Aclaración: Pokémon no me pertenece, es de "Satoshi Tajiri y Pokémon Company". Solo me encargo de crear la historia de mi fanfic sin lucros comerciales.
Capítulo 10: El desafío de los tres hermanos
Luego de sentir un día lleno de sorpresa, misterio y mucho esfuerzo. Nuestros héroes se encontraban acampando en medio del bosque, disponiéndose a cenar a la vez que ideaban una estrategia para su primer reto en el gimnasio de ciudad Striaton.
—¿Me preguntó qué clase de pokémon usarán? —Ash se preguntó, intrigado como emocionado, comiendo al lado de su amigo eléctrico—. Tienes alguna idea, Hilda.
—No tengo ni idea de qué clase de tipo puedan usar. Pero estoy segura que ese líder debe ser un experto en los combates —dijo en un tono apenado, dando un pequeño sorbo de su botella.
—Lo mejor de no saberlo es que lo hace más interesante —exclamo emocionado, comiendo con rapidez hasta llegar a atragantarse, rápidamente agarro su botella para beber con desesperación.
—Ash, ¿te encuentras bien?
—Ahh... pensé que no lo contaría —respiro aliviado, dejando su botella en su mochila.
—No deberías comer tan rápido —le recomendó la entrenadora con una gota en la cabeza, nunca creyó que la persona que admiraba fuera un glotón. Pikachu solo se tocó la frente por el descuido de su entrenador.
El chico de Kanto sonrió apenado —Lo siento chicos por preocuparos.
—No te preocupes. Pero deberías comer más despacio de vez en cuando.
—Lo tomaré en cuenta.
Pasado el tiempo de cenar, ambos entrenadores se recostaron en su respectiva bolsa de dormir con el único fin de descansar para el siguiente día.
—Descansa Hilda —dijo Ash junto con un pequeño bostezo. Pikachu se acomodó para dormir a su lado.
—Que descanses bien Ash, y tú también Pikachu —se acomodó para luego cerrar los ojos.
En pueblo Accumula, en las calles oscuras, tres sombras se marchaban hacia la salida con un objetivo claro y secreto. Dentro del hotel donde se hospedaba la organización del equipo Plasma, siendo específica la sala principal, Ghetsis se sentó en el sofá mientras se servía una copa de vino estando al lado de la chimenea. Totalmente relajado, se dispuso a leer un libro antiguo que trataba de la leyenda de Unova.
—Así que aquí te encontrabas, padre —entro por la puerta un joven de larga cabellera verde, que decidió sentarse a unos metros de Ghetsis.
—Tal parece que has estado aburrido por haberte quedado en el hotel. ¿No, N? —dijo con suma tranquilidad, bebiendo de su bebida—. Si estás aquí. Significa que ya te enteraste de nuestro próximo movimiento.
El chico rió con gracia —Sí. Me enteré que tres de mis subordinados han salido a la medianoche, sin ningún consentimiento de mi parte. Pero padre, ¿crees que el humo de los sueños pueda servir de algo para cumplir con nuestro objetivo principal? —explico de manera deductiva. Ghetsis comenzó a reírse por lo perspicaz que era.
—Siempre tan detallista —volvió a beber de su copa—. Como sabrás, el humo de los sueños es una pieza vital para nuestro objetivo, no, mejor dicho para nuestra organización.
—¿A qué te refieres que es una pieza vital en nuestro objetivo? —el muchacho observo como el hombre del parche rojo se levantaba de su asiento para entregarle un artefacto de su bolsillo, revelando su contenido—. Esto es... ¡Je! Vaya padre, entonces ese misterioso humo es muy conveniente para los pokémon.
—Así es. Con el humo de los sueños, haremos que los pokémon elijan ser libres de los entrenadores —Ghetsis observo como su "hijo" se levantaba de su asiento para luego dirigirse hacia la puerta donde ingreso—. ¿Ya te vas? Pensé que querías saber más detalles de nuestro plan.
—Ya no tengo nada que hacer aquí —salió del lugar, caminando con calmar en los pasillos. Al llegar a su habitación, pero antes de ingresar, N tuvo un pensamiento fugaz—. "Este es el comienzo para la liberación de los pokémon" —entonces se adentró a su cuarto.
En el bosque de la ruta 2, Ash junto con Hilda recorrieron la extensa zona en un tiempo aproximado de dos horas. Luego de un largo trayecto por fin pudieron observar la ciudad que tanto ansiaban desde la noche anterior.
—Al fin hemos llegado a ciudad Striaton —Hilda fue la primera en emocionarse, estiro ambas manos mientras respiraba hondo. Ella pudo sentir la primera experiencia de recorrer un lugar que desconocía por completo, esa sensación la llenaba de muchos ánimos.
Ese caso no sucedía con Ash, que caminaba con la cabeza agachaba mientras su compañero eléctrico le seguía el paso desde el suelo.
—Ahh... Que hambre tengo —fue la queja del oriundo de Kanto, tanto la entrenadora como el pokémon dieron un pequeño suspiro debido a su actitud.
—Pero ya hemos desayunado esta mañana. Es increíble que aún tengas hambre luego de dar solo el recorrido por el bosque.
En ese mismo momento, el estómago de Ash gruño con más fuerza.
—Es que me ha entrado un hambre luego de haber caminado sin tener una sola batalla durante el recorrido —rió avergonzado, provocando que ambos acompañantes tuvieran una gota resbalando por su cabeza.
—"Nunca pensé que Ash fuera así de glotón. Espera un momento... acaso este debe de ser su secreto para hacer fuertes a sus pokémon. Ahora lo entiendo, hay que alimentarse bien para que tus pokémon se fortalezcan al igual que el entrenador" —Hilda no lo pensó dos veces y saco una libreta de su bolsillo, comenzando a anotar con suma emoción.
Pikachu que observo la reacción de la muchacha, solo pudo colocar su pata sobre su cabeza. El pokémon imagino que ambos se entendían mutuamente o algo parecido.
Luego del pequeño incidente protagonizado por el entrenador de tez morena. Ambos ya se encontraban en el interior de la ciudad con el único propósito de encontrar el gimnasio pokémon, lamentablemente no lo pudieron encontrar. Agotados por el recorrido en la ciudad, decidieron descansar en una banca que estaba cerca a la plaza, ya sentados, mostraron un rostro desanimado a la vez que suspiraban pesadamente.
—Es increíble que no hayamos podido encontrar el gimnasio y para mala suerte ya es mediodía. Al parecer lo único que hay en la ciudad son: restaurantes, hoteles y viviendas. Nos tomada horas encontrarlo —la castaña mostró una mueca de disgusto.
—No puede ser que no me haya dado cuenta antes —Ash se levantó de imprevisto, llamando la atención de Hilda y Pikachu—. Había restaurantes y no fuimos a parar a comer.
Ante aquella respuesta, ambos cayeron al suelo por la ocurrencia del entrenador.
—Se ve que aún tienes hambre —la entrenadora sonrió apenada—. Pero tienes razón. Debimos haber comido algo en el camino.
—Hum... Me parece que ustedes tienen problemas para encontrar el gimnasio ¿o me equivoco? —dijo un joven de cabellera verde que había escuchado su pequeña charla. Aquel sujeto vestía con un traje de mesero.
—¿Usted conoce donde puede estar el gimnasio, señor? —Hilda le pregunto con amabilidad.
—Me gustaría que solo me llamarán Cilan, pues señor lo veo muy formal para mí —repentinamente levanto un dedo de su mano—. Y estás en lo correcto, jovencita. Conozco el gimnasio de la ciudad, pero antes, ¿podrían decirme su nombre si no es molestia?
—No hay problema. Mi nombre es Ash Ketchum y vengo de pueblo Paleta, y este es mi compañero Pikachu —se presentó muy animado al igual que su pokémon—. Hemos venido por una batalla del gimnasio para participar en la liga Unova.
—Mi nombre es Hilda y vengo de pueblo Arcilla —se presentó de forma educada.
—El gusto es mío. Ash, Hilda, y por supuesto Pikachu —hizo una pequeña reverencia mientras les sonreía—. Ahora síganme, los guiaré directo al gimnasio.
La prueba de conseguir las ochos medallas de gimnasio había comenzado, donde el esfuerzo y desarrollo se requiere para lograr pasar el reto que definiría su meta como todo entrenador, entrar a la liga pokémon.
Luego de cruzar unas cuantas calles en la ciudad, el grupo al fin llegaron a un gran edificio donde lo más curioso para el joven Ketchum fue que no parecía un gimnasio como él imaginaba de sus otros viajes por las diferentes regiones.
—Admiren mis queridos jóvenes. Este es el gimnasio de ciudad Striaton, el gimnasio especializado para los entrenadores que empiezan su maravillo viaje en nuestra región —hablo Cilan con gracia y elegancia.
—¿Este es el gimnasio? —Ash hizo una mueca de indiferencia, realmente no creía que lo fuera.
—Ash. Al parecer este es el gimnasio, ¡mira! —Hilda se encargó de mostrarle con su dedo el logo de la liga pokémon que estaba en aquel edificio.
—Mis queridos amigos. Este es el gimnasio de la ciudad. Y como sabrán, en Unova cada gimnasio es único y diferente en su forma de ser, pero cumple con la categoría hecha por la liga pokémon debi... —Cilan interrumpió en su explicación tras notar que ambos chicos se habían ido al edificio desde que empezó a relatar. Dio un corto suspiro junto con una sonrisa forzada—. Vaya, ambos son tan apurados que no me dejaron explicar todos los detalles del gimnasio.
—¡Muy bien, hemos venido por un combate pokémon! —dijeron ambos al unísono, abriendo la gran puerta del edificio. Para su sorpresa, el lugar se encontraba llena de gente que estaban comiendo en lujosas mesas, llamando su atención de no creer lo que veían.
—Sean bienvenidos al lugar más elegante y servicial de nuestro establecimiento. Mi nombre es Cress y él es mi hermano Chili, y estamos a su servicio para lo que gusten —se expresó con elegancia un joven de cabellera celeste acompañado de otro joven con cabellera rojiza. Lo curioso es que ambos llevaban trajes de meseros.
Hilda se acercó para preguntarles sobre su motivo de haber entrado a este lugar.
—Bueno, nosotros estamos aquí por una...
—No se diga más. Al parecer ustedes han venido por una cena "especial". Vamos les indicare su mesa —Chili la interrumpió, para luego llevarse a ambos entrenadores con la ayuda de su hermano hacia una mesa de su establecimiento.
Cuando Ash y Hilda estuvieron sentados en contra de su voluntad, los encargados de aquel "restaurante" se dispusieron a preparar lo necesario para su cena "especial".
—Perfecto. ¡Muchachos, traigan el aperitivo especial para esta linda pareja de enamorados a la mesa 15! —Chili indico la orden con carisma, mientras sus trabajadores se ponían en marcha con el pedido.
Cress se encargó de decorar la mesa con velas y flores, luciendo un ambiente muy romántico. Ash no comprendía lo que sucedía al respecto, y más, con la cara toda roja que tenía su compañera de cabello castaño. Hilda lucia muy nerviosa, no creía que esto estuviera pasando en su primera visita en un gimnasio.
—No sé lo que está ocurriendo aquí —de pronto el estómago de Ash volvió a sonar con más fuerza—. Ahh... Aún tengo mucha hambre.
—¿Pareja de enamorados? —Hilda repetía esa oración en voz baja, volviendo a ponerse más nerviosa—. "Debo explicar que todo esto es un mal entendido. Tan solo hemos venido por una batalla de gimnasio" —con ese pensamiento, tomo algo de valor para hablar con el dúo de hermanos—. Dis-Disculpen. Creo que hubo un error, nosotros en realidad estamos aquí por una...
—Muy bien. Aquí está la especialidad de la casa. El gran plato de espagueti para la ocasión romántica de esta linda pareja —volvió a interrumpir Chili, trayendo consigo el dichoso platillo, pero lo más peculiar era que el plato llevaba dos cubiertos consigo, dando la sospecha del porque lo llamo "ocasión romántica"—. Disfruten de su deliciosa velada par de tortolitos. Si quieren podemos pedir que incluya una dulce melodía para mejorar este momento tan especial de ustedes.
En el momento que los hermanos se retiraban para dejarles algo de privacidad, la voz del joven Ketchum resonó en todo el establecimiento.
—¡Esperen un momento! Nosotros hemos venido por una batalla pokémon de este supuesto gimnasio.
—Oh, así que ustedes son entrenadores —Cress se volteó con una sonrisa.
—Así que en realidad han venido para el desafió por nuestra medalla, ¿verdad? —Chili mostró una ardiente emoción que recorría en todo su cuerpo—. Debieron haberlo dicho desde un principio.
—Nosotros le hemos explicado eso desde un comienzo —reprochó la joven de ojos azules por el momento tan incómodo que vivió.
—Es verdad hermanos. Ellos han venido por una batalla con nosotros —acercándose por detrás de ambos hermanos, Cilan apareció en el acto.
—¿A qué se refiere con "nosotros"? —Hilda no comprendía las palabras mencionadas por el joven que conoció de manera casual. Sin embargo, los tres hermanos sonrieron.
—Bueno, Ash e Hilda. La verdad, el líder del gimnasio...
—¡Somos nosotros tres! ¡Los líderes del gimnasio de ciudad Striaton! —los tres hicieron una elegante coreografía con extraño a ambos chicos junto con Pikachu. Pero la multitud que en su mayoría eran jóvenes muchachas gritaron con emoción.
—Entonces... ¿son tres líderes de gimnasio? —Hilda estaba algo impactada por tal revelación, y Ash se encontraba peor.
—Así es muchachos. Ustedes pueden elegir a uno de nosotros para luchar por su medalla. En conclusión es una batalla de uno contra uno —Cilan se encargó de explica sobre las normas de su gimnasio.
—Si ya está dicho el asunto —dijo Cress.
—¿Quién será el primero en combatir con nosotros? —secundo Chili con algo de impaciencia.
—Hilda... —llamó el entrenador de Kanto—. Se la primera en combatir por tu primera medalla, yo iré después por mi batalla.
—Ash —un leve sonrojo se adornó en sus mejillas, no creyó que ese chico que admiraba fuera tan caballeroso con ella—. "Nunca pensé que fuera tan educado conmigo".
Todas las personas del establecimiento se quedaron impresionados por la manera tan gentil que aquel chico le tenía a su compañera. Pero repentinamente Ash cogió el tenedor mientras miraba el platillo con gran emoción.
—Ahora voy a estar ocupado comiendo este delicioso espagueti que se molestaron en servir. No he comido en toda la hora y ya me estoy muriendo de hambre —con alegría dio la primera probada mientras el resto caía al suelo por su penosa explicación.
—Así que ese era el motivo —menciono la oriunda de Unova con decepción.
Pikachu movió por leves momentos su cabeza, casi creía que su amigo había empezado a madurar al viajar como líder del grupo.
—Este chico es único —hablo Cress con un tono intrigado, mientras sus dos hermanos estuvieron de acuerdo por lo dicho.
Cilan se acercó hasta la novata entrenadora, mirándola de forma retadora —Bien Hilda, prepárate para el combate de nuestro gimnasio. ¡Es momento de abrir la puerta para mostrar nuestro campo de batalla! —en ese momento la pared comenzó a temblar, empezando a abrirse un pasadizo secreto.
Hilda estuvo preparada para este reto, el primer desafío de su vida comenzó, estuvo nerviosa y a la vez emocionada. Apretó los puños en señal de confianza y seguridad para mostrarse ante sus ojos el dichoso campo de batalla.
—Mi primer combate de gimnasio ha comenzado —avanzo con optimismo hasta aquella entrada junto con los tres hermanos.
Esta historia continuará...
