Garry

Luego de aquella noche en que había llegado a casa e Ib había pasado de mí, me había despertado con sus brazos rodeando mi torso. Esa mañana me levanté y besé su frente, para luego darme cuenta de que me había levantado mucho antes que la alarma, por lo que decidí apagarla. Ib merecía un buen día de sueño.

Luego de prepararme en la habitación con una camisa de mangas largas y un pantalón negro —ropa que normalmente usaba para trabajar, pero que me hubiesen resultado incómodas en otras ocasiones—, salía a la cocina y tomé un emparedado cómo desayuno ligero. Por la ventana del edificio en el que vivíamos, podía ver el cielo nublado, y pensé que sería mejor llevarme un paraguas, sólo por precaución.

Me hice un almuerzo saludable y tomé las llaves del apartamento. Cuándo abrí la puerta escuché la voz femenina de Ib llamándome.

—¿Garry?

Me volteé y le sostuve la mirada a aquellos ojos rojos que, años atrás, habían ganado mi compasión.

—Buena suerte —dijo ella.

—Gracias. La necesitaré* —respondí, con una sonrisa. Luego, sin más, me marché, cerrándo la puerta detrás de mí.

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Vaa. Lo que me faltaba.

Llegó la hora del almuerzo y me dediqué a comer en silencio en la sala de profesores, absorto en mis pensamientos sobre qué hacer con mi vida ahora que sería padre. Por supuesto, para Cassandra y Gregory sería imposible pasar por alto mi sombrío humor, ¡y mucho menos a la hija de Satanás, esa perra de Hillary! Podía ver sus ojos atravesando el periódico que leía en una mesa frente a la mía, mirándome, planeando enviarme al séptimo infierno.

—¡Oh! Pero si es el hombre amoroso —dijo Cassanda, sentándose junto a mí—. ¿Cómo te va en la vida?

—Muere.

—Vale, me tomaré eso cómo un "perfecto" —respondió—. Supongo que tu mujer sigue enfadada.

—Pues si se quieren, no debería durar tanto —añadió Gregory.

—Hormonas —gruñí en voz baja. Aún no me tragaba lo del embarazo.

—Entonces, felicidades, nuevo padre —dijo Greg.

—Sí, gracias —contesté entre dientes. No quería tocar el tema, en realidad, pero había surgido cómo el gas de un gordo. Mis compañeros parecieron notar mi ausencia mental, por lo que decidieron dejarme en paz. Justo al final de la jornada, decidí que tenía que dejar bastantes cosas claras con Ib.

Ib

No debería preocuparme tanto. La tensión no es buena para las embarazadas.

En la mañana me había quedado dormida, y al marcharse Garry, me senté en la habitación a pensar sobre el futuro. Claro, no sin antes prepararme un buen desayuno, agradeciendo al cielo que aún faltaban algunas semanas para entrar en aquella etapa en que todo alimento es peligrosamente vomitable.

La soledad me había dado tiempo para hacerme la idea de que debía hablar seriamente con mi marido esa noche. De lo contrario, seguir peleados... no era una opción. Me sentía en la necesidad de pedir disculpas. Yo no era así. Éramos más íntimos, pero, después de todo, eso era normal: estábamos casados, compartíamos las preocupaciones. No quería pelear mucho más. Quería que sus brazos me rodeasen durante la noche; aquellos brazos que me habían tomado a través del marco y me habían regresado a mi familia.

Su tacto y su abrazo me hacían olvidar los temores y pesadillas: aquellas que me perseguían desde hacia casi once años.

Hablando de años, pronto cumpliría veinte. A pesar de ello, no hacía más que visualizar más allá. Garry y yo tendríamos dos hijos, lo que significaba que nos quedaríamos sin espacio. Siquiera sabía sus géneros, pero sentía la necesidad causada por la infinita curiosidad de saberlos. Lo cierto, mirase por dónde mirase, era que debíamos mudarnos a una casa nueva. Cuánto antes, mejor. Así podríamos acicalarnos al lugar.

Tan sólo debía esperar. Pasaron horas, y a las seis y treinta oí la cerradura de la puerta ceder ante la llave. Garry había empezado a ser puntual en cuánto se engatusó conmigo, lo que en cierta forma me alegra.

Lamentablemente, apenas ví su rostro, marcado por el cansancio de un día laboral, no pude evitar empezar a llorar con lamentables gimoteos causados por nada. De nuevo, me sentía vulnerable, inútil, inservible. Débil. Y no pude evitar sentirme aún más débil cuándo lo ví soltar su maleta repentinamente y venir hacia mí para rodearme con sus brazos.

Lo había extrañado en ese par de días. Había extrañado sus besos y caricias, sus palabras a mí oído y sus chistes tan malos que te reías por pena. Respondí a su abrazo y lo rodeé, hasta que él terminó sentándose junto a mí en el sofá. Hundí mi rostro en su bonita camisa blanca y empecé a mancharla con mis lágrimas saladas. Él empezó a acariciar mi cabello mientras decía palabras de ánimo, lo cuál me hizo gemir de forma lastimera aún más fuerte.

Supongo que su falta de tacto con la noticia del embarazo me tocó. Lo había notado en su mirada pérdida y su rostro embotado, los movimientos lentos. Me erguí y le sostuve la mirada.

Garry

No podía pelear con Ib. Ni en su estado de delicadeza, ni en ninguna otra situación. Simplemente no lo soportaba. Sobre todo, había intentado infundirle mi cariño.

Me separé de ella y tomé su rostro entre mis manos, limpiando sus lágrimas con mi dedo pulgar.

—Ib, todo estará bien —le susurré.

—Lo sé, Garry —respondió con voz lastimera. Luego de llorar, estaba intentando recobrar la compostura, pero aún no lo lograba—. Pero no puedo evitarlo.

—¿Quieres hablarlo? —ella asintió despacio, y se apartó definitivamente de mí, quizá para mirarme cara a cara.

—Sobre mi condición —murmuró un poco más seria, mientras terminaba de secar su cara—. Garry, no estaba planeado, pero sabes que yo lo quería...

—...sí, lo tengo claro. Pero simplemente no consigo hacerme la idea —contesté.

—Podrías intentarlo, ¿sabes? Intentar ser menos cortante conmigo. Te he visto diferente desde que te conté —dijo. Estuve a punto de protestar, pero ella me cortó—. ¡No soy ninguna mutación, Garry! ¡Sigo siendo Ib, después de todo!

—¡Lo intento! —dije un poco alterado—. Lo intento. Pero pensé que hubiera sido mejor esperar un poco más —comenté en voz un poco más baja—. Sólo... no sé si quiero ser padre.

—¿Y qué hay de mí, Garry, y mis deseos de tener una familia?

Ante su declaración, me mantuve en silencio.

—Ib...

Ib me miró con ojos suplicantes.

—Inténtalo con más persistencia. Por mí, Garry.

—Lo haré, Ib. Lo prometo.

Me incliné, tomé sus brazos y le dí un beso casto, infundido por el momento. Por una vez, ella no me apartó, y la sensación de su respiración al juntarse con la mía me hizo desear otro roce más. Roce que no llegó. Miré su rostro y le sostuve la mirada una vez más, dándole aquellas palabras de ánimo atoradas en mi garganta. Ella sonrió y la abracé una vez más, protegiéndola cómo aquel fatídico día.

Vale, lamento bastante la tardanza, pero al ver que en un comienzo no tenía mucho cambio, pues, no me dieron ganas de seguir, además de que ando con un rollo terrible con la universidad. Gracias por los reviews y la espera, yogurines 3. El siguiente capítulo será un poco más largo, ¡y es que tengo que mejorar!

Os amo.