CAPÍTULO 11
ENTRENAMIENTO
Las clases pasaron como todos los días para Sora. Algunas más entretenidas que otras. Para su desgracia, la última clase era la de Kenji. Hoy les tocaba dar teoría, así que estaban en su aula, cada uno ocupando su respectivo asiento mientras el más reciente profesor de Educación Física hablaba sobre los distintos tipos de músculos que tenía el cuerpo humano.
Sora no le estaba prestando atención. No porque la clase fuera un rollazo, sino porque estaba pensativa. Su amigo por "correspondencia de ventana" le respondió que lo mejor era que se lo contará directamente. Por eso, estaba tan pensativa. No sabía como podía decírselo. Podía acercarse a él, disculparse por el golpe que le dio y decirle que estaba embarazada. No, no esa opción no le gustaba. ¿Con una nota o una carta? Tampoco, a Sora le gustaba decir las cosas a la cara.
Para cuando se quiso dar cuenta, sonó la campana que indicaba el final de las clases. Guardó sus cosas en el maletín y se dispuso a irse como el resto de sus compañeras cuando una voz masculina la llamó.
- Takenouchi, ¿podemos hablar un momento? – Le resultó muy extraño que Kenji la llamará por su apellido.
Claro que, ahora eran maestro y alumna. Tenía que guardarse las confianzas que tenía con ella, Yamatto o su hermano. De hecho, a su hermano lo llamaba por su apellido también. Ninguno de los dos acababa de acostumbrarse.
- Oye, Kenji… disculpa lo de ayer… yo… - empezó ella.
- ¿Lo de ayer? ¿A qué te refieres?
- Ya sabes… a lo del bofetón que te dí… es que yo…
- No sé, me han dado muchos guantazos en mi vida, la verdad. Pero no quería hablar contigo sobre eso. Eso es algo personal entre nosotros, y ahora estamos en el Instituto. Lo trataremos fuera.
- Como prefieras…
- Quería decirte que hoy no puedo ayudarte a entrenar. Tengo que ir a ver a mi hermano en un partido.
- Ah, no te preocupes… me va ya bien. Los saques me salen bien, bueno… al menos 2 de cada cinco – admitió avergonzada pero feliz de que cada vez podía realizar mejor el saque gracias a los consejos de Kenji.
- Me alegra oír eso. ¿Te importa si al menos bajamos juntos?
- ¿Cómo maestro y alumna?
- Evidentemente.
Mientras bajaban las escaleras, le fue dando consejos de cuando era mejor dar a la pelota más fuerte, como recibir un servicio… para que así mejorará más su técnica. Ya en la puerta, Sora se despidió y empezó a dirigirse a la pista de entrenamiento que había conseguido para ella. Se acordó entonces que aún tenía que disculparse por lo que había pasado el día anterior. Dio media vuelta y fue corriendo hacía el estado de fútbol.
Por lo que había oído por parte de Tai, hoy debían jugar un partido de entrenamiento contra el equipo de otro Instituto. Pero no le había dicho nada de que quisiera que su hermano fuera a verlo. Giró la esquina que le permitía llegar al campo de fútbol y se paró en seco, llevándose una gran sorpresa. Estaban jugando en el campo, si. Dos equipos de once jugadores, uno frente al otro. En ese momento, dos jugadores del equipo del Instituto avanzaba hacía el área contraria.. Uno era Tai, la estrella del Instituto y capitán del equipo. El otro era alguien que ya no podía hacerse pasar por un alumno: su hermano mayor. Ambos jugaban se pasaban el balón, esquivando a los jugadores contrarios sin ningún problema. Era como si cada uno pudiera leer la mente del otro. Sora no se podía creer que de verdad lo estuviera viendo allí.
15 MINUTOS ANTES
Para cuando Kenji llegó al campo, el partido de entrenamiento ya había empezado. El marcador indicaba que el equipo de Tai estaba ganando 2 a 1, y ahora era ellos los que llevaban el esférico. Sin molestar a nadie, se dirigió al banquillo del equipo local y saludó al entrenador del equipo, que era el otro profesor de educación física del centro.
- Buenas tardes, Aoki-sensei.
- Buenas, Kamiya-sensei. ¿Has venido a ver a jugar a tu hermano?
- Me lo pidió. Y veo que el marcador va bien.
- Si, pero el partido no va muy bien…
- ¿Eh? – Kenji iba a preguntarle que quería decir con eso cuando se oyó jaleo en el terreno de juego.
Su hermano estaba frente al área del rival, sin nadie que lo estorbara. Disparó con todas sus fuerzas, pero el esférico en lugar de ir hacía la portería, fue directamente hacía el larguero superior, pero no llegó a impactar y pasó por encima. El equipo rival celebró el fallo de su rival mientras que el equipo local se lamentaba. Tai, el autor del disparo, parecía muy molesto. Quizás los demás pudieran pensar que había fallado por haber chutado muy fuerte y por eso el balón salió disparado por encima del larguero.
Pero su hermano sabía bien que no era por eso. No había chutado ni demasiado fuerte ni el balón salió disparado por ninguna casualidad. Había fallado en su intento de hacer cierto tipo de disparo.
- Argh… otra vez… es la sexta vez que falla – lamentó el entrenador, a la vez que parecía decepcionado por lo que estaba haciendo su jugador estrella.
Comenzó el contraataque del equipo contrario, pero Tai logró robar el esférico cortando un pase entre los defensas y atacó de nuevo. Y otra vez, intentó realizar el disparo, de nuevo sin éxito, pasando de largo el larguero.
- Séptima vez… - pensó Kenji para sus adentros.
En el nuevo contraataque, los jugadores del equipo contrario fueron más precavidos y jugaron con pases largos. Tai intentaba hacerse con el balón como fuera, pero sin ningún éxito. Esta vez, la jugada de sus rivales fue perfecta y se les premió logrando el empate con un bonito disparo desde la banda derecha.
El arbitro aparte de anunciar que aceptaba el gol como válido, anunció el final de la primera parte. Ambos equipos fueron a sus respectivos banquillos para aprovechar esos minutos de descanso. Es entonces cuando Kenji se fijo en que en el equipo de Tai solo había diez jugadores, no once como debería ser.
- ¿No les falta un jugador?
- Si, Masiro. Pero estaba enfermo y no pudo venir – respondió el profesor y se acercó a sus chicos para darles indicaciones para la segunda parte.
Tai se secó el sudor de la cara con la toalla que le proporcionó el técnico del equipo. Se dio cuenta entonces que su hermano estaba allí, pero se encontraba hablando con el entrenador del otro equipo. No prestaba atención a lo que el entrenador decía, porque se estaba preguntando que demonios tenía su hermano que hablar con el entrenador del otro equipo. Ambos se estrecharon la mano y Kenji regresó al banquillo del equipo de su hermano pequeño.
- Kamiya, ¿me estás escuchando?
- ¿Eh? ¿Qué…? – Regresó a la realidad, olvidándose de su hermano.
- ¿Te encuentras mal? Salvo el primer gol, has fallado el resto de disparos. Un total de siete.
- Lo siento entrenador… yo…
- Aoki-sensei, ya está solucionado – los interrumpió Kenji.
- ¿Eh? ¿El qué Kamiya-sensei?
- Voy a jugar como el onceavo jugador. El otro entrenador está de acuerdo.
- ¿Habla en serio? – Parpadeó el entrenador perplejo - ¿Va a jugar?
- Si. Ha dicho que no le molesta siempre y cuando usted acepte.
- Por mí no hay problema, pero…
- Por nosotros tampoco, entrenador – dijo uno de los jugadores – Así seremos once y once. Y el entrenador es muy bueno con el balón.
- Gracias. Si no le importa, jugare de delantero junto con mi hermano.
- Para nada.
- Estupendo, pues – se quitó la camisa que llevaba, dejándola sobre el banquillo.
El arbitro indico que era el momento de regresar al campo, así que ambos equipos volvieron al campo. Era el turno del equipo de Tai de sacar el balón, así que ambos hermanos fueron al círculo central y se prepararon para sacar.
- Kenji… ¿qué estás haciendo? Solo quería que me vinieras a ver para…
- ¿Evaluarte? No haces más que meter la pata con el tiro, ¿verdad? – se puso a su lado que era el de ser el primero en pasar el balón – Voy a mostrarte como se hace una única vez, y esa es toda la ayuda que puedo darte.
- ¿Qué…?
- Lo primero es avanzar hasta su área, ¿crees que podrás seguir mi ritmo?
- ¿Bromeas? Seguro que llego antes que tú.
- Pues vamos a verlo – sonrió.
El árbitro pitó su sílbato y dio comienzo la segunda parte. Kenji le pasó el balón a Tai y ambos empezaron a correr por el campo rival. Uno de los delanteros se lanzó sobre Tai para robarle el esférico, pero logró deshacerse de él sin ningún problema. Ahora tenía ante él otro jugador que esta vez se lanzó por tierra para quitarle el balón.
Dio un pequeño salto en el aire para esquivarlo y le pasó el balón a su hermano que lo recibió sin ningún problema parándolo con el pecho. Mientras el esférico caía hacía sus piernas, se vio rodeado por dos jugadores que le cortarían el paso en cuanto intentara avanzar con el balón. De modo que Kenji lo golpeó con la rodilla para elevarlo, dio media vuelta, golpeó el balón por detrás con el talón derecho y pasó el balón por encima de su cabeza mientras cruzaba entre los dos jugadores sin problemas.
Regresó el balón a su hermano que regateó a dos jugadores y este le devolvió el balón. Realizó un fuerte golpe para lanzar la pelota hacía el aire. Cuando la tenía a la altura de la cadera, disparó el esférico hacía portería. El balón en un principio iba bajo, pero fue subiendo según se acercaba a la portería. Todos pensaban que el balón saldría fuera, pero se golpeó contra el larguero, lo que relajó al portero.
Pero el balón no salió simplemento rebotando, sino que salió disparado contra el suelo, rebotó y fue directamente hacía Kenji quien repitió el chut, pero esta vez fue directo a portería y logró el gol del desempate. Todos se quedaron estupefactos con lo que había pasado. Fue cuestión de segundos de que un momento de relajación pasó a uno de frustración con la llegada del tercer gol.
Sora sonrió al haber visto a Kenji jugar al fútbol de nuevo. Desde el partido que jugaron juntos dos años atrás, no lo había visto volver a jugar. Había sido como ver a una estrella brillar con luz propia y a su hermano, también lo había visto brillar, con menos fuerza, pero feliz. Jugar junto a su hermano de nuevo parecía que lo motivase y ambos habían realizado una jugada perfecta.
Al mismo tiempo, sintió cierta envidia. Hacía un año que dejó el equipo de fútbol para dedicarse de lleno al tenis. Lo echaba de menos, la verdad. De vez en cuando miraba los entrenamientos de Tai para recordar cuando aún jugaba al fútbol con él y sus compañeros. No era un recuerdo tan lejano, pero le hacía sentirse bien. "Ojalá pudiera volver a jugar", era lo que pensaba muchas veces mientras miraba a su amigo.
Su padre insistió mucho en que el fútbol no era nada femenino, y que Sora ya no era una niña pequeña. Tenía que dedicarse a algo más femenino, y eso era al parecer el tenis. A Sora no le disgustaba, pero tampoco le llenaba tanto como lo había hecho el fútbol. Parecía que Kenji fuera a jugar todo lo que quedaba de partido, así que Sora decidió marcharse.
Ya hablaría con él cuanto tuviera la oportunidad. Seguro que tras el partido, se iría a hablar con su hermano y volverían juntos a casa. Además, aún tenía que pensar en como podía decírselo. De momento, tenía que volver a sus entrenamientos. Que dentro de poco tendría que jugar en serio y aún estaba muy verde.
