Buenos momentos.
Capítulo 11: El centro de la vida.
Detestaba decirlo, pero era cierto, el pequeño ornitorrinco era muy adorable, lindo e inocente cuando no estaban peleando, nunca comprendió porque le causo una extraña sensación que nadie podía hacerle sentir.
Sentía la felicidad del ornitorrinco, era un aura de pureza que lo envolvía y hacia que el científico sintiera felicidad solo con mirar al agente y dejar de pelear con el solo para admirar su tranquilidad.
No comprendía como alguien que parece ser tan frío, pudiera tener una pureza única en su alma y quien lo viera sintiera alegría y la sensación de paz infinitamente incomprendida, él era especial.
Él era el único en este mundo con el poder de hacer sentir a su enemigo que estaba seguro, a salvo de todo y de él mismo, que nada pasaría, y si algo ocurría, no importaba, ya que él estaría allí y que nunca estaría solo mientras estuviera presente.
Su enemigo era una parte fundamental en su vida, giraba todo en torno a él, lo que hacía, lo que lo inspiraba, lo que amaba…
Perry el ornitorrinco era el centro de su vida.
