11.- Recordando Sensaciones.

Aunque a ambos les costaba creerlo, Luccia sonrió y se acercó a el Italiano poco a poco, en cambio Lucky, aún estaba en shock, sin querer moverse.

Francesco cayó de rodillas frente a la niña, con los ojos a punto de un par de lágrimas, no podía creer que le sonriera después de eso.

-Señor Bernoulli... ¿Entonces puedo llamarte, papá? - Preguntó Luccia.

-Yo... eh... ¡Sí! ¿Por qué no? Luccia ¿Eh?- Le devolvió una sonrisa, pero no sabía qué hacer.

-Ese es mi nombre, y me gusta. - Sin pensarlo, la pequeña abrazó al corredor, como estaba a su altura podía fácilmente rodear su cuello con los brazos. -Papá. Voy a presumirle a todo el mundo que mi papá es famoso. - Dijo ella mientras tenía una mejilla apoyada en el hombro de él.

-Oh Dios... - Escuchar que ella lo llamaba "papá" le inundó el corazón, y la abrazó fuerte, sin evitar que esta vez se le escaparan un par de lágrimas. Le acarició el cabello con una mano, sintió que la amó apenas la vio y en ese abrazo, necesitaba protegerla.

Lucciano se acercó después, él admiraba a Francesco como corredor, pero ahora que sabía que era su padre, por alguna razón, estaba muy confundido, y sin hacer como su hermana, se quedó de pie mirandolo un instante.

-¿Por qué no estabas con nosotros?- Él niño quería llorar. -¿No nos querías?-

Francesco abrió los ojos grandes y miró a Kaori, no podía responder que su madre nunca le dijo nada sobre ellos, él no quería que ellos pensaran que su mamá hizo eso y quedar como una mala mujer delante de sus propios hijos, el Italiano comprendía que ella sólo quería protegerlos. Tuvo que pensar...

-No... no, no es así, yo los amo, yo no estaba porque... porque... tenía que viajar mucho por todo el mundo, por mi trabajo. Espero puedan perdonarme, no voy a dejarlos otra vez. - No supo qué más decir al respecto, una gran parte era cierto, Francesco dejaba de buscar porque el tiempo que tenía era el mínimo, incluso cuando estuvo con Gina siguió buscando discretamente, si hubiese sabido de los niños, tal vez se empeñaba en hacerlo con más intensidad.

Porque, ahora que lo pensaba bien, ya no era sólo un amor el que tenía en frente, eran tres.

Francesco y Kaori se miraban un poco preocupados porque Lucciano estaba allí, de pie, con lágrimas a punto de asomar, pareciendo no aceptar que tenía un padre, o sólo le hacía falta tiempo para asimilarlo.

De repente el niño se movió hacia el Italiano con la cabeza gacha y arrastrando los pies, preguntando con voz tímida y bajita.

-¿Entonces si me quieres? - Subió los ojitos hasta quedar frente a frente con los de Francesco, y esperó ansioso la respuesta.

-Te adoro, te juro... que te adoro. - Sonrió amplia y sinceramente el corredor, desde ese primer momento que reconoció esa legendaria sonrisa ganadora, ya lo amaba.

El pequeño estiró los brazos buscando un lugar después de su hermana, para abrazar a Francesco y lloró.

-Papá...- Rompió en llanto Lucciano, aferrándose a su padre.

-Lucciano, prometo que no me iré otra vez. - Sobó un poco la espalda del niño para calmarlo, luego le besó la mejilla, y lo mismo hizo con su hija.

-Ahora vamos a tener que hacer regalos nuevos para él, porque no creo que el abuelo Jin quiera devolver los que les dimos. - Comentó Luccia, por lo de los regalos del día del padre que hacían en la escuela.

Francesco rió, Kaori se acercó a los tres, y acarició las cabezas de sus hijos.

-Aunque de verdad es un momento único, es muy tarde, y sus regalos tendrán que esperar, ahora tenemos que volver al cumpleaños de Chuki y disculparnos por haber salido así nada más. Oh, y ya es hora de que se vayan a dormir. - Sonrió la pelirroja y limpió las lágrimas del rostro de Lucky.

-Está bien, mamá, yo si tengo mucho sueño. - Luccia se refregó los ojos y bostezó, después le tomó la mano a Francesco para que se vayan juntos al salón grande. El Italiano se sorprendió, parece que la pequeña facilmente se dio bastante con él. Caminó con ella hasta allá, entrando con una sonrisa honesta, no como con la falsa con la que entró cuando llegó a ese lugar.

Chuki se le acercó, se le agradaba de ver que estaba por fin con sus hijos.

-Ah, Francesco, me alegra ver que recuperaste a tu familia. - Sonrió la japonesa. Después miró de lado a lado. -¿Dónde están Kaori y Lucciano?

-Aquí estoy, no te inquietes. - Apareció con su hijo en los brazos, él estaba casi dormido y ella estaba sin zapatos. Lucciano era un poco más grande de lo normal para su edad, de hecho era tan alto como un niño de 8 años, y a Kaori ya le costaba tenerlo cargado, y con esos tacones, se hubiese caído al suelo. -Lo llevaré a la habitación. Perdonanos Chuki, nos perdimos casi toda tu fiesta. -

-Fue mucha la emoción para él. - Dijo Chuki. - No te preocupes, me imagino todo lo que tuvieron que hablar, y aún tienen. -

-Sí... lo fue... -La pelirroja observaba a su hijo dormir, le dio una fugaz mirada a Francesco, se disculpó otra vez con su amiga, retirándose con Lucciano al cuarto donde los alojaban los Todoroki, Kaori llamó a Luccia, ella también debía dormir, así que la niña soltó la mano de su papá y se fue tras su mamá.

El corredor los siguió en silencio y con cierta timidez.

-Déjame llevarlo por ti. - Ofreció Francesco a Kaori.

-No, estoy bien, tú regresa a la fiesta. - Ni siquiera lo miró cuando dijo eso, se sentía un poco extraña.

Ella entró a la habitación y puso a Lucky en la cama, no sin antes quitarle los zapatos, acomodándolo bajo las cobijas. Lo mismo hizo con Luccia, pero ella buscó su ropa de dormir, se fue al baño y allí se cambió, regresó con pijama puesto, acostándose inmediatamente junto a su hermano.

-Buenas noches. - Susurró la peliroja y a ambos les dejó un beso en la frente.

Francesco los observaba desde la puerta, de verdad no estaba muy seguro de qué hacer, aunque le pareció una escena bastante linda. Antes de dormirse Luccia lo llamó.

-Papá... - Susurró la niña.

Él miró a Kaori un segundo como pidiendole su permiso para ir allá, y después se acercó a la cama de los niños. Parandose al lado donde estaba Luccia.

-¿Sí? - Preguntó el Italiano.

La pequeña indicó su propia frente con su dedo indice.

-Aquí, beso de las buenas noches. - Pidió.

-Será un placer...- Sonrió calidamente a su hija y se inclinó para darle un beso en la frente. - Buona notte bella principessa, ti voglio molto bene. (Buenas noches hermosa princesa, te quiero mucho.) - Luego acomodó los cobertores para que ninguno de los dos tuviera frío por la noche, aunque la casa estaba bastante bien templada. Pasó al lado de Lucciano para hacer lo mismo.

Kaori y Francesco salieron de la habitación, ella como siempre no cerró completamente la puerta luego de apagar la luz, así los niños sabían que si se sentían solos o algo les asustaba por las noches, tenían paso libre para ir a dormir con su madre cuando quisieran. Caminaron un par de pasos, ella suspiró aliviada y miró al corredor, satisfecha por esa noche.

-Gracias, lo hiciste muy bien con ambos. Supongo que sentiste que algo te revolucionaba el corazón cuando supiste de ellos. - La pelirroja estaba segura de esos sentimientos, ella amó a sus hijos desde el primer momento que supo de su existencia.

-Eh... sinceramente, algo nació, y fue hermoso. Me siento muy bien, son un par encantador. - Le sonrió Francesco. - Pero... ¿Y qué hay de tí? - Le tomó una mano, como para que no huyera.

-¿A qué te refieres? Yo estoy bien... - No quiso mirarlo, vio al piso cuando le habló. Notó que se le estaba acercando demasiado, ella retrocedió poco a poco, hasta quedar de espaldas a la pared. Eso le traía un recuerdo inquietante, su rostro se sonrojó y su cuerpo tembló nervioso. -C... creo, que mejor volvemos al salón.

Pero él hizo caso omiso de esa última frase, y puso ambas manos sobre la pared, una a cada lado de ella, acorralándole el paso, acercándo su rostro, con su la nariz tocando la de Kaori, sus labios se rozaban, podía sentir su dulce aliento al tiempo que su corazón se aceleraba.

-No me hagas esto...- Pidió la pelirroja, ella temía que sucediera lo mismo que la primera vez.

-¿Qué cosa? Pensé que habías dicho que me amabas... pensé que podriamos comenzar de nuevo. Y si no me lo estás pidiendo inconscientemente, te estás mintiendo a ti misma. Porque estoy tan cerca, que fácilmente podrías darme una buena paliza.- A sabiendas que Kaori sabía artes marciales, se arriesgó. -Todo tu cuerpo está hablando de lo mismo. - Susurraba al tiempo que acariciaba los labios de ella con los de él.

Kaori dejó escapar un gémido, no podía más, cerró los ojos y sin decir nada, del repentino movimiento su boca se pudo fácilmente descifrar la palabra "bésame", abriendola después, sólo para sacar la punta de su lengua y comenzar a dibujar con ella el contorno de los labios de Francesco, recorriendolos como si fueran una pista de carrera, pero lentamente, sin querer marcar un récord de pista, queriendo llegar a la meta sin apuros ni ovaciones.

Él también cerró los ojos, y abrió la boca para dejarla entrar, necesitaba que lo invadiera, con fuego, con pasión, se dejó llevar, era fácil para el Italiano entrar en calor. Por fin su lengua se encontró con la de ella, y se acariciaron compartiendo en un cálido beso, los labios extrañándose mutuamente, contándose todo lo que habían pasado esos años, saboreando cada rincón como aquella primera vez, pero sin ese curioso sabor a Sake de antes.

Sólo se separaron cuando sintieron que les faltaba el aire, mirándose a los ojos, con las mejillas rojas, a la par de los cuerpos, como sangre que se alborota al recibir un repentino y electrizánte golpe de adrenalina.

Pero no pudieron seguir más allá, Kaori sintió que no era el momento apropiado, y lo alejó hacia atrás, empujándolo suavemente con ambas manos, ella estaba insegura de volver a acostarse con él, o al menos no quería hacerlo tan pronto. Estaba muy fresco todo lo que había pasado, además de su rompimiento con Gina, la pelirroja se sentiría rara al respecto, una cosa difícil de explicar.

Todo aún seguía siendo una pequeña tormenta mental, sobretodo para ella, Francesco más que nada se sentía confundido con su proceder de tira y afloja, pero de todos modos pretendió esperar un instante más, ya había esperado más de seis años, un par de días por delante no eran nada, porque estaba allí, con ella, con sus hijos, eso contaba como un paso enorme, igual que una vuelta de ventaja en la pista.

-Creo que mejor me iré a la cama... me disculparé con los Todoroki mañana... - Kaori lo miró y semi sonrió. -Buenas noches, y gracias por todo. - Nada más dijo, lo dejó ahí, de pie, en el pasillo. Entró a la habitación que estaba al lado de la de los niños, y cerró la puerta.

Se sintió mal por hacer eso, aunque por otro lado decía estar haciendo lo correcto, la pelirroja sabía que él no se iría así nada más, por eso no le dijo nada, por eso no le dijo adiós en ese instante. Él era bastante perseverante y prometió a sus hijos no volver a marcharse.

Kaori apenas podía creer lo que estaba pasando, hace un segundo atrás pensó que todo era un sueño, pero ese beso tan intenso no fue un sueño. Sentada en la cama, se tocó los labios con los dedos, cerró los ojos, dejando escapar un par de lágrimas silenciosas, no recordó la pijama, simplemente colocó la cabeza en la almohada, sin poder más con su cuerpo y sus pensamientos, se quedó dormida.

Francesco no quiso insistir por esa noche, demasiada carga emocional acumulada por años que acababa de notar en menos de 24 horas. Tomó rumbo a la sala grande donde se daba la fiesta, cuando llegó allá, se sorprendió, no había nadie, sólo un par de personas contratadas para limpiar, ahora mismo estaban recogiendo todo y dejando la casa como espejo.

-¿Vas a regresar al hotel a esta hora?- La voz de Shu, el Japonés venía caminando desde la cocina, sujetando de un aza una taza de café. Apareció tras Francesco, y se quedó a un lado, esperando que le respondiera.

-Oh, Shu... pues, yo... no lo sé ¿A qué hora terminó todo? ¿Puedo llamar un taxi? - Acomodó su posición de tal modo que pudiera hablar más directamente con Shu.

-Quédate, te prestaré un pijama y una habitación, no me molesta. - Sopló un poco el vapor de su café y bebió, después miró a Francesco. - Sigueme. - Lo llevó al mismo pasillo donde estaban las habitaciones de Kaori y los niños, parecía un lugar habilitado para huéspedes, un cuarto más allá, indicó Shu, ahí se quedaría a pasar la noche el Italiano. El anfitrión abrió la puerta y ambos entraron.

-Es un cuarto grande. - Observó Francesco mirando alrededor.

-Sí, y tienen de todo, casi siempre tenemos visitas, las hermanas de Chuki, su familia en general, hay ropa limpia en el armario y el baño está al final del pasillo. -Explicó el Japonés en gran detalle.

-Gracias... - Se quedó unos segundos en silencio. -Oye, disculpa por haberme perdido la fiesta, y ni siquiera pude saludarte como corresponde. - Se excusó Francesco, la verdad todo había pasado tan rápido, ni siquiera se percató del tiempo.

Shu sacudió un poco la cabeza luego de otro sorbo de café, al haber tragado el líquido pudo volver a hablar.

-No te preocupes, entiendo por lo que estás pasando. No perfectamente, pero esto debió haber sido muy duro para ti. Necesitabas hacer una conexión, en tu lugar habría hecho lo mismo. A veces no te das cuenta cómo pasan los años y cuantas cosas hermosas perdemos en el camino.-

-Sí... - Suspiró Francesco. - Necesito un pequeño relajo... -

-¿Qué vas a hacer con la temporada?- Shu se refería al resto de la temporada de la Fórmula Racing. Ya había faltado a una carrera.

-La perderé... me retiraré, el resto del año tengo otras cosas qué hacer. Y sólo quedan tres meses. Me pagarán de todos modos, no lo mismo de siempre pero, quiero estar con ellos.- Respodió en Italiano.

-Es una buena respuesta. Y ya deberías pensar en sacar un pasaje a Osaka, ellos volverán pronto a su casa y querrás irte con ellos... buenas noches.- Bebió su último sorbo de café, e inclinando un poco la cabeza hacia adelante, Shu se despidió de Francesco y se fue a dormir.

-Buenas noches. - Terminó el corredor Italiano, en ese momento no tenía fuerzas para pensar, ni para moverse mucho más, sólo tomó una de las pijamas que estaban en el armario y se cambió. Metiendose en la cama para reposar un poco. No le fue fácil dormir, media hora después de tener tantas interrogantes en mente, como: ¿Qué hacer mañana? ¿Qué decir? ¿Cómo actuar? Eso no lo dejaba cerrar los ojos.

De repente un ruido llamó su atención, alguien había abierto la puerta de su habitación, aunque no se levantó de la cama, asomó la cabeza cerca de la orilla de ésta para observar mejor.

No vio nada ni a nadie, convenciendose de que la puerta quizás quedó mal cerrada, segundos después sintió algo que se movía por debajo de sus cobijas y llegaba hasta cerca la cabecera.

-¿Eh? ¿Pero qué...? - Se asustó un poco el corredor, hasta que vio asomarse una cabellera roja, que al levantar un poco, mostraban un par de somnolientos ojitos verdes que lo observaban, era Luccia.

-¿Luccia? ¿Qué pasó?- Preguntó él, la niña sólo cerró los ojos, acurrucándose contra su cuerpo, colocando la cabeza sobre su pecho.

-Abrazo...- Pidió ella despacito, sin despegarse del Italiano.

Al salir de su asombro, no pudo más que sonreír y obedecer, Francesco rodeó a la pequeña con ambos brazos, atrayéndola suavemente, acariciando su espalda para que se relajara.

-Tu perfume huele rico... me gusta ¿De qué es? -Susurró ella.

-No lo sé... es un perfume francés, pero no sé de qué estará hecho.- Él se rió despacio. - Bueno, duerme principessa, es tarde. -

-Buenas noches, papá... -Finalizó Luccia, y rapidamente se quedó dormida.

-Sogni d'oro, preziosa. (Dulces sueños, preciosa) – Por alguna extraña razón, con esa repentina aparición de Luccia, Francesco dejó de pensar tanto, y sólo disfrutó de aquel hermoso instante. Era exactamente lo que tenía que hacer, sólo... hacer, al tiempo que acariciaba la cabellera de la niña, él también se rindió al sueño profundo, con una enorme sonrisa ganadora, de esas que no se le veían, hace bastante.

Continuará...

Disclaimer:

-Kaori, Lucciano y Luccia son personajes que originalmente me pertenecen a mi al igual que esta historia. (c) Shadoru-Flames , Shadoru-Fantasy.
-Los demás personajes le pertenecen a (c) Disney. PIXAR.