Capitulo X
Capitulo X
Amor de verano.
En la oscuridad de mi recamara, cierro los ojos con la esperanza de volver a soñar que vuelo sobre un azul profundo e intenso como el mar, con esfuerzo intento no mirar hacia atrás y sé que nuestros recuerdos se los ha llevado el viento dejando solo un silencio frio, las ganas de llorar y esta noche interminable que se burla de tu ausencia, dejando a mi paso solo un corazon lleno de pena.
CW
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Podría seguir viviendo una eternidad y mi amor por ti seria igual de intenso e incomparable, como si fuera la primera vez , como si fuera la ultima vez.
Ciertamente era estresante tener que lidiar entre la preocupación por un vampiro furioso dispuesto a comerse al motivo de mi existencia y la melancolía de Edward que se manifestaba últimamente con mayor fuerza pese a que se empeñaba en ocultarla ante los ojos de los demás, en mi entendimiento se que yo jamás tendría el poder de consolarlo y eso también me dolía.
Suspire un tanto afligida pero Edward era así, inalcanzable, hermético, al mismo tiempo poseía un carácter capaz de llegar a ser tierno, cariñoso, considerado siempre dispuesto a aliviar mis tristezas, el sueño de cualquier mujer, sin embargo la verdad es que los dos jugábamos a ser pareja y solo nos unía la soledad que otorga la eternidad… pero algo que jamás negaría era que Edward Cullen era parte importante de mi existencia, por esa manera tan suya de ser.
Nuevamente me concentre en buscar el rastro de Victoria, mi nueva auto adquirida complicación una mas a las ya obtenidas a mi inmortalidad, recordé lo que Edward decía en relación al tema y que me hicieron comprender que dependía de muchas cosas a parte de suerte, de un olfato desarrollado pero principalmente "Inteligencia" y yo no podía permitir que Victoria fuera mas inteligente, con una sonrisa recordé un poco mi pasado junto con aquellas artimañas tan descabelladas de mi prima Elisa para denigrarme y las muchas tantas veces que me adelante para no caer en sus juegos de niña caprichosa, era una pena que siempre desperdiciara su talento e inteligencia en alguien que jamás se digno a hacerle caso, irónicamente a mi muerte el objetivo principal de su existencia también había sido sepultado junto con aquella caja vacía, pero Victoria no era Eliza, Victoria era un ser despiadado y cruel que me había lanzado un reto, un reto en donde no podía perder y antes que dejar que le tocara uno de sus perfectos cabellos, tendría que destruirla aun cuando en ello se fuera mi ultimo suspiro, a decir verdad un destino para mi aceptable. Seguí un buen rato jugando con el rastro de un pequeño colibrí, eran veloces y difíciles de seguir… no era Victoria pero era un buen comienzo para una neófita.
Mis pensamientos ahora se dirigieron a Terry y la misma pregunta de siempre ¿por qué no lo había atacado?, si su olor me era tan dolosamente exquisito, mis sentidos se volvían locos ante su sola presencia y en repetidas ocasiones había tenido el impulso de probarlo y la misma cantidad de veces había salido huyendo, llegué a la conclusión de que mi amor era mucho mas grande que mi apetito, no solo lo deseaba por su olor sino también por lo que aun seguía representando en mi pasado de "Un amor inconcluso".
Subí con rapidez a la copa de un árbol, mi presa se encontraba a escasos metros de distancia cuando la capturé sin imprimir mucha fuerza al cerrar mi puño, aun me dolía tener que alimentarme de la sangre de los animales, paradójicamente mi favoritos eran los caballos, aunque los evitaba por el cariño especial que les tenia, mi segundo favorito por llamarlo así la gacela, eran rápidas y dulces como un helado de chocolate, al menos ahora podía comer sin llegar a preocuparme por mi peso, pensé, no sin ironía.
Abrí de nueva cuenta la mano y dejé libre al pequeño pajarillo, me senté en la rama para observar desde arriba lo hermoso que era esa parte del bosque, mientras el viento jugaba con mis cabellos y aproveché para alzar el rostro y despejar mis pensamientos, en estas ocasiones es cuando mas extrañaba su presencia.
-Desde arriba las cosas se ven de manera distinta.
Me paralicé ante aquella aterciopelada voz, su olor me golpeó con fuerza y aquel monstruo sediento de sangre pareció resurgir con mayor fuerza, apreté los puños e hice acopio de toda mi fuerza de voluntad para no caer encima de él, lentamente bajé la mirada, hasta verlo recargado en un árbol aun llevaba un vendaje en la cabeza y usaba un bastón para caminar, pero no restaba su atractivo, el dolor hizo presa de mi, tan lejos y tan cerca.
-El viento se lleva las tristezas y limpia el dolor de tu alma - declaró mientras yo me dejé llevar por el rico sonido de su voz, mientras mis ansias de sed se aplacaban nuevamente conforme el viento traía consigo la nota más sensible del ser que tanto amo.
-No siempre es posible olvidar – respondí sin ocultar mi melancolía, él levanto sus ojos y me perdí en el fulgor de su mirada, no había mas llanto ni mas dolor solo sus preciosos ojos y esa mirada rebelde que fue y seria mi eterna compañera en mi días de soledad.
-Mucho dolor para ser tan pequeña – replicó – ¿Por qué no bajas? Me duele el cuello y lamentablemente no puedo subir para hacerte compañía.
Quién dice que los vampiros no sentimos, si hubiese podido me hubiera ruborizado, aquel hormigueo que se manifestaba en mi vientre era la evidencia mas clara y mas pura de un sentimiento, aun para un vampiro que se suponía no tenia alma.
"Inolvidable Terry, Terry inolvidable"
-No creo que sea lo correcto- declaré desviando mis ojos .
Silencio.
-¿Por qué? – preguntó no sin regalarme aquella profunda mirada que estuvo a punto de hacerme titubear y arrojarme en su abrazo protector.
-A tu novia no le simpatizo – fue lo primero que mascullé, sin lograr ocultar del todo mi rabia.
-¿Bella? – Soltó una carcajada – es una linda persona, además yo no le caigo bien a tu novio…ambos nos arriesgamos por igual.
-Touche.
-Un punto para Terry Granchester, un punto ¿para?
-Sarah – respondí feliz.
-Hermoso nombre – declaro con una brillante sonrisa – es un empate – añadió con una sonrisa picara – Bueno ya estando de acuerdo Sarah ¿bajarás? no es de una dama trepar en los árboles.
Sonreí coquetea de sobra me conocía sus juegos de palabras y aquella galantería tan natural en él.
-¿Y quien te dijo que yo era una dama? – alegue mientras me llevaba el dedo índice a mi frente como si estuviera meditándolo.
-¿Bajaras? – volvió a insistir
-¿Quizás?
-Qué cruel ¿Cómo haces sufrir un tipo tan débil y enfermo como yo?
"Desvergonzado" – pensé casi a punto de la carcajada.
-¿Débil? – fingí meditarlo y sin ser conciente de mis acciones, comencé a bajar haciendo exactamente lo que me pedía, alcance a ver su mirada arrogante y satisfecha.
"Estupida, estupida" – me dije una y otra vez mientras poco a poco iba llegando al suelo, él seguía recargado atento a cada uno de mis movimientos mientras aquel temblor me recorría una y otra vez, haciendo que me sintiera casi humana, como en el pasado y como ahora en el presente.
-¿Sabes que eres el mismo rostro del ego? – le dije en cuanto pisé el suelo, su olor se volvió insoportable y tuve que dejar de respirar, definitivamente no había sido buena idea.
-¿Por qué? – clavo sus arrogantes ojos en mi rostro y sentí como aquel conocido calorcillo subía por mi vientre.
-Lo veo por el gesto satisfecho de tu rostro – alegue sin atreverme a mirarlo aun y fijando mis ojos en el bosque.
-No es ego lo que ves, es un gesto de admiración hacia una bella señorita.
-Eso es un rostro de galantería y no la necesito – le reproche.
Él apretó los labios.
-Solo dijo la verdad, no pensé que la señorita sería tan delicada.
-No lo soy.
Ladeó su cabeza clavando sus ojos en mi rostro, sin querer baje la mirada, siempre me había sido imposible sostener sus ojos, sobre todo cuando estos eran hielo puro.
-Lo siento – me disculpé finalmente, odiaba tener que verlo tan enfadado y mas que eso, herido por el rechazo.
-¿Por qué?
Maldije para mis adentros, lo conocía de sobra e intuía que tenía que darle una respuesta.
-No fue mi intención ser grosera.
-Estas en tu derecho de aceptar o no un halago.
-¿Siempre tan caballeroso?
-Hago lo que puedo.
-¿Por costumbre o por convicción?
Soltó una carcajada divertida.
-Por la belleza – respondió con una mirada pícara.
-¿No es muy ambiguo? – repliqué con una sonrisa en los labios.
-¿Por qué?
-Pareces un niño pequeño.
-Me gusta escuchar opiniones y obtener respuestas.
Alcé los ojos… nunca habría respuesta que lo satisficiera.
-Será mejor que me retire – le dije antes de cometer un error, él asintió con la cabeza.
-Perfecto, gracias por la plática.
-¿Cuál? – pregunté moviendo la nariz.
-Se te mueven las pecas – comentó con burla.
-¿Y qué?
-Mmmhh no me digas que te gustan las pecas.
-Así es y pienso coleccionar más.
Grave error, él frunció el ceño con recelo y tristeza al mismo tiempo, aquel dialogo era añejo, como nuestros sentimientos.
-¿Pasa algo? – pregunté fingiendo inocencia.
-No, es solo… olvídalo.
-¿Estás triste?- cuestioné preocupada.
-¿Yo triste?, por favor – dijo con rabia y sarcasmo.
-Lo siento.
-Por dios niña, es una conversación sin sentido ni razón ¿y dices que lo sientes? – respondió sin poder ocultar de todo aquella vulnerabilidad que disimulaba, cuando se trataba de sus sentimientos.
Entendí entonces que era hora de huir antes de cometer alguna estupidez, me conocía y por los Cullen no podía permitirme otro error , sin embargo antes de partir añadí como sugerencia, de sobra conocía su carácter para saber que jamás aceptaría una orden.
- En el bosque acechan peligros mayores, no es bueno que andes por aquí.
Me observo con franqueza y curiosidad, pero se limito a asentir con expresión pensativa, no espere mas di un paso atrás y corrí dejando su dolor, su rabia. Al mismo tiempo que me lastimaban, recordándome a cada instante, que Terry conservaría aquellas viejas heridas de abandono y soledad, solo por el recuerdo de un amor de verano.
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El pasado llega para hacerse presente de la manera más dolorosa.
TGG
La vi desaparecer a través de los árboles con gracia y elegancia como si imitara los pasos de una bailarina de ballet, su cabello brilló bajo la luz otorgando un resplandor como si fueran diamantes, tan mágico e irreal como el incesante sonido que continuaba en mi cerebro debido a su presencia, al mismo tiempo su aroma a rosas se iba con ella.
-Sarah – musité tratando de entender el por qué me sentía nervioso y al mismo tiempo, atraído por la belleza de sus ojos dorados.
Seguí caminando por el bosque sin hacer caso a su ultima recomendación, "En el bosque acechan peligros mayores, no es bueno que andes por aquí" comprendí de inmediato lo que me quería decir, sin embargo pecaré de muchas cosas menos de ser un cobarde y aun necesitaba respuestas… aquellos seres eran algo mas que espectros.
-Terry ¿a donde vas? – la dulce voz de Bella me detuvo a medio sendero y me giré mascullando una maldición, se estaba tomando el papel de enfermera demasiado en serio.
-Al bosque… ¿no es obvio? – respondí con sarcasmo.
-Tus sarcasmos no me afectan, utiliza otra táctica conmigo ¿quieres? – su respuesta fue igual de grosera y apreté los labios con rabia.
-¿Por qué diablos no me dejas solo? no necesito una niñera detrás de mi
-Pues parece que la pides a gritos y por nada del mundo necesito otro trabajo.
-¿Qué quieres? – pregunté no sin rendirme del todo.
-El Dr. Carlisle esta aquí, quiere examinar tu cabeza aunque ya le dije que lo que esta mal es tu cerebro – soltó con inocencia.
-Bella – amenacé.
-Dime Terry – obvio, me gané ese odioso tono meloso que utilizaba conmigo solo cuando le convenía.
Suspire… Bella podía ser tan obstinada como… Candy.
-Esta bien - repliqué con furia ante el nombre que golpeteó mi corazón, fui hacia ella, Bella me recompensó con una gran sonrisa y yo tomé ventaja de su regocijo al atraerla y plantar un rápido beso en su labios, el efecto fue el esperado al dejarla parada y sin palabras por primera vez.
Escuché que soltaba una palabrota.
-No es de una dama decir maldiciones ante un caballero – le grité sobre mi hombro.
-Y quien te dijo que soy una dama – gritó a su vez sin ocultar su asombro – por nada del mundo podría considerarte un caballero.
Sonríe divertido mientras me llevaba el dulce sabor de sus labios al tiempo que intentaba no pronunciar otro nombre.
Me distraje ante un zumbido que taladró mis oídos y supe la razón al ver al doctor que tenía delante de mi, me sorprendió lo joven que era, para ser padre de tantos adolescentes, aun cuando eran adoptados, según Eleonor, a su lado había una bellísima mujer igual de joven que él, me recordó a mi madre cuando tenia menos edad, eso me confirió cierta tranquilidad y confianza.
-Terry te presento al Dr. Calisle Cullen y su esposa Esme – en la voz de Bella había una nota de cariño hacia la pareja, no pude dejar de sorprenderme y le dirigí una mirada interrogante a Bella mientras tomaba la mano del doctor y de su joven esposa.
-Hola Terry un placer conocerte – me dijo la pareja.
-Igualmente, muchas gracias por atenderme y traerme a casa Doctor – respondí con educación y en los ojos de Esme vi una sonrisa, no pude evitar mirarla con curiosidad.
-Disculpa – sonrió ella – es que mis hijas me han hablado de ti, tienen una opinión bastante elevada de tu persona.
Sonríe con galantería mirando Bella burlón a lo que ella respondió con una mueca, sin saber que nuestras reacciones eran observadas con atención y con agrado.
Continuara…
