CAPÍTULO 11

Después de aquella primera cita y a la que Stiles se repetía que debía dejar de llamar cita, porque no lo había pese a que habían estado los dos y a solas y había sido increíblemente agradable todo…

Pero no había sido una cita, así que deja ya de protestar…

El caso fue que, después de aquella primera… vez, hubo unas cuantas más.

Y en cada una de esas… veces, Stiles regresaba a casa con tal cara de felicidad y atontamiento general, que su padre empezó a preocuparle que hubiera vuelto a beber. La cuarta vez consiguió tranquilizarle, diciéndole que simplemente estaba quedando con alguien, aunque no se atrevió a mencionar que ese alguien era Derek Hale. Intuía que no le haría mucha gracia conocer ese pequeño detalle.

Pero la explicación pareció ser del agrado del Sheriff, quien incluso le dio un abrazo marca registrada Stilinski, comentando que se alegraba muchísimo por él y que merecía tener a alguien que le hiciera feliz.

Lástima que Derek nunca llegaría a hacerle feliz del modo en que su padre esperaba.

Pero Stiles no se arrepentía.

Cada vez que quedaba con Derek, generalmente en su loft o cuando le acompañaba a vigilar las trampas que había colocado en el bosque frente a posibles enemigos (definitivamente se parecía cada vez más a Batman), tenía la ocasión de conocer más cosas del hombre lobo. Tal vez fueran detalles sin importancia: comentarios que decía de pronto, o recuerdos que sentía la necesidad de compartir, justo después de que Stiles mencionara alguno de sus sueños pasados… Pero con cada uno de ellos, la imagen idealizada de Derek se transformaba en una más real, cercana, e incluso mejor que la que ya tenía de él.

Porque cada vez que mencionaba escuetamente algo de su madre (seguía siendo Derek y las palabras no eran su fuerte), o que de repente sonreía ante algo que contaba cuando al principio habría negado que le hacía gracia; Stiles se sentía feliz por ser su amigo. Por tener la suerte de haberle conocido y de poder hacerlo ahora más a fondo. Con todos sus problemas de confianza ya completamente olvidados.

Tal vez por ello, se le ocurrió la genial idea (absurda según Scott y Isaac), de quedar un día los cuatro en una noche de chicos.

Lo malo es que se le ocurrió compartir su plan cuando estaban todos juntos tras una corta reunión en el loft, y que seguía siendo algo así como el centro de reuniones de la manada pese a que él ya no era el Alpha de dicha manada.

Nada más proponerlo, el grupo se quedó en silencio. Isaac y Scott no supieron qué decir y Derek, que nunca hablaba, no supo qué hacer con sus cejas…

Al final fue el propio artífice de la idea quien rompió el silencio. Moviendo las manos como si tuvieran vida propia, explicó que se merecían un descanso y hacer cosas normales por una vez. Y que ahora que las cosas estaban increíblemente tranquilas, les vendría bien olvidarse por una noche de perseguir animales, seres mitológicos o cazadores; y simplemente ir a tomar algo por ahí los cuatro chicos juntos.

Sin embargo, el plan no terminaba de convencer a los demás. Isaac y Scott, pese a que habían superado en parte sus diferencias gracias a la sorprendente aparición de Kira (que no hubieran sabido de la existencia de aquella chica desde el primer día, con lo escandalosa que era, sería algo que Stiles jamás entendería), no se sentían del todo cómodos estando juntos. Y Derek… Bueno, con Derek uno no podía estar del todo seguro. Porque pese a que se mostraba más abierto y cercano cuando estaban los dos solos, en cuanto aparecía alguien el muy idiota se ponía esa máscara inexpresiva que hacía imposible saber lo que estaba pensando. Y eso era muy frustrante.

Por fortuna, Stiles ya sabía muy bien cómo funcionaba aquella cabecita tan mona, y también cómo lo hacía la de su mejor amigo y reciente Alpha de la manada. Así que no tuvo ningún reparo a la hora de usar el chantaje emocional, mencionando el detalle de que quedar todos juntos ayudaría a unir mejor los lazos de la manada, y que eso debía ser bueno para la manada. ¿No?

Lo dijo con tal cara de inocencia, que no tenía del todo seguro si habría conseguido engañarles. Pero fue mencionar la niñita de los ojos de los dos jefes de la manada (cada uno a su modo), y se acabaron las dudas.

A veces era tan fácil ser el humano de la manada, pensó Stiles entonces.

Al llegar a uno de los bares del centro de Beacon Hills, Stiles seguía felicitándose por sus geniales ideas.

Nunca habían entrado allí, principalmente porque se suponía que no tenían edad para entrar, por mucha pasta que se gastaran en carnets falsos.

Esta vez Derek estaba con ellos y no tuvieron ningún problema a la hora de pasar.

Otra cosa, por supuesto, fue convencer a la camarera de que tenían la edad para beber.

Un problema con el que sólo se encontró Stiles, pues al parecer Scott y Isaac sí que aparentaban tener los 21.

No obstante, Stiles no dejó que el incidente acabara con su buen humor. Sobre todo cuando vio a Derek más relajado de lo que le había visto en mucho tiempo… Corrección: Más relajado de lo que jamás le había visto, estando rodeado de los otros miembros de la manada y de cientos de desconocidos.

Vale que seguía mirando a todo el mundo en modo espeluznante. Pero al menos no parecía que iba a lanzarse a la yugular a la primera de cambio. Y en cuanto a su obsesión por espiar a todos desde las sombras… Suponía que algunos hábitos eran difíciles de olvidar.

El caso es que, comparando el antes y el después, este Derek parecía más humano y menos lobo.

Incluso se ofreció a pagar la primera ronda de bebidas.

Después de pedir en la barra, Isaac y Scott fueron a sentarse en una de las mesas del fondo mientras Derek terminaba de pagar. Y aprovechando que el ex Alpha no podía verles, no disimularon el intercambio de miradas de asombro ante el comportamiento "tan normal" de Derek Hale.

Pese a que aquella actitud molestó un poco a Stiles (decía poco de la imagen que tenían del tipo que les salvó la vida en incontables ocasiones), se dijo que a fin de cuentas para eso estaban allí: Para pasar un buen rato y de paso que los demás tuvieran la ocasión de conocer al Derek de verdad, y no al capullo en que se convertía cuando estaba con gente en la que no confiaba.

Definitivamente, había tenido una idea genial.

Por supuesto, no pensó lo mismo cuando ocurrió algo con lo que no había contado.

Algo que, la verdad, había sido absurdo no pensar que ocurriría, porque no dejaba de ser Derek. Con su cazadora de cuero. En un bar.

Una mezcla que, oh que sorpresa, atrajo la atención de la camarera que le estaba dando las bebidas a Derek: una cerveza para él, dos cubatas para los chicos lobo, y una coca-cola para el humano sin edad para beber; y que no paró de sonreírle mientras lo hacía.

Y Derek, si hubiera sido el Derek de hace un par de semanas, ese que no hablaba y que parecía ofenderse por el hecho de que respiraras; habría respondido a la camarera con su mirada de "piérdete antes de que haga algo con mis dientes, y no será algo agradable".

Pero el Derek de ahora, gracias a las sesiones con Stiles, se había convertido en una persona seca pero amable, y que en vez de amenazar a las camareras que flirteaban con él, se limitaba a sonreírlas como si estuviera contento y todo de verlas.

No. En ese momento Stiles no se sentía un genio para nada.

Scott le dio entonces un codazo, obligándole a volver al presente. Y de paso a dejar de mirar de un modo tan descarado.

Cuando Stiles se dirigió a su amigo y este tenía una ceja levantada a lo Derek (salvando el millón de diferencias, claro), no tuvo más remedio que sonreír con vergüenza.

Sabía lo que estaba pensando, y sabía que tenía toda la razón: No podía estar celoso de aquella chica que sólo estaba hablando con un amigo… Porque Derek sólo era eso: Un buen amigo, del que seguía estando enamorado, pero que nunca sería nada más.

Stiles tragó como pudo el nudo que se le había formado cuando Derek llegó a la mesa. Entregó a cada uno su bebida, y se sentó justo a su lado.

- ¿Qué es eso? – preguntó entonces Isaac, señalando una servilleta que había al lado de la cerveza de Derek y que tenía algo escrito.

- El número de teléfono de la camarera – comentó sin más problemas el hombre lobo, dando un trago a su bebida.

- Tío. ¡Esa preciosidad te ha dado su número de teléfono!

Derek respondió a Isaac como solía hacer cuando decía estupideces: se le quedó mirando varios segundos en silencio, con la ceja muy poco levantada porque no merecía la pena el esfuerzo; y esperó a que el propio Isaac comprendiera que no era buen momento… Ni ahora ni nunca.

Por su parte, Stiles observó la muda conversación con interés. Más aún cuando Derek cogió la servilleta sólo para arrugarla y dejarla en el cenicero de al lado.

Stiles sonrió como un maniaco ante la reacción del ex Alpha, y tuvo ganas de girarse y gritar "entérate, zorra, no está interesado".

- No estoy interesado – añadió Derek, por si no hubiera quedado ya claro, justo antes de agarrar la mano de Isaac que iba a coger la servilleta. Le miró con cara de incredulidad.

Misma cara que tenía Scott, por cierto, quien incluso mostró sus ojos rojos durante una milésima de segundo. El tiempo suficiente para recordarle a su compañero de cuarto que no podía hacer eso, principalmente porque en teoría estaba saliendo con Allison.

Isaac guardó las manos debajo de la mesa, y las dejó un buen rato ahí.

- ¿Por qué no? – preguntó entonces Scott.

Stiles le había pedido que tratara de ser amable con Derek y se comportara con él como si fuera un colega más. Y como se suponía que los colegas hablaban, pero iba a ser muy difícil que Derek hiciera aquello; no le quedaba más remedio que ser él quien iniciara todos los temas de conversación. Y ya de paso, estaba realmente intrigado por el comportamiento de Derek.

- Sólo estaba siendo amable – replicó Derek con tono seco, dejando claro que no quería seguir con ese tema.

A Stiles no le pasó desapercibido el nerviosismo de Isaac y Scott ante el comportamiento de Derek. Se recordó que para ellos el simple hecho de estar en un bar con él era algo fuera de lo común y tampoco era plan de cargar más el ambiente.

Pero eso no significó que no le siguiera dando vueltas al tema.

Sobre todo cuando era evidente que el buen rollo con el que habían llegado se había esfumado por completo: Isaac y Scott empezaron a hablar entre ellos en voz muy baja, como si tuvieran miedo de molestar a los demás. Y Derek… Derek tenía la vista fija en el infinito… O al menos esperaba que fuera el infinito, porque si fuera una persona el blanco de su mirada, esa persona debía estar ya más que muerta.

Cuando llevaba ya un buen rato intentando averiguar qué habría pasado, comprendió que todo había sido a consecuencia de la camarera. Que Derek sólo se había puesto irritable a raíz de explicar que no estaba interesada en ella.

Y fue entonces el turno de Stiles de no entender qué demonios pasaba dentro de su cabeza.

Se suponía que tenía que alegrarse por ello y no darle más vueltas al tema. Que la camarera había dejado de ser un problema y todo estaba bien ahora.

Y justo entonces comprendió cuál era el problema.

Y el problema era, irónicamente, que nunca había habido un problema. Que no podía pensar en aquella chica o cualquiera de las cientos que ahora se estaban comiendo a Derek con los ojos, como si fueran un problema. Porque no lo eran. No eran precisamente competencia, porque no había nadie contra quien competir.

Ser consciente de ello, pese a que era algo que se había repetido numerosas veces desde que tuvo aquella primera conversación con Derek, logró reabrir las heridas. Porque una cosa era aceptar que sólo serían buenos amigos; y otra muy distinta que no doliera cuando era otra persona la que se lo recordaba.

Pero eso era lo que había. Y tenía que aceptarlo de una vez por todas.

Otra cuestión era, claro, saber por qué no quería quedar con ella. No es que pensara que Derek era de los tradicionales, que sólo dan el paso cuando hay anillos de por medio. Sería absurdo pensarlo, teniendo en cuenta su historial amoroso.

Y entonces, justo entonces, comprendió qué era lo que estaba pasando. Por qué Derek rechazaba tan rápido la opción de pasar un buen rato, y por qué tenía claro que lo iba a rechazar siempre.

Y aquello sí que no era justo.

Stiles no tuvo muy claro qué fue lo que hizo para que Scott intuyera que le pasaba algo. Tal vez fue el suspiro ahogado que trató de disimular; el modo en que su corazón se aceleró un poco cuando comprendió la verdad… O tal vez fue algo mucho más sencillo, como el hecho de que no hubiera hablado en los últimos cinco minutos, y eso era prueba más que suficiente para entender que pasaba algo.

Sin embargo, Scott no dijo nada. Se limitó a darle un leve codazo mientras Isaac y Derek hablaban de cómo puede emborracharse un hombre lobo; y Stiles sólo pudo sonreír levemente, indicando que no pasaba nada. Que estaba bien pese a que su corazón dejaba claro que no lo estaba.

Por fortuna, Scott y él ya habían mantenido varias conversaciones mudas a lo largo de los años. Así que Scott miró de reojo a Derek, preguntando si tenía algo que ver con él. Stiles asintió, un tanto avergonzado por ser tan evidente, tras lo que miró a la servilleta arrugada. Esta vez fue el turno de Scott de asentir, con mirada triste, y miró hacia la puerta del bar, en una clara pregunta de si quería irse ya.

Stiles negó con disimulo, pero algo debió ver Scott en sus ojos, que le obligó a tomar cartas en el asunto.

Con descaro, Scott sacó el móvil de su chaqueta, comentando que iba a mandar un mensaje a Kira, para ver cómo les iba a las chicas que también habían quedado por su cuenta. Mandó un WhatsApp al grupo, y cuando Kira respondió Stiles sacó su móvil para leer la respuesta.

Y junto al mensaje de la chica, había otro privado de Scott. Lo abrió rápidamente, y leyó las palabras de su amigo. Claras y concisas.

"Tienes que pasar página. No os está haciendo bien a ninguno de los dos".

Stiles borró el mensaje y miró de reojo a Scott.

Pero Scott ya se había levantado.

- Voy a por otra ronda – comentó el Alpha – Isaac, ayúdame – agarró al Beta sin más miramientos, quien no tuvo otra que seguirle hasta la barra.

Stiles trató de no reír ante el descarado intento de dejarles a solas. Y cuando Scott llevó a Isaac hasta la barra más alejada y llena del bar, cuando la que estaba al lado estaba completamente vacía; supo que contaba con el tiempo suficiente.

- Deberías quedar con ella – dijo de pronto, antes de poder arrepentirse. Derek le miró extrañado, sin saber muy bien a qué se refería, y Stiles cogió la servilleta arrugada. La desenvolvió y aplanó con las dos manos hasta que fueron visibles todos los números, y la dejó frente al hombre lobo.

Derek observó la servilleta y luego al chico con cara de sorpresa.

- ¿Desde cuándo me organizas mis citas? – preguntó con cierto toque de humor.

- Desde que sé que tú nunca vas a dar ese paso – respondió Stiles, mucho más serio.

- Y eso a ti te importa porque…

Stiles resopló a disgusto. Casi le molestaba más que Derek se lo estuviera tomando a guasa, cuando no dejaba de ser un tema personal y lo normal hubiera sido que le molestara que se entrometiera en su vida privada… Pero estaba claro que ese no era el caso.

Tal vez en el pasado lo hubiera sido, antes de aprender eso de confiar en la gente y sincerarse. En concreto, con cierto adolescente.

- Porque es una estupidez que el único que tiene posibilidades de pasar un buen rato, no haga nada para conseguirlo.

- ¿Y quién te ha dicho que quiero pasar un buen rato? – preguntó un poco más serio. No le había pasado desapercibido el tono de Stiles.

- El sentido común, Derek – dijo su nombre como si estuviera hablando con un niño pequeño que no se enteraba de nada – ¿De verdad me estás diciendo que no quieres quedar con ella? ¿O con cualquiera de las otras chicas que ahora mismo te están comiendo con los ojos?

El Beta lanzó una mirada a la gente de alrededor, y puso una mueca de disgusto cuando efectivamente encontró a varias mirándole con ojos lascivos.

- No estoy interesado.

- ¿Por qué no?

- Porque no – replicó grave, el humor totalmente desaparecido. Y tanto sus ojos como labios, volvieron a ser los del Derek del principio. El que nunca explicaba las cosas pero estaba convencido que todo era culpa de los demás.

Stiles apretó los labios con fuerza, obligándose a contar hasta diez antes de perder los nervios.

Aunque eso no implicara que no fuera a decir lo que sabía que tenía que decir.

- Ya te dije que no fue culpa tuya – dijo, más calmado – No puedes pensar que todas las chicas del mundo con las que te relaciones van a acabar siendo unas psicópatas.

Derek frunció el ceño, y Stiles se odió por haber sido el causante de que se fuera a la mierda el estado de relax en el que el llevaba desde hacía semanas.

- ¿Por qué estás siquiera hablando de eso?

- Porque TÚ estás pensando en eso. Y no deberías.

El hombre lobo resopló por la nariz, como un toro a punto de atacar.

- No quiero salir con nadie. Fin del asunto.

- ¿Hasta cuándo? – no le dejó responder – Puedo entender que después de la última vez, te apetezca un tiempo lejos de complicaciones. ¿Pero va a ser así siempre?

- ¿Y qué más te da a ti?

- ¡Cómo que qué más me da! – repitió, ofendido – ¿Pero eres idiota o qué? En serio crees que me da igual pensar que vas a convertirte en un lobo amargado y huraño. Que no me importa que te quedes sólo, odiando al resto del mundo.

- Es lo que era cuando me conociste – apretó la mandíbula, sabiendo que había sido un golpe bajo.

Por desgracia, Stiles le conocía demasiado bien como para caer en la trampa.

- No me vengas ahora con esas. Sabes perfectamente que ya no lo pienso. Que sólo he tenido que estar un par de días contigo para conocerte de verdad y saber que no eres nada de lo que creíamos al principio. De lo que tú te empeñabas que creyéramos.

Derek intentó replicar… Sólo para comprender que, daba igual lo que dijera, Stiles conseguiría rebatirle. Era lo que pasaba cuando confiabas en alguien y dejabas que lo supiera todo de ti.

- ¿Y qué quieres que haga? – dijo al fin.

- Que lo intentes al menos – susurró - Que salgas de tu caparazón e intentes ser feliz. ¿En serio no quieres eso? – la respuesta de Derek se limitó a morderse levemente el labio inferior – Sé que después de lo que ha pasado estás asustado pero… - se encogió de hombros – ¿Cuántas posibilidades hay de que sea una asesina en potencia? Y mírala – señaló con descaro hacia la barra – No tiene precisamente pinta de loca.

- Jennifer tampoco tenía pinta de ser un emisario deformado que cometía sacrificios.

Stiles aguantó la respiración varios segundos. Pero cuando vio que Derek alzaba una ceja, se echó a reír… Dios, adoraba su sentido del humor.

- No va a pasar nada – comentó cuando dejó de reír – Y tampoco es que vayas a irte a vivir con ella. Simplemente quedar una tarde y pásatelo bien. No tiene por qué haber nada más – se rascó entonces la nuca – Y si resulta que la chica es un encanto y quieres quedar más con ella… No sé. Me meteré en la base de datos de mi padre para que te quedes más tranquilo.

Derek negó mientras sonreía.

Cuando creía que nada de Stiles podía sorprenderle…

- ¿Y qué hay de ti? – preguntó entonces.

- ¿Qué quieres decir? – se terminó su coca-cola, que llevaba un buen rato abandonada.

- Sabes qué quiero decir. ¿No es cruel que salga con ella cuando tú sientes algo por mí?

El chico sintió un escalofrío.

No era común que Derek sacara el tema, pese a que los dos sabían perfectamente que era el Gran Tema. Y que lo hiciera ahora, precisamente como una especie de excusa para no salir con ella… No sabía muy bien como tomárselo. En principio se sentía halagado porque Derek se preocupara hasta ese punto por sus sentimientos. Pero, por otro lado, resultaba un tanto lamentable que lo hiciera, porque no dejaban de ser sentimientos no correspondidos.

Eso último fue precisamente lo que le ayudó a decidirse.

- Pero eso no va a cambiar – murmuró, perdiéndose en los ojos de Derek – Y ya te dije que para mí lo más importante es que seas feliz – sonrió con tristeza – Fue el principal motivo por el que no quería abandonarte en mis sueños. Y la razón por la que me atreví a confesártelo todo y que empezáramos a quedar más a menudo – se mojó los labios – En el fondo estamos aquí como parte de ese plan. Sería absurdo no seguir ahora con él.

- ¿Estás seguro?

- Por supuesto – le dio unas cuantas palmaditas en el brazo – Me halaga que te preocupes por mi, grandullón, pero puedo cuidar de mí mismo – la ceja alzada de Derek consiguió que estuviera a punto de echarse a reír – Ya sabes lo que quiero decir – replicó, ofendido – Además…

- ¿Además?

- Tal vez es lo que necesite – susurró – Y hasta que no te vea feliz con otra persona, no terminaré de pasar página con lo que siento por ti.

Derek asintió, serio, no mirando nada más que los ojos marrones del chico.

Sólo apartó la mirada cuando volvieron los otros miembros de la manada, y la conversación fue dejada de lado para centrarse en otras más absurdas y propias de adolescentes.