Estoy comenzando a odiar esas sonrisas torcidas que me dedica. Ruedo los ojos cuando vuelve a hacerlo. Supongo que ya sabe que me incomoda cuando lo hace.
Keho fue muy amable al traernos a este lugar. Es un camino muy largo y está muy alejado de la aldea. Tampoco sé que estoy haciendo aquí y el porqué de aceptar la proposición de Ryusei.
Solo supongo que me estoy dejando llevar.
Una noche, cuando no podía dormir por pesadillas (las cuales son todas sobre Inuyasha), llegué a la conclusión de que ya debería dejar el luto. Y comenzar de nuevo.
Una nueva vida.
Como le prometí a Inuyasha. Tampoco me desesperaré por si Inuyasha no vuelve a estar conmigo.
Yo soy un claro ejemplo.
Pasaron más de quinientos años para que la reencarnación de Kikyo volviera. Y ni siquiera en ese tiempo debía estar.
No esperaré quinientos años, a volver a estar en mi época, para poder volver a ver a Inuyasha o a alguien que tenga que ver con él.
Si yo no me parecía en nada a Kikyo, ¿qué debo de esperar de Inuyasha?
Tengo la opción de poder vivir, de no estar preocupada por qué pasará en mi vida. Sé que tendré el peso de que no envejeceré, pero nada puede afectarme.
Inuyasha quería que viviera.
Aun así no logro saber el porqué del parecido de Ryusei con Inuyasha. En todos mis pensamientos, hasta en mis sueños, llego a la conclusión de que él es Inuyasha. Pero aparto el pensamiento de mi cabeza. No es posible.
Keho desciende y se echa en el suelo dejándonos bajar. Desde el cielo no se veía como se ve desde la tierra.
Estamos en un bosque con unos pequeños canales de agua que corren por la tierra. El agua se ve pura y veo mi reflejo en ellas. Sonrío ante la tranquilidad del lugar, se escucha solo el cantar de los pájaros sobre los árboles. Ryusei camina delante de mí sin voltear a verme si quiera. Le pregunto dónde estamos pero no me responde. Caminamos por el bosque, sorprendentemente todo este lugar me ha calmado. Todo está tan tranquilo…
Detengo mi caminata para leer lo que está escrito en una roca. Es un idioma antiguo, lo sé porque reconozco algunas letras pero no puedo formar palabras. Veo a Ryusei detenerse y voltearse, asiente con la cabeza y vuelve a caminar.
Pienso que quizás esta roca es una tumba…
Keho me empuja para seguir caminando.
Llegamos a un monte de rocas cubiertas de musgo. Ryusei sube a una de un salto y estira su mano ofreciéndome ayuda. Lo ignoro y subo también de un salto. Escucho su risa cuando me tambaleo y casi caigo. Me sujeta de los dos brazos y me sostiene firme contra él.
Mis manos se posan en su pecho y sus músculos se contraen ante mi tacto. Sus ojos buscan los míos y yo muerdo mi labio inferior.
Esos ojos…
Keho pasa por nuestro lado gruñendo y Ryusei sonríe.
Sonrisa torcida. Ruedo los ojos y nos separamos.
Lo sigo por las rocas hasta llegar a una cascada. Una gran cascada.
Ryusei se detiene y me mira. Mientras, yo no salgo de mi sorpresa y mi admiración al gran paisaje que tengo en frente. La cascada es hermosa. A pesar de todo el ruido que hace el agua caer. Pero a mí siempre me ha gustado ese sonido… el de agua corriendo.
Me pregunto por qué nunca antes había visto lugares como este. Primero el bosque y ahora la cascada.
Y eso que, por un momento, pensé en no venir con Ryusei.
Él vuelve a sonreír y yo también, impresionada por todo esto.
Nos quedamos un rato así, sonriéndonos y escuchando el agua caer de la cascada. Todo esto es tan mágico…
Ryusei comienza a caminar hasta estar más cerca del agua cayendo. La toca con su mano y luego la estira hacia mí. La tomo y atravesamos la cascada.
Si todo lo que he visto hasta ahora me ha sorprendido…
Este lugar es hermoso. Ya no se escucha el sonido de la cascada pero sí el de un pequeño rio corriendo por entre unos árboles. Cruzando este, hay una casa; iluminada por unas lámparas colgadas del techo. La casita no es ni grande pero tampoco chica. Es hermosa, también.
Todo el lugar está rodeado por árboles que, fuera de verse tenebrosos al estar solo iluminados por la luz proveniente de la casita, se ven como el paisaje ideal.
Ryusei está parado a mi lado, siento su mirada posada en mí. Volteo para verlo también, en su mirada veo un dejo de adoración. El recuerdo de Inuyasha con esa misma mirada llega a mi mente. Lo aparto para poder disfrutar del momento y del paisaje. Aparto mi mirada de Ryusei y vuelvo a fijarla en la casita. Tiene un aspecto acogedor. Sonrío y siento el agarre de la mano de Ryusei en mi mano. Me había olvidado que aun las teníamos unidas. Pero lo dejo tenerla. Con mi pulgar acaricio suavemente su palma y siento un leve temblor en su cuerpo.
Parece salir de un trance y me tira para seguirlo. Caminamos atravesando el rio y llegamos a la entrada de la casa. Ahí es cuando me doy cuenta de que me he mojado al cruzar la cascada y que mis pies también lo están por haber atravesado el rio. Miro a Ryusei que está en mis mismas condiciones pero no está preocupado. Suelta mi mano y entra en la cabaña.
Me quedo afuera como idiota pensando que hacer.
Ryusei: -asoma su cabeza por la puerta- ¿Piensas quedarte ahí afuera?- sonríe divertido al verme.
Oh… sonrisa torcida…
Entro. Lo veo moverse por todos lados poniendo cosas sobre una pequeña mesa que hay en un extremo de la casa. No sé qué hacer así que me quedo parada en la entrada.
Escucho un gruñido y un empujoncito desde atrás. Volteo y Keho está en la puerta.
Ryusei: Ah no.- dice negando con un dedo hacia el dragón-. Ni siquiera cabes aquí, Keho.
Keho hace un sonido de derrota y pone mirada de corderito hambriento. Me derrito de ternura al verlo. Recuerdo cuando se volvió en mi contra y como se comportó cuando conocí a Ryusei. Supongo que en ese momento me comporté desafiante con Ryusei y Keho solo quiso protegerlo.
Kagome: Keho… ¿Es tuyo?- la duda ha estado asaltándome durante estos días.
Ryusei: No.- responde- es tuyo- dice tranquilamente.
Kagome: No…
Ryusei: Sí. Bueno… Antes era mío.- se acerca al dragón y lo acaricia en la cabeza.- pero supongo que ya no me quiere como dueño.
Kagome: Pero…
Ryusei: Nada de peros. Pensé que ya lo sabías. Tú lo encontraste.
Kagome: De hecho, el me encontró a mí. Me secuestró para ser exactos.- sonrío.
Ryusei: ¿Cómo?
Kagome: Cuando conocí a Kazehiko me dijo que primero tendría que lidiar con el dragón para que me entrenara. Y bueno… Así nos conocimos.- sujeto la cabeza de Keho entre mis manos, el muy juguetón me lame la cara. Hago una mueca y suelto una carcajada.- Y creo que no pudo haber sido de otra manera.
Escucho a Ryusei detenerse en sus movimientos y quedarse quieto. Volteo a mirarlo y me está viendo de nuevo como antes. Me sonrojo y vuelvo a jugar con Keho.
Todo esto me confunde. Estar con Ryusei es como… siento como si tuviese a Inuyasha conmigo. Es como si todo volviese a ser como antes. Tengo que admitirlo… me siento atraída por Ryusei. Mientras más lo pienso más me convenzo de que así es, y de que hay una pequeña posibilidad, la más mínima, de que cuando Inuyasha dijo lo de volver a encontrarnos, esa sea su manera.
No se cómo, pero cada vez más estoy segura de que sí. De que Ryusei en cierto modo, es Inuyasha.
Ryusei: ¿Tienes hambre?
Kagome: Sí.- dios, estoy famélica.
Con Ryusei nos sentamos en la pequeña mesa llena de comida, mientras comemos hablamos sobre Keho. Por ahora prefiero evitar que pregunte sobre mí. ¿Qué tan raro sonará que le diga que provengo del futuro? Pero si él es Inuyasha… o enviado por él… se supone que tiene que saber de mí, ¿no?
Durante todo el rato en que comimos además de preguntar sobre Keho, le pregunto sobre él.
Ryusei: Cuando llegué aquí… este lugar estaba en ruinas. Todo esto estaba abandonado. Lo que ves aquí no es nada comparado a cómo era antes de mi llegada, según lo que me contaron. Todo esto era una aldea, Kagome.- señala el lugar con sus manos- Un poco antes de que yo llegara, lo destruyeron. Arrasaron con las casas, asesinaron a los hombres y niños… Las mujeres deseaban estar muertas.
Sonaba con tal tono de perturbación que era fácil creerle. Aunque no puedo creer que eso haya pasado… Todo este lugar es tan hermoso.
Después de comer, nos sentamos en la entrada de la casa. Escuchando el sonido del bosque y del rio correr. Por un momento cierro los ojos y disfruto de la sensación de tranquilidad que me provoca. De repente, siento la mirada de Ryusei en mí y lo miro de reojo sonriéndole. Me corresponde con una suave risa y nos miramos. Los recuerdos de Inuyasha invaden mi mente, pero los aparto para guardarlos en mi sección de momentos hermosos e inolvidables. Me permito disfrutar ahora.
Keho salta intentando atrapar una luciérnaga y soltamos una carcajada. Ryusei se levanta y va hacia él mientras yo me quedo sentada. Keho al verlo salta sobre él tirándolo al suelo y lamiéndole el rostro.
Siento que mi cara va a partirse de la gran sonrisa que tengo.
En un momento y no sé cómo, Ryusei me agarra en brazos y me lleva a través de la cascada, salta y los dos caemos al agua.
Cuando emerjo desde lo profundo él se está riendo mientras nada alrededor de mí. Le lanzo agua y sigue riendo. Se sumerge y me tira las piernas hacia abajo volviendo a estar bajo el agua. Abro los ojos y veo todo lo que hay bajo la superficie. Afuera ya está de noche pero bajo el agua se ve todo tan claro como si estuviese de día. Ryusei toma mi mano y me lleva más profundo hacia un resplandor que a medida que nos acercamos más brilla. Lo toma con una mano y volvemos a la superficie. Nos sentamos en la orilla, enrollo mi cabello para que se escurra el agua que gotea de el y veo lo que hace Ryusei a mi lado.
Está limpiando con su ropa el objeto que recogió bajo el agua. Cuando termina me lo muestra y yo formo una "O" con mi boca de lo sorprendida que estoy.
Es un collar. Tiene una pequeña piedra con una letra grabada en ella. Ryusei mira todas mis expresiones y sonríe. Me señalo con un dedo preguntando si es para mí después de leer la inicial de mi nombre grabada en aquella piedra. Ryusei rueda los ojos aun sonriendo y se levanta poniéndose detrás de mí. Coloca el collar encima de mi cuello, retiro el cabello para darle mejor acceso y me lo termina de colocar. Vuelve a mi lado y lo miro. Esos ojos color rojo intenso mirándome con adoración y ternura. Comienza a acercarse y yo aparto la mirada volviéndola al agua. Sé que decidí ya no preocuparme por estar siendo infiel a lo que ya antes había prometido… pero no quiero que todo vaya tan rápido y que después me arrepienta.
Siento un suave beso en mi cabello y luego Ryusei se levanta extendiéndome su mano y sonriéndome. La tomo y volvemos a la casita.
La noche ha caído completamente y está comenzando a hacer frío, froto mis brazos mientras veo lo que Ryusei hace. De no sé dónde saca un futon y lo extiende al lado de una fogata que ha encendido recién.
Ryusei: Bueno, aquí dormiremos hoy.- vuelve a dedicarme una sonrisa torcida.
Kagome: Estás loco si piensas que dormiré contigo.
Ryusei: -suelta una risita- Tú aquí- me señala, luego al futon- yo afuera.
Acepté, en parte, agradecida de que lo propusiera. Durante la noche me remuevo inquieta entre las mantas pensando en todo lo que ha pasado hoy y en lo lindo que ha sido Ryusei conmigo. Ahora no puedo evitar pensar que el sí es Inuyasha o enviado por él o que tiene algo que ver con él. Su actitud conmigo y en cómo se comporta es tan igual a la de Inuyasha…
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Me despierto de golpe gritando y moviéndome violentamente en el futon.
Otra pesadilla…
Niego con la cabeza mientras me froto el rostro con una mano. Ryusei entra alarmado y en un segundo está a mi lado.
Ryusei: ¿Qué sucede?
Kagome: Nada… solo, una pesadilla.
Ryusei: - suspira- Eso era, una pesadilla.- afirma y acaricia mi cabeza. Se levanta y camina hacia la puerta.
Kagome: ¿A dónde vas?
Ryusei: ¿Quieres agua?
Kagome: No.- pienso un poco en lo que diré, después de un suspiro profundo me atrevo a hablar.- ¿Puedes… dormir conmigo?
Lo veo asentir con la cabeza y acercarse a mí. Levanto las mantas para que se recueste y luego lo cubro con ellas. Me tira contra él y quedo con mi cabeza en su pecho mientras él abraza mi espalda.
Me siento tan cómoda con él así, que fácilmente vuelvo a quedarme dormida.
Lo último que escucho es su voz diciéndome: "he vuelto, Kagome…Mi Kagome…"
