Capítulo 11

Fui con mi otro hermano hasta el recibidor. Cuando abrimos las puertas vimos a una joven con cabello largo y blanco de espaldas a nosotros, vestida con un kimono con crisantemos bordados. Me pareció haber visto esas flores en alguna parte. En mi mente rondaba la palabra Kiku, pero jamás había visitado Kioto.

Al lado de ella se encontraba otro joven alto de cabello corto blanco vestido con el uniforme del Ouran, y con una rosa blanca en la solapa.

-¿Donno? –lo miré desconcertado mientras nos acercábamos a ellos-. Creí que vendrían Haruhi y su padre.

La joven de espaldas volteó y resultó ser Haruhi. No la había reconocido.

-Tamaki-senpai cree fervientemente que es mi padre –me explicó.

-Haruhi ¿Qué te pasó? Te ves…femenina. Eso me asusta.

-Soy la otra Haruhi –me contestó como si nada.

-Ohhh, ¿Y tú eres el otro Donno?

Donno asintió risueño, pero no decía ni una palabra. También me estaba asustando.

-¿Qué le pasa? –pregunté a mi otro hermano.

-No te preocupes por él –me dijo-. Pensé que te agradaría más si hablaba menos, así que lo arreglé.

-Entonces… ¿Donno no puede hablar, en absoluto?

-¿No te agrada?

-¡Es grandioso!

Mi otro hermano suspiró aliviado.

-¡Qué bueno! Ahora te dejaré a solas con ellos mientras preparo la mesa ¿si?

En su ausencia, me pregunté cómo rayos había hecho para callar al elocuente Donno.

-Está muy alegre Donno, considerando que no puede hablar. No le dolió ¿o si? -pregunté intrigado.

De pronto oímos el sonido de una campanilla.

-¿El desayuno ya está servido? ¡Pero mi otro hermano se acaba de ir!

Fuimos al salón comedor y al abrir las puertas crucé mi mirada con la de mi otro hermano. Ese par de ojos dorados expresaban algo distinto a los ojos de Kaoru: pasión, y una pizca de demencia, que me resultaba muy divertido. Después de todo hacía cosas increíbles.

A la mesa, mi otro hermano y yo nos sentamos frente a la otra Haruhi y el otro Donno.

El blanco mantel, como en sueños, resplandecía y se veía casi como difuminado. Los cubiertos reflejaban nuestros rostros, y las velas…no estaban encendidas en realidad pero adornaban la mesa.

Nuestros otros padres entraron por una puerta que conectaba con la cocina. Ellos mismos sirvieron el desayuno y se sentaron a cada punta de la mesa.

Mientras comíamos, recuerdo comentarios graciosos acerca de donno, a los cuales él trataba de objetar pero no le salía una sola palabra, ¡kakaka kakaka!

Luego fuimos participes de una desastrosa guerra de comida. Y en algún momento, Haruhi desapareció.

La buscamos sin apuro, podía estar en cualquier lado estudiando.

Solo era yo quien la buscaba en realidad, porque mi otro hermano se entretenía comiendo las nueces y almendras de mi cabello que me había lanzado anteriormente.

Llegamos a nuestro cuarto, y allí estaba ella, mirando por la ventana. Mi otro hermano me empujó hacia adentro y me dejó a solas con ella.

-Oye, desaparecer y preocupar a los demás es de mal gusto.

Haruhi volteó a verme –Me perdí. Lo siento.

-¿Cómo haces para no perderte en la Academia?

Me acerqué a ella y miramos juntos por la ventana. Podía verse la fuente desde allí.

-¿Vas a irte? –me preguntó mirando hacia la fuente.

-Nunca dejaría solo a Kaoru.

-Kaoru no está solo.

-¿Y eso que significa?

No me contestó, guardó silencio.

-Volveré -dije-. ¿Vendrás a visitarme otra vez?

-No es así como funciona –me murmuró como si temiera que las paredes oyeran.

-¿A qué te refieres? Oye, estas muy misteriosa ¿sabías?

-Mira la hora. Pronto habrá que ir a la Academia.

-¿La Academia? ¡Lo olvidé! ¡Kaoru debe estar buscándome!

Salí a correr por los jardines gritando -¡Es tarde! ¡Kaoru verá que no estoy en la cama!

Me di cuenta entonces, de otro detalle de ese mundo. Allí, nunca amanecía.