DISCLAIMERS: Ni 'Kuroshitsuji' ni sus lindos personajes me pertenecen, sino a Yana Toboso-sama. Lo único mío es esta historia y los OC's (Original Characters) incluidos.
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ADVERTENCIAS: Continuidad alternativa al final de Kuroshitsuji II. Historia ocurrida entre el prólogo y el primer capítulo de "Akuma no Tengoku, Tenshi no Jigoku".
» Insinuaciones de parejas crack, parejas no tan crack y también de parejas que incluyen y/o se conforman por OC's.
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Capítulo 10
"Combatiendo hielo con fuego"
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El señor Matthews se alejaba del baño con pasos lentos, sus cuatro patas no se dirigían a ningún sitio en particular. Desanimado por haber hecho llorar a Denise…
Hasta que de repente, sus orejas equinas se alzaron, pestañeó confundido y luego cerró sus ojos. Una imagen con aspecto difuso apareció en su mente, como cuando uno abría los ojos sumergido en una piscina. Se movía casi como una película. Seis humanos desconocidos habían traspasado su barrera, tres adultos y tres jóvenes. Maldijo internamente, seguramente hubo algún camino de agua por el cual pudieron adentrarse a los terrenos de la casa de campo.
Pero no iba a dejarles ir más lejos, le había jurado a Su Señora que nadie volvería a molestarlos. Y él lo cumpliría sin importar los métodos que hicieran falta para ello.
En los jardines traseros del sitio, una de las figuras grabadas en las paredes de hielo despidió un destello violeta en uno de sus ojos tallados. Ciel dio un respingo, pero el brillo se había desvanecido en cuanto se giró. Entrecerró el ojo no cubierto por el parche, observando fijamente al "raptor" tallado frente a él… hasta que le pareció que éste le dedicó un guiño.
—¿Ciel…? —Elizabeth le tocó un hombro, extrañada de su expresión impactada—. ¿Qué pasa?
Sin siquiera darle tiempo a reaccionar, el Phantomhive la sujetó de los hombros para apartarla de un empujón. Desde luego que su prometida gritó del sobresalto, tanto por su repentina acción como por ver "qué" lo llevó a hacerlo. Fue algo completamente irreal.
Como si se tratara de una ventana abierta en lugar de un muro sólido: la cabeza de uno de los "lagartos" salió del hielo y mordió uno de los hombros del chico. Conteniendo una exclamación de dolor, el conde caía al suelo a medida que ese monstruo sacaba el resto de su cuerpo del hielo. Pero evitando que las garras de sus extremidades delanteras lo dañaran más, pudo sostenerle de las muñecas con sus manos enguantadas. Sus colmillos eran sumamente fríos, como navajas que acabaran de salir de un río cuya temperatura pudiera causar hipotermia. En cuestión de segundos, su ojo azul se topó con uno de los orbes rojizos de ese animal —reconociéndole una pupila de demonio— y percibió una voz profunda, gutural pero fría exclamando: "¡Aléjense de este lugar o serán expulsados en pedazos!". No había salido de la boca de la criatura, le dio la impresión de que la voz era transmitida directo a su mente. No sabía si los demás la habrían oído.
No tardó mucho en escuchar la voz de Finnian gritando un angustiado: "¡JOVEN AMO!", viéndolo plantarle un golpe al ser de hielo con uno de sus puños. Y aunque consiguió apartarlo del Phantomhive con su fuerza, Finny soltó un quejido. Se sintió más duro que cualquier superficie que hubiera golpeado en su vida; habiéndole dado directo a la cara cubierta por ese manto tan duro como el acero. Ni siquiera pareció haberle hecho un rasguño. Tan sólo provocó que la espalda del dinosaurio impactara contra la pared de hielo, cayendo al suelo posteriormente.
Aprovechando esos segundos, el rubio levantó a su pequeño señor y ambos corrieron hasta donde estaban los demás. Maylene ya tenía una pistola lista en cada mano.
—Gracias, Finny… —Murmuró el demonio, llevándose una de sus manos enguantadas hasta el hombro que le mordió. Sabía que no moriría por una herida así, después la regeneraría; pero eso no eliminaba el dolor punzante.
—C-Ciel… —La culpa en la voz de su prometida era evidente. Si él no la hubiera empujado, probablemente habría sido ella a quien mordieran.
—Esto no es nada —Aseguró Ciel, levantándose lentamente y mirando hacia el frente—. No te alejes de mí, Elizabeth.
La tensión de la situación hizo que la aludida ni pensara corregirle con que le dijera "Lizzy".
Observaron al lagarto del manto poniéndose lentamente de pie, giró su cabeza hacia ellos, y profirió un sonido similar al de un rugido agudo combinado con un graznido profundo.*(1) Ciel apretó sus dientes y sudó frío al igual que los demás, viendo como el resto de los grabados salían de aquella pared de hielo. Los Golems hacían que la tierra temblara por cada pisada que daban.
—¡UAAAAAAAAA! —Chilló Grell espantado, ocultándose detrás de un tenso Baldroy, quien apuntaba una de sus armas hacia esas criaturas—. ¿Creen que pretendan matarnos? ¿O que tal vez sólo quieran… ahuyentarnos?
—Dudo que hayan salido para saludar —Respondió Bard con contenida intranquilidad, apretando su encendido cigarrillo entre sus dientes.
Algunos de los ojos de las criaturas brillaban, para unas sólo resplandecía el ojo derecho y para otras sólo el ojo izquierdo. Reluciendo en violeta como los del demonio que las controlaba… pero el Phantomhive tenía el presentimiento de que no estaban realmente vivos. No lo olía.
Y dedicándole una mirada de reojo a Grell, quien sostenía su Death Scythe a pesar de que le temblaban las piernas como gelatina, el pequeño conde pensó: «Espero que su Death Scythe sea capaz de cortarlos…»*(2)
La diferencia entre los lagartos y los Golems constaba en su velocidad, siendo los primeros evidentemente mucho más rápidos que los segundos. Baldroy y Maylene empezaron a disparar a quemarropa. Aparte de avanzar lento, los Golems se les acercaban protegiéndose las cabezas con un brazo y extendiendo el otro hacia el frente. Tal como el puñetazo de Finny al primer monstruo: las balas parecían no hacerles daño. Tenían que apartarse varios pasos entre sus disparos, para evitar que sus enormes manos los agarraran.
Con respecto a los lagartos, Finny los mantenía a raya con unos buenos puñetazos que los mandaban a volar varios metros. Procuraba golpearlos por las zonas descubiertas de aquél manto, seguían sintiéndose duras pero no dolía tanto como donde golpeó al que atacó a su Joven Amo. Grell se encargaba de los Golems con su moto-sierra, cortando sus cabecitas, grandes brazos, corpulentos torsos y demás partes de sus gélidos cuerpos. Ciertamente, una Death Scythe cortaba lo que sea.
Elizabeth se cubrió los ojos ante aquella escena, sintiendo una controversial lástima por las criaturas. Pero Ciel no ignoró como uno de los lagartos —en un microsegundo de distracción de Finny— se escabulló a gran velocidad por un lado, corriendo directo hacia Maylene y Bard. Utilizando su agilidad demoníaca, el conde desenvainó el mango de la espada que ocultaba su bastón, se posicionó entre los humanos y el lagarto. Pero aunque no había pensado bien cómo, dónde o siquiera si podría atravesar aquella capa de hielo: su espada se clavó en uno de los de aquella criatura, específicamente en el que brillaba en violeta.
La criatura no chilló de dolor, pero sí sacudió su cabeza con violencia para sacarse la espada de allí. Cuando retrocedió, Ciel confirmo que el ojo afectado se desquebrajó y hasta había dejado de brillar. Y no sólo eso, su lenguaje corporal daba la sensación de que había quedado ciego. En menos de un segundo, Grell había saltado y le cortó la cabeza con su Death Scythe ante tal oportunidad. Los lagartos eran tan rápidos cuando corrían que no podría atacarlos, a menos que se quedasen quietos como el que acababa de decapitar. Ya había terminado con los Golems, que no eran más que trozos de hielo de distintas tallas en el suelo.
—¡Bard! ¡Maylene! ¡Apunten y disparen hacia sus ojos!
—¡Entendido! —Contestaron al seguir la indicación de su Joven Amo.
La puntería del veterano y la vista de águila de la ex-asesina no tardaron en cegar a todos los lagartos, él destruyendo los ojos de los más cercanos y ella los de los más alejados. Finalmente eran rebanados por la moto-sierra del pelirrojo.
—¡A esto llamo trabajo en equipo, DEATH~! —Exclamaba éste, chocando su palma con una de las de Finnian—. Aunque mi Death Scythe se había congelado, temí que no cortaría como antes. Pero tal parece que sigue funcionan muy… ¡AHHHHHHHH!
Sobresaltándose, gritó cuando una enorme mano le sujetó todo el cuerpo. Su Death Scythe cayó al suelo y los demás, horrorizados, observaron como uno de los Golems lo levantaba. Era el primero al que Grell había cortado, sus piezas cercenadas se habían vuelto a unir hasta recuperar su forma original. Y poco a poco, lo mismo sucedía con las demás criaturas.
Ciel no dudó en sostener la Death Scythe y cortar el brazo que aprisionaba al Shinigami, quien se liberó cuando la cercenada manota se estampó en el suelo.
—¡Rápido! ¡Todos! —Advertía a gritos el pequeño demonio—. ¡Hay que entrar a la casa antes de que se regeneren!
En lo que decía eso, Finnian tuvo la idea de sujetar al Golem por una zona baja de su espalda, levantándolo lentamente y con una vena palpitando en su frente por el esfuerzo. Era bastante pesado, pero tomando impulso dando varias vueltas, lo arrojó hasta las demás criaturas que estaban a medio camino de su reconstrucción. Se vieron aplastados y en lo que el Golem intentaba ponerse de pie, ganaron un poco más de tiempo para correr a refugiarse en la casa.
Apenas entraron, hicieron una barricada en la puerta trasera con lo que encontraron. Elizabeth soltó un gritó al notarlos observando por una de las ventanas, pero esa alarma se disipó porque no rompían el vidrio ni nada por el estilo. Sus ojos no destrozados brillaban en violeta, observándolos desde afuera.
—¿Q-qué les pasa…? —Maylene les devolvía la mirada igual que los demás—. ¿Acaso… no pueden entrar?
Ciel sintió a Lizzy apegándose a uno de sus brazos, su corazón estaba tan agitado como el del resto de los humanos. Él alzó la mano enguantada del brazo contrario, acariciando uno de los hombros de su prometida para calmarla. Dándoles una repasada rápida a los demás, verificando que no habían salido heridos, giró la mirada hacia el pasillo frente a ellos. Sólo faltaba buscar a su tía secuestrada, y con suerte, encontrarla al igual que a las dos rehenes del señor de esa fortaleza.
—No se queden ahí parados —Se sorprendió de la iniciativa repentina de Grell, quién fue el primero en caminar por aquella cocina a oscuras—. ¡Muevan esos pies!
Al parecer había recuperado su determinación de buscar a Crimson, el chiquillo lo entendía. Un pensamiento en común surcaba las mentes del demonio y el Shinigami:
«Aguanta un poco más, iremos a salvarte»
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El señor Matthews chasqueó la lengua, todavía con sus ojos cerrados y pudiendo ver lo que sucedía a través de las miradas violetas de sus ilusiones de hielo.
«Al final entraron…» Adivinando cómo neutralizar momentáneamente a sus "guardianes", no eran personas ordinarias. «Deberé expulsarlos por mi cuenta»
En efecto, esas criaturas no podrían irrumpir en el interior de la vivienda. Sólo conseguían desplazarse en determinadas distancias o hasta donde él hubiera implantado en instrucciones. Causarían un desastre monumental… y Denise de seguro lo querría matar si metía a seres en la casa. Ya bastante le había gritado cuando se formaron las murallas que rodeaban el territorio.
—¡Papá…! —Abrió sus ojos por la sorpresa al oír la voz de Darla.
Se dio la vuelta en sus cuatro patas y vio a la niña en brazos de Crimson, quien venía corriendo hacia él todavía con sus ojos hipnotizados. Seguramente escucharon el alboroto de afuera y venían a preguntar qué ocurría.
—¿Q-quienes son esas personas? —Cuestionaba la menor, con ojos temerosos y voz temblorosa—. ¿Vienen por lo mismo que el hombre de la mañana? ¡No quiero, Papá! ¡No cuando mamá, tú y yo estamos juntos otra vez!
Él se acercó, acariciando la carita de la pequeña con una de sus manos de garras oscuras.
—No dejaré que me aparten de ti… —Luego se giró hacia el ángel, diciéndole con seriedad y firmeza—. Mamá… no dejes que se acerquen a ella.
—Entendido.
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El grupo avanzaba con cautela, mirando a todos lados en busca del demonio o de las personas secuestradas. Todavía a la cabeza, Death Scythe en mano, Grell estaba al pendiente de cualquier señal de Crimson o su secuestrador. Llegaron al recibidor de la casa de campo, donde se accedía por la puerta principal y que daba a las escaleras que llevaban al piso superior. El ambiente sería frío de no ser por el candelabro que colgaba del techo, cuyas velas iluminaban el lugar tenuemente.
—Llegaron mucho más lejos que otros intrusos con los que he lidiado…
Pararon en seco al escuchar aquella gélida, gutural voz seguida del sonido de unos cascos de caballo. Las velas del candelabro se vieron casi apagadas por una brisa sobrenatural, amenazante. Y a la cabeza de las escaleras, el híbrido mitad-humano y mitad-caballo hizo acto de presencia. Sus ojos violetas brillaban con claridad entre la parcial penumbra.
Finnian apretó sus puños y se posicionó protectoramente frente a Lizzy. A su vez, ella se apagaba más al brazo de Ciel; impresionada por la criatura que pensaba sólo existía en los mitos y las leyendas. Baldroy preparó su arma por si las dudas, sin disparar todavía por no saber qué era capaz de hacer aquél ser.
Y aunque Maylene sufría una mezcla entre incertidumbre y entusiasmo de ver una existencia sobrenatural —sumados a un rubor por si escultural torso expuesto— por su mente pasaba el mismo pensamiento que tenían sus compañeros humanos. No estaba herido, no poseía marcas en su cuerpo que evidenciaran los disparos, ni la paliza que recibió hace horas. Lo único que se apreciaba en una de sus patas eran unas marcas de mordidas, ya cicatrizas, cortesía de Duke en sus encuentros anteriores. Pero ni eso parecía dificultarle el desplazarse.
Analizando rápidamente a los intrusos en el piso inferior, el señor Matthews ladeó ligeramente su cabeza. Mentiría si dijera no estaba impresionado. Viendo unos humanos cooperando con un demonio; y a su vez, un Shinigami cooperando con dicho demonio. Aunque todos fueran enemigos naturales entre sí, habían trabajado todos juntos y lograron hacerse camino al interior de la casa. Eran los intrusos más cooperativos con los que se hubiese topado jamás.
—Nada mal para un grupo tan disparejo: mortales e inmortales…
Sabiendo que él mismo se incluía en esa última etiqueta: Ciel tragó grueso y se apegó un poco más a su prometida, la única que no sabía de su conversión demoníaca. Si iba a luchar, debería tener cuidado de no exponer su nueva naturaleza en su presencia.
—¡DÉJATE DE BROMAS! —Rugió Grell desafiante, procurando no dejar muy expuesta su Death Scythe para que no volviera a congelarla—. ¿¡Qué hiciste con la mujer que te llevaste!? ¿¡DÓNDE ESTÁ!?
—Ella está cuidando de su hija… —Respondió el demonio ante las miradas impactadas de los presentes, añadiendo al final—. Y ustedes, se irán de aquí ahora mismo.
—¡No vamos a irnos sin ella! —Recriminó Ciel, dando un paso al frente.
—Ustedes la quieren… —Aseguró el señor Matthews, en un tono casi condescendiente—. Pero Mi Señora también.
—Tampoco pensamos irnos sin la niña y la sirvienta que tienes recluidas.
Tras las palabras del Phantomhive, el híbrido frunció su ceño y exclamó con fiereza:
—¡No permitiré que separen a la familia!
A juzgar por su súbito cambio de actitud, el señor Matthews lo consideró una ofensa personal. Tomó una bocanada de aire y al soplar, el vaho se materializó en varias agujas de hielo que se precipitaron hacia sus enemigos.
—¡CUIDADO!
Y con ese grito de Finnian, se dispersaron en distintas direcciones para evitar el ataque, a lo que los proyectiles cristalinos se clavaron en la larga alfombra. Ciel y Finnian se tiraron hacia la derecha, rodeando a Elizabeth para protegerla. Maylene y Baldroy hacia la izquierda. Mientras que por parte de Grell…
—¡MUERE!
El señor Matthews apenas tuvo tiempo de neutralizar su ataque, sosteniendo la hoja de la moto-sierra en medio de sus palmas, sin cortarse con sus dientes tan filosos como los del pelirrojo. El demonio le dedicó una mirada desafiante, abriendo la boca como si estuviera dispuesto a congelar algo, pero el Shinigami pudo reaccionar a tiempo.
—¡AH, NO ESTA VEZ, DEATH! —Levantó una de sus piernas, plantándole un buen taconazo en su barbilla y liberando su Death Scythe de sus manotas. Intentó volver a cortarlo, pero él re-apareció a sus espaldas y le devolvió la patada con una de sus patas traseras—. ¡UAAAAAAAA!
El Shinigami salió volando y chocó contra una puerta, haciéndola pedazos y siendo aplastado por el montón de artículos de limpieza guardados ahí adentro. Habiendo subido corriendo por las escaleras, Baldroy intentó atacarlo con su lanzallamas, pero el centauro se apartó de un gran salto y cayó en sus cuatro patas a los pies de la escalera.
De inmediato Maylene empezó a dispararle, pero muy pocas balas dieron contra él porque —a pesar de su gran tamaño— su agilidad sobrenatural era notoria sin tener un perro ralentizando sus movimientos. Dejando a Elizabeth entre los brazos de su Joven Amo, Finnian corrió para intentar darle un puñetazo al híbrido. Pero éste, levantando sus patas delanteras y de un poderoso pisotón, invocó una barrera que surgió del suelo y que lo protegió del golpe del muchacho.
El demonio le dio un fuerte empujón a esa barrera, llevándose a Finnian por delante y haciéndolo chocar contra una pared, quebrándose en varios pedazos a pies del rubio. Un par de hilos rojos resbalaron de su frente y nariz, quedando completamente noqueado.
—¡NO, FINNY…! —Chillaron preocupadas Lizzy y Maylene, la primera corriendo junto a su inconsciente amigo y con lágrimas en sus ojos verdes—. ¡Finny! ¡Despierta, por favor…! ¡FINNYYYYY!
Ciel se enfureció, arrojándose con su velocidad sobrenatural contra el agresor de su mejor amigo. El señor Matthews lo detuvo al sujetar su espada por la zona del filo, sangrando ligeramente por cortarse la palma.
Más al distraerse por ese instante, no pudo evitar que Maylene y Baldroy arremetieran al mismo tiempo. Ella con sus escopetas y él con su lanzallamas, quemándole parte del rostro. No sería fuego mágico ni las balas le harían daño mortal, pero resultaba doloroso recibir todos esos ataques al mismo tiempo.
Apretó sus colmillos y como todavía sujetaba el frente de la espada, la levantó con todo y Ciel todavía sosteniendo el mango, haciéndolo girar en círculos para golpear a Maylene y Baldroy como si se tratara de un linchaco*(3) viviente. El lanzallamas y las armas cayeron lejos por aquél impacto, a la vez en que sus portadores chocaron contra paredes diferentes.
Con sangre escurriéndole entre los dedos de la mano que sujetaba la espada, usó su mano disponible para agarrar el cuello de Ciel. Empezó a apretarlo con fuerza y el demonito —aparte de quedarse progresivamente sin aliento— empezó a sentir frío, mucho frío… lo estaba congelando lentamente.
Sentía que su mente se nublaba por aquella peligrosa y a la vez tranquila sensación, la de ir perdiendo la consciencia y cayendo en un sueño del que nunca se despertaría. Era extrañamente pacífico, llegando a sentirse confortable y hasta agradable. Debería hacerlo, cerrar sus ojos y permitirse dormir. Estaba dándole sueño, mucho sueño…
—¡CIEL…! —Pero saliendo de su trance ante el grito de aquella conocida, un tanto aguda pero familiar voz femenina, el condecito abrió sus ojos de golpe.
«¡Lizzy!» Adueñándose de sus pensamientos, aquél nombre disipó por completo esa ilusoria somnolencia asesina. Y eso pareció sorprender de igual manera al señor Matthews, como si nunca nadie hubiera sido capaz de romper su técnica de congelamiento vivo.
En cuestión de unos pocos segundos, escuchó una masculina y chillona voz gritando: "¡NO TOQUES AL NIÑO!"*(4) a sus espaldas, seguido del rugido de una moto-sierra resonando potentemente. El centauro vio un destello de rojo precipitándose hacia él, para después abrir sus ojos de par en par por el dolor que sintió cuando los dientes de la hoja metálica cortaron, prácticamente desgarraron la piel de su espalda humanoide.
Por inercia, aflojó sus manos y Ciel —pudiendo respirar con libertad— habría caído al suelo de no ser por los brazos de su prometida, atrapándolo y suavizando dicha caída.
—¿¡Estás bien, Ciel…!? —Preguntaba ella, angustiada.
—Lo estoy… —Respondió en un murmullo, sintiendo el cuerpo de la rubia temblando contra su espalda.
La habitación se vio inundada por una luz extraña y él, girándose de súbito hacia el demonio herido por la moto-sierra, pudo ver cómo algo extraño salía desde el tajo en la espalda del mismo. Los humanos no podían percibirlo… pero Grell y él sí podían. Por primera vez en su vida, gracias a su nueva condición de demonio, el conde Phantomhive pudo ver el Récord Cinemático.*(5)
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Un lugar oscuro y tan sólo iluminado por algunas antorchas, colgadas en las paredes rocosas de lo que parecía ser una enorme cueva. Las paredes estaban cubiertas de hielo, y a las afueras de aquella cueva, se apreciaba una poderosa ventisca de nieve. Pero todo eso resultaba agradable para el señor Matthews, quien observaba jugar a una mujer demonio y su cría, teniendo torsos humanos y cuerpos equinos tal como él.
Eran las dos luces de su vida: su hija y su esposa.
La cabellera de su esposa era corta, lisa y de color naranja claro; la mitad equina de su cuerpo era de un suave tono beige. Su hija tenía el cabello alborotado, esponjoso y de un tono más oscuro que el de su madre; mientras que la mitad equina de su cuerpo tenía el mismo pelaje oscuro que el de su padre. Era la mezcla perfecta de sus progenitores, surgida del amor que se habían profesado hace siete años.
No eran los únicos que habitaban en aquella caverna congelada, varios demonios los acompañaban. Otros centauros y centáurides, seres con aspectos de sátiros y faunos, mujeres de hielo con cabellos oscuros y pieles completamente pálidas, al igual que carneros, osos polares y hasta zorros nevados casi cuatro tallas más grandes de lo normal. Criaturas variopintas y de todo tipo, pero que compartían los mismos ojos de brillante violeta.
Todos eran demonios de hielo y esa cueva era su hogar, su santuario.
El señor Matthews vio a su pequeña sonreírle, corriendo en su dirección y casi tropezó. Él lo evitó, atrapándola entre sus fuertes brazos y levantándola sin ningún esfuerzo. Su hija rió y le mordió afectuosamente una de sus mejillas, sacándole una sonrisa cálida y recibiendo como respuesta una lamida en su frente. Volvió a colocarla en el suelo y la dejó corretear de nuevo… sólo para verla tropezar segundos después, llenándose su melena pelirroja de nieve.
Resignado, él negó con la cabeza hasta que sintió que alguien le lamía una de sus mejillas.
Era su esposa, quien estaba parada a su lado y al sentirse tentado por esa lamidita, apegó su cara en uno de sus hombros y le mordió juguetonamente el cuello. Ella se ruborizó, haciéndolo sonreír contra su piel, pero ella terminó por darle cosquillas al morderle suavemente una de sus orejas oscuras. Él relinchó de la sorpresa, sacándole una carcajada a su pareja y acabando por unirse a sus risas.
No necesitaba nada más. Estaba con su familia y a pesar de todo, eran épocas de felicidad.
Al menos fue así hasta aquél día, en que hubo una explosión a las afueras de la cueva.
Su hija estaba demasiado cerca, pero no resultó herida…
Sin embargo, tras unos segundos a la cueva entró un ser con aspecto humanoide, pero cuyas cuencas oculares eran completamente negras y de su boca sobresalían unos largos colmillos. Sostenía una espada y quiso atrapar a la hija del señor Matthews. Éste no lo permitió, invocó su arco de energía celeste y arrojó una flecha, atravesándole el cogote.
Su primogénita corrió hasta ocultarse detrás de su madre y ésta, aterrada, notó como varias de aquellas figuras entraban a la cueva. Lo símbolos carmesíes que relucían en las hombreras de sus uniformes delataban quienes eran esos individuos. Sus enemigos naturales.
—¡Son ellos! ¡Nos encontraron! —Exclamó uno de los demonios de hielo, tan aterrorizado como los demás habitantes de la caverna—. ¡CORRAN!
Enviándoles una mirada firme a su esposa e hija, el señor Matthews les indicó que huyeran.
Él se quedaría al frente para defender la entrada, junto a otros centauros y demonios.
Impidiéndoles el acceso a los intrusos, a esos seres chupasangre que los llevaban cazando y esclavizando desde cierto tiempo. Siempre se llevaban a los machos de todas las especies, nunca a las crías del género femenino ni a sus madres. Por eso, actualmente eran muy pocos los demonios machos que quedaban para proteger el lugar, que antaño había sido su refugio. Y lamentablemente, era una batalla más que perdida, los "chupa-sangre" de ojos sin alma les superaban en número.
Por más que el señor Matthews arrojó flechas, le tiraron unas cadenas rojas que le rodearon su cuello, brazos, y patas. Sintiendo que la magia caliente de aquellas cadenas lo debilitaba, le fue imposible romperlas y acabó cayendo al suelo. Entre el dolor de la magia de lava que le sometía, su corazón se contrajo al oír la voz de su hija gritando de miedo:
—¡PAPÁ…!
Luchó por levantarse, pero fue en vano. Se esforzó en abrir la boca y arrojar navajas de su vaho, pero las cadenas alrededor de su garganta se lo impedían. Impotente, sólo podía mirar…
—Ustedes: llévense a los machos que no hayan asesinado —Decía uno de los vampiros que aparentaba mayor rango—. Y ustedes: encárguense de lo que no necesitamos. Nada de excepciones.
Lleno de impotencia, únicamente podía mirar…
Mirar como las madres y crías femeninas eran acorraladas en una esquina de la cueva.
Mirar como su esposa se inclinaba para proteger inútilmente a su hija, siéndoles imposible el escapar.
Mirar como aquellos cazadores alzaban sus armas, los gritos de dolor se desataban y la sangre inocente se derramaba.
Mirar como perdía todo lo que tenía y que llegó a amar, a su querida familia.
El dolor de las cadenas no era nada comparado al dolor en su corazón, llenándose de odio y tristeza que le hicieron derramar lágrimas amargas.
La primera y última vez que lloró en su vida.
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El Récord cinemático continuaba, pero Ciel había apartado su mirada para centrarla en el dueño de esas memorias. No sabía qué lo impresionó más: si ver que efectivamente los demonios podían amar, tener familia o hasta llorar de sincero dolor al perder todo eso… pero de algo estaba seguro, ya no odiaba tanto al centauro como cuando se llevó a Crimson.
El demonio yacía en el suelo, tirado de lado y respirando agitadamente. Gotas de sudor resbalaban por su frente y tenía sus ojos cerrados, no podía moverse al parecer. La herida en su espalda se regeneraba, sí, pero muy lentamente al tratarse de un corte hecho por una Death Scythe. Demonios como Hannah y Sebastián podían dar fe de ello.
Grell también le dedicaba una mirada extraña, carente de señales para saber qué estaría pensando. Lo único cierto era que —tal como el contratista de "Su Sebas"— no se mostraba tan hostil con el secuestrador de su "querido ángel" como al inicio. Ajustó sus gafas, que se habían ladeado en medio del combate, se giró al demonito del parche y le dijo:
—Yo me quedaré para contenerlo. Tú sigue avanzando, pequeño…
El chico asintió, poniéndose de pie y sujetando casi por inercia la mano de su prometida. Entonces se giró hacia Bard y Maylene, quienes observaban a Finnian. Ciel temió lo peor…
—Estará bien —Le hizo saber el americano, habiendo analizado al jardinero mientras Ciel y Grell observaban los recuerdos de su agresor—. Sólo está noqueado, pero sobrevivirá.
—¡Que alivio…! —Exclamó Lizzy con voz quebrada. Ciel asintió, igual de aliviado por esa buena noticia, y apretó suavemente la mano de ella.
—Iremos a buscar a Crimson y a las otras rehenes. Ustedes quédense con Finny… y si pueden, traten sus heridas —Baldroy y Maylene sonrieron, entendiendo que no sólo se refería a las heridas de Finnian. Respondieron con un: "¡Sí, Joven Amo!" y el susodicho se giró hacia la rubia—. Vamos, Lizzy…
Y se fueron, subiendo las escaleras que llevaban al segundo piso.
Baldroy sacó algo de su abrigo, un básico pero útil botiquín de primeros auxilios. Su experiencia en la guerra le había plasmado en la mente que nunca saliera sin uno. Asistido por Maylene, empezaron por tratar las heridas de Finnian porque eran las más graves. Le preguntaron al Sutcliff si necesitaba que lo curaran, pero éste dijo que no hacía falta.
Baldroy entonces se encargó de atender los moretones de Maylene, y cuando sólo faltaba tratar los suyos propios…
—Mierda, ya no hay suficientes gasas.
—Bueno, es una casa de campo grande —Opinó Grell—. De seguro debe haber algunas guardadas por aquí.
—P-pero… ¿¡eso no sería robar!? —A Maylene no le hacía ninguna gracia.
La parca chasqueó la lengua y contestó:
—Ya que estamos aquí para rescatar a la mocosa (dueña de esta casa, por cierto) podría considerarse como una paga por el servicio.
Bard estaba por decirle algo al pelirrojo, pero se quedó pensando por unos segundos y se rascó una mejilla con un dedo. No podía argumentar contra esa lógica.
—Pues ya que lo pones así…
—¡BARD! —Lo regañó su compañera de ojos avellanos.
El chef le dijo que no se preocupara, tan sólo buscaría algunas y —si de casualidad las encontraba— usaría meramente las que hiciesen falta. La de cabellera roja-granate suspiró derrotada, optando por sentarse junto a Finny para esperar a que recuperara la conciencia. Grell continuaba vigilando al inconsciente señor Matthews.
Baldroy comenzó a explorar el piso inferior. Había vuelto a la cocina, notando que las figuras de hielo en la ventana habían desaparecido. Su cigarrillo estaba cerca de consumirse, por lo que no tuvo de otra que frotarlo en el lavaplatos para apagarlo.
—Lord Juliano dijo que los únicos en este lugar eran ese demonio, la nena y una sirvienta —Re-capitulaba en lo que abría y cerraba los cajones que se topaba—. Por lo que la mayoría de las habitaciones deberían estar vacías.
Y en esas circunstancias, no debería molestar a nadie si daba una pasadita rápida por los cuartos, única y exclusivamente para buscar lo que le faltaba. Tal vez la mayoría de sus ideas para cocinar fueran un desastre —más que nada cuando quería apresurar el tiempo de cocinado con su lanzallamas— pero algo que podía asegurar con firmeza era su sentido de rectitud. No "tomaría prestadas" cosas de esa forma si no fuese absolutamente necesario, y por lo tanto, no osaría hacerse con objetos que no hicieran falta. No iba a robar nada, no le gustaba hacer algo que no le gustaría que le hicieran.
Así que cuando ya pudo descartar la cocina, volvió por el pasillo que conectaba esta con la sala donde estaban los otros, subiendo por un pequeño escalón en medio de ese pasillo y abriendo la primera puerta que vio. Pero pronto notaría que no estaba vacío…
—¡AHHHHHHHHH!
Era el cuarto de Denise, quien estaba a medio camino de acomodarse la parte superior de su uniforme de repuesto, teniendo su pecho expuesto para el momento en que el chef abrió la puerta. Al pobre Baldroy le escurrió un hilo de sangre de la nariz, y cerró de un portazo en acto reflejo. Sus mejillas estaban casi tan rojas como las de la peli-fuego de ojos verdosos.
—¡P-P-P-PERDÓOOOON! —Balbuceaba el gringo, en su respectivo lado de la cerrada puerta.
Aclarando la situación: mientras ocurría todo el alboroto a las afueras de la casa, Denise se había dormido por lo relajante del baño que le preparó el señor Matthews. Los disparos más recientes la habían despertado… pero cuando quiso escuchar mejor, éstos cesaron y pensó que fue su imaginación. Y como el demonio evidentemente no le había podido llevar un cambio de ropa: ella tuvo que escabullirse encuerada por un pasaje alternativo que conectaba el piso superior con el inferior, llegando hasta su cuarto sin usar la escalera por donde habían subido Ciel y Elizabeth. Consecuentemente, no había notado la presencia de los desconocidos ni había visto el estado del señor Matthews.
Tras haberse vestido, aclarado el malentendido y Baldroy explicarle que —no era un acosador sexual porque— vino a ayudar junto a sus compañeros: Denise consiguió las vendas que éste buscaba y se ofreció a tratarlo ella misma.
Desde luego que se impactó ante el estado del señor Matthews, pero al saber las razones de los "intrusos", no había podido enfadarse. A pesar de que en el fondo, su corazón se hubiera agitado al ver al demonio en esas condiciones… todavía seguía sin moverse, regenerando sus heridas por las balas y el lanzallamas.
—Sí, el señor Matthews trajo a esa mujer. Pero no le hizo ningún daño hasta donde pude ver —Decía Denise en contestación al interrogatorio de Grell, vendando levemente el brazo de Baldroy; quien evitaba establecer contacto visual por seguir abochornado por lo de antes—. Yo tampoco sé mucho al respecto, pero pareciera que ella estaba hipnotizada, haciéndose pasar por la madre de la Señorita Darla…
Deteniéndose para enviarle una mirada con emociones mezcladas al centauro, la de cabellos tangerinos suspiró y prosiguió:
—Para ser honesta: tampoco entiendo muchas de sus acciones más recientes. Incluso llegó a curarme una herida que él mismo me hizo (la primera vez que nos hablamos…) y ha tenido una actitud mucho más amable que la de antes.
«Pues con nosotros no fue precisamente hospitalario…» Pensaban Baldroy, Grell y Maylene, viendo al pobrecito Finny todavía inconsciente. Por fortuna, sus heridas habían dejado de sangrar, teniendo su frente vendada.
—Lo que más ha llegado a decirme, es que suele cumplir los deseos de la Señorita Darla…
—Pero hay algo que no comprendo —La interrumpió Grell—. ¿Qué hace ese demonio aquí?
Denise le dio una rápida explicación sobre cómo había aparecido en aquél espejo.
Aunque ella no había presenciado cómo Darla lo liberó al ofrecerle una gota de su sangre, sí pudo descubrir el mismo símbolo en su frente y en uno de los ojos de él. Por lo que al desconocer que se trataba de un "Pacto de sangre" —algo distinto al "Contrato fáustico" que habían tenido Sebastián y el conde Phantomhive— la parca asumió que era un contrato al que estaban acostumbrados a toparse los Shinigamis. Por lo que teniendo la misma preocupación de Bard y Maylene, Grell agregó con un tono entre indiferente y honesto:
—Pues quien corre mayor peligro aquí es esa niña. No sé cuál sea la condición del contrato que ella hizo con este demonio, pero… tarde o temprano, su alma será devorada por él.
Denise no dijo nada, pero su cara expresó todo lo que sintió ante semejante revelación. Ahora sus emociones sobre el señor Matthews eran más caóticas que nunca. Si antes no sabía si odiarlo, ahora simplemente le tenía miedo… uno diferente al que le transmitió al inicio.
El miedo de la incertidumbre por sentirse traicionada, de cierta forma.
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Ciel y Elizabeth continuaban recorriendo los pasillos, todavía tomados de la mano, avanzando a pasos apresurados pero cautelosos. El Phantomhive no percibía que hubiera otra presencia demoníaca en la casa, aparte de la del centauro y la suya. Pero se mantenía en guardia por si aparecía alguna sorpresa.
Y aún así, parte de su mente seguía divagando en los recuerdos del señor Matthews.
Eso le permitió unir muchas piezas, como por qué no había asesinado a Demian comparado a cuando casi mata a Juliano. Por lo que el último le había contado: el demonio reaccionó de tal manera por pensar que iba a hacerle daño a la niña, y tan sólo había querido acabar con la amenaza… mientras que con el gemelo de Sebastián, su prioridad fue llevarse a Crimson y nada más. A juzgar por las palabras que le dijo en la sala, pareciera que la secuestró para hacerla pasar por la madre de la niña.
Les tomaría un rato encontrar a las susodichas "madre e hija", pues Darla había tenido la idea de ir hasta el ático y ocultarse allí. Era una de las zonas favoritas de la pequeña Sunflow, donde había guardados todo tipo de cachivaches. Crimson había dejado al descubierto una cama vieja, pero en buenas condiciones en una esquina del lugar. Le sacudió el polvo para que Darla y ella pudieran acostarse; la adulta con las piernas al borde del colchón y la nena con su cabeza reposada sobre el regazo de la mayor. El vestido que le había obsequiado Isaura era bastante cómodo, la tela era tan suave y calentita como una sábana.
Llevaban ahí desde que el señor Matthews le había indicado al ángel que cuidara de Darla, por lo que en el momento en que el demonio había caído inconsciente: parte de su control sobre la mente de Crimson se vio afectado. Aunque sólo saldría completamente de dicha hipnosis si él se la retiraba, o si ella sufría una emoción muy fuerte.
Al tener un poco más de iniciativa propia, la albina sujetó el libro de cuentos que Darla siempre llevaba consigo. Pasó las hojas por unos momentos y al escuchar la voz de la niña, preguntándole si le gustaba el libro tanto como antes, el ángel asintió de manera automática.
—Darla, hija… ¿acostumbras ver esto? —La aludida asintió ante su pregunta.
—Es lo que Papá siempre veía conmigo —Sintiendo la mano de Crimson acariciándole la cabeza, Darla sonrió y añadió—. Mamá, me alegra mucho que estés conmigo…
—Estás mucho tiempo sola, ¿verdad, Darla?
—Sí…
—¿Te has sentido olvidada? —La peli-crema apretó su pequeña mano contra la falda del vestido amarillo, teniendo una mirada nostálgica en sus ojillos dorados.
—Tal vez un poquito…
A pesar de que sus ojos seguían opacos, la conciencia de Crimson estaba más pareja con la hipnosis. Por eso había empezado a entablar conversación por sí misma.
—Pero ahora ya no me siento así… —Agregó volviendo a sonreír, cerrando lentamente sus ojos—. Tengo a mi mamá y a mi papá…
Crimson siguió hojeando el libro de cuentos por un rato más, hasta que al no escuchar más que la respiración relajada de la nena, supuso que se había dormido. Colocó el libro a un lado de la cama y empezó a acariciar la espalda de la pequeña suavemente, amablemente. Como si en medio de la balanza entre su hipnosis y su propia consciencia, quisiera consolarla por sentir empatía de ella.
No sabría decir cuánto tiempo pasó desde que Darla se durmió y su paradero fuera descubierto. Pero lo que sí podía afirmarse era que la mente de Crimson estaba tan equilibrada, que pudo reconocer a Ciel y Lizzy cuando entraron al ático. Habían abierto y cerrado varias puertas antes de eso, decepcionándose de no encontrar su presencia en ninguna de las habitaciones, continuaron hasta que sólo quedó por revisar la puerta al final de una escalera y que conducía al ático.
—¡Crim…! —Elizabeth sonrió al verla a salvo. No sabía que aquella albina era la reencarnación angelical de su tía Angelina, pero sí habían amistado bastante durante su convivencia en la casita de los ancianos. Y por eso, había acabado por ponerle dicho apodo.
—¿Estás bien? —Tras el asentimiento de la de ojos sangrientos, el Phantomhive observó atentamente a la niña que dormía sobre su regazo—. Así que es ella…
—Oh, Ciel, es tan pequeña… —Murmuró Lizzy, conmovida.
—Sí…
Incluso era más joven que el Phantomhive al momento de perder a su familia. Tal vez fuera un demonio, pero fue inevitable que un atisbo de lástima sacudiera su corazón. Cerrando su ojo visible, le hizo saber a Crimson que era la oportunidad de marcharse. El demonio estaba vivo, pero era vigilado por el rarito de Grell.
—¿La Srta. Grell…? —Las mejillas de Crimson se ruborizaron levemente, sintiéndose feliz de que también hubiera ido para salvarla. Pero sacudiendo su cabeza, posó una de sus manos sobre un hombro de Darla para sacudirla con suavidad—. Vamos, despierta, Darla. Despierta…
Tras unos segundos, la Sunflow abrió lentamente sus ojos y en medio de su somnolencia, le sonrió a la mujer diciendo que estaba soñando. Pero su sonrisa se desvaneció al reparar en la presencia de Ciel y Lizzy.
—¿Q-quienes son ellos, mamá…?
Al escucharla dirigirse a Crimson por ese término, Ciel vio confirmadas sus sospechas. Tampoco había ignorado el aspecto de los ojos de ella, suponiendo era obra de su captor. Pero como el ángel los había reconocido: decidió que le pediría ayuda a Juliano una vez la rescatara.
—No te preocupes, hija —Dijo Crimson—. Ellos son Ciel Phantomhive y Elizabeth Middleford, son amigos de tu madre.
—¿Amigos…?
—Sí, es un placer conocerte —Dijo la rubia, sonriéndole para hacerle ver que no eran ninguna amenaza—. Puedes decirme Lizzy.
—¿Lizzy? Suena bonito.
—Awww~ muchas gracias, Darla.
—Pero hablaremos de eso luego, tenemos que irnos —A Darla no le hizo ninguna gracia el comentario de Ciel, aunque éste lo había dicho sin dureza en su voz.
—¿¡Qué!? —La infante saltó rápidamente de la cama, alejándose varios pasos de ellos—. ¿Por qué tenemos que irnos?
Elizabeth la vio con una expresión de pena, llevándose una mano al corazón. Ciel se recriminó internamente por su falta de tacto, pero ya estaba hecho y no podía cambiarlo.
—Por favor, tenemos que irnos de aquí… —Repitió Crimson, hablando con lentitud.
—No quiero… —Contestó Darla, negando lentamente con la cabeza y repitiendo con voz temblorosa—. N-no quiero…
Ciel tuvo un mal presentimiento, pudiendo escuchar que el látigo del corazón de la niña se aceleraba gradual, pero fuertemente. Oculto, entre los rizos que cubrían su frente, destelló una luz celeste. Era la marca del contrato de sangre entre ella y el señor Matthews, reaccionando a sus fuertes emociones. Y finalmente, cerrando sus ojos, Darla gritó:
—¡NOOOOOOOOOOOO!
Inmediatamente, para sobresalto de los presentes en el piso de abajo, el centauro abrió de golpe sus ojos y su brillo violeta fue más intenso que nunca.
Antes de que Grell pudiera reaccionar: un montón de navajas de hielo se clavaron en su cuerpo y lo hicieron impactar contra una de las paredes. El señor Matthews las había expulsado en lo que fue casi como un rugido. Lo último que vio fue la perturbada, verdosa mirada de Denise… ignorando la pena que le provocó observarla, el híbrido salió corriendo a una velocidad vertiginosa, antes de que Maylene y Baldroy pudieran atacarlo.
En cuestión de segundos, apareció al lado de Darla tras haber derrumbando la puerta del ático.
—¿Qué pasa? —Preguntó él.
—P-Papá… esas personas se están llevando a Mamá.
Ciel cargó a Elizabeth entre sus brazos, apartándose de un salto para evitar que las pezuñas delanteras del centauro los aplastaran, alejándolos de una Crimson a la que sujetó de una muñeca.
—¡Déjenla y váyanse de aquí!
—¡Claro que no haré eso, demonio! —Exclamó Ciel desde el otro extremo del ático, colocando a Elizabeth en el suelo y detrás suyo.
Pero para sorpresa del pequeño conde, Darla dio un pisotón fuerte y exclamó firmemente:
—¡No hay ningún demonio! ¡Sólo somos Mamá, Papá y yo!
—¡Así es! —Afirmó el señor Matthews.
—¡Eso es mentira! —Ahora la que exclamó fue Elizabeth, sintiendo un repentino coraje que sorprendió el doble a su prometido—. ¡Esa mujer es una amiga de Ciel y mía también!
—¡No, ahora es la madre de Mi Señora!
Crimson observaba todo el conflicto entre ambos bandos, luciendo evidentemente incómoda. Sabiendo que el efecto de su hipnosis se había debilitado, el demonio la hizo mirarlo al sostenerle el mentón con su otra mano, murmurándole con voz fría:
—Vuelve al lado de tu hija…
Para impotencia de Ciel: la albina caminó de forma automática hacia donde estaba Darla, abrazándola y llevándola hasta un rincón del ático.
—M-Mamá…
—No me importa lo que esa niña quiera —Confesó el de cabellos cenizos, desenfundando nuevamente su espada—. Ella vendrá con nosotros, al igual que Crimson.
—Mi Señora y su madre se quedarán aquí… —Estableció el demonio con un tono peligrosamente tranquilo, entrecerrando sus ojos de la misma manera.
En menos de lo que sería un parpadeo, apareció frente a Ciel y Lizzy, sujetando al primero del cuello y levantándolo para estrellarlo contra la pared. Espantada pero furiosa, la rubia sujetó el brazo del ser con el que no agarraba a su prometido. Recibió un golpe del mismo que la arrojó contra otra esquina; no tuvo la misma potencia del que sufrió Finnian, pero sí fue lo bastante fuerte para dejar a la chica tirada de cara al suelo.
—¡L-LIZZY…! —Al no verla moverse, suponiendo que la había dejado inconsciente, el ojo visible de Ciel brilló en furioso violeta—. ¡M-MALDITO…!
Su voz se oía ahogada por la fuerza con la que su garganta era apretada. Recordando que su técnica no funcionaría contra ese chico, pero tampoco queriendo ser sanguinario en presencia de Darla, el señor Matthews optó simplemente por decirle:
—Váyanse de este lugar o los obligaré a salir…
—¡Eso ya lo veremos! —Para sobresalto del señor Matthews, esa no había sido la voz del muchacho.
La mano con la que sostenía a Ciel recibió un corte muy profundo, producido por una espada bastante afilada… pero que no era la que sostenía el conde, sino una que Elizabeth Middleford había encontrado cerca de donde fue tirada. La sacó de lo que parecía ser un Paragüero*(6) lleno de armas de filo. El corte provocó que el demonio se alejara de un salto, soltando el cuello del chico y dejándolo caer al suelo. Tosiendo un poco, el del parche miró impactado a la rubia, quién se paró entre el híbrido y él con una expresión de determinación.
—¡No dejaré que lastimes de nuevo a mi prometido! —Dijo con una valentía que la hizo ver muy parecida a su madre, Frances.
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Notas de Autora:
*(1) Para hacerse una mejor idea, aquellos que hayan visto las películas de Jurassic Park, pueden imaginar que el sonido era igual al de los velociraptors de esa saga.
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*(2) Las Death Scythe son famosas por ser capaces de atravesar cualquier cosa, incluidos a los Shinigamis. Sin embargo, hay una excepción: una Death Scythe no puede atravesar otra Death Scythe.
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*(3) El "Linchaco" (conocido en japonés como "Nunchaku") es una de las armas tradicionales de las artes marciales asiáticas formada básicamente por dos palos cortos, generalmente de entre 30 y 60 cm unidos en sus extremos por una cuerda o cadena. También recibe el nombre de "Sosetsukon" o "Nisetsukon" aunque comúnmente es más conocido como "Nunchaco", o simplemente "Chaco". En algunos países de habla hispana es conocido como "Barra doble".
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*(4) A menos que conozcan Undertale y al Sr. Pelo de YouTube, probablemente muchos de ustedes no entendieron esa broma (?) XDDDD
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*(5) Como humano, Ciel no podía ver ningún Récord Cinemático que apareciera en la serie (fuese el de Madame Red, o el del ejemplo de Undertaker en el arco del Campania) Pero en esta continuidad, como demonio, sí podrá hacerlo.
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*(6) Un Paragüero es un recipiente en forma de gran vaso generalmente cilíndrico utilizado como mueble para guardar paraguas y/o bastones.
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Ufffff, ya estamos en la recta final de esta historia.
Sí, en la continuidad de "Kuroshitsuji III", las habilidades en esgrima de Lizzy no fueron descubiertas en el incidente del Campania (ewe)
Me disculpo por la tardanza en actualizar, hubo un corte de luz (u.u) Como compensación, este capítulo fue más larguito, muajaja.
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