Capítulo 11: Historias corrientes
—Las audiciones fueron todo un éxito Anzu —dijo Hanasaki emocionado al ver los nombres asignados en el papel de reparto.
—No le iba a dejar otra opción a Bakura, actuar mal en la audición fue algo muy desesperado.
—Aún no entiendo cómo lo obligaste.
—Necesita puntos extra en varias materias, tú sabes, todas esas semanas en los que desaparecía de la nada, la excusa del desorden de sueño no convenció a algunos maestros pero a otros les bastó con ver sus heridas.
El teatro de la escuela ya estaba totalmente vacío, Anzu, Hanasaki y Miho sobre las butacas con las luces encendidas, pues ya iba cayendo la noche, reacomodaban los guiones entre conversaciones lentas y silencios incómodos.
—Anzu —dijo Hanasaki un poco inseguro de si hablar o no, era importante abordar ese tema y Miho era la mejor amiga de la castaña. Así que valiéndose de ello continuó—. ¿Harás a mi protagonista?
—Ya te había dicho que sí —contestó simple.
—Pero, Anzu, ¿Podrás hacerlo bien con Yugi? ¡No digo que seas mala actriz! Pero, tú sabes —se aventuró a decir.
—Yugi es mi mejor amigo, actuaremos bien juntos.
Se golpeó mentalmente, por más que trataba de sonar creíble, tener en la "zona amiga" a Yugi sonaba como aplazar lo inevitable, más por ella que por él.
—A lo que Hanasaki se refiere —continuó Miho con precaución— es que durante la audición de Yugi ambos sacaron chispas, ¿Estás segura de querer seguirlo manteniendo en la "zona amiga"?
Acentuó haciendo las comillas con ambas manos a los lados de su cabeza, Anzu se mordió el labio clavando los ojos en los papeles frente a ella.
—No puedo intentar nada con Yugi, cuando nos graduemos me iré a América y ya me falta muy poco.
Sus escuchas se miraron entre sí, la estaban haciendo hablar.
—Pero si Yugi ha viajado a muchas partes como duelista profesional, él te visitará si comienzan una relación —dijo Miho rápido.
—O podría irse contigo, en América lo aman —compensó Hanasaki.
—No lo sé.
Hanasaki iba a decir algo pero Miho le señaló con la mirada que se mantuviera en silencio.
—Yo, no puedo estar con Yugi —murmuró más para sí misma que para sus amigos.
—Si lo amas es posible —canturreó Miho.
—Pero, ¿Ustedes creen que sea posible amar cuando estuviste mucho tiempo enamorada de alguien cercano a él?
—Bueno, eso depende, ¿Ya no amas a ése alguien cercano? —Miho sonrió como un zorro.
—No lo sé, no tuve nada con él, fue más como un amor platónico que jamás volveré a ver.
Eso les dejó sin nada más que decir, ninguno de ellos tenía la más mínima experiencia en el amor más allá de la ficción, así que Hanasaki habló pausadamente.
—Supongo que si no tratas a Yugi como plato de segunda mesa, si eres capaz de amarlo como alguien diferente a tu amor imposible.
—También tienes que tener en cuenta que incluso si tú crees que no le volverás a ver, ¿Dejarías a Yugi por él en caso de que no regresara a tu vida? —segundó Miho, preguntándose por qué no le habló de eso antes, ¿No eran buenas amigas?
—Amar a Yugi —suspiró Anzu pensativa.
—A mí me pareció que tienen mucha química juntos en el escenario —dijo el chico.
—Y siempre estás pendiente de él.
—Yugi siempre te sonríe con mucho cariño.
—Además te sonrojas mucho cuando lo hace.
La castaña sintió como se le subió el color a las mejillas, la sonrisa de su mejor amigo era capaz de hacerle sentir tanta felicidad. Tenía que saber si amaba a Yugi, la pregunta era "¿Cómo?".
En Egipto, Ishizu decidió tomarse un par de días libres hasta su viaje a Japón para enseñarle a Atem lo más posible de idiomas.
—"Mi nombre es Ishtar Ishizu" —dijo ella presumiendo su perfecto japonés barnizando sus uñas con esmalte transparente.
Estaba acostada en la cama de Atem mirando al techo, tenía una rodilla flexionada pero su falda rosa no subió ni siquiera por encima de los tobillos, Atem en la alfombra jugaba con su consola de videojuegos, distraído, un control parecido al remoto del televisor atado a la mano derecha y otro un poco más pequeño con una palanca en la mano izquierda, ambos unidos con un cable.
—"Mucho gusto Ishizu Ishtar, soy Atem Ishtar".
—No, no, para los japoneses tienes que decir el apellido primero y luego agregar un sufijo en el nombre.
—Entiendo, "Mucho gusto señorita Ishtar, soy Ishtar Atem" —contestó sin despegar la vista del videojuego, movió el control como si fuera una espada e hizo una mueca.
—"Hoy hace un día muy bonito, el sol es muy brillante".
—"El cielo se ve especialmente claro hoy" —"¿Qué harás hoy joven Atem?"
—"Hoy voy a rescatar a Zelda"
—¿Cómo?
Marik que iba entrando a la habitación sin camisa, una toalla en los hombros y el cabello húmedo sonrió al darse cuenta que las clases de japonés estaban resultando bien, Atem en lugar de aprender recordaba el idioma y eso lo hacía más fácil; lo extraño era que su tatuaje en jeroglíficos no le causaba el menor interés, lo intentó paseándose por la casa sin camisa después del baño y no recibió nada más allá del comentario "es impresionante tu tatuaje".
—Oh, pudiste iniciar al fin ese juego —comentó levantando la caja del suelo.
—Sí, gracias a sus cursos de japonés incluso he creado mi propia partida.
El rubio se acostó junto a su hermana mostrándole la portada del juego, un caballero vestido de verde alzando su espada al cielo en el fondo dorado.
—¿En éste juego eres un caballero que rescata una princesa? —preguntó Ishizu soplando sus uñas.
—No es precisamente una princesa, es su amiga Zelda —respondió Atem planeando el control atado a su mano derecha como si fuera un avión.
—Aunque eso no es claro, de lo que entendí ella se siente atraída por el caballero y él de ella; tú sabes hermana, esos amigos que están enamorados el uno del otro y no saben cómo decirlo —apuñaló Marik con la indirecta.
—Hablando de eso —comenzó Ishizu acercándose al oído de Atem,dispuesta a ser más directa que su hermano menor—, ¿Qué vas a decirle a Yugi cuando lo veas?
—¿Decirle?
—Cuando lo abrazaste en el aeropuerto le dijiste que al volverlo a ver le dirías algo importante —comentó ella, su tono de voz era tan serio como siempre pero a él le sonó que se estaba divirtiendo mucho.
Atem se sonrojó y un enorme puerco rojo con armadura golpeó a su personaje en el juego.
—Oh, eso —dijo fuerte concentrándose en matar al cerdo.
—Quizá querías decirle que lo amas pero te adelantaste antier y ahora no sabes que decir.
El anterior faraón frunció los labios,Marik tenía razón, ¿Acaso era así de transparente con sus emociones? Lo peor era que se estaban burlando de él, ese par de mocosos primos suyos.
—Pero ¿Qué va a pasar si descubro mi amor por Yugi como algo más que cariño? —balbuceó hundido en sus hombros, jugando un poco más torpe.
—¿Quieres tener una relación con él? —preguntó Marik serio.
—No lo sé —respondió con sinceridad alentando un poco el ritmo con que agitaba los controles, finalmente puso pausa al juego y se giró a sus primos—, ¿Qué implica tener una relación seria?
—Pues citas, abrazos, tomarle de las manos, besos y a tu edad es común dormir juntos —explicó Marik.
Aun cuando el "dormir juntos" fue dicho con tanta simplicidad como el resto de las ventajas, cada quién lo interpretó a su manera, Atem quien no recordaba muchas cosas de vivir solamente pensó en ello como dormir abrazados,igualmente se sonrojó.
—Pero no sólo se trata de eso Marik —repuso su hermana mayor—, el tener una relación estable con alguien es un compromiso, ambos se buscan el uno al otro para tener una unión más íntima al resto de las personas en el mundo, confiarle sus problemas, guardar secretos, compartir triunfos y planes a futuro, son todas esas cosas que hacen a una pareja decidir de si la suya será una relación pasajera a la colección de romances durante su vida o una que perdurará toda ésta.
¿Pasar toda su vida junto a una sola persona? Vivir es un camino lleno de baches, la persona indicada para él debería estar tan dispuesta a enfrentar dificultades como él respecto a ella; pensó en Saqr y Labîb, por más que el primero tuviera una personalidad detestable ambos la sobrellevaban bien juntos, siendo capaces de arriesgar incluso su integridad el uno por el otro. ¿Podría alcanzar ese nivel de amor por Yugi? Tenía la seguridad de que le quería, pero no había puesto tan en orden sus sentimientos; sin embargo la idea de besarlo, abrazarlo, dormir a su lado, escuchar sus problemas y jamás separase ese adorable extranjero le convencían a no estar tan lejos del amor romántico por él, eran demasiado fuertes para considerarlos solamente cariño.
Miró el cartucho de plata que colgaba en su pecho y luego al computador, quería habar con Yugi de nuevo, pero aún era muy temprano, si lo esperaba conectado demostraría cuan ansioso estaba por volverlo a ver en persona para estar seguro de sus sentimientos; no es que haberle mandado más o menos doce mensajes por Facebook sea comparable a comerse las uñas por hablar con él.
—¿Y si a Yugi yo no le gusto? —preguntó mirando directo a los ojos a su prima.
—Pues es un riesgo que se corre al enamorarse de alguien —explicó calmada Ishizu—, no importa cuán fuerte ames a una persona, eso no le obligará a estar a tu lado, pero ¿Quién sabe? Si eres capaz de demostrarle cuanto puedes hacer por amor él se contagiará de ese sentimiento.
—"En el amor y la guerra todo se vale" —dijo Marik en japonés. —Sí, algo así —asintió su hermana con una leve sonrisa.
Atem frunció el ceño preocupado, desviando los ojos a ambos controles en sus manos, parecía más fácil lidiar con gatos orejones que no mueren por más que les golpees a amar una persona.
—"El amor es un camino lleno de misterios" —dijo Rishid también en japonés sentado en la cama a los pies de sus hermanos adoptivos.
El antiguo faraón hizo un puchero, ¿Qué hacían esos tres en su cama y él jugando en el suelo?, "¡Ah!" se quejó el caballero de verde en el videojuego al ser golpeado por el gato orejón haciendo retomar a Atem su mando.
Amar podía no ser fácil, pero se sentía bien poder hacerlo, lo llenaba de valor.
Desde que Mokuba Kaiba tenía la facilidad de viajar a Estados Unidos para supervisar los avances de Kaiba Land incluso más que su hermano Seto pues la secundaria no era tan exigente como el último semestre de preparatoria, de entre todos esos viajes tuvo la oportunidad de conocer a la campeona nacional de duelo de monstruos quién, con tan solo 12 años, había vencido al apodado "Bandido Keith" y aspiraba a enfrentar al rey de los juegos Yugi Muto; luego de acercarse a ella le quedó claro que ese interés era muy personal y sin darse cuenta se volvió la mejor amiga de la rubia.
"Su BFF" pensó sentado en la cama de Rebecca, revisando su Twitter.
—Mokuba, ¿Para los japoneses es mal visto que una niña de mi edad use maquillaje? —preguntó desde su closet removiendo ganchos y cajas.
—No precisamente, pero creo que el hombre japonés promedio prefiere la belleza natural y la sencillez sugerente al vestir.
—¿Y tú representas al hombre japonés promedio? —ironizó asomando la cabeza fuera del closet con una sonrisilla pícara.
Mokuba enterró la cabeza en su teléfono móvil, sí, esa era su opinión al respecto, no quería ver esa carita blanca demasiado pintada como algunas japonesas exageradas que quieren cambiar su tono de piel a bronceado falso.
—Entonces el tema de mis atuendos será "inocencia sugerente" muchas gracias japonés promedio. Rebecca lanzó su maleta a donde estaba su amigo, después de ella le siguieron faldas, medias largas en colores pasteles y algunos abrigos.
—¿No te estás apresurando? Aún falta mucho para que vayas a Japón.
—No es apresurarme, tengo que cuidar cada detalle de lo que llevaré, las mujeres debemos ser hermosas por dentro y por fuera, ¿lo sabías? Cuando conozca a Yugi quiero darle la mejor impresión posible a cuerpo completo, él me conoce bien pero solamente ha visto mi rostro.
El asiático suspiró bloqueando la pantalla de su aparato y mirándola directo a los ojos.
—Rebecca, tú sabes que Yugi está enamorado de Anzu, es un secreto a voces entre sus amigos y tú misma fuiste quien me lo confirmó —reprochó entrecerrando los ojos.
Ella ni siquiera cambió su expresión alegre y esta no dejó de ser sincera en ningún momento.
—Eso no significa que ella corresponda sus sentimientos o sea la mujer indicada para él —explicó quitando una piedrita brillante floja a unas medias transparentes azules—. Tampoco significa que yo no pueda luchar por su amor con todo lo que puedo ofrecerle.
—Pero, ¿y tú?
—No voy a aceptar migajas de sentimientos —afirmó mirándole por encima de sus gafas de media luna—, quiero que me ame a mí por quien soy, no porque tiene algo seguro conmigo; si él fuera capaz de hacer algo así no sería mi chico ideal.
—¿Qué es necesario para ser tu chico ideal? —preguntó Mokuba conmovido con sus pensamientos.
—Alguien imperfecto con corazón de oro, que llene mi vida de emociones.
"Alguien como Yugi", pensó atento a las prendas y tomando una blusa blanca para doblarla mejor, desde lo sucedido en el Reino de los Duelistas aprendió a creer en él, en sus valores como la esperanza y la valentía, después que ayudara a su hermano a limpiar su corazón creyó que jamás conocería una persona así de especial y hermosa; frunció el ceño al pensar que sensata era Rebecca al enamorarse de Yugi.
—¿Quieres escuchar música? Tengo en mi mp3 algo de música asiática.
Aun cuando no contesto, conectó el iPod a unas bocinas y tarareando continuó con su selección de ropa, Mokuba la siguió con los ojos, ella brillaba tanto desde que la conoció, era tan bonita y tan carismática; esperaba que Yugi tomara la decisión correcta, cualquiera que fuera iba a ser dolorosa de ver.
"Because I'm so good to you~ (Porque soy muy buena para ti~)"
Yugi suspiró al ver que tenía dos mensajes sin leer en su bandeja de entrada, uno era de Rebecca y el otro de Atem, por cortesía debía leer primero el de Rebecca pues había llegado primero pero el de Atem señaló que eran un total de doce mensajes, lo que le ponía nervioso, era que quizá ambos mensajes confirmaban sus visitas a Japón.
No sería la primera vez que Rebecca y Atem convivían juntos y aunque la última vez fue de manera indirecta sabía que no iban a ser su vida más fácil, sino todo lo contrario.
—Mira, Otro y- Atem, hay una nueva campeona americana.
El espíritu del faraón apareció sentado a su lado en el sofá de la sala, en el televisor una pequeña niña rubia abrazaba a su oso de peluche en celebración por haber ganado su duelo.
—Es muy joven —comentó Atem con las cejas en alto.
—Según han dicho tiene 12 años, no transmitirán su duelo en televisión japonesa, pero podremos verlo en YouTube.
—¡Yugi! —el abuelo Muto le llamó desde la cocina.
—¿Sí abuelito?
—Un pajarito me dijo que hay alguien conectado a Facebook y quiere hablar contigo ya —dijo en tono de misterio.
—¿Un pajarito? —preguntó en tono burlón, ¿Desde cuándo su abuelo usaba esas metáforas?
—Sí, sí, pero ve ya, no puedes hacer esperar a una dama.
Extrañado apagó el televisor y subió a su habitación, en Facebook apareció una solicitud poco usual.
—¿Una solicitud de duelo?
Atem desde la cama giró la cabeza extrañado.
—¿Duelo por computadora?
—Sí, es una aplicación de Facebook patrocinada por Kaiba Corp, sirve para tener duelos con cualquier amigo lejos de ti, he tenido que cambiar mi cuenta varias veces por esta aplicación y bloquear mi usuario para el público, no sé cómo ésta persona me encontró.
Rebecca Hopkins: Hola, Yugi Muto.
—¡Es la campeona Americana!
Atem se acercó a él sonriendo burlón.
—Antes bastaba usar joyas para atraer la atención de sus pretendientes, las mujeres de esta época son muy duras.
—No te burles de mi —regañó sonrojado.
Yugi Muto: ¿Cómo desbloqueaste mi perfil en ésta aplicación? Eso es muy grave.
Rebecca Hopkins: ¿Qué importa? Lo hice y ya, aunque solo será un rato, mientras tenemos nuestro duelo.
Yugi iba a responder, confundido entre si sentirse agredido o impresionarse.
Rebecca Hopkins: Como no dices nada iré yo primero.
En el campo fue jugado un monstruo boca abajo y dos cartas también boca abajo.
—Que jugada tan agresiva y defensiva al mismo tiempo, sabe bien a quién está enfrentando —el fantasma se abrazó por encima de los hombros a Yugi frente a la computadora.
—¿Y qué debería hacer —preguntó confundido sintiendo algo revolverse en su estómago por el abrazo.
—Creo que es mejor enfrentarla, muéstrale qué es lo que puedes hacer o te subestimará.
El chico suspiró.
—Al menos tengo configurado el mazo que armamos juntos en Ciudad Batalla, si logró vencer a Marik seguramente- oh no —se lamentó bajito.
—Es el mazo que utilizamos en el Reino de los Duelistas —dijo en tono crítico Atem al ver las seis primeras cartas que sacó—, casi no contiene monstruos con efectos, pocas trampas y no tiene a la Maga Oscura.
Rebecca Hopkins: ¡¿Qué estás esperando?! ¡Mi osito Teddy piensa más rápido que tú!
Yugi se apresuró en jugar al Guardia Celta en modo de ataque.
—Me cuesta trabajo creer que tiene 12 años —comentó Atem leyendo el mensaje, muy atento a lo que sucedía.
—No puedo compararla con Mokuba, quién tiene su edad.
—Pero Mokuba te amenazó con un cuchillo cuando aún tenía 11 años.
—¡Lo había olvidado! ¿Qué les pasa a estos niños? Yo a su edad seguía pensando en Pokemón —bufó frustrado—. Solo es la campeona americana.
Dijo Yugi tratando de quitarle importancia al asunto en vano.
—Yo te estaré apoyando —Atem apretó un poco más el abrazo.
Era una sensación tan agradable que Yugi tuvo el valor de ordenar un ataque. La carta boca abajo resultó ser la Bruja del Bosque Negro, destruida de inmediato.
Rebecca Hopkins: ¡Que malo! ¡Destruiste mi monstruo!
Yugi Muto: ¡Pero si esas son las reglas del juego!
Rebecca Hopkins: No importa, igual activaste la habilidad de mi bruja, consiste en que puedo escoger cualquier monstruo de 1500 puntos de defensa o menos y añadirlo a mi mano, así que elijo al tierno Critter.
Las manos programadas del juego en línea siguieron las instrucciones del efecto de la carta, el monstruo seleccionado era una especie de mosca peluda con piernas y brazos largos, nada parecido a lo lindo desde la perspectiva de Yugi.
—Va a jugar contigo, Critter tiene una habilidad muy parecida —murmuró Atem moviendo en círculos su fantasmal dedo sobre el hombro derecho de Yugi.
—Lo va a colocar boca abajo para que al destruirlo pueda extraer otro monstruo de su mano con 1500 puntos de ataque o menos.
Rebecca Hopkins: ¿Sabes qué voy a hacer? ¿Cierto?
Como si de brujería se tratase, la rubia colocó una carta boca abajo.
Rebecca Hopkins: Es tu turno.
—Debe estar buscando algún monstruo en específico, la bruja de la selva negra obtiene monstruos con menos de 1500 puntos de defensa pero Critter de ataque.
—Aunque en el próximo turno ella puede voltearlo para activar su efecto y tendrá sacrificio o defensa extra.
—Tampoco tengo cartas para desactivar su efecto, incluso en este mazo no tengo nada para desactivar un efecto por giro —resopló y Atem apretujó sus brazos de arriba abajo amorosamente. Ambos se miraron a los ojos y sonrieron.
—Este va a ser un duelo difícil —dijo con tono de voz divertido.
Después de tres horas, esperas incómodas, comentarios más hirientes que navajazos a la yugular, un abrazo que no se aflojó ni un poco durante todo el duelo, Yugi tenía sobre el campo de duelo solamente al Mago Oscuro y Rebecca a su Ghoul de las sombras quién gracias a sus jugadas y doce monstruos en el cementerio sus puntos de ataque eran casi de 2800 , un último ataque terminaría el duelo a favor de ella.
Yugi Muto: Lo que hiciste no fue correcto, sacrificar todos esos monstruos solo para darle poder a uno es no darles el valor que se merecen.
Rebecca Hopkins: Solo son cartas, estas movidas son las que me dieron el campeonato y son las movidas que me enseñó mi abuelito.
—Eso explica que ella sea tan experimentada —dijo Atem.
—Debe estar siguiendo las enseñanzas de su abuelo al pie de la letra, no ha hecho lo correcto pero combate con mucha pasión.
—Igual que tú —resopló Atem divertido.
—¡Yo si hago lo correcto!
Rebecca Hopkins: Es tu turno.
La máquina le dio a Yugi otra carta en su mano: Liberación del Alma.
—Qué suerte, eso te dará el duelo.
—Liberación del Alma puede eliminar monstruos de su cementerio del juego y eso dejaría su monstruo sin poder, tampoco tiene cartas boca abajo para contrarrestar esta magia —murmuró Yugi—. Pero esta es una estrategia pensada también con cariño a una persona especial.
El fantasma aflojó un poco los brazos, Yugi puso su manita virtual sobre su mazo, declarando su rendición.
—Que caballero —dijo Atem apretando un poco los brazos de Yugi con las manos. No era incómodo, pero algo de su acción cambió un poco el humor de su otro yo.
—No es caballerosidad, quiero que aprenda a apreciar el sacrificio de sus monstruos, tengo que darles un valor.
Entonces pasó algo que Yugi no sabía hacía la aplicación, la persona que se rendía mostraba toda su mano, adición inventada obviamente por Seto Kaiba, para ver si la rendición fue por una movida imposible de evadir, es ególatra.
—Uh oh —se quejó Yugi.
Rebecca Hopkins: ¡¿Te rendiste teniendo Liberación del Alma en la mano?!
Yugi Muto está escribiendo...
Rebecca Hopkins: ¿Qué piensas qué estás logrando al regalarme la victoria? ¿Crees que lo haré público?
Yugi Muto está escribiendo...
Rebecca Hopkins: ¡¿Te estás burlando de mí?!
Rebecca Hopkins se ha desconectado.
Yugi miró a todos lados con los dedos aún trabados en el teclado sin saber que quiso escribirle, sentía que en cualquier momento una masa rubia aparecería del suelo y le saltaría para degollarlo con un cuchillo, su furia había sido tal que casi podía escucharla.
El fantasma a su lado le soltó para reírse a plenas carcajadas de él.
—¿Por qué te ríes? —preguntó con un puchero al darse cuenta de cuanto lo hubo intimidado una niña de doce años.
—¿Le tienes miedo?
—¡No! —gritó con las mejillas rojas— Es solo que nunca una mujer me gritó así en el pasado.
Tu perfil de Duelo de Monstruos FB ha sido bloqueado exitosamente.
—Pues no se le olvida nada.
El siguiente viernes, al llegar de la escuela su madre y abuelo invadieron su habitación y computadora, ambos demasiado enfrascados en una conversación con el profesor Hopkins como para siquiera darle la bienvenida.
—Oh, Yugi —llamó Arthur desde la pantalla.
—Arthur dijo que quería hablar contigo —explicó Sugoroku invitando a acercarse.
—Más que hablar yo contigo, tengo entendido que la semana pasada tuviste un duelo con mi adorable nieta —movió un poco la cámara para enfocar una avergonzada Rebecca abrazando su osito de peluche.
"Debimos imaginar que Rebecca Hopkins era algo de Arthur Hopkins", murmuró la voz de Atem desde el rompecabezas del milenio sopesando un poco la alarma encendida dentro de Yugi por volverla a ver.
—Oh, um, sí, buenas tardes.
"Ese es mi compañero, un experto en mujeres" susurró Atem fingiendo un tono de voz orgulloso.
Por primera vez desde que se lo obsequiaron, Yugi quiso arrojar el rompecabezas del milenio lo más lejos posible, lo peor era que de contestarle "¡No te burles de mí!" en voz alta solo lograría que lo mirasen como a un loco.
—Lamento mi comportamiento de hace unos días, la forma en que sacrifiqué y utilicé mis monstruos no fue correcta sobre todo porque me los heredó mi abuelito, espero que cuando nos volvamos a enfrentar sea cara a cara, en un torneo y pueda vencerte de manera limpia.
Yugi sonrió quitándose solo un poquito de vergüenza.
—Es una promesa —dijo él.
Jamás entendió por qué en ese momento el rompecabezas se agitó en su pecho como si estuviera gruñendo, ni por qué Rebecca se sonrojó hasta las orejas, pero desde ese momento supo que ella se llenó de valor para mirar a su madre y decirle con vocecita altiva:
—Y también quiero decirle que estoy enamorada de su hijo, por favor déjeme ser su novia.
Todos en esa habitación contuvieron la respiración e incluso pudo jurar que el profesor Hopkins sintió helada la sangre, con las miradas intercaladas lentamente de Rebecca a la señora Muto fue ella quién suspiró.
—No puedo permitirlo.
—¿Por qué no?
—Eres muy menor para Yugi y no me malinterpretes, sé que eres estudiante universitaria a tu edad, buena duelista por tener el campeonato de tu país, serás muy hermosa cuando crezcas y bajo la tutela del profesor Hopkins apuesto a que de moral intachable también.
Su hijo tuvo que cubrirse la boca, había un "¡¿Qué?!" por cada tres palabras dichas por su progenitora.
—Sin duda te considero mejor prospecto para mi hijo de lo que cualquier chica aquí de su edad, pero no permitiré que tenga una relación con alguien tan menor.
Declaro impertérrita, Yugi sabía que si bien su abuelo estaba casi enamorado de Anzu, su madre no la terminaba de aceptar, no como amiga, pues jamás hablaba mal de ella, pero cuando Jounochi insinuaba "algo" entre ambos la mujer fruncía el ceño y cambiaba el tema.
Tras unos segundos de incómodo silencio en los que el abuelo Hopkins recuperaba el aliento, Rebecca sonrió confiada.
—Entonces no me importa, algún día me casaré con su hijo y lo haré muy feliz le guste o no.
Dicho esto y aprovechando que Arthur estaba congelado de nuevo se desconectó no sin antes guiñarle un ojo a Yugi.
—¿Se dieron cuenta de qué bonito japonés habla? —comentó la señora Muto.
En definitiva, Yugi no entendía a las mujeres.
Yugi se burló un poco de sí mismo al recordar esos sucesos, siempre le sacaba una sonrisa pensar en el viejo Atem, ese que se comunicaba a través del rompecabezas milenario a veces solo para burlarse de él o conversar con la simpleza de la vida que rara vez tenían; ese Atem que fue tan doloroso vencer y dejar atrás.
Apretó los labios removiéndose en el asiento frente su escritorio, incluso después de tanto tiempo recordaba el contacto del halo fantasmal emitido por el faraón, si bien fuera un roce de manos, un ligero abrazo o una caricia juguetona; pero hubo uno en especial diferente, nunca supo si fue un sueño en medio de la noche, sintiendo su cuerpo lejano y su mente muy hundida en la oscuridad, aunque aún consciente pudo sentir ese halo sobre sus labios. Se sonrojó llevándose un dedo a los labios al recordar la sensación, fue tan vívida y tan clara que difícilmente pudo haber sido producto de su imaginación.
Pues debía serlo, ellos dos estaban destinados a separarse. O quizá no, tragó saliva al abrir el mensaje de Atem primero.
*~Continuará~*
N/A:
¡Yay~!
El primer capítulo del año~ I'm so happy =w=
¿Se dieron cuenta que aún falta bastante para terminar la página? Pues he hecho un especial de navidad. Si, sé que navidad fue la semana pasada, pero hey, desde el 25 en la mañana perdí la "constante conexion a internet" por decirlo de alguna manera y no he podido subirlo.
Al final vienen tres dedicatorias muy especiales, pero quiero agradecerles a todos aquellos que han dejado review, a los tres reviews del capítulo 10 (antes 11) Danynekko, yourdeathangel91 y mariposa de cristal; a todos los que se tomaron la molestia de dejar uno durante el año. Espero pasaran bonitas fiestas y tengan un hermoso año nuevo lleno de cosas así bien maravillosas *w*
La verdad si les doy mis buenos deseos los llenaré de miel, así que mejor reciban mi amor en forma de un especial así todo ranciid~
Santa Claus falso
—¿Sabes qué es la navidad? —preguntó Rebecca através de la laptop de Atem.
Un pequeño obsequio por parte de sus primos al dejarlo sólo en el país del Sol naciente con los Muto; ya que él no estudiaba como Yugi pasaba las mañanas conversando con Rebecca, jugando duelo de monstruos en línea o ayudando al abuelo y señora Muto en las labores del hogar tienda, aprendiendo todo lo necesario de Japón y su idioma.
Eran días agradables, el frío clima hacía más cálida la convivencia en la casa, el abuelo lo incitaba a coquetear con las clientas de la tienda (sobra decir que si bien Atem no hacía nada ellas siempre salían sonrojadas hasta las orejas y con muchas cosas nuevas) enseñándole tácticas ganadoras; la madre de Yugi le explicaba de pronunciación y cocina, entre té, harina y arroz como cocinar delicioso lo básico con lo barato y como lidiar con la gente, siempre haciendo un halago respecto a su apariencia física; Rebecca jugaba con él, volviendose una excelente confidente de vida, su única y mejor amiga mujer, siempre hablándole en japonés y burlándose de él. Todo para que durante la tarde Yugi (quizá acompañado de Jounochi) llegara, cenaran, hiciera la tarea hablándole de lo interesante que era la escuela, jugaran un rato Duelo de Monstruos o con la consola de videojuegos y conversaran cerca de la calefacción hasta ser vencidos por el sueño.
La vida era perfecta para Atem, con todo y la constante búsqueda de su pasado o su poco conocimiento del mundo en general.
—¿Navidad? —preguntó agitando un ponche de frutas caliente en la mesa del comedor.
—¿Qué estás bebiendo?
—Fruits' (frutas de) ponche —respondió frunciendo el ceño extrañado, ¿a que venía esa pregunta?
—Se pronuncia ponche de frutas y es una bebida navideña —explicó con su mejor tono de instructora bien aprendido de su abuelo—. Aunque a mi me gusta más el ponche de huevo.
—Maestra Rebecca —le dijo en tono burlón, a veces ella se salía de tema.
—Bueno, se trata de una bonita fiesta en la que celebran el nacimiento de un bebé.
—¿Qué bebé?
—Uno muy bonito, pero eso no importa; verás, en cada país lo celebran diferente, aquí las familias se reunen a comer pavo, pierna ahumada y otras delicias como la ensalada de bombones y manzanas que solía hacer mi madre, conversan e intercambian regalos, es algo tan bello y agradable que solo ocurre una vez al año.
Atem escuchó de la señora Muto que la madre de Rebecca murió a causa de un cáncer terminal cuando ella fue invitada a cursar la universidad tan jóven, dado a ser madre soltera imaginaba su familia muy pequeña y preciada, por eso asintió con respeto.
—Pero en japón la festividad es un poco más para las parejas.
—¿Porque se trata de un bebé?
—No creo que eso lo haga más romántico, en fin, por lo que he investigado, debes comprar pastel para Yugi, un short cake y dárselo vestido de rojo y blanco.
—¿Rojo y blanco? —eso iba a ser difícil, contaba con poco dinero y poca ropa, casi toda la que tenía era de colores cálidos y oscuros, quizá tendría algo rojo por ahí pero no con blanco.
—Si, te mando una imágen —tecleó un poco y una fotografía publicitaria de Santa Claus con una CocaCola.
—¿Qué tiene que ver esto con un bebé? —cuestionó sintiéndose timado.
—¿Acaso no lo ves? Yugi me ha hablado maravillas de ti, deberías poder entenderlo, duh —por fuera explicaba cada detalle con estricta seriedad pero por dentro moría de risa—, también déjate crecer la barba, ¿te sale alguna barba?
—Tengo 21 años, pero no estoy seguro de lograr una barba tan grande.
—Tienes hasta mañana para lograr una barba así.
—¿El mañana es navidad?
—El mañana es nochebuena, navidad se celebra a las doce de la noche después de la cena, debes estar listo y recuerda: traje, barba y short cake ¡para la próxima mañana!
—Pero ¿por qué es tan importante? —se apresuró a preguntar notando la ansiedad de Rebecca por desconectarse.
—La navidad para todo el mundo es super importante, estrecha lazos entre las personas y esta llena de magia, Yugi tiene un alma muy inocente, seguro ama la navidad como los niños, si yo estuviera ahí haría todo lo que te estoy diciendo y Yugi me amaría —dijo con un tinte de tristeza en su voz, tan fingido que hasta el egipcio lo notó.
—Te estas burlando de mí —gruñó convencido.
—Piensa lo que quieras —suspiró Rebecca, aparentando estar muy ofendida—, pero mañana verás el brillo de emoción navideño en los ojos de Yugi y no tendrás nada que darle.
—Esta bien —dijo Atem más por hacerla callar que por otra razón.
—Eso espero tigre —celebró con la mejor de sus sonrisas—. Bueno, tengo que irme, mañana temprano iré con mis tíos, feliz navidad Atem.
—Feliz navidad Rebecca.
El videochat se cerró y Atem suspiró entrelazando los dedos de las manos, frente a él "short cake, traje y barba", eso último era totalmente imposible de un día a otro pero quizá los dos primeros no (sobre todo el primero) tenían que ser necesariamente maquinaciones de esa rubia demonio.
Quizá hasta se divertiría buscando las cosas.
Al día siguiente, tal y como Rebecca lo predijo, la familia Muto estaba de un humor festivo muy contagioso, Yugi no tuvo que ir a clases, sacaron un pequeño pino de la bodega y lo colocaron de centro de mesa adornandolo con esferas plateadas bajo una bonita estrella de cinco picos.
Yugi tenía un chistoso sweater negro con campanas color dorado bordadas al centro, unidas con un un lazo rojo que era real y sobresalía de la tela tejida, tan pronto lo señaló el japonés se encogió de hombros sonriendo transparente.
"Es bonito" dijo nadamás.
Al llegar el anochecer la señora Keiko, madre de Yugi les pidió fueran a recoger la cena al centro de la ciudad. A Atem le gustaba japón, con todo y sus fiestas complejas e idioma aún más complejo, disfrutaba salir a pasear con su adorable compañero, entre todas esas luces de colores por la noche, aromas dulces y un frio viento que era la excusa perfecta para tomarle de la mano.
—Hace mucho frío aquí —murmuró al ver como se sobresaltaba un poquito.
—Si —convencido de lo normal que era el contacto físico para el egipcio lo dejó pasar apretando igual su mano—, ¿has visto la nieve?
—¿Como el ice cream (helado)? —preguntó ingenuamente Atem.
Parecía un niño pequeño, Yugi sonrió enternecido, era como si paseara por el centro de la ciudad en nochebuena de la mano con su hermanito menor a peticion del mismo; un hermanito con el que sostenía relaciones incestuosas y cuatro años mayor que él, quién de hecho le insistió en acompañarlo y pasar a una pastelería él solo saliendo con una bolsa muy bonita de color rosa pastel y adornos navideños dibujados en su papel.
—Es como el ice cream (helado) pero sabor natural, por cierto se dice helado, es diferente de nieve.
—¿Lo puedo servir en un plato con pastel?
Yugi rompió a reír con frescas carcajadas.
—Creo que no.
Por suerte Atem era solo un poco más alto que él, Yugi se puso frente y tiró de una de sus mejillas incluso encima de la mascarilla con suavidad disfrutando lo indo y adorable que era ese egipcio renacido.
—Pero puedes abrir la boca cuando caiga del cielo, si hay suerte es esta noche.
—El cielo esta rojo.
—Es mejor nos demos prisa, ven.
Tiró más fuerte aún de su mano llevandolo por calles abarrotadas de personas, de luces y sonidos en lo que predominaban las campanas hasta llegar al gran arbol navideño que colocaban en la plaza junto al reloj, casi tan alto como los edificios mismos.
—Es impresionante, Yugi.
—Es un árbol navideño, no sé qué significa exactamente pero es una tradición américana decorar un árbol de estos cada año, éste es uno de los más grandes —explicó y luego señaló a su base—. Y mira, allá está Santa Claus.
¡Era el tipo de rojo con barba larga! Así que se llama Santa Claus; Atem dio un paso atrás, si esa era su barba natural resultaba más que impresionante, la suya le picaba bajo la máscara y no tenía ni cinco milímetros de largo.
—Vamos, es costumbre dárle dinero, pues está recaudando para entregar obsequios a los niños que menos tienen.
Entonces el original barbón no solo le daba un pastel a su persona amada, sino a los pequeñines, algo mucho más noble de lo que Rebecca le informó.
Pero al darle un par de monedas Atem notó que la barba era falsa, la tenía colgada de los oídos, frunció el ceño y apartó a Yugi jalando de su brazo antes de poder desearle feliz navidad.
—¿Qué pasa? —preguntó una vez estuvieron lo suficientemente lejos del falso Santa.
—No creo que debas darle dinero a él, su barba no era real.
—¿Perdón?
Seguramente alguien -alguien, claramente una rubia llamada Rebecca- le trató de explicar sobre la navidad de modo bizarro, Atem podía ser un poco ingenuo al no saber nada del mundo.
—El hombre de traje rojo no era Santa Claus, su barba falsa estaba colgada de sus oídos y no estaba muy grande.
Aclaró con mucha seriedad, tratando con dificultad de recordar la imágen enviada por Rebecca, a lo lejos una publicad de CocaCola con Santa Claus y un oso polar llamó su atención.
—Allá —señaló—, así debe ser.
Yugi jamás creyó en Santa Claus, no era una creencia inculcada por su madre o abuelo, pero la idea de tener un inocente Atem creyendo en él a la edad de 22 años era demasiado tentador, incluso le compró un regalo para dárselo luego de la cena de esa noche, pero sonaba mejor hacerle creer que era entregado por el único habitante del Polo Norte.
Sería una navidad única.
—Oh, no me di cuenta de su barba —fingió estar decepcionado—. Que mal, era un impostor.
—Esta bien Yugi, el real seguro hará su buena acción.
—Vamos a rentar un par de películas, "el Grinch", "una canción de navidad" y quizá "el expreso polar" aunque podemos pedir que nos recomienden una en lugar de esta —dijo Yugi divertido tomando de nuevo su mano—, en ellas veremos suficiente información de Santa Claus y la navidad.
—Si.
Definitivamente estar en Japón con su compañero era lo mejor del mundo, lo hacía muy feliz.
—Por cierto, Atem —dijo Yugi señalando las guirnaldas que iban de un edificio a otro—. ¿Ves esos ramilletes? Son muérdagos y si pasas por debajo de ellos junto a alguien deben besarse.
—Pensé que era mal visto eso de los besos en Japón —comentó arqueando una ceja.
—A veces pienso que solamente estamos buscando un pretexto para dejar de ser tan reservados como nos ve el mundo —explicó encogiéndose de hombros.
La primera navidad de Atem fue agradable, cenaron una sabrosa cubeta de pollo frito con acompañantes vendidos por la misma tienda de un anciano muy símpatico en los logotipos junto a Jounochi, se intercambiaron un par de regalos entre los cuales destacó un portacartas para Atem y un libro de inglés para Jounochi, quizá no era tan cercana a la navidad de la rubia americana, pero fue una bonita noche para Atem.
Dados todos los sucesos ocurridos en el año, el egipcio no era muy abierto en cuanto a mostrar sus sentimientos hacia Yugi frente a otras personas, esperó hasta que todos se fueran a dormir para escabullirse a la cama de su compañero y agitarle un poco.
—¿Puedo sentar a tu lado un rato? —preguntó despacito de no despertar a Jounochi roncando en su futon a solo medio metro de ellos.
—Sí ¿Sucede algo? —preguntó fingiendo somnolencia.
Rayos, quería que Atem se durmiera de inmediato para deslizar su regalo bajo el árbol y fingir que fue papi Noel quien se lo trajo.
—Conseguí esto para ti —sin más le dejó sobre las piernas la cajita del short cake.
Yugi entonces cayó en cuenta de la chaqueta roja que aún dentro de la casa estaba utilizando el egipcio.
—¿Eres Santa Claus?
—Algo así.
El menor rió bajito para evitar que Jounochi le escuchara.
—Atem, ven aquí —hizo una seña como si fuera a hablarle al oído.
Ingenuo hizo caso y Yugi le estampó un inocente besito en los labios.
—¿Puedes ir a la cocina por un par de cucharas? —susurró ronco Yugi para evitar que preguntase por el beso.
No recibió respuesta, como un fantasma muy callado Atem fue a la cocina.
A la mañana siguiente, en navidad Atem notó un regalo que no estuvo la noche anterior bajo el pequeño arbolito en la mesa de la cocina.
—¿Faltó alguien de abrir regalo?
—No creo —contestó Jounochi arrastrando los pies.
Yugi lo tomó y leyó la etiqueta procurando imitar sorpresa.
—"Querido Atem, gracias por defender mi buen nombre. Te desea feliz navidad Santa Claus"
—¡Woha! ¿En serio? —exclamó Jounochi sorprendido, revisando la etiqueta y mostrándosela a Atem— Pero eso es imposible, ¿no?
Bien, al menos Jouno se lo creyó, pero Atem frunció los labios reconociendo la letra en el regalo.
—¿Te estas burlando de mi compañero?
**~*Fin*~**
Con mucho cariño para la mejor Beta del mundo, Blommie, gracias por tenerme la misma paciencia que le tienen a los niños, por aguantar mis feos ritmos de actualización y por conversar conmigo cuando estoy solita en casa, eres una bonita amiga inesperada, se te quiere mushisisisisisisimo.
También para Dannynekko, gracias por ser casi siempre el primer review, por defenderme en AY (incluso si fue de mi misma), por tener siempre palabras bonitas que escribir y también me refiero a tus escritos que tienen mucha pasión y por ser siempre tan buena persona, lo digo en serio.
Por último pero no menos importante, quiero dedicarle un mensajito a mi Luisha a quien voy a pegarle el celular para que lo lea: Amor, no eres muy fan de Yu-Gi-Oh! Y admito que a veces reniego mucho por las pocas oportunidades que tengo para publicar y me estreso DX Pero tu eres el principal pilar por quien lo hago, algunas escenas basadas en nuestros momentos juntas y los mensajitos que me dejas entre textos bastan para sacarme de bloqueos, para ayudarme a superar los terribles momentos que ocurrieron este año. Gracias por amarme y estar siempre para mi.
