—"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas"—
=11. Palabras erradas, heridas que no sanan =
—Ofrecer amistad a quién pide amor, es dar pan al que muere de sed. (Anónimo)—
Exámenes. La tortura de todo estudiante; sea mago, bruja, muggle o cualquier otra criatura que habitara la Tierra, que se viera en necesidad de estudiar. En realidad, no importaba. Todos pensaban siempre lo mismo: — ¡Que horrible! ¡Deberían cancelar los exámenes! ¿Para qué sirven?—. En toda su vida, Lily jamás había encontrado a alguien que no se quejara de la obligación de presentar un examen. Desde Petunia, en la escuela básica; hasta el mismo Severus cuando se trataba de Defensa Contra las Artes Oscuras o Transformaciones. ¡Ni qué decir de los Merodeadores! Remus estudiaba pero era capaz de alegrarse inmensamente si por alguna razón los exámenes se atrasaban; Peter, siempre estaba a nada de parecer una rata asustada; Sirius, se miraba despreocupado pero aun así, ella sabía que mentalmente estaba horrorizado. Y James… — ¡Ay James!— el pobre chico de gafas ya no sabía ni dónde demonios se había dejado el libro de Pociones.
En cualquier otra ocasión, Lily habría reído. De todo. De todos. Porque a ella le gustaban los exámenes, la hacían sentir que lo que estudiaba tenía importancia y una relevancia poco común cuando un maestro la evaluaba; ya fuera por escrito o en la mera práctica. Lily siempre se sentía feliz de presentar a un profesor los conocimientos que había adquirido, dominado y que estaba dispuesta a llevar a la práctica. Nunca había experimentado nervios, ni solía trabarse a la hora de estudiar; mantenía un orden y la mente despejada para que los conocimientos que ya tenía, florecieran en cuanto los repasara. ¡Pero aquella vez, no! ¡Para nada! Por primera vez, los exámenes la aterraban, se sentía nerviosa; lo mucho que leía parecía quedar en su subconsciente solo por unos momentos para luego desaparecer; inclusive compadecía al pobre James Potter que no estaba preparado para presentar el examen del Miércoles. Y es que, a decir verdad, todos los alumnos de quinto curso, se sentían justo de esa manera, aquella mañana de lunes.
Después de cinco años de estudios y aventuras, luego de cinco cursos con los mejores profesores y aprendiendo magia de los mejores magos, los estudiantes de quinto, presentarían finalmente sus tan esperados TIMOS. El Título Indispensable de Magia Ordinaria, que les era obligatorio presentar serviría para conocer las materias que seguirían cursando a lo largo de los dos años que les restaban de educación y les daba un vistazo a sus posibilidades dentro de los oficios mágicos que podrían conseguir al salir del Hogwarts. Como siempre que aquellos exámenes se presentaran, los alumnos realizarían sus pruebas teóricas en el Gran Comedor durante la mañana, dependiendo de la materia asignada para el día y durante la tarde, seguirían con la realización de sus pruebas prácticas. Aquella semana, el Tribunal de Exámenes Mágicos se había presentado en el Colegio para prepararse para examinar a los alumnos de aquella generación. Y luego del último día de descanso en que el partido Ravenclaw VS Gryffindor tuviera lugar, todo alumno de quinto curso había cedido a las lecturas, apuntes y prácticas de sus conocimientos, preparándose para el día de las pruebas.
Lily, había pasado sus días metida en los libros y pergaminos, mientras que su varita se empeñaba en repasar hasta el cansancio todo lo que sabía; hechizos convocadores, cerrojos, transformación de animales, hechizos contra grindylow, plantas curativas, venenosas y mandrágoras; e incluso, la pequeña pelirroja se había propuesto, comenzar con la práctica de un tema, que según sus libros, estudiaría en DCLAO durante su sexto curso; los patronus.
—Lily, ¿tu varita se quema o no te sale el hechizo de fuego?— preguntó Marlene al ver a la pelirroja bastante concentrada en su habitación, practicando un hechizo que ella no conocía.
—No, es… ah…— desde su cama, Lily suspiró. Según las indicaciones de aquella magia, el hechizo necesitaba de un recuerdo enteramente alegre para poder funcionar, pero por más que lo intentara, Lily no había dado con un hechizo lo suficientemente poderoso. Rindiéndose a que aquella magia tan avanzada la pondría en práctica el siguiente curso, la chica bajó la varita dispuesta a salir de la habitación— Voy a la biblioteca, ¿vienen?— preguntó amablemente a sus compañeras.
—Oh, sí. Tengo que seguir estudiando Historia de la Magia…— refunfuñó Mary con cara de pocos amigos, dado que aquella materia no era ni por asomo del agrado de alguno de los estudiantes –ni siquiera de Remus o de Lily- Con una sonrisa, Marlene se unió a ellas y juntas, las tres Gryffindor, abandonaron el dormitorio.
Justo en esos momentos, en las habitaciones de los chicos, o más concretamente en la habitación de los Merodeadores, Remus y James, se habían acomodado en suelo, rodeados de libros y frascos con diversos contenidos, entre las camas de ambos. Llevaban ya un buen rato repasando Pociones, dado que James estaba seguro, sería su peor TIMO práctico.
—No te agobies, vas mejorando— le dijo Remus
—Lo dices porque hemos estado repasando Pociones de primer grado. ¡No sé nada de este curso! Deje de ponerle atención a Slughorn por observar a Lily— replicó James, abotagado. Ciertamente, Pociones, como cualquier otra materia, no resultaba realmente difícil para él, pero es que por una u otra cosa, sus manos siempre agregaban más o menos ingredientes de los que eran necesarios. Y era aquella, la razón por la que Sirius y Remus preparaban siempre las Pociones que necesitaran para sus trastadas. Desde la cama de James, Sirius asomó la cabeza:
—Bueno, esfuérzate. Si logras aprobar el TIMO de Pociones, la fierecilla se dará cuenta de que haces algo más que tontear en clases— se mofó el oji gris.
—Canuto, limítate a ayudar a Peter con Herbología; yo me entiendo con Lunático— refunfuñó James.
—Ya los vi... Cuando tú y la pelirroja tengan hijos, el pobre chico las pasará negras en Hogwarts si hereda tu talento culinario para las Pociones, Jimmy— siguió Sirius, con una radiante sonrisa.
—James tiene razón, vuelve a lo tuyo Canuto— le pidió Remus, aguantando una risa. Peter, habría reído gustoso de no ser porque –de nuevo- había confundido dos plantas, de las que Sirius había llevado al dormitorio para que las clasificara. Y así continuando con sus repasos los Merodeadores siguieron con sus pergaminos, libros y hechizos. Luego de la comida, James ayudó a Remus con Transformaciones; mientras que Sirius y Peter se enfrascaban en sus libros de Historia de la Magia.
Al ir cayendo la noche, la sala común de Slytherin comenzaba a vaciarse, pues todos los alumnos de quinto, se sentían en la necesidad de descansar adecuadamente para las pruebas que comenzarían al otro día. En una de las mesas de fondo, sin embargo, un chico de cabellos negros y nariz ganchuda, permanecía muy estudioso en los libros de DCLAO, que tanto se empeñaba en leer, una y otra vez. Y es que, Severus Snape no era tonto, comprendía todo, aunque no era un as en la ejecución de los hechizos, sino más bien, muy bueno para la parte teórica. Aquella noche, estaba dispuesto a comprender y hechizar todo lo que pudiera, dada que su nueva ambición, corría con rumbo de volverse Auror al salir de Hogwarts. No había echado demasiados vistazos a los oficios mágicos, pero seguro que por ahí encontraría alguno que estuviera involucrado con su tema favorito: las Artes Oscuras.
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La mañana del lunes, el Gran Comedor se encontraba atestado de alumnos de Quinto año, que tras unas cuantas horas de sueño, terminaban de repasar sus pergaminos y libros, al tiempo que desayunaban para reponer energías. Desde la mesa de profesores, Dumbledore admiraba a cada alumno con alegría, dado el empeño notorio que ponían en repasar sus temas. Fuera de aquel castillo, el mundo mágico pasaba una mala situación.
Lord Voldemort el líder del nuevo movimiento purista, guiaba a un grupo de jóvenes magos, que le eran tan fieles como los perros lo eran a sus amos; los llamados Mortífagos. El poder que comenzaba a ganar, amenazaba la paz que hasta entonces aún prevalecía y los ataque dirigidos a familias de magos con raíces muggles, iban en aumento. Si la situación continuaba así, pronto estallaría la guerra. Las familias más acaudaladas del mundo mágico, que eran a su vez las que prevalecían como sangres limpia; habían comenzado a seguir al Lord, arrastrando con ellos a sus mismos hijos; y hasta ese momento, eran pocos los que aún no elegían un bando. Y sin embargo, la juventud que podía cambiar aquella situación al abandonar Hogwarts, se preparaba para presentar sus exámenes como si aquello fuera la única verdadera preocupación del mundo. Dumbledore, deseaba que así fuera; que los jóvenes solo tuvieran que preocuparse por sus exámenes y no por si una tonta guerra llegaba a estallar. Desde el fondo de su corazón, uno de los mejores magos de la época, esperaba arduamente que cada alumno que en esos momentos estudiaba para los TIMOS, eligieran siempre el camino correcto. Aunque también sabía que algunos ya habían hecho sus elecciones.
Cuando el desayuno terminó, los estudiantes fueron desalojando el Comedor, antes de que el reloj anunciara la tan esperada hora de exámenes. Dado que era miércoles, la prueba que debía presentarse correspondía a la materia de Encantamientos, que durante todos esos años había estado a cargo del diminuto y agradable profesor Flitwick.
Las horas pasaron rápidamente aquel primer lunes de pruebas. Según Lily, Marlene y Mary, era muy probable que aplicaran con buenas notas el examen teórico dado que habían dedicado una buena parte de su tiempo a estudiar. Los cuatro Merodeadores también habían quedado complacidos con su examen escrito, mientras que en la prueba práctica, Sirius había saltado de felicidad al saberse con un Extraordinario en la nota final. En la casa de Slytherin, Severus dio por sentado que aplicaría el examen teórico, aunque se sintió un poco temeroso en la prueba práctica, que le valió mermar en los hechizos convocadores.
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El día martes, transcurrió con la misma jornada del lunes, con la escasa diferencia de que entonces, los alumnos dieron ejecución a las pruebas de Transformaciones. Durante los exámenes prácticos, Severus trastabilló al convertir un cuervo en copa de cristal, pero se sintió plenamente feliz, cuando logró conjurar las cerillas en una hermosa caja de madera. Lily, presentó una prueba algo complicada, debido a los nervios que se apoderaron de ella, aunque cuando ejecutó cada hechizo, lo hizo con precisión y firmeza, dignas de una buena bruja. Mary y Marlene erraron un poco en las transformaciones con animales, pero fuera de ello, ambas habían quedado completamente felices con sus resultados. Del lado de los Merodeadores, los cuatro estaban seguros de conseguir buenas notas, dado que Sirius, Peter y Remus, habían estado practicando con el mejor de ellos en cuanto a la materia. Porque si había algo en lo que James Potter fuera excepcionalmente bueno, aquello era Transformaciones y Defensa contra las Artes Oscuras. Muy seguro de que había conseguido la nota máxima, aquella tarde de martes, James se permitió dejar su ego fluir y guiñarle el ojo a Lily Evans a la hora de la cena.
Cuando la mitad de la semana arribó al castillo, la prueba de Herbología llegó. Sirius estuvo plenamente complacido con su prueba práctica, aunque estaba seguro que en la teórica no se había esforzado de verdad. Peter y Remus, en cambio, dieron todo de ellos en los escritos, mientras que en la práctica, pusieron su mayor esfuerzo. Quién las pasó negras en ambas pruebas, fue sin duda James, que como Pociones anunciaba, no era nada bueno con las plantas —aunque, si lograba un "supera las expectativas", se sentiría pleno—. Lily, sonrió toda la tarde con autosuficiencia, sabiéndose buena en la materia y con la clara certeza de haber dado lo mejor en su prueba teórica y práctica. Severus, respiró aliviado en su sala común, cuando advirtió la gran facilidad con la que había presentado el examen de aquel día y seguro, de que aunque Herbología no era en sí, una gran materia, era una en la que Potter no era fantástico.
Finalmente y para alegría de muchos alumnos, el jueves llegó y con él, la prueba de la materia, para la que todos deseaban aplicar: Defensa Contra las Artes Oscuras. La noche antes del examen, todos los estudiantes de Quinto curso, con una sola excepción, tomaron sus libros, sus pergaminos e incluso se ayudaron entre sí, para presentar una prueba excelente tanto teórica, como práctica. En el desayuno, McGonagall se sintió levemente conmovida, cuando a punto de retar a Potter, se dio cuenta que el chico no intentaba hacer algún tipo de trampa con sus amigos, sino que en realidad, los ayudaba a estudiar. Desde el fondo de la mesa del Gran Comedor, la misma Lily lograba escuchar, las pequeñas frases y datos que James proporcionaba a los Merodeadores para ayudarlos a repasar lo más importante de la materia.
A la hora indicada, el Comedor se transformó una vez más, como lo había hecho todos aquellos días, cuando el momento de presentar el examen teórico llegó. Repleto de bancas individuales, donde los estudiantes iban a tomar asiento durante un par de horas, el consejo se instaló al frente, mientras que el profesor Flitwick se encargaba de repartir pergaminos y dar las instrucciones que todos esos días, les habían estado repitiendo. Al fondo del lugar, James estaba sentado en la misma fila, aunque unos asientos más delante de Sirius –no importaba nada, esos dos jamás podrían haberse sentado juntos en un examen-, Remus y Peter habían sido colocados una fila más allá; Lily –para alegría de James-, había sido colocada un poco más al frente, en una fila donde era perfectamente observada, por James Potter de un lado y por Severus Snape del otro.
Cuando la prueba comenzó, Lily tomó su pluma y la mojó en el tintero, porque viéndolo de cerca, la prueba en sí, parecía sencilla. Muchos de los conocimientos que la pelirroja había adquirido de la materia, se los debía al antiguo profesor, Gideon Prewett, quién en los cinco años que llevaba ahí, había sido el mejor. Severus, iba ya por la mitad del examen, tratando de cubrir la mayor parte de las respuestas con argumentos precisos y una letra pequeña y apretada, cuando advirtió con enfado que James, se relajaba en su asiento. El pelinegro de gafas, había comenzado a perder la postura serena que mantenía, cuando advirtió que solo le faltaban las respuestas en las cuáles tenía que escribir más de una oración. Con algo más que desvergüenza, el joven Potter, se permitió relajarse, estirar las manos y mirar a Lily, que concentrada como estaba, se pasaba de vez en vez, una mano por el cabello rojo encendido, para atorarlo detrás de la oreja y seguir escribiendo. Más allá, Sirius iba también por la mitad del examen cuando el calor comenzó a llenar el Comedor. Sin duda alguna, los alumnos se dirigirían al lago a la hora del descanso, antes de que la prueba práctica comenzara.
Para la última hora de examen, Remus y Peter terminaban de agregar las últimas respuestas al pergamino, mientras Sirius perdía tiempo dibujando un perro enorme en su hoja y James trazaba una snitch dorada algo chueca, con las iniciales L.E escritas con dulzura; un tierno pensamiento había comenzado a formarse en su cabeza, basado en el dibujo al que tanto trataba de darle el toque especial y muy ligado con la pequeña pelotita dorada, que no había enseñado a sus amigos, pero que había estado llevando a las pruebas, bien guardada en el bolsillo del pantalón. Cuando menos cuenta se dieron, los alumnos advirtieron que restaban 5 minutos para responder; Lily, dedicó ese tiempo a verificar sus respuestas, mientras Severus trataba de llenar las últimas dos respuestas sin seguir pensando en lo que había estado dando vueltas en su mente.
Hacía muchas noches que no hablaba con Lily, ni siquiera la saludaba cuando llegaban a encontrarse en la ronda de prefectos; y todo por aquel comentario que el chico le había oído a la pelirroja. Aquella noche, no había hecho nada, ni siquiera había tratado de averiguar si era cierto, simplemente, lo había dado por sentado. Esa semana, mientras miraba a Lily, mientras advertía los movimientos de James, Severus se había dado cuenta, de que por vez primera, aquellos dos no estaban peleando –claro que eso se debía, a que habían pasado su tiempo estudiando-, Y eso, solo podía significar, que James ya estaba al tanto de lo que Lily deseaba: ser parte de su club de admiradoras.
Finalmente, el examen terminó; Flitwick pidió los pergaminos y cuando les hubo dado permiso, los estudiantes comenzaron a retirarse. Sirius notó que como había pensado, todos se dirigían al Lago, debido al calor y seguro, también a la necesidad de descansar. Una vez que los Merodeadores se hubieron reunido, comenzaron a charlar sobre lo que habían escrito en la prueba, Remus comentó la pregunta sobe hombres lobo, siendo secundado por Peter y algo ironizado por James; a las afueras del castillos, los alumno comenzaron a desplazarse por todos los jardines, los Merodeadores, se dirigieron sin pensarlo dos veces a la sombra de un frondoso árbol, muy cerca de la orilla del lago, donde el grupo de Lily comenzaba a tomar asiento; algo más allá, muy a la sombra de unos altos matorrales, Severus tomó asiento, enfrascado en las preguntas de su examen, deseoso de constatar que había hecho un buen trabajo.
Acaban de sentarse, cuando Remus abrió su libro para ponerse a leer, mientras Sirius admiraba a los alumnos, pensando en la prueba práctica. ¡Qué bien podría ser presumirles a todos que era un animago! Aunque claro, eso era imposible. No era solo su secreto, sino el mayor de los secretos de los Merodeadores. James, sacó entonces la pelotita dorada con la que viajaba y comenzó a jugar con ella, la soltaba, la atrapaba, la soltaba y la volvía a atrapar. Peter se concentró en James, absortó en sus habilidades; a últimas fechas, el pelinegro de gafas lograba encantarlo con mayor facilidad y es que los exámenes, habían dado a James una oportunidad para lucir sus vastos conocimientos.
—¿De dónde has sacado eso?— preguntó entonces Sirius, alzando una ceja. James no lo miró, pero su voz sonó despreocupada al responder.
—La he robado— Sirius le miró durante unos momentos, dado que Potter había comenzado a jugar más con la snitch dorada, al tiempo que echaba leves miradas a las tres señoritas que se habían quitado zapatos y calcetas para refrescar los pies en el agua. Peter se emocionaba cada vez más, cuando James soltaba la snitch, la dejaba alejarse y la atrapaba, mientras James, volvía a despeinarse el cabello y se mostraba presuntuoso en su misma pose. Entonces, Lily volteó y lo vio, rodó los ojos al observar que una vez más, James jugaba a ser el centro de atención, embobando incluso al pobre de Pettigrew. Sirius ahogó una risa y espetó:
—Guarda eso. Antes de que Colagusano se haga pis encima, de la emoción— Peter se sonrojó, al tiempo que James sonreía con egolatría.
—Si tanto te molesta…— murmuró al tomar la snitch y guardarla en su bolsillo de nuevo. Sirius no sonrió y en cambio, se pasó una mano por la mejilla, en un gesto adolorido.
—Me aburro… ¡Ojalá hubiera Luna Llena!— exclamó entonces. Las últimas dos Lunas, los cuatro habían abandonado la seguridad de la Casa de los Gritos, para aventurarse por el Bosque Prohibido y gracias a la capa de invisibilidad, Peter había sido capaz de escabullirse por el pasadizo a Honeydukes, tomando algunos dulces que dejaba pagados, con galeones de oro escondidos en calderos abandonados en las bodegas; mientras Sirius y James controlaban a Remus, para que no cruzara los límites del bosque, antes de volver a la Casa de los Gritos para pasar las últimas horas.
Ante el comentario de Sirius, Remus intervino, deseando seguir en sus libros, cuando James advirtió la, aparentemente oportuna, presencia de Severus Snape. El pelinegro, se había levantado de su seguro escondite tras los matorrales sin recordar que por ahí, aquellos cuatro rondaban.
—¿Te aburres? Mira quién anda ahí…— le dijo James con una pícara sonrisa, siempre, no importando el que, resultaba mucho más divertido, picar a Severus que a cualquier otro Slytherin. Aquella ocasión sin embargo, encajaba perfecto con un pequeño desquite que James no había podido llevar a cabo, inmediatamente después de que sucediera.
Flash-Back
Sirius y Peter terminaban de estudiar para la prueba de Transformaciones, cuando Remus anunció que había llegado la hora de realizar la ronda de prefectos. James, se había pegado como muégano al castaño, con la excusa de acompañarle y aprovechar para pasarse por las cocinas, sin mencionar la oportunidad de mirar a Lily una última vez aquel día.
—Bien, pero si no llevas la capa, no me hago responsable de lo que Lily te reclame— le dijo Remus al abrir la puerta
—Tranquilo Lunático, Lily no dirá nada— rió James y juntos abandonaron la habitación, tras el último grito de Sirius:
—No olvides traerme un poco de tarta de melaza Cornamenta—
—Sirius es un tragón— se mofó Remus mientras bajaban las escaleras, James rió al tiempo que asentía con la cabeza.
—Ni que lo digas, a veces parece que quiere hibernar— habían llegado a la sal común, cuando una mata de pelo rojo encendido como el fuego, se detuvo frente a ellos y al mirarla, James sonrió ampliamente reflejándose en los ojos verdes de Lily Evans.
—Buenas noches Lily— saludó el pelinegro
—Potter, ¿se puede saber a dónde vas? Remus, no me digas que traerás a este a la ronda— respondió al pelirroja con los brazos cruzados, James rió y pasó una mano por el cabello de la chica.
—Tranquila prefecta perfecta, no hago nada malo. Si me lo permites, voy a la enfermería, Peter está en shock por tanto estudiar y no puede dormir, si lo dejamos así, no estaremos bien descansados para el examen de mañana, estoy seguro que Madame Pomfrey podrá darme un buen tónico para dormirlo. ¿O no, Remus?— explicó James. Lily miró a Remus esperando una respuesta, cuando el castaño asintió con una sonrisa.
—Bien, pero tienes que regresar luego de haberte pasado por la enfermería, si te descubro merodeando por los pasillos…— James soltó un breve risa ante la palabra merodear….
—Merodear es una de las cosas que mejor hago— Remus sonrió muy a su pesar, pero Lily, no dejó ahí su amenaza—
—Si te descubro Potter, te quitaré tantos puntos, que ni ganando todos los juegos de Quidditch podrás recuperarlos y no me importa si Gryffindor pierde la Copa de las Casas—
—Claro preciosa— respondió el de gafas sin dejar de sonreír—Iré y vendré, no notarás que salí de la sala común— aseguró. Lily pareció relajarse y juntos, los tres abandonaron la torre de Gryffindor. Remus y Lily tomaron su rumbo en determinado momento, dejando a James ir por su parte.
Al principio, el pelinegro tomó rumbo a la enfermería, aunque lo desvió rápidamente, con destino a las cocinas. Con el Mapa del Merodeador en su bolsillo, James hizo una pausa al acercarse a los pasillos por donde los prefectos rondaban y verifico que nadie anduviera por ahí, sacando el pergamino. Con curiosidad, advirtió que en el pasillo más cercano a él, Severus Snape, Avery, Mulciber y la prefecta Parkinson, se habían detenido. Sigilosamente, el pelinegro se decidió a husmear un poco por ahí y grande fue su sorpresa, cuando bien oculto, escuchó lo que los cuatro Slytherin estaban hablando:
—Te lo aseguro Severus, es una buena elección…— dijo Avery
—No vas a arrepentirte. Necesitamos magos a nuestra causa y tú, eres un digno miembro de Slytherin. Serías un Mortífago ejemplar— siguió Mulciber.
—Piénsalo de esta forma, es una causa a favor del mundo mágico…— intervino Parkinson
—Sé que es para darles su merecido a los sangre sucia que deterioran el mundo mágico…— musitó Severus, casi en un murmullo.
—Sangres sucias como McDonald y McKinnon— le recordó Mulciber
—Severus…— siguió Parkinson, con insistencia.
—Lo pensaré, lo juro— terminó cediendo el pelinegro. Ante ello, sus amigos parecieron complacidos, pues sonrieron con condescendencia.
—Al menos no dijiste que no…— dijo Avery, sonriente— Será mejor que nos vayamos, Lupin y esa… la sangre sucia de Evans, pasan por aquí para hacer la ronda— le recordó a Mulciber. James, apretó los puños fuertemente al escuchar cómo se referían a Lily y estaba a nada de saltar en su defensa sin importarle que las serpientes plateadas le superaran en número y que Avery y Mulciber tenían razones para querer atacarle; pese a ello, se detuvo al recordar que Snape era el mejor amigo de Lily, seguramente, él defendería su nombre. Tenía que hacerlo.
—Sí, será mejor que se vayan— respondió Severus. James soltó un bufido. ¡Vaya amigo que era Quejicus!
—Hey ¿escucharon eso?— preguntó Avery y con ello, James apagó el fuego de las antorchas con su varita, aprovechando la oscuridad para salir corriendo y prometiéndose vengarse de ese, que tan buen amigo decía ser, pero que callaba, cuando alguien insultaba a la chica que quería.
Fin del Flash-Back
Harto de no hacer nada esa semana, más que estudiar para las pruebas, Sirius sonrió al nombrar a Quejicus y junto a James, se puso de pie para interceptar al Slytherin. Desde el césped, Remus siguió con su libro, aunque ya no leía. Como bien habían quedado, Remus no había participado en ninguna broma aquel año, que tuviera que ver con el Slytherin nombrado; así, los cuatro Merodeadores aseguraban no estarle dando motivos a Severus para revelar el secreto de Remus y mantenerlo un tanto vigilado por si se le ocurría a Quejicus, comentarle a alguien aquella situación.
—Todos bien ¿Quejicus?— preguntó entonces James en voz alta y con una sonrisa. Sirius a su lado también sonreía, llevaban las manos en los bolsillos y miraban a Severus sin despegar el ojo. Al escuchar aquellas palabras, Severus se dio la vuelta con brusquedad. Ya había visto a los Merodeadores, por algo se había ido a meter a los matorrales, pero por mantenerse absorto en sus preguntas, lo había olvidado al ponerse de pie. Con un movimiento rápido, sacó su varita dispuesto a atacar, siendo intervenido por James, que hábil y rápido, lo desarmó en segundos— ¡Expelliarmus!—al instante, la varita de Snape salió disparada por los aires, aterrizando en la hierba, justo cuando Sirius, rompía en risas.
—¡Impedimenta!— exclamó. Snape, tropezó y cayó al suelo, justo cuando se estiraba para recoger su varita. Algunos de los alumnos presentes se giraron a mirar la escena, unos muy divertidos y otros con cara de preocupación. Mientras Severus permanecía tirado en el suelo, James y Sirius se acercaron a él con sus varitas en mano, mientras el de gafas echaba una que otra mirada de reojo al grupo de Lily, esperando que ella se fijara en sus actos, ya después, quizás le explicara que aquella, era la manera perfecta para él, de desquitarse por lo que había escuchado o más bien, por lo que Snape nunca había dicho, la noche anterior.
—Y dinos ¿cómo te ha ido en el examen, Quejicus?— le preguntó James, al estar lo suficientemente cerca
—Oh, yo me he fijado en él. Tenía la nariz pegada al pergamino— se mofó Sirius— Su hoja debe estar llena de manchas de grasa, no van a poder leer nada— desde el suelo, Severus comenzó a removerse, tratando de superar el encantamiento aunque le era imposible. A su alrededor, varios alumnos comenzaron a reír por el comentario de Sirius.
—Esperen y verán…— murmuró Severus con odio, cuando sus ojos se fijaron en James. El profundo odio que le profesaba, se incrementaba con el recuerdo de Lily en sus filas de admiradoras— Esperen y verán…— repitió con ira.
—¿Qué vamos a ver?— preguntó Sirius con incredulidad. ¿Quejicus? ¿Amenazándolos?— ¿Qué vas a hacer Quejicus? ¿Limpiarte los mocos en nuestra ropa?— siguió burlándose. Severus comenzó entonces a murmurar, algo que parecían improperios y más de un conjuro; James sabía lo que hacía, trataba de conjurarlos aún con su varita a escasos metros de él. Con mofa, James habló, estirando su varita:
—Vete a lavar esa boca. ¡Fregotego!—al instante, la boca de Severus se llenó de jabón y las pompas rosadas que escupía lo hacían revolverse en el suelo, asqueado. Sirius rió junto a otros varios compañeros, cuando James bajó la varita, al escuchar a Lily Evans, gritándole furiosa:
—¡DÉJENLO EN PAZ!— al girarse, Sirius de reír, mientras James sonreía como tonto y se pasaba –una vez más al verla- la mano por el cabello, para despeinarlo más de la cuenta.
—Hey ¿qué tal, Evans?— preguntó James, con lo que Lily diría sensualidad.
—Déjenlo en paz— repitió la pelirroja, enfadada— ¿Qué les ha hecho?— preguntó, como si quisiera comprender, por qué James y Sirius amaban molestar a su amigo. Sirius estuvo a nada de responder, cuando James se adelantó. Deseaba decirle justo ahí lo que había hecho que quisiera molestar a Snape, pero pensó que era mejor guardárselo y respondió:
—Bueno… verás… es solo que existe y… no sé si me entiendas— con sus palabras, el pelinegro logró que Sirius, Peter que ya se había acercado y muchos otros estudiantes rieran. Desde su lugar, Remus no rió, simplemente pegó más la vista al libro, con Lily ahí, no podía intervenir, no, mientras Severus fuera el detonante de su mayor secreto.
—Te crees muy gracioso— le acusó Lily con frialdad— Pero no eres más que un sinvergüenza y bravucón, Potter. Déjalo en paz— James sonrió, la orden que antes había sido para él y Canuto, de repente, había pasado a ser solo para él. Y con aquello, el de gafas encontró una nueva oportunidad; si Lily quería que dejara a su mejor amigo…
—Lo dejaré en paz, si sales conmigo, Evans— le dijo con picardía, los estudiantes a su alrededor, pensaron, como otras veces, que el pelinegro bromeaba, la misma Lily, tomó aquello como una burla— Si sales conmigo, no volveré a apuntarle a Quejicus con mi varita— prometió James. Detrás de él, Severus había logrado superar los efectos del encantamiento y se arrastraba lentamente a donde su varita, consciente de que si Lily estaba ayudándole era solo por lástima. ¿Qué hacía ella ahí, si planeaba unirse al club de James?
—Ni aunque me dieran a elegir entre tú y el calamar gigante, saldría contigo— le aseguró la pelirroja, con el ceño fruncido.
—Tss—se mofó Sirius para aligerar el ambiente— Mala suerte, Cornamenta— siguió diciendo y justo entonces, advirtió que Severus se había puesto de pie— ¡Eh!— James se giró en breve, pero ni Sirius logró detener el encantamiento que el Slytherin había lanzado contra Potter. De un momento a otro, el rayo de luz que Severus lanzó golpeó la cara de James y una cortada en su mejilla comenzó a derramar sangre, manchándole la túnica. Sin detenerse a limpiarse la cara, James contraatacó. Desde aquella noche en que Severus hubiera descubierto el secreto de Remus, James había advertido que quizás algún día, tendría que batirse en duelo con Snape, quién le odiaba profundamente, por alguna razón más que solo por Lily. Si aquel momento había llegado, James iba a ganar. Con habilidad, lanzó un rayo de luz que golpeó a Snape y rápidamente este quedó colgado de cabeza, la túnica le cayó por la espalda como una cortina y sus pantalones se bajaron, dejando al descubierto sus flácidas piernas y unos calzoncillos grisáceos.
Muchos de los alumnos comenzaron a vitorear a Potter, mientras el mismo, Sirius y Peter reían a carcajadas. Lily se obligó a no reír por la postura tan graciosa en que había quedado su amigo.
—Bájalo, Potter— gritó la chica. James, sonrió y apuntando hacia arriba con su varita, dejó a Severus caer, de bruces contra el césped. Tan rápido como Severus se puso de pie, desenredándose de su propia túnica, Lily hizo amago de acercarse a ayudarle, pero Snape, solo deseaba vengarse; con la varita en mano, trató de lanzar una maldición, sin contar con el fiel amigo de James, que si ya una vez había fallado al guardarle la espalda a su amigo, atacó entonces, siendo Severus el que terminara embrujado:
—¡Petrificus Totalus!— bastó para que el Slytherin cayera de nuevo al suelo. Por tercera ocasión. Lily, volvió al ataque:
—¡DÉJENLO EN PAZ!— cuando James y Sirius la miraron, admiraron que la pelirroja, mantenía la varita en alto y les estaba apuntando. Alguna vez en el pasado, James había sido advertido de aquella manera, para que dejara en paz a la prefecta, pero solo en una, Lily le había encantado. Había sido un hechizo de cosquillas que duró unos 10 minutos, pero en esos momentos, Cornamenta apostaba a que si ella lo deseaba, la pelirroja se batiría en duelo con él y su amigo, sin reparar en desarmarlos con algún buen hechizo, que no causaría risa.
—Evans… no me obligues a hechizarte— le dijo James con cautela, esperando que Lily se echara para atrás.
—Quítale el embrujo entonces— exclamó ella. James pareció meditarlo. Al cabo de un momento y tras un largo suspiro, el pelinegro se dio la vuelta y pronunció la contra maldición, liberando a Severus de su efecto paralizante
—Ya está— dijo el de gafas, mientras Severus se ponía en pie— Has tenido suerte de que Evans estuviera aquí, Quejicus…— le dijo al Slytherin con mofa. Por ese día, era suficiente, pronto, la prueba práctica comenzaría y tenían que irse. James bajó la varita, dispuesto a dejar su venganza zanjada ahí, cuando Severus exclamó enfadado:
—¡No necesito la ayuda de una asquerosa sangre sucia como ella!—
De repente, el ambiente se tensó. Desde su lugar neutral, Remus alzó la vista sorprendido. Sirius abrió la boca, indignado, mientras el mismo sonido ahogado de sorpresa, se perdía ahogado en las gargantas de los estudiantes presentes. James apretó fuerte los puños, totalmente perplejo y enfadado, mientras Peter le miraba, seguro de que Severus, lo escaparía de ahí sin rendirle cuentas a Potter. La única que pareció tranquila, fue Lily. La pelirroja, había escuchado aquel apelativo muchas veces, la mayoría, dirigido a ella; con el tiempo se había acostumbrado a escucharlo, se había vuelto insensible a aquellas palabras tan ofensivas para una bruja, hasta aquel día en que James Potter evitó por todos los medios que a Peter se le escapara decirlo. Aquella noche, Lily había quedado sorprendida, de que uno de los chicos más odiosos que conocía la defendiera de ese modo, no solo a ella, sino a los magos hijos de muggles como ella. Justo entonces, al escucharlo de boca del que era su mejor amigo, las palabras parecieron atravesarle el corazón como una fría daga directa al corazón.
—Bien…— murmuró con frialdad— La próxima vez no me meteré donde no me llamen— aseguró sin siquiera parpadear. De repente, le urgía salir corriendo de ahí, antes de comenzar a romperse, antes de poco a poco caer presa del dolor que aquello le provocaba— Y por cierto, yo que tú, me lavaría los calzoncillos, Quejicus— le dijo.
Severus la miró. No había deseado decir aquellas palabras, pero cuando menos cuenta se dio… las burlas de James, las risas de los demás, Lily ahí, defendiéndolo por lástima, deteniendo a James muy seguramente porque no deseaba que fuera un mal chico… Y justo al escuchar, que la misma Lily le llamaba como lo hacían los Merodeadores, Severus se dio cuenta. Lily estaba herida, había lastimado a su mejor amiga y solo por haberse cegado el mismo con conjeturas que podían no ser ciertas… Presa de una nueva culpa, Severus rehuyó la mirada de la pelirroja, en el mismo momento en que James le apuntaba con la varita:
—¡Pídele disculpas a Evans!— le gritó el de gafas. Ninguno de sus amigos se atrevió a detenerle, tanto Sirius como Peter eran conscientes de lo mucho que James detestaba aquellas maneras de referirse a los magos como Lily. Desde su lugar, el mismo Remus deseaba que James pusiera en su lugar, al tonto de Snape.
—No quiero que le obligues a pedirme disculpas— le gritó Lily— Tú eres tan detestable como él— aseguró, completamente entregada a la furia; escudo indudable de la pena y el llanto.
—¿Qué?— preguntó James, confundido. ¿Acaso Lily, lo creía a él, igual de repulsivo que los magos puristas como Malfoy, Avery o Mulciber? ¿Tan despreciable cómo Snape?— ¡Yo jamás te llamaría… eso que tú sabes!— le espetó con orgullo, como si quiera desear que la pelirroja creyera por primera vez en sus palabras.
—Siempre estás desordenándote el cabello porque crees que así parecerá que te has bajado de la escoba, vas presumiendo todo el tiempo por ahí con esa estúpida snitch, te pavoneas y maldices a quién se te da la gana… Me sorprende que tu escoba pueda levantarte, con lo que debe pesar tu enorme cabeza. ¡Me das asco!— le gritó Lily, segura de que aquel escudo se rompería en cualquier instante. Consciente de que apenas se hubiera calmado se habría arrepentido de decir a aquellas palabras.
Y es que, ella se lo había dicho a Remus. No odiaba a James. Conocía sus ideales y el castaño le había contado de sus bromas, sabía que era inmaduro y que ese era su gran problema, pero en realidad, no sentía aquello que había escupido. ¿Asco? No, para nada. Lo único, que en esos momentos, le daba asco, era ella misma. Porque había considerado amigo a una persona como Severus. Porque chicos inmaduros como Potter se atrevían a defenderla, aun cuando ella no era ni por asomo amable con él. Porque quería llorar y llorar.
Sin pensarlo más, la chica se dio la media vuelta y se marchó de ahí. No escuchó ni los gritos de James que la llamaban, ni los de Mary o Marlene que pronto comenzaron a seguirla, castillo adentro. Mientras que en el jardín, James había vuelto a colgar a Severus del tobillo, deseoso de humillarlo lo más que pudiera, en nombre de Lily. A sabiendas de que aquella no era la mejor manera de ganarse la confianza de Lily, quién con sus palabras le había hecho ver una parte de lo que pensaba de él, pero aun así, impotente ante las ideas de hacerle a Severus arrepentirse. A nada estaba de quitarle los calzoncillos al Slytherin, cuando Remus se hubo acercado a él, tomándole del hombro y negando con la cabeza:
—No James. No lo hagas— le pidió el castaño. Y cuando Potter lo miró, el hombro lobo comprendió el sentir de su amigo. Sirius bajó a Severus alzando su propia varita, cuando Remus bajó la de James y lo obligó a dar la media vuelta, con los puños apretados y la mirada incendiada en fuego.
—Más vale que te mantengas bien escondido Snape, porque James te romperá los dientes en cuanto te vuelva a ver. Y entonces, no le dejaré a Remus detenerlo. Yo mismo le ayudaré a molerte— amenazó Sirius, antes de retirarse, en compañía de Peter en pos de sus amigos que ya habían tomado rumbo al castillo. Mientras en el césped, Severus se tumbaba en la hierba, cansado, humillado, arrepentido.
:-:-:
—James, es hora del examen práctico— le dijo Sirius al de gafas, desde su cama. James, pareció no haberle escuchado, muy concentrado en el Mapa del Merodeador.
—James…— le llamó Peter
—Cornamenta…— murmuró Remus.
Desde que hubieran vuelto del lago, los cuatro se habían encerrado en el dormitorio para tratar de controlar a James. El de gafas les había contado lo que escuchó en los pasillos y la ira tan ardiente que había nacido en él al darse cuenta que Severus no era capaz de defender siquiera a la chica que le gustaba, a la que era su amiga. Se había desahogado con los Merodeadores sobre lo pasado en el lago y también había aceptado no tomar represarías en nombre de Lily, quién ya le había dejado claro que no gustaba de sus bromas. Y cuando pareció que las cosas se calmaron, Sirius, Peter y Remus volvieron al estudio, mientras James miraba embobado, el nombre Lily Evans que adornaba la posición de la pelirroja en el Mapa. Todo ese tiempo, la chica había permanecido en su dormitorio, aparentemente sola, pues las etiquetas de Marlene y Mary no habían aparecido. Y todo ese rato, James había estado pensando, dándole vueltas una y otra vez… deseaba hacer algo por Lily, algo que la alegrara, porque era más que obvio que la chica estaba triste. Mejor que eso, James deseaba explicarle a Lily, demostrarle, que no era como ella lo había pintado.
Que no embrujaba a todo el que se le cruzaba, que no se revolvía el cabello por presumir y que si presumía, era por llamar su atención. La mano de Sirius lo sacó de sus cavilaciones.
—Jimmy…— susurró el de ojos grises. James suspiró, se pasó una mano por la cara y cerró el Mapa.
—Esperen, me mojaré la cara— dijo, antes de salir disparado al baño. Un momento después, el mismo James Potter de siempre apareció en la habitación, dispuesto presentar su examen práctico.
—James, ¿todo bien?—preguntó Remus en una sonrisa
—Todo bien— aseguró Potter y así, los cuatro abandonaron la habitación rumbo a la sala donde se llevaría a cabo el examen práctico. Cuando estaban al pie de las escaleras, James advirtió que Lily ya se encontraba en la Sala común, con Mary y Marlene; sin perder tiempo, el pelinegro se acercó a las tres para sorpresa de sus amigos, sonriendo y con aire despreocupado.
—Señoritas— saludó
—Hola James— le dijo Mary
—Potter— saludó Marlene, Lily, bajó la mirada.
—Y bueno ¿listas para presentar la prueba de Defensa?— preguntó, Sirius, Peter y Remus ya estaban detrás de él, cuando Mary y Marlene asintieron con la cabeza.
—Es pan comido, no hay materia más sencilla— aseguró Sirius, uniéndose a la charla. Lily alzó la mirada, sus rostro anunciaba que había llorado y sus ojos reflejaban la sorpresa que le daba ver a los Merodeadores actuando como siempre lo hacían.
—Lo dices porque tú eres bueno en ella…— replicó Marlene
—Ustedes también, son brujas geniales…— les dijo James, sincero— Las tres…— aseguró, mirando a Lily— pero bueno, nosotros nos vamos, pasaremos al Gran Comedor a ver si aún hay pudín. Ya saben, en lo que esperamos nuestros turnos… Sirius irá casi al inicio, pero nosotros no— explicó el chico señalando a Remus, Peter y a él.
—Oh, claro… nos vemos entonces— les despidió Mary. Acababan de dar un paso al frente, cuando James se detuvo y regresó, hasta colocarse frente a Lily
—Perdón. Si alguna vez te he ofendido con mi comportamiento… Y también… Lo siento. Sé que Queji… Severus, es importante para ti, pero si me lo permites, es un idiota. Eres una gran bruja Lily, la mejor de la clase, sin ofender a nadie, la mejor Gryffindor que hay— le dijo en un susurro y con una sonrisa. Luego, metió la mano en su bolsillo hasta sacar la pequeña pelota dorada que llevaba con él y sonrió al extendérsela— Ya sé que odias que presuma esto, así que lo evitaré. Tómala por favor… a mí me ha dado suerte en los exámenes y aunque sé que tú no la necesitas, tal vez te distraiga de lo que pasó esta tarde… Estoy seguro que te levantará el ánimo— Lily lo miró, inconscientemente tomó la pequeña bola dorada y alzó la vista, justo cuando James se daba la media vuelta y se alejaba con sus amigos. Acababan de cruzar el retrato de la Dama Gorda, cuando Sirius habló:
—James… la snitch…
—Ella dijo que voy presumiendo todo el tiempo la snitch, pero hasta el día de hoy… es la primera vez que la sacaba en público. Ni siquiera ustedes sabían que la noche del partido, tomé la capa y antes de ir a las cocinas, entré a la oficina de Madame Hooch, para robarla.
—Entonces Lily…— comenzó Peter, emocionado. James, sonrió.
—Así es. Lily me observaba, en el lago… ella vio la Snitch antes de que la guardara. Después de todo, ella si me mira…—
—Bueno, pues ya está. Ahora solo deja de despeinarte y ella te detestara menos, hermano— se mofó Sirius, guiñando un ojo. James rió y con él, Remus y Peter. ¿Quizás… había una oportunidad?
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—Evans, Lily— indicó la profesora. Lily asintió con la cabeza, al tiempo que ingresaba al aula correspondiente. Aquella tarde, no se sentía especialmente emocionada por presentar aquella prueba, después de lo que había ocurrido en el lago, pero por largo rato, Mary y Marlene, se habían encargado de levantarle el ánimo, aunque fuera despotricando en contra de Snape. Lily las había escuchado, sin verdaderamente escucharlas, aunque al final, se había sentido algo mejor. Incluso había reído por la amenaza de Marlene de convertir a Severus en un plumero si se acercaba a ella en lo que quedaba del curso. Sin embargo, lo que verdaderamente había animado a la pelirroja, fue el obsequio tan inesperado de James.
Actuando como si nada hubiera sucedido, mucho más relajado y alegre, sin rastro alguno de la ira que en el lago había demostrado, Potter se había acercado a ellas, las había adulado y sobre todo, se había disculpado con ella. Por lo ocurrido en el lago, por las cosas que ella le había reprochado, inclusive, por el comportamiento de Severus. Sin darse cuenta, la chica sonrió apretando con fuerza la snitch dorada que llevaba metida en el bolsillo, al tiempo que el consejo de magia se presentaba y la señorita que le aplicaría el examen comenzaba a darle indicaciones. Desde hechizos de defensa, de desarme e incluso uno que otro encantamiento de ataque. Lily sintió que había aprobado.
—Muy bien pequeña, eres una bruja excepcional. ¿Hay algo más que desees mostrarme?— le preguntó la examinadora cuando la práctica hubo concluido. Lily lo pensó, deseaba poner en práctica la última magia que había estudiado por su cuenta, pero no quería errar. Con ligereza, negó con la cabeza y se despidió. Aún sostenía la snitch dorada, cuando al salir del aula, James se cruzó en su camino.
—No me digas, los has encantado— le dijo el de gafas con una sonrisa. Lily, negó con la cabeza.
—No lo creo. No soy tan buena…— aseguró.
—Qué va. Ya te he dicho que eres la mejor, Evans— refutó el pelinegro, sin dejar de sonreír. Lily bajó la mirada al ruborizarse y sacó de su bolsillo, la esferita dorada.
—Toma— le dijo, al extendérsela— La necesitarás si la has llevado todo este tiempo para que te de suerte—
—Puede que sí, pero estoy seguro que para este examen no será necesaria, tengo toda la suerte que necesito justo ahora— respondió el chico sin tomar la snitch— Quédatela Lily, por favor—
—Yo… sí, está bien— terminó ella cediendo.
—Y… este… bueno…— James se pasó una mano por el cuello, nervioso. Teniendo especial cuidado en lo rozarse el cabello— ¿Has presentado todo lo que querías?—
—Yo… ah… pues sí, al menos todo lo que domino— aseguró ella, extrañada porque James no hubiera salido corriendo luego de intercambiar un par de palabras. ¿Era porque ella no le estaba gritando?
—Vamos ¿hay algo que no domines?— preguntó Potter, incrédulo.
—Pues sí… Un encantamiento… es complicado, magia avanzada. Ni siquiera los hemos visto en clase— explicó Lily, de repente ruborizada— Son… encantamientos patronus— dijo. James la miró con una sonrisa más acentuada aún y se permitió reír.
—Oh, ya veo. Sé de hablas…— le aseguró.
—Sí, pero bueno, estoy segura que el próximo curso, lograré dominarlos…— espetó la pelirroja, con una tenue sonrisa.
—Seguro que sí. Bueno, hay va Remus— dijo James, al notar que su amigo era llamado— Iré a dar apoyo. Tú deberías ir a descansar, aún nos queda un día de pruebas. Ah, Lily…— le dijo antes de irse— Si yo hiciera un patronus, pensaría en aquella vez en que casi caíste de tu escoba en primer año, es un recuerdo muy alegre…— se mofó y le guiñó un ojo. Lily frunció el ceño y se dio la media vuelta, riendo. ¿James había querido eso? ¿Hacerla reír?
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Las pruebas de Defensa Contra las Artes Oscuras que siguieron, parecieron resultar plenas. Los cuatro Merodeadores entraron y salieron del aula altamente complacidos con sus resultados, muy seguros de que cuando los resultados llegaran, ellos aprobarían con la mejor nota.
Al caer la noche y todos se dirigieron al Gran Comedor para tomar la cena, Severus Snape se refugió al fondo de la mesa de Slytherin deseoso de no cruzar siquiera la mirada con Lily. El evento acontecido había alcanzado para esa hora los oídos de Avery y Mulciber que lo felicitaron enérgicamente por su buena elección de palabras, sin saber que Severus, se arrepentía de haberla pronunciado. Apenas el apelativo más asqueroso que existía en aquel mundo, hubo salido de su boca, Snape se había dado cuenta de su grave error; porque ¿no siempre habían sido sinceros entre ellos? Lily nunca le había mentido y él nunca le había mentido a ella, en su amistad, había sinceridad y había cariño, por lo que Lily le habría comunicado sus deseos de acercarse a Potter, por lo que en el lago, la pelirroja le había defendido apelando a su sentido de la justicia, no porque quisiera sacar a Potter de problemas, no porque deseara burlarse de él.
Desde la mesa de Gryffindor, los Merodeadores celebraban el éxito logrado en el TIMO de aquella tarde, mientras Lily se enfrascaba en una alegre charla con sus amigas. Cuando la cena terminó, los estudiantes se retiraron a sus dormitorios, mientras los prefectos, realizaban la ronda de guardia. Ya entrada la noche, los prefectos regresaron a sus salas comunes para descansar y que daba tiempo a aquellos que lo necesitaran, de prepararse para la prueba de Runas Antiguas que se presentaría al día siguiente, como era el caso de Lily.
En punto de las 12 de la noche, Mary McDonald que había pasado un par de largas horas en la sala común, acompañada de un Gryffindor de séptimo curso que le gustaba mucho, entró al dormitorio con cara de pocos amigos y se dirigió a una muy exhausta Lily, que estaba a nada de quedarse dormida sobre sus libros de Runas Avanzadas.
—Lily, más vale que bajes— le dijo Mary
—¿Eh? Pero… ¿Qué pasa?— preguntó la pelirroja, espabilando.
—Quejicus te espera fuera de la sala común, le he dicho que se fuera pero se niega a irse sin hablar contigo. ¡Me amenazó! Dijo que se quedaría a dormir ahí afuera si no salías. Estoy a nada de subir al dormitorio de chicos para despertar a Potter o a Black que seguro lograran que se largue con todo y su pelo grasiento, si quieres evitar un buen relajo, será mejor que bajes…— le explicó. Al instante, Lily se puso de pie y se echó encima la bata de dormir.
—No despiertes a nadie, ya voy— anunció la pelirroja y acto seguido, salió del dormitorio, cruzó como un vendaval la sala común y atravesó en retrato de la Dama Gorda. Como Mary había dicho, Severus estaba ahí, se miraba nervioso y su mirada reflejaba el inmenso arrepentimiento que sentía por lo ocurrido esa tarde. Sin embargo, Lily ya había tomado una decisión.
—Lo siento— dijo Severus en cuanto la vio.
—No me interesan tus disculpas— le aseguró ella con la más fría de las voces; la misma, que a diario usaba para hablarle a James.
—¡Lo siento!— volvió a exclamar Severus, en lo que había dejado de ser una disculpa, para convertirse en súplica.
—Puedes ahorrártelas— respondió ella, desviando la mirada y cruzando los brazos sobre el pecho— Si he salido, es porque Mary me ha dicho que amenazabas con quedarte a dormir aquí— le dijo la pelirroja. "O más bien con llamar a Potter y a Black" pensó.
—Pues es verdad. Pensaba hacerlo— le aseguró el chico con convicción— No quería llamarte sangre sucia, pero se…— comenzó a explicarse.
—¿Se te escapó?— le cuestionó ella sin ninguna pizca de compasión— Es demasiado tarde. Llevo años justificando tu actitud. Mis amigos no entienden siquiera que te dirija la palabra— le espetó ella. Y sin necesidad de preguntárselo, Severus sabía que aquello era verdad. No era ningún secreto para él, que no era del agrado ni de Mary, ni mucho menos de Marlene— Tú y tus valiosísimos amigos Mortífagos…— le acusó ella. Severus bajó la mirada. Aún no había dado alguna respuesta a sus amigos con referencia a aquel asunto, pero no podía negar lo que Avery y Mulciber y muchos más en Slytherin comenzaban a ser— ¿Ves? ¡Ni siquiera lo niegas! ¡Ni siquiera niegas que eso es, a lo que todos aspiran a ser! Están deseando unirte a Quién-tú-sabes ¿verdad?— espetó la chica. Severus, quedó algo sorprendido, al darse cuenta de que Lily, estaba bien informada respecto a aquellos movimientos, acaba a de abrir la boca para decir algo, cuando se dio cuenta que no podía negar aquello. La respuesta era correcta, deseaba unirse a sus amigos, deseaba explorar aquellos terrenos de Magia Oscura que Lord Voldemort le iba a permitir conocer si se unía a su causa— No puedo seguir fingiendo. Tú has elegido tú camino. Y yo he elegido el mío— sentenció la pelirroja.
Severus la miró un par de segundos, antes de caer en la cuenta. Lily no hablaba de su amistad. Lily hablaba de la guerra. De la realidad que el mundo mágico estaba atravesando fuera de aquellas poderosas paredes. Lily Evans, la pelirroja de Gryffindor, la leona más letal, la sabihonda más hermosa. Lily Evans, la defensora del mundo. De repente, las palabras que cinco años atrás le había susurrado el viejo sombrero seleccionador a su mente, resonaron con fuerza y cobraron significado: —"Deseas seguirle, pero tú corazón, no está de acuerdo. Más que tú cariño, es tu ideal el que te mantiene, no te arrepientas, sigue tu camino. Toma buenas decisiones… ¡Slytherin!"—
—No…— susurró Severus, en un último intento, de tomar una buena decisión— Espera… No quería…
—¿No querías llamarme sangre sucia? Pero si es así como llamas a todos los que son como yo, Severus. ¿Dónde está la diferencia?— le preguntó ella. Pero sin darle tiempo para responder, Lily se dio la media vuelta y atravesó el retrato de la Dama Gorda, perdiéndose en la Sala Común de Gryffindor. Lo último que Snape alcanzó a murmurar, antes de que la línea que los unía se destrozara, fue:
—A ti te quiero…
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Una nueva semana llegó y con ello, una nueva ronda de exámenes. Aunque el fin de semana les había permitido tomarse su tiempo, los estudiantes habían continuado prensados a sus libros, mientras repasaban los temas, de las pruebas destinadas a esa semana. El lunes, todos los alumnos habían presentado la práctica de Pociones, en la que Severus se obligó a no mirar a Lily, igualando esfuerzos con James, que juró no aprobaría, si Lily absorbía sus pensamientos. Una hora después de aquel examen, Lily presentó las pruebas escritas de Aritmancia, mientras que por la tarde presentaba amabas pruebas prácticas, una tras otra.
El martes, James, Peter, Sirius y el mismo Severus, presentaron la prueba de Cuidado de Criaturas Mágicas escrita y prácticamente. Dejando el miércoles, la prueba de Astronomía para todos los alumnos, con su examen escrito por la mañana y la prueba práctica por la noche. Adivinación, fue presentada por Severus y la mayoría de los alumnos de Slytherin que no habían cursado la materia por gusto, sino por no apuntarse a Estudios Muggles.
Historia de la Magia atemorizó a los alumnos el jueves por la tarde y por la mañana, cuando se hubieron presentado las pruebas, que todos aseguraban no aprobarían, dado el profesor que les impartía la materia: el fantasma más aburrido, el profesor Binns. Para alegría de muchos, el viernes finalmente llegó y aunque se anunciaba una nueva prueba, a nadie le interesaba dado que por fin, se trataba de la prueba final.
La materia de Estudios Muggles convocó a James, Remus, Peter, Sirius, Lily, Mary y Marlene, que dieron lo mejor de ellos para aprobar con buenas notas.
:-:-:-:-:
Cuando el Quinto curso terminó, Lily Evans regresó a su hogar, deseosa de conocer los resultados de los exámenes TIMO, segura de que aquellas serían unas vacaciones un tanto aburridas sin Severus para distraerla y con la esperanza, de que la situación en el mundo mágico, cambiara. Su único buen recuerdo y su objeto de mayor importancia, fue una snitch dorada que había estado con ella desde el día en que rompiera lazos con Snape, hasta el día en que finalmente, descubriera lo que una vez al mes, pasaba de la enfermería al pasadizo oculto bajo las ramas del sauce boxeador. ¿Durante el siguiente curso, tendría el valor de revelarle a Remus que conocía la verdad sobre su condición y que le preocupaba que sus amigos se arriesgaran a llevarle hasta el sauce aquellas noches de Luna?
Los cuatro Merodeadores regresaron a sus hogares felices, porque Gryffindor había ganado la Copa de las Casas y porque el siguiente curso, se elegirían nuevos capitanes para los equipos de Quidditch. James, regresaba especialmente contento a casa, porque aquel último día, Lily le deseo unas buenas vacaciones, quizás, si el chico se esforzaba, su relación con la pelirroja también mejoraría.
Severus, volvió a casa a últimas fechas contento, porque durante aquel verano, Avery lo visitaría, para unirse oficialmente al círculo de Lord Voldemort.
¿Qué pasaría en el nuevo curso?
Continuará…
NOTAS:
*El recuerdo mencionado en la Orden del Fénix, fue incluido con un flash back extra, porque a mi parecer, había que tener más de una razón como estar aburrido para molestar a Snape. Dado que Sirius es el que explica aquel recuerdo a Harry, los sentimientos verdaderos de James son desconocidos, dada su muerte.
*Con deseos de mostrar un primer acercamiento pacífico entre James y Lily, la snitch dorada antes mencionada, cobra especial relevancia en este capítulo.
*¿Alguna petición para el sexto curso?
¡Muy buenas noches a todas! Bueno, pues, ¡LO SIENTO! Lamento mucho la tardanza con que este capítulo retoma la historia. Espero que no me hayan abandonado. Créanme cuando les digo que la inspiración y el tiempo, a veces escasean. Pero bueno… estoy aquí, de vuelta y con muchas ganas, de llevar este Fic a su final. ¿Me acompañan? De antemano, muchas gracias por leer y nos estaremos leyendo por aquí. ¡Saludos a todas! Y no olviden checar el capítulo 10 de esta historia, que fue, levemente editado.
GRACIAS A:
Evangante, Dulce843, Herm,isabelchan56
Con cariño, JulietaG.28.
—¡Levicorpus!—
