Capítulo 11: Mi Atsuko
Las camas de ambos se encontraban posicionadas en paralelo, a unos casi tres metros. Hace unos minutos habían tenido aquella charla, y el sádico no podía conciliar el sueño del todo.
—Oye, China, ¿estás despierta?—preguntó.
No hubo respuesta por parte de la pelirroja.
—Oye Chi... —su intento de volverla a llamar, se vio interrumpido por un fuerte ronquido—. ¡Sé que estás despierta, no ronques como una cerda a propósito! —exclamó.
—Vaya, no funcionó-aru. Tan sólo quería dormir un poco, no pude hacerlo muy bien en estos días —quejó aquella.
—¿En serio puedes dormir bien en una situación así? Estamos en un planeta completamente desconocido, con gente completamente desconocida. ¿Y si se les da por atacarnos? ¿Si algún desastre natural ocurre? Creo que fue una muy mala idea que aceptaras un trabajo aquí.
—¿Quién eres, mi madre? Yo sé lo que hago, tranquilízate, ¿quieres-aru? —reprochó Kagura, dándose vuelta para hablarle a los ojos.
Okita calló por unos segundos.
—Sólo quería que quedara bien en claro que la promesa también vale para ti. Deberías ser menos distraída —aclaró, para luego voltearse.
—¿Eh? ¿A qué te refieres-aru?
El sádico largó un fuerte ronquido, burlándose de la chica. Kagura tomó su paraguas y, a modo de broma, apuntó hacia la cabeza de él.
Antes de que pudiera hacer o decir nada, se sintió un fuerte ruido que provenía de afuera.
—¡¿Qué fue eso?! —gritaron al unísono.
Kagura saltó de la cama, y se posicionó apuntando a la puerta. En ese entonces, se oyó cómo ésta se abría.
—¡Oigan! ¡Ayuda! ¡Es Kazo! ¡Mi esposo está en peligro! ¡Esa bestia lo ha agarrado! ¡Lo matará! —gritó, muy asustada, la mujer.
Kagura, tomándola de las manos, dio un paso al frente.
—No te preocupes, Kuzune. Si estamos aquí es para ayudar-aru. Oye, sádico, encárgate de ella. Yo derrotaré a la bestia de mientras. ¡Asegúrate que no haga ninguna locura, ¿quieres-aru?!
Okita, si bien tenía muchísimas ganas de pelear, no pudo evitar sentir el fresco ardor aún presente en su espalda, por lo cual se mantuvo con la señora.
Por su parte la pelirroja avanzó, dirigiéndose hacia la "puerta" de la casa —la cual ya era inexistente, debido a que aquél bicho había roto absolutamente todo. Se sentían los escalofríos por todas partes, y apenas había visión clara.
—Habrá que entrar en calor entonces-aru.
Sonándose los dedos, observó fríamente la situación. Por lo que sus ojos podían distinguir, se sentía al señor de la casa pidiendo auxilio, dado que la bestia —que medía unos diez metros de alto aproximadamente, ¿o quizás más?— lo tenía atrapado en sus, ¿colmillos? Algo así se podía visualizar.
—¡Oye, tú! ¡La bestia enorme no, esa cosa que tienes en tu boca-aru! Bueno, boca... ¡Lo que eso sea! Escúchame-aru. ¡Necesito que grites lo más fuerte que puedas!
—¡¿Así está bien?! —gritó.
—¡No! ¡Más fuerte! ¡Mucho más fuerte! ¡No me importa si te quedas sin voz-aru!
—¡Está bien! Pero, ¿qué digo? ¿Se supone que grite alguna palabra en particular? ¿O que simplemente haga un grito al azar?
—¡¿Acaso importa eso ahora-aru?! ¡No lo sé! ¡Grita lo que tengas dentro! ¡En estos momentos nada importa!
—¡Bien! ¿Algo así como mis órganos internos? Es que realmente no he tenido una buena educación, y no sabría bien qué decir... ¡Sabía que algún día iba a arrepentirme de haber abandonado la escuela, diablos!
—¡Ese chiste fue tan malo que ni siquiera parece sacado de un fanfiction de Gintama, imbécil! ¡¿Cómo se te ocurre semejante cosa en una situación de tal peligro-aru?!
—¡¿Para qué le está pidiendo a mi esposo que grite?! ¿Acaso ve que está en una situación en la que ni puede pensar con claridad? Por todos los santos. Qué será de él ahora, no quiero ni imaginarlo —exclamó la señora con los ojos algo llorosos, para luego tapárselos.
—¿No es obvio, señora? Lo hace porque es imposible ver algo con claridad en semejante noche y con nada que le alumbre. Al menos con los gritos de Kazo-san podrá saber dónde está, y acercarse con cautela. Podrá parecer algo tonta por como planteó todo, pero eso no refleja las verdaderas intenciones de esta imbécil —sonrió Okita, colocando su mano en el hombro de Kuzune, asegurándole que todo iba a estar bien.
—¡Te destruiré-aru! —la yato corrió a toda velocidad, hacia la dirección donde sentía los gritos. Empezaba a sentir cierto aroma fuerte, y eso le daba más garantías de que estaba cerca de aquella cosa. Dio un par de disparos cerca del suelo, y al parecer uno de ellos pegó justo en el blanco. Se sintió un fuerte quejido.
—¡Ten cuidado! —gritó la señora, preocupada— ¡No vayas a dispararle!
—No te preocupes-aru, no lo haré —aseguró Kagura.
Debido a su momentánea distracción, sumada con la ira contenida en la bestia, la pelirroja recibió un contundente golpe en el estómago, posiblemente proveniente de una de las "manos" de su enemigo. Aquello la obligó a escupir una enorme cantidad de sangre. Con su mano izquierda agarró su pecho y apretó con mucha fuerza. Se mantuvo quieta unos segundos.
—¡China, ten cuidado! ¡Va a atacarte de nuevo seguro! ¡Vuelve! —gritó Sougo bastante alborotado y desenvainando su espada sin pensarlo dos veces.
—¡Si te acercas tan sólo un metro te mataré-aru! ¡Deja que me encargue de esto! ¡Confía en mí, sádico imbécil!
En ese segundo, el animal se acercó a Kagura para darle el golpe definitivo.
—¿¡Qué acaso estás ciega!? ¡Está detrás de t... —sin que el de los cabellos claros pudiera terminar la frase, se sintieron varios balazos. Kazo dejó de gritar en ese instante, y la bestia cayó al suelo. No parecía poder moverse.
—Ven, agarra mi mano. ¿Estás bien-aru? —preguntó Kagura.
—Sí, no me ha hecho nada —el hombre se encontraba bastante débil y angustiado—. Acaso está... ¿muerto? ¿A-Atsuko?
—¡Querido! ¡No te le acerques! —gritó Kuzune, corriendo hacia él. Okita intentó detenerla, pero sus esfuerzos fueron en vano. Por lo tanto, lentamente decidió acercarse a Kagura, quién estaba en el suelo y se notaba cansada por el enfrentamiento.
—¡Atsuko! ¡Atsuko, respóndeme! —dijo el señor. Kagura no terminaba de entender la situación.
—¿Por qué te lamentas ahora? Habías dicho que lo derrotase, y he cumplido mi trabajo-aru.
Kazo no podía hablar claramente de la angustia. La mujer, colocando su mano en el hombro de él, entrecerró los ojos.
—Kazo siempre ha amado cazar bestias. Todos debemos ganarnos la vida haciendo algo, ¿cierto? Nuestra casa está llena de cualquier cabeza puedas imaginar. Bestias de diferentes lugares, inclusive de planetas extranjeros podría llegarse a encontrar ahí —la señora tragó saliva—. Sin embargo, un día de estos encontramos algo indomable, que no se podía capturar tan fácilmente: a este... Bicho extraño, por así decirle. Todas las mañanas Kazo salía con sus armas para cazar, y volvía sin éxito, sin poder capturar a dicha bestia.
—De tanta frustración, decidí buscar otros métodos para poder capturarle. Primero intenté con comida, luego con trampas inventadas en el momento para atraerlo de alguna forma. Nada funcionaba. Entre todo eso, y con una increíble cantidad de furia encima por no poder hacer nada, un día decidí hablarle. Al principio tan sólo le decía malas palabras, como "¡Muérete ya!" o "¡Por tu culpa nos estamos quedando sin reservas de comida!", luego simplemente le contaba relatos que me habían ocurrido hace tiempo, mis anécdotas más graciosas. Por más de que debía correr de sus ataques cada vez que lo hacía, no me importaba. De alguna forma, me empezaba a acostumbrar a eso.
—La culpa fue mía... —comenzó Kuzune—. Sabía que mi marido se había encariñado con la bestia, y por eso sugerí que debíamos contratar a alguien para que lo matase de una vez por todas. Kazo no podía hacer nada, porque nos estábamos quedando sin comida —la señora moqueó un poco, y prosiguió—. Por esa razón te llamamos a ti.
—Pero demoraste bastante en venir, lo cual me dio bastante tiempo para seguir visitando a esta pequeña —colocó su mano en el hombro de la bestia—. En ese entonces, pensé que debía ponerle un nombre que reflejara lo que ésta significaba para mí, por lo cual busqué en internet algo que significara "cálido". Eso es, lo que Atsuko para mi, en este feroz, crudo y frío planeta. Estar con ella me daba la calidez que hasta ahora sólo podía sentir en la comodidad de mi casa —el señor largó otra lágrima, y posó sus ojos esta vez en Kagura—. Tú no te preocupes, hiciste lo que debías, pequeña. Y perdón si los aburrí con mi historia.
La pelirroja se estaba aguantando las lágrimas en aquél instante.
—De seguro Atsuko me extrañaba porque desde hace un día que no iba a hablarle y por eso vino. Sin embargo, no esperaba que no me hiciera daño en lo absoluto.
—G-gracias por esto Kazo-san, no lo olvidaré-aru.
—¿A qué te refieres?
—Nada, no importa.
Luego de haber, entre todos, agarrado a la enorme Atsuko, Kagura y Kazo realizaron un enorme pozo al lado de la pequeña casa. Allí enterraron al animal, completo de pies a cabeza.
—¿Se van tan pronto? —preguntó Kuzune, mientras Kagura agarraba sus cosas y las colocaba en la maleta.
—Sí-aru, tenemos otras cosas y no podemos darnos el lujo de atrasarlas también —sonrió la yato—. Muchas gracias por todo.
Okita también saludo a aquella familia, y luego siguió caminando con la pelirroja, camino hacia la terminal.
El planeta seguía igual de frío que cuando habían llegado el día anterior, y faltaba todavía bastante para llegar a la terminal e irse de allí. Kagura caminaba cabizbaja, y el sádico la miraba desde atrás.
—Oye, ¿puedes ir más lento? Me cuesta bastante caminar así.
—Ah, sí, lo siento. Es que hace mucho frío, y pensé que querías llegar cuanto antes-aru, como yo —contestó, frenando el paso unos segundos hasta que Sougo la alcanzara.
—¿Qué te ocurre? —Preguntó el sádico, fijando su mirada en los ojos de Kagura—. No estarás triste por lo de hace unas horas pensando que es tu culpa, ¿o sí?
—¿Eh? No, no estoy triste por eso-aru, sólo me encuentro algo pensativa.
—¿Con respecto a qué? Si se puede saber...
—Me puse a reflexionar sobre aquella bestia, sobre Atsuko-aru.
—Ahh...
—Primero que nada, ¿cómo sabía Kazo que era hembra-aru?
—¿Tú crees que en verdad lo pensó tanto así? Yo creo que sólo buscó en Google y se fijó el primer resultado que encontró que tuviera un significado así...
Kagura lo golpeó en la cabeza con el dedo índice.
—¿Eres tonto? Esto es algo importante-aru.
—Creo que le das demasiadas vueltas al asunto, simplemente es un extraterrestre que se encariño con un animal extraño y le dio pena matarlo. Eso es todo.
—Lo sé, superficialmente es eso, pero piensa un poco más-aru... Sé que te cuesta, pero inténtalo.
Okita la golpeó en la cabeza con el dedo índice.
Luego de ello, comenzaron una pelea de golpearse mutuamente con sus dedos índices, hasta que se cansaron.
—A lo que me refiero es... ¿No crees que todos tenemos un Atsuko en nuestras vidas-aru?
—Creo que estás intentando ser demasiado profunda para un simple fanfiction, China.
—¿¡En serio vas a romper la cuarta pared otra vez!? ¿Qué se supone que es esto?
Kagura se enojó un poco, y siguió caminando.
—Bueno, está bien, explícame a qué te referías con eso.
—¿Me oirás sin reirte-aru?
—Me estás pidiendo casi lo imposible, pero intentaré no hacerlo.
—A lo que me refería era... Creo que todos tenemos a alguien, o algo, que nos hace sentir así. Que en el más intenso frío, nos da calidez-aru. Obviamente no de forma literal, pero creo que se entiende lo que quiero decir-aru.
—¿Como aquél día que estabas muerta de frío y terminaste por abrazarme?
—Exacto... ¿Qué? Espera, ¡no! ¡No me refería a eso, idiota-aru!
—¿Entonces?
—Como por ejemplo, aquellas tardes en la Yorozuya quejándonos por no tener qué comer... O aquellas veces que salía con Sadaharu a dar un paseo aún hiciera frío o estuviera lloviendo-aru.
—Mmm, creo que entiendo lo que dices.
—Y tú...
—¿Yo qué?
—¿Cuál sería tu Atsuko-aru?
—La verdad es que, no lo sé... Aquellos días supongo que eran los del cuartel, Kondou-san, el tonto de Hijikata, inclusive me atrevería a decir que el inútil de Yamazaki... —Sougo paró luego de recordar a su hermana, y se puso algo melancólico con el asunto—. De todas formas, ¿por qué me preguntas estas tonterías?
—No lo sé, supongo que porque es un camino largo hasta la terminal y quería conversar sobre algo-aru.
—Huh, ya veo.
Siguieron caminando por unos cuantos minutos más a pesar de lo cansados que se encontraban. Poco a poco se aproximaban más al destino.
—¿Sabes qué, China? —comenzó el sádico— Me sorprendiste con tus habilidades ayer. Esperaba menos de ti.
—¿Ves-aru? Debes confiar más en mi —alzó la vista Kagura, y sonrió confiadamente.
—Creo que esto será más interesante de lo que esperaba.
—¿Y qué era lo que esperabas-aru?
—No sé, supongo que tener que intervenir o algo en la pelea.
—Ja, como si no hubieras intentado hacerlo antes-aru.
—¿De qué hablas?
—Tengo los oídos bastante entrenados para este tipo de situaciones , sé que desenvainaste tu espada porque creías que tenías que intervenir, pero no fue necesario al final, ¿cierto? Así que ahora puedes estar más tranquilo-aru.
En eso Okita se detuvo, y la pelirroja, al notarlo, también paró de caminar un segundo.
—¿Qué ocurre-aru?
Sougo levantó la vista y sus ojos carmesí se centraron en la China.
—¿Qué-aru?
—Lo lamento, pero no quiero terminar igual de mal que aquél viejo.
—¿Q-Qué dices?
El sádico se acercó hacia ella, y estiró su mano hasta alcanzarle la cintura.
—¿Qué haces-aru? S-suéltame... —ordenó Kagura, tartamudeando un poco.
—¿Tan difícil te resulta entenderlo, China? Creí que el día de hoy estabas más profunda y pensativa.
Sougo quería ser más directo con el asunto, y demostrarle que ella era importante para él tanto como Atsuko lo era para Kazo, pero le resultaba demasiado difícil. En un rápido movimiento se acercó hacia ella, y le susurró unas palabras al oído.
Luego de esto siguió adelante.
—Vamos, ya queda poco para llegar. Mejor apúrate. ¿O acaso lo que dije te dejó helada?
—Eh...
—¿Qué ocurre?
—Yo... Lo siento-aru...
—¿Por qué lo sientes?
—La verdad es que... Con todo este viento y ruido... No pude escuchar absolutamente nada-aru... ¿Podrías repetirlo?
El sádico quedó con cara de póker por unos segundos. Suspiró, y siguió caminando.
—Oye, dime-aru, ¿qué dijiste?
—Esto es tan cliché... No lo puedo creer —colocó la palma de su mano en su rostro, mientras seguía caminando.
Kagura lo seguía desde atrás, y por ambos lados saltaba a preguntarle, pero el sádico la ignoraba.
—¿No que tu oído estaba entrenado para este tipo de situaciones? ¿Que podías escuchar bien?
—Sí, tienes razón-aru.
—Espera... ¿Qué? ¿Lo escuchaste o no? —desesperó Sougo, quieto y dado vuelta.
—No lo sé sádico, pero algo me dice que si te lo digo no será divertido. Vamos, ya hemos llegado-aru.
—¿No será divertido? ¿Acaso te estás burlando de mí?
—Pensé que a estas alturas ya era bastante obvio-aru.
Abandonado el frío, por fin habían llegado a la terminal. Mañana sería otro día.
