Advertencias: Este fic es un R27 y contiene menciones y roces de AG, 8059, D18, XS, 10069, 6927 y otras.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! No me pertenece, así como tampoco sus geniales personajes. Son propiedad de Akira Amano.
Aclaraciones:
–Hablan los personajes. –
–Hablan los personajes en italiano. –
"Recuerdos"
'Pensamientos'
Mensajes de texto. (También dependerán del idioma)
Capítulo 11
De amores y familias
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Tsuna esquivó a duras penas el golpe que iba dirigido a su rostro, dando una voltereta en el aire para evitar la patada de Fon y las tonfas de Kyoya. Se deslizó hacía la izquierda, quitándole la oportunidad a Brina y a Alaude. Los cuatro se analizaron seriamente, preparándose para saltar sobre el otro, cuando la alarma de Bianchi resonó en el lugar.
–¡Se acabó el tiempo! –gritó la mujer desde la entrada, flaqueada por Iemitsu y por Dino. –Ya son las siete y media. –
Tsuna agradeció internamente que Bianchi hubiera decidido poner una alarma para avisar sobre el tiempo. Solo de recordar que el día anterior habían estado ahí hasta las dos de la mañana, sentía un escalofrío recorrer su columna vertebral. Y es que, por más bueno que fuera en las artes marciales, lidiar con todos los hermanos Hibari, sumándosele el hecho de que Brina participaba también, lo hacía quedar exhausto y molido.
–¡Tsu! –Dino fue en su auxilio cuando todo a su alrededor se movió y cayó al suelo de sentón. Iemitsu también salió a su encuentro con Bianchi tras él. –¿Qué tienes? –
Tercer día de castigo. Y Tsunayoshi admitía que no había comido desde la mañana anterior. Las cosas que tenía que hacer para tener todo listo le habían consumido las horas del día, dejándolo sin momentos libres para comer. Aunque, debía mencionar, que si no tuviera ese castigo encima habría tenido los momentos para hacerlo. Sin embargo, Nana Vongola no admitiría que su castigo fuese pasado por alto, así que prefería ir a entrenar para cumplir con su madre, que ir a agarrar algo de la cocina.
–Estoy bien. –dijo, finalmente, levantándose del suelo con ayuda de Iemitsu y de Dino.
–Venga, el desayuno ya está listo. –comentó su padre, preocupado.
Tsuna negó con la cabeza, se sacudió el pants negro y la camiseta azul, antes de comenzar a caminar en la dirección de la puerta. –No tengo tiempo, lo siento. –y, dicho aquello, el castaño desapareció por los pasillos de la mansión.
Iemitsu frunció el ceño.
–Nana fue muy lejos en esta ocasión. –habló Brina, notando que las tonfas de Kyoya tenían unas ligeras manchas de sangre. –Pienso que es hora de hablar con ella. Por muy resistente que deba ser Tsuna, esto es exagerado. No está comiendo ni durmiendo bien, además, gasta mucha energía con este castigo. –
Iemitsu ni siquiera hizo ademán de refutar lo dicho por su cuñada. Desde el principio ese castigo le pareció injusto y extremista, puesto que su hijo era en realidad inocente. Sin embargo, Nana seguía siendo una Vongola y, como tal, era terca.
–¿Estará Tsu bien? –preguntó Dino. –Se le ve muy cansado. No ha comido bien en los últimos dos días y no duerme por revisar los documentos que faltan para la junta de mañana. –el rubio y Kyoya se miraron.
–Hablaré con Nana. –suspiró la mujer rubia, llevándose un mechón de su cabello hacía atrás.
–No escuchará a nadie, dejemos que Nono hablé con ella. –Iemitsu caminó hacía la mansión.
–Pero debe ser pronto. Tsuna necesita descansar para mañana. –intervino Fon, observando a los mayores.
Eso era bastante cierto. Y el décimo Vongola parecía haber sido arrollado por un camión. El día anterior, luego de que Shamal lo curó, le había comentado a Brina que Tsuna necesitaba con urgencia parar esos horribles entrenamientos. Sin embargo, el castaño se limitó a contestar con un: "Mamá se pondría furiosa si lo hago, es mejor no tentar a mí suerte", antes de seguir con su camino a su alcoba.
Pero no fue hasta ese momento en el que Brina notó que tenía alguna herida grande en alguna parte, puesto que Kyoya tenía sus tonfas manchadas de sangre y Fon notó sus manos, de igual forma, salpicadas de un líquido rojizo.
–¿Sabes algo? –le preguntaron a Bianchi, quien ya se preparaba para seguir a Tsunayoshi, mientras le señalaban las armas del pelinegro menor.
Ella los miró.
–Ayer, mientras entrenaban, no sé si recuerdan que Alaude lo lanzó contra los arbustos. –todos asintieron. –Bueno, pues, ahí aún quedaban escombros de algunas bancas de mármol que Deamon y Alaude destrozaron en su última pelea, y Tsuna cayó sobre ellos. Se hizo heridas bastante grandes, sin duda. Shamal le dijo que tenía que descansar, sobre todo para que curaran más rápido, pero él se negó. Así pues, ha estado entrenando sin prestarle atención a eso. –la mujer explicó. –Y aunque sé que mamá Nana busca darle una lección a Reborn, siento que esto ya fue muy lejos. –musitó, para luego desaparecer en busca del décimo.
Iemitsu ya no estaba tan seguro de tener la paciencia suficiente par esperar a que Timoteo hablase con su hija, sobre todo porque Tsuna estaba saliendo perjudicado. Observó a Brina, de forma muy seria.
–Chicos, por lo pronto, hoy en la noche se cancela el entrenamiento. Tsu necesita dormir y comer, así que asegúrense de que no haga nada muy pesado físicamente. Y, cuando puedan, que Colonello lo revise, estoy segura de que tiene lastimada una mano. –dicho esto, Brina entró en la mansión, dispuesta a hacer que su hermana entrase en razón de una buena vez por todas. Iemitsu la siguió.
–¿Falta mucho para que todo esté listo? –preguntó Fon a sus dos hermanos, tras asegurarse de que Iemitsu y Brina desapareciesen por el pasillo.
–No, pero el omnívoro está ocupado con otras cosas. –respondió Kyoya, observando con cierta culpa sus tonfas. Y aunque su rostro no demostraba esa expresión, sus hermanos lo conocían demasiado bien como para interpretar correctamente sus sentimientos.
Fon le palmeó el hombro.
–Descuida, ninguno sabía que Tsuna estaba herido. –
Alaude suspiró. Sus dos hermanos menores eran bastante diferentes, pero a la vez no. Y aunque a veces a él le pudiera resultar irritante la personalidad calmada de Fon, era la voz de la razón tanto suya como de Kyoya. Así que, a lo largo de su vida, había aprendido a no irritarse por su sonrisa calma y su mirada tranquila, porque era mejor mantenerlo así. Cuando Hibari Fon se enfadaba, ni él ni Kyoya se le comparaban en violencia.
–No sé de qué hablas, omnívoro. –resopló el menor.
Alaude no pudo evitar sonreír un poco. Kyoya se comportaba como un niño cuando estaba alrededor de Fon.
–Tsuna no ha de estar molesto. –continuó el pelinegro mayor. –Pero sí hay que evitar que haga esfuerzos de más. –
Y era así como Fon lograba hacer que Hibari Kyoya desviase sus pensamientos a otra cosa. Y Alaude negó con la cabeza imperceptiblemente. A pesar de que él era el mayor de los tres, a veces pensaba que le iba más ese papel a Fon.
–En fin. –habló, llamando su atención. –¿Y Reborn Arcobaleno? –
Fon lo miró en silencio por un segundo, meditando su respuesta. Por otra parte, tampoco es como que hubiera mucho que decir al respecto. –…trabajando en los proyectos de Verde. Y, en relación con lo que sucedió con Xanxus, Tsuna no le habla. Tampoco contesta sus llamadas. Y la verdad es que no hay forma de culpar a Tsuna, puesto que Reborn hizo cosas que no debió. –el hombre suspiró, pesadamente.
Justo el día anterior había estado mascullando irreverencias sobre lo sucedido en la mansión. Luego, mientras trataba de comunicarse con Tsunayoshi, se quejaba molesto sobre la indiferencia del castaño. Y aunque trató de muchas formas de sacarle información a él y a Verde, ambos podían decir con orgullo que no habían cedido ante las demandas de su amigo de la infancia. Por otra parte, Colonello se refugió en una excusa más práctica y menos cuestionable: su boda.
Así pues, Reborn tuvo que aceptar, irritado, que sus amigos se hacían los tontos respecto al tema de su "pelea" con Tsuna. De alguna forma muy inteligente, todos se habían zafado de sus preguntas directas. Aunque, de forma molesta, Lal y Bianchi solían decirle que Tsuna estaba bastante ahogado con su castigo gracias a él.
Ambas eran valientes, sin duda.
–Ahora que lo dices…creo que el omnívoro prefirió bloquearlo. –Kyoya recordaba vagamente a su jefe mascullar improperios, mientras trataba de concentrarse en su trabajo sin tener que apagar el molesto aparato.
Sin embargo, cuando los dos primeros días pasaron, Tsuna se vio a si mismo demasiado irritado como para seguir aguantando lo que Lambo denominó como: "Acoso sexual telefónico". Así que, bastante frustrado, terminó por bloquear a su "Novio no tan preciado por el momento y futuro exnovio como siguiera molestando".
Sí, Lambo también le puso el mote.
–Cierto, Giotto me lo comentó. –recordó Alaude.
Y aunque Giotto parecía estar perdiendo la paciencia, porque incluso a él lo llamó Reborn, el rubio se había estado manteniendo al margen de lo sucedido, puesto que Tsuna aún no había ido a pedirle ayuda. Sin embargo, Alaude sospechaba que no tardaría mucho en meterse, aún si era para hablar con Nana respecto al castigo.
–Pienso que esto está yendo muy lejos. –sonrío Fon, nervioso. –Pero, sin duda, no puedo culpar a Tsuna por seguir molesto. –y era cierto.
Porque, sin importar la enorme cantidad de trabajo que tenía, él asistía puntual a los entrenamientos-torturas a los que estaba sometido. Lo más increíble era que no se quejaba en absoluto. Por mucho que le dolieran los golpes que no podía esquivar, por mucho sueño que tuviera por no poder dormir a causa de su trabajo, y por mucha hambre que tuviera, él seguía estando ahí, como si realmente todo aquello fuera una cosa nimia para su persona. Pero ellos, que lo conocían desde niño, sabían a la perfección que todo le estaba afectando.
Y esa era la razón que los llevaba a entender la molestia del menor. Es decir, Reborn, muy a pesar de todo, estaba bastante fresco, limitándose a llamarlo con absurda insistencia. Pero Tsuna parecía que caería rendido en cualquier momento.
Y eso era lo que los preocupaba a todos, en realidad.
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Para Byakuran Gesso ya no era una sorpresa que Tsuna se pasara por su oficina en la mañana para tirarse en su sofá a dormir. Y a pesar de que le alegraba su presencia, no podía dejar de notar que su amigo parecía…enfermo. Es decir, era alarmante que su rostro estuviera tan pálido y ojeroso. Y ni que decir de los interminables rasguños que surcaban sus brazos, su rostro y, seguramente, sus piernas. ¿Moretones? Sí, también los había, y al por mayor.
–Tsu, comienzas a preocuparme. –dijo, cuando decidió quitarle la almohada del rostro para impedir que se durmiera. –¿Ya comiste? –
Tsunayoshi siempre había sentido una paz interior muy grande cuando se encontraba cerca de Byakuran. Y quizás se debía a que él era todo risas y todo bromas. Pero había momentos, como aquel, por ejemplo, en los que su lado protector salía a flote.
–¿Medio kiwi cuenta? –preguntó con voz somnolienta, sin abrir sus ojos.
–No. –
–Entonces, creo que no. –
Byakuran se irguió de nueva cuenta, le hizo una seña a Kikyo y le indicó, con voz baja, que fuera a comprar algo para que Tsuna comiera. El mayor sonrío suavemente, asintió con calma, y salió llevándose a rastras a Zakuro.
–¿Vienes de Vongola? –
–…sí. –el chico bostezo antes de sentarse en el sillón, resignándose a que Byakuran no le iba a permitir dormir. –Estaba con Giotto revisando los documentos que llegaron de Vendicare, pero luego avisaron que habría una junta con Varia, Arcobaleno y Tomaso. Preferí salir de ahí. –otro bostezo. –Nono prescindirá esa reunión. –dijo, ante la dudosa mirada lavanda.
Byakuran ya había escuchado la historia detrás del estado de Tsuna en días pasados, pero seguía sin creer que Nana hubiera castigado a Tsuna en lugar del mismismo Reborn. Pero, lo estaba, sin duda.
Tsuna observó por un largo momento su mano vendada por Colonello. No recordaba habérsela lastimado, pero pensó que, quizás, se la hubiera dañado cuando paró en seco el golpe de Fon sin pensar mucho en que se trataba de una patada. O, más atrás aún, cuando paró el golpe de Xanxus antes de que golpeara a Reborn.
Sí, de hecho, creía que fue en ese momento, porque cuando sucedió lo de Fon sintió un pequeño estirón y luego un gran dolor. Probablemente el daño se hizo más problemático porque no se cuidó la primera lesión.
Sin embargo, los días siguieron pasando, y el dolor se hizo peor cuando decidió que era esencial parar las tonfas de Kyoya y los puños de Alaude con esa misma mano. Ahora, estaba amoratada por todos lados, sobre todo de la muñeca. Y Colonello le había dejado bien en claro que no podía hacer mucho uso de ella si quería recuperarse pronto.
Bufó.
¿Cómo no quería que hiciera uso de ella si tenía que entrenar con Brina, Fon, Alaude y Kyoya? Era completamente irracional. Sin embargo, admitía que se sentía muy agradecido con su tía por haber cancelado el entrenamiento de la noche. Necesitaba descansar con urgencia.
–¿No piensas hablar con Reborn? –preguntó el albino, de vuelta a su escritorio. –Ayer Kikyo me dijo que tu celular sonó varias veces con su llamada bloqueada. –
Tsuna por un momento se preguntó en que momento él se habría dado cuenta de aquello, pero luego recordó que el día anterior Byakuran se fue como por una hora a una junta. Y él se quedó dormido, mientras conversaba con Zakuro y con Kikyo. Más tarde, Bluebell lo despertó para darle un plato de galletas. El que, sin duda, le agradeció a la mayor con ojos brillantes y casi llorosos.
–Ni idea. Justo en este momento estoy concentrándome en otras cosas de Vongola. Dentro de un mes el abuelo hará la ceremonia de sucesión, así que Gio y yo estamos bastante apurados con los últimos detalles de la preparación. La que, dicho sea de paso, está a cargo de Coyote. No tenemos un solo momento para relajarnos. Nos está haciendo realizar millones de informes de prueba. –y de solo recordarlo quería llorar.
–No sabía que a los sucesores de Vongola los hicieran hacer pruebas también. –comentó con sincera sorpresa.
Tsuna resopló. –Los demás jefes dicen que es como un taller. Hay un enviado de cada una de las familias vigilando y calificando nuestro desempeño. Así pues, el día de la ceremonia, dan sus opiniones respecto del candidato. Los líderes se hacen de una opinión y evalúan la capacidad de la persona. –el chico lo miró. –Es algo muy parecido a lo que les hacen a ustedes, solo que a nosotros nos evalúan por casi dos meses. –explicó con voz cansada.
–¿Qué sucede si deciden que no son aptos? –preguntó el oji lavanda con curiosidad.
–En un caso normal, pasaría un año antes de volvérsele a hacer la prueba al candidato. Pero si por segunda ocasión demuestra no estar capacitado, se considera la opción de probar con su hermano menor. Si el menor prueba ser apto, el control de la alianza y la familia pasa a ser suyo. En la historia de Vongola solo ha pasado una vez, con la bisabuela Daniela. –
–¿En está ocasión va a ser diferente? –
Tsuna asintió. –En este caso, tanto Giotto como yo estamos tomando el control de Vongola al mismo tiempo, compartiendo el puesto. Nunca antes se había dado un caso como el nuestro, así que solo tendremos una oportunidad de demostrar que somos aptos, de lo contrario, el control pasaría a ser de alguien que la alianza piense es digno. En este caso, Enma, G o Alaude. –dijo con total calma.
Byakuran pareció alarmado.
–E-entonces solo uno debería hacer la prueba. De otra forma, el líder familiar de la alianza cambiaría y Vongola pasaría a ser uno más. –musitó preocupado.
Tsuna río. –Aprecio tu preocupación, Byakuran, pero Gio y yo estamos totalmente seguros de lo que estamos haciendo. No hubiéramos aceptado tomar el cargo los dos al mismo tiempo sin prepararnos con antelación. –
Fue entonces que Byakuran cayó en la cuenta de lo que Tsunayoshi había estado haciendo en sus visitas a las diversas familias. No era solo que acepasen a Mukuro de regreso en Vongola sin objeciones. No. Todo era mucho más complejo. Él y Giotto habían estado haciendo visitas regulares, mostrando su interés por lo que hacían fuera de su "taller" para suceder a Timoteo. Algo que cada líder familiar tomaría en cuenta aún por encima de que eran nietos del noveno, puesto que era una cualidad necesaria para ser los futuros décimos de Vongola.
Sonrío.
Por un segundo se sintió verdaderamente sorprendido, sin embargo, él conocía lo suficiente a Tsunayoshi como para saber que era algo que haría sin pensárselo dos veces. Los hermanos Vongola eran personas sumamente astutas, y no daban un solo paso a ciegas. Siempre sabían que iban a ganar incluso antes de que los demás estuvieran al tanto.
Ambos eran bastante cuidadosos.
–…vaya, es…sorpresivo. –
Al principio fue ingenuo y creyó que esas visitas eran solamente para pedir que Mukuro fuera aceptado. Pero debió imaginar algo así, puesto que la mayoría de los líderes pensaban y consideraban más el desempeño de cada individuo que sus sentimientos por el mismo.
–¿Apenas lo notas? –preguntó con diversión. –Hay muchas cosas a tomar en cuenta en el taller, sí, pero nosotros también debemos ir más allá. Lo cierto es que estas visitas comenzaron solo por cortesía, y para conocer más acerca de lo que hacían y de su historia familiar. Ya sabes, muchos datos los omiten en los libros, así que Gio y creímos que sería más interesante ir directamente con la familia en cuestión. –Tsuna sonrío. –Después, ellos comenzaron a llamar por nosotros, pues se sentían con la confianza de acudir a nosotros por nuestra constante presencia en sus oficinas, ya que les dimos la oportunidad de conocernos. Luego, sucedió. Cuando Nono nos notificó lo que significaba que ambos fuéramos candidatos al mismo tiempo, los dos nos propusimos seguir con esa táctica, ya que es beneficiosa para ambos lados. Para nosotros porque conseguimos su confianza, para ellos, porque consiguen nuestra ayuda cuando la requieren. –y vaya que habían tenido mucho trabajo por aplicar ese plan.
Sin embargo, para Tsuna no era simplemente "trabajo". Es decir, empezaba a conocer a los líderes, a hacerse su amigo y a darles confianza cuando la necesitaban. Muchos de ellos eran nuevos en la alianza, otros eran jóvenes como él que acababan de tomar el control de su familia, por lo que todo se hacía más emocionante. Él tenía la oportunidad de ayudar a alguien, y alguien más lo guiaba a él sin saberlo.
Era una especie de lazo extraño que Giotto y él estaban formando con la alianza entera.
Un enorme aprendizaje, sin duda.
–¿Seguro que no es algo más? Quiero decir, lo que están haciendo significa tener mucho trabajo encima. –comentó el albino.
–Simple interés. –el castaño lo miró con serenidad. –A toda Vongola le interesa que todos los miembros de la alianza estén bien, con todo su trabajo a tiempo y sin inseguridades. Pero el abuelo no se ha detenido a pensar que, tal como él, ya hay muchos miembros que están dejándole el cargo a sus herederos más jóvenes. Y, como nosotros, deben estar preocupados de no ser suficientemente buenos. –
Byakuran miró seriamente a su amigo. Desde que lo conocía él siempre se había sentido inseguro acerca de sus habilidades para ser el décimo Vongola, cuando todo el mundo veía claramente un excelente líder en él.
Pero, había cosas que nunca cambiarían, y solo Giotto era capaz de desechar esas inseguridades en su hermano.
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La pequeña estantería tembló cuando las pisadas se hicieron más fuertes y cercanas. Frente a ella, pasaron corriendo Albito y Spanner, perseguidos por un furioso Mukuro que buscaba deshacerse de ellos y dejar sus cadáveres en España. Shoichi dio otro sorbo a su taza de café y observó a través de sus anteojos la burda escena.
Esteban Carvallo, ataviado en un elegante traje negro, sonrío con dulzura. Sus ojos eran grandes y cristalinos, de un precioso color turquesa. Su cabello, liso y sedoso, atado en una coleta baja, con sus hebras negras perfectamente bien arregladas.
–Parecen divertirse. –Esteban habló, con un curioso japonés acentuado por su español. –¿Por qué está Mukuro tan enojado? –
Shoichi consideró seriamente el soltar el motivo oculto en el intento de homicidio, pero decidió guardárselo para él y a cambio sonreír con calma. –Digamos que Tsuna, perdón, el décimo, lo envió hasta aquí sin un objeto muy preciado para él. –otro sorbo y otra sonrisa.
Esteban no estaba tan seguro de que aquel "objeto" fuera solamente preciado. Sin embargo, deducía cuál era. Desde que lo vio en el aeropuerto se dio cuenta de que no portaba su clásico tridente con él, el cual llevaría en su mano para darle más fuerza a sus amenazas de muerte. Así que, debía dar gracias a su castaño amigo por habérselo quitado, puesto que no quería tener que dar explicaciones de la desaparición de Albito y Spanner en el futuro.
–¿El décimo está molesto con mi familia? –preguntó luego de un momento, observando con intensidad a Shoichi.
–Por supuesto que no. –el pelirrojo dejó la taza sobre la mesita frente a él y volvió su vista hacía el pelinegro. –Preocupado, eso sí. Y también muy avergonzado. Envía sus más sinceras disculpas por lo sucedido con su padre. –
Esteban sonrío a medias.
–Sí…fue todo muy desconcertante. Un momento estábamos en la fiesta de compromiso, y al otro mi hermana estaba gritando por la intrusión de un extraño en su alcoba. Mi padre estaba furioso, más, si cabe decir, y decidió cortar lazos con Vongola. –el chico suspiró. –Estuve tratando de convencerlo inclusive antes de recibir la llamada de Tsuna, pero tras haber hablado con él, le dije a papá que los hermanos Vongola estaban muy arrepentidos y que Iemitsu recibiría un castigo de parte del Noveno. –sonrío. –No sé si es cierto, pero ha servido para algo. Papá está dispuesto a conversar con Vongola siempre y cuando sea alguien enviado por Tsuna. –
Shoichi agradecía infinitamente que la relación de su amigo castaño y la de Esteban siempre hubiese sido tan sincera y limpia. Más, si consideraba que Giotto y Tsunayoshi eran bastante preciados para la difunta madre del chico. Y para su hermana, si cabe decir.
–Estamos profundamente agradecidos por su esfuerzo, joven Carvallo. –sonrío Irie con honestidad. –Estoy seguro de que el décimo piensa lo mismo. –
Esteban sonrío.
Él sabía lo que Tsuna pensaba incluso sin necesidad de que alguien más se lo dijera. Se conocieron cuando tenían ocho años. Su padre estaba de visita en la mansión de Vongola para unos negocios y él no tenía con quien jugar, puesto que su hermana se había quedado en España con su niñera. Fue paseando por lo jardines, que su madre y él se encontraron con Primo y décimo jugando a las escondidas. Con ellos, iban Hayato, G, Enma, Dino, Nagi, Cozart y Mukuro. Más lejos, observándolos, se encontraban Alaude y Kyoya. Antes de notarlo él ya estaba escondido con Tsuna y Cozart tras unos arbustos, mientras Mukuro contaba.
Era un recuerdo muy alegre, dado que ellos habían sido sus primeros amigos. Dentro de la alianza era complicado encontrar padres o líderes como el Noveno, que no juzgarán a todo el mundo, incluido a los niños, como si fueran miembros de las fuerzas especiales policiacas.
–Tengo ganas de encontrarme con los herederos Vongola. –sonrío el pelinegro con calma. –Será divertido. –eso, o un desastre. Pero no quería mencionarlo. Siempre que se encontraban terminaban armando un caos de tamaño desproporcional.
Solo había que recordar cómo había quedado la cocina de la mansión Spade varios años atrás.
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Giotto dejó caer la cabeza sobre la superficie de la mesa de la biblioteca, tratando de disipar la irritación y el estrés que le generaba estar siendo vigilado por los ojos de cada uno de los hombres de confianza de su abuelo y de los del resto de los líderes. Aunque…no. Visconti estaba directamente con Tsuna, observando lo que hacía con seriedad y corrigiéndolo con voz fuerte y precisa.
–No me gustaría ser Tsuna en este momento. –susurró Squalo a Xanxus, quienes estaban a cargo de Yamamoto.
–¿Por qué? –intervino el menor con curiosidad, observando también en la dirección en la cual estaba el castaño.
Squalo sonrío. –Visconti es la versión anciana de Alaude y Kyoya. –
El albino se calló cuando los ojos calculadores del mayor se posaron en él. Y, por un momento, Xanxus temió quedarse viudo antes de casarse con el tiburón boca floja. Pero cuando Tsuna tiró de la manga de su saco negro, Visconti volvió su vista a él, ligeramente más suave, y lo "felicitó" por su buen trabajo en lo que sea que él lo puso a hacer.
–Su taller ha finalizado, décimo. –Giotto levantó la cabeza de inmediato cuando la voz de Visconti se escuchó.
–Ha hecho un excelente trabajo, décimo, le aseguró que mi jefe solo escuchará buenos comentarios de mi parte. –le sonrío la mano derecha del líder de Tomaso.
Tsuna correspondió su gesto.
–Tienes libre de aquí al día de la ceremonia, décimo. –prosiguió Coyote. –Entrega esto al Noveno y será oficial que tu taller ya ha finalizado. Felicidades, obtuviste excelentes observaciones. –
Tsuna se levantó de la silla, tomó el folder que Coyote le tendía y salió de la biblioteca tras despedirse de los presentes de forma educada. Mientras caminaba hasta las escaleras, optó por ir de inmediato con su abuelo. Total, ya no tenía nada de papeleo que hacer y no tenía ganas de volver a la biblioteca a escuchar los lloriqueos de Giotto por no haber finalizado aún.
Sonrío.
Se suponía que su hermano tenía que haber empezado y terminado mientras él estaba en Japón. Y, según lo que le comentó Brina, Giotto sí había comenzado cuando él estaba en Namimori, pero que solía no asistir con frecuencia cuando le tocaba revisión con miembros de la alianza a los que conocía. Dígase Romario o Adelheid, aunque con la segunda era más por temor que cualquier otra cosa. El caso era que se saltaba el taller la mayoría de las veces o, más bien, tardaba mucho en entregar los documentos bajo la excusa de estar ocupado con asuntos de Vongola. Excusa que los observadores de las familias creían y alababan por "su responsabilidad para con la familia y la alianza".
Así pues, lo que debió ser un taller de solo dos meses, se le había extendido a más de cuatro. Y eso que a él solo le llevó tres semanas y media.
–Abuelo. –Tsuna asomó la cabeza por la puerta tras haber tocado.
El hombre tras el enorme escritorio le sonrío con tranquilidad. –Pasa, Tsuna, ¿Sucedió algo? –
El castaño le sonrío a su tía antes de pasar a la ordenada oficina, sin notar que Nana también se encontraba ahí. De haberlo hecho no habría dado ni un paso dentro, pero cuando la vio, él ya estaba frente a su abuelo. Forzó un saludo. Luego, la ignoró deliberadamente, prefiriendo fingir que no estaba ahí.
Sí, su cansancio lo estaba llevando a enfadarse con su madre por ser tan terca, extremista e injusta.
–Solo venía a entregar esto, abuelo. –le tendió el folder.
Timoteo sonrío. –Así que ya terminaste el taller. Siendo así, podríamos adelantar la ceremonia. –y los resultados que veía le agradaban mucho.
Tsuna parpadeó. –Pero Gio aún no termina. Le faltan las pruebas del último nivel. –
O al menos eso era lo que Cozart le comentó por la mañana. Sin embargo, confiaba en que su hermano terminaría ya sin estar dándole largas a los observadores de las familias. Ya no tenía excusas para zafarse y, por otra parte, Alaude ya lo había amenazado con casarse con Cozart si seguía haciéndose el tonto con sus obligaciones. Así pues, su rubio hermano ya solo podía lloriquear mientras escribía. No le quedaba de otra, menos si consideraba que Coyote decidió ponerse temporalmente en el lugar de G para vigilar que su hermano hiciese su trabajo sin distracciones.
–Cierto. Pero estoy seguro de que en una semana sí termina. –Timoteo tomó el teléfono de su escritorio. –Hablaré con la alianza. –
Tsuna sonrío con diversión antes de retirarse. Ahora tenía otra cosa que hacer.
Una muy importante.
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Colonello colgó tras despedirse del Noveno. Se quedó en silencio, observando el teléfono, y luego observó a los presentes que lo miraban esperando a que comenzase a hablar.
–Era el Noveno-kora. –
Reborn chasqueó la lengua. –¿Y para que llamó? –
Lal le dio un suave golpecito en la cabeza a su prometido para asegurarse de que seguía vivo. Pero la sonrisa en su rostro se fue haciendo cada vez más grande, hasta convertirse en una demasiado amplia. Mammon lo miró con desconcierto, hasta que el rubio reaccionó abrazando al primer ser que tuvo cerca: Verde.
–¡Tsuna y Giotto harán la ceremonia en una semana-kora! –
–¿La ceremonia? ¿Qué ceremonia? –preguntó Lal confundida, siendo la voz de aquellos que no sabían de que iba la cosa.
Colonello los miró. –Es cierto, ustedes son nuevos en la alianza-kora. –soltó al irritado científico y se giró hacía sus amigos. –Hay una vieja tradición en Vongola en la que los sucesores hacen una ceremonia para ver si son aptos para el puesto. Cuando todos los líderes familiares votan, se da a conocer al nuevo líder familiar y se hace la "Ceremonia de sucesión", donde el anterior jefe le pasa el liderazgo al nuevo. De esta misma forma, el resto de los miembros de la alianza le dan sus mejores deseos al sucesor y le juran lealtad, confianza y respeto-kora. –explicó alegre.
–Es un evento muy importante. –comentó Mammon con calma. –No sabía que el renacuajo ya había terminado los talleres. Creía que apenas los comenzó hace tres semanas. –
–Hoy termino. –
–¿Y eso nos involucra a todos? –preguntó Reborn con irritación. –No… –
–Sí, involucra a toda la alianza. Tú como un miembro reciente no lo sabes, pero esto demuestra ante el resto de las familias tu compromiso hacía a los demás. Ya te negaste a ir a la votación de Gesso la vez anterior, así que no eres bien visto en la alianza. Si faltas a la ceremonia, te excluirán definitivamente, puesto que a este evento todos los líderes tienen que ir sí o sí. –dijo Mammon.
–Lo último que los familiares quieren es ser mal vistos por los jefes de Vongola. –comentó Bianchi, distraída.
Fon sonrío, calmado. –En esto es obligatorio. En realidad, cualquier llamado que haga Vongola es obligatorio. Además, esta sucesión ha sido esperada desde que Nana decidió que no tomaría el liderazgo de la familia. Todos han estado a la expectativa de quién sería el próximo en liderarlos, y tenían muchas esperanzas en los nietos de Nono. –
Así pues, Reborn se vio a si mismo incapaz de regresarle la llamada al Noveno para decirle que no participaría en tal evento. Lo que era más, tenía muchas ganas de ni siquiera ir a la reunión del día siguiente, puesto que sabía que su "muy enfadado novio" estaría prescindiendo la junta con su hermano. Pero, tal y como le recordaba Mammon, ya había faltado una vez al llamado de Vongola, una segunda ocasión sería imperdonable.
Suspiró.
–¿Y qué se hace en ese taller? –preguntó con fastidio. Tenía que informarse si no quería parecer un idiota en la ceremonia, sobre todo porque aquello no aparecía en los libros y documentos.
–Las familias envían a un observador a que les pongan ciertas pruebas a los sucesores, están varían de acuerdo con el nivel en el que estén. Las últimas son las peores y más pesadas. Después, en una hoja, cada uno de los enviados apuntan comentarios y las "calificaciones" obtenidas en dichas pruebas. Tras ello, hacen un informe para el líder familiar, anexan copias de todas las pruebas y el día de la ceremonia dan su veredicto. –explicó Mammon.
–¿Y quién fue de parte de Arcobaleno? –preguntó Reborn.
–Yo-kora. –respondió Colonello. –Mañana iré a recoger las copias que pertenecen a Arcobaleno. Coyote está juntándolas en folders para cada familia-kora. –sonrío. –Pero son las del décimo solamente, porque Primo aún no termina. –
Reborn se preguntó seriamente el motivo por el cual todo siempre lo llevaba hacía a Tsunayoshi Vongola.
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Kikyo recogió los platos intactos de Byakuran, quien continuaba sentado en el sillón frente a su ventana. Bluebell le dirigió una mirada fulminante a su esposo, por no decir nada al respecto, y siguió lavando los utensilios que utilizó para hacer la cena. A su lado, Zakuro y Daisy acomodaban lo que la chica les pasaba.
–Oye, jefecito. –Ghost se sentó a su lado y lo sacudió de un lado a otro. –Venga, no puedes estar siempre en estado planta. –
Byakuran lo miró con expresión sombría.
–¿Qué es lo que debo hacer, Ghost? Yo… –el albino se mordió el labio inferior y suspiró.
Ghost se mantuvo quieto un momento, le sonrío con calma y le palmeó el hombro. –Byakuran, antes que tu hombre de confianza soy tu primo. Y sabes que siempre intento ser honesto contigo, así que seguiré con esa costumbre…eres un estúpido. –el chico lo miró seriamente. –Tu relación con Mukuro no afectará lo que suceda en la alianza. Quiero decir, el décimo se está moviendo para prevenir esa situación, pero tú no se lo dejas fácil. ¿Tener que lidiar contigo, con Mukuro y con Vongola? No seas tan desalmado. Lo haces cargar contigo, cuando sabes que al final él tiene razón y ganará. Deja tu tonto orgullo a un lado, por un instante, y ve lo que te has hecho a ti mismo. –
Byakuran apretó los labios, incapaz de contestar a las palabras del otro.
–…Mukuro está bien sin mi…su hermano lo casará con Albito Evocatore. –su voz, ronca, erizó la piel de Kikyo y Bluebell, quienes lo miraron desde la cocina con preocupación.
Ghost frunció el ceño. –¿Crees que Mukuro lo acepte, así como así? –tomó a Byakuran de las mejillas, obligándolo a mirarlo. –¿En qué demonios estás pensando, Byakuran? ¿Crees que todo se solucionará porque haces esto? –
–Yo… –
–¿Crees que Tsunayoshi está bien con esto? –
–…yo no…yo… –
–¿O eres tan idiota para creer que solo por eso él dirá: "Oh, Byakuran hizo esto por mí, volveremos a ser los mejores amigos de todo el universo"? ¡Eh! ¿Crees que él es tan mezquino? –su voz era cada vez más fuerte y firme, mientras mantenía a Byakuran sin escapatoria. –¿O crees que Mukuro será feliz casado a la fuerza? ¿Quiénes piensas que son ellos? –
–…basta, por favor… –el albino trató de zafarse del agarre de Ghost, quien lo hizo más firme.
–¡Contesta! ¿Por quién crees que Tsunayoshi está trabajando tanto? ¡Él desde el principio estaba bien con que tu siguieras con Mukuro! ¿No te conformas con hacerlos sufrir una sola vez? ¿Qué demonios piensas? –
Byakuran estaba harto. Se levantó del sillón, con las manos y los labios temblándole, y miró a Ghost.
–¡Ya déjame en paz! Sé que hice una estupidez, sé que lo hice por egoísmo, sé que no lo hice simplemente porque quería la felicidad de Mukuro. ¡Sé que lo hice porque quería redimirme con Tsuna! ¡Yo…! Yo simplemente quería que Tsu me quisiera como siempre…quería recuperarlo…quería…quería que todo fuera como antes. ¡Sí, sé que le hice algo horrible a Mukuro! Pero…pero…yo…yo necesitaba saber que sintió Tsuna…no podía continuar así. –su voz se quebró, sus lagrimas resbalaron por sus mejillas y se dejó caer en el otro sillón, con la cara enterrada entre sus manos.
Byakuran sintió unos brazos rodeándolo con cariño y calidez. Brazos delgados pero fuertes, en un agarre cariñoso y suave. El aroma característico a cítricos lo inundó, mientras lo sostenía con ternura.
Tsunayoshi.
–No necesitas hacer nada de esto para hacer que yo te quiera, porque, Byakuran, lo que más odie de mi mismo fue mi incapacidad de odiarte. –la voz del décimo era tan suave que, por un momento, se sintió idiotizado. –Todo este tiempo me sentí tan frustrado porque no era capaz de odiarlos, a ninguno de los dos. Cuando hablé contigo en Japón te lo dije, yo los perdonó y soy feliz de que tú y Mukuro se amen. En este momento, me siento como una horrible persona. –
Byakuran se separó de Tsuna y lo miró fijamente a los ojos. Ghost, Bluebell, Kikyo, Zakuro y Daisy salieron en fila por la puerta, dejándolos solos.
–¡No digas eso! Yo…perdón por hacer que escuchases esto…es…lo siento. –
Tsuna le sonrío. –Descuida, Byakuran. En parte me siento aliviado de que lo hayas dicho. Te hacías daño guardándotelo. –
–Eres una excelente persona, Tsu. Yo soy él que… –
Tsuna soltó un largo suspiró. –¿Amas a Mukuro? –
–¿Qué? –
El castaño se sentó frente a él, sujetando sus manos. –Solo te haré esta pregunta una vez, quiero que seas sincero. ¿Sigues amando a Mukuro? –
Byakuran lo pensó un largo momento. Él amaba a Mukuro con todo lo que tenía. No se imaginaba a si mismo con alguien más. Todo lo que había hecho lo realizó por el amor que le profesaba, incluso el renunciar a él.
–Todo lo que he hecho lo hice por él. –susurró con voz baja.
Tsuna retuvo un suspiro y lo miró con seriedad. –Eso no fue lo que te pregunté. –
–…yo… –
–Byakuran. –la mirada que le dirigió el otro lo hizo tener escalofríos.
–Sí. Lo amo. –una verdad que comenzaba a dolerle desde el momento en el que decidió dejarlo ir a Vongola.
Tsuna sonrío. Cálido. Amistoso. Sincero.
–Byakuran, yo haré todo lo que esté en mis manos para que Mukuro sea aceptado por la alianza. Pero…no lo habría hecho si tú continuabas así. –el castaño se masajeó las sienes antes de continuar con su conversación. –No apruebo lo que hiciste. Ni antes ni ahora, pero comprendo todos tus motivos. Yo…tengo mucha de la culpa, sí, es cierto, porque quizás no te aclaré que yo siempre te he querido. Eres importante para mí, y ni Mukuro ni nadie podría cambiar eso. Igual que lo es para él. Así que, yo no estoy feliz ni acepto que termines tú relación por tus culpas o por tu fascinación de sufrir. Yo los perdoné a ambos de corazón y no quiero que me malinterpretes. Eso no significa que debas terminar tu noviazgo. –
–…pero tengo mucho miedo, Tsu. –susurró con la voz ronca, quebrada, dejando salir todo lo que guardó por meses. –Yo…no sé qué haría si Mukuro me dijera que siente que yo tengo la culpa de lo que sucedió. De que quizás él te amé a ti y no a mí. No…no lo sé. Solo tengo miedo. –
Tsuna abrazó sus piernas contra su pecho y sonrío con calma. –¿Sabes? Cuando me di cuenta de las intenciones de Reborn sentí pánico. Yo…nunca me había sentido de está forma. El negarme a hablar con él me destroza, porque anhelo escuchar su voz y ver su sonrisa. Pero…estar lejos es doloroso…jamás tuve este tipo de sentimientos por Mukuro. Al menos no de forma romántica. Cuando le pregunté a Enma, me dijo que sentía lo mismo por Fon. Así que llegué a la conclusión de que eso significa que estoy enamorado y de que es normal. El miedo a salir lastimado es normal, tanto que es hasta ridículo. –el chico miró cálidamente al otro. –¿No crees que Mukuro siente lo mismo? Él jamás te haría el culpable de lo que sucedió en el pasado, él te ama y lo demostró cuando decidió quedarse a tu lado aún cuando Daemon decidió echarlo. Siento que…estás siendo injusto, Byakuran. Actuar así…cuando él que lo perdió todo fue Mukuro…está mal. Ya una vez decidiste proteger tu relación con él por encima de todo, no lo eches todo a perder. Ambos deben estar juntos, porque se aman. –
Byakuran apretó los labios. Sabía que él tenía razón. Pero todo ese tiempo, desde que se enamoró de Mukuro y empezó una relación con él a espaldas de Tsuna, sintió que quizás, solo quizás, Mukuro no lo amaba como decía. Es decir, Mukuro sufría muchísimo por lo que le había hecho a Tsunayoshi, así que a la larga temió que él sí estuviera enamorado del décimo. Pero se lo guardó, porque tuvo pánico de preguntárselo directamente. Decidió mentirse a si mismo, engañarse, hasta que tuviera que aceptar la verdad.
Pero el punto era que…ya no sabía que cuál era la verdad.
–Mukuro no me ama de esa forma, Byakuran. –dijo Tsuna. –Somos como hermanos, así que su amor por mí es el mismo que el que tiene por Daemon y Nagi. –y por todos los demás, sí cabía destacar.
–…pero… –
Tsuna gruñó. –Ya estuvo bien, Byakuran ¿Piensas seguir así? Porque yo sí puedo continuar hasta no dejar nada de ti. –el albino soltó un respingo. –Amas a Mukuro y él a ti. Lo de la alianza yo lo puedo arreglar y a Daemon le da igual. ¿Seguirás sufriendo así, nada más porque sí? –
Byakuran tragó saliva. ¿Rendirse estaría bien? Tsuna jamás le había hecho daño y confiaba en su palabra por encima de la de cualquiera.
–No…yo quiero estar con Mukuro. –
–¡No se diga más! –Tsuna le dedicó una amplia sonrisa. –Tú solo espera y verás, Byakuran. –
–¿Él podrá estar en Vongola y conmigo? –
–Por supuesto. No tiene nada que ver. Por mucho que yo haya peleado con Reborn, creo que seguimos siendo pareja. Y él es de Arcobaleno y yo de Vongola. Así como Enma y Fon o Kyoya y Dino. –explicó alegre.
Bueno, eso tenía bastante lógica. Aunque, ya pasado el susto inicial y todo el sentimentalismo, Byakuran tenía una enorme duda. No, eran dos. Y apenas se daba cuenta de esos pequeños detalles.
–¿Qué hacen Ghost y tú aquí? –
Tsuna parpadeó y sonrío.
–Básicamente, yo llamé a Ghost y le pedí que volviera a Italia porque tú eres un idiota. No quería recurrir a algo peor sin intentar razonar contigo primero, así que esperé a que te sintieras tan hundido por lo que estaba sucediendo con Mukuro para llamarlo. Genial, ¿no? –Byakuran abrió la boca y la cerró como un pez. –Tenía otras cosas en mente, pero quise darte la oportunidad de razonar por ti mismo. Ghost es bueno para llevarte al límite de tu paciencia, así que por ello lo traje. Además…no quería que esto fuera más lejos. –se encogió de hombros con naturalidad. –Y yo vine porque no tenía ganas de estar en la mansión. Y porque sabía que Ghost ya estaba aquí. Pero no me esperaba que fuera a actuar tan rápido. –río con suavidad.
Y era así como volvía a perder una partida contra Tsunayoshi. Debió imaginar que emplearía una táctica similar, pero tras escuchar que Mukuro estaba comprometido, simplemente perdió la cabeza y la compostura.
Y ahora caía en cuanta de algo. Algo importante.
–Tsu… ¿Todo eso del compromiso de Mukuro era parte de tu…plan? –
La expresión traviesa de su amigo lo hizo sentir como un idiota.
–A veces lo que es más obvio resulta ser lo más inesperado, por eso los chicos y yo recurrimos a esto. Puede parecer estúpido y evidente, pero estabas tan mal que sabíamos que caerías redondito. Algo más elaborado y rebuscado habría sido muy obvio para ti, aún sí no debía serlo. –el castaño le sonrío alegre.
–Tu mentalidad me confunde. –suspiró. –Pero…gracias. –
Tsuna se limitó a abrazarlo de nuevo.
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Nana Vongola tamborileó los dedos sobre la superficie de la mesa, observando seriamente el rostro culpable de Luce y Aria. A su lado, sentada con expresión calmada, estaba Brina Vongola, bebiendo con naturalidad una taza de café.
–… ¿Nana? –Luce se aclaró la voz. –Quizás pienses que lo que Aria y yo hicimos estuvo mal, pero estábamos preocupadas por Tsunayoshi. –
–Fue un plan arriesgado, eso es cierto. –secundó Aria, con un tono de voz tan educado y distante que dejó heladas por un segundo a las mayores. –Pero teníamos que hacer algo. –
Nana entrecerró los ojos, pero su boca se mantuvo sellada.
–Creímos que necesitábamos hacerlo nosotras. –dijo Luce, con voz calmada.
–Ustedes no tenían porque intervenir. –musitó la castaña con tono ácido. –…él… –
Luce frunció el ceño, irritada. –Ya estuvo bien con tus niñerías, Nana. Tú ni siquiera sabías cómo se sentía tu hijo. Cuando Aria y yo lo vimos en el aeropuerto se nos partió el corazón. Cuando él… –la voz de Luce se quebró. –Cuando él habló conmigo…cuando él me dijo lo que sucedió…él simplemente parecía estar vacío. Nadie lo sabía, salvo Enma. Te enfrascaste más en dejarlo marchar sin insistir, Nana. A veces es necesario presionarlos para que saquen lo que llevan dentro, pero no lo hiciste, porque sabías que no eras Giotto, Enma o Hayato. Te dio miedo averiguar que su confianza se quedó con mi madre. –
Nana apretó los labios y las miró fijamente. No rebatía esos argumentos porque Luce estaba en lo correcto. Cuando pensó en ir directamente con su hijo para insistirle en que se desahogara, le dio pánico saber que quizás ella no era la persona que él necesitaba. De inmediato pensó en Sepira Giglio Nero, la única mujer en el mundo con la que su hijo menor compartía un lazo de confianza cómo para ser tan honesto y sincero como quisiese. Después, estaban Giotto, Enma, Hayato, G, Dino, Kyoya y Alaude.
En un principio, él no hablaba con nadie salvo con ellos. Enma se había convertido en el traductor de su silencio y Giotto en el apoyo que necesitó para salir adelante.
Y ella…solo pudo observar.
Observó su situación y lo apoyó en silencio, lejos. Lo vio ir hasta el cementerio para dejarle flores a Sepira, y dentro suyo supo a que iba realmente. A llorar. Porque nadie salvo Sepira habría podido consolarlo de manera correcta.
Pero se equivocó.
Giotto y sus amigos. Enma y los suyos. Ellos lo habían logrado. Incluida Luce. Algo que a ella le dio miedo hacer, pensando en que ese derecho solo le pertenecía a Sepira. Después, lo vio marcharse y regresar de Japón, totalmente cambiado. Lo vio sonreír como hacía mucho no lo hacía. Sonreía como cuando veía a Sepira.
–…estúpidamente, creo que tienes razón. –dijo, cuando el silencio caló en ella. –He tratado lo mejor que puedo en ser una buena madre, Luce. He hecho cosas por ambos…no, por todos, para que estén a salvo. Sin embargo, yo no sabía cómo exactamente debía consolarlo. No sabía que decirle, así que pensé que él sólo sabría cómo salir adelante. Sí, lo sé, me equivoqué. Gio y los demás fueron lo que él necesitó, tú, fuiste algo que le hacía falta. Así que…hoy me doy cuenta de que en esa situación yo no era necesaria. –la mujer sonrío suavemente. –En cuanto a Reborn Arcobaleno…yo no tengo nada en contra de él, pero era vital hacerle ver que existen consecuencias para sus acciones. Es una persona que piensa que el mundo le pertenece y que puede hacer lo que quiera sin importar lo demás. Y mi hijo no es un objeto que pueda ser considerado de la propiedad de alguien. Así pues, sí, Brina, cancela el castigo. Pero Reborn no debe saberlo. –
La mujer rubia sonrío socarrona.
–¿Ya hablaste con Tsuna? –preguntó Brina con diversión, mientras Luce y Aria respiraban más aliviadas.
–No. Pero… –miró a las Giglio Nero. –Ya estaba enfadada cuando me enteré de lo que hicieron. Que, de todas formas, no estuvo bien. Pero…ya que se hace, Tsu está enamorado de ese hombre. Y, por lo que veo, él también de mi Tsu. –les sonrío con calma. –Todo está bien, así que aceptó sus disculpas de ese día. ¡Pero! No puedo dejar que Reborn crea que se saldrá con la suya fácilmente. –
Luce supo desde el inicio que Reborn tendría que modificar un poco esa personalidad suya frente a Nana y Brina si quería permanecer junto a Tsunayoshi. En algún momento Alaude y Kyoya habían tenido que pasar por lo mismo. Y Fon…bueno, Asari, Fon y Takeshi eran adorables por naturaleza, así que ellos habían sido excepciones. En cuanto a Squalo, pues Xanxus siempre diría que su madre quería más a su prometido que a él.
–…supongo que está bien. –suspiró Aria.
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Uni Giglio Nero observó con curiosidad el rostro de Xanxus, mientras continuaba con su ardua labor de trenzar el largo cabello de Squalo, quien revisaba las últimas pruebas realizadas por Takeshi. Frente a él, estaba sentado Asari, observando la escena con una sonrisita adornando sus labios, mientras intercambiaba una mirada con el primo de su jefe.
–… ¿Entonces cómo resultó el plan de tu papá, Uni-chan? –preguntó Asari, tras un largo momento de silencio.
La niña sonrío. –Mamá dijo que papá iba a regresar con nosotras. –Uni colocó una liga de goma en el cabello del mayor y se alejó con alegría. –¡Listo, Squalo-nii! –
Muchas veces Aria se había preguntado el motivo de Uni para decirles "hermanos" a todos y no "tíos", puesto que para ella todos eran sus hermanos, no sus hijos. Pero ella le comentó, una vez, que era porque se veían "pequeñitos" como ella, y que sería raro decirles de otra forma. Así pues, Aria se resignó a pensar que su hija la creía muy vieja a ella y a los demás muy jóvenes.
–¡VOI! Gracias. –y continuó en lo suyo.
Xanxus le hizo un espacio a Uni en su silla, quien se sentó sin pensárselo dos veces. Asari sonrío imperceptible, mientras ordenaba los documentos que Takeshi se había esforzado en terminar ese día.
–… ¿alguien sabe a dónde se fue Tsuna? –preguntó un curioso Asari, pasándole otra hoja al albino.
–No. –Xanxus dio el último trago a su vodka y se sirvió agua. No quería tener encima a Brina después, reclamándole sobre su poca importancia a la inocencia de los niños.
A los pocos segundos ingresó Cozart a la oficina, acompañado de Dino.
Y aunque a simple vista pareciese raro verlos por ahí, Squalo y Asari sabían que esos tres pasaban bastante tiempo juntos. Lo raro era verlos separados, puesto que siempre se juntaban para quejarse de su día. O, más bien, Xanxus se quejaba, porque Dino se limitaba a reír y Cozart a regañarlo por beber tanto.
–Chicos, ¿Alguien ha visto a Tsuna? –preguntó Dino alegre. Tras él, lograron vislumbrar la figura de Kyoya, Giotto y Alaude.
–No. La última vez que lo vi iba de salida. –respondió Squalo. –Pero no le pregunté a dónde iba. –comentó, dejando sobre la mesa las hojas que revisaba minuciosamente.
Dino resopló. –Tenemos cerca de dos horas buscándolo. –
Giotto sonrío. –Yo sigo diciendo que está con Byakuran. –
Cozart estuvo a punto de replicar, sin embargo, el sonido de pisadas por el pasillo los hizo callar. Cuando ellos, que estaban casi afuera de la oficina, giraron su rostro, se encontraron de frente con Tsuna, quien llevaba una bolsita con galletas en las manos.
Les sonrío.
–¿Qué hacen ahí, chicos? –
–Te buscábamos. –respondió Kyoya, fijando su vista en la mano vendada de su jefe. Tsuna parpadeó.
–¿Y eso? –
Giotto se acercó a él con los brazos extendidos, lo rodeó, como si fuera su peluche personal, y habló. –Hace rato Cozart preguntó que estarías haciendo ahora que ya habías terminado el taller. Alaude dijo que quizás estarías con Xanxus, pero Dino aseguró que estarías con Reborn. Kyoya sugirió que a lo mejor habrías ido con Bermuda, mientras que Cozart mencionó la posibilidad de que estuvieras con Takeshi y su padre. –el rubio amplió su sonrisa. –Yo les dije que estarías con Byakuran… así que, ¿Quién tuvo razón? –
Tsuna ahora comprendía porque su hermano aún no terminaba el taller. Si se la pasaba haciendo cosas como esa, era obvio que tardaría milenios en finalizar.
–Gio es el que acertó. Estaba con Byakuran. –
Tsuna se hizo espacio entre aquellos que se interponían en la puerta, ingresó en la oficina de Xanxus y se dejó caer en el mismo sillón en el que estaba Squalo.
–…lindo peinado. –
Squalo sonrío antes de darle un suave golpecito en la frente.
–¿Y qué fuiste a hacer con él? –Xanxus lo miró con interés. –¿Yoshi? –
El castaño se limitó a sonreírles. –Ya lo sabrán mañana. –
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Hibari Alaude no pudo evitar sonreír ligeramente cuando vio llegar a los hermanos Vongola esa mañana. Tsuna caminaba tranquilamente, con su traje perfectamente bien acomodado, mientras le daba ánimos a su hermano mayor, quien lucía más desastroso que nunca. Ahora bien, por mucho que el castaño pareciera tan tranquilo, las ojeras marcadas bajo sus ojos le hacían preguntarse qué demonios les sucedía, puesto que suponía que nervios no podían ser. Ya habían prescindido juntas así antes, por lo tanto, se acercó a ellos en medio del tumulto de gente que se agrupaba frente a las puertas de la sala en donde se llevaría a cabo la reunión, dispuesto a confesarlos y a arreglar a Giotto.
–¿Qué se supone que hacen, ustedes dos? –Giotto se sobresaltó por la repentina intrusión y terminó escondiéndose tras Tsuna, quien esbozó una sonrisa muy bien conocida para Alaude. Una que claramente le decía: "Ya lo sabrás".
–No mucho. Recién llegamos, ¿sabes? –Giotto tosió y sonrío nervioso.
Tsuna suspiró.
–No pregunto por eso, Primo, preguntó porque están ojerosos y tu parecieras que vas a la guerra. –los miró seriamente.
–Oh, eso. –el castaño soltó una risita. –Gio, Dino y yo nos desvelamos haciendo unas cosas. Anoche dormimos en la mansión Cavallone. –señaló tras de sí a un Dino con expresión de zombi. –Todo fue muy divertido, muy divertido. –Tsuna se alejó con una sonrisilla divertida, una que los hermanos Hibari conocían de sobra.
Alaude miró de nuevo a Giotto cuando ambos perdieron de vista la figura del castaño. Y Primo sonrío nervioso. Una de esas sonrisas que solía mostrar cuando estaba a solas con él. De esas que solía esbozar cuando Alaude le decía ciertas…cosas.
–Lucen muy sospechosos. –el rubio cenizo le acomodó la corbata negra y el saco. Luego, le sacudió un poco el cabello, en un intento casi inútil de que adquiriera una forma menos rebelde.
Giotto sonrío, más relajado. –No digas eso. Anoche nos quedamos hasta tarde viendo películas en la televisión. –el oji azul se alejó de él con paso tenso, procurando darles alcance a sus dos hermanos, quienes ahora estaban conversando de lo más tranquilos de la última película de la noche anterior. –¿Me veo sospechoso? –preguntó en un susurró cuando estuvo a su lado.
Tsuna y Dino se sonrieron. –No, solo pareciera que llevas tatuado en la frente "Escondo algo". –musitó el rubio mayor divertido.
–Quizás el plan de papá no sea tan buena idea como él dice, Gio. –comentó el castaño con duda. –Funcionó con mamá, pero…Alaude es Alaude. –Tsuna miró al aludido, quien ahora estaba con Fon.
Giotto se removió nervioso y observó a su hermano. –¿Crees que debería esperar a que él me lo diga? –los ojos azules pasaron de ver al castaño a ver el rostro pensativo de Dino.
–No necesariamente, pero… –Tsuna sonrío nervioso. –¿Un anillo de diamantes? Pienso que algo más sencillo sería mejor. Como… ¡Ya sé! Como el que le regaló Asari a G. –el castaño asintió. –Alaude es más sencillo y no es una chica. Así que creo que es mejor algo más simple. –
Haciendo honor a la verdad, Giotto meditó mucho tiempo si sería correcto ser él quien le propusiera matrimonio a Alaude y no al revés. Así pues, tras conversarlo con sus dos hermanos, los tres llegaron a la conclusión que Alaude ya había dado el paso para convertirse en su pareja. Ahora era su turno de oficializar su compromiso en algo mucho más serio.
Pero…su dilema era el anillo.
Y Tsuna le había propuesto, como una excelente idea, el que ambos llevasen uno.
Sin embargo, su otro dilema era cómo debería ser exactamente ese anillo. O, más bien, esos anillos.
–Supongo que tienes razón, papá no tiene idea. –sonrío Giotto.
Y es que cuando Iemitsu los escuchó hablando de aquello, le había propuesto utilizar el método que él siguió con Nana. Un anillo de diamantes y una cena romántica. Sin embargo, Tsuna y Dino estaban en lo cierto. Alaude no era Nana y aquello lo pondría de mal humor, sin duda.
–…herbívoros. –los tres dieron un respingo y sonrieron nerviosos cuando vieron a los tres Hibari frente a ellos.
Alaude alzó una ceja, pero Fon sonrío con diversión.
–Insisto en que Tsuna tiene razón. –comentó Fon, captando la atención de Alaude y Kyoya. –…por cierto, muy buena la película de ayer. –
Alaude y Kyoya ahora estaban seguros de que esos cuatro algo se traían entre manos. Dino sonrío alegre.
–¡Sí! Nunca creí que podría ser tan divertido. Menos cuando Gio aseguró que podía cocinar en lugar de Tsu. –sí, su cocina estaría en reparación por los siguientes tres meses.
–Les dijimos que no era buena idea. –Fon se acomodó el cabello y se encogió de hombros. –Tsuna ya nos había dicho que Giotto era un peligro en la cocina. –
El rubio en cuestión hizo un puchero. –Tenía la esperanza de que fuera todo más fácil. –
–¿Con Dino como ayudante? –Tsuna los miró escéptico, mientras Fon reía.
–Tomaremos eso como un sí. –Fon les sonrío, luego miró a sus hermanos. –Papá envió sus saludos, por cierto. –
Kyoya chasqueó la lengua. Alaude frunció el ceño y Fon suspiró.
Muy a pesar de que Alaude era el mayor de los hijos de la familia Hibari, jamás tuvo la intención de tomar el liderazgo. Así pues, siendo Fon el segundo hijo, terminó siendo quien obtuvo el mando. Alaude pareció satisfecho con aquello, casi tanto como Kyoya, quienes se sentían mucho más libres en Vongola.
–¿A quién enviaste la votación pasada? –preguntó el pelinegro menor, dejando en el bolsillo de su saco su celular apagado.
Fon parpadeó. –Vino papá. –
Y era así como Kyoya se alegraba de no haber estado presente.
–…sé que su conversación es bastante interesante, niños, pero es hora de pasar. –Timoteo les sonrío con calidez, mientras los empujaba con suavidad. –Pasen. –
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Reborn Arcobaleno llegó faltando un minuto para la hora acordada. Cuando entró en la sala, una mujer castaña, con el extraño nombre de Orégano, lo guío hasta la silla que debía ocupar, entre Fon y Bermuda. Miró con aburrimiento a los demás integrantes de la alianza, y no pudo más que soltar una breve exclamación de sorpresa al notar que las ciento cincuenta familias antiguas estaban ahí.
–Buenos días. –la mayoría de los presentes soltaron una exclamación de sorpresa al ver ahí a Zenon Carvallo, acompañado de su hijo Esteban.
–¿Y Tsu? –preguntó Esteban en un susurró a Bermuda.
Reborn gruñó al escuchar que llamaban a su novio de esa forma. Aunque, si lo pensaba detenidamente, muchos solían decirle de aquella forma. "Tsu". Empezando por Giotto. Y siguiendo por Squalo.
–Está con el Noveno afuera. –respondió Bermuda luego de un momento. –Estaba esperando a Mukuro. –
Esteban soltó una risita. –Ya veo. Tendré que saludarlo luego. –
Bermuda asintió sin cambiar su expresión estoica. Poco después, al lugar entraron Cozart y Dino, seguidos de cerca por Xanxus y Daemon.
–Buenos días, distinguidos miembros de nuestra alianza. –la mayoría de los presentes no notaron cuando los Vongola hicieron acto de aparición. Los tres sonreían con su habitual calma. –El día de hoy hay una gran cantidad de temas que tratar, pero no seré yo quien lo haga. –Timoteo se hizo a un lado y los hermanos dieron un paso al frente al mismo tiempo. –En la reunión pasada se decidió que ellos prescindirían esta junta en la que, muchos sabemos, habrá innumerables sorpresas. Recuerden, como siempre, el respeto es primero y deben ser ordenados al pedir la palabra. Por supuesto, está prohibido, como siempre, interrumpir a los Vongola o a cualquier otro que esté externando su punto de vista, ¿Está claro? –
El silencio fue su respuesta afirmativa, y Timoteo se sentó en un punto incierto de la espaciosa sala. Tsuna y Giotto se sentaron, ambos, de modo que todos podían verlos y ellos también. Así pues, Reborn vio con desdén las curitas en el rostro del décimo, así como algunos moretones. Cuando alzó sus manos para dejar sobre el escritorio unas hojas, notó enseguida la venda que cubría una de ellas.
–Buen día a todos, como ya se los han mencionado, el día de hoy se aprovechará que estamos todos reunidos aquí para hablar sobre temas muy importantes, incluyendo la votación sobre Gesso. –el rubio los miraba con calma, mientras su hermano les sonreía amistoso.
–Desde luego, mi hermano y yo estamos muy agradecidos de que hayan confiado en nosotros. –Tsuna hizo un movimiento de cabeza que acompañó sus palabras.
–Siempre hemos tenido grandes expectativas de los dos, Décimo. –el líder de los Carcassa le dedicó una sonrisa cálida.
–Sí, de hecho. –el padre de Albito asintió con calma, mientras su esposa sonreía.
–…de nuevo, gracias. –Giotto cambió su expresión por una más relajada. –Por favor, Lampo, deja pasar a Byakuran Gesso. –
Byakuran ya debería haberse acostumbrado a las intensas miradas de los jefes. No era la primera vez que hacía aquello. Sin embargo, de inmediato sintió un nudo en el estómago, y caminó junto a Lampo sintiéndose tenso y temeroso. Ya le hubiera gustado que quien salió por él fuese Tsunayoshi, pero él estaba junto a Giotto, mirándolo amablemente. Se dio fuerzas al pensar que solamente haría eso una vez más. Sí Primo y Décimo decidían que era malo o si dictaban que era bueno, ya era la última oportunidad que tendría. La próxima vez que Gesso estuviera en esa sala, sería con él como líder o con Ghost como candidato.
El albino caminó entre el estrecho pasillo que había para ir hacía el centro de aquella mesa circular, se sentó de frente a Giotto y Tsuna, se acomodó el traje de nuevo, nervioso, y sintió tras él la presencia de Kikyo.
Respiró para calmarse.
–Buenos días, hermanos Vongola. –
–Buenos días, Byakuran Gesso. –Tsuna abrió el folder que Coyote les había dejado, mientras esperaba a que su hermano hablase. Él hablaría luego, tras Giotto decir lo que tenía que decir.
–Muy bien. –el rubio suspiró. –Sé que todos los aquí presentes decidieron que se haría esto en consecuencia de lo que Byakuran Gesso le hizo a mi hermano. Ya he leído los archivos de cómo hizo las cosas el candidato durante las pruebas. En general, Byakuran, eres bastante bueno. Y te complementas muy bien con tus hombres de confianza, que es lo más importante, ciertamente. En cuanto al motivo del por qué estás aquí en realidad, solo puedo decirte que felicitó tu valentía por buscar a Tsunayoshi para disculparte. –el oji azul dejó las hojas. –Yo te apruebo como futuro líder de los Gesso. –
Byakuran respiró un tanto aliviado. Tenia la mitad de su confianza renovada. Y solo la mitad porque aún faltaba Tsuna de dar su veredicto. Si el decía lo contrario a Giotto, pues podía irse despidiendo.
–En términos generales, los comentarios sobre tú desempeño son buenos. Debes mejorar, por supuesto, tu contacto con el resto de la alianza. –el silencio en el que se instaló el menor, mientras terminaba de revisar la última hoja, dejó al albino tenso. –…pero, como ya mencionó Giotto, eres bastante bueno. Yo también te doy mi aprobación como futuro líder de los Gesso. –una mirada sincera fue lo que recibió Byakuran.
–…yo… –su boca se abrió para decir algo, pero la voz del líder de los Bertesca lo calló.
–¡Tsunayoshi! Eso no…yo no estoy de acuerdo. –lo señaló. –Es un traidor. –
Byakuran apretó los labios, pero guardó silencio. Sabía que no debía decir nada, sin importar cuántas cosas hirientes dijeran sobre él.
Debía mantener la boca cerrada.
–…es cierto. –Alyssa Mirch lo miró. –Ese mocoso no es de confianza. –
Los hermanos Vongola escuchaban pacientes los comentarios.
–No hay necesidad de usar en su contra lo que sucedió con Tsunayoshi. –aclaró el líder de los Tomaso, defendiendo al albino.
–¡La hay! No tiene respeto por los herederos Vongola. –replicó Alyssa, irritada.
–Eso no tiene nada que ver con esto, Alyssa. –Luce la miraba con el ceño fruncido. –Y te recuerdo que la que menos respeta a Vongola eres tú. –
–¿Qué has dicho? –Alyssa se levantó de su silla, pero la figura tras Luce la hizo quedarse en su sitio. Gamma la miraba con el ceño fruncido y una clara advertencia en sus ojos sobre mantenerse alejada de la líder Giglio Nero.
Reborn miraba el desastre con interés. Luego miró a los hermanos, quienes ahora se susurraban algo. Giotto se giró hacía ellos, mientras Tsuna aprovechaba la distracción que se dio gracias al alboroto para susurrarle una orden a Hayato, quien se encontraba tras él.
El líder Arcobaleno observó como el peli plata salía silencioso por la puerta de la sala, para luego regresar con la conocida figura de Mukuro tras él. Esteban caminaba con ellos, a la par de Hayato.
–Es suficiente. –Giotto alzó la voz y frunció el ceño. Su expresión cordial había desaparecido, remplazada por una mirada seria y su ceño ligeramente fruncido.
Al principio Reborn creyó que sería ignorado, pero todos se callaron cuando Giotto lo ordenó. Lo miraron, algunos avergonzados, otros agradecidos y otros como él, curiosos. El rubio suspiró. –La decisión fue esta. No hay nada que hacer al respecto, porque ustedes nos dejaron a nosotros la responsabilidad de decidir el futuro de Gesso. Mi hermano y yo respondimos a esa confianza estudiando los resultados de las pruebas realizadas previamente. –
–¡Pero lo que le hizo a Tsunayoshi no tiene perdón! –replicó el líder Bertesca.
El castaño se levantó de su silla, elegante, y les dedicó una sonrisa calmada. –Hay muchas cosas que hablar, familia. –el chico le hizo una seña a Mukuro, quien se posicionó a su lado con una expresión neutral. –Una de ellas es el regreso de Mukuro Spade a Vongola. –Tsuna escuchó los susurros indignados de la mayoría de los presentes. –Seré directo. Yo ya he hablado con ambos, aclaramos las cosas y todo quedó bien entre nosotros. Mi decisión respecto a Byakuran es totalmente desligada de mi amistad o enemistad con él. Ahora bien, en cuanto a Mukuro, él fue quien convenció a Zenon Carvallo, aquí presente, de venir a Italia a esta reunión. –las miradas se enfocaron en el mencionado, quien movió su cabeza en respuesta. El décimo le sonrío. –Todos debemos ser conscientes de que siempre habrá ciertos problemas con alguien de otra familia o con un miembro interno de la misma. Pero…perdonar y olvidar es necesario aplicarse para que todo funcione bien entre nosotros. –Tsuna sonrío. –Muchos de los presentes ya lo han hecho antes. Como cuando Luce Giglio Nero decidió perdonar y olvidar lo que Saga Carcassa le hizo a su hija. Nadie dice que sea aceptable, pero se debe hacer. Por otra parte, no deben olvidar que, por mucho que estemos en desacuerdo, quizás la persona que no nos agrada es lo que necesita la alianza para estar completa. –
–Sin embargo, mi hermano y yo somos conscientes de que la alianza es una con Vongola, así que la decisión de que Mukuro tenga su puesto también depende de ustedes. –Giotto los miró seriamente. –Pero ninguno debe olvidar las cualidades de la persona. Recuerden quién es y cómo es. No se dejen llevar por sus sentimientos por él. En cuanto a Byakuran, la decisión ya está hecha, puesto que ustedes nos dejaron esa responsabilidad a nosotros. –el rubio se sentó erguido, mientras Mukuro apretaba ligeramente la mano de Tsuna, nervioso.
Zenon, idéntico a su hijo, se levantó de su silla con parsimonia. Los ojos de los presentes se dirigieron a él. –Antes de que comiencen a votar o a lanzar comentarios sin bases concretas, debo decir algo. –el hombre, tan imponente como Reborn había escuchado que era, se aclaró la garganta antes de volver a hablar. –Carvallo, junto a Shimon y Cavallone, es de las primeras alianzas que tuvo Vongola. Sin embargo, hay algo que me molesta, y es lo que me hizo tomar la decisión de irme. Ustedes se creen con el derecho de juzgar a todos como si fueran los reyes del mundo, piensan que sus opiniones valen oro y no piensan en lo que hacen o a quien le deben el estar aquí sentados. –Zenon señaló a los hermanos, quienes lo miraban atentos. –No saben escuchar, no saben respetar y mucho menos saben pensar. Deben aprender algo muy importante de esos niños, y es que tienen todo lo que a ustedes les falta. Tsunayoshi Vongola tiene dieciséis años, logró hacerme venir hasta aquí cuando juré que no lo haría. Giotto Vongola tiene veintitrés, y a muchos de los aquí presentes les resolvió las crisis internas que tenían. ¿No se supone que son a quienes nosotros debemos ayudar por ser lo más jóvenes? Los nuevos líderes de cada familia son quienes menos problemas dan. –
Reborn pareció más interesado en aquellas palabras. Al final, no tenía muy claro que habían hecho Tsunayoshi y Giotto, pero ambos siempre parecían ser lo que la alianza quería como fututos líderes.
–Mukuro Spade es un elemento muy importante. Su inteligencia sobrepasa, por mucho, la de algunos de ustedes aquí sentados. Siguiendo las instrucciones de Tsunayoshi, me convenció de venir hasta aquí. Así pues, mi veredicto es el siguiente: Carvallo solo se quedará en la alianza si alguno de los hermanos Vongola se convierte en el décimo. –miró a Byakuran. –En cuanto a Gesso, leí los informes sobre él. Será un excelente líder. Espero lo demuestres en el momento adecuado. –Byakuran asintió con expresión serena.
Timoteo apareció tras sus nietos, posando una mano en sus hombros. –Algo más… –el mayor sonrío. –Aprovechando lo dicho por el líder Carvallo, les mencionó que tanto Giotto como Tsunayoshi harán la ceremonia de sucesión en una semana. –
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Tsunayoshi Vongola jamás en su vida se había sentido tan cansado como en ese momento. La maldita reunión se extendió por más de tres horas y media. Pero tenía que admitir que agradecía enormemente las constantes interrupciones de Zenon, porque de lo contrario, no sabía que habría ocurrido con la paciencia de Daemon, quien estuvo ahí en representación de los Spade. Por su parte, Giotto y él estaban en una situación similar, contestando a sus comentarios con otros más astutos y ácidos, hasta dejarlos a todos sin forma de combatir contra la incorporación de Mukuro y Byakuran a la alianza.
Lo único bueno de todo aquello, además de haber ganado la contienda contra más de ciento cincuenta familias, era que todos estuvieron felices de saber que ambos tomarían el mando de Vongola muy pronto.
El más feliz era Esteban, por supuesto.
Tsuna cerró los ojos cuando el viento sopló suavemente, reconfortando un poco su adolorida cabeza. Desde donde estaba, en el balcón de una sala donde había una fiesta tras la reunión, podía escuchar el ruido de los jefes volviendo a unirse tras estar cada uno siempre en su mundo, enfrascados en superarse los unos a los otros.
–¿Qué haces aquí, dejando a tu abuelo solo con los jefes?–el castaño no se giró, pero reconoció bastante bien la voz de Reborn.
Suspiró, pero se mantuvo en silencio.
–¿Seguirás aplicando la ley del hielo, Tsunayoshi?–
Tsuna no pudo evitar esbozar una sonrisa antes de girarse.
–Solo estaba pensando, Reborn. –el castaño se recargó en el barandal de concreto, antes de sentarse en él. Por un segundo, Reborn temió que perdiera el equilibrio y que cayera, pero el chico parecía estar bastante tranquilo. –¿Qué haces tú aquí, precisamente? –
La mirada de Tsuna era penetrante, atenta y lo…vigilaba.
–Porque tú estás aquí, obviamente. –Reborn se recargó en uno de los pilares, sin apartar su mirada de él. –¿Qué te sucedió en la mano? –
Tsuna alzó una ceja, pero no dijo nada. Miró su mano vendada y recordó los extraños intentos de disculpa de su nube. Un regalo poco común fue lo que recibió de él. Una caja llena de galletas hechas por Bermuda. Realmente Tsuna supo en ese momento que su amigo-hermano estaba realmente preocupado por él, por mucho que hubiera puesto de excusa que fue a recoger algo a Vendicare y que Bermuda le envió ese obsequio.
Sí, no era precisamente una excusa muy creíble, dado que Bermuda siempre enviaba sus documentos con Jager. Pero se limitó a sonreírle a su nube con alegría, le dio un abrazo y se comió su regalo.
Mentira o no, el caso es que esas galletas sí eran un regalo y sí estaban hechas por Bermuda.
–Mi castigo. –
Reborn se acercó a él, se quedó frente suyo y beso su mano lastimada. Los colores se le subieron al rostro al castaño e hizo el ademán de retirar su mano, pero Reborn lo sujetó con un poco más de firmeza. Fue así como se inició un extraño jaleó, en el que Tsunayoshi trataba de escapar del otro, pero Reborn se lo impedía.
En todo aquello, el chico perdió el equilibro, a punto de caer sobre los rosales que había bajo el balcón, situado en un tercer piso. Reborn, sin ocultar su sonrisa de satisfacción, lo sostuvo de la cintura, apegándolo un poco a él. Tsuna respiró un poco más aliviado cuando se sintió más seguro.
–Ahora…es cuando puedes soltarme. –comentó el castaño nervioso, desviando la cara a otro punto para evitar que el otro observase su rostro enrojecido. Reborn amplió su sonrisa.
–No…más bien aquí es cuando te beso. –
Reborn tomó del mentón al chico, obligándolo a inclinarse para besarlo. Tsuna abrió los ojos sorprendido, pero se permitió cerrarlos. Reborn soltó su rostro, para posar su otra mano en su cintura, mientras él pasaba sus brazos por sus hombros.
Un beso que, sin duda, habría llegado más lejos si Enma ni hubiese interrumpido con un carraspeo. Reborn se separó del otro con el ceño fruncido, pero el pelirrojo sonrío de forma tétrica, pero inocente.
–Si no quieren que Gio los atrape, les sugiero que se suelten, porque viene para acá. –Enma se apartó de la entrada, Reborn obedeció a regañadientes y Tsuna parpadeó.
–¡Tsu! ¡Nos vamos! –el castaño no tuvo tiempo de decir mucho, puesto que Dino lo tomó en brazos, como si fuera una princesa, y lo sacó de ahí siguiendo a Giotto.
Reborn alzó una ceja, desconcertado.
–Pero… ¿Qué? –
Enma soltó una risita. –Descuida, esos tres tenían unas cosas que hacer. –el pelirrojo se encogió de hombros. –Pero mañana en la tarde puedo darte una oportunidad para que hables con Tsuna. –Enma se recargó en donde anteriormente estuviese él.
–¿Por qué lo harías? –
Enma sonrío medianamente. –Porque tu eres la felicidad de Tsuna, así que, si quieres tener oportunidad contra la legendaria terquedad Vongola, necesitas a alguien experto en el área. –Enma lo miró. –¿Qué dices? –
Reborn se encogió de hombros. –Por mi está bien. –
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Mukuro Spade dio un sorbo al vaso de refresco que Daemon le dio antes de girarse para buscar a Elena. A su lado, Nagi y Knuckle conversaban sobre la recién adquirida obsesión de la chica: el boxeo. Muy a su pesar, Mukuro y Deamon nada pudieron hacer para quitarle de la cabeza su nuevo pasatiempo.
–Mukuro. –el chico alzó la vista, despegándola de la figura de su hermana. –¿Podemos hablar? –los ojos lavandas lo miraban fijamente, temiendo su rechazo.
Tsuna le había dicho que no tuviera miedo. Él le aseguro que, sí, Mukuro primero estaría molesto, pero que también lo amaba.
El Spade permaneció algunos segundos en silencio, pero al final terminó por dejar el vaso sobre la mesa tras él y asentir en silencio. Ambos caminaron hasta salir del lugar a los jardines traseros. Mukuro se sentó en una banca y Byakuran lo imitó.
Luego…nada.
Silencio.
Mukuro jugaba con el anillo que Nagi le había tendido luego de que él obtuviera el permiso de toda la alianza de volver a Vongola, mientras esperaba con ansiedad bien disimulada a que el otro dijese algo, pero su silencio comenzaba a sacarlo de sus casillas. Aún así, Tsunayoshi le había comentado que Byakuran solamente necesitaría que lo escuchase, puesto que su plan sí había resultado como se esperaba.
No era de extrañar, ciertamente.
Pero…él no decía nada.
Suspiró.
–Te amo. –Mukuro lo dijo con tanta naturalidad, que Byakuran tuvo que dejar de lado sus enredados pensamientos. –Y nunca he creído que tú seas el culpable de lo que sucedió. Ambos hemos conversado con Tsunayoshi, ¿De dónde proviene tu afán de sufrir si él ya te perdonó? –sus ojos dispares se clavaron en él, esperando a que dijera algo.
–…es que soy un estúpido. –susurró el otro con una sonrisa tensa. –Creí que haciendo lo que hice todo volvería a estar en orden. Yo…por un momento creí que tu seguías enamorado de Tsu. –susurró.
Mukuro lo miró con desdén. –¿De qué demonios hablas, Byakuran? Por Dios… –susurró restregándose la cara con la mano. –Jamás debí contarte eso. –suspiró con pesadez. –Escúchame bien, porque no pienso repetirte esto, es demasiado vergonzoso. Yo amo a Tsuna como amo a Nagi y a Daemon. Es mi hermano también. En cambio, tú…a ti te amo como pareja, idiota. –
Byakuran lo miró y sonrío. –Lamento todo lo que te dije. Yo tampoco creí nunca que tú fueras el culpable de lo que pasó. Te amo y me gustaría que… –
Byakuran habría podido seguir hablando, de no ser porque Mukuro lo beso con delicadeza. Sus labios eran tan suaves como siempre, y él no pudo evitar pasar sus brazos alrededor de su cuello. Mukuro profundizo un poco, pero se separaron cuando escucharon la voz de Giotto acercándose.
Ambos se tomaron de las manos, se levantaron de la banca y observaron por el camino aparecer a los tres hermanos.
–¿Qué están haciendo? –el que preguntó fue Mukuro, quien parpadeó curioso al ver como Dino arrastraba de la mano a Tsuna.
–Te lo contaré más tarde. –el castaño se arregló el desacomodado saco y observó con una sonrisa sus manos entrelazadas. –¿Lo lograron? –
–Sí, gracias, Tsu. –los ojos de Byakuran brillaban y Mukuro sonreía con suavidad. Sin embargo, ambos sonrieron totalmente felices cuando el castaño se les aventó a ambos en un fuerte abrazo.
–Me alegro mucho. –se alejó, y los miró. –Pero no se les ocurra hacer esto de nuevo, porque los dejaré así. –advirtió seriamente.
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Nuevo día. Nueva mañana, y él ya tenía cosas que hacer.
Hibari Alaude caminó fuera de su mansión. El día anterior había sido, sin duda, uno bastante pesado para su pareja. Sin embargo, estaba orgulloso de lo bien que había manejado la situación. Había sido todo un carnívoro.
–¿Vas a la mansión Vongola? –Fon lo miraba desde la entrada, sosteniendo en sus manos una taza de té, ataviado con su pijama roja. Tras él, Kyoya apareció con expresión somnolienta, con su pijama negra desarreglada. –Buenos días, Kyoya. –le sonrío, mientras le acomodaba un mechón de cabello rebelde.
El pelinegro menor no dijo nada, se limitó a asentir.
–No se te olvide desayunar, Kyoya. –musitó Alaude, abriendo la puerta de su automóvil. –Tú también, I-pin. –
La recién mencionada, quien se encontraba regando las flores al otro lado del jardín, asintió varias veces, sonrojada por haber sido descubierta en su secreta labor diaria. Fon soltó una suave risa.
–Nos vemos más tarde. –y los tres pelinegros vieron al mayor partir.
Kyoya miró a Fon con ojos calculadores, puesto que aún seguía con la sospecha de que él y los tres hermanos Vongola-Cavallone estaban tramando algo. Por su parte, Fon le dedicó una de sus típicas sonrisas amables y consideradas, mientras posaba su mano en su espalda y lo dirigía, sin notarlo, hacía el comedor.
I-pin entró momentos después, siguiéndolos de cerca.
–¿Qué te traes con esos tres? –preguntó el chico finalmente, mientras le servían su desayuno.
Fon alzó una ceja.
–¿De qué hablas? –su tono era inocente, por lo que Kyoya dedujo qué no se lo diría por más que preguntase.
–Olvídalo. –
Fon inmediatamente notó la expresión molesta de su hermano menor. Sonrío. Para él seguía siendo un niño al que le gustaba tener la atención de Alaude sobre él. Y, probablemente, la suya también.
Sin embargo, ninguno de los dos se la habían negado nunca, puesto que eran lo único con lo que Kyoya podía contar. Por supuesto, eso cambio por completo cuando Alaude abandonó su mansión en Japón y se instaló en Italia, con la ayuda y protección de Vongola. Desde luego, él no se marchó solo. Él se había llevado a Kyoya consigo, dándole amistades que no le tenían miedo, personas que lo veían como un igual y no como una bestia amante de las peleas. Incluso, Alaude le dio algo que proteger.
–Lo sabrás más tarde, Kyoya. –el pelinegro menor sintió la suave caricia en su cabeza. –No olvides que tienes una cita con Dino. –
Hibari Kyoya no era una persona distraída, por ello podía casi jurar que no había quedado en nada con su novio.
Miró sospechosamente al mayor.
Y Fon sonrío.
–Llamó hace quince minutos para avisarte que quería verte a mediodía en la cafetería que frecuentan. –el mayor se levantó de la mesa. –Y dijo que ya había obtenido el permiso de Tsuna. –agregó, mientras se alejaba por el pasillo.
Definitivamente, se dijo, esos cuatro planeaban algo, estaba seguro.
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Reborn Arcobaleno cerró la puerta tras Enma, quien caminaba tranquilamente hacía los sillones de la sala de su apartamento. Reborn lo siguió y se acomodó en los muebles frente al chico pelirrojo.
–Tsuna adora los parques de diversiones, Reborn. –Enma le tendió dos boletos. –Si quieres que esto funcione no debes precipitarte ¿De acuerdo? Déjalo ser. –
Reborn permanecía callado. Entre ellos dos no había ninguna clase de reconocimiento que necesitase de saludos o cortesías, todo era menos…formal, en un tipo de trato que simplemente se daba por el hecho de tener a dos personas importantes en común: Tsunayoshi y Fon.
Sin embargo, él admitía que necesitaba esa información. Tsuna seguía siendo un misterio para él y quería hacer las cosas bien. Así pues, muy a su pesar y contrario a su actitud usual, escuchó con atención lo que Enma le decía.
–Deja que sea Tsuna quien comience con la conversación sobre lo sucedido, Reborn. Sé que crees que eres el único que recibió amenazas, pero te equivocas. Tus amigos también conversaron con él. –Shimon sonrío. –Lo único es que ellos son menos irascibles que los conocidos de Tsuna. –
El pelinegro no dijo nada, se limitó a observarle.
–En fin, eso sería todo. –
–¿Por qué me ayudas? –
Enma alzó una ceja, luego sonrío. –Porque Tsuna te quiere y tu a él. Y todo esto es una tontería. –el pelirrojo miró sus manos. –Hace mucho tiempo yo me prometí que haría lo que fuera por Tsuna, porque él hizo lo mismo por mí. Él es…lo más importante que nosotros tenemos, Reborn, por eso somos así. Él ha pasado por muchas cosas por ayudarnos, ha enfrentado mucho dolor y sufrimiento, así que nosotros nos prometimos protegerlo. –el menor suspiró. –Sonará ridículo, pero es lo que somos. –
Reborn recordaba que Colonello y Fon eran algo parecido para él. Cuando estuvo peor, más hundido y más perdido, quienes le tendieron la mano fueron ellos. Después, en su vida aparecieron Aria y Luce, quienes terminaron de ayudarlo.
Jamás sería tan directo y sincero como Enma y el resto de las personas que rodeaban a Tsunayoshi, porque ellos eran demasiado sinceros al respecto, pero él siempre estaría agradecido con sus amigos. Y, sin dudarlo, también haría lo que fuera por ellos.
Tan era sí que había renunciado a Fon y había ayudado a Colonello con Lal.
Después de todo, ellos compartían un lazo especial que los unía. Un sufrimiento parecido y situaciones similares que los habían llevado del odio al entendimiento. Y de ahí, a la amistad que ahora ostentaban.
Quizás, algún día, le preguntaría directamente a Enma que había hecho Tsunayoshi por él. Pero eso solo sería en muchos años posteriores.
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Continuará~
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¡Hoooolaaaa gente!
Ya sé, ya sé, estuve perdida mucho tiempo. Pero tuve unos meses complicados en tiempo, así que me vi en la necesidad de privarme de escribir.
Sin embargo, la buena noticia es que este capítulo es largo. Y el próximo es el último. Me siento algo extraña, sentimientos encontrados… ¡Pero todo lo que comienza debe tener un final! Así pues, el siguiente cap es el final.
Ahora sí, pasemos a mi parte favorita de mis notas finales… ¡Los agradecimientos!
ReynaFantasma: ¡De hecho! En la mayoría de mis Fics de Katekyo eres de los primeros comentarios, ¡Muchísimas gracias! Eso me hace muy feliz. Un gran abrazo. Espero te haya gustado el capítulo.
Shiho-Akemi: jeje, me alegra que te guste. Espero el capítulo haya sido de tu agrado. Un abrazo.
mitsuko usagi: me alegra que te haya gustado mi historia. Como ya mencioné, el próximo capítulo es el último, pero ya tengo otras historias en mente, y aún debo terminar otros Fics de Katekyo. En fin, un enorme abrazo de oso y espero el capítulo haya sido de tu agrado.
Y a todos los demás lectores, les agradezco mucho que lean mi historia.
Nos leemos en la próxima, espero estén muy bien.
Ciao, ciao :)
