Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación. Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación.

Naciste Solo Para Mí

by: Keilant

No hay nada que desespere tanto, como el no poder interpretar lo que se siente.

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Capítulo 10

Candy realmente había extrañado a Michael, a pesar de que el tiempo los había cambiado a los dos, con él siempre pudo ser ella misma, él era como el hermano que nunca tuvo, en él podía confiar, con él podía hablar de todo y de nada, su mejor amigo sin duda. Ella era hija única y algunas veces era difícil serlo, ya que sus padres exigían tanto que a veces deseaba tener un hermano, sin embargo no se quejaba, porque a pesar de los estrictos que podían ser sus padres, ellos también la adoraban.

Candy no pudo evitar reflejar su felicidad, no después de tener tanto tiempo sin verlo, Michael le recordaba de todos aquellos momentos embarazosos que tuvo que endurar cuando apenas era una pequeña, sin embargo en el medio de sus anécdotas pudo ver por el rabillo de sus ojos a Albert, él comenzaba a alejarse sin decir una palabra, al notarlo, no dudo en levantarse, disculpándose con su invitado. Candy quería que Albert conociera mejor al que consideraba como un hermano mayor.

-¡Albert! — lo llamo acercándose rápidamente a él, deteniéndolo al tocar con su mano su hombro, estaba tan feliz con todo, que tan pronto él volteo, ella se encontró con sus ojos duros y fríos, no había calidez en ellos, tomándola por sorpresa ¿qué le pasaba? ¿será que le fue mal en la reunión? se preguntó antes de pronunciar palabra

-¿Te encuentras bien? — preguntó Candy tratando de entender su seriedad.

-Si — fue su seca respuesta, Candy fijo sus ojos en los de él, intentando entender, buscando aquella mirada dulce y calidad que había visto la noche anterior, no la encontró.

-¿Porque te marchaste sin despertarme?, podríamos haber desayunado juntos — Ella se había levantado y no lo había encontrado, había tenido la esperanza de poder verlo antes de irse, había sido raro para ella desearlo, sin embargo lo hizo.

-La reunión que tuve fue a primera hora, y tú te veías tan cansada que no quise levantarte — excuso él extrañado ante su pedido, lo cual hizo que su enojo disminuyera al pensar que ella había querido pasar más tiempo con él.

-Albert, anoche se me olvido decirte que invite a Michael a almorzar, espero no te moleste — dijo ella en manera de disculpas, había sido un error de su parte no mencionárselo, pero no pensaba que sería problema, aparte de que él se fue muy temprano

-No, por supuesto que no, esta es tu casa también — contesto él sin poder evitar un tono neutral, no quería sentirse de esa manera, enojado con ella, pero no lo podía evitar.

-Gracias Albert — Candy respiro en alivio ante sus palabras, y en eso Michael se acerco.

-Señor Andrew, es un placer verlo nuevamente — Sonrió Michael sin realmente sentirlo, como podía sentirse feliz de ver al hombre que prácticamente le quito su oportunidad, y que ahora recibía todo lo que él deseaba.

-El placer es mío, los amigos de mi esposa son siempre bienvenidos — contesto Albert enfocando la palabra amigos, y cortésmente devolviendo el saludo a pesar de que no estaba cómodo con su presencia, no sabía que le pasaba, él no era una persona ruda, que juzgaba tan fácilmente, pero la manera en que él miraba a Candy no le gustaba.

-Pequeña, ¿aun iremos a visitar a tus padres? — preguntó él dulcemente, o al menos intentándolo delante de aquel visitante, tenía que preguntar, porque ahora no estaba seguro si irían a verlos o no, no sabía si ella ya había hecho otros planes sin comunicárselo.

-Por supuesto, los llame en la mañana para informales.

-Muy bien, entonces ahora si me disculpan, nos veremos en el almuerzo, — se despidió de ellos y subió a darse un baño, Candy no estaba segura que sucedía, sus palabras decían una cosa, pero sus ojos mostraban otras, ignorando ese sentimiento de desconcierto ella regreso a su conversación con Michael.

Rosemary llego a la mansión en busca de Anthony, Stear y Archie, las compras de última hora siempre eran agotadoras, pero no quería que a ellos les faltara nada, después de hablar con ellos y su tía, ella vio a Michael amenamente hablando con Candy.

-¡Michael!, que sorpresa verte nuevamente por aquí — saludo Rosemary sorprendida, no pensaba verlo tan pronto.

-Sí, yo tampoco — respondió él comenzando a sentirse incomodo, realmente no quería estar en esa casa, pero vino con un propósito y no se iría hasta que Candy aceptara.

-Yo lo invite Rosemary, disculpándome por no atenderlo apropiadamente la noche anterior — Intervino Candy al ver el rostro de su amigo, a pesar de los años algunas cosas nunca cambiarían, ella podía reconocer lo incomodo que se sentía.

-No te preocupes Michael, siéntete como en tu casa, Candy, ¿has visto a William?, quiero despedirme de él antes de irme — preguntó Rosemary, ella quería saber cómo les fue la noche anterior.

-Sí, llego hace poco, se fue a cambiar porque iremos a visitar a mis padres después del almuerzo.

-Que bueno, me alegro que lo hagan, estoy segura que Mary y Alan estarán felices de verlos, bueno los dejo porque tengo que irme — dijo Rosemary subiendo por las escaleras.

Albert se había terminado de bañar y cambiar cuando escucho el toque en la puerta, ¿sería Candy?, se preguntó antes de dar el pase.

-Bert, vine a despedirme — dijo Rosemary entrando en la que era ahora su habitación

-No te quedas a almorzar con nosotros? — preguntó él disimulando su decepción al notar que no era Candy.

-No puedo, Vincent nos está esperando — contesto ella observando su habitación, no le gustaba ver a su hermano separado de la que era su esposa, y mucho menos en esa habitación, no era lo mismo, la idea de que él se casara era para que dejara atrás su vida solitaria, ella no soportaría si su esposo durmiera en otra habitación.

-¿Y hasta cuando se supone que dormirás en esta habitación? — preguntó ella dirigiendo su atención a él.

-No lo sé Rosemary, y no quiero hablar de ello — respondió Albert enojándose nuevamente al recordar que su esposa, mas no su mujer en toda la extensión, estaba abajo entreteniendo a su invitado.

-Pues sabes que lo único que debes hacer es cruzar esa puerta — dijo ella abriendo la puerta que conectaba las habitaciones.

-No es tan simple como lo pones Rosemary — respondió pensando que ganas de cruzar la puerta no le faltaba, pero, pero él no haría eso, él nunca la obligaría.

-Sí lo es, desde que él padre dijo hasta que las muerte los separe ese derecho te pertenece, y Candy lo sabe, yo lo supe cuando me case con Vincent, — confirmo tomando de su mano.

-Por eso en esta familia no habrá más matrimonios arreglados, de eso me encargare yo, lo puedes tener por seguro Rose. — Albert supo que ella estuvo enamorada de George, así que se sorprendió mucho al enterarse de su boda con Vincent Brown, sus padres nuevamente lo habían arreglado, él no permitiría que ningún otro miembro de su familia sufriera lo que pasaron ellos dos.

-Bert, yo no tengo nada que reprocharle a Vincent, a pesar de que él viaja mucho, él siempre me ha tratado con mucho cariño y amor, y gracias a ello, tengo ahora conmigo a mi dulce Anthony, con el tiempo yo he aprendido a amarlo y respetarlo, así que no le niegues tu cariño a Candy, no te niegues la oportunidad de amar, pero la decisión tiene que ser tuya.

-Lo sé.

-¿Dime como les fue anoche?

-Solo te diré que fue perfecta — Albert sabia lo curiosa que era su hermana, pero no le daría detalles.

Rosemary dejo salir un suspiro-¿Y entonces porque esa cara? — Albert no dijo nada pensando en la razón de su problema.

-Bueno veo que no me dirás, y ahora si me tengo que ir, por favor prométeme cambiar esa actitud hermanito — dijo ella tocando su rostro, lo conocía muy bien.

-¿Cual actitud? — protesto él.

-Esa actitud fría que pones cuando no quieres que nadie se te acerque, además Candy me dijo que irían a visitar a los White, así que sonríe, demuéstrales que cuidaras de su hija, enséñales que a pesar de todos los errores cometidos, tú la protegerás, es lo único que ellos desean saber — Albert respiro hondo, sabía que Rose tenía razón.

-Lo intentare — dijo él sabiendo que sería un poco difícil-Ahora ven, acompáñame hasta la puerta y despídete de tus sobrinos que pronto se irán.

-¿Como van los preparativos? — preguntó mientras salían de la habitación.

-Ya casi todo está listo, Vincent estuvo de acuerdo con que estuviera cerca de Anthony aunque fuera su primer año, los Cornwell también irán, así que no tienes ninguna excusa para venir a visitarnos, estoy segura que Candy le gustara conocer escocía, prométeme que vendrás Bert — Rosemary le suplico con sus ojos.

-Prometo que lo hare — Albert vio su amplia sonrisa cuando dijo esas palabras, simplemente no podía negarle nada a ella. Cuando bajaron se encontraron con Anthony, Stear, Archie y la tía abuela que estaban listos para marcharse.

-William, voy con Rosemary a almorzar, hay varios detalles que aun tenemos que arreglar, los veré en la cena hijo — dijo Elroy Andrew saliendo con todos después de que se despidieron.

Albert no lo podía creer, lo dejaron solo, ahora su almuerzo sería extraño, bueno quizás ahora podía aprender más acerca de su invitado, porque a todas estas, no sabía nada acerca de él, con ese pensamiento hizo camino hacia el comedor, donde los encontró ya sentados, ahora se sentiría como un extraño en su propia mesa.

-Albert, te estábamos esperando — dijo Candy sonriendo, ella había sentado a Michael en el otro lado de la mesa, quedando en frente de él, y al lado de Albert.

-Estaba despidiendo a mis sobrinos y a Rosemary, podemos comenzar, la tía Elroy se fue a almorzar con ellos — dijo él acercándose a ella y dándole un beso en su mejilla, para luego tomar su asiento, después de todo eso era parte del trato, ellos tenían que pretender en frente de extraños, ella asentó complacida por el beso, y pronto dio la orden de que sirvieran, ella ahora era la dueña de la casa, y era ahora su obligación tomar las responsabilidades que le correspondían.

-¿Dime Michael a que te dedicas? — Preguntó Albert mientras servían el almuerzo.

-Bueno, me recibe hace un año como doctor, y solo hace poco me transfirieron — respondió él sin poder evitar sonreír, lo había solicitado por tanto tiempo, que al recibir la noticia se alegro

-Felicidades, salvar vidas es una carrera muy noble y de admirar, pero no entiendo, si querías regresar a América?, ¿por qué esperar? — Preguntó Albert tratando de entender, mientras Candy se alegraba al ver un poco el cambio en su rostro.

-Michael es cirujano militar Albert, su familia y él son provenientes de Francia, y él se marcho a enlistarse en el ejército Francés donde estudio para ser cirujano de su división en su país — dijo ella sin poder evitar sentirse orgullosa de él.

-Si es así, ¿cuánto tiempo estarás en América? — preguntó Albert ahora curioso, Candy por su parte no lo había pensado.

-Sí, Michael, pensé que te quedarías? — eso fue lo que él le dijo, que vino a quedarse.

-Mi transferencia es permanente, al menos que se presente una guerra, y en estos tiempos en que estamos viviendo no creo sea posible — respondió él seguro que eso nunca sucedería, Europa era un país estable.

-Esperemos que así sea — Candy tenía la esperanza de que algo así nunca ocurriera, mientras que Albert pensaba que una guerra nunca era bienvenida.

Así continúo el almuerzo, con preguntas y respuestas en una conversación donde Albert poco intervenía, él solo observaba porque a pesar de que Michael parecía ser una buena persona, le irritaba la forma en que no dejaba de mirar a su esposa, no era ciego, él era un hombre también, y la belleza de Candy no pasaba desapercibida, para él fue claro que su amigo guardaba sentimientos por ella, la manera en que intentaba no demostrarlo no era muy buena, él podía darse cuenta, sin embargo ahora la pregunta que rondaba en su cabeza era, ¿si ella también guardaba sentimientos por él?

-Gracias Candy por la invitación, ¿vendrás entonces? — preguntó Michael después de haberse despedido de Albert quien ahora buscaba las llaves de su auto.

-Por supuesto, puedes contar conmigo, estaré puntual — respondió Candy quien no pudo evitar ofrecerse e ir y asistir varios orfanatorios que necesitaban ayuda, también visitarían los parientes de Michael, y un nuevo hospital que abrirían.

-Perfecto no vemos entonces, cuídate Candy— finalmente se despidió dándole un beso en su mejilla, ella sonrió, sin embargo se sorprendió un poco por la manera en que lo hizo, había sido diferente, pero no dijo nada, quizás era por el tiempo que tenia sin verlo.

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El camino hacia la casa de los padres de ella fue en silencio, Candy miraba a Albert de vez en cuando, nuevamente se había cerrado y no sabía porque, ella no sabía que él vio aquella despedida tan pronto encontró sus llaves y regreso por ella, ahora Albert manejaba sujetando el volante tan fuerte que parecía lo rompería en dos.

-¡Candy! — su nombre retumbo tan pronto llegaron.

-¡Nana! — exclamó Candy abrazándose con la que había sido como su madre, su nana la había cuidado y estuvo a su lado desde que tenía memoria.

-Mi pequeña, te extrañamos, pero mírate, ahora eres toda una señora — dijo la nana derramando lagrimas.

-Vamos nana, no ha sido tanto tiempo.

-¡Candy!, hija, ya estas de vuelta — se acerco su madre al verlos, en ese momento la nana se separo de ella dejando que la madre de Candy la abrazara, mientras que Albert veía aquella escena sin poder evitar sonreír, al parecer, todos la habían extrañado.

-Si mamá, regresamos el día de ayer — contestó Candy recibiéndola, ella también las había extrañado en tan poco tiempo.

-Oh!... tan rápido, — su madre se sintió triste por su hija, suspiro y luego miro hacia donde Albert se encontraba. -William, ¿cómo has estado? — preguntó dulcemente en su dirección

-Muy bien señora White.

-Nada de señora White William, llámame Mary, ahora eres parte de la familia, bueno siempre lo has sido, — sonrió, realmente él era más alto que su padre.

-La culpa es mía por la corta luna de miel, tenía varias reuniones pendientes. Lo siento, pero prometo recompensarla, — se disculpo, realmente era su culpa.

-Me alegra saberlo, bueno así son los negocios, te entiendo.

-Mamá, ¿y donde esta papá? — preguntó Candy al no verlo.

-Llegara pronto hija, pero vamos, pasen adelante, no se queden ahí, tienen mucho que contarme — Invitó.

Albert las siguió en silencio mientras ellas conversaban, se notaba que la relación de madre e hija era una estrecha, y eso le agradaba. Al entrar en la sala del té, Albert no dejaba de comportarse como un caballero, a pesar de cómo se sentía, él se sentó al lado de Candy, mientras su madre no perdía detalle de lo galante que era.

El mayordomo se acerco sirviendo el té, y tan pronto se retiro la madre de Candy no pudo evitar preguntar.

-Y díganme, ¿cómo se la están llevando ustedes dos? ¿Estás tratando mejor a mi princesa William? — Preguntó ella con ojos inquisitorios.

-¡Mamá! — Candy se sintió apenada, su mama era directa, Albert trago seco, no la culpaba, por eso vino, a disculparse, así que era ahora o nunca.

-Discúlpame Mary, por no haberme comportado apropiadamente con ustedes, pero sobre todo con Candy, por eso he venido, a disculparme con ustedes por mi mal comportamiento y con ella aun lo sigo haciendo, espero algún día sepa perdóname, — explico tomando de la mano de Candy.

-Me alegra escucharlo, ustedes dos parecían un par de niños sin remedio, estoy segura que tu padre se alegrara al saberlo, ha estado un poco enfermo preocupado por ti hija — informó tomando un sorbo de su té.

-¿De qué se ha enfermado papá? — preguntó Candy preocupada, Mary iba a responder cuando escucharon una voz imponente hablar.

-Yo no estoy enfermo de nada hija, aun me quedan muchos años por delante, es tu mamá quien exagera — confeso su padre dirigiéndose a donde todos se encontraban.

- Papá! — Candy no tardo en levantarse y abrazarlo. Albert al verlo recordó a su padre, tantas veces vio al padre de Candy al lado del suyo, ahora se notaba cansado, él abrazaba a su hija con tanto amor, y él solo se preguntaba porque la habría dejado casarse con él?, sabiendo que él no había hecho nada para merecérsela.

-William, hijo, ¿cómo has estado? — dijo el señor White acercándose a él, porque solo él sabía lo unido que fue ese muchacho con su padre.

-Muy bien Alan, lamento tanto no haberlos visitado — contesto Albert sin poder evitar sentirse culpable, recordando que solo él día de su boda los saludo.

-Lo importante es que lo has hecho — él le sonrió, entendía por qué no lo había hecho, el muchacho había sufrido bastante con la pérdida de sus padres, y la vieja Elroy ni siquiera dejo que viniera al funeral de ellos; una mujer tan dura siempre fue, bueno, hasta hace pocos años atrás, cuando la mansión de los Andrew se lleno nuevamente con risas, dando la bienvenida a aquellos chiquillos, él sabía que no fue fácil para William cumplir con ellos.

-Papá, ¿estás seguro te encuentras bien? — preguntó Candy observándolo de pies a cabeza.

-Claro que sí, no tienes por qué preocuparte, ahora sí, dime ¿cómo han estados ustedes dos?.. ¿Y qué hacen de vuelta tan pronto? — preguntó levantando una ceja.

-Lo de siempre Alan, negocios, pero al menos ahora se la están llevando mejor — contesto la madre de Candy quien sabia que los negocios lo estropeaba todo.

-Bueno si es así, pues no se puede hacer nada mujer — dijo él justificando y carraspeando su garganta, porque sabía a lo que su mujer se refería, mientras que Albert no tenia palabras, estaba al borde batallando con su ser.

La tarde fue amena para todos, Albert finalmente se disculpo con ellos, y con Candy nuevamente como lo había prometido, dejando a los White satisfechos y felices con su disculpa, ellos igual sabían que William era un hombre de honor y que la circunstancias sacaron lo peor de él, al caer la tarde su madre los invito a cenar, Candy miro con ojos suplicante a Albert, y este no se pudo negar. Las damas se perdieron por las escaleras, mientras que él padre de Candy invito a Albert a su estudio

-¿Como han estado las cosas en la compañía William? — preguntó Alan mientras llenaba dos copas de coñac

-Estamos en el medio de varias transacciones, a punto de firmar varios contratos con diferentes compañías dentro del país, pero aun no he decidido si aceptar los contratos que nos ofrecieron del extranjero, yo creo que las cosas han empezado a sentirse un poco tensas, pero nadie quiere hablar de ello — contesto Albert al recordar la conversación que mantuvo en su reunión temprano

-Sí, yo creo que es mejor que no lo hagas en estos momentos, definitivamente debes esperar, las cosas en Europa no se ven muy prometedoras, es mejor ir con cautela, lo bueno es que ahora tendrás a Candy a tu lado, mi hija es muy inteligente William, estoy seguro te ayudara a tomar decisiones correctas, confía en ella — comento Alan entregándole su copa

-Sí, ella menciono que desea asumir su posición en la compañía, aunque aún tenemos que discutir sobre esos detalles — A él no se le había olvidado lo que ella deseaba, le había pedido a George temprano que comenzara a hacer los preparativos para su oficina, una cerca de él

-Candy estudio mucho, me volvía loco bombardeándome con preguntas, sus Instructores estaban asombrado con ella, así que no dudes en confiar en ella, te aseguro que pensara en cosas que nunca pensaste fuera importante

-Lo hare — fue su respuesta tomando un poco del coñac ofrecido, Albert miraba a Alan sin poder evitar que memorias de su padre lo invadieran

-Los extrañas ¿verdad? — preguntó Alan sorprendiendo a Albert, el hombre pareciera leerle los pensamientos

-No hay un día que pase que no lo haga — confeso con sus ojos tristes

-Yo también, pero estoy seguro que ellos están orgullosos de ti donde quiera que se encuentren — le sonrió porque él también se sentía orgulloso del joven, tal como se lo prometió a su padre, él había seguido cada uno de sus pasos, cada logro adquirido, la manera en que manejaba las empresas también lo había complacido, él sabía que él joven William protegería y cuidaría de su más preciada joya, su hija

-Alan, ¿por qué permitiste que me casara con Candy?, especialmente después de lo mal que me porte con ustedes, tu podías haberlo evitado — él no lo pudo evitar, tenía que preguntarle, tenía que saber, ¿por qué dejar que su única hija se casara con él?

Alan respiro hondo ahora tomando asiento-Aun recuerdo él día en que tu naciste William, tu padre orgulloso se sentía, fue imposible no escuchar a diario como hablaba de ti, todo lo que ambicionaba para tu futuro, tú representabas el futuro de los Andrew. Desde ese momento no pudimos evitar hacer planes los dos, queríamos que nuestras familias siempre estuvieran unidas, así que si yo tenía una hija, acordamos de que ella seria tu esposa.

-William quería asegurarse de que yo no cambiara de opinión, y así nació el contrato que leíste ¡Hmph! puedes llamarnos inmaduros por haberlo hecho, arcaicos si así deseas, pero la idea nos mantenía unidos y sacando a flote las compañías, porque teníamos la seguridad de que continuaría en manos de nuestra sangre. Feliz estuvimos cuando Mary finalmente dio a luz una niña, y no cualquiera niña, no señor, porque mi Candy es lo más hermoso que tenemos, lamentablemente Mary no pudo tener más hijos — él se sintió triste por un momento antes de continuar.

-Varios días después de ella nacer tus padres te trajeron al hospital, tu curiosidad te llevo a ella, cuando nosotros finalmente te encontramos, tu padre y yo nos miramos, ahí en tus ojos estaba ese brillo, tu mirada embelesada viendo a mi pequeña, y yo supe en ese mismo momento que tú la cuidarías, nosotros supimos que ustedes estaban destinados a estar juntos, y quizás te tome tiempo entender mis palabras William, pero aun lo sigo viendo en ti a pesar de estar viejo, yo se que tú la amaras y la cuidaras como ella se merece — fue su palabra final.

Albert sintió un nudo en su garganta, él iba a decir que lo haría, que cuidaría de ella cuando tocaron a la puerta.

-Señor la cena esta lista — dijo la mucama tan pronto entro al estudio.

-Gracias Lucy, te puedes retirar.

-Sí, señor.

-Vamos William, no dejemos a las damas esperando — Albert asentó con muchos sentimientos encontrados, el tener esa conversación lo ayudo a entender un poco las razones de ellos, sin embargo eran Candy y él quien tenían que vivir con las consecuencias de esa decisión.

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Tan pronto regresaron a la mansión Candy se dirigió a Albert, él no dijo mucho en el camino, estaba ausente y ella se preguntaba que había hablado con su papá.

-Gracias Albert por todo — dijo sintiéndose complacida, él se había comportado como nunca ella lo había visto, su padre y su madre hablaron sin parar durante la cena, fue mejor de lo que esperaba.

-No tienes porque, era mi deber hacerlo — sonrió mientras subían por las escaleras, su día había sido una mezcla de todo.

-De todas maneras me alegra que lo hicieras, los vi más tranquilos — Albert también lo noto, tan pronto llegaron él abrió la puerta de la habitación, cuando entraron Candy no solo sintió mariposas, pero también se sintió nerviosa, no creía poder acostumbrase a entrar en esa habitación con él, especialmente cuando sintió como sus manos la rodeaban por su cintura.

-Candy — susurro su nombre respirando el aroma de sus cabellos, ya no estaba enojado con ella, la conversación con su padre lo ayudo a definir lo que haría de ahora en adelante.

-Si — respondió sintiendo el calor de sus brazos y sin poder reconocer su propia voz.

Albert no sabía lo que quería, solo deseaba tenerla así por un momento.

-Que descanses — dijo soltándola, Candy se dio la vuelta de inmediato, no quería que se marchara sin antes saber que le pasaba, pero en vez de preguntar, ella lo sorprendió cuando se puso de puntillas y sus brazos se envolvieron en su cuello, apoderándose ella de sus labios, en un beso lleno de emociones por los dos.

-Me puedo quedar si eso es lo que deseas — susurro sobre sus labios tan pronto ella lo dejo respirar, lo había besado con una pasión llena de necesidad, Candy se sonrojo al escucharlo.

-Aun no Albert — él le sonrió, sabía de antemano la respuesta.

-Lo sé, pero ya sabes dónde encontrarme si me necesitas.

Candy solo asentó y lo vio perderse por la puerta, entrando en su baño con su bata en mano Candy recordó que nunca le dijo a Albert lo que acordó con Michael, bueno se lo diría a primera hora antes de él marcharse a la oficina.

Continuara...

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Mis especiales Agradecimientos a: Amy Ri-So, bavaria 2013, Zafiro Azul Cielo 1313, somiant, Gatita Andrew, ginaa, sayuri1707, lucia ardley, lara here, Mayra Exitosa, Pauli, Paolau2, Tatita Andrew, JENNY, LETY, Laila, Amy C.L, Berenice Black, Blackcat2010, Angelis, Lezti Bella, Kattie Andrew.