Diez días.
Ya habían pasado diez días desde que Fionna fue a rescatar a Cake al castillo de la Reina Hielo. El Príncipe Chicle había recorrido un largo camino y había derrotado a muchos enemigos para conseguir rescatarla, tuvo la ayuda de Marshall, quien hizo el viaje mucho más fácil y llevadero.
-¡Fionna! –Gritó el Príncipe Chicle aporreando el bloque de hielo. –Ya he llegado, he venido a salvarte.
El príncipe empezó a golpear el enorme bloque de hielo, con la esperanza de romperlo, lo golpeó primero con su palo pero éste se partió, después lo golpeó directamente con sus puños.
Marshall estaba un poco sorprendido por la reacción que tuvo el príncipe al llegar allí, no parecía el mismo, parecía fuera de sí golpeando el hielo de esa forma. El vampiro notó que algo no iba bien.
-Oye… ¿Te ocurre algo? –Dijo mientras detenía sus manos que ya empezaban a tener moratones.
-Marshall… -Dijo el Príncipe Chicle mientras se le empezaban a saltar las lágrimas. –Marshall… Hemos venido para nada. Soy un inútil, me siento impotente, no soy capaz de romper el hielo. ¿Por qué? He hecho todo lo que he podido.
-Tranquilízate –Le dijo mientras le abrazaba. –Todo irá bien. Hemos pasado por lo más difícil, ahora ellas ya están aquí delante de nosotros. Lo conseguiremos.
-Marshall, ¿Qué puedo hacer? Ese bloque es enorme y grueso, parece imposible de romper –Dijo el Príncipe Chicle desesperado.
-Podríamos derretirlo con fuego –Propuso Marshall.
-No… Es una locura. No funcionaría, además, ¿De dónde sacamos el fuego?
-¿Y si le pedimos ayuda a los vampiros del hielo que dejamos atrás?
-Ellos… ¡Sí! ¡Podría funcionar! Marshall, es una gran idea –Dijo el príncipe emocionado. –Vayamos a buscarlos.
-Yo iré, tu espera aquí. No tardaré –Dijo el vampiro mientras se dirigía a las escaleras.
Cuando Marshall salió, el príncipe se quedó mirando a Fionna, su amiga. Ella llevaba diez días encerrada allí y por fin había conseguido llegar para salvarla. Estaba de pie, dentro del bloque de hielo, como flotando, tenía los ojos cerrados y su dorado pelo brillaba. A su lado estaba la pequeña Cake, también parecía que flotaba.
-Por fin serás libre –Pensó. –Por fin podrás volver a tener miles de aventuras, podrás volver a ser una heroína.
Poco después llegó Marshall acompañado de varios vampiros del hielo, éstos pusieron sus manos en el bloque de hielo y se concentraron por derretirlo. Con pasión y deseos de salvar a las chicas consiguieron derretir gran parte del bloque, lo suficiente para poder sacar a Fionna y Cake de allí. El suelo de la pequeña mazmorra se llenó de agua, prácticamente unos diez centímetros de agua cubrían el suelo.
El Príncipe Chicle corrió hacia Fionna y la abrazó, por fin la tenía en sus brazos. Por fin había conseguido rescatar a su mejor amiga. La llevó en brazos hacia el piso superior, Marshall llevó a Cake.
Recorrieron el castillo buscando algún sitio donde pudieran acostarlas y que entraran en calor. Encontraron una pequeña habitación con paja y con ésta montaron unas camas improvisadas para las chicas que aún estaban inconscientes y heladas.
Cuando se aseguraron de que las chicas estaban entrando en calor fueron a buscar a los vampiros del hielo que se habían quedado en la sala del trono. Al llegar allí encontraron a la Reina Hielo y a todos sus soldados pingüinos inconscientes.
-Pasaremos aquí la noche –Dijo el príncipe a los vampiros. –Muchas gracias por todo, sin vosotros no hubiéramos podido conseguirlo.
-No hay de qué. De todas formas, tú nos ayudaste a expulsar a aquellos lobos y ahora nos habéis ayudado a derrotar a la Reina Hielo de una vez por todas. Ahora vamos a ocuparnos de ella y a quedarnos con el castillo, se acabó el reino del terror helado. Vamos a quedarnos a vivir aquí, se acabaron las cuevas y las cascadas –Dijo un vampiro del hielo.
-Me alegro por vosotros. Partiremos mañana, tened suerte con todo y gracias –Dijo el Príncipe Chicle antes de abandonar la sala.
Once días.
Ya habían pasado once días desde que Fionna fue a rescatar a Cake al castillo de la Reina Hielo. El Príncipe Chicle después de un gran viaje donde tuvo que superar muchos obstáculos consiguió salvarlas.
Fue imprescindible la ayuda de Marshall, quien se había convertido en un gran apoyo y en un valioso amigo. Un amigo, eso es lo que técnicamente eran, simplemente amigos. Ninguno de los dos chicos sabía aclarar sus sentimientos respecto al otro y lo único que podían hacer era considerarse como grandes amigos. No hay duda de que este viaje les unió y les marcó la vida. Ambos tenían motivos para no querer tener algo más serio con el otro: el Príncipe Chicle se veía atrapado por el peso de la corona, por seguir con la continuidad de la monarquía y por dirigir el reino, por su parte, Marshall acarreaba el peso de la inmortalidad y de su pasado, en el cual cada persona a la que había amado le acabó abandonando o acabó muriendo dejándole solo.
Cuando amaneció, la primera en abrir los ojos fue Fionna, la cual despertó a todo el mundo con sus gritos de alegría.
-¡Chicos! –Gritó mientras zarandeaba a los dos chicos. -¡Habéis venido a salvarme! Muchísimas gracias.
-Fionna, te eché mucho de menos –Dijo el Príncipe Chicle.
-Y yo a ti también, Chicle. Bueno, en realidad no os eché de menos, estuve durmiendo –Respondió risueña.
-Pues entonces llevas once días dormida –Añadió el vampiro.
-Esos once días se me han pasado rapidísimo –Dijo Fionna emocionada. –Espera un momento, ¿Qué hacéis vosotros dos juntos? Pensaba que no os llevabais bien.
Los dos chicos se sonrojaron.
-Digamos que mientras veníamos a salvarte pasaron muchas cosas –Dijo el príncipe con la cara roja.
-Nos hemos hecho muy amigos –Respondió el vampiro también ruborizado.
-¿Sí? ¡Qué bien! –Dijo Fionna felizmente. –Eh, Cake, ¡Despierta! ¿Cómo puedes seguir teniendo tanto sueño si llevamos once días durmiendo? –Gritó a Cake mientras la zarandeaba.
-Vaya, Fionna, que feliz estás, zarandeando a todo el mundo –Le dijo el príncipe.
-Claro que estoy feliz. ¿Cómo no iba a estarlo? Habéis venido a rescatarme, y no solo eso, os habéis hecho muy amigos –Respondió. –Claro que estoy feliz.
-Cinco minutitos más… -Susurró Cake medio dormida. –No he podido dormir casi nada –Dijo provocando la risa general.
Minutos después salieron fuera del castillo y Cake se estiró, los tres subieron en su lomo y fueron hacia el Chuchelandia. En un instante estuvieron fuera del Reino Helado, y atravesaron en minutos los caminos que a los chicos les llevó días en cruzar. Poco tiempo después llegaron al castillo del Príncipe Chicle y se encontraron con un panorama caótico.
Los habitantes de Chuchelandia, los chuches, estaban perdidos sin el príncipe. Éste dejó a Míster Monocromo como su sustituto, pero el unicornio no podía comunicarse con los ciudadanos porque no podía hablar, éste se comunicaba con el código morse y por eso los ciudadanos no le entendían. Los chuches habían estado totalmente desorientados durante una semana, no sabían que tenían que hacer, no sabían cómo administrar sus vidas ni como llevar adelante el reino. Los chuches eran muy dependientes y necesitaban un líder que les dirigiera, un líder como lo era el Príncipe Chicle.
Al ver este caos, el príncipe se subió a su balcón y llamó a todos los chuches desde allí, dispuesto a hablarles para tranquilizarles, para poner orden.
-Queridos ciudadanos de Chuchelandia, he estado ausente varios días por motivos bastante serios, fui hasta el Reino Helado para poder rescatar a Fionna y a Cake. Tuve que hacer un largo y duro viaje, derroté a dragones, duendes, lobos, pingüinos, a toda clase de criaturas. Me enfrenté al peligro por salvar a mis amigas y aquí estoy. He vuelto sano y salvo, ahora podré volver a ser el líder que necesitáis. Todos los chuches que no sepáis que tenéis que hacer, que trabajo se necesita que hagáis, pasad por el castillo uno a uno, estaré esperándoos para resolver vuestras dudas e intentar ayudaros con la mejor eficiencia posible –Dijo el Príncipe Chicle.
El príncipe estuvo todo el día en la sala del trono esperando a los ciudadanos, les resolvía las dudas y les asignaba un trabajo que se adecuara a sus capacidades y a las necesidades del reino. Durante una semana el reino había estado totalmente descuidado y los chuches habían abandonado sus tareas.
Cuando terminó su trabajo al anochecer se encontró con que Fionna y Cake se habían ido, pero Marshall aún continuaba en el castillo. Estaba en su habitación.
-Marshall, aún estás aquí –Dijo el príncipe.
-Sí. Estaba esperando a que terminaras con tu trabajo –Le respondió.
-Ha sido divertido ¿Verdad? Me lo he pasado muy bien junto a ti –Le dijo el príncipe mientras se acercaba a él.
-Es cierto, ha sido toda una aventura. Los recuerdos son irremplazables.
-Marshall… ¿Qué vas a hacer ahora? –Preguntó el príncipe mientras le miraba a los ojos.
-Creo que lo más apropiado es que me vaya –Respondió. No hay lugar para mí en este reino.
-No. No quiero que te vayas. Quiero estar siempre junto a ti –Dijo el Príncipe Chicle mientras fue a abrazarle.
-No deberías hacer esto más difícil de lo que es –Dijo el vampiro conteniendo las lágrimas. –No puedo estar aquí. Este es tu lugar, es tu reino, los ciudadanos te necesitan totalmente, ya lo has visto hoy.
-No tanto como te necesito yo a ti –Dijo el príncipe mientras se le saltaban las lágrimas.
-Los chuches me tienen miedo, no puedo quedarme aquí.
-No importa, se acostumbrarán a ti. Todo irá bien, de verdad –Respondió el príncipe mientras se secaba las lágrimas. –Te necesito en mi vida, Marshall. Te necesito.
-No… Tú crees que me necesitas –Dijo apartándose de él.
-No me hagas esto. No me abandones, por favor –Dijo el príncipe volviendo a llorar. –Esto es muy duro para mí.
-Dame un motivo para no abandonarte.
-Te amo.
-¿Me amas? –Preguntó el vampiro un poco sonrojado.
-Sí. Te amo, Marshall –Dijo el príncipe mientras se acercaba a él de nuevo y le besaba.
El beso que le dio era uno de esos besos que congelan el tiempo y hacen pensar que no hay nada más fuera de allí. Que las únicas personas que existen en el mundo son ellos dos.
-Chicle, debo irme –Dijo Marshall mientras empezaba a llorar.
-Marshall… Acabas de llamarme por mi nombre. Nunca antes lo habías hecho.
-No… No me di cuenta –Respondió.
-Por favor, no te vayas Marshall, quédate conmigo para siempre. ¿Acaso no me quieres?
-Te amo, y por eso debo irme, es lo mejor para ambos. Sé que es duro pero es lo que debo hacer.
-No. Marshall, no es lo mejor. Voy a sufrir sin ti. De verdad. Te necesito. No te vayas –Dijo el príncipe llorando.
-Lo siento –Dijo Marshall mientras se acercaba a la ventana.
-¡Espera! ¿Volveremos a ir juntos de aventura?
-¿De aventura? –Preguntó el vampiro.
-Sí. Quiero vivir una aventura eterna contigo.
-Te prometo que volveremos a ir juntos de aventura –Dijo el vampiro mientras se alejó flotando.
El Príncipe Chicle se quedó tirado en el suelo, llorando y mirando al cielo mientras susurraba "te amo".
FIN DE LA PRIMERA PARTE.
Nota del autor: Bright Shadows continuará con una segunda parte.
