Lo Que Quede De Mi
Capítulo 10
"Como un sueño que se convierte en pesadilla"
Le dio un beso de refilón que el otro prolongó sujetándose como si le fuera la vida en ello "olvídalo" gruñó sobre sus labios, "nos quedamos, tenemos que acabar lo de antes"
Sam lo cogió como si fuera una chica subiéndolo a la mesa, introduciendo las manos bajo la camisa, desnudándolo con las manos y la mirada. "Lo que quieras Dean, te daré lo que quieras, sólo dime que quieres" sintiendo en la piel cada centímetro de la fisonomía de su hermano.
Sam se separó reticente del cuerpo dormido del mayor, si no se hubiesen quedado sin nada para desayunar ni se plantearía dejar allí al pecoso mientras iba a la tienda. Protegió las puertas y ventanas con sal. Se aseguró que sus trampas y símbolos de protección estaban correctos y con un último vistazo al espectáculo de un Dean dormido pacíficamente salió de la casa.
Anduvo calle arriba, la tiendo estaba cerca, era una tontería coger el Impala para comprar cuatro cosas. Volvió la vista atrás y la sonrisa se le heló en los labios al ver la intensa luz que salía desde dentro de la casa. Dio la vuelta a toda velocidad.
"No, no, no, no, no, no, no" era lo único que copaba su mente cuando tropezó y en lugar de intentar guardar el equilibrio, rodó sobre sí mismo sin parar de correr. Llegó a la casa, la puerta estaba cerrada. No atinaba a meter la llave en la cerradura así que abrió de una patada.
Todo parecía en orden, pero no se dejó engañar. Entró en el dormitorio y sus peores temores se confirmaron. No había rastro de su hermano.
- ¡NO! ¡JODER! ¡CASTIEL! ¡CABRÓN! ¡DA LA CARA!
- ¿Bobby te lo ha dicho? – el ángel había aparecido con un sutil aleteo, si Sam no hubiese estado tan furioso se habría dado cuenta de que algo no encajaba
El más alto de los Winchester dio un puñetazo en el rostro al compungido ángel, que no se inmutó. "Hijo de puta, ¿dónde te lo has llevado?" lo había cogido de las solapas del abrigo y pegaba su rostro crispado al del ángel. El castaño podía dar miedo cuando mostraba tal cólera.
- Aclárate Winchester – el ahora habitual compañero de fechorías del de la gabardina también estaba allí – Castiel no haría daño a tu hermano, debemos calmarnos y encontrarle.
- ¿Dónde lo tienes pedazo de cabrón? Dímelo o te juro que…
- Yo no lo tengo, ¿no te lo ha dicho Bobby? – Los ojos azules del ser celestial se clavaron en el muchacho comprendiendo – Fuiste tú, te lo llevaste tú y ahora has dejado que algo se lo lleve.
- ¡Si no le hubieses borrado la memoria esto no habría pasado! – Encima el maldito plumífero iba a hacerle sentir culpable
- Si no hubieses estado a punto de matarlo otra vez yo no me habría visto obligado a hacerlo.
- ¿CUÁNDO TE VA A ENTRAR EN LA CABEZA QUE ES MI RESPONSABILIDAD? – le gritó a escasos centímetros intimidándole a pesar de ser el otro mucho más poderoso.
- Cálmate chico – Balthazar separó al iracundo cazador de su compañero – eso no es lo que importa ahora, tú no lo tienes, nosotros tampoco y las alternativas no son buenas. Debemos encontrarle, está indefenso.
- Gracias a vosotros – masculló entre dientes el preocupado humano temblando por el esfuerzo de controlar su rabia.
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Se sentía tan bien en los brazos de ese gigante, protegido, en paz, con una calidez en el corazón que le impulsaba a besar el pecho desnudo de su amante cada vez que su aroma llegaba a sus pulmones.
Se recostó sobre los firmes abdominales del más joven, dibujándolos, bajando con el dedo hasta el vello púbico, rió al ver como el pene de Sam aún era capaz de darle la bienvenida. "Umm, ¿de qué te ríes?" gruñó el otro adormilado. "De nada, de que tu miniyo no parece dormido"
Los dedos enormes de Sam se enredaron en su cabello. Había protestado un par de veces porque decía que lo llevaba muy largo, aunque era bastante más corto que el del castaño. La daba igual, estaba tan bien. No le importaba no saber nada de él, tampoco es que supiera mucho de si mismo. Sólo sabía lo que sus sentidos le decían, y era que necesitaba al Winchester a su lado.
Se rebulló inquieto, hacía frío y la luz entraba en la habitación como si un enorme foco lo estuviese buscando.
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Cayó al suelo helado, clavándose la grava en las rodillas y las manos "¿grava?" abrió los ojos y se encontró en mitad de un fabuloso jardín. Se levantó y no dio crédito a lo que veía. Decenas de personas y personitas diminutas lo rodeaban armados con lanzas.
Boqueó incrédulo girando sobre sí mismo. Debía estar soñando.
- Bienvenido cazador – un extraño hombrecillo vestido con traje verde y chistera se rió al ver su confusión – tú no sabes quién eres ni que haces aquí, pero pronto lo sabrás, el amo lleva esperando por ti desde que huiste
- ¿Castiel?
- ¿Ese ángel bobo? No muchachito, nuestro mundo está fuera de su alcance – Había distraído al humano para que una docena de gnomos consiguieran apresarlo, aún recordaban las bajas que tuvieran en la última visita del cazador.
Las bobinas de hiedra que llevaban las pequeñas criaturas se enredaron en brazos y piernas del rubio inmovilizándolo. "¿Qué demonios? ¿Qué pasa aquí? ¿Quiénes sois?"
- Muchas preguntas Winchester
- ¿Winchester?
- OH, vaya, olvidé que estás amnésico, verás muchacho, tu nombre es Dean Winchester, y si, te has estado tirando a tu hermano – rió la malévola criatura.
Continuará...
