Capitulo 11


Se encontraban almorzando juntas, habían invitado a los chicos y a Opal pero ninguno pudo acompañarlas. Las cosas habían estado un poco extrañas por sentimientos recientemente descubiertos, pero a pesar de eso aun así no eran capaces de evitar estar juntas.
La seguridad en el campus había aumentado luego de lo sucedido hace dos días. Una Lin humillada y furiosa se había encargado muy bien, después de todo amaba mandonear de alguna manera.
―Korra, ahora que lo pienso no te he dicho nada.
Decía Asami mirando al cielo y cuando volteó para verla se encontró con una Korra con comida a desbordar en su boca, y por más que intentó aguantar estalló en carcajadas. . Amabas estaban debajo de un árbol, era como un picnic pero para almorzar.
―¿Nada acerca de qué?― dijo tragando sus fideos.
―Hace dos días, me llamaron al Sector Agua y luego al sector Tierra para informarme de algo muy impórtate. La Directora Kuvira se embarcó en un viaje a Ba Sing Se por lo que el plazo de mi proyecto será aplazado un mes.
―¡¿De verdad?! ― gritó emocionada.
―Si― dijo sonriéndole de vuelta.
―Por eso fue que ayer dejaste tu taller ab…
Korra se había descubierto, Asami no debía enterarse de que la había estado siguiendo. Pero la ingeniero solo sonreía picara.
―Veo que tienes debilidad por niños y animales.
A Korra se le heló la sangre ¿Acaso había sido tan obvia como para haber sido descubierta?
―¿Tu…― preguntó aunque no quería saber la respuesta.
―Te veías tan tierna ayudando a esa pequeña niña― dijo melosa.
La sangre invadió las mejillas de la morena que tapando su rostro se dejó caer en la manta avergonzada.
―Noooo…¿Lo supiste todo el tiempo?
Asami, que estaba sentada con sus piernas cruzadas, puso dos dedos e intentó recordar.
―Sip― afirmó infantil buscando molestarla aun más.
Korra solo se retorcía de la vergüenza en el suelo.
La ingeniero se acercó a ella, quedando casi totalmente encima de Korra. La cual, al notar cómo estaban se congeló, mientras que todas sus neuronas morían en cuestión de segundos dejándola en blanco, solo podía tartamudear unas palabras aumentando su vergüenza y así sus nervios. En la posición en que se encontraban podía observar a aquella chica sin prejuicios. Su cabello negro caía por sus hombros y era tan largo que sus puntas llegaban hasta su cuello haciendo cosquillas en este. Podría jurar que estaban tan cerca que podía sentir su respirar chocar contra su piel. Su rostro, su hermoso rostro estaba a pocos centímetros, su nariz respingona, sus ojos jades, sus carnosos labios carmesí y su aroma que se impregnaba en el aire la estaban volviendo loca segundo a segundo. Estaba a punto de perder la cabeza. Rogaba mentalmente poder mantener la compostura. Era tan extraño, sentía que su estomago se estrujaba, y así mismo podía sentir sus corazón palpitando con furor. No había duda. Se había enamorado de Asami. De una chica, no cualquier chica, sino una muy famosa, CEO de Industrias Futuro, la ingeniero más joven y exitosa de Ciudad República. ¿Qué diablos estaba mal con ella? Le encantaba ir siempre por lo más complicado. Pero no había salida alguna, había caído en sus enmarañadas redes y estaba atrapada, sin opciones ni salida, a excepción de, claro está, rendirse a ella. ¿Qué otra opción tenía? Porque si vamos a la verdad, en el fondo de ella había algo que gritaba incesantemente "Ríndete" Y contradiciendo todo lo que le habían enseñado e inculcado iría sin importar las opiniones por lo que quisiera.
Asami, fuera de sí, maldecía en su mente, por supuesto no muy fuerte, le por qué había hecho eso. A quien se le ocurría colocarse encima de una chica, siendo una chica. ¿A quién? No podía cometer errores. ¿Por qué había tenido que enamorarse? ¿Por qué simplemente su corazón se calmó y dejó actuar a su razón? Yendo contra todo lo estipulado, contra todas las enseñanzas cometía el 'error' de enamorarse de alguien de su mismo sexo. Y aunque su mente gritara mil veces que todo eso estaba mal y que no debía ser, su corazón volvía a aquel pequeño sentimiento, que día a día estando junto a ella, la chica que de un día para otro se convirtió en su amiga, cada vez más grande y fuerte. Sin siquiera decidirlo, sin querer y sin poder detenerlo. Debía pensar rápido, debía zafar de aquella situación utilizando su ingenio.
―Tienes algo en el cuello― mintió la ingeniero fingiendo como si quitara algo.
¿Pero qué otra salida tenía? Y aunque sabiendo que estaba mal, disfrutó como nunca el roce de su piel con el de sus dedos.
Korra casi sufre de un infarto. Cada vello en su cuerpo se erizó como nunca antes. ¿Tanto poder tenía Asami sobre ella que con un simple roce de piel le hizo sentir aquello? Incluso le pareció, que por un instante, que su corazón se había detenido.
―Gracias― articuló como pudo.
Hubo un silencio incomodo, pero ninguna lo notó en sí, estaban tan sumidas en sus pensamientos con respecto a la otra que ni notaron que los minutos fueron pasando hasta que se hizo tarde para clases. Así que recogieron todo y se marcharon. Korra, ahora que lo pensaba el Instituto tenía sus cosas buenas. Se asemejaba mucho a otras secundarias, no se usaba uniforme, eran casi todas las mismas materias pero por otro lado tenía muchas más, debías, según la materia, ir de sector en sector. Pero lo más importante era las personas, que eran tan amables. La verdad que le gustaba mucho ese instituto.


Su mente estaba, como casi siempre, flotando por quién sabe dónde. Esa era su última clase del día, y su 'favorita', Matemáticas. Aun no conocía a nadie en su clase, a excepción de Bolín, pero este no contaba. Miró para su costado y lo encontró profundamente dormido, y suspiró. ¿Dónde estaba la diversión? ¿Las fiestas? Era viernes por los Espíritus, se suponía que cada sábado debían haber fiestas, no reuniones de té. Si ella tuviera una fiesta invitaría a Asami como su acompañante. Se pondría bien chula, se peinaría, se pondría ropa elegante y sería lo más caballerosa posible. Asami estaría hermosísima y presumiría de ella en frente de todos. La sacaría a bailar y la trataría como la princesa que es. La tomaría bien fuerte y entonces… y entonces…
―¡Korra!― la llamó la profesora.
―¿Eh? ¿Qué?― sacudía su cabeza.
Literalmente estaba babeando y con una sonrisa boba en su cara, así que intentó rápidamente recuperar la razón pero fue demasiado tarde, todos sus compañeros ya se estaban riendo de ella. Así que solamente se hundió en su banco a sufrir en silencio. Hasta que finalmente tocó la campana indicando el final de las clases. La campana era lo único con la fuerza suficiente como para despertar a Bolín. Tomando todas sus cosas salió hasta el pasillo a esperarlo. Y se recostó sobre la pared al costado de la puerta.
―Hola― saludó un chico algo extraño.
Korra lo notó ¿muy afeminado? Su tez era blanquísima, su cabello negro estaba muy cuidado, al igual que todo su rostro, vestía ropa oscura muy elegante y poseía una rara sonrisa de superioridad.
―¿Hola?
―Ten― dijo sonriente entregándole un pequeño papel― Mañana en la noche habrá una fiesta en mi casa y no estaría mal que fueras.
―Gracias― dijo conteniendo su emoción.
―Es un placer―dijo y se retiró.


¡Si! ¡Por fin una fiesta! Asami prepárate.


Pensaba frotando sus manos.
Cuando Bolín finalmente salió se encontró con una Korra totalmente diferente.
―¿Sucedió algo mientras dormía?― se preguntó.


Llegó hasta la habitación, dejó su bolsa en el sofá y se tiró en otro.
―Asami ¿Estas aquí?
―Si, llegue hace un momento― dijo desde la otra habitación.
―Adivina qué.
―¿Qué?― dijo entrando donde estaba Korra.
Vestía unos jeans ajustados, una blusa roja suelta y su cabello estaba recogido en una cola de caballo.
―Me invitaron a una fiesta― exclamó alegré.
―Genial― le sonrió.
Las mejillas de Korra se ruborizaron, lo más fácil estaba hecho, faltaba el resto.
―Y yo quería saber si tú… quisieras ir conmigo.
―Oh ―Asami no pudo evitar ponerse nerviosa―Por supuesto que sí.
Korra levantó su rostro vistiendo una enorme sonrisa.
―Genial, es mañana a las nueve. Así que prepárate.
Dijo mostrando la invitación.
―Ya sé dónde queda. No es muy lejos de aquí.
Korra estaba tan alegre, sería como una cita, solo que Asami no lo sabía. Pequeño detalle.


Esa tarde tenía entrenamiento así que se dirigió hasta la arena, mientras que Asami trabajaría más en su taller. Esa chica no podía estarse quieta, dijo que no trabajaría en el Ka13 pero si en sus otros prototipos.
―Hola chicos― saludó a los muchachos.
―Hola― saludó siempre serió Mako.
―¡Hola!
―Ya que estamos todos comencemos.
Bolín y Mako ya estaban con sus trajes así que Korra no lo pensó más y fue a cambiarse.
Cuando Korra salió los muñecos de tiro al blanco ya estaban colocados, así que comenzaron.
―Escuche que mañana tienes fiesta―dijo Mako sin dejar de practicar.
―Sí ―contestó Korra.
―Es de Tahno― añadió Bolín.
Mako se detuvo y acercó a Korra quien también se detuvo.
―Tahno es el campeón del Campeonato de Pro-control, junto a su equipo los Lobomuricélagos. Te recomiendo que tengas cuidado. Es un sucio tramposo.
―Sí. Siempre tiene un raro club de fans detrás de él. Y Dicen que si lo miras a los por más de 4 segundos ojos tendrás mala suerte por tres días―añadió Bolín.
―Chicos, chicos. Sé que puede ser algo raro y un fenómeno pero sé cómo cuidarme.
―Solo te lo advertimos. Él no es de fiar― seguí diciéndole Mako.
―¿Ustedes irán?
―No lo sé.
―Yo si ―saltó Bolín.
―Yo iré con Asami― añadió Korra sin parar de lanzar ráfagas de agua.
―Si Bolín va, entonces yo también iré.
Tanto como a Bolín como a Korra les pareció extraño que cambiara tan rápido de parecer. Sobre todo Bolín que siempre supo que sus decisiones no afectaban a las de su hermano. La práctica continuó aun así durante un par de horas hasta que terminaron exhaustos.
Korra se despidió y se marchó.


Decidió pasar por Asami al taller.
―Asaaaamiiii― le llamó.
Sabía donde ella guardaba la llave así que no le fue difícil entrar. Estaba todo en silenció y algo oscuro.
―¡Buh!― apareció por detrás a asustarla.
―¡AH!― se asustó Korra.
―Lo siento pero no pude resistirme―dijo riendo.
―No me olvidare de esta, me la cobraré ―dijo bromeando.
―Entonces tendré que cubrirme las espaldas.
―¿Estas lista para ir?
―Si, solo un momento. Me cambio y vamos.
Asami se fue hasta un pequeño vestidos hecho de unas mamparas para quitarse la ropa sucia de grasa y aceite. Korra aprovechando fue a echar uno que otro vistazo por ahí. El taller de Asami siempre estaba repleto que cosas geniales. Aparatos extraños, planos, prototipos, herramientas. Por lo que había escuchado la familia Sato había sido la familia de ingenieros he inventores más grande de la historia. Se le atribuían inventos como la el telégrafo, el teléfono, el satomóvil, los aviones, y muchos otros más. Y Asami no era la excepción, sus ideas eran asombrosas.
Una vez Asami lista ambas se marcharon. Iban caminando por la plaza central de los secotres cuando Korra recordó.
―No tengo ropa para mañana―dijo de pronto.
Su ropa era como y casual, nada parecido ropa para fiesta ¿Qué haría?
―Entonces es momento de ir de compras.
Eso no le agradaba mucho que digamos, pero no le quedaba otra opción si quería estar presentable para mañana. Asami, aunque no lo pareciera tampoco era muy de ir de compras, aunque tuviera todo el dinero del mundo no le gustaba derrochar. Volvieron en busca de su motoneta y se embarcaron en un viaje a las tiendas de las ciudades. Asami se detuvo en una tienda de aspecto algo abandonado, poseía grandes ventanales, y se llamaba "Los 4 Espantapájaros".
―La gente de esta ciudad ama los nombres extraños.
―Vaya que sí― dijo Asami.
Dejaron los cascos sobre la motoneta y entraron a la tienda.
―Señorita Sato ―una anciana apareció enseguida a recibirla amablemente ― Hace tanto tiempo no venía a visitarnos. Me alegro de que este aquí.
―Es cierto, yo me alegro de que usted esté bien.
―Veo que ha traído una acompañante.
―Hola, mi nombre es Korra ―se presentó.
―¿Cómo ha estado señora Yao?
―No muy bien, mi hija se encuentra en el hospital muy grave y la cuenta del hospital es muy cara. Creo que tendré que vender la tienda para pagar un par de cuotas― dijo afligida.
―¿Mai-Lee esta en el hospital?
―Si, pero no te preocupes. Ahora ¿Por qué habían venido?
―Hemos venido por ropa para Korra.
A Korra le sorprendió por parte de Asami que dejara pasar tan de pronto aquella noticia, pero no dijo nada.
―Dime ―le habló a Korra― ¿Qué es lo que estas buscando?
―Algo no muy femenino, cómodo pero que a la vez luzca bien en mí.
―Denme un momento.
La señora fue a buscar en unos estantes. La tienda tenía muchos maniquíes presentando muy buena ropa, enormes estanterías se extendían por las paredes y había un enorme mostrador muy lindo. Korra observó a aquella pobre anciana cuyo cabello ya era blanco, poseía una pequeña encurvación y era un poco más baja que ella. Vestía ropas en tonos verdes similares a las de la nación Tierra.
―Aquí tienes ―le dio unas prendas aun dobladas― por allí hay un vestidor. Ve.
Korra siguió las instrucciones. Mientras que Asami se quedó charlando con la anciana.
―Esto es perfecto― salió contenta del vestidor.
―Le atinó de una― dijo asombrada.
―Años de experiencia.
―¿Cuánto será― preguntó Asami.
―Por ser usted señorita Sato, 200 Yuanes.
Asami pagó, y se marcharon luego de una pequeña charla entre las tres. Mientras aun viajaban por las calles Korra notó que no marchaban por la ruta de siempre.
―¿A dónde vamos?
―Al Hospital de Ciudad República.
Incluso ya estaban allí. Entraron y fueron hasta recepción. Realmente le disgustaban los hospitales a Korra, mientras menos estuvieran allí mejor. Asami se acercó a hablar con la recepcionista y en cuestión de minutos ya estaban de regreso al instituto. Fueron, dejaron la motoneta y regresaron a los dormitorios.
―¿Me dirás que hiciste?― le cuestionó Korra.
―¿Me dirás que elegiste?― contraatacó.
Ninguna cedería así que dejaron el tema allí, después de todo mañana sería un día poco usual.

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