8 años atrás ...

Los días de otoño eran sin duda los favoritos de las pequeñas tortugas, según ellos. El clima que hacía en esa época en las alcantarillas eran ni muy altas ni muy bajas, una temperatura media que los cuatro pequeños de 7 años les era muy agradable, y aprovechaban para jugar por los túneles de la alcantarilla con el permiso de su padre.

Por desgracia ese no era el caso del joven Michelangelo.

Después de estar jugando con sus figuritas de superhéroes y seres mágicos y de pintar durante más de dos horas, se había cansado de jugar él solo, por lo que decidió ir a jugar con sus hermanos. Se levantó del suelo de su habitación impulsándose con sus manos, limpiándose despreocupadamente las manchas de pintura de su rostro y brazos, sonriendo como siempre mientras salía en dirección al salón.

Allí se encontraban Leonardo y Raphael, ambos sentados uno enfrente del otro, mirando cada uno la baraja d cartas que tenían en mano.

-¿Tienes un tres?- preguntó Leo dejando una de las cartas en medio de ambos, mostrando un tres rojo de corazones.

-Paso carta.- dijo el de cinta roja mientras cogía otra carta de un montón.

-¿A qué jugáis?- preguntó el de pecas mientras se apoyaba en el respaldo del sofá, apoyando su cabeza sobre sus brazos.

-A nada que te importe enano.- dijo molesto Raphael sin siquiera

mirar a su hermano menor. No le gustaba que Leonardo llevará tanta ventaja en el juego.

-Estamos jugando a las parejas.- le respondió Leo mirando al menor.

-¿Puedo jugar?- preguntó inocentemente el de ojos celestes sonriendo aún más.

-Lo siento Mikey, pero ahora estamos jugando Raph y yo. Cuando terminemos la partida juegas tú también, ¿vale?- le dijo de forma suave el de azul, para después volver su vista a las cartas.

-Pero me aburro- dijo el menor algo enfadado, inflando las mejillas-. Quiero jugar con vosotros.

-¡Que no Mikey!- exclamó ya irritado Raphael, mirando de manera seria al de cinta naranja- Vete a molestar a Donnie o lo que sea.- dijo sin siquiera despegar la vista de sus cartas, volviendo ambos mayores al juego.

Mikey salió del salón molesto, dirigiéndose al "laboratorio" de sus hermano Donatello. Para él, era injusto que no le dejaran jugar con ellos, o que él no pudiera hacer algunas cosas por que "era el pequeño." Técnicamente tenían la misma edad, por lo que los 4 tenían el mismo derecho de jugar a lo que sea y hacer todo por igual, deducía Mikey. No le gustaba sentirse excluido, sentía como si su familia no le gustase pasar tiempo con él, y eso le dolía.

Michelangelo llegó a la puerta de la habitación especial que Splinter había preparado para la tortuga de cinta morada, para que así tuviera un lugar seguro y tranquilo donde el pequeño genio pudiera montar y hacer sus experimentos.

Al entrar al laboratorio casero, vio a su hermano de morado sentado en una silla con ruedines (que había arreglado hace dos semanas) con algunos cojines encima, para así poder llegar a la mesa, reparando un pequeño ordenador que se encontró su padre en la basura unos días atrás.

-Si cambio la placa base, y arreglo los cables que conducen hasta la tarjeta gráfica...- Donatello empezó a manejar con cuidado el ordenador, a la vez que murmuraba algunas cosas, sin darse cuenta del pequeño invitado en su lugar de trabajo.

-Donnie, ¿quieres jugar conmigo?- de repente, como si fuera un ninja (bueno, estaba en camino), apareció al lado izquierdo del recién mencionado.

-¡Ahh!- gritó Donatello por la sorpresa de ver a su hermano salir de la nada-¡Mikey, no hagas eso!- soltó enfadado mirando al de pecas.

-Lo siento Donnie- dijo el pequeño apenado, para rápidamente sonreír con alegría a su hermano-¿Quieres jugar?- preguntó el pequeño mirándolo esperanzado.

-Mikey, ahora mismo estoy ocupado. Vete a jugar con los cochecitos que te hice.- le respondió el de morado volviendo a trabajar en su ordenador.

El menor bajo la mirada con tristeza, Donnie también le había dejado de lado. Se quedó ahí, de pie, simplemente mirando al suelo.

-¿Porque no queréis jugar conmigo?- preguntó de repente el pequeño, con una voz suave, pero llena de tristeza y... dolor-¿He hecho algo malo?- esta vez miro a Donnie, mostrando como sus ojos se tornaban de un color cristalino.

Donatello abrió los ojos ante la reacción de su hermano. ¿Porque estaba a punto de llorar? Sin esperar más, se bajó de un salto de la silla, poniéndose justo delante de su hermano.

-Mikey, ¿qué pasa? ¿Por qué lloras, hermanito?- pregunto mirando a su hermano a los ojos.

-Donnie... ¿hice algo malo?- pregunto con voz ronca, dando señal que el llanto estaba a punto de salir.

-¿Qué? Claro que no. ¿Por qué piensas esas tonterías?- pregunto Donatello agarrando de los hombros a su hermano.

-Es que... ayer no quisisteis jugar conmigo... yhoy tampoco. ¿Es que ya no queréis jugar... conmigo?

Eso sí que no se lo esperaba. Era cierto que desde hace unos días no habían estado juntos mucho tiempo, pero todo el mundo necesito estar un rato solo, aunque no contaron con una cosa: la sensibilidad de Mikey.

Michelangelo era un niño bastante sensible. Solía tomarse las cosas demasiado en serio. Fueron muchas veces las que el menor de los cuatro acabó llorando por culpa de pequeñas peleas en las que acababa pareciendo un "eres un llorón", "no eres mi hermano", "no te quiero"... la mayoría por parte de Raphael. Esas cosas afectaban, como a cualquier niño, al pequeño corazón de Michelangelo. Todos habían sentido esa sensación alguna vez, pero Michelangelo se lo tomaba de manera muy literal.

Y los tres lo sabían.

Donatello limpió con calma las pequeñas gotas de cristal que están saliendo de los ojos de su hermanito, sonriéndole con calma.

-Mikey, que pasemos tiempo solos, no significa que no te queramos- le dijo de forma tranquila-. Hay veces que no queremos estar en compañía, y es algo normal. Mira, necesito ir a buscar unas piezas en el desagüe del vertedero. ¿Quieres acompañarme?- le pregunto sonriéndole con amabilidad.

Mikey se quedó mirando a su hermano, con una mezcla de duda y sorpresa, pero enseguida volvió a poner esa sonrisa que mostraba alegría, como siempre lo hacía.

-Si, quiero ir contigo.- los dos sonrieron felices.

Después de pedirle a Splinter que les dejaste ir al lugar (gracias a las caritas de cachorro que les puso), ambos hermanos se dirigieron al túnel del alcantarillado que daba directo al vertedero. Los dos sabían muy bien las normas: nada de salir al exterior y salir corriendo a casa si veían u oían alguna señal de humanos.

A pesar de que la temperatura era agradable, había estado lloviendo los últimos días, haciendo que el alcantarillado estuviese con el nivel de agua más alto de lo normal, además de que los túneles estén llenos de charcos de agua. Como era natural, los dos empezaron a saltar por los charcos, Mikey agarrándose del brazo del más alto, dando pequeños saltitos entre charco y charco. Fue un camino de ida y vuelta lleno de risas entre los dos.

Donatello le gustaba la ciencia, trabajar en solitario en su pequeño laboratorio o leer libros de descubrimientos científicos o de historia, o también libros tipo "La cabaña del tío Tom", pero sin duda lo que más le gustaba era pasar tiempo con sus hermanos, sobre todo con su hermano menor. Al final siempre conseguía sacarle una sonrisa, alegrarle el día, aunque a veces le sacara de quicio.

-Mikey, ¿te apetece jugar cuando lleguemos a casa?- preguntó Donatello en el camino de vuelta, sujetando unas piezas de ordenador.

-¡Sí!- exclamó feliz el menor dando un salto de alegría- Quiero jugar a los superhéroes.- pidió mirando su hermano.

-Vale, pero yo me pido ser el bueno.- dijo el de morado.

-Yo seré el Centinela de Plata y tú mi ayudante- dijo Mikey sonriendo con alegría-, y juntos derrotaremos al malo que quiere gobernar la ciudad.

-¿Juntos?- sonrío de igual forma Donnie.

-Juntos, como siempre estará nuestra familia.

Ambos hermanos empezaron a reír, y nada más llegaron a la guarida y guardaron las cosas en el laboratorio, empezaron a jugar. Leonardo y Raphael, al ver a los menores jugando, no tardaron mucho en unirse al juego, acabando con los tres héroes Leo, Mikey y Donnie luchando contra el malvado Raphael, el cuál tenía un ejército gigante para poder gobernar toda la ciudad de Nueva York.

Fue una tarde divertida, los cuatro hermanos jugando todos juntos, como hacían siempre.

Splinter no podía estar más orgulloso de sus hijos, el cuál se encontraba en la entrada del Dojo mirando la escena.

-¡Sensei, venga a jugar con nosotros!- gritó Michelangelo alegre al notar a su padre mirándolos. Los otros tres también miraron en dirección a Splinter, sonriendo de igual forma.

-Esta bien hijos míos, solo un rato.- sonrió Splinter acercándose a sus hijos. Después de todo no serían sus niños por siempre, algún día tendrían que crecer, y debía aprovechar esos días en los que aún deseaban pasar tiempo con él.

Pero, aunque pasasen décadas o incluso milenios, seguirían queriéndose mutuamente.

Los cinco seguirían siendo una familia.

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Donatello se encontraba caminando por los techos de la ciudad de Nueva York, mirando pensativo al suelo mientras seguía a unos metros más adelante a Leonardo y el resto del grupo.

-Donnie, ¿estás bien?- el nombrado levantó la mirada y se giró a su izquierda, encontrándose con la cara de la pelirroja, mirándolo preocupada.

-¿Eh? Ah sí April, no pasa nada. Solo estaba... pensando- respondió Donatello vagamente, volviendo a mirar al suelo-. Bueno, más bien recordando.- musitó despacio.

-Es por lo de Mikey, ¿cierto?- April vio asentir a su amigo-. Seguro que está bien, estará en el edificio mirando las pizzerías.- dijo intentando aligerar un poco el ambiente y hacer reír a su amigo, pero no lo consiguió.

-April, realmente estoy preocupado por el. Aún recuerdo cuando K-woldemor le... le...- la pelirroja puedo notar como la voz de Donatello temblaba, incluso vio por unos segundos como su cara se ponía pálida- April, desde que salimos a la superficie hemos pasado por momentos duros: cuando Leo se quedó en la nave Kraang, aquella vez que creímos que perdimos a Splinter... las dos veces... Pero, no es lo mismo que, ver ante tus ojos cómo pierdes a alguien, ver que su última mirada, su último aliento, desaparecen, se desvanecen. Realmente pensé que íbamos a perderle, pensé que iba a... No, no puedo dejar quee vuelva a pasar April, no puedo dejar que le pase nada malo, no me lo perdonaría. Mikey me ha ayudado en muchos momentos de mi vida, es mi hermano. Si alguien quiere hacer daño a mi hermano pequeño primero tendrán que pasar por mi cadáver.

Esa última frase la había dicho con precisión, demasiada.

-Donnie, tienes que pensar mejor las cosas. Y si- para sorpresa de Donatello, las palabras de la chica se quedaron colgadas en el aire.

Este levantó la mirada al no escuchar ningún ruido a su alrededor, y vio cómo todos miraban a un punto en específico del edificio, quietos. Confundido miró hacia la esquina del edificio, buscando lo que tanto les había dejado impresionados a todos, pero sus ojos se abrieron al ver que, o mejor dicho, quién se encontraba en ese lugar.

-¿Mikey?

El recién nombrado dirigió la mirada a los presentes, mirándolos fijamente con sus ojos azul cielo, mientras estaba de pie justo en el borde del edificio.

Sin sujetarse a nada.

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-Leo, maldita sea, contesta.

-Raphael, ya te he dicho que mantengas la calma. Tu hermano estará ocupado o en una batalla.

-Más le vale, o si no seré yo el que le dé una paliza.- dijo Raphael enfadado mientras guardaba su T-phone, siguiendo el camino de las alcantarillas.

-Aun no me creo que derrotamos a esos demonios tan fácilmente- dijo Fred con sorna, flotando por encima del resto-. Y yo que pensé que nos llevaría tiempo.

-Yo creo que una hora es bastante tiempo.- contestó con sarcasmo Kai ganándose la risa de los presentes.

-Bah, sabes a lo que me refiero.- Joy rodó los ojos ante la respuesta de Fred.

-Siempre con lo mismo.

-A quién me recordará.- dijo divertido Raphael mirando hacia arriba.

Mientras los chicos seguían bromeando y riéndose, Splinter iba un poco más adelante que ellos, riendo al ver como su hijo y el resto de los chicos disfrutaban del tiempo de paz que había en ese momento.

Después de todo, aún seguían siendo niños.

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Leo y Donnie no daban crédito a lo que veían. ¿Qué hacía su hermano ahí parado en el bordillo? Estaba demasiado cerca del borde, y por la cara que este tenía en su rostro no estaba de muy buen humor.

-¿Leo, Donnie? ¿Qué... qué hacéis aquí?- preguntó nervioso el de naranja, mirando asustado a los presentes.

-Mikey, hemos venido a buscarte.- dijo Freddy de forma amable, acercándose poco a poco a él.

-No. No, es mentira, eso no es cierto- este dio un paso atrás asustado, haciendo que la mitad de ese pie quedarse colgado del borde-. Y-yo vi cómo... cómo...

-Mikey, tranquilo, somos nosotros- dijo Leo-. Hermano, soy yo, Leonardo. Hemos venido a buscarte y llevarte a un lugar seguro.

-Mentira- esa fría manera en la que lo había dicho les hizo estremecer a todos-. Sé que eso es mentira, sé que...que...

-Mikey -Si esta vez el que habló fue Rev-, venimos a ayudarte, ¿por qué actúas así?

-Pe-pero yo vi... yo vi... no os importo- su voz se volvía ronca, a la vez que de sus ojos salían pequeñas lágrimas-. No os importo-, no me queréis. ¡No me queréis!- gritó frustrado a la vez que se agarraba la cabeza, empezado a llorar.

-Hermano, eso no es cierto, es completamente mentira. Nos preocupamos por tí. Saber que-

-¡CÁLLATE DONATELLO!- interrumpió el de naranja, mirandolo fijamente.

Ese grito hizo parar en seco al de morado. No escuchaba al resto intentando convencer a su hermano, ni los gritos y lloros de este, no estaba atento a nada de su alrededor. Cuando su hermano le interrumpió, cuando le miró, vio algo que lo dejó helado. En la mirada de su hermano había algo nuevo en él, algo que a primera vista no supo reconocer, pero algo tenía claro.

-Tú no eres Mikey...- susurró en un tono casi inaudible, mirando fijamente a su "hermano".

-¿Qué dices Donnie?- preguntó Freddy mirándolo, acción que imitaron los demás.

-He dicho... que tú no eres Mikey.- señaló al de naranja.

-Donnie, ¿qué dices?- preguntó confundido el líder.

-Leo, ese no es Mikey. Solo dice nuestros nombres completos cuando está preocupado, no enfadado o estresado- dijo seriamente mirando al de cinta naranja-. Además, su mirada y forma de actuar es... no es él.

Si esas palabras ya les había dejado impresionados, la actitud de Mikey aún más. Este se encontraba parado en el mismo sitio de antes, mirando al suelo, sin ninguna expresión. No emitía ningún ruido, ninguna acción, simplemente estaba quieto.

-¿Mikey?- Rev dio un paso atrás, asustado por la actitud de su amigo.

-...he... he he... jejeje... jajaja... jajajajaja... JAJAJAJAJA- sin previo aviso, Mikey se empezó a reír, pero no era su típica risa llena de alegría, sino una risa llena de locura, agria. Poco a poco se fue haciendo más fuerte, a la vez que sube voz se volvía más grave, llegando al extremo de incluso distorsionarla.

Definitivamente, Donatello tenía razón.

Ese no era Mikey.

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No era consciente del tiempo que había pasado en ese lugar, llevaba demasiado tiempo sentado en la mitad de esa oscura habitación, simplemente esperando.

-Vamos Mikey, tienes que concentrarte. El miedo es algo pasajero, al igual que esto. Solo concéntrate y...- cerró los ojos con fuerza, intentando tranquilizarse cómo le habían enseñado su padre y Leonardo.

-¿Aún sigues haciendo eso?- el menor puso una mueca de enfado al escuchar la voz de su capturadora con ese rostro de diversión, aún con los ojos cerrados-. Pensé que serías un chiquillo con poca paciencia.

-Primero, no soy un niño, tengo 15 años, y segundo, sí, tengo muuuuuuucha paciencia.- habló la tortuga con un tono de enfado sin siquiera abrir su mirada para mirarla.

-Cada vez me sorprendes más- río con diversión, poniéndose justo detrás del menor y posando sus manos en sus hombros-. Eres una caja llena de sorpresas- le dijo al lado de su oído, haciéndolo estremecer- Oh, vaya, ¿te doy miedo?- preguntó con burla.

-Me incomodas- dijo Mikey ya abriendo los ojos. No estaba asustado, e iba a demostrar su lado fuerte, sin llantos ni tartamudeos-, es diferente.

-Cierto, ¿Sabes? Antiguamente se pensaba que había seres especiales que se identificaban con marcas especiales.

-¿Marcas especiales?- preguntó el pecoso mirando a la demonio con una mezcla de duda y desconfianza, observando cómo está empezado a andar por la habitación.

-Si, como pelo color de oro, piel prácticamente blanca, pelo largo y rojo como el fuego...- se puso delante suyo- ojos azul claro.- sonrió con maldad. Mikey sintió un escalofrío recorrerle por el cuerpo.

-¿Y eso... a qué viene?- preguntó desconfiado el menor.

-Que esas personas son las que más almas poderosas tienen.

Aunque el menor quisiera mostrar valentía en ese momento, no pudo evitar el empezar a temblar al escuchar esa frase, además de una sonrisa tétrica que se veía en medio de la oscuridad.

Incómodo silencio se hizo presente sin poder hacer nada más que mirarse, tratando de algún modo descifrar algo. El de cinta naranja veía nervioso a esos ojos, temblando lo menos posible y manteniéndose recto, seguro, mostrándose fuerte.

-¿Quieres ver algo interesante?- preguntó al rato la demonio, viendo con una sonrisa algo extraña al chico.

-¿Algo interesante?- aunque sabía que no se podía fiar, su curiosidad esta vez estaba haciendo presente, mirándola con ganas de saber- ¿El qué?

-Ya verás pequeño, te va a gustar mucho.- dijo aún manteniendo su sonrisa, a la vez que una neblina negra los envolvía a ambos.

-Que no soy un niño.- decía mientras inflaba las mejillas molesto.

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La situación en la azotea no había cambiado en lo absoluto. Los chicos se encontraban aún impresionados a aquella "cosa" que se parecía al menor de los Hamato, que aún seguía riendo de aquella manera tan tétrica y macabra.

-JAJAJAJAJAJA... JAJAJA... jajajajaja... jajaja... jaja... ja- poco a poco su risa se fue haciendo cada vez más floja, hasta terminar por cesar- vaya, no pensé que tardaríais tan poco en daros cuenta- levantó la mirada, observando a los presentes, pero ellos, en vez de encontrarse con los ojos azul cielo de la tortuga pecosa, se encontraron con unos enormes y escalofriantes ojos negros con una iris roja, helandoles la sangre-. Qué pena, quería divertirme un rato más.- sonrió con sadismo.

-¿Tú quién eres?- preguntó Leonardo desenfundando sus katanas, al igual que Donnie su boō.

-Quien soy no importa, lo que importa es que llegáis demasiado tarde.

-¿Dónde está Mikey?- preguntó esta vez Donatello, mirando de manera seria al impostor.

-Con ella- todos abrieron los ojos-, y desde hace un buen rato- sonrió con maldad-. Vaya, qué ironía, tanto tiempo y esfuerzo para nada, ¿no? De todas formas, la ama Pandora conseguirá llevar a cabo sus planes.

-¿Ama Pandora?- preguntó asombrado Freddy. No había escuchado ese nombre en su vida.

-Si, ama Pandora, por que ella será la causante de todos los males de vuestro mundo- en todo momento tenía en su cara esa sonrisa de maldad, una sonrisa retorcida y alegre al ver el terror impreso en las caras de los chicos-. Todos vuestros intentos son en vano, al final acabará ganando y nosotros dominaremos este sucio y asqueroso mundo.

-¿Entonces por qué lo queréis?- preguntó Rev.

-Mmmm... buena pregunta. ¿Por qué un demonio quiere apoderarse de un planeta tan sucio y perdido como este? Pues por una simple razón. Cuanto más malvado y cruel es el planeta y las personas que lo habitan, más ricas y poderosas son las almas puras y bondadosas, como las vuestras- señaló a los chicos-. Y si encima añadimos ese corazón de oro e inocente de vuestro hermano menor, más fuerte es.

-¿Entonces... también queréis nuestras almas?- preguntó Leonardo desconcertado, ganándose una pequeña carcajada del clon.

-Bueno, estaría bien absorber las vuestras, son muy... peculiares. Pero sin duda la de ese niño de cinta naranja no la habíamos visto en siglos, incluso milenios. Es un alma realmente única.

Un incómodo silencio se hizo presente en el lugar. Tanta información en tan poco tiempo los había pillado desprevenidos.

-Veo que no hay más preguntas- sonrió divertido el clon, girando los ojos a la izquierda-. Bueno, vamos a divertirnos un poco.- dijo sonriendo, sacando sus nunchakus y abalanzándose a ellos.

Fue en la dirección de Donatello.

Pero, algo raro sucedió.

El ninja de cinta morada, en vez de esquivar el ataque como suele hacer o poner delante su arma para bloquear el ataque contrario, se puso recto, firme, empuñando su boō con la punta de su naginata en la dirección en la que venía el clon, todo esto con una mirada de seriedad en sus ojos.

El ruido de algo siendo atravesado sonó, y durante unos segundos un silencio se hizo presente.

El arma del científico había atravesado por completo el caparazón de la tortuga por la zona del estómago. Algunos trozos de caparazón se esparcían por el suelo ensangrentado, era como si el tiempo fuera a cámara lenta.

Justo cuando la naginata de Donatello empezaba atravesarle, hubo unos nuevos espectadores presentes, entre ellos una rata y una tortuga de bandana roja. Sus rostros mostraban sorpresa al ver esa imagen. Cuando decidieron ir a ese lugar al ver que ni Leonardo ni Donatello contestaban, no se esperaban ver esa escena.

Nadie se había movido de su posición, mirando asombrados cómo el cuerpo del clon se quedaba inmóvil, a la par que Donatello. Esperaban escuchar un grito, o insultos, o algo, pero no hacía nada, simplemente miraba al suelo aún sintiendo el arma del ninja de morado atravesando su cuerpo.

-¿Te crees que me arrepiento?- habló Donatello, mirando seriamente al clon, hablando lento y tranquilo, pero de manera fría- Pues no, realmente no. Tú no eres mi hermano.

Nadie se esperaba esa acción de parte de Donatello, el que era posiblemente el más pacífico de los hermanos. El escucharle hablar de esa manera tan fría y hasta cruel le sorprendió a todos, incluido Splinter.

-¿Donnie...?

El nombrado miró a su derecha, abriendo los ojos al ver quién era. Era Mikey.

El verdadero Mikey.

Todos dirigieron la mirada al mismo sitio, encontrándose con algo malo, muy malo.

Michelangelo había presenciado la escena, mirando dolido a su hermano genio mientras lágrimas corrían de sus ojos. ¿Realmente su hermano haría y diría todo eso? ¿Era eso lo que sentía de verdad hacia él?

-M-mikey...- tartamudeo Donatello nervioso. Su cara era de nerviosismo e incredulidad, no se esperaba que su hermanito estuviera ahí, no esperaba que viera eso fuera de contexto. Pero todos abrieron los ojos al ver algo negó detrás del menor, una especie de neblina negra, para después ver unos aterradores ojos marrones, junto con una escalofriante sonrisa-. ¡Mikey espera!- gritó Donatello corriendo hacia él, soltando su arma dejándola caer al suelo junto con el clon, el cuál reía con sorna. Estiró su mano para coger al pecoso, pero a tan solo unos centímetros suyo, una mano negra se apoyó el en hombro del menor, desapareciendo de su vista. Donatello se quedó ahí, estático, donde hace unos segundos estaba Michelangelo.

-Lo ha visto...- dijo Casey sin creérselo, al igual que todos los presentes.

-Esa maldita.- habló Raphael con ira entre dientes, apretando con fuerza sus puños. Todos se sentían así, impotentes.

Donatello, sin decir nada, salió corriendo del lugar, perdiéndose entre los techos de NY.

-¡Donnie/ Donatello!- gritó su familia preocupada, pero fue en vano. Simplemente vieron cómo el genio se alejaba corriendo.

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Michelangelo volvió a aparecer en el espacio negro, acompañado de la presencia de la demonio a su lado. Aún seguía igual, con los ojos abiertos como platos y con lágrimas recorriendo su mejilla, aún recordando eso.

Sus piernas temblaron, hasta el punto que no pudo soportar su propio peso, arrodillándose en el suelo. Apoyó sus manos en el suelo, mirando a la nada aún sin reaccionar.

-N-no puede ser... Donnie... Donnie... n-no es verdad, e-es menti-tira. Él nunca... n-nunca...

-¿Nunca te atacaría para defenderse? ¿Nunca te dañaría de gravedad con tal de salvar su propia vida?- contestó la demonio divertida a un lado del menor- Vamo Michelangelo, ¿qué más pruebas necesitas?

-E-es una mentira t-tuya...- murmuró el menor temblando, negando con la cabeza con fuerza-. Tú lo has... has...

-No ha sido una ilusión mía- dijo sonriendo, acercándose al rostro de Mikey- por una simple razón. Mis poderes no funcionan con personas como tú.

-¿Q-que quieres... decir?- preguntó desconcertado.

-Mis poderes no funcionan con gente con un alma como la tuya, se anula- sonrió al ver el rostro de la tortuga. Estaba destrozado-. ¿Ahora me crees? Nunca has sido nada para tus hermanos, no eres nada. Te matarían a la primera oportunidad de salvar su vida. Tú mismo has visto cómo tu hermano te apuñalan, te decía a la cara que no eras su hermano- se acercó a su oído-. Viste que te odiaban.- susurró despacio.

Mikey no podía más. Tenía razón, tenía mucha razón. No le querían, no le apreciaban. No le querían en la familia.

Su mente dejó de funcionar, haciendo que no fuera consciente de nada a su alrededor. La demonio, al ver eso, sonrió con satisfacción, desapareciendo del lugar.

Michelangelo no se movió de su posición, se sentía roto, dañado. Le dolía el corazón y casi no podía respirar. Grandes lágrimas salieron de sus ojos, empezando a llorar con fuerza abrazándose a sí mismo, apoyando su frente en el suelo.

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-Bueno, esto ha salido incluso mejor- dijo Pandora contenta entrando a la sala de la esfera, donde dos demonios más la esperaban-. Esto sin duda le ha dañado más que ver la muerte de alguien. Al final tenía razón.

-¿De quién habla, ama?- preguntó el pequeño demonio que siempre la acompañaba.

-Nuestro aliado. Tenía razón, hacer que él creara una ilusión que pareciera el desprecio de su familia le ha marcado fuerte. Ese era su mayor miedo.

-¿Su mayor miedo?

-Si- sonrió la demonio-. Realmente es un chico puro e inocente por ese mismo miedo. No es ese tal Shredder o esos mutantes ardillas- dijo acordándose de la investigación que hizo su pequeño "comodín" de esas tortugas-, sino algo realmente noble.

-¿Y ese miedo es...?

-A que su familia le odie- dijo sonriendo-. Eso es algo que pocas veces se ve. Y ahora, su mayor miedo se hizo realidad.

Al decir esas palabras, Pandora empezó a reír. Una risa maniática y demente sonó por todo el lugar.

-Ahora, he completado mi plan principal. Ahora puedo divertirme un poco.

Dicho eso, desapareció sin dejar rastro.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Cuentan las leyendas que, hace mucho tiempo, existía una escritora en FanFiction aficionada a las tortugas ninjas y a lo sobrenatural. Esta tenía libros escribiendo, con gente que le agradecía y comentaba. Pero, un día, desapareció.

Durante meses no se supo de su existencia, dudando si aún seguía viva, esperando que, algún día, regresara para terminar sus historias pendientes y empezar historias nuevas.

La leyenda decía que, cuando los planetas se alinearan y la Luna fuese blanca, la escritora reviviria de sus cenizas y comenzaría su reinado, dominando todo FanFiction y, después, el mundo!

Ok ya paro con la tontería.

Halo jóvenes ninjas! ¿Qué tal?

Uff, ha pasado tiempo, no? Creo que más de medio año xP

Sí, me morí un poco debido a unos problemas que tuve a principio de año, y os ahorraré la biblia explicando eso, simplemente diré que se han "acabado" y por fin podré estar más tiempo aquí.

Realmente siento mucho el estar tanto tiempo desaparecida, y para intentar recompensarlo he hecho este capítulo largo (o al menos lo he intentado), y algo más intenso.

Además, tomaroslo como un regalo de mi parte. Hoy estoy a solo un año de ser mayor de edad, y creo que sería lo mejor regalar algo en el día de mi cumpleaños.

Gracias a todos los que aún leen esto (si es que aún hay alguien leyendo esto), intentaré no quedarme mucho en hiatus.

Nada más que decir, espero que os haya gustado y nos vemos en el siguiente capítulo.

Bye~

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En un techo de NY, una figura se encontraba sentado en cuclillas, abrazando sus piernas mirando hacia el cielo oscuro de la noche. Donatello llevaba ahí un buen rato, sintiendo cómo sus ojos se volvían rojos.

-¿Ha... ha sido mi culpa?- se preguntó a sí mismo el genio, sintiendo su cuerpo pesado.

-Pues claro que ha sido culpa tuya- una voz a su lado le habló, reconociéndola al instante. Pandora se puso al lado de la tortuga, sonriendo con alegría y burla-, fuiste tú el que le hizo ver esa imagen y escuchar esas palabras horribles que le rompió el corazón- su sonrisa aumentó más al ver la cara de culpabilidad de Donatello haciéndose más presente-. Pero mira el lado bueno, me has ahorrado el trabajo, y la vida de algún miembro de tu familia haciendo realidad su mayor miedo.

-¿A qué te refieres?- Donatello se giró para verla extrañado.

-Veras Donatello, todo el mundo tiene miedos profundos. Tu hermano menor ser odiado por su familia, Leonardo fallar a su familia y que esta se haga daño por su culpa, vuestro padre perderos, y tú ahora mismo temes perder a tu hermanito- dijo con un eje de diversión-. El haber hecho eso con ese clon ha hecho realidad su mayor temor, y lo mejor de todo es que lo hiciste sin saberlo. Jajajajaja.

Donatello miró al suelo, sintiéndose aún más culpable.

-Pero venga, no te desanimes, todos vais a sufrir- dijo tranquila agarrando los hombros del ninja morado-. Y cuando tu hermano ya esté completamente roto- se acercó al oído del genio, susurrando-, tú serás el siguiente.