La Reina de la Nieve

por Jade Haze

Capítulo 11

.

.

.

.

Los globos y papelillos de colores que llenaban la sala contrastaban con el cielo nublado y la nieve que se aferraba a las ventanas. Afuera era un día gris, pero dentro de su casa, se celebraba una fiesta. Frente a ella estaba colocada una enorme tarta de frutas con algunas velas encendidas. Se sentía estúpida con el pequeño gorro de cumpleaños, pero Rei le había exigido que se lo pusiera y Ranma se había divertido toda la tarde tomándoles fotografías.

Hacía cinco semanas que había vuelto de América y las cosas estaban en una aparente tranquilidad tan impasible que la inquietaba. Kento no había llamado, los negocios iban bien, Rei parecía más alegre, y si bien Ranma había insistido en verla casi todos los días, nunca era con una intención que fuera más allá de pasar un rato agradable y amistoso. Su nana y él cada vez eran más cercanos y se divertían uniendo fuerzas para hacerla rabiar. La nieve que caía sobre Japón no le parecía tan triste como en años anteriores. El frío ya no era tan crudo cuando estaba cerca de Rei y de Ranma. Todo estaba tan tranquilo, que le perturbaba. Algo en su corazón le decía que de un instante a otro el espejismo de una vida normal se rompería en pedazos.

—¡Momento de abrir los regalos! — dijo Rei mientras aplaudía emocionada —Primero el mío.

Akane tomó una caja y la abrió para sacar una larga bufanda color blanco. Se la enredó en el cuello y le sonrió.

—Gracias, es muy bonita.

Rei la miró con ternura. Poco a poco se iba pareciendo más a su Akane, aquella niña amable y sonriente.

—Ahora el de Ranma —dijo Rei mientras volteaba a ver al aludido con complicidad.

Su regalo estaba en una pequeña cajita color azul. Ranma pudo notar cómo sus manos temblaban mientras la sostenía. Vaciló unos segundos antes de desatar el moño blanco y tomar el obsequio entre sus dedos: un pasador para el cabello. Era largo, dorado y en un extremo tenía una mariposa. Lo puso en la palma de su mano para verlo mejor. Miró a Ranma a los ojos y antes de que pudiera decir algo él lo tomó, pasó un mechón de su cabello por detrás de la oreja y colocó el pasador.

—No importa que hayas nacido en invierno— le dijo sonriente —deseo que para ti siempre sea primavera.

Ella lo miró con emoción contenida en sus ojos. De pronto tenerlo ahí, a su lado, le parecía tan natural, como si él hubiera sido parte de esa fotografía desde siempre. En ese instante Akane, que había decidido no creer más en la felicidad, se sentía la mujer más dichosa sobre la faz de la Tierra.

.

.

.

.

/1/

Se sentía nervioso.

Acudió a la primera cita con Izumi Sato por insistencia de su madre, sólo para complacerla y que dejara de molestarlo. La verdad es que se había predispuesto a despreciar a la chica de la manera más horrenda, pero en cuanto la conoció, sus planes se vinieron abajo.

Izumi era una chica hermosa, con unos impresionantes ojos verdes y piel aceitunada. Tenía el cabello más corto que en la fotografía que había visto, pero sus mejillas eran igual de rosadas y su sonrisa era igual de agradable. Era alta y aunque no le sorprendía mucho, tenía que admitir que tenía un cuerpo muy bonito. Lo más impresionante es que, contrario a lo que esperaba, era una joven inteligente y con un gran sentido del humor.

Descubrió también que tenían intereses en común. El hermano de Izumi practicaba artes marciales y aunque ella nunca logró aprender, disfrutaba de los combates y las películas de acción. Cuando era adolescente —le platicó— leía mangas para chicos, y los disfrutaba más que los que eran para chicas. Entendía sus bromas y reía a carcajada suelta con ellas, incluso le gustaba la misma comida que a él. En resumidas cuentas, Izumi Sato y Ranma Saotome eran la pareja perfecta.

Pero Ranma era sincero consigo mismo y entendía que Izumi era sólo la amiga perfecta. Sentía por ella una empatía similar a la que sentía por Ukyo. Era divertido estar con ella, era una chica bonita, pero no lo enloquecía. Conforme pasaron los días habló de frente con ella, asegurándole que si volvían a salir, era sólo en calidad de amigos. Izumi, algo afectada, le preguntó si había alguien más en su vida. El prefirió decir que simplemente no tenía la intención de encontrar una esposa por el momento.

Si ya había dejado en claro que eran sólo amigos, no entendía porqué se sentía tan nervioso. Estaba conduciendo el automóvil rumbo al club donde se celebraría la fiesta de cumpleaños de Izumi. Ella venía a su lado, retocándose el maquillaje. Le había insistido durante toda la semana que aceptara ir con ella como su "pareja". Él trató de convencerla de que se lo pudiera a cualquiera de sus otros amigos, pero ella le dijo que todas morirían de envidia si él, Ranma Saotome, el gran artista marcial, era su acompañante. Nada de compromisos, sólo tendría que acompañarla. Al final su ego lo venció y terminó por aceptar. No podía decir que no cuando una chica le rogaba.

Entonces no lograba comprender porqué lo embargaba esa sensación de estar haciendo algo indebido mientras Izumi sostenía su brazo para entrar al lugar. No tenía intenciones con ella, ni ella con él —o al menos eso esperaba— y tampoco tenía una relación formal a la cual tuviera que rendirle cuentas.Tal vez el hecho de no habérselo mencionado a Akane ni a Ukyo era lo que le tenía los nervios de punta.

—¿Ves a la chica de vestido azul? —le dijo Izumi al oído.

—Sí— contestó Ranma.

—Me robó a mi novio en la secundaria.

—¿Y porqué la invitas a tu fiesta de cumpleaños? — preguntó extrañado.

—Es hija de un gran amigo de papá, tenía que invitarla. Vamos— lo tomó del brazo y lo llevó hasta la puerta.

Después de algunas innecesarias presentaciones, pláticas aburridas y un par de copas, Ranma se dejó caer sobre uno de los sillones iluminados. Lo que más deseaba era que el tiempo pasara deprisa. No es que no le gustara la compañía de Izumi, pero la verdad es que la gente comenzaba a aturdirle y al parecer su concepto de diversión había cambiado. Le parecía, además, que la gente a su alrededor sólo hablaba de cosas vacías y estúpidas. Miró la pantalla de su celular… ¿Y si la llamaba? ¿Qué estaría haciendo?¿No sería mejor ir al supermercado, comprar fruta y pan y llegar a pasar una noche agradable con Akane y Rei? Akane… no le había dicho que estaría ahí, pero tampoco era como que tuviera que decirle dónde estaría todos los días. Ella no le exigía nada, y a veces incluso parecía no tener interés por saber de él. Ranma podía dejar de llamarla por días, esperando que ella tomara la iniciativa, pero al final rendirse y volver a llamar. Era justo lo que quería hacer. Quizá enviarle sólo un mensaje de texto con alguna broma estúpida que se le ocurriera. ¿Qué estaría haciendo? ¿Dónde estaría…?

Al principio pensó que era una alucinación, que lo que veía era sólo producto de su imaginación que la estaba evocando, pero le costó sólo un par de segundos darse cuenta de que no era así, que lo que veía era real y peligroso. Justo en la entrada del bar Izumi abrazaba emocionada a Ryoga Hibiki quien venía acompañado de Akane. A primera vista le costó reconocerla porque se había maquillado un poco más de lo normal y el vestido era más corto que los que ella solía usar, pero esa chica no podía ser otra más que ella. Se levantó rápido del sillón y se escondió tras un muro falso. Se sentía estúpido, pero no podía dejar que Akane lo encontrara ahí.

—¡Aquí estás! — le dijo Izumi al encontrarlo. —Ven, hay alguien a quien quiero presentarte.

—¡No! —dijo Ranma soltando su mano —es decir, no… no me siento muy bien.

—¿De verdad? ¿Qué te pasa?

—Creo que… tengo una jaqueca.

—¿Quieres que te consiga alguna pastilla?— preguntó Izumi consternada.

—No, no —agitó las manos frente a sí— me quedaré aquí hasta que pase… no, es más, saldré a tomar un poco de aire fresco, ¿si? volveré en un rato y estaré mejor.

—Bueno… si tu quieres.

Ranma llegó hasta la salida escondiéndose entre las paredes y la gente. ¿Ahora qué haría? ¿Cómo saldría de ahí? Jamás se imaginó, ni por asomo, que Hibiki sería amigo de Izumi Sato… ¡y mucho menos que llegaría a su fiesta de cumpleaños acompañado de Akane! Si pensaba encontrárselos en un lugar, definitivamente no era ahí. Tenía que salir de ahí pronto antes de toparse con cualquiera de los dos.

/2/

Akane estaba sentada en la barra del bar, con una pierna cruzada sobre otra y jugando con el vaso que tenía en sus manos. El ambiente no le apetecía y había pasado un mal rato tratando de ahuyentar a los hombres que se le acercaban. Ni siquiera sabía porqué estaba ahí. Ryoga le había insistido en que lo acompañara a la fiesta de una ex compañera de la universidad. Un ratito y ya, sólo para ir a felicitarla. Aunque en un principio se negó, al final accedió a ponerse el vestido negro de mangas largas y falda corta. Por supuesto, nunca imaginó que ella en realidad ya conocía a Izumi, por lo menos en fotografía. En la imagen le pareció una chica linda, pero en persona era realmente encantadora, y ahí estaba, en medio del montón de personas que celebraban su existencia —o pretendían hacerlo— alrededor de ella.

—¿Akane? ¿Akane Tendo?

Un chico de cabello oscuro la sacó de sus pensamientos. Al verlo directamente le pareció familiar, pero no lo suficiente para reconocerlo.

—Ho-hola.

—¡Vaya! ¡Hacía tanto tiempo que no te veía! ¿Cómo te ha ido? ¿Me recuerdas?

—Sinceramente no— dijo apenada.

El chico soltó una carcajada.

—Yahiro Kato, de la escuela secundaria.

—¡Ah! —exclama Akane con una fingida sonrisa —Ya recuerdo.

—¿Qué ha sido de ti? ¿Eh? — le dio un golpecito en el hombro— ¿Has estado bien? ¿A qué te dedicas?

—Bueno… dirijo una empresa —contestó Akane sintiéndose incómoda.

—¡Wow! ¿Una empresa? ¿La de tu padre? ¿Estás trabajando con él?

—No… era la empresa de mi…

—… de su ex esposo— contestó una voz femenina antes que ella.

Akane conocía esa voz, parecía sacada de sus más horrorosas pesadillas. Es suave como terciopelo, pero al mismo tiempo tan filosa como una daga. No pasó mucho tiempo antes de que se diera cuenta de quién era. Ya no llevaba el cabello largo, ni púrpura, ahora lo tenía negro y corto. Pero los ojos color granate seguían siendo los mismos, seguían calándole lo más profundo de sus entrañas.

—¿De su ex esposo? —preguntó el chico asombrado —¿Estuviste casada?

—Me sorprende que no te hayas enterado— dice la chica de ojos rojos —fue el matrimonio más anunciado de todos los tiempos. Es una lástima que haya terminado en desgracia, ¿Verdad, Akane Miura? ¿o debería llamarte Akane Tendo?

—Shampoo…— dijo Akane en un pequeño susurro.

—¿Ya se conocían? ¡Qué pequeño es el mundo! ¿no? Shampoo…

—…Hsueh— terminó Akane.

—Sí, Hsueh. Ya sabes— contestó el chico animado— es la amiga de un amigo de un amigo de una amiga. Está de visita por primera vez en Japón y yo la he salvado del aburrimiento. ¿No te parece que habla un excelente japonés para ser china?

Akane sólo podía mirarla a los ojos fijamente. Agradeció estar sentada, porque sus piernas habían perdido toda la fuerza. De pronto el lugar le pareció muy pequeño y el aire muy escaso.

—Ha pasado mucho tiempo, Akane.

—¡Atención! ¡Atención!— la música se interrumpió para dar paso a la voz de Izumi, quien estaba por encima de una plataforma con una botella de champaña en las manos.

—Quiero hacer un brindis por todos los que están aquí presentes y muy en especial a mi nuevo amigo, Ranma Saotome. —Izumi le hizo una señal para que fuera junto a ella. Ranma había estado escondido tras un muro, pero ya de nada le servía hacerlo. Caminó al lado de Izumi, quien le tomó del brazo. De entre la multitud pudo distinguir primero a Ryoga que lo miraba con una ceja levantada y una expresión burlona. Después a Akane, quien permanecía sentada en la barra del bar, con los ojos sobre él y los labios entreabiertos. Desde su posición la vio palidecer, quiso correr hacia ella pero Izumi lo tenía afianzado mientras continuaba con su discurso.

—¿Estás bien, Akane? —preguntó Yahiro.

—Parece que el alcohol le ha hecho mal, voy a llevarla a respirar algo de aire fresco—dijo Shampoo para después tomarla por el brazo y sacarla del lugar.

Akane caminaba a la par de Shampoo quien la sujetaba fuertemente por el brazo. Daba pasos sólo por inercia, por la fuerza que la china ejercía en su agarre, de otro modo se habría desplomado ahí mismo. Estaba blanca como si hubiera visto un fantasma, los labios se le habían resecado y tenía un gusto amargo en la boca.

—Pensaba encontrarte en la compañía, tu amigo Kento quiere que trabaje para Miura ¿No te parece divertido? ¡Como en los viejos tiempos!

—Pero encontrarnos antes de eso… ¡Es el destino!

Akane sentía que el aire le faltaba. Durante todo ese tiempo pensó que si la volvía a ver, estaría preparada. Había tornado su corazón en acero, para soportar el dolor si ella regresaba. Pero estaba equivocada, no era fuerte. Incluso su cuerpo se resistía a serlo. Si Shampoo la soltaba en ese momento caería sobre el pasto verde como una muñeca de trapo.

—¿Cómo ha ido la compañía? —decía Shampoo mientras la jalaba con violencia —¿Te has dado la gran vida disfrutando de los millones de Saadaki?

—Veo que la soltería te va muy mal —continúa— estás más flaca que nunca, y ¿qué significa ese cabello? Tus piernas me dan lástima ¿cómo te atreviste a salir con ese vestido? ¡Ya veo porque Saadaki prefería buscar mejores opciones!

Seguían caminando, pero Akane no podía pronunciar palabra alguna ni oponer resistencia.

—¿Sabes cómo te decía? "La niña frígida"— rió — ni siquiera lográbamos entender cómo quedaste embarazada. ¡No sabes cuánto nos reíamos de ti! Creer que un hombre tan atractivo como él preferiría a una niñita como tú cuando tenía la posibilidad de estar con una mujer de verdad.

—Ya… basta— consigue pronunciar Akane en un hilo de voz.

—En fin, nada de lo que haga o diga me lo va a regresar, ¿verdad?— la jaló del brazo con fuerza —Debes saber que mi regreso a Japón no es casual.

Shampoo se colocó frente a ella. La miró con todo el odio que había acumulado durante años y sintió ganas de golpearla hasta que pidiera piedad, pero no era el momento.

—He venido por lo que nos corresponde—dijo —a mí y a mi hijo. A nuestro hijo.

—Tú… y ese… pueden irse al infierno— dijo Akane con dificultad.

Shampoo reaccionó de inmediato. Le dio una bofetada que la mandó al suelo. La ira dentro de ella se acrecentaba y estaba a punto de perder los estribos.

—¡Fuiste tú quien lo separaste de nuestro lado!— gritó.

Akane se quedó sentada en donde había caído. No tenía fuerza para ponerse en pie.

—¡Tú no eres y nunca serás suficiente mujer para nadie! Y ése será tu castigo, ningún hombre te amará, ¡nunca! Él jamás te amó, se casó contigo sólo por guardar las apariencias, estaba perdidamente enamorado de mí y luego tú llegaste y lo apartaste de nuestro lado. ¡Eso pasará contigo! Cualquier hombre al que ames se alejará de ti, siempre, porque no mereces ser amada, ¿entendiste?

Akane miraba al vacío. De repente sonrió, una sonrisa amarga.

—Si el te amó a ti… ¿No te es eso suficiente? Nunca me amó a mí, eso ya lo sabía. Se casó conmigo porque le convenía… ¡Ya lo sé! Tú ganaste, ¿no es suficiente para que me dejes tranquila?

—Mi hijo y yo necesitamos el dinero.

—¡El dinero! —Akane rió con amargura —¡Siempre el dinero!

—Te advierto que esto no se quedará así. Estoy hablando con abogados. Voy a hacer lo que tenga que hacer. Pero vas a darme lo que es mío.

—¡Akane!

Shampoo volteó en dirección hacia la entrada del club. Ranma reconoció a Akane aún en la obscuridad. Después del discurso de Izumi se vio rodeado de personas que preguntaban si tenían algún plan por formar una relación y tardó algunos minutos en deshacerse de la muchedumbre. Salió corriendo para buscarla. Vio su rostro, estaba pálido. Era una expresión que no había visto nunca, una expresión que lo asustó. Para cuando llegó junto a ella, Shampoo la estaba ayudando a levantarse.

—Pobrecilla, parece que iba a desmayarse… la saqué para que tomara aire— dijo Shampoo con fingida preocupación.

—¿Akane? ¿Akane, estás bien?— Ranma la asió por los brazos.

—La dejo contigo, tengo que irme, cuídala bien— dijo Shampoo antes de correr y perderse en la penumbra.

—¿Akane? — Ranma la llamó mientras la sacudía. Ella aún tenía la mirada perdida y el cuerpo inestable.

—Déjame— dijo soltándose de su agarre. Su voz era débil.

—¿Estás bien? ¿Quieres que te lleve al hospital? —preguntó Ranma consternado.

Pero Akane sólo dio la media vuelta y avanzó hacia la calle principal. Ranma trató de atraparla de nuevo por el brazo, pero ella logró esquivarlo. Comenzó a correr por la acera, sin hacer caso de la nieve que estaba empezando a caer. Ranma iba detrás de ella, gritando su nombre, sin imaginarse siquiera lo que acababa de pasar. De pronto Akane se detuvo abruptamente. Él la miró desde unos metros atrás. Ambos se quedaron inmóviles. Ranma sólo podía ver los copos de nieve cayendo sobre su cabello y su vestido negros. Akane se dejó caer sobre el asfalto, sus piernas no tenían más fuerza para seguir, respiraba como si le faltara el aire y se apretaba el pecho con las manos. Ranma se quedó estupefacto. Corrió hacia ella y dobló sus piernas para quedar a su altura.

—Akane, Akane, ¿qué tienes? ¿estás bien?

Pero ella no contestó. Restregó las manos sobre su rostro.

—Te llevaré a un hospital— dijo Ranma tratando de cargarla, pero ella lo alejó.

—No iré a un hospital.

—¡Por kami, Akane dime que te pasa!

—Estoy bien— dijo tratando de incorporarse sin éxito.

Ranma se sacó la chaqueta y la colocó en sus hombros, esta vez ella no la rechazó. Tenía frío, pero sabía que no era provocado por la nevada que acababa de comenzar.

—Entonces te llevaré a casa.

—No quiero ir a casa— dijo Akane mirándolo a los ojos —No quiero ir… a casa.

/3/

Lo primero que hizo al entrar al departamento de Ranma fue encontrar un sillón para desplomarse sobre él. Ranma fue a la cocina y al volver le trajo una botella con agua mientras el té estaba listo. Akane la recibió en sus manos, pero ni siquiera la miró, ni hizo intento por abrirla. Sólo se quedó mirando al vacío, a las paredes transparentes por donde se veían las luces nocturnas de Tokio. Ranma se sentó a su lado, dejando un espacio considerable que los separaba. Él también estaba aturdido.

El silencio era incómodo, absurdo. Era una de las pocas ocasiones en las que Ranma se había quedado sin palabras. En otras circunstancias, si ella no hubiera estado actuando de una manera tan extraña, si no hubiera tenido tanto miedo de lastimarla, habría tenido algo que decir. Quizá una tontería, algo que la hiciera enojar, pero no le parece que sea lo más atinado en ese momento. No tiene nada que decir. Ni siquiera sabe qué es lo que pasa.

Akane sintió un cosquilleó en las mejillas y su vista se nubló cuando el agua le inundó los ojos. Sabía que había llegado. Un llanto que reprimió por muchos años estaba a punto de liberarse. Sólo era cuestión de que parpadeara para que la primera lágrima rodara por su mejilla. Mantenía los ojos tan abiertos como podía para evitar lo inevitable, pero se cerraron en un parpadeo y una gota de agua inició su camino, mejilla abajo. Trató de ser fuerte, pero el cosquilleo no sólo estaba en sus mejillas, se había extendido hasta su garganta y fue así como supo que había perdido la batalla. Entonces, como bombas que caen desde el cielo en plena guerra, sus lágrimas comenzaron a rodar. Intentaba detenerlas con sus dedos, pero ya era demasiado tarde. Eran más de lo que ella podía controlar. Apretó sus labios, cerró sus ojos con fuerza, pero ni así pudo evitar que su boca se abriera para dejar escapar unos sollozos. Después de la primera lágrima el llanto se volvió imparable. Apretó sus manos contra el rostro. Estaba avergonzada, siempre le había avergonzado llorar frente a otras personas, pero no podía evitar llorar con desesperación. Todo dolía demasiado como para preocuparse por la vergüenza. Todo dolía demasiado, especialmente los recuerdos.

Ranma observó todo como si lo hubiera estado viendo en cámara lenta. Desde el momento en que sus gestos comenzaron a cambiar, cuando llevó los dedos a sus ojos, cuando apretó sus labios, cuando comenzó a temblar. Veía cómo se elevaba su cuerpo cada vez que tomaba aire entre sollozos. Sintió las manos congeladas, tiesas, inútiles. Sintió su corazón arder y partirse. Odiaba ver llorar a una persona, especialmente cuando era una mujer. Especialmente cuando era tan linda. Especialmente cuando era Akane.

En un incontrolable impulso, la abrazó. Akane estaba rígida bajo él, tenía miedo de levantar el rostro, de abandonarse y hacerlo partícipe de su desdicha. Ahora era una chica débil, su imagen de mujer dura y fuerte se había derrumbado. Ella también podía llorar.

Ranma la abrazó con más fuerza, con toda la que le era posible para transmitirle su calor, tratando de no lastimarla. Su corazón estaba desbocado, sus sentimientos habían creado una maraña en el fondo de su pecho. Lo volvía loco la emoción de tenerla entre sus brazos, aún sin que ella lo admitiera del todo, pero sin oponer resistencia. Lo encolerizaba saber que estaba llorando y no entender la causa, preguntarse si quizá él era el culpable de sus lágrimas. Sabía que algo le dolía, pero no sabía si podía sanarla. No podía mas que ofrecerle sus brazos, su consuelo.

Y cuando ella hundió el rostro en su pecho sintió que moría. Cuando ella relajó su cuerpo para que pudiera abrazarla con toda libertad, sintió que enloquecía. Su llanto no aminoró, pero ya no lloraba en sus manos, lloraba contra su pecho. Ahora temblaba entre sus brazos, sus lágrimas humedecían su camisa. Ella lo aceptaba. Pasaba una de sus manos sobre su cabello, una y otra vez, como si estuviera consolando a una niña que acabara de rasparse la rodilla. No sabía qué decir, no sabía qué hacer para que las lágrimas pararan.

La camisa ya estaba empapada, pero ella seguía aferrándose a su pecho. Se mantuvieron en esa posición mucho tiempo, mientras él esperaba que el llanto cesara. Poco a poco sus lágrimas dejaron de salir, pero Ranma seguía apretándola contra su cuerpo. Habían pasado más de veinte minutos, pero para él había sido un instante, un solo segundo. Akane mantenía los ojos cerrados, había parado de llorar, pero no quería separarse de él. Su dolor era menos cuando sentía las manos acariciándole el cabello, por segundos incluso pudo olvidar la razón de su llanto.

Cuando ella trató de separarse de él, Ranma la atrajo de nuevo a su pecho. Si por él hubiera sido —y si las piernas se lo hubieran permitido— se habría quedado así con ella por toda la vida. Akane ya no estaba rígida bajo sus brazos, pero no tampoco se movía. Podía sentir su respiración cálida atravesándo la tela de su camisa.

Akane subió el rostro para encontrarse con el de él. Sus ojos estaban hinchados y las lágrimas habían formado pequeños caminos en sus mejillas. Estaba despeinada y el color de su labial había desaparecido, ya no tenía uno de sus aretes. Sus labios temblaban. Se acercó cada vez más, levantando el rostro hacia el de él. Nunca había soportado lo bello de sus ojos, tan azules que le recordaban el cielo de primavera, el mar infinito, los zafiros que descansan en las manos de la realeza. Él la miraba intrigado, con un montón de cosas que quería decirle, pero que se quedaron atrapadas en su boca cuando ella lo besó. Fue un beso pequeño, húmedo, inseguro.

—Akane…— susurró antes de ser el quien tomara sus labios.

Se inclinó sobre ella para que quedara bajo su cuerpo. Akane rodeó su cuello y él estrechó su delgado cuerpo entre sus brazos. La besaba con una intensidad reprimida por mucho tiempo, y Akane lo correspondía con semejante ímpetu. En un instante ella ya estaba desabotonando la camisa del chico y arrojándola lejos. Él bajó sus besos hacia su cuello, y sus pequeños hombros. Akane soltó un suspiro. De pronto el está abrazando su cintura, bajando sus manos por su cuerpo.

—Eres hermosa— le dijo en un susurro —la más hermosa del mundo.

—No hables… —le dijo Akane en una voz que no hubiera escuchado más que él aunque la habitación estuviera repleta de gente —…no hables, por favor.

Pero él quería hablar. Quería decírselo. En el momento en que ella lo besó, supo que tenía que decírselo. Que era la mujer más bella que había visto en su vida, que no podía sacarla de sus pensamientos, que no importaba cuántos días pasaran, si ella le daba una oportunidad…

—Sólo hazlo como lo haces con las otras mujeres y ya— le dijo Akane con una voz lastimosa.

Ranma interrumpió sus besos. La miraba a los ojos con incredulidad y al ver que ella no decía nada más su rostro se llenó de una profunda decepción, de angustia, de furia. Entonces una ira ciega se apoderó de él, la ira de saber que después de tantas cosas y después de tanto tiempo aún lo subestimaba. Que si ella quería ser una de sus "mujeres" entonces significaba que para ella sólo sería otro de sus "hombres". La jaló del brazo y la llevo a la habitación. Ella no protestaba, solo le seguía al ritmo que podía, tratando de no tropezarse con los muebles. Él abrió la puerta de la recámara y la lanzó contra la cama. Akane soltó un quejido, pero esto no lo detuvo. Él encontró el cierre de su vestido y lo rompió, aunque no se lo quitó del todo. Se colocó sobre ella y la besó tan fuerte que Akane creía que le haría sangrar los labios. Ella no podía oponer resistencia… lo deseaba. También lo deseaba. Pero no quería escucharlo. No quería que le dijera nada de lo que después se pudiera arrepentir. Así, sin palabras, todo era mejor. No esperaba besos tiernos ni caricias dulces, lo único que quería era que la tomara, que le demostrara en ese momento que la deseaba. Sabía que él estaba molesto, furioso y lo confirmó cuando de pronto los besos que habían llegado hasta el inicio de sus pechos se detuvieron. Ranma se separó de ella y le dio la espalda, se pasó las manos por el cabello y, sin mirarla a los ojos o dirigirle una sola palabra, salió de la habitación maldiciendo por lo bajo.

Akane se quedó sobre la cama, descalza y con el vestido roto, el cabello revuelto y la ansiedad ardiéndole en las manos. Quería ir tras él, pero tenía miedo. ¿Sería capaz de escucharlo? ¿De qué tiene miedo? No quería escuchar sus palabras dulces, porque sabía bien que toda dulzura podía convertirse en amargura. Porque si lo dejaba hablar en ese momento todo lo que él dijera se grabaría en su memoria para siempre y todas las noches iría a la cama recordando su mirada y cada una de las bellas palabras que le había dicho.

Salió de la habitación para buscarlo. Estaba de espaldas hacia ella, con los brazos apoyados sobre una mesa y la cabeza baja. Aunque sus pisadas eran suaves y casi imperceptibles, Ranma sabía que estaba ahí, pero no quería voltear. No tenía el valor para enfrentarla sin estar seguro de que no explotaría. No quería escuchar nada más. No quería voltear porque estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por contenerse y no volver a ella para terminar lo que había empezado, porque sabía que la lastimaría, sabía que podía saciarse de ella de la manera más vil si el deseo lograba cegarlo por completo.

Fue ella quien rompió el silencio.

—Es todo lo que puedo darte.

Ranma no se movió. Akane seguía observando su espalda marcada. Los bóxer se asomaban por encima de los jeans, la trenza color carbón caía sobre su hombro.

—¿Es todo lo que puedes darme? —dijo y soltó una risita amarga —Entonces no lo quiero, no quiero nada de ti.

En su locura encontró el tono más hiriente para decírselo, lo que fue como un golpe para Akane. De pronto se sentía muy estúpida. Por supuesto que no querría nada de ella, porque no tenía nada. No tenía mas que un cuerpo de piernas cortas, de pechos pequeños. No tenía más que una cabellera deshecha, un vestido rasgado, unos ojos que no lloraban, una boca que no decía palabras dulces. No tenía más que unos pies descalzos y fríos y una historia triste. Nadie nunca querría algo de ella. Dio la media vuelta para salir corriendo de ahí, pero no pudo avanzar porque él la abrazó por detrás. Sus fuertes brazos le rodeaban la cintura. Recargó la cabeza en el hombro desnudo de Akane, demasiado cerca de su oreja, lo suficiente para que pudiera escuchar sus palabras con suficiente claridad.

—Perdóname—dijo antes de cerrar los ojos— No sabes cuánto te deseo. No sabes cuánto me muero por besarte, por hacerte mía.

Akane sintió un pinchazo en el vientre y un hormigueo subir desde los pies hasta la cabeza. Le ordenó a su cuerpo que no comenzara a temblar, a sus ojos que no se cerrasen, a su mente que no se hiciera ilusiones, a su corazón que no latiera tan rápido, pero no podía evitar nada de ello.

—Pero tú no eres como las otras mujeres.

Le rogaba a sus piernas que no le fallaran, que resistieran hasta el final del camino.

—Por eso no me pidas que sea igual contigo. No te entregues a mí si para ti voy a ser otro hombre.

.

.

CONTINUARÁ

.

.

Notas:

O-M-F-G! Estoy tan enojada con todos pero en especial con Akane, chica… ¿¡por qué eres tan cruel!? No se a ustedes pero a mí se me rompió el corazón (¿es normal que a una se le rompa el corazón con su propia historia?) con nuestro pobre, pobre Ranma… ya basta de tanto maltratoooooooooo.

Ok, debo guardar la compostura.

Los que deben estar enojados/as conmigo son ustedes… Mira que han pasado un montón de meses desde que subí el capítulo 10, pero no tienen idea de lo difícil que fue sacar adelante el 11. No fue pereza, ni falta de inspiración, es que estaba equivocada. Hace unos días me decidí a publicar "Warabigami" (mi nueva historia, pásate a leerla) porque sentía que me moría en vida. Necesitaba escribir, volver al fan fiction, que la escritura se volviera de nuevo una rutina en mi vida cotidiana como lo era hasta hace ocho meses. Al publicar volví a sentirme VIVA, creativa y el apoyo de mis antiguas lectoras y escritoras me hizo replantearme las cosas de nuevo. Lum (mil gracias, nena) en especial dijo la palabra que me sacó del hiatus "re-orientar", justo después de leer su comentario en mi otra historia me puse en acción… ¡ERA LO QUE NECESITABA! Reorientar la historia. El capítulo no estaba funcionando como lo tenía, entonces ¿qué debía hacer? BORRAR TODO Y EMPEZAR DE NUEVO. No me importó dejar 13 páginas de lado, lo borré (de verdad lo eliminé, a pesar de que había cosas que me gustaban mucho) e inicié todo desde un principio. El viernes me pasé nueve horas (una de descanso) escribiendo este capítulo como una maniática. Después de dejarlo enfriar unas horas lo releí, hice las correcciones pertinentes y AQUÍ ESTÁ, aleluya.

Debo agradecer a todas las personas que estuvieron al pendiente durante todo este capítulo. Como ya ha pasado mucho tiempo creo que no tiene sentido que conteste sus reviews, pero a partir de este cap vuelvo a las andadas, las publicaciones mensuales y la atención que se merecen… ¡Muchas gracias!

(Por cierto, Javi, si de casualidad estás leyendo esto por favor déjame una forma para comunicarme contigo mujer que te he buscado como no tienes idea, cuando leí que me dejaste un comentario salté de felicidad, pero no me dejaste nada para responderte u_u )

Sobre el capítulo, ¿cómo ven? En lo personal me gusta mucho el personaje de Izumi. Por lo general vemos que nuestros protagonistas playboy tienen a su alrededor una bola de mujeres buenotas pero vacías y estúpidas. Izumi no es así, al contrario, no hemos visto mucho de ella pero me gustaría que el personaje se desarrollara más ¿Creen que esto cause problemas a nuestros chicos? Ustedes saben que mi pareja de toda la vida será Ranma & Akane, pero creo que un poco de drama con este personaje no vendría nada mal. ¿Qué opinan?

Debo comentarles desde este momento que el siguiente capítulo lo publicaré en FF . net en una versión NO LEMON. ¿Por qué? Porque las políticas de FFnet así lo establecen, nada de contenido sexual explícito. Peeero eso no quiere decir que no habrá LEMON. En mi blog estaré publicando la versión +18 (lol) del capítulo, así que en cuanto vean el capítulo 12 arriba se lo pueden leer aquí en una versión soft o pueden ir a jadehaze . blogspot. com. De igual manera siempre paso mis escritos a formato .pdf —para ser sincera odio el formato web de ffnet, así que los guardo en .pdf con tipo de letra Baskerville que es súper agradable y cómoda para leer—, así que se los podría enviar una vez que estuviera listo, sólo necesitarían dejarme en una review o comentario en mi blog su e-mail —recuerda omitir la arroba, por ejemplo juanperez(arroba) porque creo que ff. net no publica direcciones.

En fin, ya me extendí mucho pero es que extrañaba estos lugares. Como siempre agradezco todo el apoyo y la atención y espero que este capítulo sea de su agrado. Cualquier comentario será bienvenido, recuerden que pueden suscribirse para que les lleguen las alertas cuando se suba un nuevo capítulo y… bueno, creo que es todo, nos vemos :*

J