Es curioso que cuando menos quieres ver a una persona, más te la encuentras por todas partes. Y más curioso aun como un lugar tan grande como Hogwarts de repente parece haberse hecho más pequeño. Y es que ninguno se dio cuenta que este curso compartirían mas cursos juntos, del mismo modo que no notaban el error que estaban cometiendo. Porque los dos habían fallado.
Por suerte para ambos no tuvieron que verse durante el Banquete del Inicio de Curso porque estaban en distintas casas. Tampoco durante el desayuno al día siguiente, pero sin duda Albus sospechaba de que no se hubiera sentado Rose con ellos o que Scorpius no hubiera ido a saludarla a la Mesa de Gryffindor. Capaz siguen fingiendo estar peleados, pensaba Albus.
Aunque por distintos caminos, se dirigieron al salón de Transformaciones, su primera clase del curso, y al llegar a la puerta del salón, se miraron por primera vez desde que terminaron. La sorpresa fue grande para los dos. Nunca antes habían tenido esa clase juntos.
Rose no quería mirarlo. Ella no podía entender porque Scorpius había tomado aquella decisión. No sabía porque había roto aquella ilusión que la hacía despertar cada día. Lo único que sabía era que se quería arrancar el corazón, porque le dolía pensar en aquello, le dolía saber que no podría olvidarlo. Y allí estaba parada frente a él, sin saber qué hacer, y mirándolo sin si quiera quererlo. Se dijo a sí misma, que debía ser fuerte, que debía ser una Gryffindor. Dio la vuelta sin decir nada, reprimiendo sus lágrimas, y entro con paso decidido al salón.
La pelirroja pensaba que rehuyendo de su mirada, encontraría más fácil no tener que hablar con él. Que equivocada estaba.
Luego del almuerzo el martes, Albus se encamino para su clase de Cuidado de Criaturas, mientras que Scorpius iba lentamente hacia el salón de Defensa contra las Artes Oscuras. Sentía que el recuerdo de lo vivido en la Madriguera lo perseguía. Recuerdos magnificas junto a Rose, que hacían su vida como si fuera un sueño. Pero al final, ese sueño se convirtió en pesadilla al escuchar la verdad sobre su padre. Tenía que borrar todo aquello de su mente. Nadie les permitiría estar juntos, hasta ella misma parecía darse cuenta por la forma en que negaba su relación. Y es que capaz tú no eres para mí, pensaba.
No había nadie en el salón cuanto entró, así que se sentó y recostó su cabeza entre sus brazos en su silla. Alguien abrió la puerta y caminaba entre los asientos. Cuando Scorpius se enderezo, se dio cuenta que era Rose la que caminaba. Por una fracción de segundo, sus ojos chocaron de nuevo, pero el volvió a recostarse, evitando verla. No podía verla. Quería, pero sabía que no debía.
Minutos más tarde el resto de la clase entro, y con ellos la Profesora Bones. Les hablaba sobre los Hechizos No Verbales, pero él no escuchaba ninguna palabra. ¿Cuántas clases más compartiría con Rose? ¿Cómo se había olvidado que habían quedado en estudiar juntos varias clases ese curso?
- Malfoy, ¿me escucha? – pregunto en voz alta la Profesora Bones.
- Si, dígame Profesora – dijo Scorpius despertando de repente.
- Le decía que haga pareja con Weasley para practicar los hechizos no verbales.
Aquello fue más que incomodo. Habían evitado mirarse cada vez que se cruzaban y ahora tenían que estar frente a frente. Ninguno se miro mientras se levantaban de sus asientos, ninguno dijo nada cuando la profesora les explicaba el método adecuado de realizar un hechizo no verbal. Pero el momento había llegado. Ambos se miraron y con las varitas listas para practicar, pero ninguno lanzo un hechizo. Solo se quedaron mirando, como sin poder reaccionar. Solo mirándose, sin hablar, sin moverse. Y es que parecía que en aquel momento si les estaba permitido mirarse, sin sentir todo aquello que los invadía por dentro.
Fue una suerte que la profesora pensara que habían estado concentrándose en el hechizo no verbal y por eso no habían hecho más que otra cosa que mirarse. Pero aquello no estaba resultando bien. ¿Cuánto tiempo más podrían resistirse de hablar el uno del otro?
Los días pasaron y aunque se volvieron a encontrar en Encantamientos y en algún pasillo, siguieron sin mirarse ni siquiera un poco. A nadie le parecía raro aquel comportamiento, al fin y al cabo, habían estado pretendiendo estar peleados casi todo el curso anterior. Pero ellos sabían que esto era diferente. Ahora no pretendían, era de verdad. Tampoco estaban peleados, sino dolidos. Por diferentes causas, pero dolidos.
El primer martes de Octubre, Scorpius se encontraba otra vez caminando hacia su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Como siempre, la profesora Bones, les haría practicar algún hechizo de forma no verbal; y como siempre, lo pondría de pareja con Rose. Ninguno había logrado conjurar nada hasta ahora, y parecía que si seguían así, no aprenderían nada durante ese curso.
Aquel día, les tocaba practicar los hechizos Expulso e Impervius. Lo que tenían que hacer, era encantar una de las almohadas en clase y enviarlas a su oponente con el hechizo Expulso, mientras el oponente haría el Impervius para protegerse de la almohada. Todo aquello resultaba mucho más difícil, ya que ninguno de la clase había logrado hacerlo de forma No Verbal.
Como siempre, Rose y Scorpius, solo se quedaron mirándose, sin hacer ningún movimiento. Por todos lados, las almohadas empezaban a levantarse, al parecer, algunos si habían estado practicando los hechizos no verbales. Scorpius pensaba que aunque hubiera querido, el nunca hubiera lanzado una almohada en el rostro de Rose. No quiero lastimarla. Sin darse cuenta que ya la había lastimado en el tren.
Pero Rose parecía pensar diferente, porque en vez de levantar su almohada, levanto una de las sillas del salón y le dio en la cara a Scorpius. Todo aquello tomo desprevenido a Scorpius, que no pudo ni realizar el hechizo Impervius, y termino sangrando y con la nariz rota.
- Srta. Weasley, ¿Por qué no apunto a la almohada? – preguntaba la profesora Bones – Lleve al Sr Malfoy lo de inmediato a la enfermería.
En contra de todo lo que deseaba, Rose se acerco a Scorpius y lo empujo fuera del salón. Scorpius tenía la cabeza echada para atrás y miraba el techo, de modo que su nariz no sangrara más. Llegaron rápidamente a la enfermería, pero Madame Pomfrey no se encontraba por ningún lado.
- Sera mejor que te sientes en una de las camas – le dijo Rose sin mirarlo.
- Lo haría si pudiera ver donde están.
Aquello le parecía demasiado a Rose, pero sabía que no tenía otra opción, tener a Scorpius desangrándose, era su culpa. Así que tomo de su mano y lo jalo hasta la cama más cercana, haciendo que se sentara.
- Tergeo – dijo Rose apuntando su varita a la nariz de Scorpius.
- ¿Qué haces? ¿Quieres hacerme sangrar más?
- Estoy limpiando la sangre de tu cara, de modo que Madame Pomfrey pueda arreglar tu nariz sin problemas.
- ¿Entonces debo darte las gracias?
- Sabes que, no tengo porque soportarte – dijo Rose molesta y se dio media vuelta para salir. Pero una mano la detuvo. La mano de Scorpius, había tomado de nuevo la mano de Rose.
- No te vayas – dijo Scorpius. Aquella pequeña pelea, había sido la primera después de casi un mes sin hablarse.
Scorpius podía sentir aun el dolor de su nariz, y hasta podía notar, como volvía a sangrar, pero se acerco lentamente a Rose, jalándola despacio con su mano. No sabía porque hacia aquello, ni porque de repente, de no querer mirarla paso a querer besarla. La tenia cada vez más cerca, un calor estaba invadiéndolo, pero de pronto, la puerta de la enfermería se abrió y se separo de Rose.
- Lo siento, querido. Pero es que el Director me había llamado a su oficina – dijo Madame Pomfrey, acercándose a Scorpius para revisarlo.
Rose aprovecho aquel momento para escapar y salió corriendo de la enfermería. Se detuvo en el corredor del tercer piso y se apoyo en la pared. No pudo evitar sonreír por recordar lo que pudo haber pasado si la enfermera no hubiera entrado. Creo que ya quiero empezar a verte otra vez, pensó Rose.
Hola! Se que me odiaron cuando hice que terminaran, pero no todo puede ser color de rosas verdad? Espero que les siga gustando la historia y si no pues hagamelo saber con sus comentarios! =)
