Sé que muchas esperabais que este capítulo fuese una continuación de las veinticuatro horas, pero siento deciros que no lo es. Lo siento, de verdad, pero últimamente no me encuentro muy bien (le echo la culpa al calor), me duele la cabeza y eso no ayuda precisamente a escribir lemons (de hecho el capítulo anterior ya tuve que forzarlo un poco), así que he decidido avanzar en la trama. Pero no os preocupéis, que esta historia va a seguir teniendo mucho lemon.
Capítulo 11: Una tranquila noche de otoño
Eustass Kid despertó sin saber muy bien el porqué, ya que el sol todavía no entraba por la ventana para poder echarle la culpa.
Kid se estiró en la cama, y se sentó de golpe al darse cuenta de que en ella no había nadie más. Miró el reloj de la mesita de noche y vio que eran casi las siete de la mañana, y por lo tanto las veinticuatro horas que había acordado con Law ya habían pasado, así que el otro hombre podía haberse marchado ya sin romper el trato. Kid no se perdonaría si se había pasado las dos últimas horas durmiendo, por exhausto que hubiera estado.
Levantándose, el pelirrojo decidió comprobar su Law todavía estaba allí. Después de todo, él no podía ser el único que estaba agotado y, a juzgar por el ruido que acababa de hacer su estómago, hambriento. Teniendo en cuenta cómo era Law, Kid dudaba que fuese a tener reparos en asaltar su nevera.
No tuvo que llegar a la cocina para encontrarlo. Al salir al pasillo lo vio en el espacio de la entrada, aún desnudo, arrodillado frente a la mochila que había estado allí desde que llegaron, la ropa con la que había venido echa una bola a su lado.
-¿Qué haces?
Law se giró y le dedicó una de sus sonrisas. Sus ojeras estaban más pronunciadas que de costumbre y Kid se sintió absurdamente satisfecho al ver que su cuello y la parte superior de su pecho estaban cubiertos por las numerosas marcas que él había dejado.
-Buenos días, Eustass-y, ¿te he despertado?
-No.
Kid miró la mochila para recordarle la pregunta que le acababa de hacer antes de volver a centrarse en su rostro.
-Estoy buscando mi ropa limpia. Iba a tomarte prestada la ducha y a desayunar algo, si no te importa, claro.
-Nah, no me importa. ¿A qué hora tienes que irte?
-Como muy tarde a las ocho quiero haber salido de aquí.
Caminando hacia él, Kid sonrió y comenzó a hablar.
-No me importa que te duches o desayunes, pero verás, Heart, eso no entraba en el trato original, -deteniéndose frente a él, la sonrisa de Kid creció-, así que vas a tener que pagarlo aparte.
Sonriendo ligeramente, Law se giró en el suelo sin levantarse, su cara quedando prácticamente a la altura de la polla de Kid, y lo miró a los ojos desde esa posición.
-Suena justo,
Agachándose para cogerlo del brazo y hacer que se levantara, Kid comenzó a arrastrarlo al baño.
Tenían una hora.
-¡Ya voy, ya voy! -Gritó Law a la puerta, cerrando el libro que había estado leyendo y dejándolo sobre la mesa antes de levantarse e ir a abrir. No habían comenzado a golpear la puerta ni medio minuto atrás, el mundo estaba lleno de gente impaciente.
Cuando abrió, se sorprendió al ver al enorme hombre rubio con el estrafalario abrigo de plumas rosas esperando al otro lado, llevando las gafas de sol y con su característica sonrisa.
-¿Donquixote-ya?
-¿Puedo pasar? -Preguntó el hombre y, a pesar de la sonrisa, Law se dio cuenta de que estaba de mal humor.
-Claro -dijo el chico, apartándose de la puerta para dejarlo entrar.
Cuando hubo cerrado la puerta y se giró a mirar a su invitado, Doflamingo ya se había sentado en el sofá y tenía una mano tapándole la cara.
-Recuérdame por qué decidí investigar la paranoia de Crocodlie -pidió el hombre, y Law sonrió, divertido.
-Creo que te aburrías. -Law estaba convencido de que Doflamingo acababa de lanzarle una mirada molesta desde detrás de las gafas, así que decidió calmarlo un poco por su acaso. Acercándose a él, preguntó: -¿Qué pasa? ¿No es tan divertido como esperabas?
Subiéndose a horcajadas sobre él, Law comenzó a besar el cuello de Doflamingo, despacio. El hombre se dejó caer contra el respaldo del sofá.
-No es eso, escuchar lo que hace Crocodile es divertido, pero no debería haber puesto a tanta gente a ello. Por mucha gracia que tenga, que te cuenten diez veces en dos días cómo ha metido a su cocinero vivo en el horno porque creía que intentaba envenenarlo, cansa. -Doflamingo llevó las manos al cuello de la camisa de Law y comenzó a desabrocharla-. Estoy hasta los cojones de que me pidan una reunión para contarme cada gilipollez que averiguan, no había trabajado tanto en toda mi vida.
Law se apartó para dejar que le quitara la camisa, pero las manos de Doflamingo se detuvieron en sus hombros.
-¿Oh?
-¿Qué pasa? -Preguntó el moreno.
Una de las manos del rubio se movió sobre su piel hasta apoyarse en la parte superior de su pecho, los dedos tocándole el cuello.
-Parece que alguien se ha divertido. Supongo que por esto no viniste a la fiesta de Halloween.
Recordando las numerosas marcas que Kid le había dejado por todo el cuerpo, Law sonrió y preguntó:
-¿Celoso?
Riéndose, Doflamingo terminó de quitarle la camisa.
-Para nada, aunque me ofende que no me lo dijeras: de haber sabido que tenías una cita, te habría dejado la noche libre. Estoy seguro de que tu novio lo habría agradecido -dijo el rubio burlonamente.
Law bufó.
-Muy gracioso, Donquixote-ya. No es mi novio.
-¿Entonces?
Law levantó una ceja.
-¿Qué pasa, que ahora solo puedo follar con alguien si es mi novio? Entonces creo que tienes que irte, Donquixote-ya.
-Vale, vale, lo dejo estar -dijo el hombre, cogiendo ambas nalgas de Law y apretándolas.
Law hizo una mueca de dolor y las manos se detuvieron, la sonrisa completamente desvanecida del rostro de Doflamingo.
-¿Seguro que no tienes que contarme nada?
-Seguro -insistió Law.
-¿Entonces lo de que te duela el culo tres días después de tu 'cita' no es nada?
-Puede que se nos fuera un poco la mano, -reconoció Law, sin gustarle para nada el rumbo que estaba tomando aquella conversación-, y piensa que acababa de trabajar. No me han violado, Donquixote-ya, si eso es lo que estas pensando, así que no tienes que matar, torturar o castrar a nadie. Tampoco es como si nosotros no nos hubiésemos pasado nunca. Ahora, ¿podemos seguir intentando follar, por favor?
Aún sin sonreír, muy para molestia de Law, Doflamingo preguntó:
-¿Dónde tienes el lubricante?
A pesar de su aparente acuerdo con dejar estar el tema, Law estaba seguro de que no iba a olvidarse de ello, así que supuso que tendría que encontrar una forma de explicarle lo del fin de semana pasado. Sin ofenderlo, preferentemente.
Ya lo haría otro día, Doflamingo no era el único que sabía fingir dejar estar algo.
-No me hace falta.
-Si quieres que te la meta, sí -dijo el rubio, serio, recordándole sin palabras la pequeña paranoia que tenía desde la primera vez que lo habían hecho. En retrospectiva, la idea de convencer a Doflamingo de que no era virgen había sido una de las peores de su vida, fruto de la estupidez de la adolescencia. Ese desgarro había dolido.
Law suspiró, cediendo.
-De acuerdo, iré a buscarlo.
-No me jodas, Law -rugió Kid, fulminándolo con la mirada bajo la pobre luz de las farolas que se colaba en el callejón.
-No lo hago, pero como sigas insistiendo, tú tampoco lo harás. -Antes de que Kid pudiera decir algo más, Law se le adelantó-. Hicimos un trato, es cierto, y también es cierto que accedí a extenderlo un poco, pero eso no cambia nada: eres mi cliente, Eustass-ya, y, como te dije el primer día, no acepto que los clientes me la metan sin condón.
-Cabronazo -gruñó Kid, y Law se encogió de hombros-. De acuerdo, usaré el puto condón, pero cuando acabe contigo no vas a poder ni caminar.
-Mientras pagues...
Empujándolo contra la pared con más fuerza de la necesaria, Kid estampó sus labios contra los de Law.
Con la llegada de Diciembre ya comenzaba a hacer frío de verdad y, como cada año, Law se arrepintió de no haberse decidido a comprar una estufa decente. Instalar calefacción sería lo ideal, pero como vivía en un piso alquilado no era posible, así que tenía que conformarse con utilizar estufas. Por desgracia cuando no hacía frío se le olvidaba que las dos que tenía eran trastos viejos que no calentaban nada, y no tenía dinero ahorrado para comprar una nueva.
Así que, sentado sobre la alfombra del salón, envuelto en una manta frente a la mesita repleta de apuntes y con las dos viejas estufas encendidas, gastando luz pero sin procurar prácticamente nada de calor, Law se prometió que, esta vez sí, se las apañaría para ahorrar lo suficiente y comprarse otra estufa. Cuanto antes mejor.
Tratar de estudiar sin sacar los brazos de dentro de la manta era complicado.
También tenía la opción de esperar a graduarse y comenzar a trabajar como médico, cuando cobraría lo bastante para mudarse a un piso más decente. Después de todo, solo le quedaba ese invierno, y ya había aguantado cinco en esas condiciones.
Pasando una página del libro que tenía delante, Law se caló aún más el gorro blanco con motas negras que llevaba puesto y siguió leyendo.
Un fuerte ruido lo sobresaltó.
¿Un disparo?
Lo disparos no eran algo extraño en esa zona, de hecho eran algo tan común que la mayoría de gente ni se molestaba en dejar de hacer lo que estuviera haciendo al escucharlos. Muchos sabían, además, que si trataban de averiguar el origen podían acabar mal, y no querían arriesgarse a ello.
Trafalgar Law no era una de esas personas.
Quitándose el gorro y dejándolo sobre el libro abierto en la mesa, Law se puso en pie, la manta cayendo de sus hombros, y fue al pequeño mueble junto a la puerta.
Ese disparo se había oído muy cerca, y Law tenía una buena sospecha de dónde exactamente. No sería la primera vez que mataban a alguien en el callejón sin salida al que daba la puerta de aquel edificio.
No era la primera vez que pasaba y tampoco sería la primera vez que Law se aprovechaba de ello.
Era una oportunidad muy buena para obtener un sujeto de estudio durante un rato: después de todo, incluso si habían llamado a la policía se lo tomaba, estos con calma a la hora de venir al barrio. Solo tenía que ir con cuidado.
Abriendo el cajón que había en la parte superior del pequeño mueble, Law sacó primero unos guantes de plástico que se puso, seguidos de una jeringuilla vacía que se enganchó en el cinturón y una pistola que dejó sobre el mueble, para cogerla de nuevo una vez hubo abierto las puertas del armario que había en la parte inferior del mueble y hubo sacado el maletín que hacía las veces de botiquín de primeros auxilios, o material de estudio más a menudo, y que era considerablemente más grande que un botiquín de primeros auxilios normal.
Abriendo la puerta, Law cogió de nuevo la pistola y salió, cerrando de una suave patada y apresurándose a bajar a la planta baja, su casa estando en el primer piso.
La puerta de entrada del edificio estaba rota y no cerraba bien, así que Law se apoyó contra la pared junto a esta, donde no se lo vería desde la calle, y esperó un momento.
No tardaron en escucharse unas risas.
-¿Lo dejamos así? -Preguntó una voz de hombre, evidente divertida.
-Se lo merece, el cabrón, morirse desangrado -respondió otro hombre, y ambos se rieron.
-Venga, vámonos, no le quedan ni un par de minutos -sugirió el primero.
-Diviértete -dijo el segundo hombre, en un tono cantarín por el que Law supuso que le hablaba a quien, muy probablemente, habían atacado.
Law se apretó más contra la pared al escuchar unos pasos acercarse.
-Joder, creo que me ha roto algo -se quejó el primer hombre al pasar junto a la puerta.
Law esperó y, cuando escuchó cómo se subían a un coche y después este se alejaba, abrió con cuidado la puerta, preparando la pistola en una mano para usarla a la mínima que viera a alguien de pie en el callejón.
No había nadie, el callejón estaba tan oscuro como de costumbre y el contenedor de basura, aunque le permitiría ver si había alguien de pie, le bloqueaba la vista de quien quiera que la víctima hubiese sido.
Rodeándolo con cautela, por absurdo que sonara nunca sabías cuándo te podía atacar alguien que hubiese estado escondido, Law se adentró más en el oscuro callejón, y pronto vio el bulto tirado en el suelo, y desde su posición podía distinguir jadeos entrecortados.
Así que seguía vivo.
La idea original había sido estudiar un poco el cadáver, pero tal vez podría probar a comportarse como un ciudadano decente por una vez y tratar de ayudar. O quedarse a observar los síntomas que tenía mientras moría.
Probablemente lo segundo.
Acercándose lo suficiente para poder observarlo con calma pero con cuidado de no pisar las manchas de sangre que apenas podía distinguir en el suelo, Law se acuclilló junto al hombre, con cuidado de que sus rodillas no tocasen el suelo.
Un corte en el abdomen, otro en el pecho, el brazo izquierdo demasiado cubierto de sangre para ver bien el daño, otro corte horizontal que recorría parte del cuello y la cara desde la frente y que debía ser muy superficial o de lo contrario ya lo habría matado, un segundo corte en la cara, junto al primero, que cruzaba el ojo izquierdo, cerrado y con el párpado, al igual que todo ese lado de la cara, manchado de sangre. El lado derecho del cuerpo, en cambio, estaba en mucho mejor estado, al parecer no habiéndose llevado apenas daño, y de hecho ese ojo estaba abierto, con la pupila dilatada mirándolo pero sin centrarse realmente en él, desde el otro lado de la nariz que parecía haber estado rota en algún...
No me jodas.
Apenas podía distinguirlo bajo aquella luz, pero tenía la suficiente práctica viendo rostros prácticamente a oscuras para identificar algunos rasgos.
Aquellos en particular.
Piel pálida, cabello oscuro a esa luz que no parecía ser negro, sin cejas.
-¿Eustass-ya...?
Continuará
Mentiría si dijera que me arrepiento de haberlo cortado ahí :)
