Disclaimer: el potterverso no nos pertenece, los nombres de los personajes tampoco (solo esos pocos que no reconozcan).


Capítulo 10

Cuando el Corazón no hace Caso

¡Tenía que encontrar a Sabrina cuanto antes! Necesitaba conversar con alguien sobre esto.

Como la Ravenclaw no estaba desayunando, era mejor ir a su torre a esperar a que saliera y en el mejor de los casos, se encontrarían de camino.

Rose comenzó a pensar atropelladoramente ¿Por qué dijo que sí? ¿Cómo se le había ocurrido a Tom preguntarle aquello, así de la nada? No se sentía capaz de hablar con él ahora, no sabría qué decirle, ni cómo dirigirse a él. Ni siquiera sabía si realmente le gustaba. Por otra parte, tampoco quería lastimarlo.

Antes de que Tom le pidiera ser su novio, era Malfoy quien rondaba sus pensamientos. Cosa muy natural, puesto que pasó más de ocho horas con él, aunque la mayor parte del tiempo estuvo dormida... sobre su hombro ¡Sobre su hombro!

¿No que no la soportaba? Scorpius la había convencido hacía tiempo, de que no se acercaba a ella por ser una mestiza insufrible. Sin embargo, se podría decir que incluso, había sido amable.

Rose sentía que se le partía la cabeza al pensar en aquel rubio. Aquel rubio que la había besado con todo descaro, en su mejilla.

Pero más importante para la chica, era el hecho de recordar a Malfoy pronunciando su nombre.

"Rose".

—¿Rose? —dijo Sabrina, que había divisado a su amiga a cierta distancia—, ¿Me buscabas?

—¡No tienes idea cuánto! Al fin te encuentro.

—¿Qué pasa? ¿McCkraquen te ha vuelto a robar la varita? —preguntó con preocupación la chica.

—No. Es decir, sí me habían quitado la varita, pero no fue Mandy, fue Pevees y ya la recuperé. Pero eso no es lo que importa ¡Estoy tan confundida ahora!

Sabrina le sonrió y juntas se dirigieron al patio de Transformaciones para charlar. La pelirroja habló y habló y fue escuchada con paciencia.

Su amiga, al contrario de lo que imaginaba Rose, le animó a continuar una relación con Zabini, ella le dijo que era perfectamente razonable, que podían salir un par de veces mientras Rose ordenaba sus sentimientos y que con respecto a Scorpius, era mejor no tentar a la suerte. Lo más probable es que su comportamiento amable se debiera sólo al arrepentimiento momentáneo.

Ambas chicas se despidieron y Rose se sintió más reconfortada, pero no podía pensar como Sabrina en lo que refería a Malfoy. En la torre de Gryffindor se encontró con uno de sus primos, quien al parecer, había estado esperándola.

—¡Hola, Rose! ¿Ya aclaraste las cosas con Zabini?

—No Albus, lo cierto es que no fui a hablar con él, estaba con Sabrina hace un rato. Aún no se cómo me voy a comportar con Tom.

—Pero si no te gusta, puedes terminar con él, no te aflijas por una tontería.

Rose le agradeció su preocupación y su falta de tacto, y el chico continuó.

—Sé de algo que no te va a gustar, Paiton y Nicole están esparciendo el tonto rumor de que pasaste la noche con Malfoy ¿Quieres imponerles un castigo tú o lo hago yo?

—No te preocupes, quiero hacerlo yo, esas dos ya me están debiendo muchas.

—Por mentirosas les pasan esas cosas —respondió distraído el muchacho.

—Albus, las voy a castigar por divulgarlo, no por mentir.

—¿Qué?

—¡No es lo que parece! La verdad es que ayer fue un día terrible.

Rose comenzó a relatarle su día de furia, pero fue en la parte en que quedó pegada en esa montaña de moco, cuando Albus interrumpió.

—¡Qué ingeniosa es McCkraquen!

—¿Qué acabas de decir, Albus?

—¡Oh, nada! Es sólo que fue muy inteligente al colocar esa masa pegajosa en el techo, para que cayera cuando se abriera la puerta —Albus Potter terminó la oración en un tono mucho más bajo y agudo, al ver la expresión de su prima.

—¿Y tú de qué lado estas?

—Del tuyo.

—¿Entonces?

—Es que... ¡Vamos! ¡No puedes negar que Mandy es la chica más guapa del colegio!

—¡Albus Severus Potter! ¡Jamás vuelvas a decir algo así delante de mí!

—¡Pero es verdad! No puedo evitarlo, soy un chico ¿Sabes?

—¡Esa no es excusa!

—¿Así que te gusta McCkraquen? —Fred se coló en la conversación sin vergüenza alguna.

—No, no le gusta —respondió la pelirroja entre dientes.

—Creo que le pregunté a Albus, Rosie.

—Sólo opino que es preciosa.

—Esa "preciosa" chica, me pegó a una torre por horas, me robó mi varita e hizo que me castigaran.

—¡Qué chica tan emocionante! —comentó Fred.

—¡Yo la vi primero! —replicó Albus.

—¡No puedo creer esto! ¡Me largo de aquí!

Antes de poder marcharse indignada de la Sala Común, James entró con una sonrisa de satisfacción en el rostro.

—Adivinen ¿Quién habrá saboteado la sala de reunión del grupo de estudios de Slytherin?

—¡Qué! ¿Y cómo lo hiciste? —le preguntó Fred contento—. Pensaba que para entrar a esa sala se requería contraseña.

—La conseguí.

—¿Cómo? —dijo Albus.

—Fue bastante sencillo —continuó James—, a las chicas sólo hay que hablarles con dulzura y abren la boca.

Todos lo miraron con escepticismo.

—Está bien, está bien. Debo salir con ella el otro fin de semana.

—¿Cuál fue la Slytherin afortunada?

—Su apellido era Lupi, ahora no recuerdo si se llamaba Kitty, Katty, Keity o Keila

—¡¿Tienes una cita con Lupi?! —preguntó Rose escandalizada—, ¿Qué ustedes no tienen dignidad? ¡Tú Albus, babeando por McCkraquen y tú James, saliendo con Lupi!

—Rose, tú no puedes decir nada. Eres la única aquí que ha pasado la noche con un Slytherin y más encima con alguien que ni siquiera es su novio —respondió James con expresión serena.

—¡Eso no es así!

Los tres chicos estallaron en risas y tardaron un rato en recuperar la compostura.

—Eso ya lo sabemos Rose, no te estreses —dijo Fred—, si tan sólo pudieras ver tu cara, entenderías.

—¡Ya basta! ¡Me voy! —decidió la chica por segunda vez.

Antes de que pudiera levantarse de la butaca, una lechuza entró por una ventana y llevó una carta hacia Rose.

—¡Yo quiero leer esa carta primero! —Hugo acababa de entrar por el retrato de la Dama Gorda y fue corriendo junto a su hermana.

—¿Por qué? Si es para mí.

—Le conté a los papás que ya tienes novio, así que quiero saber que te respondieron.

Rose se puso pálida y abrió la carta con dedos temblorosos.

Querida Rose:

He recibido carta de Hugo, dice que tienes un novio y que es ese tal Tom Zabini. Como fue una noticia inesperada, no la creo por completo, ya que podía ser una broma de tu hermano. Por eso quiero asegurarme ¿Es de verdad?

En fin, si es una broma, estate tranquila que no llegó a oídos de tu padre. Pero si no le es, me gustaría que me explicaras la situación tu misma, sé que refiere a tu vida privada y ya estas mayorcita para sobrellevarla tu misma, pero me gustaría apoyarte en esto de tener que decírselo a Ron.

Sólo un concejito cariño, lleva las cosas con calma y procura conocer bien al chico, así sabrás si sus personalidades encajan.

Cambiando de tema, espero que esté yendo súper bien a ti a Hugo, me despido con un abrazo y un beso, hija.

Tu madre que te adora

Hermione Weasley

—¡No puedo creerlo! —gritó enfurecida la Gryffindor.

Todos retrocedieron un paso de ella, y Hugo la miró con espanto.

—¿Qué?

—Esto es suficiente para mí.

Rose se levantó de su silla y muda de rabia se dirigió a la salida.

—¿A dónde vas? —preguntó Albus.

—A la biblioteca a terminar una tarea.

En ese mismo momento, un rubio y pálido chico intentaba terminar un informe de Encantamientos, sin mucho éxito. Su última conversación con Tom daba vueltas y vueltas alrededor de su cabeza.

—¿Te... te dijo que si?

—¡Sí! Creo que después de todo, me fuiste de mucha ayuda, de lo contrario jamás me hubiese atrevido a preguntárselo, ya sabes, por temor al rechazo.

Scorpius sabía que su amigo se sentía en las nubes y le era prácticamente intolerable. Siempre creyó que Tom sólo sentía una ingenua e infantil atracción hacia Rose Weasley. Pero de pronto ahí estaba, escuchando parlotear a Zabini sobre lo sencillo que había sido. Claro, porque para Scorpius todo tenía que ser complicado.

—No sé cómo te puede gustar —Malfoy interrumpió el monólogo de su compañero—, es decir, no es más que una simplona, ingenua e insufrible.

—Hablas de más, Scorpius —comenzó con calma Zabini—. Rose es una chica maravillosa, es inteligente, creativa y graciosa. Es como si tu injustificado y absurdo odio hacia ella te cegara, aunque eso está bien para mí.

Sonrió con suficiencia antes de agregar:

—Ahora si me disculpas, voy a ver a mi nueva novia.

Scorpius creía que aquel chico le refregaba su felicidad en la cara. Para Malfoy, el día iba de maravilla hasta que Mandy entró en el baño.

¡Siempre tenía que sentirse así cuando era algún tema referente al tomate! Hace unos momentos, estaba segurísimo que su sola presencia ponía nerviosa a Rose, y ahora resultaba que cualquiera le podía pedir un noviazgo.

¿Qué tenía Weasley en la cabeza, para haber aceptado? ¡Fue él quien durmió a su lado! ¡Fue él quien la besó!

Pero tenía que controlarse, sabía que no había manera de poder relacionarse con la chica. De todas formas, si Scorpius lo deseaba podría conseguirse una novia, pero ¿No eran de ella, aquellos ojos azules? ¿Esos rulos pelirrojos, no eran de ella? ¿Esas pecas no sólo adornan su rostro? Era suficiente.

Si no quería problemas con el amo, tenía que alejarse de la asquerosa familia Weasley ¡Tom novio de Rose! "Maldito desertor" pensó el chico.

—¿Scorpius? ¿Podemos hablar?

—¿Qué quieres Mandy?

La chica se acerco a él como si fuera la cosa más deseable del universo.

—¿Sigues molesto conmigo?

—No.

—¿Quieres ir a dar un paseo?

McCkraquen se sentó en las piernas del joven. Éste último pensó en apartarla, pero era mejor distraerse de todo ese asunto.

—Prefiero quedarme aquí, es más tranquilo —En eso, la rodeó con un brazo haciendo que los ojos de Mandy centellaran.

—¿Pero no tienes que pedirme algo primero?

—¿Qué cosa?

—Debes pedirme que sea tu novia.

Novia, lo que Weasley era de Zabini.

—¿Scorpius?

—Recordé que tengo que hacer otra cosa.

El Slytherin salió de allí cuanto antes, mirando con odio a todo el mundo. Si las cosas iban a ser así, no sería el único.

"Le enseñaré a ese tomate lo que ha perdido".

En la biblioteca, la chica que definitivamente no se consideraba un vegetal, y menos aún un tomate, abrió con fuerza un libro cualquiera para leer. Trataba de olvidar lo encantadora que podía llegar a ser su familia.

—Hola, Rose.

Casi se cae de la silla del susto. Tom Zabini estaba a su lado, hablándole como si fuera lo más normal del mundo.

—Hola, Tom.

—¿Cómo estás?

—Supongo que bien ¿Y tú?

—Estupendo, claro ¡Ahora somos novios!

A pesar de que siempre había bromeado con Tom sobre cualquier tema, Rose se sentía increíblemente fuera de lugar.

—Así que te sonroja hablar con tu novio.

—Tom ¿Qué fue eso?

—¿Qué cosa?

—Cómo me lo pediste, así de la nada.

—Ya me gustabas desde antes, pero en ese momento fue cuando tomé el valor ¡Me alegro de haberlo hecho! Todo es gracias a Scorpius, si no fuera por él...

—¿Qué has dicho? ¿Qué tiene que ver Malfoy aquí?

—Eso ya no importa.

El Slytherin se acercaba a ella cada vez más y Rose retrocedió precavida.

—¿Qué haces? —consiguió decir.

—¿No te parece raro que seamos novios y aún no tengamos nuestro primer beso?

La pelirroja volvió a alejarse un poco más, con desconfianza.

—¿Qué pasa Rose?

—Creo que te di una respuesta apresurada y sin nada de razonamiento.

—¿Estás rompiendo conmigo? —dijo horrorizado el muchacho, apartándose de ella.

—No... yo

—¿No? ¿Quieres dejar de confundirme? —Volvió a acortar la distancia entre los dos.

—Pero, Tom.

—Ya no hables.

La Gryffindor se levantó de pronto, tomó el libro que había elegido y antes de poder explicar lo que había hecho, apareció oportunamente su prima, entre los estantes.

—¿Rose, estás aquí?

Tom se revistió de paciencia y observó a la recién llegada.

—¿Necesitas algo, dulzura? —le dijo amablemente.

—¡No me digas dulzura! Rose necesito tu ayuda ¿Quieres acompañarme, por favor?

—Claro que sí, Lily —Rose no creía su buena suerte—, ¿A dónde?

—A nuestra Sala Común.

—Es una lástima Tom, pero debo marcharme.

—Nos vemos, Rose —se despidió el Slytherin, asumiendo que todo sería más complicado de lo que él había previsto—. ¡Adiós pequeña Potter!

Lily soltó un bufido y se marchó con su prima.

Rose estaba tan aliviada que olvidó preguntar en qué necesitaban su ayuda. Mientras caminaban a su Sala Común, la chica de rulos se percató de que su prima la observaba de reojo.

—Lily ¿Sucede algo?

—¿De qué hablas? —preguntó aquella pelirroja.

—Vamos, dime qué te sucede.

—¿A mí? Nada.

—No me engañas. Estás molesta conmigo porque soy novia de un Slytherin ¿Es eso?

Lily Potter miró hacia el suelo.

—Siento que un tonto Slytherin se está llevando a mi prima favorita al lado oscuro.

—Eso no es así, ya verás cómo te agrada Tom.

—¿Entonces, ya son novios oficiales?

—Creo que sí.

—Por un momento creí que estaban en la biblioteca besándose.

—Una conducta muy fuera de lugar estando en una biblioteca ¿No te parece?

—Rose ¿Tú estás bien con esto?

—Hace unas horas Tom era sólo mi amigo, esto hace que me sienta bastante extraña.

Lily no contestó, pero llegaron pronto a la torre de Gryffindor. Una vez en la Sala Común, Rose se encontró con James, Fred, Hugo y Albus mirándola con un sonrisa y una tarta de melaza en las manos del último.

—¿Pero, qué esto?

—Es el problema en el que debes ayudarme —respondió Lily—, son realmente insoportables cuando creen que estás molesta con ellos.

James continuó.

—Gracias por traerla, Lily. Rose, esto es para ti, sabemos que prácticamente te la comes toda cuando vienes a nuestra casa.

—El tío Harry le hace la competencia —dijo Hugo—. Bueno, en verdad sentimos ser tan insoportables.

—Perdónanos y ven a comer pronto con nosotros, Rose ¡Tenemos cerveza de mantequilla! —siguió Fred.

—Prometemos ser más atentos y cuidarte de esas Slytherin —terminó Albus.

Rose los observó conmovida, era imposible seguir molesta. Le regaló un abrazo a cada uno y pronto comenzaron a comer la tarta.

—¡No con tanta prisa, Rosie! —gritó Fred.

—Bueno, si se la acaba no quedará más remedio que robar otra —comentó James.

Antes de que Rose pudiera sorprenderse, Albus comenzó a explicar que no los había castigado, puesto que si se robaba con un fin noble, entonces no era robar.

Lily y Hugo reían, mientras sacaban otras dos tartas que tenían escondidas e invitaban a sus amigos a compartir con ellos también. No tardaron mucho en bromear y reír todos.

Rose realmente los quería, eran su familia después de todo.

Se alejó a su dormitorio a escondidas para tomar cierta capa que debía volver a las manos de su dueño. Escribió una nota para el Slytherin con rapidez.

Malfoy:

Necesito verte, urgente ¿Podemos reunirnos en el pasillo de la estatua de la bruja tuerta a las ocho?

Rose Weasley

La respuesta del chico llegó antes de lo esperado.

Weasley:

¿En ese pasillo a las ocho? No, te espero en el lago a las diez.

Malfoy

Rose resopló con exasperación ¿Acaso Malfoy pretendía pescar un resfriado? Cuando le dio la hora, tomó su capa y se dirigió al lago.

Mientras caminaba, sólo podía pensar en Tom. Era indiscutible que le quería, él era bueno y la cuidaba, probablemente terminara encajando con su hermano y primos... ¡Qué precioso era el lago por la noche! Lo único que alumbraba el lugar era una luna creciente.

—¿Weasley?

—¡Oh, Malfoy! No te había visto.

—Ya me di cuenta de eso ¿Qué tal ha estado tu día?

—¡Ha estado maravilloso, gracias por preguntar!

—¿Qué has dicho?

—Que ha sido maravilloso —Rose hablaba sin pensar, la luna era muy hermosa, sus primos habían sido de lo más agradables y era muy posible que pudiera enamorarse de Tom.

—Yo pensaba que dirías que Zabini es un asco —replicó el Slytherin.

—¿Qué? ¡No!

—Entonces ¿Por qué querías que nos juntáramos? Tengo cosas que hacer ¿Sabes? —terminó ceñudo el chico.

—Yo sólo quería devolverte tu capa, la que me prestaste en el baño.

—¡Ah! Lo había olvidado.

—¿Para qué pensabas que me quería juntar contigo? —preguntó con sincera curiosidad, la muchacha.

—Para ponerle los cuernos a Zabini.

—¡¿Qué?!

—Era una broma, tú te tragas todo.

—Bueno, ya esta ¿No? Supongo que nos vemos luego —Rose se dio vuelta, pero Malfoy tomó su muñeca y la obligó a voltearse con brusquedad.

—¡Ya me tienes cansado!

—¿Qué te sucede? ¡Suéltame!

—¡Ni en un millón de años, Weasley! ¿Por qué le dijiste que sí a Zabini?

—No sé, me tomó desprevenida.

—¿Ah sí? Ya sabía que eras una chica fácil.

¡PAFF!

Rose volvió a darle a Scorpius en la cara con su palma.

—¡¿Cómo que una chica fácil?!

—¿Coqueteando conmigo, para luego tener un noviazgo con Zabini? Sí, lo eres.

Le iba a golpear de nuevo, pero el chico sujetó su mano esta vez.

—¡No he coqueteado contigo!

—¿No? Pensé que eras una niña dulce y buena. Sólo te ruborizabas con cada beso que te daba, en vez de apartarme de un empujón ¡Pero cualquiera puede ir a pedirte un beso por ahí! ¿No?

—¡Tú eres el descarado que...!

—¡No puedes negarlo! ¡No quise presionarte y resulta que vas y ya eres novia de Tom!

—¡¿Tanto te afecta?! —le dijo enfurecida la chica.

—¡No! ¡Me molesta que una tonta como tú juegue conmigo!

—¡Yo no he jugado con nadie!

—¿Entonces?

—¿Entonces, qué?

—¿Te gusta Zabini?

—¡No tengo por qué contestar eso!

Malfoy no respondió, la liberó de pronto y comenzó a caminar al castillo.

—¡Oye, espera!

—¿Qué? ¿Ya te divertiste? ¿Te gusta ponerme en esta situación, no? Me imagino que te ríes de lo lindo cuando piensas en todo lo que me confundes ¿No?

El corazón de Rose Weasley se detuvo en ese momento.

—Scorpius...

—¡No me respondas! ¡Aléjate de mí!

Sin pensarlo si quiera, corrió hacia él, lo hizo voltearse y al ver su rostro, completamente acongojado, lo abrazó.

Pasaron tres minutos para que volvieran a hablar.

—Olvida lo que dije, me descontrolaste.

—Gracias por prestarme la capa.

Scorpius le devolvió el abrazo, con todo lo que podía expresar en él.

—No tiene importancia.

—Sí, sí la tiene.

—¿Sí? Entonces merezco una recompensa —El rubio comenzó a acercarse al rostro de aquella pelirroja.

—Tengo novio.

—No está aquí.

Rose era incapaz de reunir fuerzas para moverse.

—Scorpius.

—¿Sí, Rose?

La chica cerró los ojos.

—Te apuesto —continuó el joven Malfoy—, que yo beso mejor que Zabini.

Sus labios rozaban los de Rose mientras hablaba. Pero él no alcanzaba a besarla, quedaron así en lo que la joven creyó una eternidad.

Fue Rose quien acortó esa distancia.

Scorpius la llevó al cielo en tan sólo un segundo.


Tan tan taaaaaaaaaan.

Gracias por leer,

Cardia.