Traumas de la infancia

Batman tiene a Superman. Red Hood tiene a Bizarro. Pero si de alguien Jon estaba celoso, esos eran Red Robin y Superboy (Conner). De su relación para ser más exactos.

Ellos eran buenos amigos y se divertían juntos, tenían siempre en cuanta la opinión del otro y era raro verlos discutir. Su lazo era envidiable. Y más lo era cuando, como miembro del clan de los super (si se puede decir de esa manera), a él le había tocado el batkid más cuestionable de la historia como compañero.

Damian.

Ese pequeño adolescente que lo arrastraba de aquí para allá metiéndolo en lios sin su consentimiento. A veces le daba la sensación de que aquel Robin lo veía más como una herramienta que como un aliado, y Jon odiaba eso. Pero tampoco es como si hubiera pensado en cambiar a Damian por su hermano mayor, lo único que Jon quería era que Robin cambiara.

Jon quería con Damian lo que Conner tenía con Tim.

O por lo menos eso pensaba, hasta que un día, mientras sus poderes se activaban sin su permiso como de costumbre, descubrió su visión de rayos x al mirar a través de la pared que dividía su cuarto del de Kon.

Tim estaba allí.

Y ni cinco maratones continuas de la trilogía de Cars podría borrar jamás el recuerdo de ese día.

Era tan... traumatico... que Jon sentía que nunca más podría mirar a esos dos a los ojos.

Pero de lejos lo peor de todo era, que muy en el fondo, Jon seguía pensando que quería tener con Damian lo que Conner tenía con Tim.