Hola!

El colegio me tiene muerta e.e lamento no haber alcanzado a subir otro cap ayer, para que me perdonen le estoy robando internet al cole para subirlo xD no olviden dejar reviews!


Era una hermosa tarde para Tsuna, partiendo por el hecho de que Reborn le había dado el día libre y los maestros tampoco mandaron muchos deberes.

Dentro de poco sería San Valentin, ya sabía que Yamamoto y Gokudera iban a recibir un montón de chocolates, él tan solo esperaba que Kyoko-chan preparara uno para él.

Todo estaba tranquilo hasta que alguien entró por la fuerza a su habitación.

—Herbívoro, ¿dónde está Haru?—preguntó una amenazante voz.

—¿Haru?—repitió Tsuna—. Creí que estaba contigo.

—Si no vuelve a casa dentro de una hora, te morderé hasta la muerte—advirtió Hibari antes de dar media vuelta y marcharse.

Y así fue como el tranquilo día de Tsuna fue completamente desechado.

—¡Tsuna!—gritó Lambo entrando en el cuarto seguido por I-pin—. ¡Vamos a jugar!

—Lambo este no es un buen momento—se quejó Tsuna—. Necesito encontrar a Haru.

—¡Yo también quiero buscar a Haru!—gritó el pequeño Bovino.

—¡I-pin también!—dijo la pequeña niña china.

Tsuna estuvo a punto de rechazar su ayuda, pero luego de pensarlo bien, se dio cuenta que mientras más personas buscaran, más rápido la encontrarían.

¿Por qué justo hoy Reborn y Dino habían decidido tomarse el día libre?

Sin pensarlo mucho salió corriendo de su casa a recorrer todos los lugares donde Haru podría estar, por un momento él también se asustó al pensar de que su amiga se hubiese perdido en Namimori y ahora no supiera cómo regresar, pero intentó pensar en positivo para poder mantener la calma.

En la esquina se encontró con Yamamoto que volvía a casa después de un entrenamiento.

—¿ A Haru? Sí, la vi hace un rato, iba corriendo con mucha prisa—confesó la estrella de béisbol.

—¿No viste hacía dónde se dirigía?—inquirió Tsuna.

—Bordeó la escuela, me sorprende que Hibari no la reprendiera.

—Hola Décimo—saludó un peliplateado que venía llegando desde la otra esquina.

—¡Gokudera has visto a Haru!—pareció más un grito desesperado que una pregunta.

—La vi hace un rato mirando unos pasteles en el centro comercial—respondió Gokudera un tanto confundido.

—¡Lambo-san encontrará a Haru y ganará este juego!—aseguró un pequeño niño disfrazado de vaca, echandose a correr rápidamente, seguido por I-pin.

—¡Lambo! ¡I-pin!—llamó Tsuna, pero ninguno le prestó atención. Esto estaba mal, Hibari lo iba a "morder hasta la muerte" si no encontraba a Haru y ahora también tenía que encontrar a Lambo e I-pin.

—Haru realmente se sabe esconder bien—comentó inocentemente Yamamoto.

Los dos niños corrieron por las calles de Namimori, perdiendo de vista rápidamente al resto, dieron vueltas por todas las calles hasta que alguien los encontró.

—¡Encontramos a Haru!—gritó Lambo—. Ganamos el juego.

—¡Haru! ¡Haru!—repitió emocionada I-pin.

Por su parte, un joven de cabello castaño y alborotado empujaba a sus pies por el pavimento, preparandose mentalmente para recibir los golpes de Hibari.

—¡Hey! ¡Cabeza de césped!—llamó de pronto Gokudera.

—¡Onii-san! ¿Haz visto a Haru?—preguntó desesperado Tsuna.

—Haru... Haru...—Ryohei no estaba muy seguro de quién le hablaba Tsuna.

—Mi prima—añadió el décimo para refrescar la memoria del guardián del sol.

—¡Oh! Ya recuerdo, claro que la vi, hace un rato.

—¿¡Dónde!?

—No lo recuerdo.

Tsuna pensó en cuántos tonfasos le daría Hibari. ¿Dónde estaba Reborn cuando se le necesita?

Miró su reloj y no pudo evitar gritar al enterarse de que solo le quedaban veinte minutos.

—No me sorprende que se haya escapado de Hibari—comentó Gokudera.

¿Escapado de Hibari? Si ese era el caso, Haru no tenía ningún otro lugar al cual ir, a menos que...

—¿Haru-chan? Si estuvo aquí hace un par de horas—confesó la mamá de Tsuna—. Me pidió uno de mis libros de cocina y se fue, creo que andaba con prisa.

El décimo Vongola gimió y miró el reloj que había colgado en la pared. Le quedaban solo cinco minutos, era imposible encontrar a Haru en cinco minutos.

—Estoy acabado—lloró.

Por algún motivo, cada pequeño ser sobre la tierra había visto a Haru hoy, todos menos él habían tenido la suerte de pillarse con ella.

La puerta se abrió de un golpe, el cuerpo de Tsuna tembló, sabía quién era y con qué intenciones había llegado. Casi pudo sentir el frío cuerpo de Hibari entrando en su sala, con un aura oscura rodeandolo.

—¡Miren! ¡Encontramos a Haru! ¿Quién lo diría?—la voz de Yamamoto evidenciaba que para él todo era un juego.

Tsuna, quién se había encogido en un rincón, en posición fetal, levantó la vista para poder ver a Haru entrar a la cocina, seguida por Lambo e I-pin.

—¡Haru ha venido a devolverle su libro de cocina, okasan!—dijo con notable entusiasmo.

—Muchas gracias, Haru. Espero que te haya sido de ayuda—Nana recibió su libro con una sonrisa de lado a lado—. Tsu-kun te estaba buscando.

—¿Tsuna-san?—preguntó Haru.

—¡Estoy salvado!—gritó Tsuna poniendose de pie de un salto y corriendo hasta donde se encontraba Haru para que, sin pensarlo, abrazarla y asegurarse de que no se iba a ir o esfumar como una ilusión.

Haru enrojeció ligeramente ante ese pequeño acto.

—Herbívoro, no entiendo por qué estas tomando tanta confianza—dijo una voz grave y peligrosa.

Tsuna soltó a Haru y vio a Hibari, que acababa de entrar por una puerta de vidrio transparente que había en la cocina.

—¡Hibari-san!—gritó Tsuna. Perfecto, encontró a Haru pero, al parecer eso no lo había salvado.

—Te di una hora para que ella volviera a casa, pero creo que la trajiste a la casa equivocada—continuó Hibari, mientras se acercaba y sacaba sus tonfas.

—Hibari-san, mi intención no era desobedecerle—la voz de Tsuna tenía un tono suplicante.

—¡No dejaré que golpees al Décimo!—gritó Gokudera, interponiendose entre ambos para enfrentar a Hibari.

—¡Stop!—la voz de Haru saltó desde atrás. Todos se voltearon a verla—. Hibari-san, usted no debería golpear a nadie, Haru fue la que se escapó por cuenta propia ~desu.

El prefecto se abrió paso hasta la castaña, ella no se movió de su sitio para no parecer cobarde, aunque Hibari se veía bastante aterrador en ese momento.

—Te dije que no salieras de mi oficina—acusó Hibari, colocando una tonfa debajo del rostro de la joven, obligandola a mirarlo a los ojos.

Haru permaneció firme, sin moverse por miedo a que Hibari golpeara a Tsuna y al resto si ella hacía algo mal.

En ese momento, Tsuna sintió que algo se le amarraba a su pierna, unos pequeños y delgados brazos la rodearon, cuando miró se dio cuenta que se trataba de una avergonzada I-pin, que ya había activado la bomba pinzu.

—¡I-pin! ¡No!—gritó Tsuna, moviendo su pierna de arriba a abajo.

I-pin se soltó de la pierna de Tsuna y se aferró a su brazo, el pelicastaño gritó y tomó a la pequeña niña china, dispuesto a lanzarla como si fuera una pelota, cuando justo en ese momento, la bomba explotó en sus manos.

—¡I-pin sugoi!—exclamó Lambo al ver como toda la cocina salía volando.

—Deberían jugar juegos menos violentos—suspiró Nana, asimilando lo que acababa de pasar.

Hibari ayudó a Haru a levantarse, pues la había empujado al suelo para protegerla, en cuanto vio que la bomba explotaba.

Yamamoto y Gokudera estaban al lado del pasillo, asique se escondieron detrás de una pared que se destrozó al instante.

—Kufufufu~ veo que se están divirtiendo—una nueva voz entró en escena.

Mukuro venía caminando lentamente, Ken y Chizuka lo seguían de cerca, mientras que abriendo la fila estaban Reborn y Dino.

—¡Rokudo Mukuro!—se sorprendió Haru.

Hibari se tensó al escuchar ese nombre envuelto en la dulce voz de Haru. Nuevamente la joven castaña parecía conocer a cada uno de los herbívoros, además de estar al tanto de sus manías y costumbres, esa habilidad lo había sorprendido desde el día en que la conoció, pero últimamente estuvo ignorando ese detalle.

Se regañó mentalmente por no haber insistido en conocer el por qué de esa habilidad tan interesante, tener esa capacidad sería realmente provechoso en un combate, aunque claro, no es como si él lo necesitara.

Pero, para alguien tan débil como Haru, sin duda era una técnica que podía resultar buena para la defensa.

La otra dimensión era cada vez más interesante, pero le resultaba odioso tener que recurrir al cabeza de piña para investigar.