XI.

Unos días después, habiéndose concedido unos días de vacaciones y de descanso cerrando el taller, Lily salió del edificio y se dirigió a Hanover Square. Diane vivía a pocas calles de la suya y ella ni siquiera se había enterado ni la había visto pasear ni una sola vez. Caminaba por Brook Street cuando un hombre alto con traje y sombrero la alcanzó y se puso a su lado. Lily miró por el rabillo del ojo y se preguntó si aquello era imaginación suya o algo real.

-¿No estabas en Ucrania? -preguntó.
-¿Cómo sabes tú eso?

Lily se encogió de hombros y aceleró el paso para intentar dejar a Scorpius atrás. No quería saber nada de él. En realidad, el chico tenía razón. Los dos se habían arriesgado mucho, ella la que más teniendo prohibido encontrarse con gente de su clase, y cuando estaba a su lado se olvidaba de sus quehaceres y sus obligaciones, algo que no podía permitirse. Supuso que no estaban hechos el uno para el otro, que ambos eran muy diferentes y que cada uno tenía ya una vida, un bando y muchas cosas por delante. Estar con Scorpius siempre había sido como montarse a una montaña rusa: subir y subir hasta el punto más alto de la montaña, para después bajar a toda velocidad, cayendo y cayendo, mientras Scorpius salía volando y se salvaba, y ella... ella chocaba contra el suelo.

Pero claro, él no era de esos hombres que se daban por vencidos a la primera de cambio. La agarró del brazo con fuerza y la arrastró hasta un callejón, donde se encontraban los cubos de basura. Lily hizo una mueca por el olor y aunque se tapó la nariz para evadirlo, no lo consiguió.

-Es mejor que hablemos en otro momento. Tengo que ir a ver a Diane.
-¿Qué hacías en la fiesta de año nuevo de Bloom?

Lily frunció el ceño. ¿Cómo se había enterado si estaba en Ucrania? Ella no se lo había contado a nadie, y nadie que la conociera la habría podido ver allí.

-Me invitó y como no tenía nada más que hacer, acepté.
-Para estar tan en contra de los muggles te codeas muy bien entre ellos.
-No te equivoques, Malfoy. Solo guardo una imagen.
-¿Y también la guardas dejándole que te bese?

Scorpius parecía fuera de sí, enfadado y celoso. ¿Acaso se lo había contado Paul? ¿Serían amigos? ¿Qué demonios estaba ocurriendo?

-¿Cómo te has enterado?
-Eso no importa. No sabía que os llevarais tan bien y que el ministro te interesara tanto.

Lily lo miró con rabia, preguntándose quién era él para pedirle cuentas de lo que hacía o no con su vida, después de dejarla tirada dos veces y salir huyendo como un cobarde. Salió del callejón a paso rápido, pero Scorpius continuó siguiéndola. Lily entró en uno de los edificios de Hanover Square y se percató de que el portero dormía encima del recibidor. Subió los escalones con gracia y pudo escuchar el suspiro de Scorpius tras ella. Tercer piso, letra F. Llamó al timbre una, dos, tres veces, y alguien detrás de la puerta preguntó. "Soy Lily, Diane".
Diane abrió deprisa la puerta con lágrimas en los ojos y se tiró a los brazos de Lily. Su amiga rubia, alta, de ojos verdes, estaba completamente cambiada. Tenía su edad y aun así parecía que había cumplido y cumplido años, las ojeras caracterizaban sus ojos y había adelgazado bastante. Lily pudo notar mientras la abrazaba cómo se le notaban los huesos del cuerpo y sintió miedo, miedo de que su desaparición hubiera implicado algo más allá de lo normal. Diane les hizo un gesto con la cabeza para que pasaran, y Lily miró a Scorpius antes de hacerlo, con el miedo reflejado en su mirada. Scorpius la empujó por la espalda con suavidad, y ambos observaron el pequeño estudio en el que vivía Diane. Las paredes eran de piedra, y los muebles pocos. A Lily, aquel cuchitril le recordó a la guarida de Teddy.

-Diane, ¿qué ha pasado? -preguntó Scorpius. La chica se encogió de hombros.
-Me tienen muy vigilada. Esta semana ha dado la casualidad de que no, habéis tenido muchísima suerte.
-¿Dónde está Roger? -intervino Lily, mirando el resto de la estancia.

Diane comenzó a sollozar. Lily miró a su amiga y entendió qué había ocurrido. A Roger no solo se lo habían llevado a la cárcel, sino que también le habían matado por resistirse a hacer un pacto con los muggles e infiltrar información. Scorpius se sentó al lado de la rubia, y le pasó un brazo por los hombros para consolarla. Lily sintió cómo le temblaban sus propias manos, y no sabía si era de tristeza o de pura ira.

-Todo se arreglará, Diane, te lo prometo. -le dijo, mientras le apretaba la mano.
-¿Arreglarse? Lily, por favor, mira a tu alrededor. Lo he perdido todo. Roger ha muerto y yo vivo aquí sola, estando en los primeros puestos de sospechosos de la lista de los muggles. Me tienen vigilada y en cualquier momento me llevarán arrestada.
-Ven conmigo, a mi piso. Allí estarás a salvo.

Scorpius miró a Lily, seguramente él no pensaba que eso fuese una buena idea, pero a ella le daba lo mismo. No pensaba dejar a su amiga sola allí, y más en su estado.

-No quiero meterte en problemas, Lily.
-No puedes quedarte aquí sola. Necesitas comer y vivir con un poco más de tranquilidad.

Diane se levantó del sofá y se asomó a la ventana cruzada de brazos.

-¿Tranquilidad? Ojalá pudiera. Ojalá Roger me hubiera escuchado cuando le dije al principio de la guerra que nos fuéramos a América, pero no, él quería quedarse y luchar por nuestra causa. En realidad tenía razón, supongo. En este país no se puede vivir con tranquilidad desde hace años, da igual que viva aquí o en tu casa. Al final me encontrarán, y nos llevarán a los dos arrestadas.

Lily iba a replicar, pero Scorpius se levantó del sofá y sacó una tarjeta del bolsillo del traje.

-Tengo algunos contactos... Esta es la tarjeta de un amigo que ayuda a gente como tú. Ve a visitarlo, con cuidado. Él te ayudará, te lo aseguro. -Scorpius dejó la tarjeta sobre la mesa y Diane se giró y se apoyó en el marco de la ventana. Lily miró con orgullo al chico. Scorpius la sorprendía de cuando en cuando. Y a veces, su comportamiento, la hacía dudar.
-Gracias, Scorpius, eres muy amable. -contestó Diane.

Todo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Su amiga iba a dirigirse a la mesa para coger la tarjeta cuando un disparo sordo hizo que se detuviera. Lily se agarró al posa brazos del sofá con los ojos en alerta, sin saber qué hacer. Le costó reaccionar, pero corrió hacia su amiga cuando cayó al suelo sin poder respirar. Scorpius también corrió en su ayuda y ambos se miraron sin saber qué hacer.

-Ni se te ocurra, Diane, ni se te ocurra cerrar los ojos. -dijo Lily, sujetándole la cabeza.
-Vamos, yo mismo te llevaré en brazos. Sé de alguien que puede ayudarnos. -dijo Scorpius, pero Diane negó con la cabeza.
-No, no lo hagáis. Me estoy muriendo...

A Lily le tembló el labio inferior y las lágrimas se amontonaron en sus ojos. Scorpius le observó la herida, la bala había alcanzado el corazón.

-No, no, no... -Lily sintió ganas de gritar.
-Si me sacáis de aquí os verán, y por mí ya no hay nada que hacer.

La voz de Diane se iba debilitando y también su pulso y su respiración. Lily la abrazó con fuerza mientras lloraba y gritaba, desesperada. Scorpius intentó sujetarla, pero fue en vano. Al cabo de unos segundos, el corazón de su amiga se paró por completo. Lily intentó reanimarla, le gritaba para que despertara, le decía que dejara de jugar y se levantara, pero nadie respondía.

-Lily, vamos... No hay nada más que hacer. -le dijo Scorpius.
-¡Suéltame! -exclamó Lily. -Es mi amiga...
-Está muerta, Lily.

Lily se giró hacia Scorpius y le miró con lágrimas en los ojos. Hasta ahora se había sentido débil y triste, pero nunca tan rota como lo estaba en aquel momento. Scorpius la cogió del rostro y le secó todas las lágrimas del rostro, acariciándola con ternura. Después, la sujetó con fuerza y ambos se pusieron en pie.

-No podemos salir por la puerta, debemos buscar otra salida o también darán con nosotros.

Scorpius buscó por el apartamento, y llamó a Lily desde la cocina. La chica miró el cadáver inerte de su amiga. Aquella estúpida guerra le estaba arrebatando todo lo que quería. Diane había muerto sin saber que un día toda aquella pesadilla acabaría, sin poder salir a la calle a pasear con tranquilidad, sin ver a su familia, sin saber que Mary había dado a luz. Lily se dirigió hasta la cocina, intentando mantenerse estable y vio cómo Scorpius mantenía una puerta abierta que daba a una terraza. Le dio la mano y ambos corrieron, y fue entonces cuando sonó otro disparo y una bala alcanzó el hombro de Lily. La chica cayó al suelo ahogando un grito de dolor. Scorpius la tomó en brazos y comenzó a correr a toda velocidad. Entraron al portal del edificio contiguo y cerraron la puerta. El chico cerró los ojos y los dos se desvanecieron en el aire. Lily no se enteraba mucho de lo que ocurría a su alrededor, pero juraría que ambos se habían aparecido en otro lugar. Se le nubló la vista y todos los ruidos y voces en torno a ella parecían un lejano eco. La dejaron caer sobre una cama mientras la gente se amontonaba a su alrededor y una voz conocida pedía ayuda. Cerró los ojos y no pudo enterarse de nada más.