Tom miraba desde lejos el partido, si hubiera sido por él se hubiera quedado en su habitación, como lo hacía años atrás, pero este partido era especial, y no hablaba de lo especial de ganar la Copa de Quidditch, sino que Harry estaba ahí, jugando como buscador.
Debía admitir que le impresionó ver llegar a Harry con el uniforme del equipo un sábado, el cual se suponía que había estado con unos compañeros. Tom se molestó cuando se enteró que Harry había hecho la audición quitando el puesto a Zed Claudette. El ojicafé no pudo durar más de una hora enojado, no cuando Harry le prometió ganar los partidos por él.
Tom conocía a todos los integrantes del equipo, como a Heather Dallas, quien era una fabulosa cazadora, muchos decían que ya tenía contrato con el equipo de Rusia o a su compañero y seguidor Abraxas Malfoy, quien era guardián.
A Tom le gustaba ver a Harry volar en su escoba porque, si podía en una escoba, ¿qué más sabría montar?
—¡Ciento setenta puntos para Slytherin! —el grito fue seguido por aplausos y exclamaciones de euforia.
Sacando un libro de su bolsillo y anulando el hechizo empequeñecedor que le había lanzado antes, Tom se dispuso a leer sabiendo que el partido iba a ser uno de los más largos de toda la temporada.
Faltaban dos semanas para finalizar el año escolar y, aunque le gustara estar dos meses a solas con Harry, no le gustaba irse al orfanato, aunque sólo iba a ser otro año más, ya que el próximo iba a cumplir los 17 y, siendo mayor de edad, podría irse del orfanato.
La otra cuestión que lo traía distraído desde meses atrás era Harry, le gustó que lo hubiera perdonado por algo que todavía no había hecho, porque Tom nunca lastimaría a su azabache, al menos que...
Tom negó rápidamente con la cabeza, tratando de desechar esa idea, ya lo había pensado mucho y tenía muchas alternativas, pero su principal meta era no lastimar y mantenerlo a su lado, no podía permitirse ver nuevamente esa mirada que el Harry de catorce años le lanzaba en el cementerio, tampoco se perdonaría dañarle como lo había hecho su futuro yo.
Se oyeron gritos y aplausos, esta vez de la parte del estadio repleto de colores rojos y dorados. Tom puso los ojos en blanco dispuesto a volver a leer su libro, pero una figura bajando en picada llamó su atención.
La persona debía ser muy confiada para dejarse caer a esa velocidad y a esa altura. Tom aseguraba que el cuerpo que chocaría con el piso moriría al instante, un espectáculo que estaría encantado de ver sino fuera porque el estúpido de Harry era quien estaba haciendo semejante idiotez.
El ojicafé gruñó preocupado mientras se paraba y se dirigía de una manera rápidamente elegante al tubo que prevenía su caída, pocos segundos bastaron para que los demás estudiantes estuvieran parados en sus lugares o copiando las acciones de Tom.
Amalia Markov, la buscadora de Gryffindor, no se había movido de su lugar, mirando a Harry como si a éste le hubiera salido dos cabezas y alas.
El futuro Señor Oscuro se encaminó con rapidez a las escaleras, si Harry resultaba herido quería ser el primero en estar ahí y ayudarlo o, si el desgraciado sigue vivo, quería regañarlo hasta que éste se sacara los tímpanos para no oír más regaños.
Victoreos se escucharon en las gradas, llamando la atención de Tom. Al mirar atrás pudo apreciar como Harry se detenía con suavidad a centímetros del piso y bajaba de su escoba, alzando su mano con una pequeña pelota dorada en ellas.
—¡Harry Wool a agarrado la Snitch! ¡Slytherin gana por ciento cuarenta puntos! ¡Slytherin gana la Copa! —se oyó el grito emocionado del Hufflepuff resonó por todo el estadio, pero eso no le importaba a Tom.
Acercándose con furia al joven azabache, Tom pensó en las miles de maldiciones que podría hacerle por causarle un pequeño paro cardíaco. El ojicafé de paró frente al dueño de los ojos esmeraldas.
—¡Tom! —gritó alegremente el ojiverde al ver a su amigo— ¿Cómo lo hic...?
—¡Eso fue peligroso! —rugió molesto— ¿Eres estúpido o qué? ¡Podrías haber muerto!
Los alumnos que se acercaban a Harry para felicitarlos se detuvieron al ver la furia del rey de los Slytherin. Muchos no entendían como el azabache podía seguir viviendo con una mirada así puesta en su persona.
Harry sonrió feliz y extendió su mano mostrando la snitch en ella.
—Debía agarrar a esta pequeñez —murmuró sonriente.
—¿Qué importa esa pequeñez al lado de tu vida? —siseó molesto.
—Bueno, no sé —contestó agarrando la mano de Tom y poniendo ahí la pelota dorada—, pero me prometí que te regalaría la snitch cuando la atrapara —informó mirándolo a los ojos.
Tom apretó el objeto en su mano con fuerza.
—Te odio —gruñó molesto, pero sólo era una máscara para que los demás no vieran la ternura que estaba sintiendo en ese momento—, ¿por qué siempre haces esto? —preguntó.
Antes de poder responder Harry se encontraba envuelto en unos brazos con fuerza y felicidad.
—¡Felicidades!
La Ravenclaw, que ahora vestía una bufanda verde con plata, se encontraba abrazando a Harry con su cuerpo demasiado pegado al del chico. Tom sintió su sangre hervir, una cosa era dejarla hablar con el azabache, pero no permitía que nadie tocara lo que le pertenecía.
Antes de poder separarlos, una mano se colocó en el hombro de Tom.
—Bien, bien —dijo Derek separando a los dos jóvenes—, deja a Harry, no eres la única que quiere hablar con él —murmuró sonriendo con burla. La pelirroja miró al castaño con vergüenza, pero Tom pudo notar un toque de odio en sus ojos—. ¡Harry, amigo mío! ¡Hermano del alma! ¡El Tom de mi rry!
—¿Qué? —preguntó Harry sonriendo divertido.
—¡La mugre de mi uña! ¡El Ying de mi Yang!...
—¡Calla y dame mi dinero!
—¡Desgraciado infeliz! —gritó Derek dándole una pequeña bolsa con galeones— Me hubieras dicho que eres bueno.
—No me hiciste caso —contestó Harry encogiéndose de hombros y agarrando la bolsa—, es una lástima que los Gryffindor no sepan escuchar.
—¡Mis sentimientos! —gritó Derek poniendo su mano en su pecho de manera dramática, haciendo a Tom rodar los ojos. En estos últimos meses logró llevarse bien con Derek, después de que Harry le dijera sobre la prometida de éste, llegaron a ser como amigos lejanos.
—Abran paso —murmuró Mason Markowitz, el capitán del equipo de Slytherin—. Harry, ¿quieres llevarla y ponerla en la Sala Común?
—¿Puedo? —murmuró pensativo. Mason asintió sonriendo.
Harry agarró la copa y la levantó alegre, recibiendo victoreos y aplausos energéticos por parte de las serpientes. Esos momentos le recordaban tanto a sus años en Gryffindor.
—¿Me mandaras una lechuza? —preguntó Lily mirándolo a los ojos.
Harry sonrió y asintió feliz, había momentos en los que Lily se parecía tanto a Hermione que la hacía querer más.
—A mí también —se metió Derek llegando por atrás y recargado sus codos en los hombros de Harry mientras su barbilla descansaba en la cabeza del azabache—. Lyla me a estado preguntando mucho por ti, tendrás que visitarnos.
Harry asintió sonriendo, ganándose un reproche de la pelirroja.
—¿Por qué sólo a él? —preguntó haciendo un puchero— Yo también quiero verte en vacaciones.
Harry rió nervioso y señaló un punto incierto detrás de él con el pulgar.
—Tendría que ir con Tom, y dudo que le agrade la idea —murmuró apenado—. Lo siento.
Lily sonrió entendiéndolo, se acercó a Harry y le dio un beso en la mejilla, para luego despedirse con la mano de Derek e irse corriendo a donde estaban sus padres.
—Te mando una lechuza diciéndote la hora y el lugar —comentó sonriendo—. Espero vernos, Wool.
—Lo mismo digo, Leewenhoek —contestó sonriendo.
Derek se despidió y, al dar dos pasos atrás y agarrar su baúl, desapareció, dejando a Harry solo.
Los ojos esmeraldas recorrieron el andes 9 y ¾, buscando ciertos ojos marinos que se habían separado de él cuando salieron del tren. Alguien le quitó los lentes por detrás y le tapó los ojos. Lo único que Harry podía sentir era la respiración ajena en su oído y el pecho cálido pegado a su espalda.
—¿Nos vamos, mi lady? —preguntaron en un susurro cerca de su oído, causándole un placentero escalofrío.
Desde el día que Tom le sustrajo información de cierta forma tan... embriagadora, los dos han estado muy apegados dentro de la habitación, aunque, para la sorpresa de muchos, Tom era quien lo abrazaba o besaba. Sólo pocas veces han llegado a roces y manoseos, nunca se han quitado las prendas de abajo.
El pelinegro mordió con suavidad la oreja de Harry, éste se aleja y da media vuelta tratando de ver al de tez pálida, pero, sin sus lentes, era una tarea casi imposible.
—¡Dame mis lentes! —gruñó Harry acercándose a Tom.
—Ya sabes que debes hacer para tener nuevamente tus lentes —murmuró Tom mirando la cercanía del otro con satisfacción. La mayoría de los estudiantes ya se habían ido, sólo quedaban los hijos de aquellos padres irresponsables que los recogían dos horas después, así que, con cinco personas en el espacioso andes, ¿qué importaría coquetear un poco con Harry? Y, de paso, dejaba claro quien era el dueño del pequeño azabache.
—¿Por favor? —preguntó el chico confundido, buscando a tientas la cara de Tom, poniendo sus manos alrededor de sus mejillas cuando la encontró, Harry quería saber a que distancia estaban los dos.
—No, eso no —contestó el pelinegro sonriendo.
—¿Un crucio?
—No.
—¿No comer ranas de chocolate?
—No.
—No le voy a decir "fea" a Lily —reprochó causándole gracia al mayor.
—Tampoco, aunque me causaría un gran placer verle la cara si llega a pasar.
—¿Entonces qué es l...?
Los labios de Tom encontraron los de Harry con cariño, aunque no fue mucho. Sólo un ligero toque y el ojiazul se separó del ojiverde, poniéndole sus lentes redondos a continuación.
El azabache miró a su amigo haciendo un leve puchero, como si Tom hubiera hecho algo que, dentro de los locos sentidos del menor, fuera malo.
—Aprovechado —murmuró molesto, luego su mirada se dirigió a las pocas personas que se encontraban en el andes, la cuales fingieron no haber visto nada. Harry no se sorprendería si, el próximo año, el rumor de él y Tom como pareja se esparcía por los pasillos, esperaba que no, ya que no lo eran y solo confundirían más sus sentimientos.
—¿Nos vamos?
—Mientras no me violes en el camino, bien —balbuceó molesto—, maldito aprovechado.
Tom puso los ojos en blanco y luego miró a Harry maldiciendo en voz baja.
—Odio llevar los baúles por la calle, un día un policía muggle me detuvo para poder ver si no tenía algo raro en mis pertenencias —murmuró molesto—, ¡claro que tenía cosas raras! ¿Qué pensaría un muggle viendo un libro de Transformaciones o colas de rata en un frasco?
—¿La señora Cole no te recoge? —preguntó Harry asombrado.
—Nunca lo ha hecho...
—Me dijo que vendría por nosotros a las dos —informó—. Aunque tal vez se le haya olvidado, pobre señora Cole, ya es algo mayor...
—¿Vendrá por nosotros?
—Sí, eso me dijo cuando le informé que me iría a tu misma escuela a estudiar...
—¿Y no me dijiste?
—¡Pensé que ya sabías! —murmuró Harry levantando las manos de manera inocente.
Tom suspiró y agarró el puente de su nariz para conseguir paciencia y no hechizar a la señora que nunca le ofreció su ayuda para el transporte, aunque no es como si se la hubiera pedido.
—Entonces salgamos a la estación muggle —dijo Tom agarrando su baúl y el de Harry.
—¡Eh! Yo sí puedo con mis cosas —gruñó caminando a pasos grandes para alcanzar el paso de Tom.
—Sí, pero tardaríamos una eternidad cuando tú y tus cortas piernas decidan salir —contestó provocando un sonrojo en las mejillas de Harry.
El ojicafé desapareció por la pared mientras el menor refunfuñaba cosas como "no estoy tan pequeño".
Al salir al mundo muggle y encontrarse con la señora Cole buscándolos con la mirada entre la multitud, Tom tuvo que morderse la lengua para no hacer ningún hechizo sin varita cuando la encargada del orfanato fue corriendo a recibir a Harry con una sonrisa en la cara, sólo hablándole a Tom para agradecer la caballerosidad que mostraba al cargar los dos baúles.
