Disclaimer: Ni los personajes ni la historia me pertenecen, yo hago esto con el mero fin de entretener, y sin ánimos de lucrar.
Recordatorio: partes en cursiva pensamientos, recuerdos, platicas telepáticas. Para lo demás letra normal.
Espero disfruten leyendo este nuevo capitulo, y de antemano gracias por leer esta pequeña adaptación, y por dejar comentarios, nos vemos entre la semana. Hasta pronto.


.


Una vez en la espesa cobertura de los árboles, los músculos de la pantera se contonearon y tomaron forma, brillando en la oscuridad azulada para convertirse en la sólida forma de un hombre.

Sakura observó, inclinándose para apoyarse contra el tronco de un árbol, preguntándose si de algún modo había encontrado la madriguera de conejo de Alicia en medio de los bosques del estado de California.

Shaoran notó su expresión antinatural, el shock en sus enormes ojos. Su boca suave temblaba, y estaba retorciéndose los dedos agitada, tenía los nudillos blancos. Supo que si se aproximaba a ella, correría.

- Sabes que no tienes que tener miedo de mi, Sakura. - Su voz fue un susurro en la noche, una parte de la noche.

Sakura miró alrededor. La noche era de un profundo azul, casi negro, pero místico y hermoso. Los árboles se alzaban como sombras hacia el cielo tachonado de gemas. Pequeños látigos de niebla iban lenta y perezosamente a la deriva por el suelo del bosque.

- ¿Por qué parece como si fueras tan parte de todo esto? - Preguntó ella. - Como si pertenecieras a la noche, pero algo hermoso, no oscuro y feo? ¿Por qué, Shaoran? –Preguntó suavemente de nuevo.

- Pertenezco a la noche. No soy de tu misma raza. No soy humano aunque tampoco bestia o vampiro.

- ¿Pero puedes convertirte en un leopardo? - Un hecho increíble casi imposible de creer, aunque lo había visto con sus propios ojos.

- Puedo convertirme en el ratón que se escabulle por el campo, el águila que sobrevuela alto en el cielo. Puedo ser la neblina, la niebla, el relámpago y el trueno, una parte de la atmósfera misma. Pero soy siempre Shaoran... el que ha jurado protegerte.

Sakura sacudió la cabeza.

- Esto no es posible, Shaoran. ¿Estás seguro de que no me he caído y me he golpeado la cabeza o algo así? Quizás ambos comimos alguna extraña seta, y estamos compartiendo algún viaje psicodélico. Esto no es posible.

- Puedo asegurártelo, he hecho esto durante toda mi vida. Y he vivido casi mil años.

Ella alzó una mano para detenerle.

- Una cosa rara a la vez. Estoy oyendo todo esto, pero mi cerebro si niega a procesarlo.

- ¿Sabes que no te haría daño, Sakura? ¿Lo sabes de verdad? - Preguntó insistentemente, su negra mirada recorrió la cara de ella como niebla.

En lo más profundo de su alma, más allá de los procesos cerebrales humanos, Sakura sabía que sólo estaba segura de esto. Shaoran no le haría daño. Asintió lentamente y vio alivio en sus ojos durante un momento. Entonces volvió a serenarse de nuevo.

- No tuve intención de exponerte a los apetitos de los otros. En realidad, no se me ocurrió que ninguno de ellos te usaría de semejante forma cuando estabas bajo nuestra protección. Inadvertidamente te hice pasar un terrible momento, pero en verdad, no estabas en ningún peligro. En defensa de Takashi, debo decir que probablemente pensó que podría manipular tus recuerdos, como generalmente es fácil de hacer con las presas humanas, pero no te habría hecho daño o te habría matado, simplemente se habría alimentado, como, oliendo mi esencia en ti, asumió que había hecho yo. Por favor acepta mis disculpas.

Su voz se envolvió alrededor de ella y encontró su corazón. Suspiró suavemente e intentó no pensar demasiado en la palabra presa.

-¿Sabes qué, Shaoran? No tiene importancia. No tengo que entenderlo, porque no puedo con esto. Ahora puedes verlo, ¿verdad? No puedo manejar esto. Sería mejor que me largara ahora.

Los ojos negros de él nunca parpadearon, nunca abandonaron su cara. Ella notó que su corazón latía más rápido, amenazada de alguna forma que no entendía.

- No es como si fuera a decir nada a nadie. Me encerrarían si lo hiciera. Sabes que no tenéis que preocuparos.

Los ojos negros eran despiadados, enterrándose más y más profundamente hasta que encontraron su alma. No podía respirar.

- Shaoran, sabes que tengo razón. Tienes que saberlo. Somos dos razas diferentes intentando encontrar algún punto en común. Somos de dos especies diferentes.

- Te necesito.

Pronunció las palabras tan tranquilamente que apenas le oyó. Hizo la declaración rigurosamente, sin embellecerla lo más mínimo. No hubo empujón mental, ni ninguna otra forma de persuasión. Aún así, la forma en que las dijo fue como una flecha que perforó su corazón. No tenía defensas contra esas palabras. No había forma de combatir la verdad en ellas. La verdad que oyó en su voz.

Le miró fijamente durante un largo momento; entonces, sin advertencia, recogió y le lanzó un puñado de hojas.

- No juegas limpio, Shaoran. En realidad no lo haces. Tienes esos ojos y esa voz, y ahora vas y dices algo como eso.

Una lenta sonrisa suavizó la dura línea de la boca de él.

- Sabía que te gustaban mis ojos. - Sonaba inmensamente satisfecho. No pareció moverse, pero en seguida estuvo inclinado sobre ella, su cuerpo la suficientemente cerca como para compartir su calor. La mano de él encontró su garganta y la palma de su mano quedó inmóvil para que el pulso latiera en el mismo centro.

- No he dicho que me gusten tus ojos. - Corrigió ella. - Creo que deberían ser declarados ilegales. Son pecaminosos. - Elevó la barbilla beligerantemente hacia él, tratando de mantenerse firme contra algo que ni siquiera entendía.

- Me he disculpado en serio, cielo. Nunca te colocaré en semejante posición de nuevo. Me aseguraré de que los otros sean conscientes de que estás bajo mi protección personal todo el tiempo. - Shaoran inclinó su oscura cabeza hacia la de ella, arrastrándose hasta la seducción de sus labios de terciopelo.

El aliento de Sakura se quedó atascado en su garganta, y se echó hacia atrás contra el tronco del árbol y levantó las palmas de sus manos contra la dura pared del pecho de él.

- Estoy pensando que no deberíamos hacer esto. En realidad, Shaoran, es más seguro que sencillamente no nos toquemos.

La sonrisa de él escaló hasta sus ojos, extendiendo calor a través del cuerpo de Sakura.

- ¿Seguro? ¿Eso es lo que creer? Siempre es mucho más seguro hacer lo que deseo.

No se había movido, ni una sola pulgada, a pesar de la presión que ella estaba ejerciendo sobre su pecho.

Sakura suspiró suavemente.

- No deberías decir eso. Personalmente, Shaoran. Estoy en ese punto en el que podría huir gritando por el bosque, o dudar de mi propia cordura y mi confianza en mí misma. No me empujes mucho más fuerte ahora mismo.

- ¿Crees que podrías sostenerte por ti misma sin el tronco del árbol sujetándote? - La diversión matizaba su voz.

Sakura palmeó el tronco del árbol, renuente a dejarlo. Era mucho más orgullosa de lo que había mostrado hasta ahora. Nada de desmayarse. Nada de histerismos. Nada de las cosas que haría una mujer sana. Pero no quería caerse de cara. Las largas pestañas se deslizaron hacia abajo por un momento. Shaoran leyó fácilmente el débil sentido del humor que se burlaba de sí misma con el desconcierto sobre en la cara transparente, la súbita determinación sólo antes de que cambiase de posición, agachándose bajo su brazo para permanecer en pie por su propia cuenta. Eso le gustaba, su sentido del humor, su habilidad para reírse de sí misma en las situaciones más extremas.

Ella le sonrió ampliamente.

- Bueno, funciona.

Él extendió una mano.

- Vamos, cielo. Podemos simplemente pasear y hablar.

Ella le evaluó sospechosamente.

- Simplemente pasear y hablar. Eso no es código para alguna otra actividad rara, ¿verdad?

Shaoran rió realmente. Sus dedos se enredador con los de ella, capturando su mano, y atrayéndola contra el calor de su cuerpo.

- ¿Hasta dónde llegarás con tus tonterías?

Sus ojos esmeraldas chispearon hacia él.

- Puedo ser peor. Mucho peor.

- Estas intentando espantarme.

Se rió a pesar de sí misma.

- Creo que tú harías un mejor trabajo espantando a la gente que yo. Ganas por goleada. Sin cuestión.

El brazo de él se deslizó alrededor de su cintura para levantarla suavemente sobre un tronco caído. No perdió nunca el paso, y ella no pudo dejar de compararle con el gato de la junta que en el que sabía que podía convertirse. Se movía de la misma forma silenciosa, con la misma gracia.

- ¿Qué se siente cuando cambias así?

- ¿A un leopardo? - Shaoran se sorprendió de su pregunta. No había pensado en qué se sentía desde hacía cientos de años. El misterio. La belleza. La maravilla que era cambiar de forma. Su pregunta trajo el regocijo total, el respeto que había sentido cuando niño al experimentar hasta perfeccionar el arte, hasta que pudo cambiar de forma en medio del aire, a la carrera, incluso cuando usaba su velocidad preternatural.

- Es una increíble sensación de poder y belleza experimentar la esencia del animal, su velocidad, energía y sigilo, todo milagrosamente en mi propio cuerpo.

Sakura se movió al ritmo de él, deambulando hacia ninguna parte en particular. Era tan perfectamente proporcionado, su mismo cuerpo era un milagro, fuerza y poder en cada músculo, en cada célula, y lo llevaba con una casual facilidad de la que parecía no ser siquiera consciente.

- Es fascinante cuando me comunico con los animales. - Admitió ella. - Me encantaría ser capaz de ver en realidad a través de sus ojos, oler y oír los cosa como ellos. ¿Puedes hacer eso? ¿O eres todavía realmente tú?

- Ambos a la vez. Puedo usar sus sentidos, sus habilidades, aunque también puedo razonar, mientras tanto nada retiene un instinto abrumador.

- Como un instinto de supervivencia.

Shaoran bajó la mirada hacia su coronilla. La luz de la luna se filtraba a través de los árboles, tocando el pelo castaño rojizo hasta convertirlo en llamas. Era tan hermosa, no tuvo más elección que recorrer con una mano acariciadora los sedosos mechones.

- Eso es lo que eres para mí. Un instinto de supervivencia. Tú lo sientes también.

Las largas pestañas de ella se alzaron lo suficiente como para que Shaoran captara un destello de vívido verde antes de que apartara la mirada.

- No sé lo que siento. - Levantó las manos y le lanzó una rápida mirada de censura. - No vamos a seguir por ahí, ¿recuerdas? Quédate a un paso de mi, y no hagas ninguna de esas cosas que te mencioné antes.

Su respuesta fue una risa ronca que envió llamas danzando a la sangre de Sakura. Le miró.

- La risa prohibida también.

Él capturó su pequeña cintura y la levantó fácilmente hasta lo alto de un enorme tronco derribado, para que los dos permanecieran cerca, sus manos descansando levemente en las caderas de Saku mientras ella miraba hacia abajo. Los helechos crecían abundantemente en el suelo del bosque, retazos de alfombra verde de la zona en una curiosa acuarela en el azul de la noche.

El escenario era tan hermoso que no podía encontrar su voz, ni siquiera reprender a Shaoran por olvidarse de medir los centímetros entre ellos. Intentó no ser consciente de sus mano sobre ella, tocándola como si le perteneciera. Él inclinó su oscura cabeza tan cerca que se le quedó el aliento atascado en la garganta. Su cuello latió con anticipación, y las llamas empezaron a crujir y crepitar, amenazando con consumirla. Sintió el calor de su aliento exactamente sobre su pulso latente.

- Escucha la noche. Nos está hablando. - Dijo él suavemente.

Durante un momento sólo pudo oír al latido de su propio corazón. Golpeaba en sus oídos, ahogando por completo cualquier otro sonido. Cuidadosamente él le dio la vuelta y la arrastró de espaldas a la protección de su cuerpo.

- Quieta. Cálmate. Está en tu mente, Sakura. Encuentra la tranquilidad primero. Es aquí donde empiezas a aprender. - Su voz susurraba sobre la piel de Sakura como negro terciopelo. Hipnotizadora y perfecta. Pura magia.

Shaoran estaba lanzando un hechizo, tejiéndolo firmemente a su alrededor, no simplemente con el poder hipnótico de su voz, o la fuerza de su cuerpo sino con la noche misma. Nunca había notado que la oscuridad tuviera tan vívidos colores. La luna brillaba a través de la copa de los árboles, bañando el mundo con una suave iridiscencia plateada. Las hojas relucían como gemas mientras la brisa soplaba gentilmente a través de ellas.

El leve suspiro del viento fue el primer sonido que pudo identificar claramente después de su propio corazón. Los brazos de Shaoran se apretaron a su alrededor, encerrándola contra su cuerpo mucho más grande. Sakura tenía aversión a los espacios cerrados, y siempre evitaba estar demasiado cerca de los hombres, especialmente cuando estaba sola y eran fuertes. Sin embargo, en vez de hacerla sentirse amenazada, Shaoran la hacía sentir a salvo y protegida.

- Escúchalo realmente, Sakura, con tu corazón y tu mente a la vez que con tus oídos. El viento está cantando suavemente, susurrando historias. Aquí, muy cerca de nosotros... ¿lo oyes? El viento nos trae el sonido de las correrías de los zorros.

Ella inclinó la barbilla, esforzándose por captar una simple nota de lo que él podía oír. Correrías de zorros. ¿Realmente podía saber eso? Como si leyera su mente, Shaoran colocó los labios contra su oreja. - Hay tres de ellos. Deben ser muy jóvenes; apenas se mueven.

Sakura sintió los labios moviéndose en su pelo, como si fuera un roce accidental, no preparado, contra los mechones de pelo. Su instinto de autoconservación finalmente apareció, e intentó alejarse de él. Pero su pie gravitó sobre el espacio vacío. Había olvidado que estaba en lo alto de un tronco. Sólo los brazos de Shaoran evitaban que cayeran.

Él se rió suavemente, esa indignante, masculina y burlona diversión.

- Correcto. Me necesitas. Necesitas un guardián.

- No lo haría si no me volvieras loca todo el tiempo. – Le acusó, pero se aferraba a él al mismo tiempo.

- Permíteme fundir mi mente más completamente con la tuya. Puedo enseñarte a escuchar, a oír los auténticos sonidos de la noche. Mi mundo. Sakura. - Bajó la mirada a los esbeltos dedos que se curvaban alrededor de su brazo. Era tan frágil, tan delicada, una pequeña pero enormemente valiente mujer. Había nacido para él. Su corazón y su mente, su misma alma reconocía las de ella. Cada célula de su cuerpo la buscaba, necesitándola, vorazmente, con una intensidad que nunca se apaciguaría.

Shaoran podía sentir el cuerpo de ella temblando levemente contra la dureza del suyo. Un feroz instinto protector se alzó en él, abrumándole con su pura fuerza. Quería llevarla a su guarida, mantenerla a salvo de los peligro de todos los días y del mundo de su alrededor, mantenerla cerca y protegerla todo el tiempo. Pero comprendió que, sin importar como de fuertes fueran sus sentimientos, ella era mortal, y había crecido en un mundo diferente, uno al que él no podría retorcer y cambiarlo para ella. Había formado su carácter tan seguramente como la edad y los peligros que había afrontado le habían formado a él. No podía apresurarla demasiado. Las exigencias de su cuerpo y alma tenían que quedar en segundo plano tras los miedos de ella, por infundados que pudieran ser.

- Si fundes tu mente completamente con la mía ¿serás capaz de leer todos mis pensamientos? - Preguntó ella ansiosamente.

Él le rizó el pelo, con una caricia afectuosa.

- ¿Quieres decir como hago ya?

Los ojos esmeralda relampaguearon hacia él.

- No puedes leer todos mis pensamientos. - Dijo ella decidida. Hubo un corto y revelador silencio. Inclinó la cabeza hacia atrás para mirarle. - ¿Puedes? - Esta vez su voz definitivamente se tambaleó.

Shaoran quiso besar esa expresión preocupada de su cara.

- Por supuesto que puedo.

Los labios de ella tirotearon de su labio superior.

- No pudiste hacerlo antes. No creo que puedas, Shaoran.

- Fundes tu mente con la mía cada vez que te comunicas mentalmente conmigo. Pudo llevarme unos pocos minutos sacar en claro tus diferencias con otros, pero una vez lo hice, eso me permitió deslizarme dentro y fuera de tu mente a voluntad. - Sus dedos se cerraron amorosamente alrededor de la nuca de ella. - Si quieres, podría compartir algunos de tus recuerdos contigo. El pequeño callejón que te encantaba tras el restaurante chino. Sientes afecto por las cosas más inusuales.

Esta vez Sakura hizo un intento de liberarse, pero Shaoran la capturó firmemente, aprisionándola dentro del círculo de sus brazos.

- No tan rápido, cielo. Eres tú la que insinuó que estaba mintiendo.

Se puso rígida.

- Nadie está mintiendo a nadie. Tu edad finalmente te está afectando.

El rió de nuevo, asombrado de que después de siglos de soledad y la absoluta falta de moción, pudiera encontrarse riendo tan fácilmente. Había alegría en la propia noche, alegría en el mundo, en cada acto de vivir.

- Eso no ha sido muy simpático, Sakura. - La regañó, pero su voz era tan gentil, que hizo que el corazón le diera un vuelco.

- Nada de uniones, Shaoran. Creo que deberíamos hacer cualquier cosa semi-normal. Como, simplemente hablar. Hablar es bueno. Nada raro, sólo lo normal. Cuéntame algo de tu niñez. ¿Cómo eran tus padres?

- Mi padre era un hombre muy poderoso. Con frecuencia se referían a él como El Oscuro. Era una gran sanador entre nuestra gente. Según tengo entendido mi hermano mayor ha tomado su lugar entre nuestra raza. Mi madre era amable y adorable. La recuerdo sonriendo. Tenía una sonrisa espectacular. - Las palabras conjuraron en él el recuerdo, el roce de calidez.

- Debe haber sido maravillosa.

- Si. Yo tenía sólo seis años cuando fue asesinada.

Los dedos de Sakura se apretaron sobre su brazo con simpatía.

- Lo siento tanto, Shaoran. Quiero decir haberte traído un recuerdo triste.

- Ningún recuerdo de mi madre puede ser malo, Sakura. Cuando tenía seis años, los turcos otomanos invadieron el pueblo cercano a nuestro hogar y mataron a casi todos. Yo fui capa de escapar... - Gesticuló en la dirección aproximada del campamento. - ... con unos pocos más. Mi hermana, Tomoyo, y Chiharu, Takashi, Touya, y otro más. Después de eso quedamos separados del resto de nuestra gente.

- ¿A los seis años? Shaoran, ¿qué hiciste? ¿cómo sobrevivisteis?

- Aprendí a cazar de los animales que me rodeaban. Aprendí a alimentar a los otros. Fueron tiempos difíciles. Cometí muchos errores, aunque cada día era una nueva y excitante experiencia.

- ¿Cómo quedaste separado de tus padres, de tu gente?

- Había una guerra. Los pueblos humanos estaban siendo arrasados... gente a la que nuestras familias consideraban amigos. Nuestros adultos decidieron permanecer con los humanos. Pero los soldados atacaron cuando el sol estaba alto, cuando los Cárpatos están en su momento más vulnerable, cuando necesitan ir a la tierra. Y había muchos soldados, viciosos y crueles, decididos a arrasar toda la región, a librarse de todos nosotros, a los que consideraban sabandijas, vampiros. Desafortunadamente, los adultos de nuestra especie no tienen poder, ni fuerza, cuando el sol está alto, fue una masacre, un inútil derroche de vidas. Así que muchos murieron ese día, humanos y Cárpatos por igual, mujeres y niños. Muchos de nuestra raza fueron sometidos al ritual de muerte de los "vampiros"... cortar la cabeza y una estaca a través del corazón, mis padres entre ellos.

La voz de Shaoran era suave, melancólica, distante, como si una parte de él estuviera a siglos de ella. Entre sus brazos, Sakura se giró para alzar una mano y tocarle la boca con la punta de los dedos.

- Lo siento tanto, Shaoran. - Brillaban lágrimas en sus largas pestañas, iluminando sus ojos. La pena por él, por la pérdida de sus padres, por el niño que había sido, latía en su corazón.

Shaoran tocó una lágrima, capturándola con la punta de un dedo.

- No llores por mí, Sakura. No quiero que nunca haya lágrimas en tu corazón. Tu vida ha sido dura también. Al menos antes de perder las emociones y colores, la mía estuvo llena del amor de mi familia, y después de mi nueva familia durante cientos de años. El bote en el que yo y los otros escapamos de nuestra tierra destruida por la guerra nos llevó a través del océano antes de hundirse en una violenta tormenta. Estábamos a abandonados a nuestra suerte, yo era el mayor, pero nos las arreglamos para alcanzar las costas de África, y tuvimos grandes aventuras en todos aquellos años... antes de que la oscuridad se reuniera en mi y se extendiera a través de mi alma.