Gracias por todos vuestros comentarios. Gracias por dar una oportunidad y dejar que os mostrase el giro que daba el capítulo anterior…
Capítulo 11
Kate asintió y se incorporó lo suficiente para besarle. Realmente parecía decir la verdad y no saber de lo que iba todo aquello.
- ¿Mañana? – preguntó sintiéndose de repente demasiado cansada para seguir hablando sobre la conversación con su padre...
El asintió sin demasiadas ganas. Realmente ambos necesitaban dormir e intentar olvidarse de las últimas horas. Además se sentía horriblemente mal. Kate no sólo había perdido al bebé por su culpa, había sufrido dos meses con su desaparición, ahora resultaba que además su padre aseguraba que el verdadero culpable de ese secuestro había sido el propio secuestrado. ¿Sería verdad? Podría serlo, porque no recordaba absolutamente nada.
Y para más colmo él se había pasado con Kate un par de horas antes. Cuando en realidad el que podía necesitar una lección era él. ¿Qué sabría su padre que él mismo no era capaz de resolver?
Suspiró. Realmente no sabía que debía hacer para compensar por todo aquello a la mujer que intentaba descansar sobre su cuerpo. Quizá ni dedicándole el resto de su vida podría llegar a hacerlo. La apretó un poco más contra él, besándola sobre el pelo. Le iba a resultar bastante complicado conciliar el sueño. A ambos. Estaba seguro.
Lo que sí tenía claro es que ella no iba a ir a trabajar al día siguiente. De eso se iba a encargar él. Aprovecho que Kate se movió girándose y dándole la espalda, para coger su móvil y mirar el reloj. En menos de dos horas la alarma de Kate sonaría. En ese momento hizo lo que creyó era lo adecuado, enviar un mensaje a Espo avisándole que Kate se encontraba mal y no iría a comisaría. Posiblemente ella le mataría al día siguiente. Y más porque él acababa de decidir por los dos sin consultarla, pero… ¿No había dicho su médico que sus niveles de hierro eran bastante bajos?
Media hora después continuaba sobre la cama, mirando al techo e intentando recordar todo lo que podía del día de su "no" boda. Pero la verdad es que no era mucho y además nada nuevo. Se levantó con cuidado, dando la vuelta para tomar de la mesita el móvil de su mujer y desactivar la alarma. La observó dormir durante un instante. Eran afortunados. No podían estropearlo. Tenía que encontrar la verdad. Se inclinó sobre ella para depositar un ligero beso sobre su mejilla. Kate sonrió en sueños, pero ni se movió.
Salió de la habitación y preparó la televisión de su despacho como pizarra electrónica, como había hecho tantas otras veces, recuperando todos los datos que había ido acumulando desde su desaparición y se puso a trabajar.
Un par de horas después, Kate abrió los ojos. Recordó lo que había pasado la noche anterior y un cosquilleo le recorrió el cuerpo. Se giró para buscar su contacto en la cama, pero se dio cuenta que estaba sola. Buscó su móvil, entraba luz por las rendijas de las persianas, debía de ser casi la hora de levantarse e ir al trabajo. Parpadeó varias veces intentando reaccionar cuando comprobó la misma. No podía ser. ¿Se había quedado dormida? Comprobó la alarma… Desactivada. Se levantó de un salto y salió de la habitación, necesitaba con urgencia cafeína, una ducha y volar a la doce.
Se dio cuenta que Castle estaba en su despacho y entró como un torbellino.
- ¿Has visto la hora? – le preguntó nerviosa - ¿Por qué no me has despertado? Voy tarde.
- Kate…
- No lo entiendo Castle, deberías haberme despertado.
Él se levantó de su silla y se acercó a ella.
- Tranquilizate… He hablado con Espo. No te esperan hoy.
- ¿Qué has hecho que? ¿Por qué?
Castle tomó aire y se acercó hasta abrazarla.
- Kate… Estás agotada. No podía dejar que fueses hoy. Además está lo de tus niveles de hierro…
- ¿Mis qué…? - se separó mirándole con la cabeza algo girada
- Tus análisis… Tienes el nivel de hierro muy bajo… - dijo gesticulando – He pedido cita para que te vea mi médico…
- ¿Tú médico?
- Bueno, no conozco al tuyo así que ahora que estamos casados, lo normal será compartir médico ¿No? Nos recibirá esta tarde. Si no te gusta podrás cambiarlo…
Kate negó en silencio.
- ¿Y eres tú el que dices que yo decido por los dos?
- Escúchame… Por favor…
Ella resopló. Él ya había avisado para decir que no iría a trabajar, así que, la opción de aparecer de repente en comisaría como si nada, no iba a ser bien visto.
- Habla.
- Has dormido… ¿Tres horas y media? Si te hubieses levantado a la hora de siempre ni siquiera habrías llegado a dos horas. ¿Crees que en esas condiciones puedes enfrentarte a los malos?
- Eso no es problema de los ciudadanos de Nueva York, que son los que pagan mi sueldo.
- Lo es si por estar cansada fallas y…
- ¡Está bien! No iré.
Él sonrió de medio lado y volvió a abrazarla.
- ¿Qué estabas haciendo? – preguntó ella fijándose en la pizarra.
Él la soltó y se giró para mirar lo mismo que ella. La pizarra.
- No soy capaz de recordar nada nuevo – aseguró apesadumbrado.
- ¿No has dormido?
El escritor negó con la cabeza. Ella suspiró negando.
- Pero…- comenzó Castle gesticulando exageradamente - Teniendo en cuenta que tú no tienes que ir a trabajar, y yo no lo hago normalmente… ¿Qué te parece si nos vamos a la cama?
Ella le miró levantando las cejas, interrogándole.
- Te aseguro que estoy muerto de sueño – afirmó.
- Está bien – cedió ella sintiendo que su cuerpo tampoco había descansado lo suficiente
Él la tomó de la mano, mirándola con seriedad.
- Kate, yo… Anoche… Siento si te hice… Estuvo mal…
- No importa – le aseguró sonriendo –Y no… No estuvo tan mal…
El escritor la miró sorprendido.
- ¿En serio? – preguntó mientras gesticulaba agachándose para quedar a su misma altura visual.
La inspectora sonrió de nuevo aprovechando la cercanía para darle un corto beso.
- Pero la próxima vez…
Él sintió que dejaba de respirar, imaginó a Kate apuntándole con su arma entre las piernas.
- Yo…
- La próxima vez – le dijo alejándose un par de pasos - más te vale que la camiseta que lleve puesta y rompas sea tuya Castle…
Kate se giró sonriendo y comenzó a andar para volver a la habitación. Él se quedó inmóvil siguiéndola con la mirada y se mordió los nudillos. Ella se dio cuenta que no la seguía y le miró por encima del hombro.
- Castle… ¿Vas a venir?
Media hora más tarde, el escritor, tumbado y abrazando por completo a su mujer que había conciliado el sueño nada más volver a la cama, seguía sin poder dejar de pensar en su desaparición.
- Es imposible – pensó - Aunque juré que no volvería a casarme de nuevo, es imposible que huyese de nuestra boda.
En ese momento un click mágico puso en marcha el engranaje de su cerebro.
- ¡Dios! – dijo gritando dando un salto e incorporándose de inmediato en la cama
- ¿Qué ocurre? – preguntó una asustada Kate que se levantó de la cama como un resorte
- ¡Lo tengo!
- ¿Qué?
- ¡Ya sé porque me secuestraron!
