Disclaimer: Avatar: la Leyenda de Aang no me pertenece, yo simplemente amo este universo.


CAPITULO 11: LIBERTAD

Incluso las prisiones seguían donde mismo, atrás del palacio, donde la luz llegaba muy poco, donde ellas habían pasado ya tanto tiempo, a donde siempre iba a rescatarlas. Esta no sería la excepción.

Suki camino despacio hacia donde estaban sus amigas, tratado de contener el enojo, tratando de parecer casual al pasar junto a los guardias.

- Los reyes me mandaron a revisar a las prisioneras – dijo la chica confiada, vestida con las pieles azules que había conseguido en el polo sur-

El guardia la miro de reojo, paso por alto su piel clara y sus ojos cafés, la dejo pasar.

Katara, Sokka y Toph salieron del palacio. Ni una palabra cruzó entre ellos entes de que Katara se diera la vuelta y se marchara corriendo. Toph escucho los pasos de Yue que se acercaban, así que se alejó con discreción. Sokka estaba decidiendo a quien debía seguir cuando vio a la princesa acercarse hacia él. El sol estaba sobre el cielo y los árboles desprendían sus flores, el muchacho no pudo moverse de donde estaba.

Y la gitana camino discreta hasta adentrarse en el pasillo obscuro, se detuvo entre las celdas, una a la derecha y otra a la izquierda, y reconoció las presencias que había extrañado tanto, cuántas ganas tenía de romper esos cerrojos, de destrozar los candados y levantarse en pie de lucha.

- Ya vine – susurro Suki para que el guardia de la entrada no la escuchara-

Se escucho un ruido en la celda que tenía a su izquierda, una chica sucia y delgada se movió, levanto su cabeza y se acercó a los barrotes con un gesto desesperado.

- Viniste – clamo entre dientes la chica-

Y de entre las celdas restantes se levantaron las sombras pesadas que parecían ya aferradas al suelo.

- ¿Qué haces vestida así? – susurro otra voz- déjate de cosas extrañas y sácanos de aquí.

- Pase un tiempo en la tribu agua – dijo Suki en voz baja acercándose a la celda de su amiga-

Se escucho el descontento.

- Pero se han pasado de la raya – clamo la líder de las gitanas un poco más fuerte- no puedo creer que les hayan hecho esto.

- Nos engañaron – dijo otra voz llena de rencor – nunca quisieron ayudarnos, solo querían conquistar nuestro pueblo.

- En algún momento quisieron ayudarnos – corrigió Suki – solo se han desviado del camino, pero aun pueden rectificarse.

Suki escucho un gemido que ya había escuchado antes.

- ¿Qué pasa? – pregunto Suki – créanme, ellos son buenos, solo su rey es un poco…

- ¿Diferente? – interrumpió otra voz - ¿le falta adaptarse al grupo? ¿Con algo de tiempo se corregirá?

- Creo que ya habíamos aprendido esa lección – siguió otra de las voces más agudas- No sirve ayudar a la gente que no lo pide Suki.

- ¡No es lo mismo! – grito Suki –

- ¡Déjame en paz! – grito Katara- No quiero hablar y menos contigo

Paku la había seguido.

- El rey ha cambiado sus reglas – siguió Paku mientras la seguía insistente- nuestro pueblo ha cambiado, ya es hora de olvidar los viejos rencores.

- ¿Tú me hablas de olvidar los rencores? – gimió la chica deteniéndose al fin – tu eres el hombre mas desconsiderado y rencoroso que conozco.

- Solo dices eso porque no conoces mucha gente – corrigió altanero el maestro- y en este momento hay otros asuntos que debes de saber.

Katara contuvo su enojo para poder escuchar.

- El rey corre peligro – dijo Paku con un tono serio-

- ¿Peligro? – pregunto escéptica Katara – ¿con esa mujer resguardándolo? Tal vez él sea la persona más segura de todo el mundo.

- Es precisamente de eso de lo que lo quiero salvar – la voz del viejo se oía profunda y auténticamente preocupada – nuestra tribu tiene demasiado poder y esa anciana es demasiado leal a nuestro pueblo.

- No comprendo – dijo Katara al fin interesada-

- A este ritmo – concluyo – derrotaremos a la familia real, mataremos a nuestros enemigos, ocuparemos todos los pueblos, crearemos leyes perfectas y el mundo nos pertenecerá.

Katara noto la autentica preocupación en los ojos de aquel maestro y se contagio de su preocupación.

- ¿Cómo es que eso te molesta? – pregunto la chica-

Paku se quedo perplejo ante la pregunta y respondió con calma.

- No sé que clase de impresión tengas de mi – dijo el maestro – pero créeme que puedo darme cuenta de mis propios errores, cuando me derrotaste en el Polo Sur creí que tu fuerza era incontenible; pero cuando yo la aprendí – dijo Paku mientras levanta una columna de agua de un estanque cercano – comprendí que era algo que se podía manejar, controlar, esto es algo que se puede detener; pero "eso" es un poder demasiado grande como para traer la paz… es algo que no se debe difundir.

- ¿Eso? – pregunto Katara con miedo-

- Tú lo viste – respondió Paku – la sangre control, el poder que controla el agua dentro de las personas, que controla su voluntad. Si no paramos las cosas ahora, nada podrá detenernos.

La chica lo pensó un momento.

- Mi madre… - murmuro Katara-

- Para ti puede que lo allá significado todo, pero para el rey… - respondió serio el maestro- no creo si quiera que lo recuerde.

- Tú también estabas ahí – dijo de frente la chica-

- Tu madre y padre eran valientes, yo creo en su causa – respondió Paku- pero no en sus métodos, el mundo puede llegar a ser más justo…solo hay que ser pacientes.

- Habrá que cambiar muchas cosas – dijo Katara-

- Si yo cambie… – dijo Paku con una sonrisa mientras acariciaba la cabeza de la joven revolviendo su cabello con un gesto mas paternal que amigable- ¿crees que el mundo no podrá?

Katara y Paku regresaron al palacio.

El guardia que cuidaba de la celda de las gitanas se movió de su sitio al escuchar un grito y camino hacia la puerta y se inclino para ver lo que ocurría en el interior y vio a una chica de pie frente a las celdas hablándole a unas chicas que hacía mucho tiempo no hablaban con nadie, que hacía mucho que no se levantaban del suelo, que hacía tiempo que no comían ni sonreían.

¿Suki debía sacarlas de ahí? ¿Debía liberarlas a pesar de saber que no podrían ganar? ¿Sabiendo del poder de sus enemigos? ¿Sabiendo que a pesar de tener razón y de ser su tierra y su pueblo ella iba a dudar al atacar? Porque iba a dudar, en esa lucha había otros sentimientos además del anhelo de libertad y de justicia.

Aun en la entrada del palacio Sokka vio a la princesa que se acercaba a él, ella estaba desconsolada y herida.

Era el código de las gitanas rescatar a una compañera capturada, solo una vez Suki no había seguido ese código… y le había costado una traición.

- ¡Nosotras somos quienes debemos estar al pie de la lucha! – dijo una de las agudas voces – ¡tú eres nuestra líder, dirígenos a la victoria!

El guardia se acercó a la chica.

- ¿Qué está pasando? – reclamo el guardia mientras se acercaba a Suki - ¿Quién eres tú?

- Soy Suki, líder del grupo de gitanas que esta capturado, líder del grupo de rebeldes que derrotara a la familia real – dijo la chica mientras le clavaba la espada en el estomago al fornido guardia-

El hombre cayó al suelo. Suki recogió las llaves y libero a sus compañeras.

- Hay que buscar nuestras armas – ordeno la orgullosa chica con un brillo en sus ojos que hacía mucho que no se le veía – recuperaremos nuestro castillo.

- ¿Estará bien tu amiga? – pregunto Yue a Sokka con una preocupación profunda – me temo que todo esto ha sido un mal entendido.

- Suki estará bien, ella es muy fuerte – el joven pronuncio con dificultad ese nombre mientras seguía de pie a la entrada del palacio - pero, lo importante es que las cosas pueden solucionarse.

La princesa sonrió al tiempo que se sonrojaba.

- Has hecho mucho por nuestro pueblo – dijo ella-

- No…- dijo él- solo hago lo que cualquiera haría, pero usted es realmente valiente al dirigirnos.

Y ambos sonrieron de nuevo, sus ojos se encontraron y los inundo un sentimiento acogedor de bienestar, casi se sintieron culpables de ser tan felices en medio de esa guerra.

Ya era demasiado como para no darse cuenta de lo que pasaba… Sokka se armó de valor y estiro su mano hasta tomar la de ella… y por su mente no cruzo nada. Yue ocupo menos valor, pero igual junto todo el que tenía y se acercó hasta rozar con sus labios el rostro del joven…y a la mente del chico llego al fin otro pensamiento

- ¡Suki! – clamo el chico mientras se separaba de la princesa-

Yue lo sintió alejarse de ella, se sintió herida en lo profundo de su corazón. Un segundo y otra herida casi tan profunda y dolorosa se clavo en ella, una flecha disparada desde la cercanía.

Sokka volteo, frente al palacio, Suki sostenía su espada y detrás de ella estaban altivas sus compañeras: Chun tian, Xia tian, Dong tian y Qiu tian, con lanza, ballesta, escudo, espada, flechas y un arco entre sus manos.