N/A: ¿Qué es esto? ¿Yo actualizando sin que tuvieran que pasar tres millones de años entre capítulo y capítulo? ¿Qué clase de realidad alterna y utópica es esta?
Ok, no. En realidad este es uno de los primerísimos caps que escribí :v ¡Disfruten!
—En una escala del uno al diez, ¿cuán mala fue la idea de venir aquí?
—Un veinte.
—Eso se sale de la escala, Marinette.
—Menos mal que París tiene un héroe tan brillante como tú, Chat —dijo con monotonía—. Hurra.
Marinette y Chat Noir debían de ser las únicas dos personas en toda la fiesta que no estaban disfrutando de la velada. Por lo menos parecían ser los únicos que estaban de brazos cruzados y apoyados contra la pared. Se hallaban en una esquina oscura del primer piso del patio interno de la Collège Françoise Dupont. En la planta baja, Nino animaba el baile con total éxito tal y como lo había prometido. Alya se tomaba selfies con todos sus compañeros de clase, aunque con algunos desconocidos también. Sus mejores amigos estaban haciendo de la noche uno de sus mejores recuerdos, mientras que ellos dos se habían apartado con cara de pocos amigos. Incluso Chloé parecía estar más mansa que de costumbre: bailaba con Sabrina y ambas parecían no tener ni una preocupación en el mundo.
Chat Noir observó de soslayo a su compañera. Marinette se había puesto un precioso vestido corto de color rosa pastel sin hombros, el cual tenía con un ancho lazo negro a la cintura, atado por detrás con un moño del mismo color. Para variar, se había hecho un rodete en vez de sus típicas coletas. Su maquillaje era sencillo, y había resaltado sus labios con un brillo labial que hacía que los ojos del héroe se escaparan para posarse en ellos. Se sentía raro mirando a su compañera de esa manera. Opinó, no obstante, que lo único que desentonaba con ella eran su postura y su semblante serio.
Tratar de disimular su enojo para con ella no había sido fácil durante las dos últimas semanas. Como Chat Noir, casi no le había dirigido la palabra desde su discusión, salvando unos días antes, en los que le había preguntado los detalles del baile vía mensaje de texto. Pero, ¿como Adrien? Ese sí había sido un desafío. Había intentado comportarse como siempre lo hacía cuando estaba con ella, tratando de ser ese amigo ideal en todo momento. Mas esa es una tarea se torna un tanto difícil cuando sigues pensando que tu mejor amiga está siendo egoísta.
No obstante, con el paso de los días, parte del enojo poco a poco se había convertido en culpa y en arrepentimiento. Parte de él sabía que la había manipulado para que ella hiciese lo que él quería. Parte de él tuvo que resistirse varias veces para no visitarla en medio de la noche para pedirle disculpas. Pero su tozudez se había logrado imponer.
Con expresión inmutable, Marinette giró la cabeza y reparó en que estaba siendo examinada. Se miraron unos segundos. Fue entonces cuando ella suspiró.
—Chat Noir, ¿qué estamos haciendo?
—Comportándonos como niños —admitió.
—Exactamente —Se despegó de la pared y descruzó los brazos—. Mira, Chat. Sé que tuviste las mejores intenciones cuando me insististe en que viniera, es sólo que…
—Está bien, Marinette. Yo no debí haberme metido en tus asuntos. Eso estuvo mal.
—Lo sé, gatito, lo sé —Le sonrió por primera vez en mucho tiempo—. Es que, bueno, verás… Históricamente, nunca la he pasado del todo bien en estos eventos —le confesó—. Siempre me tropiezo con algo y arruino todo, o me peleo con Chloé. Si no es que, con mi mala suerte, algo me pasa antes de salir, lo que me impide ir a cualquier lado. Por eso hablé con Nino para decirle que, la verdad, todas esas cosas me han quitado las ganas de asistir a esta clase de fiestas —Suspiró—. Sé que en algún punto lo estoy defraudando, pero… —Y se encogió de hombros, con cara de resignación.
En un santiamén, el enojo de Chat Noir desapareció para darle todo el lugar al arrepentimiento y a la culpa. Nunca debió haber juzgado a su amiga sin antes conocer todos los detalles. Debió haberle preguntado antes. Debió haber respetado su decisión.
—Lo siento mucho, Mari.
—Ey, no es nada —dijo, dándole un apretón cariñoso en el brazo.
—¿Amigos?
—Amigos.
El abrazo que se dieron significó una disculpa y un «gracias». Estuvieron unos minutos así, como queriendo compensar todo el tiempo perdido.
—¿Tienes ganas de bajar a la pista de baile? —preguntó Chat Noir finalmente.
—No realmente. La música electrónica no es exactamente lo mío…
—Porque la música disco es superior.
—Porque la música disco es superior —coincidió ella—. Además, a pesar de que te has vestido para la ocasión —señaló el chaleco gris y la pajarita verde que Chat Noir se había puesto sobre su traje de superhéroe—, creo que aun así destacarías entre la multitud. Por el antifaz y el rabo, más que nada. Y las orejitas.
—¿Más aún que ese de ahí? —Con el pulgar señaló a Kim, quien se había puesto un disfraz de pollo desplumado—. ¿Qué hace vestido así? No es una fiesta de disfraces.
—Le gusta resaltar —Marinette se encogió de hombros—. Tengo entendido que el año pasado fue un pulpo violeta. Pero sí, eres famoso, Chat Noir. Quizás al principio pensarán que también estás disfrazado; pero Alya se dará cuenta al instante. Además, nunca le dije ni a ella ni a Nino que vendría. Así que, si de la nada me viera contigo, estaríamos en aprietos. Yo porque tendría que darle explicaciones, y tú no te librarías de una entrevista.
—Todavía me sorprende que nadie se haya acercado a preguntarme qué hago aquí —señaló, consciente de que algún que otro profesor o adulto vigilante los había visto.
—O la poca iluminación nos jugó a favor y nadie se ha dado cuenta que eres tú, o nuestras miradas fulminantes repelieron a la gente. O ambas —supuso Marinette. Chat Noir rió.
—Entonces… ¿te llevo a casa?
—Mmmm, no. Me apetece hacer algo. Después de todo, estuve toda la tarde preparándome para la velada —dijo tomándose los lados del vestido.
—Tiene sentido. Pero entonces, ¿qué hacemos?
Marinette se quedó pensativa unos segundos. Entonces una idea pareció de bajar del cosmos a su cabeza, puesto que sus ojos se iluminaron con todo el brillo del universo.
—Chat, ¿te gustaría ir al recital de Jagged Stone?
—¿Eh? Sí, claro —Marinette le regaló una sonrisa tan ancha como traviesa—. ¿Qué? ¿Quieres ir? Lamento comunicarte que no tenemos entradas, Mari. Y ya deben de estar totalmente agotadas.
—Quizá pueda hacer algo al respecto —Sacó su teléfono celular de su pequeño bolso y abrió la aplicación de mensajes de texto.
—¿Qué estás tramando? —preguntó.
—Sólo digamos que soy la diseñadora oficial de la carátula de más de uno de sus últimos álbumes, por lo que siempre estoy invitada a sus recitales —Levantó la vista del aparato una vez hubo mandado el mensaje—. Y tú y Ladybug lo salvaron de las garras de Le Papillon hace unos meses. ¿No te parece que podría hacernos un favor a nosotros y dejarnos entrar al recital?
—Se supone que mis actos de héroe son desinteresados, Marinette —rió—. Pero ojalá te diga que sí.
Pasaron unos minutos en los que Marinette se dedicó a mirar fijo su teléfono y susurrar «por favor, por favor» una y otra vez. Había un cierto grado de imposibilidad de que el músico estuviera al tanto de los mensajes que recibía, puesto que en unas horas saldría al escenario a tocar. No obstante, el destino pareció estar de lado de Marinette y de Chat Noir. Éste miró la pantalla del aparatito por sobre encima del hombro de su amiga mientras ella leía el mensaje.
—¿Me llevas a casa así voy a buscar un abrigo? —preguntó mientras se volteaba a sonreírle a su amigo.
—¿Después de este imposible milagro que has logrado? ¡Lo que quieras, Marinette! —exclamó.
—Vámonos entonces. También me cambiaré los zapatos, no puedo ir con éstos a un recital. Además me están matando.
Se colaron dentro de un aula —asegurándose de que no hubiese moros en la costa—, Chat Noir cargó a su amiga en brazos y salieron la Collège a través de una ventana. Subiendo y bajando por un par de edificios con ágiles saltos hasta llegar al hogar Dupain-Cheng, el héroe dejó a Marinette sobre su balcón. Entraron al dormitorio tratando de hacer el menor ruido posible. Ella se cambió los zapatos por unas zapatillas de lona negra y se puso una campera negra también. «Para no desentonar tanto», le susurró. Chat Noir se quitó la pajarita y el chaleco, los cuales Marinette guardó, por las dudas, en el fondo de su armario. Antes de partir, Marinette se arregló apenas y se aplicó nuevamente el brillo labial.
El recital no empezaría hasta sino dentro de unas horas, así que decidieron comer algo para matar el tiempo. Compraron unas hamburguesas, gaseosas y unas papas fritas en un local de comida rápida (en realidad Marinette las compró; Chat Noir esperó fuera para no llamar la atención) y cenaron sobre el techo de un edificio de tres pisos.
—A decir verdad, Mari, me asombra el hecho de que ni lo hayas pensado dos veces cuando te sugerí cargarte de aquí a allá.
—¿Por qué? —preguntó ella con la boca llena.
—No cualquiera daría un paseo tan largo saltando de techo a techo en brazos de un superhéroe. No soy el método de transporte más seguro, creo —se encogió de hombros.
—Al contrario, Chat, estoy segura de que no me soltarías porque eres un superhéroe, después de todo —Le guiñó un ojo juguetona— Además, ya me has cargado antes y nunca me has fallado.
El halago se tradujo a un calor en las mejillas de Chat Noir. Agradeció que no hubiera mucha luz en el lugar en el que estaban.
—Y dime —Cambió de tema rápidamente para deshacerse de la sensación—, ¿cómo es que tienes el número personal de Jagged Stone? Por lo general son sus representantes los que se encargan de todo y los que se ponen en contacto con los artistas y demás.
—Jagged Stone es una estrella de rock —dijo Marinette con simpleza, encogiéndose de hombros—. En otras palabras, hace lo que se le da la gana. Así que cuando diseñé la carátula de uno de sus discos por primera vez, me lo dio. La verdad es que nunca le escribo, sé que está ocupado y no quisiera molestarlo. Pero cuando me hacen un encargo, por lo general es Penny, su asistente, quien se pone en contacto conmigo. ¿Por qué preguntas?
—Por nada en particular. Aunque, si te soy sincero, me resulta un tanto surreal que tengas el número de una estrella, eso es todo —Y se terminó lo que le quedaba de hamburguesa de un bocado.
—¿Más surreal que tener un mejor amigo superhéroe y estar, en este momento, cenando comida chatarra con él sobre un techo? —preguntó, levantando una ceja.
—Touché.
Entre chistes, risas y papas fritas, el tiempo pasó volando. Buscaron un cesto para botar la basura, Chat Noir volvió a cargarse a Marinette en brazos y se dirigieron al estadio donde el recital tendría lugar. Jagged Stone había tenido la amabilidad de decirles dónde se hallaba su camarín para que pudieran entrar por allí; además de avisarle a todos los miembros de seguridad que, si veían al héroe o a su acompañante, no les restringieran el paso. Llegar a destino les llevó, entre salto y salto, unos veinte minutos.
Tal y como habían anticipado, Jagged Stone los recibió con los brazos abiertos. Los invitó a beber algo —primero se aseguró personalmente de que sus bebidas no fueran alcohólicas— y conversaron unos minutos («Siempre del brazo de una chica, ¿eh, Chat Noir? ¿Y cómo estás tú, Marinette? ¿Rockeando esa creatividad salvaje tuya?»). No se quedó mucho tiempo con ellos, sin embargo. El espectáculo empezaría pronto y el músico debía ocuparse de unos últimos detalles. Así que, luego de despedirse del héroe y de Marinette, los dejó en manos de su asistente para que los guiara a la sección VIP.
Hallarse en el lugar más selecto del público significaba que se encontraban en el lugar más próximo para ver a Jagged Stone durante el espectáculo. El sector más privilegiado consistía, en su mayoría, de personas unos cuantos años mayores que ellos, casi todos vestidos de negro o con alguna distinción que demostraba su amor por el metal. Algunos incluso estaban maquillados como Jagged Stone o copiaban sus más conocidos atuendos.
—No te vayas a separar de mí, ¿eh? —dijo Chat Noir y tomó la mano de Marinette. Ella asintió, dándole un apretón cariñoso.
Se abrieron paso entre la gente para buscar un lugar más central y cercano al escenario. Más de uno miró con curiosidad a Chat Noir, pero, seguramente, o pensaban que era un fan del superhéroe que por alguna razón se había vestido como él o no le daban importancia. El héroe de esa noche era Jagged Stone, no un niñato vestido de gato. Y así era como lo prefería Chat Noir.
Luego de unos minutos donde la excitación y la impaciencia general no hicieron más que casi materializarse en el aire, las luces se apagaron y el sonido indomable de una guitarra eléctrica invadió el estadio. El público rugió, aclamó y vitoreó en éxtasis. Marinette y Chat Noir se unieron a ellos, como siguiendo un instinto primitivo. Con un estallido de fuegos artificiales y de luces de colores cálidos e intermitentes, Jagged Stone hizo su entrada triunfal. Los sonidos casi erráticos se transformaron en las notas de uno de sus mayores éxitos y el recital se dio por oficialmente comenzado. Cada uno de los instrumentos se fue sumando a su debido momento, y fue entonces cuando el músico empezó a cantar.
Marinette, Chat Noir y unos centenares de personas se unieron al canto a todo pulmón. Sus cuerpos también se entregaban a la celebración metalera: algunos haciendo headbanging, otros, la mano cornuta. Parecía que no hubiera nadie que no estuviese saltando tampoco.
La primera canción finalizó, mas Jagged Stone no les dio ni tiempo ni lugar para un respiro: empezó a tocar uno de los temas de su último álbum y el público enloqueció. Marinette no paraba de cantar y de gritar; Chat Noir sabía que al día siguiente su amiga apenas podría hablar si tenía suerte. Pero, ¿a quién le importaba? ¿Qué era perder la voz durante unos días si eso significaba entregarse a lo que sería una de las mejores noches de sus vidas?
Sin siquiera pensarlo, Chat Noir atrajo a su compañera por la cintura, a lo que Marinette respondió rodeándolo por el hombro. Ambos empezaban a sentir el calor del delirio y de la muchedumbre, pero la música y el compartir el momento los dejaron en un segundo plano.
Mientras el baterista le daba rienda suelta a su talento —las vibraciones del instrumento los hacían sentir como si estuviesen en medio de un terremoto—, Jagged Stone por fin le habló a sus fans. En un francés con notable acento extranjero, les dio la bienvenida al show y las gracias por recibirlo. Chat Noir, Marinette y todos los presentes apreciaron el gesto: su idioma no era exactamente el más fácil de aprender, y la estrella de rock había hecho un extraordinario esfuerzo para comunicarse con ellos en él. Cerró su breve discurso prometiéndoles que la próxima vez su francés sería mejor y nuevamente empezó a tocar.
Marinette dio unos cuantos brincos de suma alegría: era una de sus canciones favoritas. Chat Noir no pudo evitar contagiarse de ella y empezar a saltar también. Jagged Stone cantó para ellos, ellos cantaron para Jagged Stone, para el cielo; a veces Chat Noir se volteaba para cantarle a Marinette y ella a él como en aquella tarde de karaoke.
El espectáculo transcurrió entre música, calor, vitoreos y sudor. Chat Noir estaba impresionado con Marinette y su aparente energía inagotable, puesto que había saltado, bailado, gritado y cantado el triple que él; y eso que era el héroe quien llevaba el traje mágico que le permitía exigirle más a su cuerpo. Incluso sentía sus rodillas flaquear, pero Marinette daba la impresión de poder seguir saltando hasta el fin de los tiempos.
Totalmente confiada, con los ojos brillantes y con una sonrisa de oreja a oreja: ésta era la Marinette que a Chat Noir le gustaría ver todos los días, todo el tiempo, cada vez que la tuviera enfrente. Pero los problemas del futuro quedarían para el futuro, ahora solamente se iba a dedicar a disfrutar de su amiga en su estado más libre, más pleno.
Para cuando el recital estaba poco a poco llegando a su fin, Jagged Stone habló una última vez a su público antes de tocar dos de las canciones más esperadas, las cuales eran las únicas que tenían un orden específico. Las había compuesto inspirándose en su experiencia como akuma y en cómo Ladybug y Chat Noir lo habían salvado: «Susurros de mariposa» y «Ángel carmesí, fiera nocturna» eran sus títulos. Jagged Stone agradeció a París y a sus héroes —Chat Noir apreció que no mencionara el hecho de que él estaba en el público, esa noche cualquier tipo de atención que no fuera de Marinette era indeseada— por la inolvidable velada y, por última vez en la noche, comenzó a arrancarle sonidos maravillosos a su guitarra.
La primera de las canciones empezaba con notas lúgubres que reflejaban aquello que el artista había sentido cuando Le Papillon lo había esclavizado. Poco a poco el ritmo empezaba a acelerarse hasta estallar casi con violencia para el estribillo; la forma que había tenido Jagged Stone para plasmar su odio y su ira de akuma.
El pogo empezó junto al estribillo, y alguien empujó bruscamente a Marinette. De no haber sido por Chat Noir, quien la atajó en sus brazos, ella hubiera acabado sobre el piso. Todavía abrazados, los amigos dirigieron una mirada asesina al responsable de la casi caída de Marinette, aunque éste, concentrado en su baile extático, nunca se enteró de ello. Ni modo. Marinette se giró la cabeza para regalarle una sonrisa ancha de agradecimiento a Chat Noir; azul y verde chocaron y dos alientos fatigosos respiraron el mismo aire. Y de pronto, nada. Las miradas dejaron de encontrarse, el espacio entre ambos desapareció, y Chat Noir descubrió que el brillo labial de Marinette sabía a fresa. Decidió que a partir de ese momento sería su fruta favorita.
Cayeron en la cuenta de que el recital había terminado cuando innumerables gritos y aplausos los aturdieron de repente. Chat Noir y Marinette se separaron lentamente, y apenas si se vieron a los ojos antes de desviar la mirada, un tanto avergonzados.
Poco a poco los vitoreos fueron muriendo, y la gente empezó a vaciar el estadio. Chat Noir miró la hora en su bastón mágico: eran casi las dos de la mañana.
—Debería llevarte a casa, tus padres deben de estar preguntándose dónde estás —dijo, ignorando de dónde salía el valor para dirigirle la palabra a Marinette.
—No te preocupes, les dije que seguramente me quedaría hasta tarde ayudando a Nino y a Alya. Pero sí —asintió, su precioso rostro todo sonrojado—, creo que es mejor ir a casa.
Estar en la zona VIP les permitió salir con más rapidez que el resto. Buscaron un guardia de seguridad, quien, siguiendo las órdenes de darles acceso a donde quisieran, les señaló dónde encontrarían a Penny. Una vez dieron con ella, le dieron las gracias por todo. A Jagged Stone no se lo veía por ninguna parte, y su asistente les explicó que en esos momentos seguramente estaría con el resto de los músicos. Chat Noir y Marinette le pidieron que lo saludara de su parte, y con una última despedida, buscaron una ventana por donde salir.
En un acuerdo tácito y sin decirse nada, el superhéroe se cargó a Marinette en brazos. Minutos después ya estaban recorriendo París de salto en salto. El viento frío de la noche fue un cambio bienvenido por Chat Noir quien, entre los saltos, el sudor y los eventos recientes, sentía el cuerpo arder. Se sentía como en un trance, como si su cuerpo y su mente no se hallaran en los mismos planos de la realidad. Marinette, por su parte, parecía estar evitando su mirada a toda costa.
Si alguien le hubiera preguntado a Chat Noir, nunca habría podido decir si el trayecto al hogar Dupain-Cheng se le había hecho corto o largo, si había durado segundos, minutos, años o eternidades. Y, antes de que cualquiera de los dos pudiera darse cuenta, ya habían llegado a destino.
Chat Noir dejó a Marinette con delicadeza sobre el balcón.
—Dame un segundo, ahora te traigo tus cosas.
—Está bien, Mari, yo voy por ellas.
Bajaron a la habitación tratando de hacer el menor ruido posible. Lo último que querían era asustar de muerte a Tom y a Sabine. Especialmente porque eso vendría de la mano de miles de preguntas incómodas, particularmente un «¿Cómo es que no te oímos llegar?».
El problema, pues, fue el desorden de Marinette. En su afán de largarse los más rápido posible para ir al recital de Jagged Stone, la jovencita había dejado sus zapatos tirados por ahí. Por lo tanto, en medio de la oscuridad, éstos se volvieron un obstáculo que provocaron que su dueña cayera, ruidosamente, de bruces sobre el piso.
Chat Noir corrió a ayudarla a levantarse, y allí sus peores temores se hicieron realidad:
—¿Marinette? ¿Eres tú?
Intercambiaron miradas de desesperación.
—Vete, Chat, no te preocupes —susurró ella con urgencia.
—Pero, Mari-
—¡Vete, Chat! Yo lo soluciono.
No le quedó otra más que asentir, confiar en ella y marcharse.
Volvió a la mansión Agreste con la velocidad de alguien quien es perseguido por el mismísimo diablo, si bien sabía que la única que tendría problemas sería Marinette.
Bueno, él tenía otros problemas con los que lidiar ahora. De carácter más… internos.
—Felicidades, chico —dijo Plagg con un sarcasmo casi profesional no bien Adrien deshizo su transformación—. Te has metido en el embrollo emocional más grande que haya visto en mi vida. Y eso que llevo miles y miles de años en este mundo. ¡Me has impresionado y todo! Ahora —Hizo una pausa dramática— dilo.
Adrien lo miró con cara de cachorrito regañado. No estaba de humor para complacerlo.
—¿Tengo que?
—Después de todo lo que me has hecho pasar, es lo mínimo que me merezco.
Adrien suspiró, derrotado.
—Me gusta Marinette.
—Bien —le sonrió malicioso y satisfecho—. Zanjado el hecho de que he tenido la razón desde el principio de los tiempos, tenemos que ocuparnos de una pregunta importante: ¿Y ahora, qué?
Adrien prendió una luz tenue y se tiró de espaldas sobre su cama.
—No lo sé.
—¿Vas a seguir visitándola?
—No lo sé.
—¿Seguirán siendo amigos?
—No lo sé.
—¿Y qué pasará con Ladybug?
—No lo…
—Sí, no lo sabes, ya lo sé.
—Creo… que no me di cuenta que me gustaba Mari justamente por Ladybug —dijo, sentándose—. Cuando me enamoré de ella fue… un flechazo. Como si me hubiera partido un rayo. Por eso pensé que Marinette no me gustaba de esa forma: no me pasó lo mismo con ella. Con Mari fue más… ¿progresivo? Fue como hundirse lentamente. Me di cuenta cuando ya era muy tarde.
—Por favor, basta de comparaciones cursis —rogó Plagg con amargura—. En otras palabras, ahora te gustan dos chicas. Por lo menos sabes que con una de ellas es recíproco. El problema es que no tiene ni idea de quién eres. Bueno, ese es un problema, si consideramos tus sentimientos por Ladybug como otro problema.
Adrien empezó a desesperarse, cayendo en cuenta de la situación en la que se había metido. Se puso de pie, agarrándose la cabeza.
—Ugh, ¿En qué estaba pensando? ¿Qué voy a hacer? ¡Es decir! ¡Ladybug es inteligente, divertida, astuta, genial, gentil y tiene unos ojos azules que me vuelven loco! ¡Y Mari, por su lado, también es inteligente y divertida y...!
De pronto, silencio súbito. El kwami ladeó la cabeza confundido y expectante ante tan abrupta interrupción.
—¿Plagg…? —preguntó Adrien con la mirada clavada en un punto fijo.
—¿Sí?
—¿Qué posibilidades hay… de que Mari y Ladybug sean la misma persona…?
—Hm, bueno… —dijo el kwami cruzándose de brazos—. El Maestro Fu suele elegir héroes que siempre resultan ser cercanos…
—¿«El Maestro Fu»? ¿Quién es ese?
—Y, si bien no puedo percibir auras como lo hace Wayzz… —dijo meditabundo e ignorando la pregunta.
—¿Wayzz? ¿Quién es ese?
—… el aura de Tikki se siente un poquitito más fuerte cuando estás con tus amigos. Pero no puedo sentirla cuando eres Chat Noir. Así que realmente no puedo confirmar nada.
—¿Tikki?
—La kwami de Ladybug, mi contraparte —respondió como si de la cosa más obvia del mundo se tratase.
—Oh. ¡Oh! —Pequeñas y grandes cosas empezaron esclarecerse para Adrien—. ¡Ahora todo tiene sentido! ¡Por ello Ladybug sabía de mi primera visita a Mari! Oh, Dios. Y aquella vez en la que encontré a Marinette luego de haber peleado con un akuma… ¡No me había seguido! ¡Estaba apurándose para volver a su casa! ¡Y la mentira del patrullaje! ¡Ella sabía que podría encubrirme como Ladybug si alguien le preguntaba! ¡Argh!
Tratando de asimilar esta catarata de nueva información que acababa de sacudir los cimientos de su universo, Adrien se tiró nuevamente de espaldas a su cama y se tapó la cara con la almohada. Una pequeña parte de él esperaba sofocarse con ella y morir en ese mismo instante. Le pareció oír a Plagg decir algo sobre máscaras y magias de kwami que ocultaban su identidad, pero Adrien estaba demasiado absorto en su realización como para darle importancia. Si tan sólo se hubiera dado cuenta antes…
Si se hubiera dado cuenta antes, ¿qué? ¿Qué habría pasado si lo hubiera sabido antes? No estaba del todo seguro.
Pensó en Ladybug (quien ahora era Marinette, ¡ahora era Marinette!), y en cómo le había dejado en claro, con la firme dulzura que la destacaba, que no tenía intenciones de hacerse conocer tras el antifaz. Y sus razones eran más que válidas.
Adrien se preguntó entonces qué había pensado Marinette cuando él se había aparecido por primera vez en su habitación. De algún modo, ella había sido partícipe del embrollo. No que le estuviera echando la culpa, pero…
Suspiró. No podía enojarse con ella, y se imaginó que ella tampoco con él. Probablemente Marinette se había dejado llevar por la curiosidad desde un principio, así como Chat Noir también. Él había querido conocer más a su amiga, ella seguramente había querido saber más de su compañero contra el crimen sin que él supiera que estaba conociendo a la chica tras el antifaz. Todo se les había salido de las manos a los dos. Y Adrien no tenía a otro que responsabilizar más que a sí mismo, él había sido quien había tenido la estúpida idea de comenzar a visitarla con su álter ego.
—Deberías irte a dormir, muchacho —dijo Plagg, quitándole la almohada de la cara—. No puedes hacer mucho ahora, y no he vivido una situación que no haya sido mejorada con una buena noche de descanso.
—Supongo que tienes razón —Adrien se puso de pie para buscar un pijama.
Luego de cambiarse y de lavarse los dientes, por fin se metió en la cama. Una vez cómodo bajo las sábanas, apagó la luz, y su kwami se acostó a su lado.
—Lo siento, Plagg. De verdad tendría que haberte escuchado desde un principio.
—Si te soy sincero, admiro tu capacidad para hacer lo que se te dé la gana cuando eres Chat Noir. Eres tan cabeza dura como yo. Somos tal para cual —dijo en la oscuridad—. Ahora duérmete. Verás cómo mañana todo mejora.
Esbozando una sonrisita, Adrien le acarició la cabeza con el índice.
Su único problema fue que el sueño y el mañana tardaron en demasiado en llegar.
N/A: Creo que no hace falta aclarar, pero está claro que este fic lo empecé mucho antes de que arrancara la segunda temporada, por lo que algunas cosas ahora no son congruentes con la serie.
Dejando eso de lado, espero que les haya gustado el cap :D Es la primera vez que escribo alto tan largo que además es un slow-burn, así que las críticas son más que súper bienvenidas.
Y como siempre, gracias por leer c: Los amo.
