Capítulo 11: Fiesta de desconocidos
Y resulta ser que, por segunda vez consecutiva, el curso de Sakura fue el ganador como el mejor curso de la Secundaria Seijo durante el Aniversario de Tomoeda. Eso, agregado al muy respetable segundo lugar de Tsutomu en la maratón, hacía que Chiharu no pudiera estar más feliz y orgullosa de sí misma.
Sus compañeros, por otro lado, sólo esperaban el dinero que recibirían como premio. Apenas les informaron que el viernes por la mañana les llegaría susodicho monto, guardaron 2/3 de él para futuras necesidades y, con el dinero restante, planearon lo que llevaban esperando semanas organizar: Una fiesta.
Y las fiestas de este curso en particular eran del tipo de fiestas que uno no olvidaba fácilmente.
- Yo digo que hagamos la fiesta este sábado – Opinó Nagata con actitud testaruda.
- Pero igual es poco tiempo – Replicó Chiharu – Mañana nos llega el dinero. Tendríamos que organizar todo entre mañana en la tarde y el sábado en la mañana y suena como a receta para el desastre.
- Aparte, no tenemos lugar donde hacerlo – Agregó Naoko.
- Yo presto la casa, si quieren.
Instantáneamente, todas las personas del salón se dieron vuelta hacia el fondo de ésta y observaron a Eriol con expresiones entre asombro y desconcierto. Pero el pelinegro no se inmutó y miró a sus compañeros con absoluta calma.
- Sin ofender, porque a mí me gusta mucho tu casa – Comenzó Chiharu con algo de cautela – Pero la última vez que hicimos una fiesta ahí hubieron ventanas rotas, varias sillas cojas y se arruinaron dos cuadros.
- Y hubieron vómitos, condones abiertos, cerveza en el suelo, completa destrucción de tu sofá, bolsas y bolsas de basura, y puedo dar fe de todo ello porque te ayudé a limpiar el día siguiente – Secundó Takashi.
- Buen punto – Concordó Eriol. Tras meditar unos segundos, volvió a hablar – Pero presto la casa si después me ayudan a limpiarla profundamente el domingo. O bien, lo hacemos todo en el patio.
- Honestamente, yo jamás prestaría mi casa de nuevo para una fiesta de este tipo – Comentó Rika sin entender a su compañero.
- Es que, si no hacemos la fiesta ahora, ya no la hacemos hasta final de año – Argumentó Eriol.
- Lo del patio suena bien, pero ¿Y si llueve? – Señaló Endo.
- Yo tengo toldos en mi casa – Ofreció Tomoyo – Aunque, si lloviera, dudo que importe mucho.
- Un momento. ¿De verdad quieren la fiesta este sábado? ¿Sí o Sí? – Exclamó Chiharu sin poder creerlo.
Sus compañeros se miraron entre sí y, para la poca sorpresa de Chiharu, la mayoría asintió. Al ver eso, la chica respiró hondamente y se preparó para organizar. Por segunda vez en dos semanas.
- Bien, será el sábado entonces. Sólo espero que, por el poco tiempo, no mucha gente se entere.
- Mi inocente Mihara, ¿De verdad piensas que no se van a enterar? – Preguntó Nagata con ironía.
Chiharu miró a su compañero detenidamente unos instantes para después suspirar con pesar.
- Este va a volver a ser otro largo fin de semana.
Hace un año atrás Sakura ayudó prácticamente en todo lo que pudo para preparar la fiesta de su curso. Teniendo a Chiharu de amiga, y el hecho de que Tomoyo había prestado el recinto en esa oportunidad, no le había quedado de otra. Así que el hecho de que ahora estuviera encerrada en su pieza sin ánimos de hacer absolutamente nada era un cambio del cielo al la tierra en comparación.
La chica miró el reloj. Eran las 7 de la tarde del sábado. La fiesta iba a partir más o menos a las 10. Y aún no mostraba ningún indicio de levantarse de la cama siquiera. Nop, ella no iba a ir a ninguna parte esa noche.
No es que tuviera depresión. Tampoco era que se estuviera acabando el mundo. Era sólo que tenía una pena tan grande por dentro que no tenía energías ni ánimos de nada. Y si bien podía sonreír durante el día y fingir normalidad, esa felicidad inventada le sabía cómo arena en la boca. Nada en comparación a lo que era realmente ser feliz.
Lo peor era pasar por todo eso sola. Ella adoraba a sus amigas pero, simplemente, no podía contarles todo. Una parte de ella se engañaba a sí misma diciéndose que nada de lo que había pasado en las últimas dos semanas fue real. Pero después su corazón le recordaba el dolor y se deba cuenta que todo eso sí había sucedido. Y que ya no podía volver atrás y borrarlo.
La ironía de toda la cuestión era que, por su parte, Shaoran parecía llevar todo el asunto de lo más bien. Era el mismo de siempre. El chico reservado, de pocas palabras, con buenas notas, deportista y alabado por sus fans aunque él no quisiera.
Él la había olvidado mucho más fácilmente de lo que ella a él. Y eso dolía.
Dolía saber que la ignoraba, que pasaba por su lado sin mirarla, que ya no se le acercaba, que ya no la besaba... Tanto dolía que ni siquiera era capaz de llorar. Estaba aturdida. Demasiado adormecida como para que los sentimientos salieran a flote. Llevaba casi una semana así y le desesperaba no saber cuando todo eso iría a terminar. Cuando volvería a ser la chica tranquila y simple de antes.
Como si pudiera volver a ser la misma de antes.
- Sakura, ¿Puedo pasar?
Sakura se arropó más en su cama y esperó. Su papá entró a la pieza con cuidado, observando junto a la cama de su hija un libro sin abrir y un postre de chocolate sin comer. Preocupado, entró a la pieza y se acercó a Sakura.
- Hija, ¿Estás enferma?
- No, estoy cansada. No pasa nada.
- A ver, mírame.
El señor Kinomoto tomó entre sus manos el rostro de su hija y Sakura lo miró fijamente en respuesta. La esmeralda pudo observar como su papá, tras unos instantes, sonrió un poco.
- Sakura, tú no puedes mentir. Tienes unos hermosos ojos que siempre te delatarán. En estos momentos no hay ni siquiera un poco de la chispa que los suelen cubrir.
Sakura miró a su padre unos instantes y después sonrió. La conocía demasiado bien. Como también ella se conocía y sabía que no podía seguir así, engañando a todos, incluso a ella misma.
Era una tonta. Shaoran ni siquiera había sido su novio. No tenía ningún derecho sobre él. Y, de ese mismo modo, él no tenía ningún derecho sobre ella. Controlaba sólo lo que ella le permitía controlar. Pero una semana era suficiente para el luto. Ahora debía trabajar en el arduo camino del olvido.
- Estoy triste, papá.
- ¿Me lo quieres contar?
- No. Lo que quiero es dejar de estar triste.
Fujitaka frunció un poco el ceño, pero después volvió a recuperar su expresión tranquila. Observó un poco hacia la ventana y después fijó su mirada en el retrato que Sakura tenía ahí de su difunta esposa.
- Cada vez te pareces más a tu madre. ¿Sabes como yo solía animarla?
- Creo que no – Respondió Sakura.
- Le cocinaba algo dulce. Una torta, un postre, lo que sea. Ella siempre tenía espacio para algo dulce en su estómago.
- ¿Vas a hacer torta? – Preguntó la chica animándose un poco de sólo pensarlo.
- No, los dos vamos a hacer una. A diferencia de tu madre, tú artes culinarias son esplendidas.
Así fue como, después de toda una tarde en la cama, Sakura se levantó y se dirigió a la cocina junto con su papá. Se decidieron por una torta de manjar y nueces. Por su parte, el señor Kinomoto hizo los bizcochos, mientras que Sakura se encargó del relleno. En ningún momento se habló del estado de ánimo de la esmeralda. Fujitaka, con esa gran empatía y tacto que lo caracterizaban, sabía que su hija no iría a hablar de eso sin deprimirse más. Y él no quería eso.
Ya alrededor de las 9 la torta estaba lista. Lo mejor sería esperar comerla al otro día para tener un mejor sabor, pero Sakura no podía aguantar más para probarla. Así que prepararon un buen té y se sirvieron ambos unos grandes pedazos para degustar.
Y, de pasada, Sakura volvió a recuperar su verdadera sonrisa.
- ¿Es necesario que te vayas tan pronto a otro viaje? – Preguntó Sakura con algo de lamento, mientras se llevaba un gran pedazo de torta a la boca.
- Lo sé, hija, pero al menos la conferencia es en Tokio, lo que igual es cerca. Pienso ir en auto el lunes en la mañana y volvería el viernes en la tarde. Tampoco es mucho tiempo.
- Ya sé que es tu trabajo y todo, pero siento que en los últimos meses has viajado mucho más que de costumbre. Lo que está muy bien, pero sería mucho mejor si me llevaras. Es algo triste quedarse acá sola.
- ¡Ah! Pero te prometí que te llevaría a Corea del Sur este verano, ¿Mitiga eso en algo el daño? – Ofreció Fujitaka con una sonrisa.
- Puede ser… - Respondió Sakura fingiendo enojo, aunque por dentro muy ansiosa respecto a ese viaje.
Lástima que el verano estuviera tan lejos aún.
Estaban lavando la vajilla cuando se sintió la timbre tocar. Los dos se miraron extrañados, pues no esperaban visita alguna, en especial a esas horas.
- Voy yo – Se ofreció Fujitaka y salió de la cocina.
Sakura volvió a concentrarse en lavar las tazas, restándole importancia. Sin embargo, cuando sintió a su padre volver a la cocina, y no precisamente solo, frunció el ceño. ¿Quién podría ser?
- ¡Sakura! ¿Por qué no contestabas tu celular? – Preguntó Tomoyo, para después saludarla.
- ¿Y por qué todavía no estás arreglada? – Continuó Rika.
- ¿Es eso torta de manjar? – Inquirió con fascinación Naoko - ¿Y con nueces?
Las amigas de Sakura entraron a la casa tal cual un huracán lo haría. Y pensar que hace sólo 5 minutos atrás todo había sido paz y tranquilidad. El papá de Sakura les ofreció torta a las tres chicas y, por supuesto, todas aceptaron. Las tres amaban lo dulce.
- ¿Una fiesta? ¿En serio? – Dijo Fujitaka con asombro - ¿Y por qué no me dijiste nada, Sakura?
La chica miró a su padre como si no supiera que responder. Lo que era más o menos verdad. Es que, realmente, se había olvidado por completo de eso en las últimas dos horas.
- Supongo que le dará permiso para salir, ¿No? ¿Señor Kinomoto? – Preguntó Tomoyo tras comer lo último que le quedaba de torta.
- Claro, no hay problema con eso, aunque no sé si Sakura quiera ir.
Las tres amigas fruncieron el ceño y miraron a Sakura extrañadas. La esmeralda sólo agradeció que Chiharu no estuviera ahí también. Con ella presente no hubiera tenido ninguna posibilidad de hacer lo que estaba a punto de decir.
- La verdad es que no quiero ir, chicas.
- ¿Cómo que no quieres ir? – Preguntó Naoko, como si no hubiera entendido bien.
- Pero, Sakura, esta es la fiesta que todos esperábamos – Agregó Rika con asombro e, incluso, algo de pena.
- Es que no tengo ánimos – Se defendió Sakura mirando al suelo.
- ¿Esto es por lo de Aiko? – Inquirió Tomoyo muy seria – Porque, si es por eso, te aseguro que si se le ocurre a esa tipa aparecer en la fiesta la echamos todos de una patada y listo.
Sakura levantó la cabeza asombrada y si no fuera porque realmente le hacía doler el estómago los recuerdos de ese desastroso domingo, hubiera sonreído. Sus compañeros la habían defendido. Incluso Yuri. Y siempre les estaría infinitamente agradecida por ello.
- Un momento, ¿Qué pasó? ¿Quién es Aiko? – Interrumpió Fujitaka.
- Ah, una chica del otro curso – Respondió Rika haciendo un gesto con la mano para restarle importancia.
- Está completamente loca y realmente no es necesario que se entere de su existencia siquiera – Secundó por su parte Naoko.
- Entonces, ¿Vamos? – Volvió a insistir Tomoyo – La fiesta ya debió de comenzar.
Sakura miró a sus amigas por unos segundos y después miró a su papá. Él simplemente levantó los hombros y la miró como si le estuviera diciendo que, sea lo que sea, era su decisión. La chica suspiró profundamente.
- No estoy arreglada y ni siquiera sé que ponerme – Dijo finalmente Sakura con derrota.
- ¡Ah, pero eso no es problema! – Replicó Tomoyo con una sonrisa y se paró – Yo arreglo eso. Vamos a tu pieza.
Y ahí se iba toda su asertividad a la basura, pensó Sakura con algo de fastidio. Tomoyo en menos de diez minutos ya tenía listo su atuendo completo, mientras que Rika se preocupó de su maquillaje y Naoko del cabello. Ahora que lo usaba más largo de lo que era hace antaño se podían hacer muchas más cosas. Sakura se sintió como un verdadero maniquí, sin voto o derecho alguno a opinar.
El resultado final quedó en unos jeans ajustados oscuros, unas converse clásicas negras de cuero, una blusa verde suelta y algo transparente, por lo que se podía ver en algo su sujetador (Negro, por supuesto, para que combinara) y algunos accesorios de plata que siempre tenía guardados.
A Sakura sólo se le vino a la mente una cosa al verse en el espejo.
- Voy a morir de frío.
- ¡Te ves divina! – Sentenció Tomoyo, como si no la hubiera escuchado – Sobrio, pero algo sugerente. Perfecto. Deberías vestirte así más seguido con el cuerpo que tienes, mujer.
- ¿Qué hay de malo con mi estilo? – Preguntó Sakura indignada.
- Bueno… - Dijo Naoko, buscando la palabra precisa en su mente – Supongo que se podría decir que es algo…
- ¿Cómodo?– Sugirió Rika.
- ¿Aburrido? - Agregó Naoko por su parte.
- ¿Cómodo y aburrido? – Replicó Sakura con la boca abierta. Ella jamás hubiera definido su estilo de esa forma.
- Me temo que coincido con las chicas– Comentó Tomoyo reflexiva – No es que te vistas mal, es que podrías vestirte mucho mejor. Lo de aburrido puede ser porque no eres del tipo de persona que le guste experimentar mucho. Pero en serio que deberías sacarle algo de provecho a esas piernas.
A Sakura le hubiera encantado rebatirle a Tomoyo sus palabras, pero no sabía cómo. Es que eso de 'no experimentar mucho' era demasiado verdad como para negarlo. Y supuso que lo de cómoda no era tan errado tampoco.
- Quizás con unos tacos sería mejor… - Sugirió Tomoyo reflexiva más para ella que para sus amigas.
- Ah, no. Hasta aquí quedamos – La interrumpió Sakura, alejándose.
- ¡Espera! – Exclamó Rika – Aún no termino tu maquillaje.
- Ni yo tu cabello – Expresó Naoko, mostrándole el cepillo con amenaza.
Y después de quince minutos más, Sakura estaba lista. Para su alivio, Rika mantuvo el maquillaje ligero, usando algo de BB cream, delineador líquido negro, un poco de máscara y un bálsamo labial con color. Naoko, por su parte, se decidió por tomar el cabello por completo en una trenza holandesa, formando con ella un cintillo. Y, para darle algo más de vida, dejó parte del flequillo suelto y varias mechas para que cayeran alrededor.
Sakura estaba francamente asombrada con el resultado final.
Al terminar, las tres amigas se miraron orgullosas de su trabajo. Sakura, por su parte, sólo pensaba en que si iría a salirse con la suya en lo de usar su abrigo para la lluvia en vez de la chaqueta de cuero que Tomoyo tanto quería. La pelea se alargó al menos cinco minutos.
Iban a llegar sumamente tarde. Pero, en esa última discusión, Sakura ganó.
El que las chicas hayan llegado con una hora y media de retraso a la fiesta no pareció molestarle a nadie, a excepción de Chiharu. ¿Y dónde estaban metidas?, ¡Estaba tan sola!, ¿Cómo que Sakura no quería venir?, ¿Y por qué no me avisaron?, esas fueron sólo algunas de las preguntas con las que Chiharu las atacó al llegar. Por suerte, donde estaban la música estaba tan fuerte que, al final, no valía mucho la pena conversar (O discutir). Y las chicas se salvaron de lo que quedaba de interrogatorio.
Aunque no llovía, se sentía la humedad en el aire. Sakura se alejó de sus amigas y observó el lugar. Por suerte para los vecinos, Eriol vivía literalmente en la punta del cerro y su vecino más cercano era un parque de diversiones. Las demás casas estaban al menos dos cuadras más abajo. Normalmente Eriol se quejaba de que todo le quedaba muy lejos. Pero, para ocasiones como estas, era realmente beneficioso.
- Espero que no les haya costado mucho llegar a Narnia, Sakura – Le saludó Eriol
- Pensaba que llamabas a tu casa Hogwarts – Replicó con una sonrisa la chica.
- Bah, Narnia, Hogwarts, Tierra Media, el país de Nunca Jamás. Todos quedan endemoniadamente lejos.
- ¿Se puede ocupar todo el patio para la fiesta? – Preguntó la esmeralda, observando a su alrededor.
- Me da lo mismo. Mañana me tienen que ayudar a limpiar de todas formas.
- ¿Y si alguien cruza al parque de diversiones? – Lo que ya había sucedido en la fiesta anterior que se hizo ahí.
- Pues más vale que corra como un demonio el que cruce, porque la policía no se lo va a tomar con tanta gracia. Ni los dueños. Aunque yo sí.
Sakura rió. El que la policía apareciera ahí sólo sería la guinda de la torta y le agregaría más historias a las que ya sus fiestas tenían. Realmente podía visualizar a Eriol disfrutando lo que sería ese espectáculo.
- ¿Dónde puedo dejar mi abrigo?
- En mi pieza, si quieres.
- ¿En tu pieza? – Repitió Sakura con asombro.
¿Eriol había abierto su casa completa para esa fiesta? Entonces, ¿Por qué demonios estaban todas las personas afuera? ¿No que hacer la celebración en el patio era justamente para evitar eso?
- Es sólo para que dejen sus cosas los del curso. Los demás tienen el living a su disposición – Explicó Eriol, como si hubiera leído su mente.
- Supongo que sacaron los cuadros, ¿No?
- Sacamos casi todo, en realidad. Sólo hay un cuadro que no saqué, pero está muy alto.
- Te lo van a romper y lo sabes – Replicó Sakura como si fuera demasiado obvio.
- No me quería romper el cuello. Sucede que me gusta como afirma mi cabeza – Rebatió Eriol apuntándose – Y ni siquiera me gusta el cuadro.
Sakura volvió a reír. Eso era lo mejor de Eriol. Su sentido del humor relajado y sardónico. Nunca se estresaba por nada y nada era tan grave. Y le tenía aprecio porque, pese a que engañó a su amiga de una forma muy fea, ella sabía que él adoraba a Tomoyo. Que aún lo hacía. Aunque igual no le habló como por seis meses tras lo ocurrido.
La chica entró a la casa por la cocina. Ese era otro lugar a disposición del público, aunque sus compañeros se encargaron de dejar sólo lo justo y necesario ahí. Para entrar a lo que quedaba de casa había que pasar una puerta grande de madera. Esa puerta era, por ahora, cuidada por Sato y Endo, los que mataban el tiempo bebiendo cerveza.
- Ah, Kinomoto. Pasa – Le indicó Endo abriendo la puerta
Sakura los saludó y siguió su camino. Ella ya había paseado por esa casa bastantes veces, pero nunca de noche y con casi todas las luces apagadas. Sabía que la pieza de Eriol estaba en el primer piso, por lo que subir las escaleras no era opción. Probó con dos puertas hasta que, a la tercera, encontró la que buscaba.
Sacarse el abrigo le tomó valentía. Es que realmente hacía frío esa noche. Pero Tomoyo la mataría si no lucía en algo su atuendo. Al salir de la pieza se encontró justamente con la amatista y Naoko.
- ¡Ahí estás! Te nos perdiste.
- Me encontré con Eriol y me mandó acá.
- A nosotros nos dijo Aizawa – Comentó Naoko – Aunque nos perdimos un poco. Nunca había estado en esta parte de la casa.
- ¿Nunca? – Sakura miró asombrada a Tomoyo – ¿Tú tampoco?
- Créelo o no, nunca he estado en la pieza de Eriol. Ni él en la mía – Respondió con completa calma la amatista.
- ¿Y eso es posible de hacer en una relación? – Volvió a preguntar la esmeralda cada vez más pasmada.
- Supongo que sí, ¿No?
Mientras las chicas fueron a dejar sus cosas, Sakura aún seguía en el pasillo procesando la información que acababa de recibir. ¿Ven? Esa debió haber sido otra razón por la que Eriol había querido tanto a Tomoyo. Entre ellos dos nunca nada había sido muy convencional.
Las tres amigas salieron al patio y observaron el ambiente. Como era de esperar, ahí había gente que Sakura ni siquiera sabía que existían. La única regla que tenían sus fiestas era que sólo personas de la secundaria podían entrar, a menos que fuera invitado exclusivamente por alguien del curso. Así que ver a chicos de todas las edades ahí, y de todos los cursos, era de lo más normal.
La mayoría no llegaban tanto por el alcohol, la comida o la música. Era porque siempre sucedía un escándalo ahí. Sea bueno o malo, la gente terminaba hablando de sus fiestas por semanas. ¿Qué iría a pasar esa noche? Nadie lo sabía.
Sakura se iba a dirigir hacia donde las personas estaban bailando, pero al ver a Tsutomu sólo junto a la pared y observando a la multitud le llamó la atención. Ni siquiera necesitaba seguir su mirada para saber a quien estaría prestándole atención en esos momentos. Sakura se le acercó.
- ¿Es eso vodka? – Apuntó Sakura al vaso que Tsutomu sostenía.
- Oh, no Kinomoto. No te voy a dar.
- ¿Por qué no? – Replicó la chica fingiendo un puchero.
- No me mires así, sé que no bebes esto. Mientras sigas luciendo como una niña de 11 años no deberías beber alcohol. Aunque te vez muy linda hoy.
- Muchas gracias – Dijo Sakura mirando su ropa – Aunque me da algo de frío con esta blusa.
- ¿No que ustedes, mujeres, se preocupan más de lucir bien y quejarse menos?
- No esta mujer.
Tsutomu le sonrió. Le dio un sorbo a su vaso y volvió a fijar su mirada en la multitud. Sakura se puso a su lado y miró la multitud con él.
- Podrías acercártele, ¿Sabes? – Comentó Sakura – Rika de seguro bailaría contigo si se lo pidieras.
- No estoy lo suficientemente borracho como para hacer eso aún.
- ¿Y necesitas estar borracho?
- Oh, sí – Afirmó el chico, terminando lo que le quedaba en el vaso de golpe – Mucho.
Sakura lo miró unos instantes y después sonrió con algo de pena.
- Ella no es así. Rika jamás jugaría con tus sentimientos.
- Tampoco estoy listo para el rechazo. Para eso necesitaría estar en un coma etílico.
- Oh, vamos. ¿Tanto dependen los hombres del alcohol para estas cosas? – Preguntó Sakura levantando los brazos.
- Si importa tanto como a mí me importa Sasaki, sí.
Sakura rió. Si Tsutomu y Rika terminaban juntos, ella iba a amarlos como pareja. Tenían personalidades que se llevarían muy bien. Y, lo más importante, Tsutomu quería en serio a su amiga. No podía pedir nada mejor para ella.
- Baila conmigo, entonces – Ofreció Sakura.
- No soy bueno bailando, la verdad – Replicó Tsutomu mirando el fondo vacío de su vaso.
- ¿Me estás rechazando? – Exclamó la esmeralda fingiendo estar herida.
- Está bien, está bien. Sólo espero que seas buena esquivando mis golpes, así de torpe soy.
Y los dos se dirigieron a la improvisada pista de baile.
Probablemente los dos debían lucir de lo más graciosos bailando juntos. Aunque cualquiera que bailara con Tsutomu tendría uno que otro problema en lucir bien a su lado, a menos que tuviera porte de modelo. El que, a propósito, Sakura no tenía. Pero a ella no le importaba. Bailó sin temor a nada, dejando fluir la música por su cuerpo. Y, para su relajo, Tsutomu sólo estaba exagerando. No bailaba tan mal como él decía.
Sin embargo, para cuando estaban bailando su cuarta canción, pareció que el mundo se detuvo. La música seguía fuerte, pero las personas ya no bailaban. Sakura los miró a todos extrañada. ¿Qué estaba pasando? Buscó luces o sirenas en caso de que fuera la policía, pero nada. Miró a Tsutomu y se dio cuenta de que él si sabía lo que estaba pasando. Al ser más alto tenía mucha más ventaja en ver cosas que, entre la multitud, Sakura no podía ver. Y, sea lo que sea que estaba pasando, tenía a Tsutomu completamente choqueado.
- ¿Qué? ¿Qué pasa? Yo no veo nada – Le exclamó Sakura a su compañero.
- Es que es imposible… - Murmuró Tsutomu, pero no dio explicación alguna.
Sakura, presa de la curiosidad, siguió la mirada de Tsutomu y se hizo espacio entre las personas en esa dirección. A los pocos pasos, comenzó a detenerse lentamente. Parecía ser incluso borroso lo que estaba viendo. Pero, cuando ya estaba a pocos metros y la vista era mucho más clara, se paralizó donde estaba. No podía ser.
Era Shaoran. Pero no estaba sólo. Aiko estaba ahí también. Si hubieran estado conversando o bailando, no hubiera importado nada. Realmente no. Pero lo que estaban haciendo dejó a Sakura sin aire. El verlos besarse con desenfreno fue peor que si le hubieran dado una patada en la cara. Su cerebro entró en shock. Por suerte, todo el mundo estaba igual de asombrado, por lo que Sakura pasaba desapercibida. Pero, seguramente, sólo ella sentía esa inmensa presión en el pecho. Tanta presión, que ni siquiera podía respirar.
Huyó de ahí. No podía seguir viendo eso. Se hizo paso entre la multitud que aún veía el espectáculo y se acercó a la casa. Necesitaba salir de ese lugar. Al menos si no quería desmayarse o vomitar ahí mismo. O ambos. Estaba a pasos de la cocina cuando Yuri la detuvo.
- Sakura, ¿Qué pasa? ¿Estás bien? – Le preguntó la chica preocupada al verla tan mal.
- Sácame de aquí – Susurró con desesperación la esmeralda.
- ¿Dónde están tus cosas?
- En la pieza de Eriol
- Vamos a buscarlas. Pero relájate, te ves sumamente mal.
Lo siguiente Sakura lo vivió de forma borrosa. Yuri la ayudó a buscar su abrigo y a ponérselo, y la sacó de la casa lo más rápido que pudo. Lo que fue fácil pues toda la gente estaba en el patio. De seguro nadie se percató siquiera de que las dos chicas dejaban el lugar.
Caminaron y caminaron, alejándose cada vez más de la casa de Eriol. Yuri tomaba a Sakura del brazo guiándola, ya que no estaba muy segura de que la esmeralda estuviera cien por ciento consiente. Se cruzaron con varios chicos que preguntaban donde era la "famosa fiesta", pero las dos los ignoraron a todos. Yuri estaba preocupándose cada vez más por Sakura.
Finalmente, Yuri se decidió por tomar un taxi y que las dejara en el parque del Rey Pingüino. Quizás hubiera sido mejor dejar a Sakura en su casa, pero Yuri sabía que eso no era lo mejor en ese momento. Su instinto le dijo que eso no era lo que la esmeralda realmente quería. Así que, tras pagarle al taxista, se bajaron y Yuri dirigió a Sakura a una banca que estaba oculta de la vista desde la calle. Nadie las vería ahí.
- Sakura… - Comenzó Yuri lentamente, con algo de timidez y mucha preocupación - ¿Qué está pasando?
Por un instante Yuri pensó que Sakura no le había escuchado pero, tras unos segundos, la esmeralda comenzó a reaccionar. Para cuando Yuri finalmente vio el rostro de Sakura y sus bellos ojos completamente atormentados, de inmediato se acercó más a la esmeralda y la tomó entre sus brazos, sosteniéndola.
Y ahí, en ese parque desierto, en medio de la noche, y en los brazos de Yuri, Sakura hizo lo que en una semana no había podido hacer, pero que tanto había necesitado. Sus ojos se llenaron de lágrimas y dejó el llanto fluir.
Notas de la autora:
No me maten, ¿Sí? De ahora en adelante ya nada peor puede suceder. Podría si yo lo quisiera, claro, pero hasta acá llega mi voluntad de hacer sufrir a la pequeña Sakura. Así que no me tiren tomates, ni piedras, ni bombas.
Mi única aclaración respecto a la historia es por BB cream. En caso de que no sepan, es un tipo de crema ligera utilizada como base, especialmente en países asiáticos. Me pareció apropiado utilizarlo en este caso. En realidad, disfruté mucho escribiendo el outfit de Sakura y las típicas conversaciones femeninas cuando uno se prepara para ir a una fiesta. Lo siento si llegué a aburrir a alguien con eso porque admito que escribí más de lo que hubiera sido necesario :P
Por otro lado, recibí un review preguntándome porque demoraba tanto en actualizar si los capítulos ya están escritos. Y me pareció su pregunta muy justa porque sé que esperar es horrible. Lo he vivido así que los entiendo muy bien. Por lo que les contaré más o menos que es lo que pasa.
De primera, trabajo :( No en el trabajo más demandante del mundo, pero me cuesta mucho equilibrar mi tiempo. Eso es exclusivamente mi culpa y lo siento mucho. Soy horrible manejando mi tiempo. Segundo, mínimo me toma al menos 6 horas editar un capítulo. A veces dos días. Reviso una y otra vez, busco faltas de ortografía, cambio diálogos, cambio párrafos, arreglo problemas de coherencia y cohesión, reviso que todo tenga sentido con capítulos anteriores, y la lista sigue. Y, lo peor, nunca es perfecto. Este capítulo me tomó al menos 7 horas editarlo y con eso me doy por agradecida. En general, eso son los más grandes problemas a los que me enfrento. Como bonus esta vez, estuve enferma en los últimas 4 días.
Esas son mis grandes excusas. Aún así, no crean que me he olvidado de esta historia en algún momento. Siempre trato de escribir, aunque sea un párrafo, y tengan por seguro que verán el final de esta historia en un futuro cercano. No tengo ningún plan de abandonar.
¡Miles de gracias por todos sus comentarios! Esta vez, todos los reviews fueron de vueltos y no podría estar más feliz con ello. Para las persona sin cuenta en fanfiction, pueden encontrar sus respuestas en mi profile. Muchas gracias por enviarme ánimos y por agregar esta historia a sus favoritos/alertas también!
¡Nos vemos en el capítulo 12!
PD: Me acabo de dar cuenta... Ya no queda nada para que termine la historia! Dios, el tiempo sí que pasa rápido.
