La mayor parte de estos personajes han sido creados para nuestro disfrute por Charlaine Harris, alguno, menor, ha sido sacado del fanfic del sr. Ball, y hay por ahí uno que es sólo mío.
Este capítulo tiene contenido sexual, lo que era de esperar teniendo en cuenta como lo dejé al final del anterior, claro, pero aviso por si acaso, que no pille a nadie desprevenido. También debería decir que le estoy cogiendo el gustillo a esto...
11.
¿Qué...? ¿"Nos vamos a mi casa", como en "nos vamos a mi casa y te voy a comer viva"...? Empecé a temblar. No podía ser, no, sí, sí podía ser y sí, por Dios Santo, sí quería. Pero, de repente, me asusté y dejé de ser la Sookie valiente y fresca que se había tirado en brazos de su vecino y se había dejado manosear contra un árbol mientras él se restregaba contra ella. Sí, eso resumía bastante bien lo que había pasado los últimos minutos. Su boca, distrayéndome y desconcentrándome, sacándome de mis cavilaciones, de mi debate interno de ser o no ser virgen, o mejor el debate de dejar de serlo o no esa noche. Mi mente, que estaba más pendiente de su lengua y de sus manos que me llevaban en volandas a su casa, me gritaba que a poco que fuese proporcionado, me tendría que preocupar con su tamaño, pero cuando lamía mi cuello y mordisqueaba mi lóbulo, ¿a quién le preocupaba eso? Que fuese lo que Dios quisiera...
Estábamos más cerca de su casa de lo que yo pensaba, en pocos minutos llegamos aunque a mí, con tanta distracción se me hicieron unos segundos, abrió la puerta y la cerró con su lengua acariciando la mía. Nos deslizamos por las paredes del recibidor, otra vez estaba agarrada a su cintura y cada vez que nos apoyábamos en una pared le notaba más grande, si eso era posible a esas alturas. En un momento determinado me volvió a coger en brazos y me subió las escaleras, mi Clark Gable... Entramos en un dormitorio grande, probablemente el principal de la casa. Una gran cama la presidía dos lámparas a cada lado y una pequeña mesita al lado con una orquídea, un libro y una foto. No había más, por eso me dio tiempo a ver todo el mobiliario y parte de lo que no me hubiese gustado, la sonrisa de su mujer, mirándonos con sorna desde el más allá de su mesita de noche.
Eric me dejó sobre la cama con cuidado y se retiró un segundo para mirarme. Una sonrisa se curvó en sus labios mientras su mano se deslizaba por mi cuello hacia mis pechos. Rozó los pezones por encima de la tela del vestido y yo me estremecí como si no hubiese habido nada entre su piel y la mía. Mi pecho se agitaba, subía y bajaba violentamente, en algún momento tendría que hacerle saber que la mujer adulta que estaba cerca de la treintena tumbada en su cama, era virgen, acabando con toda la magia del momento y, si era afortunada, sin que terminara en carcajadas por su parte. Mientras yo divagaba, había encontrado mi cremallera y la había bajado. Había deslizado mis tirantes por mis brazos y mis pechos habían quedado al descubierto. Los miraba con glotonería, como si no supiera por cual empezar y esa indecisión me causaba placer, no tenía ni idea de que sus acciones que no requerían proximidad real pudiesen repercutir de esa manera entre mis piernas, como si su sola mirada me pudiese provocar un orgasmo. Menudo lenguaje para la virgen. ¿Qué?, había que recordar que era summa cum laude en teoría. Cuando por fin se decidió por uno de ellos y su lengua se enroscó en mi pezón izquierdo, su mano dedicaba toda su atención a mi otro pezón. Después su boca fue a mi otro pecho y su mano se deslizó buscando sitios más cálidos y húmedos al sur, y los encontró. Para que luego digan que los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez... Pero ese era el momento de decir mi frase aunque se cayera el mundo con sus carcajadas.
_ Eric... - musité y él levantó los ojos y me sonrió con mi pezón en la boca.
_ Me gusta como dices mi nombre – dijo con una voz ronca que yo achaqué al deseo, como ponía en las novelas rosas que solíamos leer la abuela y yo.
_ Por favor... - sus dedos en mi entrada y acariciando mi clítoris no era, precisamente, para mantener la concentración.
_ Por favor, ¿qué, Sookie?
_ Tengo..., tengo algo que decirte – me arqueé sobre su mano, moviendo la cadera como una perra en celo. Jesucristo, Pastor de Judea, no sabía que tenía ese movimiento en mí...
_ Pues dímelo – se rió bajando por mi vientre, besando y lamiendo mi piel.
Cuando se paró entre mis piernas hice un movimiento extraño y eso le paró. Levantó los ojos y me miró cuestionándome. Sus dedos seguían masajeando mi clítoris y se paseaban por mis labios. Era ahora o nunca.
_ Yo...
_ ¿Te estás arrepintiendo? ¿Crees que vamos muy aprisa? - me miraba con aprensión porque daba la impresión de que él tenía más ganas que yo.
_ No, no me estoy echando atrás – bajé la mirada.
_ ¿Entonces, qué pasa, Sookie? - su tono era preocupado.
_ Es que yo... - me miró animándome a terminar- Yosoyvirgen – dije del tirón y sin vocalizar.
_ Qué mal estoy – sonrió-, me ha parecido oírte que eras virgen.
_ Lo soy – sus labios se abrieron en un oh y sus ojos como platos-. Pero no pasa nada, algún día tenía que dejar de serlo – me apresuré a decir.
_ ¿Soy el primero? - preguntó con incredulidad-, ¿cómo es posible? Eres bellísima y divertida, eres buena y considerada. ¿Cómo es posible que ningún hombre haya visto lo que yo veo en ti?
_ Lo han visto, pero yo no he visto en ellos lo que veo en tí... Nunca encontré a alguien a quien querer por eso nunca he tenido novio. Me han besado, sí, pero nadie había pasado de mis labios – sonreí a ver si eso le daba coraje-. Estás siendo un pionero.
_ Es una responsabilidad muy grande.
_ ¿No..., no quieres hacerlo...?
_ No, no – se apresuró a decir-, pero mejor nos lo tomamos con calma, te acostumbras un poco y ya habrá tiempo para acabar con tu problema – se rió.
_ Vaya, muy gracioso, nunca lo había visto como un defecto.
_ Es algo hermoso que me hayas elegido a mí – me sonrió con dulzura-. Déjame que te lo recompense – volvió a llevar su mano entre mis piernas-. Confía en mí.
Me empujó suavemente para que me echara y abrió mis piernas. Volvió a besar mi bajo vientre, mis ingles, la cara interna de mis muslos, fue rodeando con su boca mi sexo para conseguir que me muriese de ganas porque su lengua se detuviera por fin en él. Cuando lo hizo fue..., las palabras se escaparon, no había suficientes en el diccionario ni en mis calendarios de palabras para describir tanto placer y tanto deseo. Si el resto era la mitad de bueno que esto, me iba a dar de bofetadas por haber esperado tanto y haber perdido tanto tiempo. Por las conversaciones que había oído y los detalles innecesarios que Dawn y Amy acababan siempre dando, este hombre tenía un don, seguro, no era posible que todos fuesen capaces de hacer eso con la lengua y con los dedos. Consiguió que me corriera en su boca, gritando su nombre, como nunca había sido capaz de conseguirlo yo misma.
Mientras yo recuperaba el aliento, Eric sonreía de oreja a oreja tumbado a mi lado.
_ Estás guapísima cuando te corres.
_ Gracias... - jadeé-, el mérito ha sido todo tuyo.
_ Bueno, para ser la primera vez ¿ha estado bien? - se interesó.
_ ¿Bien? ¿Estás de coña? - le miré e hice una pequeña pausa antes de preguntar- ¿El resto es mejor...?
_ Yo diría que sí, mucho mejor.
_ Joder..., ya estoy contando las horas...
Soltó una carcajada que me llegó al alma, me gustaba oírle reír. No había sido demasiado habitual. Lo miré y me dí cuenta de que estaba completamente vestido mientras yo tenía mi vestido enrollado en la cintura y todo lo demás al aire. Se me ocurrió que eso era algo que debía solucionar y me puse de rodillas en la cama mientras me miraba expectante. Primero me quité mi vestido y lo tiré al suelo, no era como si se fuese a arrugar más. Pasé mi mano por su pecho buscando el final de su camiseta. Se levantó un poco y me permitió quitársela. Me quedé mirando su pecho un momento. No era que no lo hubiese visto ya, que en el huerto de la abuela lo había podido valorar en su justa medida, pero no había podido tocarlo como ahora. Pasé mis uñas por él y vi como se le erizaba el vello. Me incliné y besé sus tetillas primero, y luego las mordisqueé y chupé como él había hecho con mis pezones. Soltó un gemido que, como empezaba a ser habitual, había ido directamente a mi vagina. Era algo que iba a tener que controlar, si cada vez que hiciese algún sonido o algún movimiento que yo encontrase, remotamente excitante, y había que ser realistas, con semejante hombre yo lo iba a considerar todo lo que hiciera, no íbamos a poder estar en público. No. De ahí fui bajando y por sus abdominales mientras iba desabrochando su pantalón. Fue abrirle la bragueta y un pene enorme salió como si tuviera un resorte. No llevaba ropa interior y eso me excitó mucho, no estaba muy segura de porqué, ¿siempre había estado sin ropa interior cuando estábamos juntos, o al menos, en la misma habitación...? Me quedé mirando asombrada aquel pedazo de carne. Nunca había visto uno de cerca, así que apaga y vámonos con uno tan grande. Hasta para alguien tan inexperto como yo, no se le escapaba que Eric estaba dotado, y empecé a temer lo que sería eso entrando por un conducto tan estrecho. Diría que me dio miedo, pero cuando contraje la vagina por aprensión sólo conseguí darme placer y Eric lo notó.
_ Acaríciala – me dijo.
Comencé a pasar mi mano por ella y daba la impresión de que crecía aún más entre mis dedos.
_ ¿Así? - pregunté, quería hacerlo bien.
_ Aprieta un poco más... - lo hice y él jadeó suavemente- Sí..., así...
Cerró los ojos y yo seguí con mi movimiento. Debía estar haciéndolo bien. Recordé que Tara me había contado que a uno de sus novios le volvía loco que le masajearan los testículos, lo mismo le gustaba a Eric también. Probé tímidamente y después de ver su reacción, con bastante más confianza. Sí, definitivamente, eso le gustaba. Ahora sólo quedaba la prueba de fuego, lo que todas, incluido Lafayette, me habían explicado con todo lujo de detalles cómo hacer. Como mantenía los ojos cerrados cuando lo hice fue una sorpresa y se convulsionó un poco en mi boca. Empecé lamiendo la punta con cuidado, como si fuese algo delicioso y luego fui aceptando más y más dentro de mi boca. Por más que me habían explicado como relajar la garganta, no lo conseguí pero bueno, con la ayuda de mi mano, mi boca consiguió su objetivo. Eric abrió los ojos y me miró con una expresión salvaje en ellos. Nunca había visto nada que me provocara tanto como sus ojos. Quería succionarle más, lamerle más, chuparle, lo que hiciera falta para que me mirase así, como ahora, el resto de mi vida. Estaba tan enganchada a su mirada que no me dí cuenta de que estaba a punto de explotar.
_ Sookie... – me avisó pero seguí y me dispuse a aceptar todo lo que tuviese que darme. No iba a hacerlo a medias.
Cuando terminó me miró asombrado, me cogió por los hombros y me subió hasta su altura. Me puso sobre él y me abrazó, podía notar su pene semiflácido entre mis muslos y me sentí poderosa y orgullosa de mí misma.
_ Eres una diosa – murmuró contra mi pelo-. Ha sido..., guau.
_ Sí, ya me he dado cuenta antes que el sexo da locuacidad – me reí.
Se rió y cuando recuperó el aliento me apretó más contra él mientras murmuraba palabras en un idioma que no conocía ni reconocía, como un arrullo, y el sueño se apoderó de mí.
¿Comentarios?
