para volver a poblarlo con tu alegría!

Tifa acaricio aquella figura que se hallaba a sus pies con los ojos apagados como las huellas del martillo en las estatuas de granito, a aquella pálida sombra de un hombre que era joven aun pero ya no florecía.

-Nunca te he guardado rencor por tu insensatez-dijo amigablemente-, ella solo me a dolido.

-¿Entonces regresaras?-pregunto, tomándola de las manos.

-Lo haré, pero primero dime: ¿Dónde están mis hijos?

-Están muertos-respondió Cloud desfalleciente.

-Entonces vete-dijo Tifa soltándose de él-. No necesitas mi perdón, pues nunca he de guardar rencor a un hombre, si debo también condenarlo; sin embargo, desde hoy un pacto ha dejado de regir entre tú y yo: estaremos para siempre separados.

En vano suplico Cloud, en vano le imploro que no lo dejara hundirse en el abismo de la condenación; no obtuvo otra respuesta que "estaremos para siempre separados".

Despojado de su última esperanza terrenal, esto es infinitamente miserable, tan miserable como puede estarlo un hombre sobre esta tierra ya indigente, regreso Cloud a su hogar. Cabalgaba al atardecer por la salvaje foresta vecina a su castillo meditando sobre su condenación, cuando repentinamente el sonido de un clarín lo despertó de su ensimismamiento. Pronto diviso a una mujer vestida de negro, montando un corcel del mismo color como una cazadora, que en vez de un halcón sostenía en la mano un cuervo, y tras ella un alegre sequito de coloridas damas y ricos caballeros. Después d intercambiar saludos de cortesía, se enteraron que marchaban en la misma dirección, y cuando conversando con el supo la cazadora que el castillo de Cloud se hallaba tan cerca de aquellos bosques, le pidió que la hospedara por aquella noche.

Con gran regocijo accedió Cloud a aquel pedido, ya que la visión de la hermosa extraña lo había conmovido prodigiosamente: se parecía a Tifa como si fuera su hermana gemela, pero su brilloso cabello era más corto y sus ojos oscuros y más fogosos. Una vez en el castillo, dispuso un suntuoso banquete para agasajar a los huéspedes, y las danzas y los divertimientos del sequito de la hermosa cazadora poblaron de alegría otra vez aquel edificio y se extendieron más allá de la media noche. Tres días se quedaron los extraños, y tres días de diversión y risa, juegos y canciones, y aquella mágica alegría disipo la pena de Cloud y por primera vez desde hace muchas lunas pudo conciliar el sueño. No podía permitir que sus invitados partieran, pues sin ellos el castillo estaría cien veces más desierto que antes y su pena seria mil veces mayor. A su expreso pedido permaneció la hermosa cazadora siete días, y luego otros siete más. Por su cuenta se puso frente al regimiento de los criados, y los dirigió, si no con tanta tranquilidad y diligencia, con mayor alegría y juicio que Tifa, pues era mucho más seria que los hombres y mujeres de su sequito. De una casa de muda tristeza, el castillo se transformo bajo su señorío en una casa de jubiloso y desahogado goce, y la pena de Cloud se disolvió en ese torbellino de dicha. Cada vez se sentía más fuertemente atraído por la hermosa y nueva señora; cada día sentía más confianza en ella.

Cuando una tarde daban un paseo solos, él le contó sus escalofriantes acontecimientos.

-Mi querido amigo, pues eso, un amigo se ha vuelto usted para mi-dijo ella, cuando Cloud hubo concluido-, ¿cree que es digno de un hombre sensato, como de todos modos es usted, acrecentar tan devastadora pena? Usted trajo una muerta a la vida y descubrió luego, cosas que podría haber previsto, que la muerte no se junta con la vida: ¡bien! Y no invoque a ninguna muerta. Usted mato a la resucitada: ¡bien! Sin embargo, no párese posible; ¿pues como podría matar en realidad a una muerta? Usted perdió también a su esposa y a sus dos hijos: ¡bien! ¿No esta aun en sus más bellos años? ¿Ya no quedan muchachas dignas de amor, que madurarían como frutos en sus brazos? Usted le teme al más allá: ¡bien! Abra las tumbas y pregúntele a los huesos de los esqueletos si sienten; ellos podrán contarle el fantasmagórico más allá.

En ese tono hablaba ella, cuando una nube se disipo del rostro de Cloud y su pena, cuyo tumulto había silenciado durante todo ese tiempo su alegría, desaparecido por completo ante sus palabras. De la confianza y el agradecimiento broto en el corazón de Cloud un calido sentimiento por la hermosa cazadora, que se multiplico y lo hizo ingresar en el circulo de los hombres y las mujeres que el amor felizmente gobierna.

Hacia un mes que la extraña se hallaba en su castillo, cuando Cloud le pidió la mano y ella acepto. Con toda la pompa se celebro siete días después la boda: con la salida del sol despertó a la vez en el castillo el lenguaje confuso que la fiesta deparaba; ya los muros del castillo habían albergado repetidas ocasiones el jubilo de los banquetes, de modo que para esa fecha el edificio entero fue sacudido por el salvaje desenfreno de los placeres mas groseros , pues todo lo que empuja al hombre al olvido de si y lo abandona a los inescrupulosos demonios de la tierra se congrego en torno al fuego de ese día. El vino corría abundante al caer la noche, y con las tintineantes copas circulaba la lujuria y las carcajadas de los invitados. Cerca de medianoche, excitado por el vino y el amo, Cloud condujo a la bella novia al aposento nupcial; pero en cuanto la recostó sobre el lecho, ella se transformo en sus brazos en una gigantesca serpiente que con sus siete anillos envolvió su cuerpo y trituro sus huesos, mientras el fuego comenzaba arder en la habitación. Pronto estuvo todo en llamas; la torre del castillo se desmorono sepultando bajo sus escombros a su agonizante señor, y una voz tronante clamo luego de que se hundiera:

-¡DEJA A LOS MUERTOS EN PAZ!

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Para los que les guste el vampirismo con estos personajes les dejo una historia en mi espacio. ;)

QUE TENGAS LINDAS LUNAS =)